6. Cuatro hermanos sordomudos son ejemplo de superación
Pese a su discapacidad, se ganan la vida tejiendo mochilas, elaborando piezas en madera y como prestamistas.
Los hermanos Rodríguez Murcia nacieron en un universo donde no hay sonidos. Los cuatro, José Antonio y Ángel María (gemelos, de 41 años), Marcos Aurelio y Luis Enrique, de 37 y 32 años...
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Pese a su discapacidad, se ganan la vida tejiendo mochilas, elaborando piezas en madera y como prestamistas.
Los hermanos Rodríguez Murcia nacieron en un universo donde no hay sonidos. Los cuatro, José Antonio y Ángel María (gemelos, de 41 años), Marcos Aurelio y Luis Enrique, de 37 y 32 años, padecen de una enfermedad congénita que les impide hablar y escuchar.
Son sordomudos, a pesar de que sus padres y sus tres hermanas mayores no lo son. Sin embargo, para ellos su discapacidad no es ningún problema. Han aprendido a convivir en medio del silencio absoluto y se declaran tan felices como cualquier otro cristiano.
Nacieron en Ráquira, pero se criaron en la vereda Santa Bárbara, de Tinjacá, donde viven actualmente con sus padres, en una pequeña parcela donde tienen cultivos de duraznos, maíz y yuca.
De los cuatro, sólo los gemelos, José Antonio y Ángel María, fueron a la escuela. Allí aprendieron a leer y escribir, a sumar y a restar. Y luego, ellos les enseñaron lo mismo a sus otros dos hermanos.
Dicen, por medio del lenguaje de señas que ellos mismos se inventaron (nunca han ido a un instituto para sordos), que no siguieron estudiando porque no había dinero ni tiempo. Tenían que trabajar.
Cada vez que bajan al pueblo, los domingos, los pobladores de Tinjacá los saludan con expresiones de afecto. Se han dado a querer no sólo por su simpatía sino por su espíritu de superación.
Hace varios años aprendieron con pulcritud a tejer mochilas, al mejor estilo de los indígenas arawaco. Es común verlos recorrer las calles del pueblo ofreciendo sus creaciones a propios y visitantes. Cuentan a través de su sobrina Sonia (quien interpreta sus señas) que los mejores clientes son los extranjeros, que pagan lo justo y no piden rebaja.
También elaboran molinillos, cucharas y cucharones de madera, que cobran de acuerdo con su tamaño.
Con la misma entrega, cuidan los cultivos de su parcela y se emplean como jornaleros, cuando los contratan. "Son muy trabajadores y responsables, por eso la gente los quiere", señala Adriano, vecino de Tinjacá.
Editado el Voces el Lunes a las 10:45:00, el 18 septiembre del 2006.
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