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Poemas de Rubén Darío

Poemas de Rubén Darío

  • Lista creada por ks_cm.
  • Publicada el 16.09.2012 a las 05:31h.
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Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 18 de enero de 1867 - León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado príncipe de las letras castellanas.

Rubén Darío es citado generalmente como el iniciador y máximo representante del Modernismo hispánico. Si bien esto es cierto a grandes rasgos, es una afirmación que debe matizarse. Otros autores hispanoamericanos, como José Santos Chocano, José Martí, Salvador Díaz Mirón, o Manuel Gutiérrez Nájera, José Asunción Silva, por citar algunos, habían comenzado a explorar esta nueva estética antes incluso de que Darío escribiese la obra que tradicionalmente se ha considerado el punto de partida del Modernismo, su libro Azul... (1888).

Así y todo, no puede negarse que Darío es el poeta modernista más influyente, y el que mayor éxito alcanzó, tanto en vida como después de su muerte. Su magisterio fue reconocido por numerosísimos poetas en España y en América, y su influencia nunca ha dejado de hacerse sentir en la poesía en lengua española. Además, fue el principal artífice de muchos hallazgos estilísticos emblemáticos del movimiento, como, por ejemplo, la adaptación a la métrica española del alejandrino francés.

Además, fue el primer poeta que articuló las innovaciones del Modernismo en una poética coherente. A partir de Prosas profanas, se convirtió en la cabeza visible del nuevo movimiento literario. Su influencia en sus contemporáneos fue inmensa. La evolución de su obra marca además las pautas del movimiento modernista: si en 1896 Prosas profanas significa el triunfo del esteticismo, Cantos de vida y esperanza (1905) anuncia ya el intimismo de la fase final del Modernismo, que algunos críticos han denominado postmodernismo.

Obra poética

El primer libro importante fue Azul (1888, segunda edición ampliada en 1890). Significa en su obra el momento de búsqueda, la influencia francesa de Víctor Hugo y los parnasianos, el preciosismo.

Prosas profanas (1896) es la culminación del Modernismo más exuberante y rotundo. Hay que destacar en este libro la sensualidad y el erotismo y el inicio de poemas sobre motivos españoles.

Cantos de vida y esperanza (1905) es su obra más importante. Aparece una ampliación temática, desde su propia intimidad a la comunicación con los demás. El tono se ha profundizado y, en muchos poemas, se aprecia una mayor sencillez de expresión. Hay que destacar una serie de impresionantes poemas en los que expresa su propia amargura, angustia y temor. La preocupación política la defensa del mundo hispánico en contra de la colonización anglosajona, especialmente norteamericana, es otro aspecto digno de señalar.

El cantor musical de cisnes, princesas y fiestas galantes es, en este momento, el creador del estremecedor poema "Lo fatal".

Otros libros importantes son: El canto errante (1907) y Poema de Otoño y otros poemas (1910).

A continuación algunos de sus poemas :D

Fuentes:
wikipedia.org
rinconcastellano.com
grandespoetasfamosos.blogspot.com

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

A Margarita Debayle

1. A Margarita Debayle

Margarita, está linda la mar, Y el viento Lleva esencia sutil de azahar; Yo siento En el alma una alondra cantar: Tu acento. Margarita, te voy a contar Un cuento. Este era un rey que tenía Un palacio de diamantes, Una tienda hecha del día Y un rebaño de elefantes, Un kiosco de... Ver mas
Margarita, está linda la mar,
Y el viento
Lleva esencia sutil de azahar;
Yo siento
En el alma una alondra cantar:
Tu acento.
Margarita, te voy a contar
Un cuento.

Este era un rey que tenía
Un palacio de diamantes,
Una tienda hecha del día
Y un rebaño de elefantes,
Un kiosco de malaquita,
Un gran manto de tisú,
Y una gentil princesita,
Tan bonita
Margarita,
Tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
Vio una estrella aparecer;
La princesa era traviesa
Y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
Decorar un prendedor,
Con un verso y una perla,
Y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
Se parecen mucho a ti:
Cortan lirios, cortan rosas,
Cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
Bajo el cielo y sobre el mar,
A cortar la blanca estrella
Que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
Por la luna y más allá;
Mas lo malo es que ella iba
Sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
De los parques del Señor,
Se miraba toda envuelta
En un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
¿Y qué tienes en el pecho,
Que encendido se te ve?"

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
"Fui a cortar la estrella mía
A la azul inmensidad".

Y el rey clama: "¿No te he dicho
Que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar".

Y dice ella: "No hubo intento:
Yo me fui no sé por qué
Por las olas y en el viento
Fui a la estrella y la corté".

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
Vuelve al cielo, y lo robado
Vas ahora a devolver".

La princesa se entristece
Por su dulce flor de luz,
Cuando entonces aparece
Sonriendo el buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
Esa rosa le ofrecí:
Son mis flores de las niñas
Que al soñar piensan en mí".

Viste el rey ropas brillantes,
Y luego hace desfilar
Cuatrocientos elefantes
A la orilla de la mar.

La princesita está bella,
Pues ya tiene el prendedor
En que lucen, con la estrella,
Verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
Y el viento
Lleva esencia sutil de azahar:
Tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
Guarda, niña, un gentil pensamiento
Al que un día te quiso contar
Un cuento.

Ha recibido 106 puntos

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Cuando llegues a amar

2. Cuando llegues a amar

Cuando llegues a amar, si no has amado, Sabrás que en este mundo Es el dolor más grande y más profundo Ser a un tiempo feliz y desgraciado. Corolario: el amor es un abismo De luz y sombra, poesía y prosa, Y en donde se hace la más cara cosa Que es reír y llorar a un tiempo mismo. Lo... Ver mas
Cuando llegues a amar, si no has amado,
Sabrás que en este mundo
Es el dolor más grande y más profundo
Ser a un tiempo feliz y desgraciado.

Corolario: el amor es un abismo
De luz y sombra, poesía y prosa,
Y en donde se hace la más cara cosa
Que es reír y llorar a un tiempo mismo.

Lo peor, lo más terrible,
Es que vivir sin él es imposible.

Ha recibido 91 puntos

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Sonatina

3. Sonatina

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, Está mudo el teclado de su clave sonoro; Y en un vaso olvidada se desmaya una flor. El jardín puebla... Ver mas
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
Está mudo el teclado de su clave sonoro;
Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
Y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
La princesa persigue por el cielo de Oriente
La libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
O en el que ha detenido su carroza argentina
Para ver de sus ojos la dulzura de luz
O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
O en el que es soberano de los claros diamantes,
O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
Tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
Ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
Saludar a los lirios con los versos de mayo,
O perderse en el viento sobre el trueno mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
Ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
Los jazmínes de Oriente, los nelumbos del Norte,
De Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
En la jaula de mármol del palacio real,
El palacio soberbio que vigilan los guardas,
Que custodian cien negros con sus cien alabardas,
Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
Más brillante que el alba, más hermoso que abril.

"¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina- ,
En caballo con alas, hacia acá se encamina,
En el cinto la espada y en la mano el azor,
El feliz caballero que te adora sin verte,
Y que llega de lejos, vencedor de la muerte,
A encenderte los labios con su beso de amor!"

Ha recibido 72 puntos

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Lo fatal

4. Lo fatal

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, Y más la piedra dura porque esa ya no siente, Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, Ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, Y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el... Ver mas
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
Y más la piedra dura porque esa ya no siente,
Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
Ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
Y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
Y sufrir por la vida y por la sombra y por
Lo que no conocemos y apenas sospechamos,
Y la carne que tienta con sus frescos racimos,
Y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
Y no saber a dónde vamos,
Ni de dónde venimos.

Ha recibido 70 puntos

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El verso sutil que pasa o se posa

5. El verso sutil que pasa o se posa

El verso sutil que pasa o se posa Sobre la mujer o sobre la rosa, Beso puede ser, o ser mariposa. En la fresca flor el verso sutil; El triunfo de amor en el mes de abril: Amor, verso y flor, la niña gentil. Amor y dolor. Halagos y enojos. Herodías ríe en los labios rojos. Dos... Ver mas
El verso sutil que pasa o se posa
Sobre la mujer o sobre la rosa,
Beso puede ser, o ser mariposa.

En la fresca flor el verso sutil;
El triunfo de amor en el mes de abril:
Amor, verso y flor, la niña gentil.

Amor y dolor. Halagos y enojos.
Herodías ríe en los labios rojos.
Dos verdugos hay que están en los ojos.

¡Oh, saber amar es saber sufrir!
Amar y sufrir, sufrir y sentir,
Y el hacha besar que nos ha de herir...

¡Rosa de dolor, gracia femenina;
Inocencia y luz, corola divina!
Y aroma fatal y cruel espina...

Líbranos, Señor, de abril y la flor
Y del cielo azul y del ruiseñor,
De dolor y amor, líbranos, Señor.

Ha recibido 52 puntos

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Caupolican

6. Caupolican

Es algo formidable que vio la vieja raza: Robusto tronco de árbol al hombro de un campeón Salvaje y aguerrido, cuya fornida maza Blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón. Por casco sus cabellos, por pecho su coraza, Pudiera tal guerrero, de Arauco en la región, Lancero de los... Ver mas
Es algo formidable que vio la vieja raza:
Robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
Salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
Blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, por pecho su coraza,
Pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
Lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
Desjaretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
Le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
Y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

"¡El Toqui, el Toqui!" clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: "Basta",
E irguióse la alta frente del gran Caupolican.

Ha recibido 48 puntos

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Mía

7. Mía

Mía: así te llamas. ¿Qué más armonía? Mía: luz del día; Mía: rosas, llamas. ¡Qué aroma derramas En el alma mía Si sé que me amas! ¡Oh Mía! ¡Oh Mía! Tu sexo fundiste Con mi sexo fuerte, Fundiendo dos bronces. Yo triste, tú triste… ¿No has de ser entonces Mía hasta la muerte? Ver mas
Mía: así te llamas.
¿Qué más armonía?
Mía: luz del día;
Mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas
En el alma mía
Si sé que me amas!
¡Oh Mía! ¡Oh Mía!

Tu sexo fundiste
Con mi sexo fuerte,
Fundiendo dos bronces.

Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces
Mía hasta la muerte?

Ha recibido 48 puntos

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Bota, bota, bella niña

8. Bota, bota, bella niña

Bota, bota, bella niña, Ese precioso collar En que brillan los diamantes Como el líquido cristal De las perlas del rocío matinal. Del bolsillo de aquel sátiro Salió el oro y salió el mal. Bota, bota esa serpiente Que te quiere estrangular Enrollada en tu garganta Hecha de nieve y coral. Ver mas
Bota, bota, bella niña,
Ese precioso collar
En que brillan los diamantes
Como el líquido cristal
De las perlas del rocío matinal.
Del bolsillo de aquel sátiro
Salió el oro y salió el mal.
Bota, bota esa serpiente
Que te quiere estrangular
Enrollada en tu garganta
Hecha de nieve y coral.

Ha recibido 45 puntos

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Era un aire suave

9. Era un aire suave

Era un aire suave de pausados giros; El hada Harmonía, ritmaba sus vuelos, E iban frases vagas y tenues suspiros Entre los sollozos y los violoncelos. Sobre la terraza, junto a los ramajes, Diríase un trémolo de liras eolias, Cuando acariciaban los sedosos trajes Sobre el talle erguidas... Ver mas
Era un aire suave de pausados giros;
El hada Harmonía, ritmaba sus vuelos,
E iban frases vagas y tenues suspiros
Entre los sollozos y los violoncelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,
Diríase un trémolo de liras eolias,
Cuando acariciaban los sedosos trajes
Sobre el talle erguidas, las blancas magnolias.

La marquesa Eulalia, risas y desvíos
Daba a un tiempo mismo para dos rivales:
El vizconde rubio de los desafíos
Y el abate joven de los madrigales.

Cerca, coronado por hojas de viña,
Reía en su máscara Término barbudo,
Y como un efebo que fuese una niña
Mostraba una Diana su mármol desnudo.

Y bajo un boscaje del amor palestra,
Sobre un rico zócalo al modo de Jonia,
Con un candelabro prendido en la diestra
Volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.

La orquesta perlaba sus mágicas notas;
Un coro de sones alados se oía;
Galantes pavanas, fugaces gavotas,
Cantaban los dulces violines de Hungría.

Al oír las quejas de sus caballeros,
Ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,
Pues son su tesoro las flechas de Eros,
El cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.

¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
Con sus ojos lindos y su boca roja,
La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

Tiene azules ojos, es maligna y bella;
Cuando mira, vierte viva luz extraña;
Se asoma a sus húmedas pupilas de estrella
El alma del rubio cristal de Champaña.

Es noche de fiesta y el baile de trajes
Ostenta su gloria de triunfos mundanos.
La divina Eulalia, vestida de encaje,
Una flor destroza con sus blancas manos.

El teclado armónico de su risa fina
A la alegre música de un pájaro iguala.
Con los staccati de una bailarina
Y las locas fugas de una colegiala.

¡Amoroso pájaro que trinos exhala
Bajo el ala a veces ocultando el pico.
Que desdenes rudos lanza bajo el ala,
Bajo el ala aleve del leve abanico!

Cuando a media noche sus notas arranque
Y en arpegios áureos gima Filomela,
Y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque,
Como blanca góndola imprima su estela,

La marquesa alegre llegará al boscaje,
Boscaje que cubre la amable glorieta
Donde han de estrecharla los brazos de un paje
Que siendo su paje será su poeta.

Al compás de un canto de artista de Italia
Que en la brisa errante la orquesta deslíe,
Junto a los rivales, la divina Eulalia,
La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,
Sol con corte de astros en campos de azur,
Cuando los alcázares llenó de fragancia
La regia y pomposa rosa Pompadour?

¿Fue cuando la bella su falda cogía,
Con dedos de ninfa, bailando el minué,
Y de los compases el ritmo seguía,
Sobre el tacón rojo lindo y leve el pie?

¿O cuando pastoras de floridos valles
Ornaban con cintas sus albos corderos
Y oían, divinas Tirsis de Versalles,
Las declaraciones de sus caballeros?

¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,
De amantes princesas y tiernos galanes,
Cuando entre sonrisas y perlas y flores
Iban las casacas de los chambelanes?

¿Fue acaso en el norte o en el mediodía?
Yo el tiempo y el día y el país ignoro;
Pero sé que Eulalia ríe todavía
¡Y es cruel y eterna su risa de oro!

Ha recibido 41 puntos

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Canción de otoño en primavera

10. Canción de otoño en primavera

Juventud, divino tesoro, ¡Ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... Y a veces lloro sin querer... Plural ha sido la celeste Historia de mi corazón. Era una dulce niña, en este Mundo de duelo y aflicción. Miraba como el alba pura; Sonreía como una flor. Era su... Ver mas
Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
Historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
Mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
Sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura
Hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
Para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
Halagadora y expresiva,
La otra fue más sensitiva
Cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
Una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
Una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
Y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
Falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡Te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
El estuche de su pasión;
Y que me roería, loca,
Con sus dientes el corazón,

Poniendo en un amor de exceso
La mira de su voluntad,
Mientras eran abrazo y beso
Síntesis de la eternidad;

Y de nuestra carne ligera
Imaginar siempre un Edén,
Sin pensar que la primavera
Y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

¡Y las demás! En tantos climas,
En tantas tierras siempre son,
Si no pretextos de mis rimas
Fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
Que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
Mi sed de amor no tiene fin;
Con el cabello gris, me acerco
A los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el alba de oro!

Ha recibido 33 puntos

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La bailarina de los pies desnudos

11. La bailarina de los pies desnudos

Iba, en un paso rítmico y felino A avances dulces, ágiles o rudos, Con algo de animal y de divino La bailarina de los pies desnudos. Su falda era la falda de las rosas, En sus pechos había dos escudos… Constelada de casos y de cosas… La bailarina de los pies desnudos. Bajaban mil... Ver mas
Iba, en un paso rítmico y felino
A avances dulces, ágiles o rudos,
Con algo de animal y de divino
La bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
En sus pechos había dos escudos…
Constelada de casos y de cosas…
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
Hacia la perla hundida del ombligo,
E iniciaban propósitos obscenos
Azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
Estaban mis bufones y mis mudos…
¡Y era toda Selene y Anactoria
La bailarina de los pies desnudos!

Ha recibido 33 puntos

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Tú eres mío, tú eres mía

12. Tú eres mío, tú eres mía

Niña hermosa que me humillas Con tus ojos grandes, bellos: Son para ellos, son para ellos Estas suaves redondillas. Son dos soles, son dos llamas, Son la luz del claro día; Con su fuego, niña mía, Los corazones inflamas. Y autores contemporáneos Dicen que hay ojos que prenden... Ver mas
Niña hermosa que me humillas
Con tus ojos grandes, bellos:
Son para ellos, son para ellos
Estas suaves redondillas.

Son dos soles, son dos llamas,
Son la luz del claro día;
Con su fuego, niña mía,
Los corazones inflamas.

Y autores contemporáneos
Dicen que hay ojos que prenden
Ciertos chispazos que encienden
Pistolas que rompen cráneos.

Ha recibido 33 puntos

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Que el amor no admite cuerdas reflexiones

13. Que el amor no admite cuerdas reflexiones

Señora, el amor es violento, Y cuando nos transfigura Nos enciende el pensamiento La locura. No pidas paz a mis brazos Que a los tuyos tienen presos: Son de guerra mis abrazos Y son de incendio mis besos; Y sería vano intento El tornar mi mente obscura Si me enciende el pensamiento... Ver mas
Señora, el amor es violento,
Y cuando nos transfigura
Nos enciende el pensamiento
La locura.

No pidas paz a mis brazos
Que a los tuyos tienen presos:
Son de guerra mis abrazos
Y son de incendio mis besos;
Y sería vano intento
El tornar mi mente obscura
Si me enciende el pensamiento
La locura.

Clara está la mente mía
De llamas de amor, señora,
Como la tienda del día
O el palacio de la aurora.

Y al perfume de tu ungüento
Te persigue mi ventura,
Y me enciende el pensamiento
La locura.

Mi gozo tu paladar
Rico panal conceptúa,
Como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
En tan divino vaso apura,
Y me enciende el pensamiento
La locura.

Ha recibido 32 puntos

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Amo, amas

14. Amo, amas

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo El ser y con la tierra y con el cielo, Con lo claro del sol y lo oscuro del lodo; Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo. Y cuando la montaña de la vida Nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, Amar la inmensidad que es de amor... Ver mas
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
El ser y con la tierra y con el cielo,
Con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
Nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
Amar la inmensidad que es de amor encendida
¡Y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

Ha recibido 31 puntos

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Yo persigo una forma

15. Yo persigo una forma

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, Botón de pensamiento que busca ser la rosa; Se anuncia con un beso que en mis labios se posa Al abrazo imposible de la Venus de Milo. Adornan verdes palmas el blanco peristilo; Los astros me han predicho la visión de la diosa; Y en mi alma... Ver mas
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
Botón de pensamiento que busca ser la rosa;
Se anuncia con un beso que en mis labios se posa
Al abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
Los astros me han predicho la visión de la diosa;
Y en mi alma reposa la luz, como reposa
El ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Y no hallo sino la palabra que huye,
La iniciación melódica que de la flauta fluye
Y la barca del sueño que en el espacio boga;

Y bajo la ventana de mi bella durmiente,
El sollozo continuo del chorro de la fuente
Y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.

Ha recibido 27 puntos

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Programa matinal

16. Programa matinal

¡Claras horas de la mañana En que mil clarines de oro Dicen la divina diana! ¡Salve al celeste Sol sonoro! En la angustia de la ignorancia De lo porvenir, saludemos La barca llena de fragancia Que tiene de marfil los remos. ¡Epicúreos o soñadores Amemos la gloriosa vida, Siempre... Ver mas
¡Claras horas de la mañana
En que mil clarines de oro
Dicen la divina diana!
¡Salve al celeste Sol sonoro!

En la angustia de la ignorancia
De lo porvenir, saludemos
La barca llena de fragancia
Que tiene de marfil los remos.

¡Epicúreos o soñadores
Amemos la gloriosa vida,
Siempre coronada de flores
Y siempre la antorcha encendida!

Exprimamos de los racimos
De nuestra vida transitoria
Los placeres porque vivimos
Y los champañas de la gloria.

Devanemos de Amor los hilos,
Hagamos, porque es bello, el bien,
Y después durmamos tranquilos
Y por siempre jamás. Amén.

Ha recibido 26 puntos

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Leda

17. Leda

El cisne en la sombra parece de nieve; Su pico es de ámbar, del alba al trasluz; El suave crepúsculo que pasa tan breve Las cándidas alas sonrosa de luz. Y luego, en las ondas del lago azulado, Después que la aurora perdió su arrebol, Las alas tendidas y el cuello enarcado, El cisne es... Ver mas
El cisne en la sombra parece de nieve;
Su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
El suave crepúsculo que pasa tan breve
Las cándidas alas sonrosa de luz.

Y luego, en las ondas del lago azulado,
Después que la aurora perdió su arrebol,
Las alas tendidas y el cuello enarcado,
El cisne es de plata, bañado de sol.

Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
Olímpico pájaro herido de amor,
Y viola en las linfas sonoras a Leda,
Buscando su pico los labios en flor.

Suspira la bella desnuda y vencida,
Y en tanto que al aire sus quejas se van,
Del fondo verdoso de fronda tupida
Chispean turbados los ojos de Pan.

Ha recibido 25 puntos

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Nocturno

18. Nocturno

Quiero expresar mi angustia en versos que abolida Dirán mi juventud de rosas y de ensueños, Y la desfloración amarga de mi vida Por un vasto dolor y cuidados pequeños. Y el viaje a un vago Oriente por entrevistos barcos, Y el grano de oraciones que floreció en blasfemias, Y los... Ver mas
Quiero expresar mi angustia en versos que abolida
Dirán mi juventud de rosas y de ensueños,
Y la desfloración amarga de mi vida
Por un vasto dolor y cuidados pequeños.

Y el viaje a un vago Oriente por entrevistos barcos,
Y el grano de oraciones que floreció en blasfemias,
Y los azoramientos del cisne entre los charcos,
Y el falso azul nocturno de inquerida bohemia.

Lejano clavicordio que en silencio y olvido
No diste nunca al sueño la sublime sonata,
Huérfano esquife, árbol insigne, oscuro nido
Que suavizó la noche de dulzura de plata...

Esperanza olorosa a hierbas frescas, trino
Del ruiseñor primaveral y matinal,
Azucena tronchada por un fatal destino,
Rebusca de la dicha, persecución del mal...

El ánfora funesta del divino veneno
Que ha de hacer por la vida la tortura interior;
La conciencia espantable de nuestro humano cieno
Y el horror de sentirse pasajero, el horror

De ir a tientas, en intermitentes espantos,
Hacia lo inevitable desconocido, y la
Pesadilla brutal de este dormir de llantos
¡De la cual no hay más que ella que nos despertará!

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Melancolía

19. Melancolía

Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas Ciego de sueño y loco de armonía. Ese es mi mal. Soñar. La poesía Es la camisa férrea de mil puntas cruentas Que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas... Ver mas
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
Ciego de sueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía
Es la camisa férrea de mil puntas cruentas
Que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
Dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
A veces me parece que el camino es muy largo,
Y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,
Cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

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¿Cómo decía usted, amigo mío?

20. ¿Cómo decía usted, amigo mío?

¿Cómo decía usted, amigo mío?
¿Qué el amor es un río? No es extraño.
Es ciertamente un río
Que, uniéndose al confluente del desvío,
Va a perderse en el mar del desengaño.

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Abrojos

21. Abrojos

Lloraba en mis brazos vestida de negro, Se oía el latido de su corazón, Cubríanle el cuello los rizos castaños Y toda temblaba de miedo y de amor. ¿Quién tuvo la culpa? La noche callada. Ya iba a despedirme. Cuando dije "¡adiós!", Ella, sollozando, se abrazó a mi pecho Bajo aquel ramaje... Ver mas
Lloraba en mis brazos vestida de negro,
Se oía el latido de su corazón,
Cubríanle el cuello los rizos castaños
Y toda temblaba de miedo y de amor.
¿Quién tuvo la culpa? La noche callada.
Ya iba a despedirme. Cuando dije "¡adiós!",
Ella, sollozando, se abrazó a mi pecho
Bajo aquel ramaje del almendro en flor.
Velaron las nubes la pida luna...
Después, tristemente lloramos los dos.

¿Que lloras? Lo comprendo.
Todo concluido está.
Pero no quiero verte,
Alma mía, llorar.
Nuestro amor, siempre, siempre...
Nuestras bodas... jamás.
¿Quién es ese bandido
Que se vino a robar
Tu corona florida
Y tu velo nupcial?
Mas no, no me lo digas,
No lo quiero escuchar.
Tu nombre es Inocencia
Y el de él es Satanás.
Un abismo a tus plantas,
Una mano procaz
Que te empuja; tú ruedas,
Y mientras tanto, va
El ángel de tu guarda
Triste y solo a llorar.
Pero ¿por qué derramas
Tantas lágrimas? ¡Ah!
Sí, todo lo comprendo...
No, no me digas más.

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De invierno

22. De invierno

En invernales horas, mirad a Carolina. Medio apelotonada, descansa en el sillón, Envuelta con su abrigo de marta cibelina Y no lejos del fuego que brilla en el salón. El fino angora blanco junto a ella se reclina, Rozando con su pico la falda de Alençón, No lejos de las jarras de... Ver mas
En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
Envuelta con su abrigo de marta cibelina
Y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
Rozando con su pico la falda de Alençón,
No lejos de las jarras de porcelana china
Que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;
Entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
Voy a besar su rostro rosado y halagüeño.

Como una rosa roja que fuera flor de lis;
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño
Y en tanto cae la nieve del cielo de París.

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Divina psiquis

23. Divina psiquis

¡Divina Psiquis, dulce mariposa invisible Que desde los abismos has venido a ser todo Lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible Forma la chispa sacra de la estatua de lodo! Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra Y prisionera vives en mí de extraño deseo; Te reducen a... Ver mas
¡Divina Psiquis, dulce mariposa invisible
Que desde los abismos has venido a ser todo
Lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible
Forma la chispa sacra de la estatua de lodo!

Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra
Y prisionera vives en mí de extraño deseo;
Te reducen a esclava mis sentidos en guerra
Y apenas vagas libre por el jardín del sueño.

Sabia de la lujuria que sabe antiguas ciencias,
Te sacudes a veces entre imposibles muros,
Y más allá de todas las vulgares conciencias
Exploras los recodos más terribles y obscuros.

Y encuentras sombra y duelo. Que sombra y duelo encuentres
Bajo la viña en donde nace el vino del Diablo.
Te posas en los senos, te posas en los vientres
Que hicieron a Juan loco e hicieron cuerdo a Pablo.

A Juan virgen y a Pablo militar y violento,
A Juan que nunca supo del supremo contacto;
A Pablo el tempestuoso que halló a Cristo en el viento,
Y a Juan ante quien Hugo se queda estupefacto.

Entre la catedral y las ruinas paganas
Vuelas, ¡oh Psiquis, oh alma mía!
-Como decía
Aquel celeste Edgardo,
Que entró en el paraíso entre un son de campanas
Y un perfume de nardo-,
Entre la catedral
Y las paganas ruinas
Repartes tus dos alas de cristal,
Tus dos alas divinas.
Y de la flor
Que el ruiseñor
Canta en su griego antiguo, de la rosa,
Vuelas, ¡oh, mariposa!,
A posarte en un clavo de nuestro Señor.

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La fe

24. La fe

En medio del abismo de la duda Lleno de oscuridad, de sombra vana Hay una estrella que reflejos mana Sublime, sí, mas silenciosa, muda. Ella, con su fulgor divino, escuda, Alienta y guía a la conciencia humana, Cuando el genio del mal con furia insana Golpéala feroz, con mano ruda... Ver mas
En medio del abismo de la duda
Lleno de oscuridad, de sombra vana
Hay una estrella que reflejos mana
Sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
Alienta y guía a la conciencia humana,
Cuando el genio del mal con furia insana
Golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
De la humana creación? ¿ Bajó del cielo
A iluminar el porvenir oscuro?

¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
Ya sabéis, ya sabéis, la fe se llama.

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Triste, tristemente

25. Triste, tristemente

Un día estaba yo triste, muy tristemente Viendo cómo caía el agua de una fuente; Era la noche dulce y argentina. Lloraba La noche. Suspiraba la noche. Sollozaba La noche. Y el crepúsculo en su suave amatista, Diluía la lágrima de un misterioso artista. Y ese artista era yo... Ver mas
Un día estaba yo triste, muy tristemente
Viendo cómo caía el agua de una fuente;

Era la noche dulce y argentina. Lloraba
La noche. Suspiraba la noche. Sollozaba

La noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
Diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
Que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.

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Marina

26. Marina

Mar armonioso, Mar maravilloso, Tu salada fragancia, Tus colores y músicas sonoras Me dan la sensación divina de mi infancia En que suaves las horas Venían en un paso de danza reposada A dejarme un ensueño o regalo de hada. Mar armonioso, Mar maravilloso, De arcadas de diamante que... Ver mas
Mar armonioso,
Mar maravilloso,
Tu salada fragancia,
Tus colores y músicas sonoras
Me dan la sensación divina de mi infancia
En que suaves las horas
Venían en un paso de danza reposada
A dejarme un ensueño o regalo de hada.

Mar armonioso,
Mar maravilloso,
De arcadas de diamante que se rompen en vuelos
Rítmicos que denuncian algún ímpetu oculto,
Espejo de mis vagas ciudades de los cielos,
Blanco y azul tumulto
De donde brota un canto
Inextinguible,
Mar paternal, mar santo,
Mi alma siente la influencia de tu alma invisible.

Velas de los Colones
Y velas de los Vascos,
Hostigadas por odios de ciclones
Ante la hostilidad de los peñascos;
O galeras de oro,
Velas purpúreas de bajeles
Que saludaron el mugir del toro
Celeste, con Europa sobre el lomo
Que salpicaba la revuelta espuma.

¡Magnífico y sonoro
Se oye en las aguas como
Un tropel de tropeles,
Tropel de los tropeles de tritones!
Brazos salen de la onda, suenan vagas canciones,
Brillan piedras preciosas,
Mientras en las revueltas extensiones
Venus y el sol hacen nacer mil rosas.

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Ama tu ritmo

27. Ama tu ritmo

Ama tu ritmo y ritma tus acciones Bajo su ley, así como tus versos; Eres un universo de universos Y tu alma una fuente de canciones. La celeste unidad que presupones Hará brotar en ti mundos diversos, Y al resonar tus números dispersos Pitagoriza en tus constelaciones. Escucha la... Ver mas
Ama tu ritmo y ritma tus acciones
Bajo su ley, así como tus versos;
Eres un universo de universos
Y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
Hará brotar en ti mundos diversos,
Y al resonar tus números dispersos
Pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
Del pájaro, del aire y la nocturna
Irradiación geométrica adivina;

Mata la indiferencia taciturna
Y engarza perla y perla cristalina
En donde la verdad vuelca su urna.

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¡Oh, mi adorada niña!

28. ¡Oh, mi adorada niña!

¡Oh, mi adorada niña!
Te diré la verdad:
Tus ojos me parecen
Brasas tras un cristal;
Tus rizos, negro luto,
Y tu boca sin par,
La ensangrentada huella
Del filo de un puñal.

Ha recibido 18 puntos

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El poeta pregunta por Stella

29. El poeta pregunta por Stella

Lirio divino, lirio de las Anunciaciones; lirio, florido príncipe, hermano perfumado de las estrellas castas, joya de los abriles. A ti las blancas dianas de los parques ducales; los cuellos de los cisnes, las místicas estrofas de cánticos celestes y en el sagrado empíreo la mano... Ver mas
Lirio divino, lirio de las Anunciaciones;
lirio, florido príncipe,
hermano perfumado de las estrellas castas,
joya de los abriles.

A ti las blancas dianas de los parques ducales;
los cuellos de los cisnes,
las místicas estrofas de cánticos celestes
y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes.

Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios
la primavera imprime:
en tus venas no corre la sangre de las rosas pecadoras,
sino el ícor excelso de las flores insegnes.

Lirio real y lírico
que naces con la albura de las hostias sublimes,
de las cándidas perlas
y del lino sin mácula de las sobrepellices:
¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,
la hermana de Ligera, por quien mi canto a veces es tan triste?

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Carne, celeste carne de la mujer

30. Carne, celeste carne de la mujer

¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla -Dijo Hugo-, ambrosía más bien, ¡oh maravilla!, La vida se soporta, Tan doliente y tan corta, Solamente por eso: Roce, mordisco o beso En ese pan divino Para el cual nuestra sangre es nuestro vino. En ella está la lira, En ella está la rosa... Ver mas
¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla
-Dijo Hugo-, ambrosía más bien, ¡oh maravilla!,
La vida se soporta,
Tan doliente y tan corta,
Solamente por eso:
Roce, mordisco o beso
En ese pan divino
Para el cual nuestra sangre es nuestro vino.
En ella está la lira,
En ella está la rosa,
En ella está la ciencia armoniosa,
En ella se respira
El perfume vital de toda cosa.

Eva y Cipris concentran el misterio
Del corazón del mundo.
Cuando el áureo Pegaso
En la victoria matinal se lanza
Con el mágico ritmo de su paso
Hacia la vida y hacia la esperanza,
Si alza la crin y las narices hincha
Y sobre las montañas pone el casco sonoro
Y hacia la mar relincha,
Y el espacio se llena
De un gran temblor de oro,
Es que ha visto desnuda a Anadiomena.

Gloria, ¡oh potente a quien las sombras temen!
¡Que las más blancas tórtolas te inmolen,
Pues por ti la floresta está en el polen
Y el pensamiento en el sagrado semen!

Gloria, ¡oh sublime, que eres la existencia
Por quien siempre hay futuros en el útero eterno!
¡Tu boca sabe al fruto del árbol de la ciencia
Y al torcer tus cabellos apagaste el infierno!

Inútil es el grito de la legión cobarde
Del interés, inútil el progreso
"Yankee", si te desdeña.
Si el progreso es de fuego, por ti arde.
¡Toda lucha del hombre va a tu beso,
Por ti se combate o se sueña!

Pues en ti existe primavera para el triste,
Labor gozosa para el fuerte,
Néctar, ánfora, dulzura amable.
¡Porque en ti existe
El placer de vivir hasta la muerte
Ante la eternidad de lo probable!

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De otoño

31. De otoño

Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora Con aquella locura armoniosa de antaño? Esos no ven la obra profunda de la hora, La labor del minuto y el prodigio del año. Yo, pobre árbol, produje al amor de la brisa, Cuando empecé a crecer, un vago y dulce son. Pasó ya el tiempo de... Ver mas
Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora
Con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
La labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje al amor de la brisa,
Cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡Dejad al huracán mover mi corazón!

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Del Trópico

32. Del Trópico

¡Qué alegre y fresca la mañanita! Me agarra el aire por la nariz, Los perros ladran, un chico grita Y una muchacha gorda y bonita Sobre una piedra, muele maíz. Un mozo trae por un sendero Sus herramientas y su morral; Otro, con caites y sin sombrero, Busca una vaca con su ternero Para... Ver mas
¡Qué alegre y fresca la mañanita!
Me agarra el aire por la nariz,
Los perros ladran, un chico grita
Y una muchacha gorda y bonita
Sobre una piedra, muele maíz.

Un mozo trae por un sendero
Sus herramientas y su morral;
Otro, con caites y sin sombrero,
Busca una vaca con su ternero
Para ordeñarla junto al corral.

Sonriendo a veces a la muchacha,
Que de la piedra pasa al fogón,
Un sabanero de buena facha,
Casi en cuclillas, afila el hacha
Sobre una orilla del mollejón.

Por las colinas la luz se pierde
Bajo del cielo claro y sin fin;
Ahí el ganado las hojas muerde,
Y hay en los tallos del pasto verde
Escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno curvo y sonoro,
Pasa un vaquero, y a plena luz
Vienen las vacas y un blanco toro,
Con unas manchas color de oro
Por la barriga y en el testuz.

Y la patrona, bate que bate,
Me regocija con la ilusión
De una gran taza de chocolate,
Que ha de pasarme por el gaznate
Con las tostadas y el requesón.

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El soneto de trece versos

33. El soneto de trece versos

¡De una juvenil inocencia Qué conservar sino el sutil Perfume, esencia de su abril, La más maravillosa esencia! Por lamentar a mi conciencia Quedó de un sonoro marfil Un cuento que fue de las mil Y una noches de mi existencia... Scherezada se entredurmió... El visir quedó meditando... Ver mas
¡De una juvenil inocencia
Qué conservar sino el sutil
Perfume, esencia de su abril,
La más maravillosa esencia!

Por lamentar a mi conciencia
Quedó de un sonoro marfil
Un cuento que fue de las mil
Y una noches de mi existencia...

Scherezada se entredurmió...
El visir quedó meditando...
Dinarzarda el día olvidó...
Mas el pájaro azul volvió...

Pero... No obstante... Siempre... Cuando...

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Ite, missa est

34. Ite, missa est

Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa, Virgen como la nieve y honda como la mar; Su espíritu es la hostia de mi amorosa misa, Y alzo al son de una dulce lira crepuscular. Ojos de evocadora, gesto de profetisa, En ella hay la sagrada frecuencia del altar; Su risa es la sonrisa suave... Ver mas
Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa,
Virgen como la nieve y honda como la mar;
Su espíritu es la hostia de mi amorosa misa,
Y alzo al son de una dulce lira crepuscular.

Ojos de evocadora, gesto de profetisa,
En ella hay la sagrada frecuencia del altar;
Su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa,
Sus labios son los únicos labios para besar.

Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;
Apoyada en mi brazo como convaleciente,
Me mirará asombrada con íntimo pavor;

A enamorada esfinge quedará estupefacta,
Apagaré la llama de la vestal intacta,
¡Y la faunesa antigua me rugirá de amor!

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¡Oh, terremoto mental!

35. ¡Oh, terremoto mental!

¡Oh, terremoto mental! Yo sentí un día en mi cráneo Como el caer subitáneo De una Babel de cristal. De Pascal miré el abismo, Y vi lo que pudo ver Cuando sintió Baudelaire El ala del idiotismo. Hay, no obstante, que ser fuerte; Pasar todo precipicio Y ser vencedor del vicio De la... Ver mas
¡Oh, terremoto mental!
Yo sentí un día en mi cráneo
Como el caer subitáneo
De una Babel de cristal.

De Pascal miré el abismo,
Y vi lo que pudo ver
Cuando sintió Baudelaire
El ala del idiotismo.

Hay, no obstante, que ser fuerte;
Pasar todo precipicio
Y ser vencedor del vicio
De la locura y la muerte.

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Primaveral

36. Primaveral

Mes de rosas. Van mis rimas En ronda, a la vasta selva, A recoger miel y aromas En las flores entreabiertas. Amada, ven. El gran bosque Es nuestro templo; allí ondea Y flota un santo perfume De amor. El pájaro vuela De un árbol a otro y saluda Tu frente rosada y bella Como a un alba; y... Ver mas
Mes de rosas. Van mis rimas
En ronda, a la vasta selva,
A recoger miel y aromas
En las flores entreabiertas.
Amada, ven. El gran bosque
Es nuestro templo; allí ondea
Y flota un santo perfume
De amor. El pájaro vuela
De un árbol a otro y saluda
Tu frente rosada y bella
Como a un alba; y las encinas
Robustas, altas, soberbias,
Cuando tú pasas agitan
De los himnos de esa lengua
Sus hojas verdes y trémulas,
Y enarcan sus ramas como
Para que pase una reina.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Mira en tus ojos los míos;
Da al viento la cabellera,
Y que bañe el sol ese aro
De luz salvaje y espléndida.
Dame que aprieten mis manos
Las tuyas de rosa y seda,
Y ría, y muestren tus labios
Su púrpura húmeda y fresca.
Yo voy a decirte rimas,
Tú vas a escuchar risueña;
Si acaso algún ruiseñor
Viniese a posarse cerca
Y a contar alguna historia
De ninfas, rosas y estrellas,
Tú no oirás notas ni trinos,
Sino, enamorada y regia,
Escucharás mis canciones
Fija en mis labios que tiemblan.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Allá hay una clara fuente
Que brota de una caverna,
Donde se bañan desnudas
Las blancas ninfas que juegan.
Ríen al son de la espuma,
Hienden la linfa serena;
Entre polvo cristalino
Esponjan sus cabelleras;
Y saben himnos de amores
En hermosa lengua griega,
Que en glorioso tiempo antiguo
Pan inventó en las florestas.
Amada, pondré en mis rimas
La palabra más soberbia
De la frase de los versos
De los himnos de la lengua;
Y te diré esa palabra
Empapada en miel hiblea...
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Van en sus grupos vibrantes
Revolando las abejas
Como un áureo torbellino
Que la blanca luz alegra;
Y sobre el agua sonora
Pasan radiantes, ligeras,
Con sus alas cristalinas
Las irisadas libélulas.
Oye: canta la cigarra
Porque ama al sol, que en la selva
Su polvo de oro tamiza,
Entre las hojas espesas.
Su aliento nos da en un soplo
Fecundo la madre tierra,
Con el alma de los cálices
Y el aroma de las yerbas.
¿Ves aquel nido? Hay un ave.
Son dos: el macho y la hembra.
Ella tiene el buche blanco,
Él tiene las plumas negras.
En la garganta el gorjeo,
Las alas blancas y trémulas;
Y los picos que se chocan
Como labios que se besan.
El nido es cántico. El ave
Incuba el trino, ¡oh poetas!,
De la lira universal
El ave pulsa una cuerda.
Bendito el calor sagrado
Que hizo reventar las yemas.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Mi dulce musa Delicia
Me trajo un ánfora griega
Cincelada en alabastro,
De vino de Naxos llena;
Y una hermosa copa de oro,
La base henchida de perlas,
Para que bebiese el vino
Que es propicio a los poetas.
En el ánfora está Diana,
Real, orgullosa, esbelta,
Con su desnudez divina
Y en actitud cinegética.
Y en la copa luminosa
Está Venus Citerea
Tendida cerca de Adonis
Que sus caricias desdeña.
No quiere el vino de Naxos
Ni el ánfora de asas bellas,
Ni la copa donde Cipria
Al gallardo Adonis ruega.
Quiero beber del amor
Sólo en tu boca bermeja.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.

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Rima

37. Rima

¿Que no hay alma? ¡Insensatos! Yo la he visto: es de luz... Se asoma a tus pupilas Cuando me miras tú. ¿Que no hay cielo? ¡Mentira! ¿Queréis verle? Aquí está. Muestra, niña gentil, Ese rostro sin par, Y que de oro lo bañe El sol primaveral. ¿Que no hay Dios? ¡Qué blasfemia! Yo he... Ver mas
¿Que no hay alma? ¡Insensatos!
Yo la he visto: es de luz...
Se asoma a tus pupilas
Cuando me miras tú.

¿Que no hay cielo? ¡Mentira!
¿Queréis verle? Aquí está.
Muestra, niña gentil,
Ese rostro sin par,
Y que de oro lo bañe
El sol primaveral.

¿Que no hay Dios? ¡Qué blasfemia!
Yo he contemplado a Dios...
En aquel casto y puro
Primer beso de amor,
Cuando de nuestras almas
Las nupcias consagró.

¿Que no hay infierno? Sí, hay...
Cállate, corazón,
Que esto bien, por desgracia,
Lo sabemos tú y yo.

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Urna votiva

38. Urna votiva

Sobre el caro despojo esta urna cincelo Un amable frescor de inmortal siempreviva Que decore la greca de la urna votiva En la copa que guarda rocío del cielo; Una alondra fugaz sorprendida en su vuelo Cuando fuese a cantar en la rama de oliva, Una estatua de Diana en la selva nativa Que... Ver mas
Sobre el caro despojo esta urna cincelo
Un amable frescor de inmortal siempreviva
Que decore la greca de la urna votiva
En la copa que guarda rocío del cielo;

Una alondra fugaz sorprendida en su vuelo
Cuando fuese a cantar en la rama de oliva,
Una estatua de Diana en la selva nativa
Que la musa Armonía envolviera en su velo.

Tal si fuese escultor con amor cincelara
En el mármol divino que brinda Carrara,
Coronando la obra una lira, una cruz;

Y sería mi sueño, al nacer de la aurora,
Contemplar en la faz de una niña que llora,
Una lágrima llena de amor y de luz.

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Francisca, sé suave

39. Francisca, sé suave

Francisca, sé suave, Es tu dulce deber; Sé para mí un ave Que fuera una mujer. Francisca, sé una flor Y mi vida perfuma, Hecha toda de amor Y de dolor y espuma. Francisca, sé un ungüento Como mi pensamiento; Francisca, sé una flor Cual mi sutil amor; Francisca, sé mujer, Como se... Ver mas
Francisca, sé suave,
Es tu dulce deber;
Sé para mí un ave
Que fuera una mujer.

Francisca, sé una flor
Y mi vida perfuma,
Hecha toda de amor
Y de dolor y espuma.

Francisca, sé un ungüento
Como mi pensamiento;
Francisca, sé una flor
Cual mi sutil amor;
Francisca, sé mujer,
Como se debe ser...

Saber amar y sentir
Y admirar como rezar...
Y la ciencia del vivir
Y la virtud de esperar.

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Venus

40. Venus

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud, bajé al fresco y callado jardín. En el oscuro cielo, Venus bella temblando lucía, Como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín. A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, Que esperaba a su amante, bajo... Ver mas
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud, bajé al fresco y callado jardín.
En el oscuro cielo, Venus bella temblando lucía,
Como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
Que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín,
O que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
Triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

"¡Oh reina rubia! -dije-, mi alma quiere dejar su crisálida
Y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
Y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

Y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar".
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

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Caso

41. Caso

A un cruzado caballero, Garrido y noble garzón, En el palenque guerrero Le clavaron un acero Tan cerca del corazón, Que el físico al contemplarle, Tras verle y examinarle, Dijo: "Quedará sin vida Si se pretende sacarle El venablo de la herida". Por el dolor congojado, Triste... Ver mas
A un cruzado caballero,
Garrido y noble garzón,
En el palenque guerrero
Le clavaron un acero
Tan cerca del corazón,

Que el físico al contemplarle,
Tras verle y examinarle,
Dijo: "Quedará sin vida
Si se pretende sacarle
El venablo de la herida".

Por el dolor congojado,
Triste, débil, desangrado,
Después que tanto sufrió,
Con el acero clavado
El caballero murió.

Pues el físico decía
Que, en dicho caso, quien
Una herida tal tenía,
Con el venablo moría,
Sin el venablo también.

¿No comprendes, Asunción,
La historia que te he contado,
La del garrido garzón
Con el acero clavado
Muy cerca del corazón?

Pues el caso es verdadero;
Yo soy el herido, ingrata,
Y tu amor es el acero:
¡Si me lo quitas, me muero;
Si me lo dejas, me mata!

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Margarita

42. Margarita

¿Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volverá. Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca... Ver mas
¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
Cuando cenamos juntos, en la primera cita,
En una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita
Sorbían el champaña del fino baccarat;
Tus dedos deshojaban la blanca margarita:
"Si... no.. si... no..." ¡Y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de histeria!, llorabas y reías;
Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
Tus risas, tus fragancias, tus quejas eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días,
La muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡Como a una margarita de amor te deshojó!

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¡Oh, miseria de toda lucha por lo divino!

43. ¡Oh, miseria de toda lucha por lo divino!

¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito! Es como el ala de la mariposa Nuestro brazo que deja el pensamiento escrito. Nuestra infancia vale la rosa, El relámpago nuestro mirar, Y el ritmo que en el pecho Nuestro corazón mueve, Es un ritmo de onda de mar, O un caer de copo de nieve, O... Ver mas
¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
Es como el ala de la mariposa
Nuestro brazo que deja el pensamiento escrito.
Nuestra infancia vale la rosa,
El relámpago nuestro mirar,
Y el ritmo que en el pecho
Nuestro corazón mueve,
Es un ritmo de onda de mar,
O un caer de copo de nieve,
O el del cantar
Del ruiseñor,
Que dura lo que dura el perfumar
De su hermana la flor.

¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
El alma que se advierte sencilla y mira claramente
La gracia pura de la luz cara a cara,
Como el botón de rosa, como la coccinela,
Esa alma es la que al fondo del infinito vuela.
El alma que ha olvidado la admiración, que sufre
En la melancolía agria, olorosa a azufre,
De envidiar malamente y duramente, anida
En un nido de topos. Es manca. Está tullida.
¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito!

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Poema del otoño

44. Poema del otoño

Tú que estás la barba en la mano Meditabundo, ¿Has dejado pasar, hermano, La flor del mundo? Te lamentas de los ayeres Con quejas vanas: ¡Aún hay promesas de placeres En los mañanas! Aún puedes casar la olorosa Rosa y el lis, Y hay mirtos para tu orgullosa Cabeza gris. El alma... Ver mas
Tú que estás la barba en la mano
Meditabundo,
¿Has dejado pasar, hermano,
La flor del mundo?

Te lamentas de los ayeres
Con quejas vanas:
¡Aún hay promesas de placeres
En los mañanas!

Aún puedes casar la olorosa
Rosa y el lis,
Y hay mirtos para tu orgullosa
Cabeza gris.

El alma ahíta cruel inmola
Lo que la alegra,
Como Zingua, reina de Angola,
Lúbrica negra.

Tú has gozado de la hora amable,
Y oyes después
La imprecación del formidable
Eclesiastés.

El domingo de amor te hechiza;
Mas mira cómo
Llega el miércoles de ceniza;
Memento, homo...

Por eso hacia el florido monte
Las almas van,
Y se explican Anacreonte
Y Omar Kayam.

Huyendo del mal, de improviso
Se entra en el mal
Por la puerta del paraíso
Artificial.

Y, no obstante, la vida es bella,
Por poseer
La perla, la rosa, la estrella
Y la mujer.

Lucifer brilla. Canta el ronco
Mar. Y se pierde
Silvano oculto tras el tronco
Del haya verde.

Y sentimos la vida pura,
Clara, real,
Cuando la envuelve la dulzura
Primaveral.

¿Para qué las envidias viles
Y las injurias,
Cuando retuercen sus reptiles
Pálidas furias?

¿Para qué los odios funestos
De los ingratos?
¿Para qué los lívidos gestos
De los Pilatos?

¡Si lo terreno acaba, en suma,
Cielo e infierno,
Y nuestras vidas son la espuma
De un mar eterno!

Lavemos bien de nuestra veste
La amarga prosa;
Soñemos en una celeste
Mística rosa.

Cojamos la flor del instante
¡La melodía
De la mágica alondra cante
La miel del día!

Amor a su fiesta convida
Y nos corona.
Todos tenemos en la vida
Nuestra Verona.

Aún en la hora crepuscular
Canta una voz:
"¡Ruth, risueña, viene a espigar
Para Booz!"

Mas coged la flor del instante,
Cuando en Oriente
Nace el alba para el fragante
Adolescente.

¡Oh, niño que con Ecos juegas,
Niños lozanos,
Danzad como las ninfas griegas
Y los silvanos!

El viejo tiempo todo roe
Y va deprisa;
Sabed vencerle, Cintia, Cloe
y Cidalisa.

Trocad por rosas azahares,
Que suena el son
De aquel Cantar de los Cantares
De Salomón.

Príapo vela en los jardines
Que Cipris huella;
Hécate hace aullar los mastines;
Mas Diana es bella,

Y apenas envuelta en los velos
De la ilusión,
Baja a los bosques de los cielos
Por Endimión.

¡Adolescencia! Amor te dora
Con su virtud;
Goza del beso de la aurora,
¡Oh juventud!

¡Desventurado el que ha cogido
Tarde la flor!
¡Y ay de aquel que nunca ha sabido
Lo que es amor!

Yo he visto en tierra tropical
La sangre arder,
Como en un cáliz de cristal,
En la mujer,

Y en todas partes la que ama
Y se consume
Como una flor hecha de llama
Y de perfume.

Abrasaos en esa llama
Y respirad
Ese perfume que embalsama
La humanidad.

Gozad de la carne, ese bien
Que hoy nos hechiza
Y después se tornará en
Polvo y ceniza.

Gozad del sol, de la pagana
Luz de sus fuegos;
Gozad del sol, porque mañana
Estaréis ciegos.

Gozad de la dulce armonía
Que a Apolo invoca;
Gozad del canto, porque un día
No tendréis boca.

Gozad de la tierra, que un
Bien cierto encierra;
Gozad, porque no estáis aún
Bajo la tierra.

Apartad el temor que os hiela
Y que os restringe;
La paloma de Venus vuela
Sobre la Esfinge.

Aún vencen muerte, tiempo y hado
Las amorosas;
En las tumbas se han encontrado
Mirtos y rosas.

Aún Anadiómena en sus lidias
Nos da su ayuda;
Aún resurge en la obra de Fidias
Friné desnuda.

Vive el bíblico Adán robusto,
De sangre humana,
Y aún siente nuestra lengua el gusto
De la manzana.

Y hace de este globo viviente
Fuerza y acción
La universal y omnipotente
Fecundación.

El corazón del cielo late
Por la victoria
De este vivir, que es un combate
Y es una gloria.

Pues aunque hay pena y nos agravia
El sino adverso,
En nosotros corre la savia
Del universo.

Nuestro cráneo guarda el vibrar
De tierra y sol,
Como el ruido de la mar
El caracol.

La sal del mar en nuestras venas
Va a borbotones;
Tenemos sangre de sirenas
Y de tritones.

A nosotros encinas, lauros,
Frondas espesas;
Tenemos carne de centauros
Y satiresas.

En nosotros la vida vierte
Fuerza y calor.
¡Vamos al reino de la muerte
Por el camino del amor!

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¿Que por qué así? No es muy dulce

45. ¿Que por qué así? No es muy dulce

¿Que por qué así? No es muy dulce La palabra, lo confieso. Mas, de esa extraña amargura La explicación está en esto: Después de llorar mis lágrimas Ásperas como el ajenjo, Me alborotó el corazón La tempestad de mis nervios. Siguió la risa al gemido, Y a la iracundia el bostezo, Y a la... Ver mas
¿Que por qué así? No es muy dulce
La palabra, lo confieso.
Mas, de esa extraña amargura
La explicación está en esto:
Después de llorar mis lágrimas
Ásperas como el ajenjo,
Me alborotó el corazón
La tempestad de mis nervios.
Siguió la risa al gemido,
Y a la iracundia el bostezo,
Y a la palabra el insulto,
Y a la mirada el incendio;
Por la puerta de la boca
Lanzó su llama el cerebro,
Y en aquella noche oscura
Y en aquel fondo tan negro,
Con la tempestad del alma
Relampagueó el pensamiento
Y les salieron espinas
A las flores de mis versos.

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Sobre el diván

46. Sobre el diván

Sobre el diván dejé la mandolina Y fui a besar la boca purpurina, La boca de mi hermosa Florentina. Y es ella dulce y rosa y muerde y besa; Y es una boca rosa, fresa; Y Amor no ha visto boca como esa. Sangre, rubí, coral, carmín, claveles, Hay en sus labios finos y crueles, Pimientas... Ver mas
Sobre el diván dejé la mandolina
Y fui a besar la boca purpurina,
La boca de mi hermosa Florentina.

Y es ella dulce y rosa y muerde y besa;
Y es una boca rosa, fresa;
Y Amor no ha visto boca como esa.

Sangre, rubí, coral, carmín, claveles,
Hay en sus labios finos y crueles,
Pimientas fuertes, aromadas mieles.

Los dientes blancos riman como versos,
Y saben esos finos dientes tersos,
Mordiscos caprichosos y perversos.

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Tarde del Trópico

47. Tarde del Trópico

Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo Y el cielo profundo viste De duelo. Del abismo se levanta La queja amarga y sonora. La onda, cuando el viento canta, Llora. Los violines de la bruma Saludan al sol que muere. Salmodia la blanca espuma: Miserere. La armonía... Ver mas
Es la tarde gris y triste.
Viste el mar de terciopelo
Y el cielo profundo viste
De duelo.

Del abismo se levanta
La queja amarga y sonora.
La onda, cuando el viento canta,
Llora.

Los violines de la bruma
Saludan al sol que muere.
Salmodia la blanca espuma:
Miserere.

La armonía del cielo inunda,
Y la brisa va a llevar
La canción triste y profunda
Del mar.

Del clarín del horizonte
Brota sinfonía rara,
Como si la voz del monte
Vibrara.

Cual si fuese lo invisible...
Cual si fuese el rudo son
Que diese al viento un terrible
León.

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Thánatos

48. Thánatos

En medio del camino de la vida... Dijo Dante. Su verso se convierte: En medio del camino de la muerte. Y no hay que aborrecer a la ignorada Emperatriz y reina de la nada. Por ella nuestra tela está tejida, Y ella en la copa de los sueños vierte Un contrario nepente: ¡ella no olvida! Ver mas
En medio del camino de la vida...
Dijo Dante. Su verso se convierte:
En medio del camino de la muerte.
Y no hay que aborrecer a la ignorada
Emperatriz y reina de la nada.
Por ella nuestra tela está tejida,
Y ella en la copa de los sueños vierte
Un contrario nepente: ¡ella no olvida!

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