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Los casos neurológicos más asombrosos

Los casos neurológicos más asombrosos

  • Lista creada por ks_cm.
  • Publicada el 29.09.2013 a las 00:19h.
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Los casos neurológicos más asombrosos: personas sin memoria, sin miedo, sin dolor, o que despiertan del coma para hablar por teléfono...

Fuente: Quo.es

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Un hombre con una memoria enfermiza

1. Un hombre con una memoria enfermiza

Brad Williams recuerda que acaba de mover el brazo para coger la cuchara, que hace cinco minutos te ha preguntado la hora, que hace 15 segundos se te ha caído el vaso de agua… Pero si, además, le preguntas qué llevaba puesto, que desayunó o qué conversación tuvo con el compañero de autobús de la... Ver mas
Brad Williams recuerda que acaba de mover el brazo para coger la cuchara, que hace cinco minutos te ha preguntado la hora, que hace 15 segundos se te ha caído el vaso de agua… Pero si, además, le preguntas qué llevaba puesto, que desayunó o qué conversación tuvo con el compañero de autobús de la escuela el 25 de octubre de hace 30 años, te relatará el episodio con todo lujo de detalles. Recuerda cada momento, cada movimiento, cada palabra… de toda su vida. ¿Cómo es posible?

Porque sufre hipermnesia o hipertimesia, es decir, exceso de recuerdos, un trastorno de la memoria muy raro. La mayoría de nosotros fijamos en nuestra memoria solo los acontecimientos que suponen un hito en nuestra existencia; e incluso esos, a menudo los recordamos sin detalles, a retazos. Sin embargo, las personas que padecen este síndrome son capaces de recordar cada evento de su pasado, sobre todo personal, y de una manera algo obsesiva. Brad, uno de los casos más famosos, tiene una memoria autobiográfica prodigiosa, razón por la que ya ha sido bautizado como “el hombre Google”. Sobre todo desde que fue retado en un programa de televisión a recordar, por ejemplo, qué día de la semana fue el 3 de enero de 1967. No erró en ninguna respuesta, pero para dar la contestación siempre se apoyaba en algún recuerdo personal por el que rememoraba exactamente esa fecha.

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Forrest Gump existe

2. Forrest Gump existe

Cae la noche y una silueta surge del paisaje escarpado del Pike National Forest, en las Montañas Rocosas de Colorado (EEUU). Su gesto relajado podría indicar que acaba de empezar su carrera, pero no es así: está de vuelta tras recorrer 80 kilómetros. Esta extraordinaria mujer es Diane Van Deren... Ver mas
Cae la noche y una silueta surge del paisaje escarpado del Pike National Forest, en las Montañas Rocosas de Colorado (EEUU). Su gesto relajado podría indicar que acaba de empezar su carrera, pero no es así: está de vuelta tras recorrer 80 kilómetros. Esta extraordinaria mujer es Diane Van Deren, ultramaratoniana estadounidense, y el secreto de su resistencia no reside en sus músculos, sino en su singular cerebro.Cuando era solo un bebé sufrió un acceso muy grave de fiebres altas, acompañadas de temblores y convulsiones durante casi una hora.

Aquel episodio le produjo ciertos daños cerebrales de los que no fue consciente hasta su adolescencia, cuando comenzó a sufrir ataques epilépticos. Pasó años medicándose para paliarlos, hasta que, después de su tercer embarazo, se volvieron más virulentos. Cuando los médicos examinaron su cerebro, encontraron que el origen estaba en una lesión muy localizada en el lóbulo temporal, de modo que, si se le extirpaba la zona, dejaría de sufrirlos. Le quitaron una porción de cerebro del tamaño de un kiwi, y así aunque se acabaron los ataques, también perdió su percepción del espacio y del tiempo; la capacidad de memorizar hechos, conversaciones y rostros, y la de organizar tareas simples.

Desde entonces, Diane utiliza Post-it para todo. Tiene que anotar desde dónde ha dejado su coche hasta las tareas más habituales, como recoger a su hija del colegio y a quién tiene que llamar. Su marido ha llenado las paredes de su casa de collages con fotos que la ayudan a recordar los mejores momentos de su vida, las vacaciones más entrañables, los cumpleaños de sus hijos y su aniversario de boda. Quienes conviven con ella han aprendido a tener que recordárselo todo y a que les repita las cosas una y otra vez, pero hacen hincapié en su carácter cariñoso y en lo amable que es con todo el mundo, aunque no recuerde sus nombres.

Diane se pierde con facilidad y es incapaz de calcular cuánto tiempo ha transcurrido desde que salió de casa. Por eso, en su bolso, además de los papelitos amarillos, hay piedras y palitos de madera que marcan el camino de vuelta a casa después de cada entrenamiento.

Ella ya corría antes de la intervención, pues había descubierto que cuando sentía los síntomas de la llegada de un ataque epiléptico la marcha los apaciguaba. Así que, cada vez que tenía el mínimo indicio, se echaba a la carretera. Sin embargo, desde que su cabeza “se reordenó”, su rendimiento es mucho mejor, ya que corre sin recordar cuánto tiempo lleva en ruta y sin hacer el menor caso a un destino final. Según ella misma ha confesado, su única referencia durante la marcha es el sonido de sus pies en el suelo marcándole el ritmo. Además, no siente dolor, por lo que no padece los síntomas físicos de cansancio. Pero es posible que se tropiece con algo por el camino, ya que su visión periférica también resultó dañada en su intervención.

Tal es su singularidad que en 2010 un equipo de investigadores de la Clínica Mayo la acompañó en su ascenso al Aconcagua para determinar qué sucede en el cuerpo de esta mujer que, con 50 años, es capaz de recorrer 482 kilómetros en ocho días, como hizo en la Yukon Arctic Ultra. En una cumbre como la argentina, el oxígeno disminuye hasta en un 40%, lo que genera grandes cambios fisiológicos en el organismo similares a los que ocurren cuando tenemos una insuficiencia cardíaca. Esa es la razón por la que el rendimiento físico debería disminuir. Sin embargo, en el caso de Diane el ritmo cardíaco y la presión arterial que se midieron estaban cerca de los de una persona de 20 años.

A pesar de los inconvenientes de su vida después de su operación neurológica, Diane hace un claro balance positivo y dice no haberse arrepentido nunca de la decisión tomada. 
Lejos de ese sentimiento, le gusta repetir: “Mis piernas son como palabras: cada vez que gano una carrera demuestro que todas las tragedias se pueden superar”.

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Está en coma (excepto si le llama su padre por teléfono)

3. Está en coma (excepto si le llama su padre por teléfono)

Jason Murdoch está ingresado en un centro de rehabilitación de San Diego tras una grave lesión en la cabeza a raíz de un accidente de coche. Ha estado tres meses en estado semiinsconsciente de coma vigilante, el conocido como mutismo acinético. Una lesión en la corteza cingulada anterior de la... Ver mas
Jason Murdoch está ingresado en un centro de rehabilitación de San Diego tras una grave lesión en la cabeza a raíz de un accidente de coche. Ha estado tres meses en estado semiinsconsciente de coma vigilante, el conocido como mutismo acinético. Una lesión en la corteza cingulada anterior de la parte frontal del cerebro le ha dejado postrado en una cama y es incapaz de andar y reconocer o interaccionar con otras personas, aunque está totalmente alerta y a menudo sigue con los ojos a quienes están a su alrededor. Y si su padre le llama por teléfono desde la habitación de al lado, Jason es plenamente consciente, reconoce a su padre y conversa con él sin problemas. Sin embargo, cuando este regresa a la habitación, vuelve enseguida a su estado zombi semiinconsciente.

A un daño leve y parcial en la corteza cingulada anterior. En esta zona es donde confluyen las vías visuales y auditivas de nuestro cerebro y, cuando está muy dañada, se produce un estado de mutismo cinético total. Sin embargo, cuando como en el caso de Jason el daño es más sutil y se limita a la vía visual de la corteza mientras la auditiva está intacta, el individuo solamente sale de su letargo para hablar por teléfono. Pero ¿por qué por este medio?

Jason no responde cuando los estímulos auditivos van acompañados de los correspondientes visuales. “Seguramente, cuando oye y ve a su padre al mismo tiempo, da prioridad a lo visual y de alguna manera ‘inhibe’ e impide que lo auditivo tenga relevancia. Lo visual está informando al cerebro de que ese estímulo no es reconocido. Sin embargo, cuando la información es solo auditiva –y por tanto, la protagonista–, es cuando reacciona”, explica Manuel Martín-Loeches, experto neurocientífico del Centro de Evolución y Comportamiento Humano del Instituto Carlos III de Madrid.

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Músico de golpe

4. Músico de golpe

No sabía leer música y nunca antes había tocado instrumento alguno. Pero un día, después de un accidental golpe en la cabeza, empezó a visualizar una serie de teclas blancas y negras en movimiento, en su mente; al ponerse delante de un piano, sus dedos cobraron vida propia y empezó a tocar como... Ver mas
No sabía leer música y nunca antes había tocado instrumento alguno. Pero un día, después de un accidental golpe en la cabeza, empezó a visualizar una serie de teclas blancas y negras en movimiento, en su mente; al ponerse delante de un piano, sus dedos cobraron vida propia y empezó a tocar como un verdadero virtuoso.

Se llama Derek Amato y ya está grabando su segundo álbum, en el que toca ocho instrumentos diferentes, todos ellos “aprendidos” del mismo modo. En octubre de 2006, Amato estaba de fiesta con unos amigos cuando al zambullirse en el agua se dio un golpe en la cabeza. “Recuerdo que cuando salí a la superficie, los oídos me sangraban”.

En el hospital, le diagnosticaron una contusión grave por la que sufriría una leve pérdida de memoria y un 35% de audición. “Dolores de cabeza frecuentes, una gran sensibilidad a las luces fluorescentes y una ligera pérdida auditiva son el precio que he tenido que pagar por este regalo”, dice.

Amato sufre un síndrome savant adquirido con sinestesia. El primero consiste en la adquisición de sorprendentes habilidades artísticas y matemáticas tras sufrir un traumatismo cerebral grave, y solo hay 30 casos documentados en todo el mundo. No hay una explicación científica a este fenómeno, aunque algunos expertos aseguran que se produce por una compensación espontánea de una parte del cerebro cuando otra es dañada. Esta puede ser la explicación a que, en el caso de Amato, se le haya unido además una sinestesia que le permite “ver” sonidos. En su caso, notas musicales con las que, además, compone su música.

No hay ningún caso como el de Amato en todo el mundo, y según el médico que le atendió tras el accidente: “Lo que está claro es que la lesión en la cabeza cambió su química cerebral”.

En 2007, la Asociación de Artistas Independientes de EEUU le concedió el premio al Artista Revelación del Año. Además de tocar, Amato compone música y colabora a menudo en conciertos de apoyo a personas con lesiones cerebrales graves que, como él mismo dice, no han tenido tanta suerte como él.

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El pintor que veía en blanco y negro

5. El pintor que veía en blanco y negro

Con 65 años, Jonathan I. lleva toda una vida dedicado a plasmar el color en sus versiones más variadas. Se inició con una de las pintoras estadounidenses más célebres, Georgia O’Keeffe, pintó decorados para Hollywood e incluso tuvo una época como expresionista abstracto en Nueva York. Pero el... Ver mas
Con 65 años, Jonathan I. lleva toda una vida dedicado a plasmar el color en sus versiones más variadas. Se inició con una de las pintoras estadounidenses más célebres, Georgia O’Keeffe, pintó decorados para Hollywood e incluso tuvo una época como expresionista abstracto en Nueva York. Pero el fatídico día en que este hombre sufrió un accidente de tráfico, en principio leve, el mundo se volvió en blanco y negro.
Y lo que es peor. “No solo habían desaparecido los colores, sino que lo que veía tenía un aspecto desagradable, sucio, con unos blancos deslumbrantes y, sin embargo, descoloridos, color hueso y unos negros cavernosos: todo falso, antinatural, turbio e impuro”, explicaba el propio señor I. al neurólogo Oliver Sacks en Un antropólogo en Marte (Ed. Anagrama). Ahora veía a las personas “como estatuas grises y animadas”, lo que le llevaba a recluirse en su estudio y relacionarse cada vez menos incluso con su esposa y amigos.

Era incapaz de distinguir entre ketchup y mayonesa, escoger qué ponerse cada día era todo un suplicio, y no podía conducir, pues no sabía si el semáforo estaba en rojo. A medida que pasó el tiempo, empezó a echar de menos los colores de la naturaleza, los tonos vivos de la primavera. También, la falta de percepción de los matices, de los detalles, le llevó a no poder distinguir un rostro hasta que no estaba muy cerca, y a ver grietas y baches donde solo había cambios de color. Y es que su vida no era exactamente como una película en blanco y negro. Para explicarlo, creó una habitación en tonos de gris, tal y como él veía. Pero lo peor de todo es que, aunque en teoría conocía los colores, cuando intentó pintarlos se dio cuenta de que ya no podía. Los había olvidado. Un día, de camino a su estudio vio la salida del sol y cayó en la cuenta de que solo él podía verla de ese modo. Así que comenzó una nueva fase artística plasmando lo que veía en Amanecer nuclear.

Tras una gran variedad de pruebas, el diagnóstico fue unánime: Jonathan I. sufría una verdadera acromatopsia causada por la conmoción cerebral que le produjo el accidente. Su corteza visual primaria estaba intacta, por lo que era capaz de percibir cambios en la longitud de onda según la iluminación y las formas. El daño se encontraba en la corteza secundaria, exactamente en la V4 o sus conexiones. Una zona muy pequeña, pero en la que reside toda nuestra percepción del color, la capacidad de imaginarlo y la de representarlo.

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Ciego a las caras

6. Ciego a las caras

Oliver saca a pasear a su perro cada día. En el trayecto, se encuentra a menudo con una joven que lleva un perro grande y marrón, y otra que pasea a un golden retriever. Si las viera en cualquier otro sitio, sin sus mascotas, ni las saludaría. ¿La razón? Sufre prosopagnosia, una afección que... Ver mas
Oliver saca a pasear a su perro cada día. En el trayecto, se encuentra a menudo con una joven que lleva un perro grande y marrón, y otra que pasea a un golden retriever. Si las viera en cualquier otro sitio, sin sus mascotas, ni las saludaría. ¿La razón? Sufre prosopagnosia, una afección que imposibilita a quien la padece reconocer las caras, incluso la suya propia. El protagonista de esta historia es el famoso neurólogo Oliver Sacks, quien confesaba en un artículo en The New Yorker que desde niño se las había ingeniado para distinguir a sus compañeros de colegio por el color de su pelo, su forma de andar, sus gafas y otros accesorios… Incluso contaba cómo, en el jardín de infancia, se convirtió en uña y carne de una niña que siempre iba vestida de rosa. En su caso, es genética (su hermano también la sufre) pero también hay casos en los que se desencadena tras un accidente cerebrovascular, o como parte del proceso de enfermedades como el alzhéimer y algunos tipos de autismo.

Tiene la misma dificultad para distinguir lugares, por lo que, si no tiene cuidado con tomar ciertas referencias, se pierde con facilidad. Este también es un rasgo común a muchos pacientes que sufren esta dolencia.

Cualquiera de nosotros puede recordar hasta 10.000 caras diferentes a lo largo de nuestra vida, y algunos estudios han demostrado que podemos reconocer a gente que conocimos hace 10 años. Esta habilidad reside, sobre todo en el giro fusiforme, la zona del cerebro en la que se activa específicamente la respuesta a las caras. Por alguna razón que aún se desconoce, algunos no registran actividad alguna en esta zona, y otros la tienen sobreestimulada.

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Un hombre que es incapaz de recordar lo que acaba de hacer y lo repite una y otra vez

7. Un hombre que es incapaz de recordar lo que acaba de hacer y lo repite una y otra vez

Una noche cualquiera, Eugene Pauly estaba con su esposa preparando la cena, cuando esta le dijo que tenían que esperar a su hijo Michael para empezar a cenar. “¿Quién?”, respondió él. Cuando su esposa aún pensaba que estaba de broma, Eugene empezó a vomitar y a retorcerse por el dolor de... Ver mas
Una noche cualquiera, Eugene Pauly estaba con su esposa preparando la cena, cuando esta le dijo que tenían que esperar a su hijo Michael para empezar a cenar. “¿Quién?”, respondió él.

Cuando su esposa aún pensaba que estaba de broma, Eugene empezó a vomitar y a retorcerse por el dolor de estómago, le subió la fiebre y comenzó a delirar; e incluso llego a ponerse violento. Así que en menos de media hora un grupo de enfermeras le ató a una cama de hospital. Como si de un caso del doctor House se tratara, su expediente pasó por varias manos hasta que dieron en la diana: padecía una encefalitis viral, una enfermedad normalmente leve que no produce más que algún herpes en la piel o en los labios, pero que en su caso se había “colado” en el cerebro destruyendo todo a su paso. Lo único que podía hacer la medicina por él, según le comentaron a su mujer, era frenar el progreso del virus.
Cuando al fin despertó del coma, los médicos descubrieron que su sistema nervioso estaba intacto, pero su cerebro había sido arrasado. El virus había destruido el hipocampo y parte del lóbulo temporal medio. ¿El resultado?

No recordaba nada de lo ocurrido en los últimos 30 años y todas las mañanas se levantaba de la cama, iba a la cocina y se preparaba unos huevos con beicon, luego regresaba a la cama y encendía la radio. Al pasar algo más de media hora, se volvía a dirigir a la cocina y reanudaba su rutina: cocinar, desayuno y vuelta a empezar. Alarmada por este comportamiento, la mujer de Eugene se puso en contacto con Larry R. Squire, de la Universidad de California, uno de los mayores expertos en pérdida de memoria del mundo y que más ha aportado sobre cómo se almacena la información en nuestro cerebro. Y en parte, por la ayuda inconsciente del propio Eugene, al que Squire se refiere en toda la literatura científica sobre el tema como “EP”. Enseguida el investigador se dio cuenta de que había algo raro: no recordaba nada, pero sí era capaz de ir a pasear solo y encontrar el camino de vuelta, y de adquirir nuevas rutinas.

La culpa la tenían los ganglios basales, unas pequeñas estructuras que controlan conductas automáticas, como respirar y tragar, que Eugene tenía en plena forma y que hoy (en parte gracias a él) sabemos que desempeñan un papel fundamental en la formación de nuestras rutinas.

De hecho, ha sido gracias a estos hallazgos como se han creado métodos para deshacernos de malos hábitos y reforzar otros más positivos.

Ha recibido 80 puntos

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El hombre que ve números en 3D

8. El hombre que ve números en 3D

Cuando alguién pide a Jonathan que imagine números, siempre los ve en una ubicación espacial concreta delante de él. Todos, del 1 al 60, se le presentan dispuestos de forma secuencial en una línea de números que aparece minuciosamente retorcida, lo que le ayuda a hacer operaciones aritméticas... Ver mas
Cuando alguién pide a Jonathan que imagine números, siempre los ve en una ubicación espacial concreta delante de él. Todos, del 1 al 60, se le presentan dispuestos de forma secuencial en una línea de números que aparece minuciosamente retorcida, lo que le ayuda a hacer operaciones aritméticas”, así lo explica el profesor Vilayanur S. Ramachandran en su libro Lo que el cerebro nos dice (Ed. Ariel) cuando habla de este caso que se le presentó en la consulta.

Al común de los mortales, si alguien nos pide que visualicemos los números del 1 al 10, lo haremos representados secuencialmente en el espacio, de izquierda a derecha, tal y como los ponía nuestra profesora de matemáticas en la pizarra. Entonces, ¿a qué se debe la forma en que Jonathan los ve, retuerce y deforma?

Los matemáticos, suelen decir que ven los números así, dispuestos en el espacio, de manera que es mucho más fácil para ellos descubrir relaciones que a los demás nos pasan desapercibidas.

Así se descubrieron el último teorema de Fermat y la conjetura de Goldbach. Según Ramachandran, Einstein también reconoció que veía los números así dispuestos en el espacio.

La razón de este superpoder la descubrió sir Francis Galton, un primo de Charles Darwin y uno de los científicos más excéntricos de su época, que fue el primero en hacer un estudio sistemático de la sinestesia. Este fenómeno consiste en la interferencia de sensaciones procedentes de sentidos diferentes como resultado de una mutación ligada al cromosoma X. Así, un sinestésico puede oír colores, ver sonidos y, en el caso de Jonathan, visualizar los números como si estuvieran vivos, en una línea serpenteante y retorcida, que incluso puede doblarse sobre sí misma. Y es que, según apuntó Galton, se trata de una clase de sinestesia, menos común, a la que denominó de “formas numéricas”. Pero ¿cuál es la razón?

Aunque no hay evidencia científica, el doctor Ramachandran explica que la capacidad de nuestro cerebro para representar conceptos como los matemáticos en el espacio de forma lineal es muy antigua. Sin embargo, es posible que en el caso de quienes padecen este trastorno una mutación en un gen les haga reelaborar las secuencias numéricas de esta forma tan peculiar.

Ha recibido 75 puntos

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Un hombre sin miedo

9. Un hombre sin miedo

Hace más de una década que el científico checo Jaroslav Flegr notó cambios evidentes en su comportamiento. Observó que tenía más disposición a correr riesgos, experimentaba comportamientos autodestructivos, había perdido el miedo a cosas que antes temía, sus reflejos eran cada vez más lentos e... Ver mas
Hace más de una década que el científico checo Jaroslav Flegr notó cambios evidentes en su comportamiento. Observó que tenía más disposición a correr riesgos, experimentaba comportamientos autodestructivos, había perdido el miedo a cosas que antes temía, sus reflejos eran cada vez más lentos e incluso sus preferencias por ciertos aromas habían cambiado. ¿La razón?

Su gato le estaba volviendo loco, como apuntaba el titular de la revista estadounidense The Atlantic, que reveló su caso. En él el propio Flegr lo achacaba a una infección de Toxoplasma gondii, el parásito del que son portadores los mininos y que produce la famosa toxoplasmosis, que si afecta a una mujer durante el embarazo, puede causarle graves problemas neuronales al feto.

Este biólogo de la Univerzita Karlova de Praga llevaba mucho tiempo estudiando este fenómeno, pero su aislamiento global (no habla inglés, por lo que no había hecho publicaciones fuera de las fronteras de su país) hizo que su trabajo no trascendiera. Hasta hace poco, cuando esta veterana revista lo destapó en un artículo que ya es uno de los más leídos en toda su historia. En él, otros investigadores aportaban más hallazgos en este sentido. Es el caso de Robert Sapolsky, neurocientífico en Stanford, que sugiere estudios recientes en los que se muestra cómo este parásito es el responsable de cambiar el mítico miedo de los ratones por los gatos en atracción “fatal”.

Según Flegr, este parásito reorganiza los circuitos cerebrales relacionados con emociones como el miedo, la ansiedad y el apetito sexual; y puede ser la causa de accidentes de tráfico, suicidios y hasta de enfermedades mentales como la esquizofrenia.

Hasta ahora se pensaba que, cuando atacaba a una persona sana, era inofensivo. Sin embargo, parece que, en algunos casos, el protozoo que queda latente en el interior de las células cerebrales se activa. Incluso hay estudios, como el realizado por Teodor Postolache de la Universidad de Maryland, que relaciona la presencia de este parásito con altas tasas de suicidio en lugares tan diversos como Turquía, Alemania y EEUU.

Ha recibido 66 puntos

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¡Esos no son mis padres! Y mi perro es un impostor...

10. ¡Esos no son mis padres! Y mi perro es un impostor...

Arthur es un hombre de 30 años que, tras sufrir un grave accidente en el que se golpeó la cabeza contra el parabrisas, permaneció en estado de coma durante semanas. Tras un largo proceso de recuperación en el que tuvo que volver a aprender a hablar, andar, etc., se ha vuelto tímido, y sobre todo... Ver mas
Arthur es un hombre de 30 años que, tras sufrir un grave accidente en el que se golpeó la cabeza contra el parabrisas, permaneció en estado de coma durante semanas. Tras un largo proceso de recuperación en el que tuvo que volver a aprender a hablar, andar, etc., se ha vuelto tímido, y sobre todo se comporta de una manera casi infantil obsesionado con que sus padres no son más que impostores. Salvo este pequeño “desvarío”, su estado físico y mental parece normal, y su relación con el resto de integrantes de su círculo familiar y social no ha sufrido ningún cambio, lo que hace que sus médicos descarten totalmente la amnesia como raíz del problema.

Cuando cualquiera de nosotros mira a un ser querido, la corteza temporal reconoce la imagen y transmite la información a la amígdala, que le confiere a su vez el contenido emocional. Cuando los especialistas investigaron el funcionamiento de este circuito en Arthur, descubrieron que tenía problemas para hacer conexiones. Lo que les llevó a la conclusión de que la raíz de este problema es orgánica y no psicológica, como se había pensado.

Arthur sufría el conocido como síndrome de capgras, que podríamos definir como daño en la conexión neuronal que permite reconocer caras y experimentar emociones en consecuencia. Lo que explica que los considerados impostores son siempre integrantes del círculo más íntimo y familiar del paciente, con lo que tiene una alta carga emocional. Hasta dar con la raíz neurológica de este problema, a estos pacientes se les había tratado con teorías freudianas que justifican esa “manía” hacia los padres con una atracción sexual por ellos. Esta se resuelve engañándonos a nosotros mismos con que en realidad no son nuestros progenitores. Sin embargo, el neurólogo Vilayanur S .Ramachandran describió un caso de este síndrome en el que el ser querido impostor era el perro del paciente.

Ha recibido 61 puntos

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El verdadero Show de Truman

11. El verdadero Show de Truman

Margaret ha vuelto a casa tras meses en un hospital recuperándose de un traumatismo craneoencefálico causado por un grave accidente de tráfico. Ha pasado un pequeño período de amnesia, pero parece que ya está bien. Sin embargo, al levantarse en su habitación al día siguiente, una idea extraña se... Ver mas
Margaret ha vuelto a casa tras meses en un hospital recuperándose de un traumatismo craneoencefálico causado por un grave accidente de tráfico. Ha pasado un pequeño período de amnesia, pero parece que ya está bien. Sin embargo, al levantarse en su habitación al día siguiente, una idea extraña se le pasa por la cabeza. Su cómoda pintada a mano, el armario que amplió cuando los niños nacieron, incluso las cortinas que confeccionó a juego con los cojines han sido duplicados y dispuestos al milímetro para engañarla. Pero no lo han conseguido. Esa no es en realidad su casa, sino una réplica ubicada quién sabe dónde. ¿Qué ocurre?

Margaret sufre paramnesia reduplicativa, un raro trastorno descrito por primera vez por el neurólogo Arnold Pick en 1903, aunque ya había referencias en la literatura médica en soldados durante la Segunda Guerra Mundial.

Parece haber consenso en que este trastorno está causado por un mal funcionamiento de los sistemas cerebrales relacionados con la memoria (lóbulo frontal) y su parte emocional (hipocampo). Así como un daño en el hemisferio derecho, lo que deteriora la percepción viso-espacial y memoria visual de quienes lo padecen y les produce una especie de desorientación espacio-temporal. Además de tras graves traumatismos, esta dolencia ha aparecido en casos de demencia, tumores e infartos cerebrales.

Ha recibido 56 puntos

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