4. Drácula y Mina Murray
Gary Oldman y Winona Ryder en “Drácula de Bram Stoker” (1992, Francis Ford Coppola)
Ella: Una mujer de la Inglaterra Victoriana, reprimida y sumisa, prometida con el procurador Jonathan Harker, que encontrará el amor, inesperadamente, en un vampiro, el Conde Drácula, lo cual dará un giro de...
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Gary Oldman y Winona Ryder en “Drácula de Bram Stoker” (1992, Francis Ford Coppola)
Ella: Una mujer de la Inglaterra Victoriana, reprimida y sumisa, prometida con el procurador Jonathan Harker, que encontrará el amor, inesperadamente, en un vampiro, el Conde Drácula, lo cual dará un giro de 180 grados a su vida.
Él: El inmortal conde Drácula, vampiro por culpa de su amor maldito con Elizabetta, su amada muerta, a la cual Mina le recuerda inmensamente. Drácula es un monstruo malvado y despiadado pero desesperado, deseando inmensamente volver a amar, nuevamente en su amarga existencia, condenada a la soledad.
Resultado: Mientras que habitualmente, como en las excelentes versiones protagonizadas por Bela Lugosi (1931) y Christopher Lee (1958), Drácula parece que no ama realmente a Mina, más allá de que sea su última conquista, y el vampiro es finalmente destruido por Abraham Van Helsing y Jonathan Harker, en esta versión, la dirigida por Coppola, Drácula también es destruido por ellos, pero su alma es redimida por el amor de Mina, y puede finalmente descansar en paz. Una vez muerto Drácula, se supone que Mina recupera la normalidad y vuelve con su ahora esposo, Harker. Es interesante también, encontrar que en esta versión, si normalmente Drácula mata a Lucy por pura maldad, aquí es meramente por despecho, porque Mina se ha casado con Harker. Una curiosa variante, para el Drácula más emocionalmente vulnerable, así como muy compleja. Es infrecuente esta visión del personaje, aunque no fue el primero Coppola en asumirla, pues en los años 70, Richard Matheson ya describió en su guión al Drácula que protagonizó Jack Palance como un ser atormentado, mientras que en la película española protagonizada y escrita por Paul Naschy, es el propio Drácula el que se suicida por amor, clavándose una estaca en el corazón, en un muy cuestionable final, casi como el de “Blácula”, donde el vampiro también se suicida por amor.
A su vez, en la versión japonesa de animación, el Drácula de 1980, que irónicamente, adapta un comic americano, la excelente “La tumba de Drácula” de Marv Wolfman y Gene Colan, Drácula también es un ser enamorado y atormentado, que llega a tener un hijo humano con su enamorada, aunque el hijo acabe siendo asesinado por uno de los villanos de la historia. Nada que ver con el Drácula de Stephen Sommers en la mediocre “Van Helsing”, que en una de las pocas escenas buenas de la película se describe a sí mismo con una frase que más bien representaría a los Dráculas de Lugosi y Lee: “no siento nada, estoy vacío por dentro, y por ello viviré para siempre”.
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