1. Darío III de Persia.
Fue el último rey persa de la dinastía aqueménida, y es que él no era tan buen gobernador como lo fueron sus predecesores Cambises y Ciro.
En el año 334, Alejandro Magno III invadió Asia Menor a la cabeza de un ejército conjunto greco-macedonio. Tras desembarcar en la Tróade, tomó varias...
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Fue el último rey persa de la dinastía aqueménida, y es que él no era tan buen gobernador como lo fueron sus predecesores Cambises y Ciro.
En el año 334, Alejandro Magno III invadió Asia Menor a la cabeza de un ejército conjunto greco-macedonio. Tras desembarcar en la Tróade, tomó varias ciudades y aldeas de la costa egea ). Un ejército persa de unos 50.000 efectivos, al mando de Memnón de Rodas, plantó cara al rey macedonio, siendo derrotado en la batalla del Gránico. Tras esta victoria, las fuerzas greco-macedonias avanzaron por la costa mediterránea en dirección a las Puertas Cilicias. Ante este avance, en 333 a. C. el propio Darío asumió el mando de los ejércitos persas para luchar contra el rey macedonio, pero su numeroso ejército fue ampliamente superado y derrotado en la batalla de Issos. Darío huyó cuando comprobó que la batalla estaba perdida, dejando atrás su carro, el campamento persa y a su propia familia.
Poco después se produjo la batalla de Gaugamela finalizó con una gran derrota de los persas, ante la cual Darío emprendió la huida de nuevo, dirigiéndose a Arbela y más tarde a Ecbatana, la capital de Media. Alejandro ocupó las ciudades de Babilonia y Susa, antes de emprender la persecución de Darío para impedirle reunir un nuevo ejército en las satrapías más orientales. Por tanto Darío huyó de nuevo hacia Hircania, una satrapía situada al sur del Caspio, y desde allí trató de dirigirse a Bactra, la capital de Bactriana, perseguido de cerca por el ejército macedonio.
Sin embargo, al ver que Alejandro estaba decidido a capturar a Darío, un grupo de nobles, entre los que se encontraban los sátrapas Besos, Barsaentes y Nabarzanes, tomaron a Darío como rehén, para así poder pactar con Alejandro y, al entregarlo, obtener del rey macedonio la independencia de las satrapías orientales que gobernaban. Enterado Alejandro de estos sucesos por un grupo de persas fugitivos, emprendió una rápida marcha para llegar hasta Darío (mediados de julio de 330 a. C.), pero poco antes de llegar al campamento de los sátrapas insurgentes, éstos apuñalaron a Darío al tener conocimiento de su llegada, y emprendieron la huida. Darío sólo sobrevivió unos instantes, agradeciendo el socorro que le brindó un destacamento macedonio. Se cuenta que Alejandro, al ver el cadáver de Darío, lloró y lo cubrió con su manto, diciendo: "No era esto lo que yo pretendía".
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