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LOS MILAGROS DE CRISTO.

LOS MILAGROS DE CRISTO.

  • Lista creada por Venhut.
  • Publicada el 19.04.2011 a las 00:36h.
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Los milagros son el lenguaje de Dios. La naturaleza habla de la gloria de Dios. Para los ojos despiertos que no están nublados por la rutina, toda la creación es un canto de alabanza al Creador que pregona: ÉL NOS HA HECHO. La belleza del mundo es palabra hermosa que habla de Dios.

Todo habla de Dios y de su esplendor de gloria, pero el milagro tiene un lenguaje especial, es el lenguaje privado de Dios. Solo Él puede emitir una palabra que vaya más allá de los límites que ha querido establecer en la naturaleza. Los milagros hablan del amor omnipotente del Eterno.

Todos los milagros de Jesús son para el bien, nunca realiza ningún milagro para castigar o hacer caer fuego del cielo sobre los injustos o los malhechores. Los que los observan, ven el dedo de Dios que señala: MIRAD A MI HIJO. Los beneficiados se gozan, los ciegos se llenan de alegría al ver, los paralíticos saltan de gozo y los leprosos estrenan nueva convivencia al quedar limpios.

El dolor es un efecto del pecado de origen. Cristo, al vencer al dolor, quiere demostrar que viene a vencer a su causa, que es el pecado. No sana todas las enfermedades, solo unas pocas, aunque sean cientos, porque el dolor se va a convertir en instrumento del amor más grande. Gran misterio el del dolor, pero mayor aún el del amor que, en el dolor, no deja de querer.

JESÚS DARÁ A CONOCER SU MESIANIDAD POR MEDIO DE LOS MILAGROS, PERO CADA MILAGRO SERÁ UN SIGNO ELOCUENTE DE LO QUE VIENE A TRAER AL MUNDO: UNA FELICIDAD NUEVA, TRAÍDA POR UN AMOR GENEROSO Y FUERTE QUE LLEGA DE LO ALTO.

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

Caminar sobre las aguas.

1. Caminar sobre las aguas.

En aquel tiempo, después de que se hubo saciado la muchedumbre, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de hacerlo, subió al monte a solas para orar. Al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la... Ver mas
En aquel tiempo, después de que se hubo saciado la muchedumbre, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de hacerlo, subió al monte a solas para orar. Al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.

A la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y dijeron:

— ¡Es un fantasma!

Jesús les dijo enseguida:

— Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.

Pedro le contestó:

— Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

— Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús. Al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

— ¡Señor, sálvame!

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

— ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

En cuento subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:

— Realmente eres Hijo de Dios.

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Multiplicación de los panes y los peces.

2. Multiplicación de los panes y los peces.

En aquel tiempo Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea y mucha gente lo siguió porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Al atardecer, estos le dijeron: — Este es lugar apartado y ya ha pasado la... Ver mas
En aquel tiempo Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea y mucha gente lo siguió porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Al atardecer, estos le dijeron:

— Este es lugar apartado y ya ha pasado la hora, despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprar alimentos.

Jesús levantó los ojos, vio a la muchedumbre y les respondió:

— No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer.

Andrés, el hermano de Simón Pedro le dijo a Jesús:

— Aquí no tenemos más que cinco panes de cebada y dos peces.

— Traédmelos aquí.

Había en el lugar mucha hierba, entonces Jesús mandó a la gente que se recostara en ella. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y de los trozos que sobraron recogieron doce cestos llenos.

Ha recibido 792 puntos

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Resurrección de Lázaro.

3. Resurrección de Lázaro.

En aquel tiempo se encontraba enfermo Lázaro en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le secó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro, por eso las dos hermanas le mandaron a decir a Jesús: — Señor, el... Ver mas
En aquel tiempo se encontraba enfermo Lázaro en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le secó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro, por eso las dos hermanas le mandaron a decir a Jesús:

— Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo.

Al oír esto, Jesús dijo:

— Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

Jesús, conmovido otra vez dentro de sí, fue al sepulcro. Era una cueva y tenía puesta una piedra contra la entrada. Jesús dijo:

— Quitad la piedra.

Marta, la hermana del que había muerto, le dijo:

— Señor, hiede ya, porque tiene cuatro días.

Jesús le respondió:

— ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?

Luego quitaron la piedra, Jesús alzó los ojos diciendo:

— Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sabía que siempre me oyes, pero lo dije por causa de la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

Habiendo dicho esto, llamó a gran voz:

— ¡Lázaro, ven fuera!

El que había estado muerto salió, con las manos y los pies atados con vendas y con la cara envuelta en un sudario. Jesús les ordenó:

— Desatadle y dejadle ir.

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Su resurrección.

4. Su resurrección.

El primer día de la semana, muy temprano, fueron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado, pero se encontraron con una novedad: la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida y al entrar vieron que no estaba el cuerpo de Jesús. No sabían qué pensar, pero en ese... Ver mas
El primer día de la semana, muy temprano, fueron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado, pero se encontraron con una novedad: la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida y al entrar vieron que no estaba el cuerpo de Jesús. No sabían qué pensar, pero en ese momento vieron a su lado a dos hombres con ropas fulgurantes. Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo, pero ellos les dijeron:

— ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: el Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los pecadores y ser crucificado, y al tercer día resucitará.

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Curación de un ciego.

5. Curación de un ciego.

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía y le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: — ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante... Ver mas
Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía y le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar:

— ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte:

— ¡Hijo de David, ten compasión de mí!.

Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó:

— ¿Qué quieres que haga por ti?

— Señor, que yo vea otra vez.

Jesús escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, untó con el barro los ojos del ciego y le dijo:

— Vete, lávate en la piscina de Siloé.

Él fue, se lavó y volvió ya viendo.

Ha recibido 623 puntos

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La mujer que tocó el manto de Jesús.

6. La mujer que tocó el manto de Jesús.

Jesús, junto con Jairo, era seguido por una gran multitud, la cual lo apretujaba. Había entre la gente una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho a manos de varios médicos y se había gastado todo lo que tenía sin que le hubiera servido de nada, pues en vez de... Ver mas
Jesús, junto con Jairo, era seguido por una gran multitud, la cual lo apretujaba. Había entre la gente una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho a manos de varios médicos y se había gastado todo lo que tenía sin que le hubiera servido de nada, pues en vez de mejorar, iba de mal en peor.

Cuando oyó hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. La mujer pensaba: "Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana." Al instante cesó su hemorragia y se dio cuenta de que su cuerpo había quedado libre de esa aflicción. Al momento también Jesús se dio cuenta de que de él había salido poder, así que se volvió hacia la gente y preguntó:

— ¿Quién me ha tocado la ropa?

Sus discípulos le contestaron:

— Ves que te apretuja la gente y aún así preguntas que quién te ha tocado.

Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había hecho. La mujer, sabiendo lo que le había sucedido, se acercó temblando de miedo y, arrojándose a
sus pies, le confesó toda la verdad. Jesús le dijo:

— ¡Hija, tu fe te ha sanado! Vete en paz y queda sana de tu aflicción.

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Conversión del agua en vino.

7. Conversión del agua en vino.

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda. Como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: — No tienen vino. — ¿Qué tiene que ver eso conmigo y contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora... Ver mas
Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda. Como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo:

— No tienen vino.

— ¿Qué tiene que ver eso conmigo y contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora- respondió él.

Su madre dijo a los que servían:

— Haced todo lo que él os diga.

Había allí seis tinajas de piedra para agua, de acuerdo con los ritos de los judíos para la purificación. En cada una de ellas cabían dos o tres medidas. Jesús les ordenó:

— Llenad de agua las tinajas.

Y las llenaron hasta el borde. Luego les dijo:

— Sacad ahora y llevadlo al encargado del banquete.

Se lo llevaron y cuando el encargado del banquete probó el agua ya hecha vino y no sabía de dónde venía, aunque los sirvientes que habían sacado el agua sí lo sabían, llamó al novio y le dijo:

— Todo hombre sirve primero el buen vino y cuando ya han tomado bastante, entonces saca el peor; tú has guardado el buen vino hasta ahora, lo has hecho al revés.

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Curación de un paralítico.

8. Curación de un paralítico.

Subido a una barca cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad, Cafarnaúm. Entonces le presentaron a un paralítico postrado en una camilla. Las gentes del pueblo se apiñaban para ver a Jesús. La admiración y la sorpresa, la curiosidad y la necesidad, unidas a la fe religiosa, les empujaban hacia... Ver mas
Subido a una barca cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad, Cafarnaúm. Entonces le presentaron a un paralítico postrado en una camilla. Las gentes del pueblo se apiñaban para ver a Jesús. La admiración y la sorpresa, la curiosidad y la necesidad, unidas a la fe religiosa, les empujaban hacia él. Los que llevaban al paralítico no pudieron acceder hasta el lugar donde estaba Jesús, así que idearon abrir el techo de la casa de Pedro para que el enfermo fuera visto y curado.

Todos se sorprendieron de aquella amistad que condujo a estos extraños y extraordinarios modos, pero lo cierto es que el paralítico, que no podía acudir a pedir la curación por la naturaleza de su enfermedad, tenía amigos. Al ver Jesús la fe de ellos, miró con misericordia al hombre que descendía del techo en rara figura y dijo al paralítico:

— Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.

Esta vez, antes que la curación, el perdón, la sanación del alma. Este hecho no pasó inadvertido para ciertos escribas que pensaban que Jesús había blasfemado. Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo:

— ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir tus pecados te son perdonados o decir levántate y anda?

Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, dijo al paralítico:

— Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Él se levantó y se marchó a su casa. Al ver esto, las multitudes se atemorizaron y glorificaron a Dios por haber dado tal poder a los hombres.

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Curación de un leproso.

9. Curación de un leproso.

Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: — Señor, si quieres puedes limpiarme. Jesús extendió la mano, le tocó y habló: — Quiero, queda limpio. Al instante quedó limpio de su lepra y Jesús le dijo... Ver mas
Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo:

— Señor, si quieres puedes limpiarme.

Jesús extendió la mano, le tocó y habló:

— Quiero, queda limpio.

Al instante quedó limpio de su lepra y Jesús le dijo:

— No se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.

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Resurrección de la hija de Jairo.

10. Resurrección de la hija de Jairo.

Viene uno de los jefes de la sinagoga de nombre Jairo y, al verlo, se echa a sus pies y le suplica con insistencia diciendo: — Mi hija está en las últimas. Ven, impón tus manos sobre ella para que se salve y viva. Todavía estaba él hablando cuando llegan desde la casa del jefe de la... Ver mas
Viene uno de los jefes de la sinagoga de nombre Jairo y, al verlo, se echa a sus pies y le suplica con insistencia diciendo:

— Mi hija está en las últimas. Ven, impón tus manos sobre ella para que se salve y viva.

Todavía estaba él hablando cuando llegan desde la casa del jefe de la sinagoga diciendo:

— Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas ya al Maestro?

Jesús, al oír lo que hablaban, dice al jefe de la sinagoga:

— No temas, tan solo ten fe.

Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y ve el alboroto, a los que lloraban y a las plañideras. Al entrar, les dice:

— ¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme.

Se reían de él, pero él, haciendo salir a todos, toma consigo al padre, a la madre y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la muchacha. Tomando la mano de esta le dice:

— Niña, a ti te digo, levántate.

En seguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron llenos de asombro. Les insistió mucho en que nadie lo supiera y dijo que dieran de comer a la niña.

Ha recibido 516 puntos

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Calmar la tempestad.

11. Calmar la tempestad.

Jesús subió a una barca y sus discípulos le siguieron. He aquí se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca, pero él dormía. Sus discípulos se acercaron y le despertaron diciendo: — ¡Señor, sálvanos que perecemos! — ¿Por qué teméis, hombres de poca fe... Ver mas
Jesús subió a una barca y sus discípulos le siguieron. He aquí se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca, pero él dormía. Sus discípulos se acercaron y le despertaron diciendo:

— ¡Señor, sálvanos que perecemos!

— ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?

Entonces, levantándose, increpó a los vientos y al mar y se produjo una gran bonanza. Los hombres se admiraron y dijeron:

— ¿Quién es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?

Ha recibido 490 puntos

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Curación de un endemoniado.

12. Curación de un endemoniado.

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban los discípulos, vio a mucha gente que los rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: — ¿De qué están discutiendo con ellos... Ver mas
En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban los discípulos, vio a mucha gente que los rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó:

— ¿De qué están discutiendo con ellos?

Uno de entre la gente le respondió:

— Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.

— ¡Traédmelo!

Se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces él preguntó a su padre:

— ¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?

— Desde niño. Muchas veces lo he arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.

— ¡Todo es posible para quien cree!

— ¡Creo, ayuda a mi poca fe!

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo diciéndole:

— Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.

El espíritu salió dando gritos y agitando el cuerpo con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto, pero Jesús, tomándole de la mano, lo levantó y él se puso en pie.

Ha recibido 463 puntos

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Resurrección del hijo de la viuda de Naím.

13. Resurrección del hijo de la viuda de Naím.

Sucedió después que marchó a una ciudad llamada Naím, yendo con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad, vieron que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre que era viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre. Al verla, Jesús se... Ver mas
Sucedió después que marchó a una ciudad llamada Naím, yendo con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad, vieron que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre que era viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre. Al verla, Jesús se compadeció de ella y le dijo:

— No llores.

Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo:

— Muchacho, a ti te digo, levántate.

El que estaba muerto se incorporó, comenzó a hablar y se lo entregó a su madre. Se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo:

— Un gran profeta ha surgido entre nosotros, Dios ha visitado a su pueblo.

Ha recibido 429 puntos

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Curación de una mujer poseída en sábado.

14. Curación de una mujer poseída en sábado.

Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga. Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera. Jesús, al verla, la llamó y le dijo: — Mujer, estás curada de tu enfermedad... Ver mas
Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga. Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera. Jesús, al verla, la llamó y le dijo:

— Mujer, estás curada de tu enfermedad.

Jesús le impuso las manos, ella se enderezó en seguida y glorificó a Dios. El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud:

— Los días de trabajo son seis, vengan durante esos días para hacerse curar, no el sábado.

Jesús le respondió:

— ¡Hipócritas! Cualquiera de ustedes, aunque sea sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno para llevarlo a beber? Esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser liberada de sus cadenas el día sábado?

Al oír estas palabras, todos sus adversarios se llenaron de confusión, pero la multitud se alegraba de las maravillas que él hacía.

Ha recibido 414 puntos

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Transubstanciación del pan y el vino.

15. Transubstanciación del pan y el vino.

Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo:

— Tomad y comed todos de él porque esto es mi Cuerpo.

Tomando un cáliz lleno de vino y dando gracias, dijo:

— Tomad y bebed todos de él porque esta es mi sangre.

Ha recibido 410 puntos

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Curación de un sordomudo.

16. Curación de un sordomudo.

De nuevo, saliendo de la región de Tiro, vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. Allí le traen a un sordo y mudo, y le ruegan que le imponga su mano. Apartándolo de la muchedumbre, metió los dedos en sus orejas y con saliva tocó su lengua. Mirando... Ver mas
De nuevo, saliendo de la región de Tiro, vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. Allí le traen a un sordo y mudo, y le ruegan que le imponga su mano. Apartándolo de la muchedumbre, metió los dedos en sus orejas y con saliva tocó su lengua. Mirando al cielo, dio un suspiro y dijo:

— Ábrete.

Al instante se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les ordenó que no lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo proclamaban. Estaban tan maravillados que decían:

— Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Ha recibido 398 puntos

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La pesca milagrosa.

17. La pesca milagrosa.

La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a la orilla del lago Genesaret. Vio dos barcas que estaban en la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un... Ver mas
La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a la orilla del lago Genesaret. Vio dos barcas que estaban en la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra. Sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

— Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar.

— Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero en tu palabra echaré las redes.

Haciéndolo así pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban con romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron pues y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.

Ha recibido 386 puntos

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Sanación del siervo de un centurión.

18. Sanación del siervo de un centurión.

Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien amaba mucho. Al oír hablar de Jesús le envió unos ancianos para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose ante Jesús, le rogaban encarecidamente: — Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro... Ver mas
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien amaba mucho. Al oír hablar de Jesús le envió unos ancianos para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose ante Jesús, le rogaban encarecidamente:

— Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.

Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:

— Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo, por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará
sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno "Ve" y va, al otro "ven" y viene, y a mi criado "Haz esto" y lo hace.

Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:

— Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.

Al volver a su casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Ha recibido 359 puntos

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Una moneda de plata en la boca de un pez.

19. Una moneda de plata en la boca de un pez.

Habiendo llegado a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo de las dos monedas y le dijeron: — Qué, ¿no paga vuestro Maestro las dos monedas? — Sí. Habiendo entrado en casa, se le anticipó Jesús diciendo: — ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de... Ver mas
Habiendo llegado a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo de las dos monedas y le dijeron:

— Qué, ¿no paga vuestro Maestro las dos monedas?

— Sí.

Habiendo entrado en casa, se le anticipó Jesús diciendo:

— ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tributo o censo? ¿De sus mismos hijos o de los extraños?

— De los extraños.

— Luego, los hijos están exentos. Con todo eso, por no escandalizarlos, ve al mar y tira el anzuelo, coge el primer pez que saliere y abriéndole la boca hallarás una pieza de plata de cuatro dracmas; tómala y dásela por mí y por ti.

Ha recibido 355 puntos

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La fiebre de la suegra de Pedro.

20. La fiebre de la suegra de Pedro.

Saliendo de la sinagoga sobrecogidos y emocionados luego fueron a la casa de Simón Pedro con Santiago y Juan. La suegra de Pedro estaba en la cama con fiebre. Acercándose, él la levantó tomándola de la mano. La fiebre la abandonó y esta se puso a servirlos. Ya tarde, puesto el sol, toda la... Ver mas
Saliendo de la sinagoga sobrecogidos y emocionados luego fueron a la casa de Simón Pedro con Santiago y Juan. La suegra de Pedro estaba en la cama con fiebre. Acercándose, él la levantó tomándola de la mano. La fiebre la abandonó y esta se puso a servirlos. Ya tarde, puesto el sol, toda la ciudad se agolpó a la puerta de la casa.

Ha recibido 353 puntos

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Curación de un hombre con la mano paralizada.

21. Curación de un hombre con la mano paralizada.

En aquel tiempo entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Jesús dijo: — Levántate ahí en medio. ¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla... Ver mas
En aquel tiempo entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Jesús dijo:

— Levántate ahí en medio. ¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?

Ellos callaban. Entonces, mirándoles firmemente, apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre:

— Extiende la mano.

Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.

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