¿Cuál es tu generación literaria preferida?

¿Cuál es tu generación literaria preferida?

Publicada el 15.02.2019 a las 13:23h.

Una generación literaria es un conjunto de escritores vinculados por una serie de ideologías y de estilos en un periodo de tiempo determinado generalmente, de unos quince años.

Etiquetas: generación

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Último acceso 21.09.2019

Generación del 27

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Generación del 27

Fuente en Sevilla a los poetas de la generación del 27. Fue realizada por Antonio Barrionuevo Ferrer en 2011; con escultura de César Portela, y está cubierta de mármol Macael. Con el término Generación del 27 se denomina a una constelación de escritores y poetas españoles (a las mujeres de esta... Ver mas
Fuente en Sevilla a los poetas de la generación del 27. Fue realizada por Antonio Barrionuevo Ferrer en 2011; con escultura de César Portela, y está cubierta de mármol Macael.
Con el término Generación del 27 se denomina a una constelación de escritores y poetas españoles (a las mujeres de esta generación también se les conoce como Las Sinsombrero) del siglo XX que se dio a conocer en el panorama cultural alrededor de 1927,1​ con motivo del homenaje a Luis de Góngora organizado en ese año por José María Romero Martínez en el Ateneo de Sevilla con motivo del tercer centenario de su muerte, en el que participaron muchos de sus miembros más conocidos, dentro de la "Edad de Plata" de la literatura española, época en que coincidieron en plena producción durante la Segunda República esta brillante promoción junto a otras dos no menos brillantes: Generación del 98 y Novecentismo.

Sobre el concepto de Generación
Hay, por parte de los expertos, cierta polémica sobre si debe considerar o no como generación a este grupo de autores, puesto que según uno de sus miembros, Pedro Salinas, los integrantes del mismo no cumplen los criterios que Julius Petersen asigna al concepto historiográfico de "Generación":1​

Nacimiento en años poco distantes.
Formación intelectual semejante.
Relaciones personales.
Participación en actos colectivos propios.
Existencia de un “acontecimiento generacional” que aglutine sus voluntades.
Presencia de un “guía”.
Rasgos comunes de estilo (“lenguaje generacional”).
Anquilosamiento de la generación anterior.
Es difícil ver un patrón tan claro en el heterogéneo grupo de autores que podrían encuadrarse en la denominada "Generación del 27". Si bien es cierto que el nacimiento de la mayoría se sitúa en un lapso que no rebasa los 15 años, no todos los autores nacidos entonces se han considerado miembros del grupo. La mayoría posee una sólida formación universitaria; pero no hubo un guía claro, aunque al principio se dejaran ayudar por Juan Ramón Jiménez, ni tampoco un lenguaje generacional, ya que, si bien todos ejercieron estéticas de la Vanguardia artística, no renunciaron a la tradición literaria culta del Siglo de Oro o la popular (neopopularismo); además atravesaron por distintas etapas, por más que una bastante común y muy definitoria fuese la surrealista.

Aunque se podría considerar "acontecimiento generacional" el acto de reivindicación en el Ateneo de Sevilla de la segunda época de Luis de Góngora, la llamada culterana, rechazada por la crítica literaria oficial, no se levantaron con firmeza contra generaciones anteriores, ni estas se hallaban en un estado de anquilosamiento; muy por el contrario constituyen una generación "cumulativa" que asume los logros de las anteriores, y todas estas generaciones del 98, del 14 y del 27, las que forman la llamada Edad de Plata de la literatura española, reaccionaban en el fondo contra una sola: la decimonónica, identificada con la falsía del turnismo de partidos y de la Restauración monárquica, contra las que se levantó también el Krausismo, la Institución Libre de Enseñanza y el Regeneracionismo, corrientes de las que se sienten herederos. En cuanto a si existieron relaciones personales entre ellos, las hubo, incluso de profunda amistad al menos entre los que residieron en la misma zona y frecuentaron lugares como la Residencia de Estudiantes, donde entraron en contacto con las vanguardias artísticas y científicas, y el Centro de Estudios Históricos, donde asimilaron las tradiciones culturales hispánicas, así como en las redacciones de revistas como La Gaceta Literaria, Cruz y Raya, Revista de Occidente, Litoral, Caballo Verde para la Poesía y Octubre entre otras, lo cual les hace tener una conciencia colectiva unida por experiencias comunes y propias definidas al cabo por la positiva de la República y las negativas de la Guerra Civil y los exilios exterior e interior.1​

En consecuencia la crítica afirma que se trata de un "grupo generacional", una "constelación" o "promoción" de autores, pese a lo cual ha terminado admitiéndose la designación de Generación del 27, pese a existir otras propuestas como: Generación Guillén-Lorca; Generación de 1925 (media aritmética de la fecha de publicación del primer libro de cada autor); Generación de las Vanguardias; Generación de la amistad; Generación de la Dictadura; Generación de la República2​, etc.

Antecedentes de la Generación del 27
Al grupo literario anterior, que sucedió a los modernistas y a la Generación del 98, se le caracterizaba por su clara orientación europeísta y su concepción del arte como un área separada de lo social y lo político; se lo denominó novecentismo o Generación del 14. Y todos esos grupos anteriores vinieron a coincidir temporalmente con los movimientos artísticos llamados Vanguardias que se desarrollaron en Europa desde 1909 y que rompen tanto con la temática como con las técnicas expresivas del romanticismo y realismo y sus sucesoras, las estéticas postrománticas. Los vanguardistas se sienten atraídos por los adelantos tecnológicos y sus posibilidades, dando lugar a la corriente del futurismo, otros exploran la realidad llevándola a su descomposición, como los cubistas; otros sustituyen la realidad por el mundo onírico, como los surrealistas… Esta coincidencia temporal, y las características del movimiento vanguardista, hizo que los integrantes del grupo novecentista, vean en ellos la apuesta por un arte producto de un acto lúdico y libre, fruto de la capacidad intelectual y expresiva del artista, que tanto les atrae.3​4​

Los rasgos fundamentales de este movimiento literario son dos: la expresión de lo subjetivo, por lo que se caracterizan por el uso de la metáfora; y la precisión conceptual, que pone de manifiesto la sólida formación intelectual de los integrantes de este grupo. Dados sus rasgos fundamentales, no puede extrañar que los géneros literarios más representativos de estos literatos sean la lírica y el ensayo, que se divulga fundamentalmente a través de periódicos y revistas especializadas (un ejemplo lo constituye la revista sevillana Grecia —fundada por Isaac del Vando-Villar y Adriano del Valle, que funcionó entre 1918-1920—, que en 1919 recibe las colaboraciones de los poetas ultraístas.4​). A pesar de ello hay algún que otro representante de la novela dentro del novecentismo, que opta por el subjetivismo y la renovación iniciada por la Generación del 98, manipulando las situaciones para poder expresar su opinión sobre los más diversos temas.3​

Historia
En esta situación de continua renovación y cambios sociales y políticos, empiezan a aparecer jóvenes escritores, poetas en su mayoría, con características propias difíciles de encuadrar en los grupos existentes, pero se van uniendo en algunos lugares clave: entran en contacto con la tradición literaria española a través del Centro de Estudios Históricos y con las vanguardias artísticas y culturales a través de las actividades de la Residencia de estudiantes.4​1​

Así mismo asisten a las redacciones de algunas publicaciones comunes como la Revista de Occidente dirigida por José Ortega y Gasset o La Gaceta Literaria (dirigida por Ernesto Giménez Caballero), pero también en otras más como: Litoral (Málaga, 1926, impresa por Manuel Altolaguirre y Emilio Prados); Verso y Prosa (que viene del Suplemento Literario del diario murciano La Verdad -1923 a 1925-, que mantenían el redactor José Ballester Nicolás y Juan Guerrero Ruiz. Murcia, 1927, dirigida por Juan Guerrero Ruiz y Jorge Guillén); Mediodía (Sevilla); Meseta (de Valladolid); Cruz y Raya (dirigida por José Bergamín, Madrid, 1933); Carmen (creada por Gerardo Diego en Santander en el año 1927, que tenía un suplemento festivo llamado Lola); Octubre (revista dirigida por Rafael Alberti) y Caballo Verde para la poesía (Madrid, 1935. Dirigida por Pablo Neruda).1​5​

Pese a todo, este grupo se caracteriza porque cada uno de sus miembros posee una personalidad tan acusada que es capaz de transformar las influencias o lecciones de cualquier modelo en propia sustancia personalizada totalmente diferente a la de los demás integrantes del mismo. Por ello no se puede hablar ni de comunidad de estilo ni de escuela entre ellos. Por eso hay muchos autores que prefieren referirse a ellos como "grupo del 27".4​

Los componentes de la generación del 27
Dentro de este grupo de literatos podemos destacar a los siguientes poetas: Jorge Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, Juan José Domenchina y Emilio Prados; este grupo es tan cerrado y estrecho que el crítico José-Carlos Mainer se burló adjetivándolos como "generación SL" (sociedad limitada) para insistir precisamente en la inmovilidad canónica de este grupo de poetas.6​ Por eso se ha ampliado sin cesar y hay autores que también incluyen a Miguel Hernández en la lista, como un epígono más bien perteneciente a la Primera generación de posguerra3​ o se agrupó con ellos a miembros de otras generaciones con los que tenían afinidad, como diversos novelistas, ensayistas y dramaturgos (Max Aub, Fernando Villalón, José Moreno Villa o León Felipe).

Por demás, habría que tener en cuenta a los autores olvidados por la crítica, como ocurre con la mayoría de las doce mujeres de este grupo, diez de ellas compañeras de la Generación del 27 en el Lyceum Club Femenino y conocidas generalmente como "Las sinsombrero": Concha Méndez-Cuesta, poeta y escritora de teatro; María Teresa León, escritora; Ernestina de Champourcín, poeta; Rosa Chacel, poeta, novelista, ensayista, traductora…; Josefina de la Torre, poeta, novelista, cantante lírica y actriz; María Zambrano, filósofa y ensayista; Luisa Carnés, narradora social y feminista, y las artistas Margarita Gil Roësset, Margarita Manso, Maruja Mallo y Ángeles Santos, a las que hay que añadir a Remedios Varo7​. Algo semejante cabe afirmar del Lyceum Club de Barcelona.

Por otra parte, hay que incluir también a otros artistas cuya trayectoria es más o menos afín o muy relacionada con la de los autores del 27, aunque por diversas circunstancias no estaban tan unidos al grupo: Juan Larrea, Mauricio Bacarisse, Juan José Domenchina, José María Hinojosa, José Bergamín (que más bien pertenece al Novecentismo o Generación del 14), Alejandro Casona o Juan Gil-Albert.5​

También podemos tener presente a la llamada, por parte de uno de sus integrantes (José López Rubio), como ‘’Otra generación del 27’’, que está formada por los humoristas discípulos del vanguardista Ramón Gómez de la Serna, entre los que podemos destacar: Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, Miguel Mihura y Antonio de Lara, «Tono», que se convirtieron tras la contienda nacional en integrantes de la redacción de La Codorniz.5​

Pero además hay que tener en cuenta que no toda la producción literaria del 27 está escrita en castellano; hubo autores que perteneciendo a esta generación escribieron en otros idiomas, como Salvador Dalí u Óscar Domínguez, que escribieron en francés, o en inglés como Felipe Alfau, y algunos escritores y artistas extranjeros que fueron importantes en este movimiento, como Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges o Francis Picabia.5​

Por todas esas razones no tiene mucha consistencia la idea de considerar la Generación del 27 como un fenómeno estrictamente madrileño. De hecho se puede ver la existencia de otros núcleos creativos que se encontraban dispersos por todo el territorio nacional, aunque con una estrecha relación entre ellos. Así, los principales núcleos se localizaron en Sevilla (en torno a la revista Mediodía), Canarias (en torno a la Gaceta de Arte) y en Málaga (en torno a la revista Litoral); sin que esto suponga que no hubiera también una importante actividad en Cantabria, Galicia, Cataluña y Valladolid.5​

La Generación del 27 en otras manifestaciones artísticas

Monumento a Gerardo Diego, en la calle Pío Baroja, delante de la Casa de Cantabria, Madrid.
Tampoco se puede perder de vista que algunos miembros del grupo se centraron en actividades artísticas diferentes de las estrictamente literarias, como Luis Buñuel, cineasta; K-Hito, caricaturista y animador; pintores surrealistas como Salvador Dalí o Remedios Varo; Maruja Mallo, pintora y escultora; Ángeles Santos Torroella, pintora y artista gráfica; Benjamín Palencia, Gregorio Prieto, Manuel Ángeles Ortiz, Ramón Gaya y Gabriel García Maroto todos ellos pintores, a las que hay que añadir además a las "Sinsombrero" Margarita Gil Roësset, Margarita Manso y Ángeles Santos; o Rodolfo Halffter y Jesús Bal y Gay, compositores y el último también musicólogo, los cuales pertenecieron al llamado Grupo de los Ocho, nombre con el que se suele denominar en música el correlato de la literaria Generación del 27 y estaba integrado por: el mentado Bal y Gay, los Halffter, que eran Ernesto y Rodolfo, Juan José Mantecón, Julián Bautista, Fernando Remacha, Rosa García Ascot, Salvador Bacarisse y Gustavo Pittaluga, no pudiendo dejar de nombrar a músicos más o menos marginales como Gustavo Durán.5​

En Cataluña está el llamado grupo catalán, que hizo su presentación en 1931 bajo el nombre de Grupo de Artistas Catalanes Independientes integrado por Roberto Gerhard, Baltasar Samper, Manuel Blancafort, Ricardo Lamote de Grignon, Eduardo Toldrá y Federico Mompou.5​

En otros ámbitos, como la arquitectura, cabe mencionar la llamada Generación del 25 de arquitectos. Aunque algunos autores han propuesto llamarla también generación del 27, para unirla a esta, se trata de dos grupos con claras diferencias entre sí. Según uno de los estudios más completos sobre estos arquitectos hasta la fecha (Carlos Arniches y Martín Domínguez, arquitectos de la Generación del 25. Madrid: Mairea), formaban parte de ella Fernando García Mercadal, Juan de Zavala, Manuel Sánchez Arcas, Luis Lacasa, Rafael Bergamín (hermano del ensayista y poeta José Bergamín), Luis Blanco Soler, Miguel de los Santos, Agustín Aguirre, Casto Fernández Shaw, Eduardo Figueroa, Carlos Arniches Moltó y Martín Domínguez Esteban. Según dicho estudio Teodoro de Anasagasti es uno de los maestros de esa generación, clave para entender la esencia del grupo y lo que lo hace distinto, y Luis Gutiérrez Soto, más joven que el resto, no cumple los valores que dicha generación se impuso. Otros, como José de Aspiroz, José Borobio, Manuel Muñoz Casayús, Fernando Salvador, Vicente Eced, Bernardo Giner de los Ríos o Raimundo Durán Reynals son considerados periféricos.5​

Las corrientes del 27
En realidad, la llamada generación del 27 fue un grupo poco homogéneo; habitualmente se les ha ordenado por parejas o en tríos. Así, por ejemplo

Los poetas del neopopularismo o neopopularistas: Rafael Alberti y Federico García Lorca, dentro de una nómina que fue particularmente bien nutrida, intentan acercarse a la poesía de Gil Vicente y del Romancero, o a la lírica cancioneril, buscando fuentes populares y en el folclore de la lírica tradicional; algo de ello hay también en la aproximación que hizo Gerardo Diego, después de su etapa creacionista, a la lírica de Félix Lope de Vega gracias a la edición que hizo en ese tiempo José Fernández Montesinos.
Por otra parte, hay dos catedráticos de filología hispánica que comparten intereses comunes y que incluso fueron amigos y tuvieron trayectorias muy parecidas, pues no en vano su poética es fundamentalmente afirmativa y optimista; se trata de Jorge Guillén, cuya obra poética se recoge bajo el título Aire nuestro y está marcada por la poesía pura a lo Paul Valéry y formada por cinco libros (Cántico, Clamor, Homenaje, ...Y otros poemas y Final), y Pedro Salinas, el gran poeta del amor del 27. Ambos son asimismo autores de importantes libros de crítica literaria: el primero sobre todo por Lenguaje y poesía (1962) y el segundo por Literatura española. Siglo XX (1940) y Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947), entre otros.
El grupo surrealista está más nutrido. Ya el novecentista Ramón Gómez de la Serna había revolucionado la metáfora con sus greguerías, muchas de ellas ya propiamente surrealistas. Louis Aragón viene a dar conferencias a la Residencia de Estudiantes y los escritores del 27 asimilan rápidamente las técnicas de la imagen visionaria y el versículo, que renuevan y enriquecen profundamente el lenguaje poético de la literatura española, como ya lo había hecho el collage fundado en la técnica dadaísta del objeto encontrado. Fuera del cine y la pintura surrealistas de Luis Buñuel y Salvador Dalí, destaca especialmente el premio nobel Vicente Aleixandre, seguramente el más original, ya que, según Cernuda, «su verso no se parece a nada», y el que ha venido a ser el poeta más influyente de la generación durante la última mitad del siglo XX, el ya citado Luis Cernuda. Sin embargo, hubo otros poetas del 27 que notaron el impacto surrealista y que poseen etapas en su evolución marcadas por esta estética: Rafael Alberti, por ejemplo, compuso la última sección de Sobre los ángeles y Sermones y moradas en versículo surrealista y Federico García Lorca asimiló su impacto en Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York y los Sonetos del amor oscuro. Es fundamental el surrealismo en Juan Larrea y una etapa surrealista posee, por ejemplo, José María Hinojosa con su La flor de Californía (con acento en la i) y Emilio Prados. Son éstos dos últimos, junto a Vicente Aleixandre, cuya infancia transcurriría en Málaga, García Lorca, que pasaba largas estancias en la costa malagueña, José Moreno Villa (adscribible más bien al Novecentismo) y Manuel Altolaguirre, quienes constituyen el llamado grupo de Málaga, formado alrededor de una serie de revistas editadas por el grupo, siendo Litoral la más importante, así como su colección de libros poéticos. Surrealistas son también las tres partes de Residencia en la tierra que publica el poeta chileno Pablo Neruda por estos años en España y que conocen bien sus amigos del 27.
Dámaso Alonso y Gerardo Diego constituyen el núcleo de los que permanecieron en España tras la Guerra Civil, más o menos integrados en el régimen franquista. Este último realizó una larga trayectoria poética donde combinó a la vez tradición y vanguardia, muy variada en su temática, desde el toreo a la música y las inquietudes religiosas, el paisaje y los contenidos existenciales, siendo además autor de la antología más célebre de la Generación del 27 en dos versiones distintas: Poesía española. Antología (1915-1931) (1932 y 1934). Otros que permanecieron, se convirtieron en maestros y guía de toda una nueva generación de poetas, como Vicente Aleixandre, u optaron por el exilio interior, como Juan Gil-Albert.
El grupo malagueño está integrado por Manuel Altolaguirre, Emilio Prados y José María Hinojosa, considerados caprichosamente "poetas menores" de esta promoción.
El homoerotismo o la homosexualidad también es un tema ocasional, tal y como puede observarse en la obra de Luis Cernuda, Aleixandre, Federico García Lorca, Emilio Prados o Juan Gil-Albert, como también en la obra del pintor Gregorio Prieto.
Estética
En los autores del 27 es muy significativa la tendencia al equilibrio, a la síntesis entre polos opuestos, incluso dentro de un mismo autor:

Entre lo intelectual y lo sentimental. La emoción tiende a ser refrenada por el intelecto. Prefieren inteligencia, sentimiento y sensibilidad a intelectualismo, sentimentalismo y sensiblería (Bergamín).

Se observa muy bien en Salinas.

Entre una concepción romántica del arte (arrebato, inspiración) y una concepción clásica (esfuerzo riguroso, disciplina, perfección). Lorca decía que si era poeta «por la gracia de Dios (o del demonio)» no lo era menos «por la gracia de la técnica y del esfuerzo».

Entre la pureza estética y la autenticidad humana, entre la poesía pura (arte por el arte; deseo de belleza) y la poesía auténtica, humana, preocupada por los problemas del hombre (más habitual tras la guerra: Guillén, Aleixandre...).

Entre el arte para minorías y mayorías. Alternan el hermetismo y la claridad, lo culto y lo popular (Lorca, Alberti, Diego). Se advierte un paso del «yo» al «nosotros». «El poeta canta por todos», diría Aleixandre.

Entre lo universal y lo español, entre los influjos de la poesía europea del momento (surrealismo) y de la mejor poesía española de siempre. Sienten gran atracción por la poesía popular española: cancioneros, romanceros...

Entre tradición y renovación. Se sienten próximos a las vanguardias (Lorca, Alberti, Aleixandre y Cernuda poseen libros surrealistas; Gerardo Diego, creacionistas); próximos a la generación anterior (admiran a Juan Ramón Jiménez, Unamuno, los Machado, Rubén Darío...); admiran del XIX a Bécquer (Alberti: «Homenaje a Bécquer», Cernuda: «Donde habite el olvido», Jorge Guillén, un estudio en su Lenguaje y poesía (1962)...); sienten auténtico fervor por los clásicos: Manrique (Jorge Manrique, tradición y originalidad de Pedro Salinas), Garcilaso (Égloga, elegía, oda de Luis Cernuda; La voz a ti debida, de Pedro Salinas), Juan de la Cruz (Cristo de San Juan de la Cruz de Salvador Dalí; Poemas del amor oscuro de Federico García Lorca), Luis de León, Francisco de Quevedo (Jorge Guillén)8​ Lope de Vega (especialmente en Gerardo Diego, pero también Lorca representó tres obras suyas con su grupo de La Barraca, e hizo el papel de sombra en El caballero de Olmedo), Pedro Calderón de la Barca (se intenta volver a poner de moda su teatro alegórico escribiendo autos sacramentales: Rafael Alberti y su El hombre deshabitado) y, sobre todos, Luis de Góngora (Fábula de Equis y Zeda de Gerardo Diego; Poema del agua de Manuel Altolaguirre; Cal y canto de Rafael Alberti; Soledad insegura de Federico García Lorca). Y se reviven clásicos olvidados como Francisco de Aldana (al que dedica Cernuda un estudio crítico y admiradas alusiones en sus poemas). Por otra parte, la aproximación a lo humano y a lo social por parte de poetas como Rafael Alberti y el chileno Pablo Neruda se realiza a través del concepto de la poesía impura que este último aclimata a través de su revista española Caballo verde para la poesía (1935)9​ y la revista de Rafael Alberti Octubre. Rafael Alberti y el "epígono del 27" Miguel Hernández escribirán numerosos poemas de combate durante la Guerra civil.

Etapas
a) Hasta 1927: Se trata de una época de tanteo; comienzan con apenas tonos becquerianos o modernistas (Lorca), y enseguida se dejan influir por las vanguardias deshumanizadas: Pedro Salinas se hace futurista en Presagios, Seguro azar y Fábula y signo; Gerardo Diego creacionista (Manual de espumas, Fábula de Equis y Zeda); Jorge Guillén asimila la aséptica poesía pura de Paul Valéry. Algunos sienten un deseo de perfección formal, por lo que buscan a los clásicos (Góngora, principalmente -Cal y canto, de Alberti y Poema del agua, de Altolaguirre-, pero también otros: Garcilaso, Lope de Vega..., y otros (Lorca, Alberti, Diego) por la inspiración popular del Romancero viejo -Romancero gitano de Lorca- y cancioneros de Gil Vicente y del neopopularismo: La amante y El alba del alhelí, de Alberti).
b) De 1927 a la Guerra Civil: Evolucionan adquiriendo una personalidad propia y tendiendo a la rehumanización. Destaca la influencia del surrealismo y de Pablo Neruda, con su revista Caballo verde para la poesía, que promueve una rehumanización poética ("poesía impura", la llama). También se utiliza el surrealismo como un procedimiento para liberarse de la represión y de la injusticia, por ejemplo en Los Placeres Prohibidos de Luis Cernuda y en Poeta en Nueva York de Lorca.
c) Después de la Guerra Civil: El grupo se escinde por la muerte de Lorca y el exilio de los demás, que tendrán en el exilio un tema importante, excepto tres que se quedaron: Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre; estos dos últimos cultivan la llamada poesía desarraigada (existencial) y Aleixandre (y también Gil-Albert) vivirá en cierta manera el llamado exilio interior, constituyéndose en modelo y ejemplo para poetas posteriores. Son temas frecuentes España, la patria perdida, etc.
Instituciones
La mayoría de estos autores, principalmente líricos, entraron en contacto con la tradición literaria (Siglo de Oro, Romancero, cancioneros de Gil Vicente, poesía árabe) a través del Centro de Estudios Históricos dirigido por el padre de la filología española, Ramón Menéndez Pidal, y con las vanguardias a través de los viajes, la divulgación llevada a cabo por Ramón Gómez de la Serna y otros novecentistas y, sobre todo, las actividades y conferencias programadas por la Residencia de Estudiantes, institución inspirada en el krausismo de la Institución Libre de Enseñanza y dirigida por Alberto Jiménez Fraud, que organizaba conferencias científicas de importantes figuras españolas y del extranjero (Albert Einstein, Howard Carter, Louis de Broglie, Marie Curie, Le Corbusier, Keynes, Santiago Ramón y Cajal, por ejemplo) y de las estéticas de Vanguardia (Louis Aragon, Max Jacob), entre otras (Gilbert Keith Chesterton, Paul Valéry, Ígor Stravinski, Paul Claudel, Wolfgang Köhler, Herbert George Wells...), además de contar con un cineclub y un día dedicado a conciertos. Editaba además una revista, Residencia (1926-1934).

Nómina
Integrantes de la generación del 27, por orden cronológico:

Rogelio Buendía (1891-1969, 78)
Pedro Salinas (1891-1951, 60)
Valentín Andrés (1891-1982, 91)
Juan Guerrero Ruiz (1893-1955, 62)
Jorge Guillén (1893-1984, 91)
Antonio Espina (1894-1972, 78)
Mauricio Bacarisse (1895-1931, 36)
Rafael Laffón (1895-1978, 83)
Juan Larrea (1895-1980, 85)
Antonio de Lara (1896-1978, 82)
Gerardo Diego (1896-1987, 91)
Agustín Espinosa (1897-1939, 42)
Amado Alonso (1897-1952, 55)
Miguel Valdivieso (1897-1966, 69)
José Fernández Montesinos (1897-1972, 75)
Josep Moreno Gans (1897-1976, 79)
Federico García Lorca (1898-1936, 38)
Juan José Domenchina (1898-1959, 61)
Vicente Aleixandre (1898-1984, 86)
Concha Méndez (1898-1986, 88)
Dámaso Alonso (1898-1990, 92)
Rosa Chacel (1898-1994, 95)
César Arconada (1898-1964, 66)
Rafael Porlán (1899-1945, 46)
Emilio Prados (1899-1962, 63)
Paulino Masip (1899-1963, 64)
Edgar Neville (1899-1967, 67)
Rafael Dieste (1899-1981, 82)
Ernesto Giménez Caballero (1899-1988, 89)
Francisco Madrid (1900-1952, 52)
Juan Chabás (1900-1954, 54)
Guillermo de Torre (1900-1971, 71)
Alejandro Collantes de Terán (1901-1933, 32)
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952, 50)
Pedro Garfias (1901-1967, 66)
Ramón J. Sender (1901-1982, 81)
Andrés Carranque de Ríos (1902-1936, 34)
Luis Cernuda (1902-1963, 61)
Pedro Pérez-Clotet (1902-1966, 64)
Rafael Alberti (1902-1999, 97)
Felipe Alfau (1902-1999, 97)
Agustín de Foxá (1903-1959, 56)
Alejandro Casona (1903-1965, 62)
Antonio Oliver (1903-1968, 65)
Max Aub (1903-1972, 69)
Luis Amado-Blanco (1903-1975, 71)
María Teresa León (1903-1988, 85)
José López Rubio (1903-1996, 93)
José María Hinojosa (1904-1936, 32)
Joaquín Romero Murube (1904-1969, 65)
José María Souvirón (1904-1973, 69)
José María Luelmo (1904-1991, 87)
María Zambrano (1904-1991, 87)
Juan Gil-Albert (1904-1994, 90)
Luisa Carnés (1905-1964, 59)
Ernestina de Champourcín (1905-1999, 94)
Miguel Mihura (1905-1977, 72)
Pedro García Cabrera (1905-1981, 76)
Emeterio Gutiérrez Albelo (1905-1969, 64)
Manuel Altolaguirre (1905-1959, 54)
Francisco Ayala (1906-2009, 103)
Gustavo Durán (1906-1969, 63)
Josefina de la Torre (1907-2002,95)
Enrique Moreno Báez (1908-1976), 68)
Rafael de León (1908-1982, 74)
María Dolores Pérez Enciso (1908-1949,41)
Miguel Hernández (1910-1942, 31)
Evolución poética de la Generación del 27
No se puede unificar la poesía de esta generación, ni en el caso particular de cada poeta que se integra en ella. Pero puede encontrarse en todos ellos una voluntad de renovación, una superación de los “ismos” que surgieron en épocas anteriores, lo que supuso una superación del espíritu iconoclasta y destructor que los caracterizaba. Lo cual no les impide romper con el academicismo, y presentar, en ciertos momentos, una cierta irracionalidad en el uso de sus metáforas e imágenes, lo que les permite mantener su marcado talante original e independiente, sin ataduras a nada.4​

Puede distinguirse diversas etapas en la poesía de este grupo, unos autores hablan de dos,3​ mientras que otros se decantan por establecer tres:1​

Hasta 1927. Esta primera etapa se caracteriza por el influjo de las primeras vanguardias, lo cual les hace priorizar los logros estéticos, con gran utilización del verso libre. Así, en esta etapa se mezclan rasgos de la poesía pura y conceptual de Juan Ramón Jiménez, rasgos del vanguardismo anterior, y, por último, rasgos provenientes de la poesía tradicional recopilada en canciones, romances, que ejerció influencia sobre ellos, al tiempo que también se dejaron influir por autores clásicos como Góngora.1​3​4​
De 1927 hasta la guerra civil (1936). Se caracteriza fundamentalmente esta etapa por aparecer en los autores una cierta preocupación por el ser humano y por ciertas situaciones sociales en las que se ve inmerso. Se puede decir que se inicia un proceso de rehumanización, que coincide con la irrupción del Surrealismo; lo que da pie a la aparición en la poesía de bellas, aunque inquietantes imágenes, en muchas ocasiones semejantes a las oníricas.1​3​4​
Después de la guerra (1939). La contienda nacional del 36 provocó la dispersión del grupo, algunos porque se exiliaron, como fue el caso de Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda y Rafael Alberti; otros como ocurrió con Federico García Lorca fue asesinado y, por último algunos como Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego permanecieron en España. Esta dispersión da pie a diferente temática, así, mientras los que viven el exilio se centran en su experiencia como exiliados y los sentimientos que ello les provoca, los que permanecieron en el país, centraron en la angustia existencial el tema más importante de sus obras.1​3​
Destacamos entre los autores:

Pedro Salinas
Nació en Madrid, fue profesor de literatura en varias universidades. Influido por la obra de Juan Ramón Jiménez, cultiva la poesía pura. Al igual que Juan Ramón intenta entrar en la esencia oculta de las cosas, con una poesía intelectualizada, aparentemente sencilla, que utiliza como cauce el verso heptasílabo y el endecasílabo sin rimas. Su obra se diferencia en tres etapas:

1.ª etapa: mezcla la poesía pura y temas futuristas (bombilla, automóvil, máquina de escribir…). Destacan: Presagios,Seguro azar y Fábula y signo.
2.ª etapa: es la más importante. Presta atención al mundo íntimo y al amor como experiencia gozosa, en la persona no expresa de la estudiante estadounidense Katherine R. Whitmore. Predomina la dicción coloquial, un lenguaje conceptual, los tripletes de términos y la insistencia en los pronombres. Es característico el verso corto heptasílabo y silvas (estrofa compuesta de versos endecasílabos y heptasílabos, sin rima.). Destacan:
La voz a ti debida, extrae el título de la Égloga III de Garcilaso. El amor aparece esencializado en los pronombres yo y tú para referirse a la pareja tu-yo, cuyo centro es la mujer.
Razón de amor, continuación del libro anterior, donde prosigue la racionalización del proceso amoroso.
Largo lamento, que toma su título de un verso de las Rimas de Bécquer, poemario sobre el desamor y la muerte del amor, que vive con resignación y agradecimiento de lo vivido.
3.ª etapa: escrita ya en América. El contemplado alude al mar que es su interlocutor. Todo más claro, angustia que le provoca la civilización tecnológica contemporánea y los horrores de la Guerra Civil y la 2.ª Guerra Mundial, y Confianza, que cierra su obra poética.
Jorge Guillén
Nació en Valladolid. Se exilió a los Estados Unidos y fue, como su amigo Pedro Salinas, con quien sostuvo un prolongado epistolario, profesor de literatura española. Regresó tras la muerte de Franco y obtuvo el premio Cervantes. Su singularidad reside en haberse mantenido fiel al ideal de poesía pura, y ofreció una visión optimista y serena del mundo, con lo que se constituye en la antítesis del pesimismo cosmológico de Vicente Aleixandre.

Toda su obra se agrupa bajo el título general de Aire Nuestro, que integra cinco libros: Cántico, Clamor, Homenaje, ...Y otros poemas y Final. Su lenguaje es muy elaborado, en busca de la máxima y concisión; prefiere el verso corto y el endecasílabo. Su obra es fruto de un riguroso proceso de selección (de la palabra), en el que se suprime lo accesorio mediante la elipsis para comunicar la idea o sentimiento esencial, quedando un verso a menudo entrecortado por los encabalgamientos.

Sus temas son la afirmación jubilosa del ser; la plenitud, el tiempo que pasa e invita a gozar de la vida; el azar y el caos, que producen inseguridad o sufrimiento.

Gerardo Diego
Nació en Santander y desempeñó la cátedra de Literatura en un Instituto de Enseñanzas Medias de Soria. Recibió el premio Nacional de Literatura, junto con Rafael Alberti, y el de Cervantes. Su poesía se desarrolla paralelamente en dos vertientes: la tradicional y la vanguardista (casi siempre creacionista). A su vertiente creacionista se adscriben: Imagen, Manual de Espumas y Fábula de Equis y Zeda. De su estética tradicional destacamos: Versos Humanos, Soria y Alondra de Verdad, colección de sonetos, agrupación métrica que, al igual que la décima, domina. Los temas de esta segunda vertiente son: el amor, Dios, la música, la naturaleza, los toros, la forma, la iconografía, la belleza…

Dámaso Alonso
Nació en Madrid, dirigió la RAE. En él se fundieron tres vocaciones: la de poeta, la de lingüista y la de crítico literario, una de las figuras más importantes de la estilística. Entre sus libros sobre literatura destaca La lengua poética de Góngora y una serie de estudios admirables sobre líricos modernos (desde Bécquer hasta los escritores de su época) que constituyen Poetas españoles contemporáneos. Editó las obras de Góngora y se consideró a sí mismo dentro del 27 solamente como crítico, y como poeta más bien dentro de la Primera generación de posguerra, en lo que él mismo llamó poesía desarraigada, pues la guerra de 1936 le hizo aborrecer la pureza propugnada por Juan Ramón Jiménez que en un principio había intentado reproducir con sus primeros intentos líricos. Junto con Vicente Aleixandre fue el único autor del 27 que quedó en España, ambos en un llamado exilio interior. Sus obras más importantes se sitúan en la posguerra, destacando Hijos de la ira (1944), libro muy influido por el Existencialismo y por la poesía bíblica de los Salmos penitenciales, cuyo paralelismo semántico imita por medio de un particular uso del verso libre y el versículo. Es uno de los libros fundacionales de la corriente poética de posguerra conocida como poesía desarraigada, junto con Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre, publicado ese mismo año.

Vicente Aleixandre
Sevillano, su amistad con Dámaso Alonso despertó su vocación poética. En 1935, su libro La destrucción o el amor obtiene el Premio Nacional de Literatura. Es elegido miembro de la RAE. Y en 1977 obtiene el premio Nobel.

La mayor parte de su producción sigue los pasos del Surrealismo y se constituye en el gran poeta internacional de esta estética; su visión es sombría, dramática, pesimista. Utiliza el versículo y la imagen visionaria en Espadas como labios y La destrucción o el amor, etapa primera de su evolución que se define en solidaridad con la materia, con la naturaleza, con el cosmos. Evoluciona hacia una «poesía de comunicación», de solidaridad con el hombre, en consonancia con la tendencia social vigente en la lírica de los años 50. Sombra del paraíso (1944), inaugura junto con Hijos de la ira de Dámaso Alonso, también de ese año, la corriente de la poesía desarraigada de la posguerra. Con Historia del corazón inició una poesía solidaria. Y finaliza con su gran trilogía de senectute: Poemas de la consumación, Diálogos del conocimiento y En gran noche, en que vuelve a un peculiar surrealismo, con profundas implicaciones filosóficas y dejes conceptistas.

Federico García Lorca
Nació en Granada en 1898. Sus estudios de Letras y Derecho no le interesaron tanto como la música; fue amigo entrañable de Manuel de Falla, de quien luego se distanció. Se instaló en la Residencia de Estudiantes, donde convivió con numerosos artistas (Salvador Dalí y Luis Buñuel en especial). Tras vivir una temporada en Nueva York, regresa a España y en 1932 funda La Barraca, grupo teatral universitario con el que recorre España representando obras clásicas. Participa en ciertas actividades públicas de signo izquierdista y muere asesinado por los nacionalistas en Viznar (Granada). Su asesinato produjo gran conmoción mundial.

En la obra de Lorca se aúnan lo culto y lo popular, lo tradicional y lo vanguardista. Conocía los cancioneros tradicionales y la poesía oral del pueblo andaluz. Su poética afirma que hay tres tipos de poesía: la de la Musa (la de la inteligencia y la cultura, cuyo prototipo de poeta es Góngora); la del Ángel (la de la inspiración, cuyo poeta tipo es Bécquer) y la del Duende (que se funda en el dolor y el daño); las dos primeras vienen de fuera y la última de dentro: esta última es la suya. Por eso su tema era la frustración en dos vertientes, la ontológica y la social; y lo desarrolla en un rico estilo poético, con uno de los sistemas simbólicos más complejos y de imaginería más brillante de la literatura española, formado por elementos extraídos sobre todo de tres fuentes: la superstición popular, Shakespeare y la Biblia. Le obsesionan temas como la soledad o el destino trágico, y la lucha de los seres marginados (el homosexual, la mujer, el niño, el deforme, el viejo impotente, la solterona, la estéril, el gitano, el negro...) contra una sociedad opresiva basada en los convencionalismos. Su obra se separa en dos etapas, una neopopularista y otra en que se acerca al Surrealismo en que intenta congraciarse con su homosexualidad no asumida por medio del pansexualismo.

De la primera etapa destacan:

Poema del cante jondo, que se inscribe dentro de la línea neopopularista de la G. 27 y utiliza varios poemas cortos que pueden leerse como poemas independientes o como fragmentos de uno largo encadenados. Se utiliza el pie quebrado.
Romancero gitano, en la misma línea neopopularista, está compuesto por 18 romances. El protagonista es el gitano que simboliza el hombre puro e inocente, enemistado con las leyes y normas sociales, representadas por la Guardia Civil (su antagonista).
De la segunda destacan:

Poeta en Nueva York, el poeta se ahoga en aquel mundo que convierte al hombre en una pieza de un gran engranaje. Con procedimientos claramente surrealistas como la imagen visionaria y el versículo, Lorca alza el grito en pleno Crack del 29 y su protesta contra aquella colmena inhumana; asume la voz de los negros como antes asumía la de los gitanos marginados de su Andalucía trágica.
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, planto compuesto a la muerte de un torero amigo suyo.
Sonetos de amor oscuro, publicados póstumos, son la expresión de un erotismo homosexual dramático.
Rafael Alberti
Del Puerto de Santa María (Cádiz). Con su familia se traslada a Madrid. Abandona el Bachillerato y se dedica a la pintura. Se afilió al partido comunista y tuvo una activa participación política en la guerra. Al acabar esta se exilió a Argentina. Restablecida la democracia vuelve, y le será concedido el Premio Cervantes.

Se funden lo popular y lo culto, lo escueto y lo barroco, lo tradicional y lo frenéticamente nuevo. Su libro más temprano, Marinero en tierra, se inscribe en una línea del neopopularismo. Son canciones que evocan un paraíso perdido, que el poeta identifica con el Cádiz de su infancia, y el mar, las salinas, los momentos más jubilosos de la misma. Le siguen El alba de alhelí y Cal y canto, del más difícil neogongorismo o culteranismo. En 1929 publica su obra maestra, Sobre los ángeles, inducida por una profunda crisis de perdida de fe; es un libro en tres partes; las dos primeras son de inspiración becqueriana; la última utiliza ya un pleno surrealismo en que desata el versículo. Utiliza símbolos como los ángeles, los fantasmas y los duendes. Libros de su segunda época, destaca El poeta en la calle, de literatura comprometida. Otras obras, ya en el exilio publicará Baladas y canciones del Paraná.

Luis Cernuda
Fue alumno de Pedro Salinas y profesor de varias universidades europeas y americanas. Reunió su obra poética bajo el título general de La realidad y el deseo, colección de libros a la que pertenecen: Perfil del aire, Égloga, elegía, oda, Los placeres prohibidos, Donde habite el olvido, Un río, un amor, y Las nubes, ya en el exilio, Desolación de la quimera. Es también importante su labor como crítico literario y ensayista, con los dos volúmenes de Poesía y literatura, etcétera.

Su poesía rehúye el énfasis formal, los ritmos demasiado marcados, el estrofismo y la metáfora buscando lo indefinible, lo aéreo. Por eso rechaza formas tan impostadas como el soneto y la rima y, cuando utiliza alguna, es la asonante, que le ofrece más libertad. Se centra en la experiencia humana, pero ahuyenta lo más específico y propio, rehúye su yo para que el lector pueda identificarse con la experiencia del poeta más que con el poeta mismo. Canta el choque entre el deseo y la realidad, que deja al poeta solo el consuelo elegíaco del recuerdo o unos pocos instantes, que el llama acordes, de oda o celebración del gozo intemporal.

Historiografía sobre el 27
Reconstruir la memoria viva de lo que se ha venido a llamar la Edad de Plata y en concreto la Generación del 27 exige leer una serie de libros de memorias escritos por diversos autores más o menos vinculados a esta promoción. La arboleda perdida, de Rafael Alberti, por ejemplo. Es también el caso de Pablo Neruda, quien por entonces vino a Madrid y reforzó el grupo surrealista con algunas de sus contribuciones, en particular con la edición de su libro Residencia en la tierra I y II y que en sus dos libros de memorias, Confieso que he vivido y Para hacer he nacido, dio testimonio y noticias sobre las actividades del grupo durante esos años y el exilio posterior, en particular sobre Lorca y Alberti. Los encuentros, de Vicente Aleixandre, narra las primeras veces que vio a cada una de las figuras relevantes de la generación; Mi último suspiro, de Luis Buñuel, publicado primitivamente en francés, incluye numerosas anécdotas sobre los poetas del 27; Memorias habladas, memorias armadas (2018) de Concha Méndez; Vida en claro. Autobiografía (1944) de José Moreno Villa, Historial de un libro, de Luis Cernuda, los epistolarios de cada autor, etc.

Las Sinsombrero
Las Sinsombrero es una iniciativa para rescatar la memoria de las mujeres miembro de la Generación del 27, así como de otras mujeres que con su obra, sus acciones y su valentía fueron y son fundamentales para entender la cultura y la historia de un país que nunca las reivindicó.10​
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Generación del 98

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Generación del 98

La generación del 981​ es el nombre con el que se ha reunido tradicionalmente a un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social desencadenada en España por la derrota militar en la guerra hispano-estadounidense y... Ver mas
La generación del 981​ es el nombre con el que se ha reunido tradicionalmente a un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social desencadenada en España por la derrota militar en la guerra hispano-estadounidense y la consiguiente pérdida de Puerto Rico, Guam, Cuba y las Filipinas en 1898. Todos los autores y grandes poetas englobados en esta generación nacen entre 1864 y 1876.

Se inspiraron en la corriente crítica del canovismo denominada regeneracionismo y ofrecieron una visión artística en conjunto en La generación del 98. Clásicos y modernos.

Estos autores, a partir del denominado Grupo de los Tres (Baroja, Azorín y Maeztu), comenzaron a escribir en una vena juvenil hipercrítica e izquierdista que más tarde se orientará a una concepción tradicional de lo viejo y lo nuevo. Pronto, sin embargo, siguió la polémica: Pío Baroja y Ramiro de Maeztu negaron la existencia de tal generación, y más tarde Pedro Salinas la afirmó, tras minuciosos análisis, en sus cursos universitarios y en un breve artículo aparecido en Revista de Occidente (diciembre de 1935), siguiendo el concepto de «generación literaria» definido por el crítico literario alemán Julius Petersen; este artículo apareció luego en su Literatura española. Siglo XX (1949). José Ortega y Gasset distinguió dos generaciones en torno a las fechas de 1857 y 1872, una integrada por Ganivet y Unamuno y otra por los miembros más jóvenes. Su discípulo Julián Marías, utilizando el concepto de «generación histórica», y la fecha central de 1871, estableció que pertenecen a ella Miguel de Unamuno, Ángel Ganivet, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Vicente Blasco Ibáñez, Gabriel y Galán, Manuel Gómez-Moreno, Miguel Asín Palacios, Serafín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Azorín, Joaquín Álvarez Quintero, Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Antonio Machado y Francisco Villaespesa. No incluyó a mujeres, pero de hecho Carmen de Burgos «Colombine» (1867-1932), Consuelo Álvarez Pool «Violeta» (1867-1959) y Concha Espina (1869-1955) podrían pertenecer a ella, pues se encuentran en esa franja de fechas y sus características coinciden.2​

La crítica al concepto de generación fue realizada inicialmente por Juan Ramón Jiménez en un curso dictado en la década de 1950 en la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras), y luego por un importante grupo de críticos que desde Federico de Onís, Ricardo Gullón, Allen W. Phillips, Ivan Schulman, y termina con las últimas aportaciones de José Carlos Mainer, Germán Gullón, entre otros. Todos ellos han puesto en duda la oposición del concepto de generación del 98 y de modernismo.


Nómina
Formado inicialmente por el llamado Grupo de los Tres (Baroja, Azorín y Maeztu), entre los integrantes más significativos de este grupo podemos citar a Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Enrique de Mesa, Ramiro de Maeztu, Azorín, Antonio Machado, los hermanos Pío y Ricardo Baroja, Ramón María del Valle-Inclán y el filólogo Ramón Menéndez Pidal. Algunos incluyen también a Vicente Blasco Ibáñez, que por su estética puede considerarse más bien un escritor del naturalismo, y también al dramaturgo Jacinto Benavente. No debe incluirse a José Ortega y Gasset, que es considerado casi unánimemente como perteneciente a la generación del 14.[cita requerida]

Artistas de otras disciplinas pueden también considerarse dentro de esta estética, como por ejemplo los pintores Ignacio Zuloaga y Ricardo Baroja, también escritor este último. Entre los músicos destacan Isaac Albéniz y Enrique Granados.

Miembros menos destacados (o menos estudiados) de esta generación fueron Ciro Bayo (1859-1939), los periodistas, ensayistas y narradores Manuel Bueno (1874-1936), José María Salaverría (1873-1940) y Manuel Ciges Aparicio (1873-1936), Mauricio López-Roberts, Luis Ruiz Contreras (1863-1953), Rafael Urbano (1870-1924) y muchos otros.

La mayoría de los textos escritos durante esta época literaria se produjeron en los años inmediatamente posteriores a 1910 y están siempre marcados por la autojustificación de los radicalismos y rebeldías juveniles (Machado en los últimos poemas incorporados a Campos de Castilla, Unamuno en sus artículos escritos durante la I Guerra Mundial o en la obra ensayística de Pío Baroja).

Centros de reunión

Retrato de Pío Baroja.
Benavente y Valle-Inclán presidían tertulias en el Café de Madrid; las frecuentaban Rubén Darío, Maeztu y Ricardo Baroja. Poco después Benavente y sus seguidores se fueron a la Cervecería Inglesa, mientras que Valle-Inclán, los hermanos Machado, Azorín y Pío Baroja tomaban el Café de Fornos. El ingenio de Valle-Inclán le llevó luego a presidir la del Café Lyon d'Or y la del nuevo Café de Levante, sin duda alguna la que congregó a mayor número de participantes.

Revistas
Los autores de la generación del 98 se agruparon en torno a algunas revistas características, Don Quijote (1892-1902), Germinal (1897-1899), Vida Nueva (1898-1900), Revista Nueva (1899), Plenitud (1901-1902), Electra (1901), Helios (1903-1904), Alma Española (1903-1905) y Los Helechos (1894-1895).

Libros de memorias
No fueron muy aficionados los autores del 98 a hablar de sus compañeros. Pío Baroja dejó bastantes recuerdos de ellos en dos libros de memorias, Juventud, egolatría (1917) y los siete volúmenes póstumos Desde la última vuelta del camino. Ricardo Baroja hizo lo propio en Gente del 98 (1952). Unamuno dejó varios textos autobiográficos sobre su juventud, pero pocos sobre su edad madura.

Características
Los autores de la generación mantuvieron, al menos al principio, una estrecha amistad y se opusieron a la España de la Restauración; Pedro Salinas ha analizado hasta qué punto pueden considerarse verdaderamente una generación historiográficamente hablando. Lo indiscutible es que comparten una serie de puntos en común:


Joaquín Sorolla, Antonio Machado (diciembre de 1917). Óleo sobre lienzo. Hispanic Society of America (Nueva York). Sorolla se lo regaló a Machado, compañero suyo en la Institución Libre de Enseñanza, "como un poema personal".
Distinguieron entre una España real miserable y otra España oficial falsa y aparente. Su preocupación por la identidad de lo español está en el origen del llamado debate sobre el ser de España, que continuó aún en las siguientes generaciones.
Sienten un gran interés y amor por la Castilla de los pueblos abandonados y polvorientos; revalorizan su paisaje y sus tradiciones, su lenguaje castizo y espontáneo. Recorren las dos mesetas escribiendo libros de viajes, resucitan y estudian los mitos literarios españoles y el romancero.
Rompen y renuevan los moldes clásicos de los géneros literarios, creando nuevas formas en todos ellos. En la narrativa, la nivola unamuniana, la novela impresionista y lírica de Azorín, que experimenta con el espacio y el tiempo y hace vivir al mismo personaje en varias épocas; la novela abierta y disgregada de Baroja, influida por el folletín, o la novela casi teatral y cinematográfica de Valle-Inclán. En el teatro, el esperpento y el expresionismo de Valle-Inclán o los dramas filosóficos de Unamuno.
Rechazan la estética del realismo y su estilo de frase amplia, de elaboración retórica y de carácter menudo y detallista, prefiriendo un lenguaje más cercano a la lengua de la calle, de sintaxis más corta y carácter impresionista; recuperaron las palabras tradicionales y castizas campesinas.
Intentaron aclimatar en España las corrientes filosóficas del irracionalismo europeo, en particular de Friedrich Nietzsche (Azorín, Maeztu, Baroja, Unamuno), Arthur Schopenhauer (especialmente en Baroja), Sören Kierkegaard (en Unamuno) y Henri Bergson (Antonio Machado).
El pesimismo3​ es la actitud más corriente entre ellos y la actitud crítica y descontentadiza les hace simpatizar con románticos como Mariano José de Larra, al que dedicaron un homenaje y Carmen de Burgos, una biografía.
Ideológicamente comparten las tesis del regeneracionismo, en particular de Joaquín Costa, que ilustran de forma artística y subjetiva.
Ofrecen un carácter subjetivo en sus obras. La subjetividad toma mucha importancia en la generación del 98 y en el modernismo.

Azorín, retrato de Ramón Casas
Por un lado, los intelectuales más modernos, secundados a veces por los propios autores criticados, sostenían que la generación del 98 se caracterizó por un aumento del egotismo, por un precoz y morboso sentimiento de frustración, por la exageración neorromántica de lo individual y por su imitación servil de las modas europeas del momento.

Por otra parte, para los escritores de la izquierda revolucionaria de los años treinta, la interpretación negativa de la rebeldía noventayochesca se une a una fundamentación ideológica: el espíritu finisecular de protesta responde al sarampión juvenil de un sector de la pequeña burguesía intelectual, condenado a refluir en una actitud espiritualista y equívoca, nacionalista y antiprogresiva. Ramón J. Sender mantenía todavía en 1971 la misma tesis (aunque con supuestos diferentes).

Los problemas a la hora de definir a la generación del 98 siempre han sido (y son) numerosos ya que no se puede abarcar la totalidad de experiencias artísticas de una extensa trayectoria temporal. La realidad del momento era muy compleja y no permite entender la generación basándose en la vivencia común de unos mismos hechos históricos (ingrediente básico de un hecho generacional). Esto se debe a un triple motivo:

La crisis política de finales del siglo xix afectó a bastantes más escritores que los englobados en la generación del 98.
No se puede restringir la experiencia histórica de los autores nacidos entre 1864 y 1875 (fechas de nacimiento de Unamuno y Machado) al resentimiento nacionalista producido por la pérdida de las colonias. Se afianzaba además por aquellos años en España una comunidad social y económica casi moderna.
El auge del republicanismo y la pugna anticlerical (1900-1910), así como importantes huelgas, sindicalismo, movilizaciones obreras o atentados anarquistas.
Sin embargo cabe preguntarse, ¿cómo es que la generación del 98 no tomó nombre del modernismo, ya que surgen paralelamente y persiguen metas parecidas?

Contexto histórico

Ramiro de Maeztu, retrato de Ramón Casas.
Los años comprendidos entre 1876 y 1898 son de hastío creativo debido al proyecto de la Restauración de Cánovas durante el reinado de Alfonso XIII. Cuando España pierde en 1898 las colonias la sociedad vuelve a poner el dedo en la llaga de la Revolución de 1868 (Revolución de la Gloriosa). La literatura del realismo se halla anquilosada y, pese a su estabilidad, la vida política se encuentra corrompida por la oligarquía, el caciquismo y el régimen de turno de partidos, que se está descomponiendo en banderías internas en el seno de los grandes partidos progresista y conservador, mientras que un tercer gran partido, el democrático, permanece marginado y ninguneado por el reparto canovista del poder. Las perspectivas profesionales de los escritores noventayochistas habían alcanzado su cima (o estaban haciéndolo). Los más viejos se acercan a la edad de Galdós y los más jóvenes a la de Unamuno. Esto significa, en contraste con la generación del 98, que se habían formado espiritualmente en los tiempos de la Revolución de septiembre.

Lo importante de considerarlos en conjunto es el hecho de que han vivido dos épocas emocional e intelectualmente distintas.

La revolucionaria: efervescencia ideológica, afán de reforma y confianza en la virtud correctora de los programas políticos.
La restauradora: atonía de los espíritus, el apocamiento con que se abordan ineludibles problemas, la sospecha que inspira toda idea de cambio y la creciente desconfianza en la política vigente.
Se trata pues de hombres doblemente engañados ya que vieron fracasar dos estructuras políticas de cariz contradictorio (Revolución y Restauración). De estos dos experimentos políticos los intelectuales del 98 sacaron una misma conclusión: la urgencia de buscar en zonas de pensamiento y actividad ajenas a la política los medios de rescatar a España de su progresiva catalepsia [muerte aparente].

La primera repulsa intelectual tuvo lugar en los albores de la Restauración. En 1876 Francisco Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza. Su tarea constituye el repudio indirecto de la enseñanza oficial, probadamente ineficaz e insuficiente en aquella época, y sujeta a la agobiante tutela de los intereses políticos y religiosos.

Se planteó entonces el problema de la personalidad histórica de España (así como lo hiciesen en Francia poco antes tras la derrota de Sedán). Unamuno estudió el casticismo, Ricardo Macías Picavea la «pérdida de la personalidad», Rafael Altamira la psicología del pueblo español, Joaquín Costa la personalidad histórica de España…

Análogos europeos
Los autores noventayochescos tienen evidentes paralelos europeos:

El quietismo de Unamuno remite a los problemas vividos por André Gide.
El teatro galaico de Valle-Inclán parece resonar en el teatro irlandés de la década de 1920.
Azorín reúne la sensibilidad reaccionaria para el pasado cultural (típica de Italia) y teatral.
El periodismo en tanto práctica literaria habitual y la condición intelectual en tanto talante personal desarrollan una nueva modalidad ensayística, ajustada a una temática en la que la evocación o lo confesional enmarcan temas de reflexión muy característicos.

La crisis de la novela o del teatro son vividas con peculiar intensidad en la nivola unamuniana, el desmoronamiento del relato en Azorín o por la peculiar teoría narrativa de Baroja.

Léxico del 98
Si importante es la generación del 98 en la literatura española, también lo es para el historiador de la lengua. En los textos de los escritores mencionados se aprecia la realidad del lenguaje, plural en circunstancias y en recursos. Estudiando la neología y los neologismos de la generación del 98, se ha podido constatar la renovación de elementos constitutivos del español, la función del léxico como recurso caracterizador de personajes y ambientes (guindilla, guinda, rosera), el ingenio del propio autor para fecundar el idioma («verde-reuma» es creación de Valle-Inclán, «piscolabis» es voz barojiana) y la capacidad de éste para captar las innovaciones léxicas que surgieron en diferentes ámbitos: abracadabrante, afiche, alopatía, cabaré, crupier, charcutería, charcutero, chic, eslogan, estor, frufrú, maquillaje, mitomanía, papillote, pose, vodevil, etc.

El corpus del léxico del 98 representa una suma de idiolectos o sistemas lingüísticos individuales que en su totalidad permiten vislumbrar la evolución del español desde el siglo xix hasta la primera mitad del siglo xx, en una época en que el léxico estándar creció por la integración de palabras procedentes de léxicos parciales (jergas, lenguaje técnico-científico, v. Haensch, 1997, 55). Numerosas voces del 98 son generacionales, las emplearon varios escritores de este grupo y posteriormente cayeron en desuso: cocota, batracio, bilbainismo, horizontal, rastacuerismo, rayadillo, dinero-esquema, intraespañolización, catedraticina, etc. En general, se esfuerzan por aportar nuevas ideas y por elevar a la categoría de obra de arte la realidad socio- cultural en la que se prepararon para salir a otros mundos. El espíritu de los pueblos se recupera con la palabra.4​

La generación del 98 en la música
El panorama musical español también se vio afectado por la crisis del 98, y se contagió del clima regeneracionista que propiciaron los intelectuales de la época. Encomiable labor en este sentido fue la que realizó el musicólogo Felipe Pedrell. Ya en 1897 había escrito el manifiesto Por Nuestra Música, y entre otras obras suyas, publicó el Cancionero musical Popular Español. Además de ser el padre de la musicología y etnomusicología en España, en el terreno de la composición abrió las puertas hacia un nacionalismo musical español, como ya existía un nacionalismo musical ruso, bohemio, escandinavo... Después de introducir a Wagner (paradigma del nacionalismo alemán en la ópera) en España, trató de impulsar un nacionalismo análogo a la española. Pedrell es más conocido por su labor como teórico, musicólogo, y crítico que como compositor. No obstante, la composición musical probablemente no habría sido la misma sin él, porque marcó el camino a otros compositores de la generación del 98 y posteriores. Isaac Albéniz, fue un pianista virtuoso que escribió la Suite Iberia, la Suite Española, y la ópera Pepita Jiménez. Enrique Granados, también pianista, autor de Doce Danzas Españolas, y Goyescas). El virtuoso violinista Pablo Sarasate compuso todo tipo de obras exaltando el variadísimo folclore español, de norte a sur.

También se puede hablar de análogos europeos para los músicos de este periodo. Pedrell era conocido como el Wagner español, mientras que Albéniz y Sarasate eran comparados con Debussy y Paganini respectivamente.
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Generación del 36

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Generación del 36

Generación de 1936, promoción de 1936 o primera generación de posguerra se ha llamado al movimiento literario situado entre 1936 y 1941 constituido en España por los escritores, poetas y dramaturgos de la época de la Guerra Civil Española.1​ Características Miguel Hernández en 1939. Los... Ver mas
Generación de 1936, promoción de 1936 o primera generación de posguerra se ha llamado al movimiento literario situado entre 1936 y 1941 constituido en España por los escritores, poetas y dramaturgos de la época de la Guerra Civil Española.1​

Características

Miguel Hernández en 1939.
Los escritores agrupados en esta generación fantasma, compartieron con diferente intensidad las consecuencias de la España de la autarquía y la división entre vencedores y vencidos, la censura y las penurias y miserias morales y materiales que imponía la situación, durante un periodo en el que en Occidente prevalecían las corrientes existencialistas.2​

Del poeta Miguel Hernández, muerto en el umbral del periodo y considerado por varios críticos como faro de esta generación, pueden citarse estos versos de su Elegía a Ramón Sijé que, de algún modo, resultan orientadores del espíritu que envolvió a sus componentes:

"No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida."

Miguel Hernández (1935)
Los poetas de esta promoción suelen dividirse en varios grupos: poesía arraigada, también llamada garcilasismo, y poesía desarraigada; postismo, grupo Cántico, etcétera.

Componentes
Ricardo Gullón dejó una lista de los autores que consideró vinculados a esta generación,3​ integrándose él mismo entre sus ensayistas. Los criterios generacionales que siguió no son rígidos y por tanto discutibles. Los parámetros manejados son la edad, la dedicación a la literatura en la fecha de partida (1936) —y señalada como definitoria de la generación—, la convivencia de muchos de ellos, la publicación en las mismas revistas, colecciones literarias, diarios y otras publicaciones, y la participación en las experiencias de la época desde similares círculos de acción.

Los poetas de la generación, según esta norma, serían: Miguel Hernández, José Hierro, Luis Rosales, Leopoldo Panero y Juan Panero, Luis Felipe Vivanco, José María Fonollosa, Ildefonso-Manuel Gil, Germán Bleiberg, José Antonio Muñoz Rojas, José María Luelmo, Pedro Pérez Clotet, Rafael Duyos, Celso Amieva, Gabriel Celaya, Arturo Serrano Plaja, José Herrera Petere, Blas de Otero y, en cierta manera, Juan Gil-Albert.

En el grupo de pensadores y críticos figurarían: Enrique Azcoaga, José Antonio Maravall, Antonio Sánchez Barbudo, Ramón Faraldo, Eusebio García Luengo, María Zambrano, Antonio Rodríguez Moñino, José Ferrater Mora y el mismo Ricardo Gullón.

Entre los narradores, Camilo José Cela, Carmen Laforet, Gonzalo Torrente Ballester y Miguel Delibes. Entre los dramaturgos, Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre.

A este núcleo central de la generación es preciso añadir los nombres de quienes se incorporan a ella durante la guerra civil, o inmediatamente después de acabar ésta, y que desde antes puede decirse que figuraban idealmente junto a los ya dichos, y los del «Garcilasismo»: Dionisio Ridruejo, José Luis Cano, Ramón de Garciasol, Pedro Laín Entralgo, Juan López Morillas, José Luis Aranguren, Julián Marías, Juan Rof Carballo, Segundo Serrano Poncela, Juan Antonio Gaya Nuño, José Suárez Carreño, Jorge Campos, Fernando Allué y Morer4​ y José Manuel Blecua.
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Generación del 50

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Generación del 50

Generación del 50, del medio siglo o de los niños de la guerra, son denominaciones que da la historia de la literatura española a la generación literaria de escritores nacidos en torno a los años 1920 y que publican en torno a los años 1950; superada la Guerra Civil, son considerados "hijos" de... Ver mas
Generación del 50, del medio siglo o de los niños de la guerra, son denominaciones que da la historia de la literatura española a la generación literaria de escritores nacidos en torno a los años 1920 y que publican en torno a los años 1950; superada la Guerra Civil, son considerados "hijos" de la misma.



Características

Rafael Sánchez Ferlosio
Juan García Hortelano prefiere denominarlos “Grupo poético de los años 50” en el estudio y antología que publicó en 1978; no son poetas "de la guerra" sino "de la dictadura", de origen burgués y con formación universitaria todos ellos, por lo que con frecuencia se autocriticaban: Jaime Gil de Biedma se incluyó en ella al definirla como "señoritos de nacimiento por mala conciencia escritores de poesía social".1​

Huyen a la vez del frío garcilasismo clasicista y del estridente desgarramiento existencial, respectivamente, de la poesía arraigada y desarraigada en la promoción anterior y poco a poco se van separando de la literatura comprometida o engagée, que no persigue la elegancia en el lenguaje, seguida por Blas de Otero, Gabriel Celaya y otros autores estrechamente asociados a la lucha política contra el franquismo. Por el contrario, y especialmente en poesía, la Generación del 50 une la reivindicación social, que en el fondo sentían ajena y sustituyen por preocupaciones civiles y éticas, con una nueva lírica intimista que se preocupa por el lenguaje, y aporta un cierto coloquialismo que no separa demasiado la lengua poética de la hablada; también incorpora reflexiones metafísicas y filosóficas. No siguen, por ello, una línea academicista. Es una generación que huye de lo impostado y del tono solemne, tan frecuente en la dominante literatura falangista de la época como en la propaganda antifranquista que la refleja, usando con frecuencia de una cierta ironía distanciadora. Les liga su condición de intimistas. Muchas de sus características toman cuerpo de algunos miembros de la generación del 98, singularmente de Antonio Machado. En la segunda etapa de esta época, los novelistas consideran que su papel como escritores les obliga a denunciar las miserias e injusticias sociales, pero más desde una perspectiva ética que estrictamente marxista.

El periodo coincide con una cierta apertura del régimen franquista y con la traducción por vez primera de muchas obras de autores extranjeros como T. S. Eliot o Paul Celan (y en la que los propios miembros de la generación de los años 1950 participan o editan, como es el caso de Carlos Barral). El referente ético y estético inexcusable que todos admiten es Antonio Machado y la mayor parte de estos autores se agrupan en círculos de amigos en las ciudades de Madrid (Ignacio y Josefina Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Ángel González, Claudio Rodríguez, Juan García Hortelano, Jesús Fernández Santos, Ana María Matute) o el más activo y menos vario de Barcelona (Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Alfonso Costafreda, Jaime Ferrán, Juan Marsé, Gabriel Ferrater, el crítico José María Castellet), grupo este último estudiado por Carme Riera en La Escuela de Barcelona (1988). Junto a estos grupos, hay que apreciar también otros grupos como el postista (Carlos Edmundo de Ory, Francisco Nieva, Gloria Fuertes, Ángel Crespo entre otros), el importante colectivo andaluz (Aquilino Duque, José Manuel Caballero Bonald, María Victoria Atencia y otros), y figuras sueltas como Ángel González, José Hierro, José Ángel Valente, Antonio Gamoneda, José Manuel Caballero Bonald y otros que, como en cajón de sastre, se suelen incluir en la llamada Escuela de Madrid, más dispersa, cuyo núcleo fundamental es Claudio Rodríguez y se articula en torno al magisterio de Vicente Aleixandre y la revista Ínsula como órgano de expresión. El contacto con los catalanes lo asegurarán Goytisolo, González, Valente y Caballero Bonald, que pueden considerarse indistintamente de un grupo u otro.

Integrantes destacados

Ángel Crespo en Lisboa, dos veces Premio nacional de traducción
Entre los más destacados miembros de esta generación figuran:

Narradores
Ignacio Aldecoa
Francisco Umbral
Jesús Fernández Santos
Juan García Hortelano
Juan Goytisolo (también ensayista)
Alfonso Grosso
Jesús López Pacheco
Juan Marsé
Carmen Martín Gaite (también ensayista)
Ana María Matute
Aquilino Duque (poeta y ensayista también)
Carmen Laforet
José Agustín Goytisolo
Poetas

El poeta y ensayista barcelonés Jaime Gil de Biedma
Ángel Crespo (también traductor y ensayista)
José Ángel Valente
Jaume Ferran (también traductor y ensayista)
Antonio Gamoneda
Jaime Gil de Biedma
Ángel González
José Agustín Goytisolo
Rafael Guillén
José Hierro (aunque algunos autores lo sitúan en un periodo anterior)
Claudio Rodríguez
Carlos Sahagún
José Manuel Caballero Bonald (también narrador, ensayista y memorialista)
Eladio Cabañero
Alfonso Costafreda
Carlos Barral (también memorialista)
Gabriel Ferrater
Fernando Quiñones
Manuel Ríos Ruíz
Julia Uceda
Manuel Padorno
Francisco Brines
Ricardo Defarges
Félix Grande
Julio Mariscal Montes
Gloria Fuertes
Julio Alfredo Egea (también narrador)
Ensayistas
Josefina Aldecoa
Rafael Sánchez Ferlosio (también narrador)
Daniel Sueiro (también narrador)
Manuel Mantero
Carlos Blanco Aguinaga, entre otros.
Dramaturgos
Francisco Nieva
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Generación Pérdida

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Generación Pérdida

Generaciones Baby Mother Grandmother and Great Grandmother.jpg Este artículo forma parte de la categoría: Generaciones Generación de entreguerras Generación grandiosa Generación silenciosa Baby boomer Generación X Generación Y Generación Z Generación T Antropología del parentesco... Ver mas
Generaciones
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Este aviso fue puesto el 22 de agosto de 2016.
Generación perdida es el nombre que recibió un grupo de notables escritores estadounidenses que vivieron en París y en otras ciudades europeas en el periodo que va desde el final de la Primera Guerra Mundial en 1918, hasta la Gran Depresión en el año 1929. Este grupo incluye a figuras como John Dos Passos, Erskine Caldwell, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Sherwood Anderson y Francis Scott Fitzgerald. Durante una conversación cotidiana, Gertrude Stein, amiga íntima de Hemingway, le dice: «Sois todos de una generación perdida».1​ Esta expresión fue popularizada por Ernest Hemingway en sus obras Fiesta y París era una fiesta. Algunos incluyen también y por diversas circunstancias a los escritores Ezra Pound, Djuna Barnes y Dorothy Parker.

Características e historia
De las clasificaciones de autores que conforman la Generación Perdida, llama la atención que en la mayoría aparecen indefectiblemente cinco autores: Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner y Steinbeck. Un hecho que los une a todos es que vieron de cerca los horrores de la guerra. Dos Passos participó en la Primera Guerra Mundial dentro del cuerpo de la Cruz Roja de los Estados Unidos. Hemingway por un defecto en su ojo izquierdo no pudo ser combatiente, siendo admitido como conductor de ambulancia en la Cruz Roja. Faulkner, por su parte, se alistó en la Real Fuerza Aérea Canadiense y Fitzgerald se alistó en el Ejército Estadounidense, pero la guerra terminó días después de alistarse, por lo que no participó en ella, lo cual se narra en su obra Hermosos y malditos.

Esta generación de autores aparece en la literatura estadounidense durante la llamada época airada o de los excesos, una época sin duda, difícil económicamente para los Estados Unidos. Los grandes bancos estaban quebrando a causa de la falta de apoyo de la Reserva Federal, que redujo la oferta monetaria y subió los tipos de interés,[cita requerida] gracias a la ambición de las familias Rockefeller y Rothschild.[cita requerida] De igual forma, la década de los años 20 fue la que vio la emergencia de grupos criminales que se dedicaban al tráfico de alcohol a causa de la ley seca votada en el Congreso de los Estados Unidos en 1919.

La Generación Perdida muestra en algunas de sus obras los efectos de la Gran Depresión, de 1929. entre ellas se pueden contar Las uvas de la ira de John Steinbeck, un libro que plasma los efectos de esta crisis en el campo estadounidense y su efecto en los campesinos. Por otro lado, Manhattan Transfer de John Dos Passos es una alegoría de la Tierra Prometida que termina engullendo a sus fundadores. Esta novela, junto con El gran Gatsby de Fitzgerald, es probablemente la obra que mejor refleja el materialismo de la sociedad estadounidense que está a punto de sumergirse en el marasmo económico que daría lugar al Crack de 1929.

Otras obras centrales de estos autores son El ruido y la furia y Mientras agonizo de William Faulkner, la trilogía sobre EE. UU. de John Dos Passos, y El viejo y el mar y Adiós a las armas de Ernest Hemingway.

El ruido y la furia y Manhattan Transfer son, sin duda, las novelas estadounidenses que se vuelven un parteaguas en la narrativa de los Estados Unidos. Faulkner, por su parte, lo mismo utiliza el narrador omnisciente que el diálogo, el lenguaje cinematográfico, el collage y con gran maestría el flujo de conciencia que toma del Ulises de James Joyce y que viene de Otra vuelta de tuerca de Henry James.

En Europa se suele emplear la denominación de generación de 1914, es decir, el año en que comenzó la guerra. En Francia, país en el que se asentaron muchos de estos expatriados, también se les conoce como la génération du feu, la generación del fuego. Además, la expresión generación perdida también se usa en ocasiones para designar a todos los jóvenes escritores modernistas.

Características
El pesimismo y desconcierto.
La inutilidad y la crueldad de la guerra.
Los felices años veinte.
La era del jazz.
La depresión económica.
La sociedad norteamericana en general.
Liberalismo y el radicalismo.
Obras
Aunque la década fue denominada "perdida", de ella surgieron grandes obras literarias que forman parte de la literatura universal junto con sus autores. Las más populares y trascendentes fueron las siguientes:

La tierra baldía, por T.S. Eliot: transmite los valores de la época referentes a las pérdidas humanas de un modo personal, moral y espiritual.
The New Negro: An Interpretation, por Alain Loke: una visión esperanzadora del afroamericano.
El gran Gatsby, por F. Scott Fitzgerald: el sueño americano y la idea de que todo se puede lograr.
Extraño interludio, por Eugene O'Neill: un vistazo en la vida de una mujer moderna durante 30 años.
Fiesta, por Ernest Hemingway: la generación de los expatriados.
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Generación del 14

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Generación del 14

Generación de 1914 (o Novecentismo) es una etiqueta historiográfica que designa a un grupo generacional de escritores españoles intermedio entre las generaciones de 1898 y de 1927. El término fue acuñado por Lorenzo Luzuriaga, pedagogo y miembro de la Liga de Educación Política, en un artículo... Ver mas
Generación de 1914 (o Novecentismo) es una etiqueta historiográfica que designa a un grupo generacional de escritores españoles intermedio entre las generaciones de 1898 y de 1927. El término fue acuñado por Lorenzo Luzuriaga, pedagogo y miembro de la Liga de Educación Política, en un artículo de 1947 donde reseña las Obras Completas de José Ortega y Gasset. Eligió ese año por ser en el que apareció el primer libro importante de Ortega (Meditaciones del Quijote) quien, también en el mismo año, se confirmó como un intelectual con gran presencia pública gracias a su conferencia sobre Vieja y nueva política.1​ El indiscutible prestigio del filósofo hace que se la denomine también generación de Ortega.

A ella pertenecerían los nacidos en torno a 1880 y que comenzaron su actividad literaria ya en el siglo XX, alcanzando su madurez en los años próximos a 1914. Entre ellos se cuentan, además de Ortega, Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala, Gustavo Pittaluga, Manuel Azaña y Gregorio Marañón;2​ y desde planteamientos estéticos distintos, pero en ciertos puntos comparables, el poeta Juan Ramón Jiménez y el inclasificable vanguardista Ramón Gómez de la Serna. También se les conoce como novecentistas o generación del novecientos, por su coincidencia con el movimiento que Eugeni d'Ors, desde Cataluña, definió como noucentisme. Es característico en la mayor parte de ellos la elección del ensayo y del artículo periodístico como vehículo esencial de expresión y comunicación.

El acontecimiento más relevante de 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), fue especialmente significativo para esta generación, a pesar de no marcarla de manera tan decisiva como a las equivalentes de los países que sí intervinieron militarmente y que no suelen designarse como generación de 1914, sino con otros términos —como lost generation,3​ generation du feu4​—. La neutralidad de España en este conflicto trajo consecuencias sociales, políticas y económicas (crisis de 1917) y en el plano intelectual desencadenó la división entre los partidarios de las potencias centrales (germanófilos) y los de sus enemigos (francófilos y anglófilos). Este debate vino a prolongar la anterior polémica entre españolizar Europa o europeizar España mantenida especialmente por Unamuno y Ortega y que se conoce por el lema unamuniano ¡Que inventen ellos!; y la existente entre el regeneracionismo y el casticismo, de raíces aún más antiguas.


ÍCaracterísticas
En gran medida son comunes a las del grupo noucentista (véase Novecentismo#Características).

Racionalismo y sistematización. Frente a la generación anterior, del 98, autodidacta y anarquizante, e influida por corrientes filosóficas irracionalistas o vitalistas; los miembros de la generación del 14 se caracterizan por su sólida formación intelectual y por la sistematización de sus propuestas.
Frente al ruralismo de la generación de 1898 (que buscaba en el paisaje y el paisanaje, especialmente el de Castilla, la esencia de lo español), la atención se vuelve hacia la ciudad y los valores urbanos (civiles y civilizadores).
Europeísmo y concepto de España. Se sienten atraídos por la cultura europea y analizan los problemas de España desde esa nueva perspectiva. Su propuesta consiste en modernizar intelectualmente el país. Desde ese punto de vista, sus aportaciones al llamado debate sobre el Ser de España van en un sentido distinto al de la generación precedente (generación de 1898), aunque no hubo una postura generacional común; ni siquiera entre los que formaron parte de la Agrupación al Servicio de la República (Marañón, Pérez de Ayala y Ortega) con los que se implicaron en el gobierno de ésta (Azaña), y sobre todo después de la Guerra Civil Española, en que los debates mantenidos durante el exilio republicano caracterizaron la actividad intelectual de personalidades como Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz.
Activismo transformador y búsqueda del poder. Incorporación a la vida activa y oficial para aprovechar los resortes del poder en la transformación del país. Consideran que su propuesta de cambio no puede limitarse a quedar expuesta en sus escritos, sino que debe realizarse desde el poder. De ahí que participen activamente en la vida política y social de España.
Intelectualismo. El rechazo del sentimentalismo y de la exaltación personal les lleva al análisis racional del arte, incluso en poesía.
Esteticismo y deshumanización del arte (expresión acuñada por Ortega en el título de uno de sus ensayos, de 1925). Ese arte deshumanizado que para Ortega es el arte moderno no alude precisamente al de comienzos de siglo sino al de las vanguardias del periodo de entreguerras; un arte puro o arte por el arte que en literatura produce la denominada poesía pura. Que el arte haya de perseguir como finalidad única el placer estético no era una idea nueva, encontrándose ya en el parnasianismo francés del siglo XIX.
Clasicismo. Los modelos clásicos, griegos y latinos, se imponen de nuevo y la serenidad se convierte en factor estético dominante.
Formalismo (preocupación por la forma). Su estética tiene como principal objetivo la obra bien hecha. Ese anhelo conduce a la depuración máxima del lenguaje, a la perfección en las formas y a un arte para minorías.
Elitismo, consecuencia de lo anterior.
Concepto de vanguardia estética, intelectual y social: el cambio ha de venir desde arriba, desde una minoría (Juan Ramón Jiménez hizo famosa su dedicatoria a la minoría, siempre), lo que justifica la opción por una literatura difícil, para minorías, elitista e incluso evasiva (es decir, una separación entre vida y literatura que evada al artista de la realidad, encerrándolo en una torre de marfil5​ -el mismo Juan Ramón procuraba abstraerse de toda influencia externa, incluso sensorial, encerrándose físicamente para crear-6​); pero también produce otra opción: la de proyectar ese cambio estético en una transmutación de la sensibilidad de la mayoría, que mejore la percepción y el acceso de las masas hacia la cultura y la ciencia. La relación con las masas mantuvo por tanto una difícil dialéctica, presente en la obra de Ortega (La rebelión de las masas, su famoso No es esto, no es esto,7​ ante la no coincidencia de sus proyectos ilustrados y la realidad de la Segunda República). Las ideas no eran estrictamente nuevas, y provenía del krausismo y la Institución Libre de Enseñanza; y tampoco se restringieron al noucentisme o a la generación del 14. De hecho, su realización efectiva correspondió a los jóvenes de las generaciones siguiente (la del 27, con las Misiones Pedagógicas y La Barraca, en el contexto de la Segunda República; y la generación de 1936, en el contexto trágico de la Guerra Civil y la simultánea revolución social -Miguel Hernández-). La poesía social de la posguerra invirtió el lema juanramoniano y dedicaba su obra a la inmensa mayoría (Blas de Otero, 1955). Si el modernismo había vivido, sobre todo, la crisis ideológica, los hombres de la generación del 14 vivirán la crisis socio-política.
Nómina
Forman parte de la generación de 1914 los ensayistas José Ortega y Gasset, Eugenio d'Ors, Manuel Azaña, Gregorio Marañón, Gustavo Pittaluga, Salvador de Madariaga, Manuel García Morente, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, Rafael Cansinos Assens, Federico de Onís, Ricardo Gutiérrez Abascal, Ángel Sánchez Rivero, Lorenzo Luzuriaga, Corpus Barga, Fernando Vela y Pablo de Azcárate; el periodista Luis Araquistáin; los novelistas Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala, Benjamín Jarnés, Wenceslao Fernández Flórez y Félix Urabayen; los dramaturgos Gregorio Martínez Sierra y Jacinto Grau; los poetas Juan Ramón Jiménez y Josep Carner; el poeta, además de ensayista, Ramón de Basterra, el educador, ensayista y secretario de la Junta para Ampliación de Estudios José Castillejo, que becó a toda una generación de científicos para estudiar en el extranjero o el polifacético Ramón Gómez de la Serna.

Hay una notable presencia de mujeres en la generación, que contó con las primeras que pudieron tener una formación universitaria, como María Goyri (ensombrecida por la figura de su marido, Ramón Menéndez Pidal), Zenobia Camprubí (con un destino semejante, junto a su compañero Juan Ramón), la pedagoga María de Maeztu o las feministas paradójicamente enfrentadas Clara Campoamor y Victoria Kent. Otras destacarían entre los discípulos de Ortega, especialmente María Zambrano; aunque el propio Ortega, con una expresión muy significativa, atribuía a una mujer de una generación anterior, Matilde Padrón, la condición de ser la mujer más inteligente que había conocido.8​

Véase también: Historia de la ciencia y la tecnología en España#La incorporación de la mujer a las instituciones culturales españolas del siglo XIX
La integración de muchos autores en una u otra generación no es muy evidente. Algunos, como José Bergamín, están más cercanos generacionalmente al 27 pero a veces se clasifican dentro de la generación de los ensayistas; mientras que otros, como León Felipe, aun estando cercanos en edad al grupo del 14, a veces se clasifican dentro de la generación de los poetas.

Artistas plásticos
Mientras que el noucentisme, tal como lo definió D'Ors, tiene una explícita manifestación en las artes plásticas (el denominado mediterraneísmo); la generación del 14 no define a un grupo de artistas con una identidad concreta, más allá de un genérico vanguardismo o un cierto eclecticismo, manifestado en la exposición fundacional en el movimiento vanguardista en España: la de la Sociedad de Artistas Ibéricos en 1925.9​ Aunque por edad correspondería incluir en esta generación a Pablo Ruiz Picasso (nacido en 1881), su trayectoria artística supera con mucho cualquier encuadramiento. El panorama artístico de las dos primeras décadas del siglo estuvo presidido por pintores procedentes del siglo anterior (Ramón Casas, Anglada Camarasa, Sorolla y Zuloaga); coetáneos de los literatos del 14 fueron los pintores Juan Gris, Daniel Vázquez Díaz y José Gutiérrez Solana (unos años mayores, menos vanguardistas, pero de mucho más éxito en la época, Julio Romero de Torres y Josep Maria Sert), así como los escultores Josep Clarà, Julio González y Pablo Gargallo. Artistas de mayor proyección pertenecerán a la siguiente generación, ya influida por el surrealismo (Dalí, Miró).
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Generación Kindle

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Generación Kindle

El libro electrónico es quien ha dado nombre a esta nueva generación de autores. Con el término Generación Kindle, Generación Kindie (fusión de Kindle con indie) o Autores Kindie/Indie1​2​ se conoce a una nueva oleada de autores que edita sus obras digitalmente a través de la plataforma Kindle... Ver mas
El libro electrónico es quien ha dado nombre a esta nueva generación de autores.
Con el término Generación Kindle, Generación Kindie (fusión de Kindle con indie) o Autores Kindie/Indie1​2​ se conoce a una nueva oleada de autores que edita sus obras digitalmente a través de la plataforma Kindle Direct Publishing (KDP) y que a raíz de eso son fichados por las editoriales como nuevas promesas de la literatura. El término ha sido acogido por los medios de comunicación para referirse a todos los autores que publican y triunfan en el libro electrónico.3​4​5​6​

En diversos medios han dicho que el escritor Esteban Navarro fue quién bautizó a la Generación Kindle,7​8​9​ con un tuit10​ de fecha 11 de febrero de 2012 donde sugería un nombre para la nueva oleada de escritores surgidos del libro electrónico. Amazon lo ha reconocido como uno de los fundadores de la Generación Kindle.11​12​13​14​



Origen
La Generación Kindle es un grupo heterogéneo compuesto por autores de distintas nacionalidades. La presentación oficial fue el 23 de abril de 2012 en Barcelona, con motivo del Día Internacional del Libro,15​ Amazon España organizó en Barcelona una mesa redonda, moderada por el periodista de La Vanguardia, Ismael Nafría, y con la participación de algunos de los nuevos escritores, con la finalidad de compartir su experiencia en la plataforma de autopublicación Kindle Direct Publishing (KDP). A esta reunión asistió Koro Castellano como representante de Amazon España,16​ reconociendo que había surgido una nueva cantera de escritores digitales.

Allí se dieron a conocer los primeros autores de esta generación y al día siguiente la prensa utilizó la nomenclatura Generación Kindle para referirse a los nuevos autores surgidos del libro electrónico, denominación que siguió utilizándose en artículos periodísticos semanas más tarde.4​17​18​

Definición
La escritora Marlene Moleon ha definido la Generación Kindle o Kindie de la siguiente forma.

Yo la resumiría como los autores independientes que publican mediante la plataforma Kindle Direct Publishing (KDP) y que interactúan con los lectores y con otros autores independientes que han publicado en Amazon.
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Generación Beat

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Generación Beat

Generación beat (en inglés: Beat Generation)? se refiere a un grupo de escritores estadounidenses de la década de los cincuenta, así como al fenómeno cultural sobre el cual escribieron. Algunos elementos definitorios son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una... Ver mas
Generación beat (en inglés: Beat Generation)? se refiere a un grupo de escritores estadounidenses de la década de los cincuenta, así como al fenómeno cultural sobre el cual escribieron. Algunos elementos definitorios son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.

Sus principales obras literarias son Aullido de Allen Ginsberg (1956), En el camino de Jack Kerouac (1957) y El almuerzo desnudo de William S. Burroughs (1959). Recientemente se ha publicado en español "Cartas", correspondencia mantenida durante años entre Ginsberg y Kerouac.1​


Historia
Se conoce como Beat Generation a un movimiento literario formado por un grupo de amigos que desde mediados de los años cuarenta habían trabajado juntos escribiendo poesía y prosa, y que compartían una idea de cultura y aficiones o fuentes de inspiración similares, tales como el jazz.

El grupo inicial fue formado por Lucien Carr, Allen Ginsberg, William Burroughs y Jack Kerouac, los cuales se conocieron en la Universidad de Columbia (New York), el primero de ellos con brillantes ideas y actitud, pero algo desprovisto de talento, los últimos tres actualmente conocidos como el trío básico de dicha generación; posteriormente se unirian Neal Cassady (Icono de la Gereración), Herbert Huncke, John Clellon Holmes. En 1948 se unieron Carl Solomon y Philip Lamantia, en 1950 Gregory Corso y en 1954 Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky.

La palabra beat entre la comunidad afroestadounidense tenía el significado previo de cansado, o abatido, "beat down".

La propuesta de su uso para denominar esta comunidad de amigos y escritores surge durante una conversación entre Jack Kerouac y John Clellon Holmes en 1948, en la que Kerouac recuerda haber oído la expresión de Herbert Huncke, un conocido personaje de la época de vida marginal. La intención de sus miembros no era la de nombrarla, sino la de "desnombrarla". A la difusión del término también contribuyó que a finales de 1952 apareciera en el New York Times Magazine un artículo de John Clellon Holmes titulado "This is the Beat Generation".

Pero el término comenzó a utilizarse de tal manera, que en 1959 Kerouac consideró necesario sugerir otro sentido a la palabra beat, indicando sus relaciones con "beatitud" ("upbeat") y "beatífico". Según el autor, el movimiento estaba atraído por la naturaleza de la conciencia orientada a la comprensión del pensamiento oriental, prácticas de meditación, etc.

Como reacción y con la intención de parodiar y desprestigiar el movimiento beat, en 1958 apareció el término "beatnik", producto de la fusión de las palabras "beat" y "Sputnik", sugiriendo una condición antiestadounidense y comunista del movimiento beat.

Allen Ginsberg, uno de sus integrantes más famosos, observaba en el prólogo al libro The Beat Book, editado por Anne Waldman y Andrew Schelling, otro posible significado: "acabado", "completo", en la noche oscura del alma o en la nube del no saber. E incluso "abierto", en el sentido whitmaniano de "apertura a la humildad".

Entre la generación beat encontramos numerosas escritoras, muchas de ellas fueron tratadas con gran dureza por la sociedad estadounidense de esa época. El discurso transgresor y libertario del movimiento, temas como la libertad sexual y las adicciones, puestas en boca de una mujer, chocaba de frente con el conservadurismo moral del país, haciéndose más evidente en el caso de las mujeres. Si poetas beat como Allen Ginsberg eran tratados con rudeza por las autoridades, la represión social llegó en las poetisas al extremo de que algunas de ellas fueron internadas en hospitales psiquiátricos por sus familiares y tratadas con electrochoques. Hubo también muertes trágicas como la de Elise Cowen, que se suicidó arrojándose de la ventana del apartamento de sus padres, o Joan Vollmer Adams, víctima accidental de un balazo de su esposo William Burroughs.

Entre las poetisas beat más importantes se encuentran Diane di Prima, Diane Wakoski, Leonore Kandel, Marge Piercy, Denise Levertov, y Elise Cowen.

Influencia cultural
Su estética fue absorbida por la cultura de masas y por la clase media hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. En el camino, por ejemplo, se convirtió en una obra de culto de la juventud.

Su canto a la liberación espiritual derivó hacia una liberación sexual que hizo de catalizador en los movimientos de liberación de la mujer y de los negros, el ascenso de la contracultura hippie e indirectamente a la liberación de los homosexuales.

También influyó a un gran número de personajes de la cultura estadounidense, americanos y hasta ingleses; en especial a músicos como Bob Dylan, Tom Waits, Tuli Kupferberg, Ian Curtis, Jim Morrison, Arthur Lee, Janis Joplin, Patti Smith, y Gregor Egregor.

En el LP "In My Tribe" 10,000 Maniacs en la pista 2 entrega "Hey Jack Kerouac" escrita por Robert Buck & Natalie Merchant. La versión de 1993 de MTV Unplugged le da un color distinto y cálido al poeta Beat.

En 1982 King Crimson entrega "Beat", que de acuerdo a Trouser Press Record Guide, el álbum se enfoca en el 25 aniversario del libro "On The Road" de Jack Kerouac, el álbum hace distintas referencias a la generación "Beat".

-Neal, Jack & Me, es la mas clara referencia a los poetas "Beat".

-"Heartbeat" hace referencia a las experiencias que la esposa de Neal Cassady, Carolyn con los "Beats".

-"Sartori in Tangier" toma su título de "Satori In Paris" así como la ciudad de Tánger en Marruecos donde varios de los "Beats" residían,.
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Generación del 38

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Generación del 38

La llamada Generación del 38 fue un movimiento artístico-literario chileno que intentaba retratar en sus obras la decadencia social de la época. Se dio a conocer en el panorama cultural alrededor de los años treinta. Contexto histórico En 1937, luego de dos mandatos a cargo de Arturo... Ver mas
La llamada Generación del 38 fue un movimiento artístico-literario chileno que intentaba retratar en sus obras la decadencia social de la época. Se dio a conocer en el panorama cultural alrededor de los años treinta.

Contexto histórico
En 1937, luego de dos mandatos a cargo de Arturo Alessandri Palma, asumió el Gobierno el Frente Popular. La situación internacional era crítica, marcada por la Guerra Civil Española (1936-1939) y por el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Esto repercutió en las condiciones en las que se encontraba la mayoría de la población.

Contexto económico
Chile vivía un proceso de transición económica, ya que su principal fuente de sustento era el sector agrario, pero irrumpe paulatinamente en el mercado el interés por la industria. Este giro económico tuvo nefastas consecuencias para el sector minero, pues cesó la explotación del salitre y por consiguiente, muchos mineros del norte quedaron desempleados, por lo que decidieron viajar hasta la capital, en busca de nuevas oportunidades laborales.

Características del grupo
Debido a la gran agitación social producto de la crisis mundial, algunos jóvenes escritores chilenos sintieron la necesidad de reflejar en sus obras lo que veían a su alrededor, en específico, las deplorables condiciones en las que trabajaban mineros y obreros y cómo esta situación se hacía extensiva a las familias, pues el trabajo mal remunerado provocaba escasez y miseria en el diario vivir.

Bajo esta gran problemática social diversos escritores y artistas plásticos, quisieron acercar la literatura y las artes a la realidad que vivía la clase obrera y clase media chilena. En la Generación del 38, se aúna el interés por la cuestión social con la idea de crear un movimiento intelectual y artístico. Debido a que durante muchos años la cultura no formaba parte trascendente de la vida social chilena, pues la literatura y otras formas del arte no mostraban un gran interés por retratar en sus obras la realidad que se vivía en el país.

La Generación del 38 no sólo fue un movimiento literario, sino que se hizo extensiva a otras áreas de la cultura, ya que durante los años cuarenta se creó el teatro experimental de la Universidad de Chile y la Orquesta Sinfónica. De esta manera, tanto el teatro como la música se ocuparon de que el interés por la cuestión social trascienda la esfera de lo literario y se convierta en un tema relevante para la cultura chilena de la época.

Un ejemplo de las temáticas que se abordan en la literatura de la época es lo que narra Nicomedes Guzmán (1914-1964) en su obra Los hombres oscuros, en donde hace alusión a las vicisitudes que debe enfrentar un hombre que vive en un conventillo y cómo este decide hacerse partícipe de un movimiento gremial. Se llegó a mencionar que el tipo de literatura que creaba Guzmán era de carácter “panfletario”, pues en sus obras implícitamente, existía un llamado a los obreros para que se movilizaran y se organizaran para crear consciencia de sus problemas y buscaran, conjuntamente, ciertas mejoras.

Otro autor que se interesó por las problemáticas sociales fue Volodia Teitelboim (1916-2008), quien en sus obras retrató cómo el capitalismo incide en las malas condiciones en las cuales viven los chilenos pobres y de clase media. Así se refiere el escritor sobre el nacimiento la Generación del 38:

Los aprendices de escritores pusimos algo de nuestra alma en esa lucha y nos sentimos parte del pueblo. Nos impulsaba un ansia apasionada y vaga de cambiar la vida nacional, de dar al obrero y al campesino y también al escritor y al artista un sitio de dignidad bajo el sol, de crear una atmósfera donde la poesía ocupara una silla dorada en el proscenio. Queríamos imponer escalas de valores en que la inteligencia, el espíritu de sacrificio por la belleza, el pueblo y el país emplazaran al gobierno podrido de los opulentos, espiritualmente exhausto, inculto, mediocre y vacío.

Volodia Teitelboim1​
El novelista Carlos Droguett (1912-1996), en una de sus crónicas cuenta como fue la muerte de unos jóvenes que participaban de una protesta en el edificio del Seguro Obrero, en 1938. En su autobiografía (1966) afirmó: «La matanza del Seguro Obrero me remeció profundamente y me hizo conocer mi capacidad de odiar».

En definitiva, muchas de las obras que creaban los escritores pertenecientes a la Generación del 38, eran una herramienta para expresar su descontento con las condiciones laborales y la miseria en la cual estaba sumidos la mayoría de los chilenos más necesitados.

Exponentes de la Generación del 38
Gonzalo Drago (1906- 1994).
Mario Bahamonde Silva (1910-1979).
Francisco Coloane (1910-2002).
Maité Allamand (1911-1996).
Andrés Sabella (1912-1989).
Carlos Droguett (1912-1996).
Nicomedes Guzmán (1914-1964).
Teófilo Cid (1914-1964).
Eduardo Anguita (1914-1992).
Volodia Teitelboim (1916-2008).
Guillermo Atías (1917-1979).
Miguel Serrano (1917-2009).
Gonzalo Rojas (1917-2011).
Hugo Goldsack Blanco (1915-1988).
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