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Punto y final: Las mejores frases finales en la literatura

Punto y final: Las mejores frases finales en la literatura

Publicada el 07.05.2014 a las 00:52h.

Toda buena historia merece un buen final. Algunos autores consideran que los finales de los libros son lo de menos, no estoy de acuerdo, hay libros muy interesantes que echan a perder buena parte de la historia con un mal final. Terminar suele ser una obligación; terminar bien, un difícil arte. ¡ATENCIÓN! Spoiler Está lista se la dedico todos mis amigos de este singular sitio y en especial a Fito por que en algún momento pensé hacerla con él y por que le quiero un montón... (continuar leyendo)

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Último acceso 03.08.2017

Acciones de la lista

El retrato de Dorian Gray -  Oscar Wilde

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El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde

En el suelo, vestido de etiqueta, y con un cuchillo clavado en el corazón, hallaron el cadáver de un hombre mayor,muy consumido, lleno de arrugas y con un rostro repugnante. Sólo lo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en los dedos.
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Rebelión en la granja - George Orwell,

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Rebelión en la granja - George Orwell,

Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.
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Cien años de soledad  - Gabriel García Márquez

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Cien años de soledad - Gabriel García Márquez

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de... Ver mas
Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.
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Los miserables - Victor Hugo

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Los miserables - Victor Hugo

Duerme. Aunque la suerte no le fue propicia,
vivía. Y murió cuando perdió su ángel.
La muerte le llegó sencillamente,
como llega la noche cuando se marcha el día.
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Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes

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Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes

Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y... Ver mas
Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.
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El principito - Antoine de Saint-Exupéry

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El principito - Antoine de Saint-Exupéry

Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro... Ver mas
Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste!
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Lo que el viento se llevó - Margaret Mitchell

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Lo que el viento se llevó - Margaret Mitchell

"Pensaré en todo esto mañana, en Tara. Allí me será más fácil soportarlo. Sí, mañana pensaré en el medio de convercer a Rhett. Después de todo, mañana será otro día".
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1984 - George Orwell,

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1984 - George Orwell,

Amaba al Gran Hermano.
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Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez

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Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez

Santiago Nazar la reconoció. -Que me mataron, niña Wene- dijo. Tropezó con el último escalón, pero se incorporó de inmediato. ‘Hasta tuvo el cuidado de sacudir con la mano la tierra que le quedó en las tripas’, me dijo mi tía Wene. Después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba... Ver mas
Santiago Nazar la reconoció.

-Que me mataron, niña Wene- dijo.

Tropezó con el último escalón, pero se incorporó de inmediato. ‘Hasta tuvo el cuidado de sacudir con la mano la tierra que le quedó en las tripas’, me dijo mi tía Wene. Después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina.”
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Alicía en el país de las maravillas -  Lewis Carrol,

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Alicía en el país de las maravillas - Lewis Carrol,

Por último, imaginó cómo sería , en el futuro, esta pequeña hermana suya, cómo sería Alicia cuando se convirtiera en una mujer. Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años , el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría... Ver mas
Por último, imaginó cómo sería , en el futuro, esta pequeña hermana suya, cómo sería Alicia cuando se convirtiera en una mujer. Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años , el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría brillar los ojos de los pequeños al contarles un cuento extraño, quizás este mismo sueño del País de las Maravillas que había tenido años atrás; y que Alicía sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano.
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El amor en los tiempos del cólera - Gabriel García Márquez.

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El amor en los tiempos del cólera - Gabriel García Márquez.

El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites. –¿Y hasta cuándo cree usted... Ver mas
El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.
–¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
—Toda la vida —dijo".
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Ana Karenina - Tolstoi

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Ana Karenina - Tolstoi

Pero a partir de hoy mi vida, toda mi vida, independientemente de lo que pueda pasar, no será ya irrazonable, no carecerá de sentido como hasta ahora, sino que en todos y en cada uno de sus momentos poseerá el sentido indudable del bien, que yo soy dueño de infundir en ella.
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Cumbres borrascosas - Emily Brontë

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Cumbres borrascosas - Emily Brontë

No tardé en descubrir las tres lápidas sepulcrales, colocadas en un talud, cerca del páramo. La de en medio estaba amarillenta y cubierta de matorrales, la de Linton sólo adornada por el musgo y la hierba que crecía a su pie, y la de Heathcliff, todavía completamente desnuda.Yo no me detuve a... Ver mas
No tardé en descubrir las tres lápidas sepulcrales, colocadas en un talud, cerca del páramo. La de en medio estaba amarillenta y cubierta de matorrales, la de Linton sólo
adornada por el musgo y la hierba que crecía a su pie, y la de Heathcliff, todavía completamente desnuda.Yo no me detuve a su lado, bajo el cielo sereno. Y siguiendo con los ojos el vuelo de las libélulas entre las plantas silvestres y las campánulas y escuchando el rumor de la suave brisa entre el césped, me admiró que alguien pudiera atribuir inquietos sueños a los que dormían en tumbas tan apacibles.
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El coronel no tiene quien le escriba -  Gabriel García Márquez

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El coronel no tiene quien le escriba - Gabriel García Márquez

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto
a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
-Mierda.
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Los pilares de la tierra - Ken Follett

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Los pilares de la tierra - Ken Follett

–Philip se adelantó para azotar al rey. Se sentía contento de haber vivido para ver aquello. A partir de hoy, se dijo, el mundo será un poco mejor.
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Ensayo sobre la ceguera - José Saramago

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Ensayo sobre la ceguera - José Saramago

La mujer del médico se levantó, se acercó a la ventana. Miró hacia abajo, a la calle cubierta de basura, a las personas que gritaban y cantaban. Luego alzó la cabeza al cielo y lo vio todo blanco, Ahora me toca a mí, pensó. El miedo súbito le hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí.
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Crimen y Castigo - Fedor Dostoievski,

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Crimen y Castigo - Fedor Dostoievski,

Pero aquí empieza otra historia, la de la lenta renovación de un hombre, la de su regeneración progresiva, su paso gradual de un mundo a otro y su conocimiento escalonado de una realidad totalmente ignorada. En todo esto habría materia para una nueva narración, pero la nuestra ha terminado.
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Soy leyenda - Richard Matheson

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Soy leyenda - Richard Matheson

Tosió carraspeando. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se tomaba las píldoras. Se estrecha el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo. Soy leyenda.
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Lolita - Vladimir Nabokov

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Lolita - Vladimir Nabokov

Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita.
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La Regenta - Leopoldo Alas Clarín

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La Regenta - Leopoldo Alas Clarín

Después de cerrar tuvo aprensión de haber oído algo allí dentro; pegó el rostro a la verja y miró hacia el fondo de la capilla, escudriñando en la obscuridad. Debajo de la lámpara se le figuró ver una sombra mayor que otras veces... Y entonces redobló la atención y oyó un rumor como un quejido... Ver mas
Después de cerrar tuvo aprensión de haber oído algo allí dentro; pegó el rostro a la verja y miró hacia el fondo de la capilla, escudriñando en la obscuridad. Debajo de la lámpara se le figuró ver una sombra mayor que otras veces...
Y entonces redobló la atención y oyó un rumor como un quejido débil, como un suspiro.
Abrió, entró y reconoció a la Regenta desmayada.
Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia: y por gozar un placer extraño, o por probar si lo gozaba, inclinó el rostro asqueroso sobre el de la Regenta y le besó los labios.

Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas.

Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.
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La casa de los espíritus - Isabel Allende

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La casa de los espíritus - Isabel Allende

Comienza así ''Barrabás llegó a la familia por vía marítima...''
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El Gran Gatsby - Scott Fitzgerald

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El Gran Gatsby - Scott Fitzgerald

De esta manera seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión, sin pausa hacia el pasado.
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Fortunata y Jacinta - Benito Pérez Gáldos

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Fortunata y Jacinta - Benito Pérez Gáldos

Lo acepto, lo acepto y me callo, en prueba de la sumisión más absoluta de mi voluntad a lo que el mundo quiera hacer de mi persona. No encerrarán entre murallas mi pensamiento. Resido en las estrellas. Pongan al llamado Maximiliano Rubín en un palacio o en un muladar... lo mismo da.
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La tregua - Mario Benedetti

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La tregua - Mario Benedetti

Después de tanta espera, esto es el ocio. ¿Qué haré con él?
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El guardián entre el centeno -  J. D. Salinger

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El guardián entre el centeno - J. D. Salinger

De lo que estoy seguro es de que echo de menos en cierto modo a todas las personas de quienes les he hablado, incluso Stradlater y a Ackley, por ejemplo. Creo que hasta al cerdo de Maurice le extraño un poco. Tiene gracia. No cuenten nunca nada a nadie.En el momento en que uno cuenta cualquier... Ver mas
De lo que estoy seguro es de que echo de menos en cierto modo a todas las personas de quienes les he hablado, incluso Stradlater y a Ackley, por ejemplo. Creo que hasta al cerdo de
Maurice le extraño un poco. Tiene gracia. No cuenten nunca nada a nadie.En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.
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Las aventuras de Huckleberry Finn - Mark Twain

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Las aventuras de Huckleberry Finn - Mark Twain

Pero calculo que tengo que marcharme al territorio antes que nadie, porque la tía Sally va a adoptarme y a civilizarme, y no lo aguanto. Ya sé lo que es pasar por eso.
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Rayuela - Cortázar

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Rayuela - Cortázar

Era así, la armonía duraba increíblemente, no había palabras para contestar a la bondad de esos dos ahí abajo, mirándolo y hablándole desde la rayuela, porque Talita estaba parada sin darse cuenta en la casilla tres, y Traveler tenía un pie metido en la seis, de manera que lo único que él podía... Ver mas
Era así, la armonía duraba increíblemente, no había palabras para contestar a la bondad de esos dos ahí abajo, mirándolo y hablándole desde la rayuela, porque Talita estaba parada sin darse cuenta en la casilla tres, y Traveler tenía un pie metido en la seis, de manera que lo único que él podía hacer era mover un poco la mano derecha en un saludo tímido y quedarse mirando a la Maga, a Manú, diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia fuera y dejarse ir, paf se acabó.
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Historia de dos ciudades - Charles Dickens

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Historia de dos ciudades - Charles Dickens

Esto que hago ahora es mejor, mucho mejor que cuanto hice en la vida; y el descanso que voy a lograr es mucho más agradable que cuanto conocí anteriormente.
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El túnel -  Ernesto Sábato

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El túnel - Ernesto Sábato

Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos.
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El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad,

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El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad,

El mar estaba cubierto por una densa faja de nubes negras, y la tranquila corriente que llevaba a los últimos confines de la tierra fluía sombríamente bajo el cielo cubierto… Parecía conducir directamente al corazón de las inmensas tinieblas.
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La familia de Pascual Duarte - Camilo José Cela

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La familia de Pascual Duarte - Camilo José Cela

¿Qué más podría yo añadir a lo dicho por estos señores?
Ha recibido 315 puntos

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Las vírgenes suicidas - Jeffrey Eugenides

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Las vírgenes suicidas - Jeffrey Eugenides

“A fin de cuentas, daba igual la edad que tuviesen, el que fueran tan jóvenes, lo único que importaba era que las habíamos amado y que no nos habían oído mientras las llamábamos, que seguían sin oírnos ahora, aquí arriba, en la casa del árbol, con nuestro escaso cabello y nuestra barriga... Ver mas
“A fin de cuentas, daba igual la edad que tuviesen, el que fueran tan jóvenes, lo único que importaba era que las habíamos amado y que no nos habían oído mientras las llamábamos, que seguían sin oírnos ahora, aquí arriba, en la casa del árbol, con nuestro escaso cabello y nuestra barriga, llamándolas para que salgan de aquellas habitaciones donde se habían quedado solas para siempre, solas en su suicidio, más profundo que la muerte, y en las que ya nunca encontraremos las piezas que podrían servir para volver a unirlas.”
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El lobo estepario -  Herman Hesse.

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El lobo estepario - Herman Hesse.

Alguna vez llegaría a saber jugar mejor el juego de las figuras. Alguna vez aprendería a reír. Pablo me estaba esperando. Mozart me estaba esperando.
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Los últimos días de Pompeya - Edward Bulwer Lytton

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Los últimos días de Pompeya - Edward Bulwer Lytton

Dione es ya mi esposa. ¿Y me preguntas si soy feliz? ¿Que podría ofrecerme Roma que igualará lo que poseo en Atenas? "Así discurre mi vida, Salustio, y te ruego vengas a verme, pues no puedo olvidar todo cuanto hiciste por mi. ¡Buena suerte!-
Ha recibido 301 puntos

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La Barraca -  Blasco Ibáñez

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La Barraca - Blasco Ibáñez

Y allí aguardaron el amanecer, con la espalda transida de frío, tostados de frente por el braseo que teñía sus rostros con reflejos de sangre, siguiendo con la pasividad del fatalismo el curso del fuego, que iba devorando todos sus esfuerzos y los convertía en pavesas tan deleznables y tenues... Ver mas
Y allí aguardaron el amanecer, con la espalda transida de frío, tostados de frente por el braseo que teñía sus rostros con reflejos de sangre, siguiendo con la pasividad del fatalismo el curso del fuego, que iba devorando todos sus esfuerzos y los convertía en pavesas tan deleznables y tenues como sus antiguas ilusiones de paz y trabajo.
Ha recibido 292 puntos

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Fiesta - Ernest Hemingway

36

Fiesta - Ernest Hemingway

“Si” dije, “¿no es bonito pensarlo?”
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Pedro Páramo - Juan Rulfo

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Pedro Páramo - Juan Rulfo

Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.
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Ulises- James Joyce

38

Ulises- James Joyce

Yo era una Flor de la montaña, sí, cuando me ponía la rosa en el cabello como hacían las muchachas andaluzas, o me pondré una roja, sí, y cómo me besaba junto a la muralla y yo pensaba: bien, lo mismo da él que otro, y entonces le pedí con la mirada que me lo pidiera otra vez, sí, y entonces me... Ver mas
Yo era una Flor de la montaña, sí, cuando me ponía la rosa en el cabello como hacían las muchachas andaluzas, o me pondré una roja, sí, y cómo me besaba junto a la muralla y yo pensaba: bien, lo mismo da él que otro, y entonces le pedí con la mirada que me lo pidiera otra vez, sí, y entonces me preguntó si quería decir sí, mi flor de la montaña, y al principio le estreché entre mis brazos, sí, y le apreté contra mí para que respirara todo el perfume de mis pechos, sí, y su corazón parecía desbocado y, sí, dije sí, Sí quiero.
Ha recibido 262 puntos

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Solaris .  Stanisław Lem

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Solaris . Stanisław Lem

¿En nombre de qué? ¿Esperando que ella volviera? Yo no tenía ninguna esperanza, y sin embargo vivía de esperanzas; desde que ella había desaparecido, no me quedaba otra cosa. No sabía qué descubrimientos, qué burlas, qué torturas me aguardaban aún. No sabía nada, y me empecinaba en creer que el... Ver mas
¿En nombre de qué? ¿Esperando que ella volviera? Yo no tenía ninguna esperanza, y sin embargo vivía de esperanzas; desde que ella había desaparecido, no me quedaba otra cosa. No sabía qué descubrimientos, qué burlas, qué torturas me aguardaban aún. No sabía nada, y me
empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles aún no había terminado
Ha recibido 250 puntos

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Corazón tan blanco -  Javier Marías

40

Corazón tan blanco - Javier Marías

Me preparé para abrir la puerta
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Ubik -  Philip K. Dick

41

Ubik - Philip K. Dick

Quisiera saber qué significa esto. Es lo más extraño que he visto nunca. Casi todo en la vida tiene su explicación, pero... ¿a santo de qué sale Joe Chip en una moneda de cincuenta centavos?. Era la primera muestra de dinero Joe Chip que veía. Intuyó con un escalofrío que encontraría más en... Ver mas
Quisiera saber qué significa esto. Es lo más extraño que he visto nunca. Casi todo en
la vida tiene su explicación, pero... ¿a santo de qué sale Joe Chip en una moneda de
cincuenta centavos?. Era la primera muestra de dinero Joe Chip que veía. Intuyó con un escalofrío que encontraría más en sus bolsillos y en su billetero. Aquello era sólo el comienzo.
Ha recibido 231 puntos

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Mañana en la batalla piensa en mí - Javier Marías

42

Mañana en la batalla piensa en mí - Javier Marías

"Adiós risas y adiós agravios. No os veré más ni me veréis vosotros. Y adiós ardor, adiós recuerdos".
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El teatro de Sabbath - Philip Roth.

43

El teatro de Sabbath - Philip Roth.

Y él no podía hacerlo; no podía morir. ¿Cómo podría irse? ¿Cómo podía haberse ido? Todo lo que él odiaba estaba aquí.
Ha recibido 205 puntos

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Las Horas - Michael Cunningham.

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Las Horas - Michael Cunningham.

Y aquí está ella, Clarissa, que ya no es la señora Dalloway; ya no hay nadie que la llame así. He la aquí, con otra hora ante ella. –Venga, señora Brown –dice–. Todo está listo.
Ha recibido 202 puntos

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El árbol del hombre -  Patrick White.

45

El árbol del hombre - Patrick White.

Para que así, en el final, no hubiera final.
Ha recibido 189 puntos

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Nocturno en Chile - Roberto Bolaño

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Nocturno en Chile - Roberto Bolaño

Y después se desata la tormenta de mierda.
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El hombre invisible - Ralph Ellison

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El hombre invisible - Ralph Ellison

¿Quién sabe que, en menores frecuencias, yo hablo por ti?
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Al faro - Virginia Woolf

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Al faro - Virginia Woolf

Sí, pensó dejando el pincel, extraordinariamente fatigada, ésta ha sido mi visión.
Ha recibido 181 puntos

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El astillero -  Juan Carlos Onetti

49

El astillero - Juan Carlos Onetti

Pero lo más difícil de sufrir debe haber sido el inconfundible aire caprichoso de setiembre, el primer adelgazado olor de la primavera que se deslizaba incontenible por las fisuras del invierno decrépito. Lo respiraba lamiéndose la sangre del labio partido a medida que la lancha empinada... Ver mas
Pero lo más difícil de sufrir debe haber sido el inconfundible aire caprichoso de setiembre, el primer adelgazado olor de la primavera que se deslizaba incontenible por las fisuras del invierno decrépito. Lo respiraba lamiéndose la sangre del labio partido a medida que la lancha empinada remontaba el río. Murió de pulmonía en El Rosario, antes de que terminara la semana, y en los libros del hospital figura completo su nombre verdadero.)”
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Mientras agonizo - William Faulkner

50

Mientras agonizo - William Faulkner

“Y era eso. Parecía unos treinta centímetros más alto a fuerza de estirar todo lo que podía la cabeza, sin por ello perder aquella expresión de orgullo y apocamiento, y entonces la vimos a ella detrás, a su espalda, con otro maletín. Era una mujer con aspecto de pato, vestida de tiros largos... Ver mas
“Y era eso. Parecía unos treinta centímetros más alto a fuerza de estirar todo lo que podía la cabeza, sin por ello perder aquella expresión de orgullo y apocamiento, y entonces la vimos a ella detrás, a su espalda, con otro maletín. Era una mujer con aspecto de pato, vestida de tiros largos, con unos ojos saltones y duros que parecían desafiar a cualquier hombre que tuviera el atrevimiento de decirle algo. Y nos quedamos mirándola. Dewey Dell y Vardaman con la boca medio abierta y con los plátanos a medio comer en la mano, y la mujer se acercaba detrás de padre y nos miraba como si nos estuviera retando. Y entonces veo que el maletín que ella lleva es uno de esos pequeños gramófonos. No había duda, todo cerrado y tan bonito como un cuadro, y cada vez que nos llegara un disco nuevo de venta por catálogo y nos sentáramos todos juntos en casa en el invierno y nos pusiéramos a escucharlo, yo pensaría que qué lástima que Darl no pudiera disfrutarlo con nosotros. Pero es mejor para él así. Este mundo no es su mundo; ni esta vida es su vida.

-Estos son Cash y Jewel y Vardaman y Dewey Dell– dice padre, con aquella expresión de apocamiento y de orgullo, y con sus dientes y demás, y sin atreverse a mirarnos.

-Os presento a la señora Bundren – dice.”
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