Diez creepypastas poco conocidos pero muy aterradores

Diez creepypastas poco conocidos pero muy aterradores

Publicada el 24.02.2019 a las 09:22h.

Todos conocemos creepypastas famosos como Slenderman o No solo los perros lamen, que nos han hecho tener pesadillas. Pero Internet está abarrotado con cientos de oscuras historias que podrían dejarte sin dormir. En este listado estaré compartiendo algunas que, si bien no son tan populares, te harán estremecer con sus misterios inexplicables y personajes de horror.

Etiquetas: creepypastas, historias de terror, slenderman, terror

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Último acceso 08.03.2019

Escaleras al infierno

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Escaleras al infierno

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Casi siempre los juegos de miedo son clasificados como no reales, pero casi siempre las personas que los clasifican de esa manera simplemente no juegan de manera correcta dicho juego. Hoy les traigo un juego un tanto curioso, un juego que toda persona puede hacer y si sigues de manera... Ver mas
Casi siempre los juegos de miedo son clasificados como no reales, pero casi siempre las personas que los clasifican de esa manera simplemente no juegan de manera correcta dicho juego.

Hoy les traigo un juego un tanto curioso, un juego que toda persona puede hacer y si sigues de manera correcta cada paso, puedes entonces experimentar una noche un poco siniestra.

Debo advertir que no me hago responsable de cualquier cosa que les pueda suceder mientras están dentro del juego. Dicho esto, comencemos.

Para jugar Escaleras al Infierno necesitas cumplir con una serie de requisitos, estos requisitos son fundamentales y deben ser seguidos al pie de la letra, si hacen o dejan de hacer algo que altere a los requisitos del juego, entonces este juego no funcionara.

Para comenzar necesitas tener la casa completamente sola, de tener mascota debes encerrarla para que no estorbe a la hora de ejecutar el juego y sea un impedimento.

Tu casa debe contar con escaleras, la cantidad de escaleras es irrelevante.

Por supuesto las luces de toda la casa deben estar apagadas.

Este juego solo puede ser ejecutado desde las 00:00 hasta las 04:00 am, esto se debe a que en ese transcurso de tiempo la casa esta muy calmada y en silencio... Otros factores influyen en el por que se debe hacer en ese transcurso de tiempo, pero eso lo explicare en otra ocasión.

Debes tener los ojos vendados y créeme no quieres hacer trampa con este requisito.

¿Como Jugar?

Teniendo todos los requisitos de manera correcta significa que ya puedes comenzar a jugar, jugar es algo bastante simple, pero se necesita de muchas repeticiones para lograr lo que se desea.

Para comenzar debes colocarte justo en frente de las escaleras (da igual si estas en la parte superior o en la parte inferior), una vez estando allí debes decir de manera exacta lo siguiente "hoy me presento ante ti lucifer, ábreme las puertas de tu reino" y deben repetir lo mismo unas 6 veces, una vez termines de repetir la oración debes bajar y subir las escaleras, y cada vez que subas y bajes debes contar los escalones que hay, y hacer eso una y otra vez... Hay que tener algo presente, cuando llegues al final de la escalera debes repetir la oración solo 1 vez, y hacer esto siempre que termines de bajar o de subir las escaleras.

Si hacen todo esto de manera correcta, entonces den por hecho de que tendrán un resultado.
Recuerden Nunca quitarse la venda mientras estén dentro del juego, también recuerden contar cada escalón que tenga la escalera es un paso bastante importante, y asegúrense de aprenderse bien la oración ya que la van a estar diciendo muchas veces.

¿Que Puede Pasarte en el Juego?

La cantidad de cosas que pueden pasarte son innumerables ya que a cada persona le pasan diferentes cosas extrañas, pero solo unas pocas cosas son consistentes en muchas de las historias de quienes han jugado esto.
Mientras mas tiempo estés en el juego veras que lo que antes contaste solo 20 escaleras, ahora cuentas mas escaleras, eso significa que te han escuchado.
Algunos mencionan en sus historias que comienzan a escuchar voces, lo cual les hace preguntarse a si mismo si de verdad están solos en casa.
Quizás olvido alguna que otra cosa extraña consistente que te pueda ocurrir, pero lo mejor es averiguar que puede suceder por uno mismo.

¿Como Salirte del Juego?

En muchos para no decir todos los juegos de este tipo, la forma de salirse del juego siempre es complicada, quizás este juego hace la diferencia en eso, la forma para salirse del juego es simplemente prender las luces de tu casa, pero se muy precavido porque no debes quitarte las vendas de tus ojos antes de encender las luces.
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Seleccionada

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Seleccionada

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Me encontraba navegando Reddit desatentamente con mi celular y hablando en altavoz con Shannon, cuando sucedió: vi su rostro en uno de los anuncios laterales. Pasó demasiado rápido. Hice clic en un enlace y fui enviado a otra página; regresar a la página anterior no me volvió a mostrar el... Ver mas
Me encontraba navegando Reddit desatentamente con mi celular y hablando en altavoz con Shannon, cuando sucedió: vi su rostro en uno de los anuncios laterales. Pasó demasiado rápido. Hice clic en un enlace y fui enviado a otra página; regresar a la página anterior no me volvió a mostrar el anuncio.
—Qué raro.
—¿El qué? —preguntó Shannon—. ¿Estás viendo cosas en el internet de nuevo en vez de estarme prestando atención?
—No, para nada —mentí.
Bueno, una mentira a medias. El portal de la página estaba lleno de los mismos titulares reposteados, sin sentido y sensacionalistas, que siempre había tenido. Navegar por ellos se había vuelto más una cuestión de hábito, sin prestar ninguna atención real.
—Solo estoy…
Me congelé a la mitad de la oración cuando vi su rostro de nuevo. Esta vez, estuve preparado y toqué el anuncio con mi dedo. Lo primero que cargó fue una fotografía de Shannon en una estación de gas rellenando su tanque. La única luz provenía de los faroles crudos del local.
—Shannon, ¿te detuviste por combustible en tu camino a casa?
—Pues, sí. Pero aún estoy a unos veinte minutos.
Hice el cálculo mental rápidamente. Ella vivía en Newark, a unos cuarenta y cinco minutos al este de Columbus. Eso la situaba plenamente en el medio de la nada arbolado.
—Alguien tiene una fotografía tuya en su sitio web.
Ella se rio.
—Apuesto que es un exnovio —Y después de una pausa, preguntó—: Espera, ¿hablas en serio?
Me desplacé de arriba hacia abajo en la página tratando de descifrar qué demonios estaba viendo.
—Parece que acaban de tomar la fotografía. ¿Andas vestida con una sudadera rojo oscuro y pantalones?
Su respuesta llegó acompañada de un ruido tenso de confusión.
—Pues, sí, pero es la misma con la que me visto siempre. ¿Quién habrá tomado eso? ¿Y cuándo? ¿De qué mierda es esa página?
Deslicé mi dedo hacia abajo para hacer que apareciera la dirección del sitio web en la barra de búsqueda.
—Muerte en vivo punto com.
—¿Muerte en vivo? ¿Qué se supone que es eso? ¿Es como una de esas páginas de extorsión que piden dinero para quitar tus fotografías?
Me desplacé hacia el otro extremo y encontré un cronómetro para una transmisión de video que estaba a punto de comenzar en dieciocho segundos.
—No estoy seguro. No me da buena espina. Están a punto de transmitir algo.
Me le quedé viendo a medida que aparecía el indicador circular y luego llenaba la pantalla de negro. La perspectiva se movió abruptamente por un momento, como si alguien se estuviera alistando, y luego pude ver un tablero de mandos de un vehículo grande, probablemente de una camioneta. La cámara se alzó para enfocarse en un hombre con un pasamontañas negro, pero no era él quien sostenía la cámara.
«Bien, gente», dijo con emoción mientras conducía; su voz siempre levemente distorsionada. «Esta es una nueva ronda para nuestro sitio web más reciente. Les mostraremos quién manda a estos imbéciles; eso les dará algo en que pensar». Mientras utilizaba su otra mano para guiar el volante, levantó su teléfono con la fotografía de Shannon en la estación de gas. «Este es nuestro primer objetivo. Estamos a unos dos minutos detrás de ella, pero la alcanzaremos rápido. Es una carretera recta y no hay desvíos en los siguientes diez kilómetros, así que no la perderemos». El camarógrafo fuera de foco se giró para mostrar el camino revestido por la noche. Escuché un clic; los faroles se apagaron. La voz distorsionada dijo: «¡Entrando en modo nocturno, primor! Nunca nos verá venir».
Se me heló la sangre.
—Shannon.
—¿Qué? ¿Descubriste lo que está pasando?
—Shannon —dije de nuevo, incapaz de procesar lo que veía—. Hay hombres con pasamontañas en una camioneta negra que lleva las luces apagadas. Van detrás de ti en la carretera.
—¿Qué? —sonó mitad entretenida, mitad aterrada—. ¿De qué estás hablando?
La voz distorsionada dijo: «La revancha será dulce. Creen que son mejores que nosotros, pero les enseñaremos».
—¡Shannon! —grité por mi teléfono—. ¡Sal de la carretera! ¡Te seleccionaron en la estación de gas y están detrás de ti!
—¿Hablas en serio?
—¡Sí! ¡Estoy viendo su transmisión en vivo en este momento!
—Pero ¿cómo es posible eso?
—No lo sé, ¡pero está pasando! —Y grité aún más fuerte—: ¡SAL DE LA CARRETERA!
Estaba comenzando a creerme, pero podía escuchar el pánico en su voz.
—No hay hacia dónde girar…
—¡Adonde sea! ¡Ve adonde sea!
La escuché jadear; el sonido de ramas y arbustos chocando con su auto en una sucesión rápida emanó desde mi teléfono. Fue seguido por un crujido ruidoso y un pitido electrónico repetitivo mientras exhalaba: «Ay Dios, ay Dios…».
Aún viendo la transmisión, le pregunté:
—¿Te encuentras bien?
—Estoy bien —dijo con un tono aturdido que desmintió sus palabras. La escuché abrir la puerta de un empujón y trepar los arbustos contiguos—. Estoy bien…
En la transmisión vi un par de faroles en la distancia entrando en escena.
—¡Por Dios, apaga tus luces!
—No puedo —murmuró—. No puedo entrar de nuevo.
El capó de la camioneta comenzó a girar hacia los faroles, y pude distinguir vagamente un auto en la distancia. Se había estrellado a lo que parecía ser medio kilómetro de profundidad en la maleza. Nunca la habrían encontrado si hubiese apagado sus luces.
Esa voz distorsionada dijo: «¡Ahí está!».
Le grité por el teléfono que corriera, y la escuché marcharse, jadeando y abriéndose paso a través de las ramas.
Agarré el teléfono torpemente:
—Voy a llamar a la policía.
—¡No! —se quejó—. ¡No cuelgues! ¡No te atrevas a colgar! —Podía escucharla trastabillando y deslizándose por una colina de tierra—. ¿En dónde están?
—Están corriendo por el bosque —le dije, haciéndome entrar en pánico a mí mismo. Llamé a gritos a mis compañeros de piso. Entonces vi otro detalle. Algo largo, oscuro y metálico estaba balanceándose dentro y fuera de foco en la parte baja de la transmisión.
—Shannon, tienen armas.
Rompió en un llanto pleno mientras corría.
Llamé de nuevo a mis compañeros de piso. Finalmente, uno tocó la puerta y se asomó. Grité a todo pulmón:
—¡LLAMA A LA POLICÍA! ¡UNOS HOMBRES CON PISTOLAS ESTÁN PERSIGUIENDO A SHANNON POR EL BOSQUE!
Sus ojos se ampliaron, pero se fue corriendo a buscar su teléfono.
Mi pulso aún estaba agitado. Esto no podía estar pasando.
—¿Shannon?
No contestó. Aún podía escucharla corriendo, raspándose y cayendo. Al final, la escuché saltar por una pendiente rocosa; luego hubo un grito, un crujido y, por último… nada.
—¡¿Shannon?!
Después de diez segundos de silencio absoluto, los diez segundos más largos de mi vida, la escuché carraspear y luego murmurar:
—Estoy viva. Creo que me rompí las costillas.
No tenía buenas noticias para ella. Yo mismo apenas podía hablar:
—Se encuentran en la cima de una pendiente elevada. Van por ti.
—No me puedo mover —murmuró.
La voz distorsionada de la transmisión dijo:
«Creo que ya la tenemos. ¿Es ella la que está ahí abajo? Oh, rayos, esto será divertido».
—¿Esos fueron ellos?
El teléfono tembló en mis manos.
—¿Los escuchaste?
—Solo a través del teléfono. No oigo nada más.
¡Estaban en la pendiente equivocada!
—Shannon, sé que duele, pero te tienes que esconder. ¿Está bien? ¿Me escuchas? Tienes que arrastrarte debajo de algo, detrás de algo, lo que sea. Estamos llamando a la policía.
Mi compañero de cuarto apareció en el marco de mi puerta con el teléfono contra su oreja y su rostro pálido.
—Rumbo a Newark —le indiqué—. A unos veinte minutos al oeste.
Asintió y comenzó a responder preguntas que no pude escuchar.
El único ruido de mi teléfono era de Shannon arrastrándose por las hojas y la tierra mientras sollozaba.
—¡Ahí está! —gritó la voz distorsionada y el camarógrafo se echó a correr a su lado.
No me podía mover. No podía respirar. Mi compañero de piso estaba llorando mientras hablaba con la policía. Yo solo observaba la transmisión. Por favor, no, no, no.
Oh Dios, había una silueta humana en la tierra; vestía con una sudadera roja.
—¡Shannon, te ven! ¡Están corriendo hacia ti!
Comenzó a gritar con el terror más absoluto que había oído provenir de pulmones humanos. Los dos hombres enmascarados en el video corrieron directamente hacia la persona en la tierra, la agarraron por la fuerza y comenzaron a darle la vuelta.
De pronto, la transmisión se congeló.
Me le quedé viendo a mi compañero de piso con confusión y terror.
Se acercó para ver el video congelado.
—¿Shannon? —pregunté tentativamente.
Con el altavoz justo en mi oído, escuché. Podía oír su respiración adolorida.
—No los veo —pronunció después de unos diez segundos.
Bajé el teléfono y miré el vídeo congelado. Había aparecido texto a través de él: «¿Te gustó el video? ¡Desbloquea el resto por solo $5,99!».
Tragué un nudo en mi garganta.
—¿Qué putas es esto? —preguntó mi compañero de piso.
Mientras Shannon seguía luchando por respirar en el otro lado de la línea, me desplacé hacia abajo, a una nueva sección del sitio que no estaba disponible antes.
«Aquí, en MuerteEnVivo.com, usamos información y fotografías de tu teléfono y perfil de Facebook para generar automáticamente videos aterradores. ¡Es lo último en comercialización dirigida! ¿Disfrutaste Dos Hombres con Pasamontañas? Escoge de una amplia variedad de…».
Aún estaba temblando, pero ahora por razones muy diferentes. Debajo de las palabras había una fotografía de un hombre enmascarado sosteniendo su teléfono como lo había hecho al comienzo de la transmisión. La pantalla de su teléfono era un fondo azul, y luego una serie de personas diferentes aparecieron en él.
«MuerteEnVivo.com utiliza lo más nuevo en tecnología de realidad virtual. Mientras que tú y tus amigos pueden creer que sus teléfonos están apagados, nosotros escuchamos y observamos a través de sus cámaras y micrófonos, permitiéndonos escoger qué caminos y escenas tomará la transmisión en vivo. ¡Te garantizamos que morirás del miedo!».
—¿Qué está pasando? —soltó Shannon. Podíamos escucharla arrastrándose por el suelo del bosque—. ¿En dónde están?
No contestamos de inmediato. No podíamos. Sobrecogido por una furia y una sensación de violación que nunca había experimentado antes, hice clic en los términos de servicio del sitio web. Aparentemente, había accedido a dejarlos entrar a mis datos, perfil, cámara y micrófono simplemente con visitar la página. En cierta forma, fue mi culpa. Dios mío.
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El Hombre Alto de Briarbell (Missouri)

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El Hombre Alto de Briarbell (Missouri)

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A todos nos agradaba don Winscot. No se molestaba cuando utilizábamos la colina en su propiedad para deslizarnos en trineo, y daba los mejores dulces de Halloween del vecindario. Es por eso que, cuando oímos que había sido llevado por el Hombre Alto, todos estaban muy consternados. Tú no... Ver mas
A todos nos agradaba don Winscot. No se molestaba cuando utilizábamos la colina en su propiedad para deslizarnos en trineo, y daba los mejores dulces de Halloween del vecindario. Es por eso que, cuando oímos que había sido llevado por el Hombre Alto, todos estaban muy consternados.
Tú no conoces al Hombre Alto, así que déjame explicarte. El Hombre Alto ha sido una leyenda en mi pueblo por décadas. Aquellos que afirman haberlo visto, dicen que mide más de dos metros y medio de alto, que es delgado y pálido, y que tiene una sonrisa excesivamente cortés. Mi papá me dijo que el Hombre Alto es un recolector; le gustan los objetos. Que su objeto favorito son las personas tristes, edificios vacíos y sueños. Tengo que admitir que se ha robado mis sueños en más de una ocasión.
Cuando don Winscot no se presentó a la iglesia el domingo, nadie pensó que era un evento raro. Luego, cuando transcurrió el lunes y no llegó al trabajo —en el cual es colega de mi papá—, las personas empezaron a rumorar. Mis padres pensaron que era extraño, pero nada que ameritase el preocuparnos.
Entonces los rumores de que el Hombre Alto se lo llevó se esparcieron. Un niño en mi clase dijo, incluso, que había visto al Hombre Alto por la ventana de la casa de don Winscot. Le dije a mis papás que Jake lo había visto, pero solo se rieron.
Tyler y yo pedaleábamos hacia la casa de don Winscot todos los días para poder ir adonde nuestro amigo Rory. Nunca nos detuvimos en frente de don Winscot para tratar de ver al Hombre Alto por la ventana —como Jake lo había hecho—. Ni siquiera disminuíamos la velocidad.
Pero un día jugamos hasta tarde con Rory. Como no queríamos ir en bicicleta por la noche, llamamos a nuestros padres y preguntamos si nos podíamos quedar a dormir. A Tyler le dieron permiso; a mí no.
Traté de no mirar en tanto pedaleaba por la parte del vecindario de don Winscot. Casi lo logré, pero mi curiosidad me sacó una mirada de reojo hacia su casa. Las luces estaban todas encendidas y mis ojos fueron atraídos a la cara en la ventana. Vi al Hombre Alto observándome. Me atraganté entre jadeos de pánico y mi pie no dio en el pedal conforme intentaba aumentar la velocidad para escapar. Trastabillé solo por un segundo —mis ojos nunca se despegaron del rostro en la ventana— antes de pedalear a casa lo más rápido que pude.
La mañana siguiente, en la escuela, le conté a Rory y Tyler sobre el Hombre Alto. Ellos no me creyeron, por supuesto; no le habían creído a Jake tampoco. Sabía que tenía que mostrárselos o pensarían que era un mentiroso. Esperamos el anochecer y luego pedaleamos hasta la casa de don Winscot. El Hombre Alto estaba ahí —justo como les había dicho que sucedería—, viéndonos desde la ventana arriba de la puerta principal. Era una puerta tan alta, que pensé que el hombre alto debía medir más de tres metros para poder vernos desde esa ventana. Parecía que casi estaba sonriendo, pero su expresión denotaba cierto disgusto. Tyler se cayó de su bici.
—¡A la mierda! ¡Corran!
Lo hicimos. Tan pronto como nos alejamos de esa parte del vecindario, todos comenzamos a intercambiar impresiones bajo el pánico aturdidor.
—¡No puedo creer que viéramos al Hombre Alto!
—¡¿Viste su cara?!
—¡Tenemos que llamar a la policía!
Regresamos la mañana siguiente con más amigos, pero el Hombre Alto se había ido. Regresamos la mañana después de esa, pero, de nuevo, no pudimos ver a nadie detrás de la ventana. Empezamos a preguntarnos si el Hombre Alto solo aparecía por la noche. Unos días más tarde, cuando estábamos sentados en el sótano de Rory esperando a que llegara la pizza, decidimos escabullirnos y ver si nuestra teoría era cierta.
Viajamos por la acera en nuestras bicicletas silenciosamente, y luego hacia la calle. Salimos rumbo a la casa de don Winscot, con una noción ambivalente de querer que el Hombre Alto estuviese ahí, y rezar por que no fuera así.
Lo vimos tan pronto como pedaleamos en su parte del vecindario. Aún seguía parado ahí después de todo, y esta vez el Hombre Alto estaba frunciendo su ceño marcadamente.
—Está molesto —dijo Rory—. Quiere que nos vayamos.
—No comprendo por qué solo sale en la noche —comentó Tyler.
—Quizá nos observa durante el día también —continuó Rory, encogiéndose de hombros—. Quizá solo lo podemos ver durante la noche porque es entonces cuando las luces del pórtico se encienden y brillan a través de la ventana.
Era un pensamiento enervante. Decidimos probar la teoría de Rory el próximo sábado, incentivados por la suposición de que el Hombre Alto solo nos observaba, pero que nunca salía.
Tan pronto como el sol se ocultó aquella tarde, pedaleamos hacia donde don Winscot. Nos queríamos aproximar por el borde del pavimento, pero Tyler vio al Hombre Alto aún en la ventana.
Hice binoculares con las mano y entrecerré los ojos mirando a la ventana hasta que Tyler nos dijo de súbito que nos fuéramos, montándose en su bicicleta y yéndose de ahí. Lo alcanzamos unas cuadras más tarde.
—¡¿A qué demonios vino eso?! —le reclamé.
—Fue porque… el Hombre Alto estaba ahí, pero se veía diferente.
—¿Se veía cómo? —preguntó Rory.
—No lo sé, se veía molesto o solo… mal. De alguna forma.
Fue días después que pudimos convencer a Tyler de que regresáramos a la casa del Hombre Alto, e incluso entonces él insistió en llevar a su hermano adolescente (Matt) con nosotros. Matt no estaba impresionado para nada por las historias que le habíamos contado. No nos creía, pero nos acompañó de todas formas.
Tan pronto como pudimos ver al Hombre Alto en la ventana encima de la puerta, Matt se bajó de su bici. Observó y enfocó su mirada, y siguió observando un poco más. Se acercó —más y más de lo que nos habíamos atrevido a acercarnos durante la noche—. Lo seguimos con nerviosismo.
Matt recorrió la acera y luego el camino de piedra que había en el pórtico. No nos atrevimos a ir tan lejos. Luego, Matt subió los escalones en el pórtico y fue hasta la puerta.
—Puta… madre —susurró, repitiéndolo un par de veces más. Matt huyó del pórtico inmediatamente.
—¿Qué pasó? —le preguntó Tyler.
—No es el Hombre Alto —dijo, jadeando—. Llamen a la policía. Ahora.
Y estaba en lo cierto, no era el Hombre Alto después de todo. Nos quedamos lo suficiente como para ver a la policía forzar la puerta y bajar el cadáver roído de don Winscot del techo, en donde se había colgado de la lámpara fijada en su sala de estar. El cuerpo se había descompuesto como si se estuviese derritiendo todos esos días que lo vimos desde la calle. Don Winscot no había escrito ninguna nota ni se había despedido, dejando atrás la huella lamentable de un hombre divorciado de mediana edad padeciendo de una muy bien oculta depresión.
Le tomó semanas al pueblo para perder el interés en el trágico suicidio, y tomó meses antes de que los niños dejasen de pedirnos que describiéramos el cuerpo con la fidelidad de todos los detalles mórbidos. Eventualmente, incluso Tyler y Rory dejaron de hablar de ello. Todos siguieron adelante. Todos menos yo.
Verás, hubo un detalle que siempre me molestó, una cosa que nunca le conté a Rory o a Tyler. Fue sobre la primera vez que vi al Hombre Alto, aquella vez que pedaleaba solo. Vi a don Winscot esa noche: estaba cenando a solas en la cocina. Pero también había algo más. En la ventana del cuarto de arriba se encontraba un hombre —imposiblemente alto, imposiblemente pálido— regresándome la mirada. Y me sonreía cortésmente.
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La inexpresiva

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La inexpresiva

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En junio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedar Senai vestida solamente con una bata blanca cubierta de sangre. Esto por sí solo no era nada extraño, pues la gente solía tener accidentes cerca y venía al hospital más cercano para recibir asistencia médica. Pero había una cosa que hacía... Ver mas
En junio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedar Senai vestida solamente con una bata blanca cubierta de sangre. Esto por sí solo no era nada extraño, pues la gente solía tener accidentes cerca y venía al hospital más cercano para recibir asistencia médica. Pero había una cosa que hacía que las personas que veían a esta mujer huyeran aterrorizadas: ella no era precisamente humana. Se parecía a algo así como un maniquí, pero tenía la destreza y la fluidez de un ser humano normal. Su rostro era tan impecable como el de un maniquí, desprovisto de cejas y lleno de maquillaje.
Desde el momento en que entró al hospital hasta que fue llevada a un cuarto para proceder con la sedación, permaneció completamente tranquila, inexpresiva e inmóvil. Los doctores habían decidido sujetarla hasta que las autoridades llegaran y ella no protestó. No pudieron sacarle ningún tipo de respuesta, y la mayor parte de los empleados se sentían bastante incómodos al mirarla por más de unos segundos.
Pero al momento en que el personal trató de sedarla, opuso resistencia con una fuerza extrema. Dos empleados la sujetaban mientras se levantaba de la cama inexpresiva. Luego giró sus ojos impasibles hacia el doctor e hizo algo inusual. Sonrió. En cuanto lo hizo, la enfermera gritó y la soltó por la impresión; ya que en la boca de la mujer no habían dientes humanos, sino unos más largos y afilados. Muy largos como para que su boca no se pudiera cerrar sin causarle alguna herida…
El doctor la miró fijamente por un momento, antes de preguntarle, «¿Qué mierda es usted?».
Ella recostó su cabeza sobre su hombre para observarlo, aún sonriendo. Hubo un largo silencio, el personal de seguridad ya había sido alertado y se le podía escuchar corriendo por el pasillo.
En tanto él se volvió hacia el sonido de las pisadas, ella se le abalanzó, hundiendo sus dientes en la parte anterior del cuello del doctor, arrancando su yugular y dejándolo caer al piso. Luego se inclinó hacia él, mientras jadeaba y se ahogaba en su propia sangre, y le susurró al oído:
—Yo… soy… Dios.
Los ojos del doctor se llenaron de terror mientras la miraba voltearse tranquilamente y caminar hacia los guardias. Lo último que vio fue cómo se daba un festín con ellos, uno por uno.
El doctor que sobrevivió al incidente la nombró «La Inexpresiva».
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Lean siempre sus mensajes

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Lean siempre sus mensajes

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Comienzo esta historia con algo menos que un saludo y una recomendación hecho encabezado del relato que leerás a continuación : A las 11:30 p.m. , 11 de junio del 2007, mis padres habían salido a laborar, pues los apretujados horarios de trabajo de mis padres predominaban los fines de semanas... Ver mas
Comienzo esta historia con algo menos que un saludo y una recomendación hecho encabezado del relato que leerás a continuación :
A las 11:30 p.m. , 11 de junio del 2007, mis padres habían salido a laborar, pues los apretujados horarios de trabajo de mis padres predominaban los fines de semanas.
Mi hermano y yo (el hijo mayor), aprovechábamos esas noches para turnarnos para ingresar en la pc de la casa.
¿Cómo iba a saber mi conciencia que el capricho que iba a cometer esa noche, me atormentaría hasta hoy en día?
Apenas salieron mis padres, ingresé a mi pc y mi hermano colérico, pues vio que no tenia intenciones futuras de respetar su turno en la pc, se fue a un “Local de cabinas de Internet”. Era muy tarde, pero no me importaba.
Me molestaba mediante mensajes hechos por su celular, calificandome de idiota, estúpido, odioso, egoista. Así fue que dejé bien en claro que viniese a la casa dos horas después (mediante un mensaje), él acepto.
También le dije que hubiese deseado ser hermano menor, él me dio una respuesta de nunca debió cumplirse, me dijo (y eso lo recuerdo cada instante) :
– ¡Si me muero, te apuesto que no podras vivir en paz!. Mi heramano no se equivocó.
Pues así pasaron 2 horas, era la 1:30 a.m, y me dejó un mensaje : ¡Ya iré hacia la casa, pero demorare un poco más!, yo accedí, porque el tenía las llaves, así que me fui a dormir. Me mandó 5 mensajes durante 10 minutos, pero los ignoré.
Al despertar, a las 7:30, no vi a mi hermano por ninguna parte de la casa (se fue a comprar algo, pensé).
Mis padres llegaban en la tarde, para evitar una gresca en esas mañanas donde había mucho movimiento afuera, tomando los historiales de todos los domingos en mi barrio, los pleitos, las riñas, el desliz de una fiesta sabatina, etc … logré intuir que ese día no era una excepción.
Llevado por mi curiosidad, fui a dar un vistazo, y vi algo que acelera mi pulso hasta hoy en día, que me hace trastabillar cuando repasó algunos recuerdos, pues son imposibles de olvidar aunque hayan pasado 5 años:
¡Mi hermano estaba mutilado, se encontraba inerte en el asfalto, se respiraba un olor nauseabundo (ocasionados por la atrocidad que había cometido el criminal, y por la atrocidad mía de dejarlo salir a deshora), se encontraba desfigurado, pero lo reconocí por el celular que se encontraba en la escena del crimen, vi el historial de llamadas, mejor dicho, el oficial me obligo a ver mi yerro.
En los mensajes predominaba mi numero de celular, 5 intentos por lo menos.
Yo estaba estupefacto, ya que en los últimos minutos de vida de mi hermano, el se empeño en decirme que estaba en peligro, y yo correspondí mal a su escrito de auxilio.
Más tarde, cuando mis padres se enteraron de la noticia y yo me encontraba mas calmado, vi en mi celular el mensaje:
“HERMANO, NO QUIERO MOLESTARTE, PERO SIENTO QUE ALGUIEN ME ESTA SIGUIENDO, AYÚDAME”.
Voy 5 años recibiendo el mismo mensaje, cada 11 de junio, no importa que cambie de celular, el mensaje llega…
Por favor, siempre lean sus mensajes, puede parecer insignificante, pero les digo esto para que no tengan la misma carga que llevo sobre la espalda durante 5 años…
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Mi miedo al agua

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Mi miedo al agua

https://miscuentosdeterror.com/mi-miedo-al-agua/

No sé nadar. Nunca aprendí a hacerlo. No me gusta meterme al mar, ni al arroyo cuando vamos de excursión. Odio la idea de tomar un baño de tina. Desde que soy pequeño le he tenido un miedo al agua indescriptible, no hay nada que me provoqué más pavor que la idea de estar sumergido completamente... Ver mas
No sé nadar. Nunca aprendí a hacerlo. No me gusta meterme al mar, ni al arroyo cuando vamos de excursión. Odio la idea de tomar un baño de tina. Desde que soy pequeño le he tenido un miedo al agua indescriptible, no hay nada que me provoqué más pavor que la idea de estar sumergido completamente. A pesar de que mi padre intentó ayudarme, es algo que nunca he podido superar.

Y no sé porque. O más bien, no lo tengo del todo claro.

Hay un recuerdo que no me puedo explicar. Me veo a mi mismo flotando en el agua y después, el rostro de una hermosa mujer que se inclina haca mí, sonriente. Tiene largos cabellos dorados que flotan a su alrededor como los de una sirena y los ojos de un azul muy intenso.

A veces la veía, cuando me encontraba en la bañera, antes de que mi aversión se hiciera demasiado fuerte. Había algo dulce en su semblante pero que al mismo tiempo, me inquietaba.

La aparición se volvió algo relativamente normal en mi vida.

Mi padre y yo jamás hemos tenido una discusión grave, aunque sí que se molestaba cuando le preguntaba acerca de mi difunta madre. Siempre se mostró muy reacio a hablar del tema, insistiéndome en que no le hiciera preguntas.

Entonces, hace una semanas, decidí contarle sobre la visión que tenía. Se mostró tan impresionado por ello, que casi se dio de bruces contra un poste telefónico, mientras íbamos por la calle. Me quedó claro que tenía que saber algo, así que le volví a preguntar sobre mi madre.

—Ella murió demasiado joven, como bien sabes —me respondió vagamente—. Pero puedo asegurarte que te amaba muchísimo. No pasaba un día sin que te lo dijera.

Me miró con tristeza.

—Tenía los mismos ojos azules que tú y el cabello rubio como el tuyo —añadió con melancolía.

A partir de ese entonces, decidí que tendría que investigar yo solo. Creo que el recuerdo de mi madre lo afecta a él mucho más de lo que yo me imaginaba y no quiero forzarlo a revivir el pasado. Aun así hay respuestas que necesito.

Encontré el nombre de mi madre en mi acta de nacimiento y acudí a la biblioteca local, esperando encontrar alguna referencia, una foto, algo que pudiera relacionar con esa bella mujer a la que veía en el agua.

Hoy lo he encontrado en un periódico viejo:

VIRGINIA: Sarah Higgins, de 28 años de edad, fue encontrada muerta ayer por la tarde, tras haber evadido un alambrado e introducirse en un embalso próximo a su domicilio. Falleció ahogada. La familia ha planificado los funerales para finales de este mes. Sarah enfrentaba un arresto domiciliario, tras enfrentar cargos de intento de homicidio seis meses atrás, de los que fue declarada “inocente” al alegar inestabilidad mental. Su marido, Connor Higgins, la detuvo justo a tiempo antes de que pudiera ahogar a su bebé de meses en la bañera.
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Un mendigo

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Un mendigo

https://creepypasta.fandom.com/es/wiki/Un_mendigo

Hay un mendigo que vive en nuestra vecindad, en Queens. El antes pedía dinero, pero un día empezó a pintar. Fue a un lugar de reciclaje y coleccionó latas de pintura viejas. La mayoría de las latas todavía tenían pintura en ellas. Solo Dios sabe dónde consiguió la brocha. Empezó a pintar en... Ver mas
Hay un mendigo que vive en nuestra vecindad, en Queens. El antes pedía dinero, pero un día empezó a pintar. Fue a un lugar de reciclaje y coleccionó latas de pintura viejas. La mayoría de las latas todavía tenían pintura en ellas. Solo Dios sabe dónde consiguió la brocha.

Empezó a pintar en cualquier basura que pudiera encontrar: tablas, papel, cualquier cosa que tuviera una superficie plana. Era muy bueno y también extraño. Hizo paisajes, pinturas de los lugares de la vecindad, perros, algunas cosas fantásticas geniales. Este tipo era el maldito Michelangelo de los mendigos. Las vendía por 50 centavos o un dólar. Entonces él usaría el dinero para comprar tragos y beber hasta quedar en coma. Tú sabes, un típico artista.

Entonces el empezó a ofrecer retratos. A nadie les gustaban. No sabía por qué. Le comenté a una vecina sobre eso, que no parecía muy cómoda hablándolo de todos modos. Ella tenía un retrato hecho por él y dijo que le perturbó y que no se parecía a ella. Le pregunté si podía verlo. Era hermoso. Era increíblemente realista, le dije. Ella respondió dándome una cachetada muy fuerte y diciéndome que me fuera de su casa. Ella no quiso hablar más conmigo.

Muy confundido le pregunté al mendigo si podía hacer uno sobre mí. Dijo que serían unos 2 dólares, le pagué en avance y me dijo que estaría terminado al otro día. Entonces pasé a su lugar habitual el día siguiente, ansioso para verlo, pero no estaba allí. Estaba furioso por un momento. Pensé que me había estafado hasta que me fijé que al lado del edificio estaba mi retrato, tapado con mi nombre y una nota pegada en él. La nota simplemente decía, “Buena suerte”. Destapé la pintura y estaba horrorizado.

Me veía distorsionado. Enfermamente revuelto en formas que me hacían doler los ojos. Estaba claramente muriendo en el retrato, quizás muerto. Insectos y cuervos se alimentaban de mí. No me había fijado en uno de los otros vecinos detrás de mí, hasta que dijo: “Hey, se ve bien. Me gustaría tener uno, también.” Lo dijo al pasar y continuó caminando, pero no antes de ver un poco de él. Se veía revuelto y extraño. Caminaba con una distorsionada cara. Cuervos e insectos colgaban de él, alimentándose de él. Miré hacia atrás. Todos y todo se parecían a como estaba retratado en la pintura ahora. Todo lo que veo hacen derretir mis ojos. Todo es horrible y feo. Y todos me cuentan de cuan lindo está mi retrato. Sin importar lo que hago, no puedo convencerlos que no deben conseguirse uno.
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Relámpagos

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Relámpagos

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Nos habíamos mudado a una casa en los suburbios, era un vecindario pobre pero lleno de vecinos amistosos. Basta decir que se suponía que este sería un nuevo comienzo para mí, un nuevo padre soltero y mi hijo de cinco años; de salir del drama y el estrés del año pasado. El trabajo siempre me... Ver mas
Nos habíamos mudado a una casa en los suburbios, era un vecindario pobre pero lleno de vecinos amistosos. Basta decir que se suponía que este sería un nuevo comienzo para mí, un nuevo padre soltero y mi hijo de cinco años; de salir del drama y el estrés del año pasado.

El trabajo siempre me retrasaba para la cena, cada vez que llegaba lo encontraba en el mueble, dormido y con la TV encendida. No teníamos dinero para contratar una niñera, la verdad, el poco dinero que ganaba apenas nos alcanzaba para comer. No importaba él era feliz y yo con él.

Nunca olvidaré ese invierno, llovía a cantaros casi todas las noches. A mi hijo le encantaban las tormentas, la luz de los relámpagos cuando inundaban los cuartos de nuestra casa lo asustaba un poco pero luego se calmaba y me sonreía como pidiendo más del espectáculo.

Una mañana lo encontré despierto y risueño.

—¡Miré los relámpagos desde mi ventana!

Unos días después, me dijo lo mismo.

—Claro que no. No llovió anoche, estabas soñando.

—Oh…

Le revolví el cabello, para animarlo le prometí que habría una nueva tormenta pronto.

La novedad se volvió patrón. A diario me contaba cómo había visto los relámpagos en su ventana, incluso en días claros y despejados. Aunque algo extrañado, lo creí enamorado de la idea.

Todos me aseguran que no hubiera podido hacer nada, que no había forma de haberlo supuesto. Pero la culpa me carcome el alma. Revivo a menudo esa mañana: hacía café, vaciaba la leche en un plato de cereal y leía las noticias en el diario donde alertaban de un asesino serial. Elegía un blanco joven (usualmente un niño), observaba su casa durante un tiempo y luego le tomaba fotos por las ventanas, con flash, mientras dormían. El maldito los desollaba y no contento con ello mutilaba el cadáver de sus víctimas, le seguían el rastro por las fotos que enviaba a los familiares de sus víctimas.

Una semana antes de que el depredador fuera atrapado, llegue borracho del trabajo, intente visitar el cuarto de mi hijo para ver si estaba dormido pero apenas podía sostenerme, mi alcoholizado ser solo recuerda unos estallidos de luz en el cuarto y luego solo silencio.

La policía me dice que no descansará hasta encontrar el cuerpo. Tengo miedo, aún no abro el sobre que me llegó esta mañana.
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Laura envió unos lobos

9

Laura envió unos lobos

https://terrorenminutos.com/2018/laura-envio-unos-lobos.html

—911, ¿cuál es su emergencia? —Laura contestó la llamada que llegó a la estación. Lo había hecho por tanto tiempo que se había convertido en un reflejo para ella siempre que contestaba. Pero esa vez se le hizo difícil permanecer apática una vez que reconoció el número. —Hola, hay hombres... Ver mas
—911, ¿cuál es su emergencia? —Laura contestó la llamada que llegó a la estación.
Lo había hecho por tanto tiempo que se había convertido en un reflejo para ella siempre que contestaba. Pero esa vez se le hizo difícil permanecer apática una vez que reconoció el número.
—Hola, hay hombres afuera de mi casa. ¡Están tratando de botar la puerta! Mi nombre es…
El miedo en la voz del hombre era palpable, y más auténtico que incluso sus llamadas más convincentes. Antes de que siquiera lo dijera, Laura sabía que su nombre era:
—…Gene Brewster.
Y que vivía en:
—71 Pine Ridge Avenue.
Las primeras veces que llamó, fue convincente. También imaginativo. Hubo una llamada que hizo en donde logró enviar un equipo SWAT a la casa de alguien. Otra de sus llamadas de broma jodió tanto a la chica nueva que renunció al día siguiente. Y cada vez que llamaba, se salía con la suya en todo. No hace más de tres meses, una de sus llamadas de broma mandó a dos ambulancias tras una pista falsa, desviándose de su llamada original acerca de un accidente de múltiples autos en la autopista que era bastante real. Una madre y un padre murieron en el pavimento mientras sus hijos observaban aterrorizados. La voz incesante del hombre había repiqueteado en su cabeza desde aquella llamada. Laura conservó una fotografía recortada del periódico local y la pegó en la parte superior de su monitor.
El que Gene usara un nuevo teléfono desechable con cada llamada significaba que la policía no estaba interesada en desperdiciar esfuerzos rastreándolo. Por supuesto, Laura no compartía su desinterés. Comenzó a registrar los números telefónicos de cada teléfono desechable con el que llamaba. De ahí en adelante, no le costó mucho rastrear la compra en masa de teléfonos desechables entre los negocios locales del condado. Eso fue todo lo que se necesitó para obtener un nombre y una dirección.
Hace un año, el Estado se vio obligado a cerrar una de sus instituciones psiquiátricas. Laura escuchó historias sobre pacientes antiguos que causaban problemas en los proyectos de vivienda a unas ciudades de distancia. A pesar de sus reservas iniciales, fue bastante fácil para Laura infundir una obsesión con Gene en algunos esquizofrénicos paranoides.
Laura podía escuchar el golpeteo ruidoso en el trasfondo, amenizando por las súplicas de auxilio tartamudeantes de Gene. Saboreó el momento antes de enmascarar su gozo con indiferencia.
—Señor, lo siento. Este número está reservado para emergencias. Por favor, absténgase de hacer llamadas de broma a este número en el futuro. Que tenga un buen día.
Mientras acercaba su mano al botón de apagado, podía escuchar las súplicas de Gene volviéndose más frenéticas, ebullendo en gritos de ayuda en tanto su puerta frontal se hacía añicos.
En ese momento, Laura deseó, más que nada, poder quedarse en línea solo por otro segundo más.
Pero realmente tenía que pasar a la siguiente llamada.
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