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LOS REYES MAGOS.

LOS REYES MAGOS.

Publicada el 09.07.2010 a las 22:11h.

''La historia cuenta que los Reyes Magos vinieron de Oriente, y que eran tres, que iban guiándose por una estrella (conocida como La Estrella de Belén) que les condujo hasta el pesebre donde nació el niño Jesús. Cuando estuvieron junto al recién nacido, lo adoraron trayéndole oro, incienso y mirra''. SU FESTIVIDAD ES EL 6 DE ENERO LOS REYES MAGOS (también conocidos como los ''Reyes Magos de Oriente'' o ''Santos Reyes'') es el nombre por el que la tradición denomina a los visitantes... (continuar leyendo)

Etiquetas: artabán  bcn  biblia  cdad  estrella  evangelio  incienso  jesús  leyenda  magos  mateo  mirra  nacimiento  oriente  oro  regalos  religion  reyes  seis 

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Último acceso 07.03.2017

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MELCHOR

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MELCHOR

Melchor (o Magalath en hebreo y Apellicon en griego) es un anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color, se dice que venía de Europa; su regalo para Jesús es Oro (el símbolo del Rey), representando de esta forma su naturaleza real, como presente conferido a los reyes. ¿POR QUÉ... Ver mas

Melchor (o Magalath en hebreo y Apellicon en griego) es un anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color, se dice que venía de Europa; su regalo para Jesús es Oro (el símbolo del Rey), representando de esta forma su naturaleza real, como presente conferido a los reyes.

¿POR QUÉ MELCHOR VA EL PRIMERO?: El rey Baltasar no estaba de acuerdo
con el orden de la caravana.
-Yo debería de ir el primero.
El rey Gaspar no estaba de acuerdo
con el orden de la caravana
-Yo debería de ir el primero.
El rey Melchor se paró y dijo:
-¿Se puede saber por qué no vamos uno al lado de otro,
de modo que los tres vayamos en cabeza?
Se miraron Baltasar y Gaspar:
-La verdad es que Melchor se merece ir el primero.
Y siguieron la Estrella, hasta Belén,
Melchor el primero,
Gaspar y Baltasar detrás.
Muchas personas desconocen el orden, quién y cómo es cada rey.

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BALTASAR

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BALTASAR

Baltasar (o Serakin en hebreo y Damascón en griego) es de raza negra, se dice que venía de África; su regalo para Jesús es Mirra (es el símbolo del hombre). La mirra es una sustancia rojiza aromática que es común en medio oriente y Somalia. Era muy valorada en la antigüedad para la elaboración... Ver mas

Baltasar (o Serakin en hebreo y Damascón en griego) es de raza negra, se dice que venía de África; su regalo para Jesús es Mirra (es el símbolo del hombre). La mirra es una sustancia rojiza aromática que es común en medio oriente y Somalia. Era muy valorada en la antigüedad para la elaboración de perfumes. Otras versiones cuentan que era compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús.

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GASPAR

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GASPAR

Gaspar (o Galgalath en hebreo y Amerin en griego) es el más joven y rubio de los tres reyes magos, se dice que venía de Asia: su regalo es Incienso (es el símbolo de Dios). El incienso es una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que se añaden aceites de forma que al arder desprende... Ver mas

Gaspar (o Galgalath en hebreo y Amerin en griego) es el más joven y rubio de los tres reyes magos, se dice que venía de Asia: su regalo es Incienso (es el símbolo de Dios). El incienso es una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que se añaden aceites de forma que al arder desprende un humo fragante y un olor característico. En muchas religiones el incienso se utiliza en los ritos religiosos.

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ARTABÁN (LA PRECIOSA LEYENDA DEL 4º REY MAGO)

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ARTABÁN (LA PRECIOSA LEYENDA DEL 4º REY MAGO)

Un noble, príncipe según algunas crónicas, que tendría unos 30 años, cuando oteando el firmamento, descubrió la famosa Estrella de Oriente que anunciaba ''el Nacimiento del Niño Jesús''. Artabán, que así se llamaba nuestro protagonista, se dedicaba, entre otros muchos menesteres, a... Ver mas
Un noble, príncipe según algunas crónicas, que tendría unos 30 años, cuando oteando el firmamento, descubrió la famosa Estrella de Oriente que anunciaba ''el Nacimiento del Niño Jesús''.

Artabán, que así se llamaba nuestro protagonista, se dedicaba, entre otros muchos menesteres, a desentrañar los secretos del oráculo de Zoroastro que anunciaban, por activa y pasiva, la próxima llegada de un ''Salvador'' que haría del mundo un lugar más agradable. Y la aparición de la estrella en el firmamento fue la señal inequívoca. Como era de suponer no se lo pensó dos veces y decidió seguir la ruta que ¿el cometa? indicaba. Lógicamente preparó las ofrendas que entregaría ''al Redentor'', entre las que destacaban un diamante de la isla Méroe que neutralizaba los venenos, un trocito de jaspe de Chipre como amuleto de la oratoria y un rubí de las Sirtes para alejar las tinieblas que confunden al espíritu.

Artabán, cargados ya los regalos, se dispuso a andar el camino, encontrándose en el monte Ushita con los emisarios de los reyes babilonios, Melchor, Gaspar y Baltasar, que lo citaban en la ciudad sagrada del dios Nabu y que no era otra que Borsippa, aquella en la que los antiguos erigieron un zigurat de 7 pisos.

Así, nuestro 4º Rey, cabalgó raudo y veloz al encuentro de sus compañeros, sin dejar siquiera que el caballo recuperara fuerzas con las aguas del río Éufrates. Y ocurrió que cuando llegaba a las afueras de la ciudad, Artabán se encontró con un hombre malherido, desnudo, casi agonizante, el cual había sido atracado por unos ladrones que además de robarle sus pertenencias le propinaron una buena paliza. Un comerciante que recibió las atenciones de Artabán, que lavó sus heridas con vino y entablilló sus destrozadas piernas y brazos. Cuando el hombre recuperó el aliento y la consciencia, informó de que había sido totalmente desvalijado, habiéndole robado los malhechores toda la bolsa del dinero. Nuestro rey, como era de esperar, se apiadó del vendedor y le regaló el diamante de Méroe.

Lamentablemente, cuando quiso entrar en la ciudad y acudir al lugar indicado, los Reyes Magos ya se habían marchado, aunque le dejaron una nota en la que podía leerse: ''Te hemos estado esperando mucho tiempo y no podemos dilatar más nuestro viaje. Sigue nuestra senda por el desierto y que la estrella te guíe''. Tras leer la corta misiva, arreó su caballo y cabalgó sin descanso, hasta la extenuación, trayendo como resultado la muerte de su brioso alazán. Pero nada podía detenerle y continuó el duro trayecto a pie, soportando tormentas de arena que ajaban el rostro y frenaban el paso.

Cuando quiso llegar a Belén de Judá sus vestimentas habían perdido el lustre y su cuerpo se mostraba enjuto y famélico. Allí, ninguna señal de Melchor, Gaspar y Baltasar, aunque sí se topó con la carnicería que ordenó llevar el legendario y cruel Herodes. Porque, como todo el mundo sabe, el tal Herodes, temeroso por los augurios, mandó asesinar a todos los recién nacidos, en una matanza de inocentes que tiñó de sangre las casas y las calles de Belén. Escenas que presenció Artabán en primera persona y que le llevaron a ofrecer su rubí a un soldado para que no atravesara con su espada a un niño. Pero un capitán se percató de la jugada y ordenó la detención del 4º Rey, que fue enviado a las mazmorras del palacio de Jerusalén.

Y más de 30 años estuvo en prisión, lamentándose de su mala suerte, sufriendo todo tipo de vejaciones y llegando a perder casi la cordura. Pero Artabán, en sus escasos y tenues momentos de lucidez, todavía tuvo tiempo para suplicar redención y piedad al procurador Poncio Pilatos, quien finalmente le otorgó la carta de libertad. Encontrado el perdón, dirigió sus pasos torpes por las pobladas calles de la ciudad, tropezándose con miles de personas que se dirigían hacia un lugar llamado el Gólgota. Una masa humana que deseaba presenciar la crucifixión de ''un falso profeta'', un irreverente que había blasfemado contra Dios.

Artabán se dejó arrastrar por la multitud, cruzando por una plaza en la que estaban subastando a una bella doncella de rubios cabellos. Rebuscó entre sus andrajos y con el custodiado trocito de jaspe que todavía conservaba (en la esperanza de entregárselo algún día al Señor), compró la libertad de la joven. La mujer, en agradecimiento, besaba sus manos cuando la tierra tembló, rompiéndose en dos el templo, rasgándose los sepulcros. Con tan mala fortuna, que una piedra golpeó fuertemente la cabeza de Artabán, quedando tumbado en el suelo, desmayado. Y al recobrar el conocimiento vio como un hombre le sujetaba por los hombros y le miraba firmemente. Un joven que probablemente tenía la misma edad que él tenía cuando emprendió el viaje y que le decía: ''Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste''.

''¿Cuándo hice yo lo que decís?'', preguntó sin apenas respiración mientras miraba sus manos vacías de jaspe, diamantes y rubíes. ''Cuanto hiciste por mis hermanos, lo has hecho por mí'', fue la respuesta. Y Artabán expiró, emprendiendo un nuevo viaje que le llevó a la eternidad del universo, al infinito del horizonte, fundiéndose con las estrellas y dejando la estela del que fue el 4º Rey Mago de Oriente.
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