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MIGUEL HERNÁNDEZ (CENTENARIO DE SU NACIMIENTO)

MIGUEL HERNÁNDEZ (CENTENARIO DE SU NACIMIENTO)

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  • Publicada el 06.05.2010 a las 02:10h.
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Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de Octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial epígono de la generación del 27.

Este año se celebra el primer centenario de su nacimiento. Vota por los aspectos de su vida y poemas que te parezcan más relevantes. 

 

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

1. Elegia a Ramón Sijé

Elegia a Ramón Sijé

. (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.) . Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. . Alimentando lluvias, caracoles Y órganos mi dolor sin instrumento, a... Ver mas
.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
.
(1 0 de enero de 1936)

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2. Nanas de la cebolla

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo negro y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchaba de azúcar, cebolla y sangre... Ver mas
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.



En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchaba de azúcar,
cebolla y sangre.



Una mujer morena,
resuelta en luna,
derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríeta, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.



Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.



Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.



Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.



La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!



Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.



Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!



Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.



Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.



Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Ha recibido 713 puntos

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3. Para la libertad

Para la libertad

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como... Ver mas
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

Ha recibido 703 puntos

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4. Aceituneros

Aceituneros

Andaluces de Jaén Aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos? No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor. Unidos al agua pura, y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de los troncos... Ver mas
Andaluces de Jaén
Aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura,
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántante, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Arboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién ,
de quién son estos olivos?

Jaén, levantante brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

Ha recibido 606 puntos

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5. El niño yuntero

El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo... Ver mas
Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Ha recibido 591 puntos

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6. Viento del pueblo. Poesía en la guerra (1937)

Viento del pueblo. Poesía en la guerra (1937)

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta. Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su... Ver mas
VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Ha recibido 581 puntos

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7. El rayo que no cesa (1936)

El rayo que no cesa (1936)

publicado por primera vez en 1936. Se trata de un poemario de temática amorosa, compuesto principalmente por sonetos, y es probablemente la obra más acabada del poeta.[prólogo y epílogo biográfico, Rafael Alberti)

Ha recibido 507 puntos

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8. Menos tu vientre

Menos tu vientre

Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo

Ha recibido 480 puntos

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9. Carta (a Josefina)

Carta (a Josefina)

El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos... Ver mas
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.


Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.


Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.


Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.


Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.


Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.


Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.


Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.


Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.


Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.

Ha recibido 474 puntos

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Después del amor

10. Después del amor

No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio... Ver mas
No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro.
En lo oscuro insiste el otro.
Porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido.

El amor, pálido y solo.

Cansado de odiar, te amo.
Cansado de amar, te odio.

Llueve tiempo, llueve tiempo.
Y un día triste entre todos,
triste por toda la tierra,
triste desde mí hasta el lobo,
dormimos y despertamos
con un tigre entre los ojos.

Piedras, hombres como piedras,
duros y plenos de encono,
chocan en el aire, donde
chocan las piedras de pronto.

Soledades que hoy rechazan
y ayer juntaban sus rostros.
Soledades que en el beso
guardan el rugido sordo.
Soledades para siempre.
Soledades sin apoyo.

Cuerpos como un mar voraz,
entrechocado, furioso.

Solitariamente atados
por el amor, por el odio.
Por las venas surgen hombres,
cruzan las ciudades, torvos.

En el corazón arraiga
solitariamente todo.
Huellas sin compaña quedan
como en el agua, en el fondo.

Sólo una voz, a lo lejos,
siempre a lo lejos la oigo,
acompaña y hace ir
igual que el cuello a los hombros.

Sólo una voz me arrebata
este armazón espinoso
de vello retrocedido
y erizado que me pongo.

Los secos vientos no pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su cárcel de agosto
porque esa voz es el arma
más tierna de los arroyos:

«Miguel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,
antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso».

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

Ha recibido 462 puntos

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Te me mueres de casta y de sencilla

11. Te me mueres de casta y de sencilla

Te me mueres de casta y de sencilla: estoy convicto, amor, estoy confeso de que, raptor intrépido de un beso, yo te libé la flor de la mejilla. Yo te libé la flor de la mejilla, y desde aquella gloria, aquel suceso, tu mejilla, de escrúpulo y de peso, se te cae deshojada y amarilla... Ver mas
Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.



Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.



El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.



Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.

Ha recibido 453 puntos

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12. Las cárceles

Las cárceles

Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo, van por la tenebrosa vía de los juzgados: buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen, lo absorben, se lo tragan. No se ve, no se escucha la pena de metal, el sollozo del hierro que atropellan y escupen: el llanto de la espada... Ver mas
Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,
van por la tenebrosa vía de los juzgados:
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.

No se ve, no se escucha la pena de metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espada puesta sobre los jueces
de cemento fangoso.

Allí, bajo la cárcel, la fábrica del llanto,
el telar de la lágrima que no ha de ser estéril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden.

Cuando están las perdices más roncas y acopladas,
y el azul amoroso de las fuerzas expansivas,
un hombre hace memoria de la luz, de la tierra,
húmedamente negro.

Se da contra las piedras la libertad, el día,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisión de espuma,
la libertad, un hombre.

Un hombre que cosecha y arroja todo el viento
desde su corazón donde crece un plumaje:
un hombre que es el mismo dentro de cada frío,
de cada calabozo.

Un hombre que ha soñado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
y estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.


II

Aquí no se pelea por un buey desmayado,
sino por un caballo que ve pudrir sus crines,
y siente sus galopes debajo de los cascos
pudrirse airadamente.

Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla,
y desencadenad el corazón del mundo,
y detened las fauces de las voraces cárceles
donde el sol retrocede.

La libertad se pudre desplumada en la lengua
de quienes son sus siervos más que sus poseedores.
Romped esas cadenas, y las otras que escucho
detrás de esos esclavos.

Esos que sólo buscan abandonar su cárcel,
su rincón, su cadena, no la de los demás.
Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma,
enmohecen, se arrastran.

Son los encadenados por siempre desde siempre.
Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe:
sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra
como si yo estuviera.

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atarás el alma.

Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita.
Hierros venenosos, cálidos, sanguíneos eslabones,
nudos que no rechacen a los nudos siguientes
humanamente atados.

Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio,
tenso, conmocionado, con la oreja aplicada.
Porque un pueblo ha gritado ¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan.

Ha recibido 444 puntos

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Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

13. Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

con la guerra su poesía sufre un cambio. No una transformación profunda, pero sí un aumento de la exaltación y la acción. Destinado a la 6ª División, pasa por Valencia y, más tarde, con el final de la guerra, a Madrid, de nuevo con Cossío. Su situación es delicada. Intenta conseguir refugio... Ver mas
con la guerra su poesía sufre un cambio. No una transformación profunda, pero sí un aumento de la exaltación y la acción. Destinado a la 6ª División, pasa por Valencia y, más tarde, con el final de la guerra, a Madrid, de nuevo con Cossío. Su situación es delicada. Intenta conseguir refugio diplomático, lo que no logra. Vuelve a Orihuela y, al ir cerrándosele los frentes de la guerra, marcha para Sevilla. Allí busca la ayuda de unos amigos y, al no conseguirla, pretende salir por la frontera portuguesa, en ingenuo afán de no caer prisionero. Las autoridades del gobierno fascista de Salazar devuelven a cuantos intentan ese refugio. Apresado en Rosal de la Frontera, pasa a la cárcel de Sevilla y, de allí, a la de la calle de Torrijos, en Madrid, de la cual sale en septiembre de 1939 sin haber sido procesado ni juzgado. Su segunda ingenuidad fue volver inmediatamente a Orihuela con los suyos. Allí le entregará a Josefina un cuaderno gris, que titula Cancionero y romancero de ausencias, donde, a lápiz, ha ido transcribiendo en la cárcel casi 80 poemas. Una delación lo lleva a ser detenido. En su pereginación por diversas cárceles seguirá escribiendo poemas que posteriormente —por su temática y estilo— completarán este libro. Otros poemas de esta época, escritos en diversas estrofas de arte mayor, aunque conservan los temas del Cancionero…, por su forma y estilo se han considerado como Poemas Últimos, aunque la palabra “últimos” no debe interpretarse como posteriores a este libro. Es por esto que los incluimos en el siguiente apartado.

Trasladado a Madrid en noviembre, coincide en la cárcel de la plaza Conde de Toreno con Antonio Buero Vallejo. Es juzgado y condenado a muerte, en marzo de 1940, por su participación en la contienda al lado de la República. Se le conmuta la pena a la inmediata inferior de treinta años, gracias a la mediación de varios amigos intelectuales próximos al régimen del general Franco (José Mará de Cossío, Carlos Sentís, Rafael Sánchez-Mazas, Dionisio Ridruejo, José María Alfaro…) y pasa a la prisión de Palencia en septiembre de 1940, al Penal de Ocaña en noviembre, y, por fin, en el verano de 1941, al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde cae enfermo de gravedad, hasta morir el 28 de marzo de 1942. Su cadáver quedó en un nicho del cementerio de esta ciudad

Ha recibido 436 puntos

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14. Perito en lunas (1933)

Perito en lunas (1933)

Perito en lunas fue el primer libro de poemas publicado por Miguel Hernández, y en él se aprecia la influencia del gongorismo que afectó a todos los componentes de la llamada Generación del 27, de la que Miguel Hernández suele ser considerado un miembro tardío. Los 42 poemas de que consta el... Ver mas
Perito en lunas fue el primer libro de poemas publicado por Miguel Hernández, y en él se aprecia la influencia del gongorismo que afectó a todos los componentes de la llamada Generación del 27, de la que Miguel Hernández suele ser considerado un miembro tardío. Los 42 poemas de que consta el libro muestran una gran destreza verbal e imaginativa, empleada para oscurecer el contenido de los poemas, hasta el punto de que Gerardo Diego los denominó "acertijos poéticos" cuyos temas suelen ser objetos cotidianos elevados a la categoría de objetos artísticos. La estrofa elegida (la octava real) es también una muestra de su deuda con Luis de Góngora, ya que esta misma estrofa fue usada por el poeta cordobés en sus Soledades.

Ha recibido 435 puntos

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15. Poemas Últimos (1938-1941)

Poemas Últimos  (1938-1941)

Como decíamos en el apartado anterior, otros poemas de esta época, aunque conservan los temas del Cancionero…, por su forma y estilo se han considerado como Poemas Últimos, aunque la palabra ''últimos'' no debe interpretarse como posteriores a este libro. Se trata de poemas de mayor... Ver mas
Como decíamos en el apartado anterior, otros poemas de esta época, aunque conservan los temas del Cancionero…, por su forma y estilo se han considerado como Poemas Últimos, aunque la palabra ''últimos'' no debe interpretarse como posteriores a este libro. Se trata de poemas de mayor extensión y de arte mayor, que no pueden clasificarse como canciones o romances. Es por ello que nos encontramos ante poemas que, a pesar de su distinta estructura formal, coinciden en gran manera con el libro anterior en temas y rasgos estilísticos. Estos poemas quedan, por tanto, separados del Cancionero....

Ha recibido 426 puntos

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El hombre acecha (1939)

16. El hombre acecha (1939)

El hombre acecha, es cronológicamente, el segundo libro de poesía escrito por Miguel Hernández durante la Guerra Civil. Suspoemas comienzan a gestarse en 1937, de manera que alguno de estos poemas es contemporáneo de piezas recogidas en Viento del pueblo. Las referencias conocidas hasta hoy... Ver mas
El hombre acecha, es cronológicamente, el segundo libro de poesía escrito por Miguel Hernández durante la Guerra Civil. Suspoemas comienzan a gestarse en 1937, de manera que alguno de estos poemas es contemporáneo de piezas recogidas en Viento del pueblo.

Las referencias conocidas hasta hoy dan como organismo encargado de la edición de El hombre acecha a la Subsecretaría de Propaganda a través de la Sección de Publicaciones del Comisariado del Cuartel General del Grupo de Ejércitos, que atestiguan que el trabajo se llevó a término en la imprenta Tipográfica Moderna de la calle Avellanas 9, de Valencia. A finales de 1938, Rafael Pérez Contel, director artístico de Ediciones de la mencionada Subsecretaría, trabajaba en la edición de tres libros: un volumen de Canciones de lucha, del que se lanzaron 50.000 ejemplares, y que es una recopilación de cantos de guerra e himnos de unidades militares del Ejército de la República, así como las ediciones del número tres de la revista Comisario, y de El hombre acecha, cuyo original manuscrito le entregó personalmente Miguel Hernández.
Ante el derrumbe de los frentes republicanos y la toma de Valencia por las tropas del general Franco, estos pliegos llamados en capillas, junto con otros materiales allí depositados y abandonados, fueron primeramente incautados y posteriormente destruidos, tomando algunas personas para sí ejemplares de diversas publicaciones, entre ellas pliegos de la tirada de El hombre acecha. Desaparecieron entonces todas las copias, excepto dos: una en posesión de Antonio Rodríguez-Moñino y otra que formaba parte de la colección particular de José Mª de Cossío y Martínez Fortún.

Se conoce una copia mecanografiada, obtenida en 1943 por Leopoldo de Luis. Esta copia se envió a la Editorial Losada en 1948 con vistas a la edición de Obras Completas, que no apareció hasta 1960. De esta copia se extrajeron una selección de poemas para la edición de Obra escogida (Madrid, Aguilar, 1952), prologada por Arturo del Hoyo. Esta selección es realizada por Vicente Aleixandre y Arturo del Hoyo, donde no aparece el poema «Los hombres viejos». Todas las ediciones que posteriormente vieron la luz se basaron en esta obra de una forma u otra.

Sin embargo, actualmente se conocen dos copias completas de El hombre acecha sin encuadernar. La primera se anunció en el año 1979, en un artículo del suplemento Informaciones de las Artes y las Letras de Madrid, del periódico Informaciones, en el que María de Gracia Ifach revela que Víctor Infantes de Miguel (joven profesor de la Complutense) ha hallado un ejemplar impecable de El hombre acecha en 1979, ubicado en la biblioteca de doña María Brey Mariño, filóloga y viuda del académico y bibliófilo don Antonio Rodríguez-Moñino.

La segunda copia completa de El hombre acecha sin encuadernar, se conservaba en la biblioteca de José María Cossío, y se publicó por primera en una edición facsímil, fiel reproducción de la primera edición de 1939, a cargo de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, Madrid, CUPSA Editorial, 1978. Otra edición facsímil fue realizada en 1981 por los autores anteriormente citados en Ediciones de La Casona de Tudanca, Diputación Provincial de Cantabria. El ilustre académico don José María de Cossío había salvado de la destrucción bélica buena parte de la obra de Miguel Hernández y de otros muchos poetas, depositada posteriormente en su casona hidalga de Tudanca.

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17. Antes del odio

Antes del odio

Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me lo bebo yo, y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor... Ver mas
Beso soy, sombra con sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.

Corazón en una copa
donde me lo bebo yo,
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor!

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansio de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado.
Sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y no abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo paz y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.

Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.
Esperanza, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión:
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.

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18. Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda

Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda

Para cantar ¡qué rama terminante, qué espeso aparte de escogida selva, qué nido de botellas, pez y mimbres, con qué sensibles ecos, la taberna! Hay un rumor de fuente vigorosa que yo me sé, que tú, sin un secreto, con espumas creadas por los vasos y el ansia de brotar y prodigarse... Ver mas
Para cantar ¡qué rama terminante,
qué espeso aparte de escogida selva,
qué nido de botellas, pez y mimbres,
con qué sensibles ecos, la taberna!

Hay un rumor de fuente vigorosa
que yo me sé, que tú, sin un secreto,
con espumas creadas por los vasos
y el ansia de brotar y prodigarse.

En este aquí más íntimo que un alma,
más cárdeno que un beso de invierno,
con vocación de púrpura y sagrario,
en este aquí te cito y te congrego,
de este aquí deleitoso te rodeo.

De corazón cargado, no de espaldas,
con una comitiva de sonrisas
llegas entre apariencias de océano
que ha perdido sus olas y sus peces
a fuerza de entregarlos a la red y a la playa.

Con la boca cubierta de raíces
que se adhieren al beso como ciempieses fieros,
pasas ante paredes que chorrean
capas de cardenales y arzobispos,
y mieras, arropías, humedades
que solicitan tu asistencia de árbol
para darte el valor de la dulzura.

Yo que he tenido siempre dos orígenes
un antes de la leche en mi cabeza
y un presente de ubres en mis manos;
yo que llevo cubierta de montes la memoria
y de tierra vinícola la cara,
esta cara de surco articulado:
yo que quisiera siempre, siempre, siempre,
habitar donde habitan los collares:
en un fondo de mar o en un cuello de hembra,
oigo tu voz, tu propia caracola,
tu cencerro dispuesto a ser guitarra,
tu trompa de novillo destetado,
tu cuerno de sollozo invariable.

Viene a tu voz el vino episcopal,
alhaja de los besos y los vasos
informado de risas y solsticios,
y malogrando llantos y suicidios,
moviendo un rabo lleno de rubor y relámpagos,
nos relame, buey bueno, nos circunda
de lenguas tintas, de efusivo oriámbar,
barriles, cubas, cántaros, tinajas,
caracolas crecidas de cadera
sensibles a la música y al galope,
y una líquida pólvora nos alumbra y nos mora,
y entonces le decimos al ruiseñor que beba
y su lengua será más fervorosa.

Órganos liquidados, tórtolas y calandrias
exprimidas y labios desjugados;
imperios de granadas informales,
toros, sexos y esquilas derretidos,
desembocan temblando en nuestros dientes
e incorporan sus altos privilegios
con toda propiedad a nuestra sangre.

De nuestra sangre ahora surten crestas,
espolones, cerezas y amarantos;
nuestra sangre de sol sobre la trilla
vibra martillos, alimenta fraguas,
besos inculca, fríos aniquila,
ríos por desbravar, potros esgrime
y espira por los ojos, los dedos y las piernas
toradas desmandadas, chivos locos.

Corros en ascuas de irritadas siestas,
cuando todo tumbado es tregua y horizonte
menos la sangre siempre esbelta y laboriosa,
nos introducen en su atmósfera agrícola:
racimos asaltados por avispas coléricas
y abejorros teñidos; racimos revolcados
en esas delicadas polvaredas
que hacen en su alboroto mariposas y lunas;
culebras que se elevan y silban sometidas
a un régimen de luz dictatorial;
chicharras que conceden por sus élitros
aeroplanos, torrentes, cuchillos afilándose,
chicharras que anticipan la madurez del higo,
libran cohetes, elaboran sueños,
trenzas de esparto, flechas de insistencia
y un diluvio de furia universal.

Yo te veo entre vinos minerales
resucitando condes, desenterrando amadas,
recomendando al sueño pellejos cabeceros,
recomendables ubres múltiples de pezones,
con una sencillez de bueyes que sestean.
Cantas, sangras y cantas; te pones a sangrar
y no son suficientes tus heridas
ni el vientre todo tallo donde tu sangre cuaja.
Cantas, sangras y cantas.
Sangras y te ensimismas
como un cordero cuando pace o sueña.
Y miras más allá de los allases
con las venas cargadas de mujeres y barcos,
mostrando en cada parte de tus miembros
la bipartita huella de una boca,
la más dulce pezuña que ha pisado
mientras estás sangrando al compás de los grifos.

A la vuelta de ti, mientras cantas y estragas
como una catarata que ha pasado
por entrañas de aceros y mercurios,
en tanto que demuestras desangrándote
lo puro que es soltar las riendas a las venas,
y veo entre nosotros coincidencias de barro,
referencias de ríos que dan vértigo y miedo
porque son destructoras, casi rayos,
sus corrientes que todo lo arrebatan;
a la vuelta de ti, a la del vino,
millones de rebeldes al vino y a la sangre
que miran boquiamargos, cejiserios,
se van del sexo al cielo, santos tristes,
negándole a las venas y a las viñas
su desembocadura natural:
la entrepierna, la boca, la canción,
cuando la vida pasa con las tetas al aire.

Alrededor de ti y el vino, Pablo,
todo es chicharra loca de frotarse,
de darse a la canción y a los solsticios
hasta callar de pronto hecha pedazos,
besos de pura cepa, brazos que han comprendido
su destino de anillo, de pulsera: abrazar.

Luego te callas, pesas con tu gesto de hondero
que ha librado la piedra y la ha dejado
cuajada en un lucero persuasivo,
y vendimiando inconsolables lluvias,
procurando alegría y equilibrio,
te encomiendas al alba y las esquinas
donde describes letras y serpientes
con tu palma de orín inacabable,
te arrancas las raíces que te nacen
en todo lo que tocas y contemplas
y sales a una tierra bajo la cual existen
yacimientos de cuernos, toreros y tricornios.

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19. ¿No cesará este rayo que me habita?

¿No cesará este rayo que me habita?

¿No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras y de fraguas coléricas y herreras donde el metal más fresco se marchita? ¿No cesará esta terca estalactita de cultivar sus duras cabelleras como espadas y rígidas hogueras hacia mi corazón que muge y grita... Ver mas
¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?



¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?



Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.



Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

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20. Guerra

Guerra

Todas las madres del mundo, ocultan el vientre, tiemblan, y quisieran retirarse a virginidades ciegas, el origen solitario y el pasado sin herencia. Pálida, sobrecogida la fecundidad se queda. El mar tiene sed y tiene sed de ser agua la tierra. Alarga la llama el odio y el amor cierra... Ver mas
Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.

La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.

Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.

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21. El silbo vulnerado (1934)

El silbo vulnerado (1934)

Hernández escribe El silbo vulnerado (1934) con evidentes resonancias místicas. En El silbo vulnerado primitivo los temas principales son el aire libre, la pastoría… es decir el juego de convivencia entre el poeta y su entorno junto a la influencia de los clásicos entre los que podemos destacar... Ver mas
Hernández escribe El silbo vulnerado (1934) con evidentes resonancias místicas. En El silbo vulnerado primitivo los temas principales son el aire libre, la pastoría… es decir el juego de convivencia entre el poeta y su entorno junto a la influencia de los clásicos entre los que podemos destacar a Garcilaso de la Vega y San Juan de la Cruz, sobre todo, además de Góngora, Quevedo, Boscán… dando paso a un segundo «Silbo» influenciado por Benjamín Palencia que desembocaría en un tercero definitivo donde Hernández refleja sus objetivos como poeta. El conjunto de estos «Silbos» dan lugar a lo que en 1935 denominaría el poeta Imagen de tu huella, dando forma a la obra. Dicha denominación sería muy breve al ser sustituida en poco tiempo por el proyecto que acabo titulando El Rayo que no cesa compuesto por 30 poemas, diez de los cuales toma de este libro.

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22. Canción última

Canción última

Pintada, no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias. Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruinosa cama. Florecerán los besos sobre las almohada. Y en torno de los cuerpos elevará la sábana su inmensa enredadera... Ver mas
Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohada.

Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su inmensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.

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23. Elegía Primera (dedicada a Lorca)

Elegía Primera (dedicada a Lorca)

Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas, y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras. Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra... Ver mas
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.

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24. Canción del esposo soldado

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo. Morena de altas torrres, alta luz y ojos altos, esposa de piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mi dando... Ver mas
He poblado tu vientre de amor y sementera
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torrres, alta luz y ojos altos,
esposa de piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al mas leve tropiezo
y a reforzar tus penas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una loca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garra.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un dia iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y de brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
De Vientos del Pueblo

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25. La boca

La boca

Boca que arrastra mi boca. Boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a... Ver mas
Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.

Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡ Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
Vida, Muerte, Amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

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26. Tengo estos huesos hechos a las penas

Tengo estos huesos hechos a las penas

Tengo estos huesos hechos a las penas y a las cavilaciones estas sienes: pena que vas, cavilación que vienes como el mar de la playa a las arenas. Como el mar de la playa a las arenas, voy en este naufragio de vaivenes, por una noche oscura de sartenes redondas, pobres, tristes y... Ver mas
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Ha recibido 361 puntos

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Poemas de adolescencia

27. Poemas de adolescencia

Se conservan más de 100 poemas de esta época iniciática. Son los poemas que han quedado en llamarse: «periodo cíclico de Perito en lunas». Los poemas primeros de Hernández, no publicados en vida y que han quedado autógrafos en un cuadernillo que el poeta conservó siempre, son en su mayoría de... Ver mas
Se conservan más de 100 poemas de esta época iniciática. Son los poemas que han quedado en llamarse: «periodo cíclico de Perito en lunas». Los poemas primeros de Hernández, no publicados en vida y que han quedado autógrafos en un cuadernillo que el poeta conservó siempre, son en su mayoría de arte menor

Ha recibido 360 puntos

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28. Primeros poemas sueltos

Primeros poemas sueltos

Entre Perito en lunas y El silbo vulnerado, media un grupo de poemas de variada inspiración en los que se perciben numerosas resonancias junto a personalísimos atisbos de originalidad. Dos poemas de tema taurino —«Corrida real» y «Citación fatal« y el titulado «Vuelo vulnerado» muestran... Ver mas
Entre Perito en lunas y El silbo vulnerado, media un grupo de poemas de variada inspiración en los que se perciben numerosas resonancias junto a personalísimos atisbos de originalidad. Dos poemas de tema taurino —«Corrida real» y «Citación fatal« y el titulado «Vuelo vulnerado» muestran todavía huellas de neogongorismo. Rotundas metáforas (“gabriel de las imprentas” —cartel—; “novia de sangre” —plaza—; “barítono pastor de gasolina” —avión—…) se enfrentan con versos de honda sinceridad desnuda (“morir es una suerte / como vivir: ¡de qué, de qué manera! / supiste ejecutarla […]”). Y es precisamente en el citado poema elegíaco «Citación fatal« en donde el toro —metáfora e imagen simbólica que culminará en El rayo que no cesa— se hace símbolo de la muerte: “Salió la muerte astada, / palco de banderillas […]”. Y, a la inversa, la muerte se convierte en toro amenazador.

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Otros poemas sueltos (1935-1936)

29. Otros poemas sueltos (1935-1936)

(1935-1936) Entre los poemas sueltos que escribe Miguel Hernández por estos años, se destacan: «Oda entre arena y piedra a Vicente Aleixandre», «Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda», «Me sobra el corazón», «Mi sangre es un camino», la «Égloga» a Garcilaso y «Sino sangriento». Excepto... Ver mas
(1935-1936)

Entre los poemas sueltos que escribe Miguel Hernández por estos años, se destacan: «Oda entre arena y piedra a Vicente Aleixandre», «Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda», «Me sobra el corazón», «Mi sangre es un camino», la «Égloga» a Garcilaso y «Sino sangriento».

Excepto los dos últimos, los demás señalan una liberación de la forma clásica. El poeta se entrega a la expresión libre al calor de la influencia de las nuevas tendencias de la “poesía impura”, llegada a España a manos de Pablo Neruda, y por medio de los poetas de la revista Caballo Verde para la Poesía. Ni conceptismo barroco ni rígidos cánones métricos. Imágenes surrealistas, verso libre, aire de renovación. Nuevos aires que contribuyen a robustecer el numen y la expresión de Miguel Hernández, que cada día se mostraba más sombrío. Y en esa revista publicó «Vecino de la muerte» (octubre de 1935) junto a poemas de Aleixandre, Molinari, Lorca, Leopoldo Panero y otros ya consagrados. En aquel mismo número veía la luz un editorial: «Sólo una poesía sin pureza», manifiesto de algo que ya estaba escrito, pero que habría de cobrar a partir de entonces mayor vigor: la influencia de Neruda y Aleixandre sobre la poesía de Miguel Hernández. Ellos transformaron su horizonte. Pablo Neruda y Vicente Aleixandre le alejan de los clásicos y le acercan otro mundo: el de Residencia en la tierra del primero y el de La destrucción o el amor del segundo. Lo único que no cambia es su “dolorido sentir”, su pasión de hombre. Astros, cosas, manotazos, sangre, abrupta pena, nardos, piedras… se entremezclan en esta nueva poesía que le sale a borbotones, en largos poemas en verso libre pero en los que aún flotan, y a veces prevalecen, perfectos endecasílabos, aunque sin rima.

Miguel Hernández escribe su «Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda», en la que, según afirmó Marié Chevalier, es evidente el reflejo de dos poemas nerudianos, el poema número 1 de El hondero entusiasta, «Hago girar mis brazos como dos aspas locas» y «Estatuto del vino» de Residencia en la tierra, sin que pueda negarse la presencia de los dos poemas en la «Oda…», a nuestro entender, no es sólo la fascinación por Neruda la que le conduce a retratarlo o describirlo con imágenes derivadas de sus propios poemas, sino que la percepción que Miguel tenía de su amigo era coincidente con la que el mismo reflejaba. Esta «Oda…», según F. Martínez Marín, debió ser compuesta en septiembre de 1935. Ya en la primavera del mismo año, refiriéndose a su cambio poético, escribe a Juan Guerrero: “[…] estaba mintiendo a mi voz y a mi naturaleza hasta más no poder, estaba tricionándome y suicidándome lentamente”, al mismo tiempo que expresaba su distanciamiento de “la política católica y dañina de Cruz y Raya” y de “la exacerbada y triste revista de nuestro amigo Sijé” (El Gallo Crisis). Responde, pues, esta «Oda…» a los principios de la “poesía impura” iniciados por Neruda, donde caben motivos sexuales o temas sórdidos como proyección del mundo reprimido por el subsconciente. El poeta cita a Neruda, a la intimidad de la taberna (v. 12) y evoca su mundo desorganizado y caótico de caracolas, cencerros, novillos, cuernos, cántaros tinajas, sexo y toros, todo presidido por el vino como símbolo de esa embriaguez a que Neruda se entrega al disfrute sensual de la realidad multiforme. Termina describiendo la salida de la taberna (vv. 128-134). En ese sencillo marco homenajea al poeta con frases muy nerudianas como esa naturaleza pletórica de vitalidad, desbordada e incontenible. como diría más adelante el poeta oriolano: “versos completamente anárquicos” […] “voz pasional, desolada, tierna y lúgubre”.

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30. Umbrío por la pena, casi bruno

Umbrío por la pena, casi bruno

Umbrío por la pena, casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla, donde yo no me hallo no se halla hombre más apenado que ninguno. Sobre la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel, pero importuno. Cardos y... Ver mas
Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

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31. Hoy me sobra el corazón

Hoy me sobra el corazón

Hoy estoy sin saber yo no sé como hoy estoy para penas solamente, hoy no tengo amistad, hoy sólo tengo ansias de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato. Hoy reverdece aquella espina seca, hoy es día de llantos en mi reino, hoy descarga en mi pecho el... Ver mas
Hoy estoy sin saber yo no sé como
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella,
y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?... no se por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo ahí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
que incomformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra el corazón.

Hoy descorazonarme,
yo el más descorazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

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