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LEYENDAS TERRORIFICAS (TERCERA ENTREGA)

LEYENDAS TERRORIFICAS (TERCERA ENTREGA)

  • Lista creada por RockStereoSpectro.
  • Publicada el 05.07.2011 a las 19:13h.
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Continuamos con

La Llorona 2
La obscuridad y el desconocido
La anciana sin descanso
Amor dolor y horror
Polilla
La cuda
Sucedio Una Noche
La cueva del diablo
Esta vida
Por la carretera

relatos.escalofrio.com

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

La anciana sin descanso

1. La anciana sin descanso

Un papa después de un viaje de negocios, se llevo a su hija de 11 años, pues el padre le prometió vacaciones, pero se perdieron en un lugar al tomar una ruta incorrecta del mapa, y terminaron en un pequeño pueblo, tuvieron que detenerse a buscar combustible y a pedir información sobre su... Ver mas
Un papa después de un viaje de negocios, se llevo a su hija de 11 años, pues el padre le prometió vacaciones, pero se perdieron en un lugar al tomar una ruta incorrecta del mapa, y terminaron en un pequeño pueblo, tuvieron que detenerse a buscar combustible y a pedir información sobre su ubicación, eran cerca de las 12 de la noche y estaba lloviendo muy fuerte.
Entrando al pueblo, notaron algo extraño, la gente estaba afuera de sus casas y parecieran que estaban aterrorizados, la hija le hablo a su padre, pues vio varios carros de policías a lo lejos.
Se acercaron, el policía los vio y les pregunto

-son de esta casa?-
-no, no somos de aquí, es que tomamos otra ruta y terminamos perdidos, nos podría ayudar con el mapa y con algo de gasolina?-
-Si claro, disculpen un momento, pasa que a sucedieron varios asesinatos y los estamos investigando-
-asesinatos? -
-asi es, an matado a muchas personas de varias casas-
-……. Bien acompáñenme, les diré en donde se encuentran y les daré algo de gasolina para que puedan llegar a la ciudad más cercana, aunque les aconsejo que se queden esta noche aquí- dijo el policía-
-lo que sucede que llevamos prisa oficial, deberíamos haber llegado antes de las 10pm-
-está bien, pero vallan tan rápido como puedan y no se detengan hasta llegar a su destino, los asesinos que hicieron esto, debes estar cerca- dijo el policía-
Mientras el oficial les estaba dando las ubicaciones y gasolina, el padre sintió curiosidad de preguntar sobre cómo fueron las muertes.
Menciono que las muertes fueron como si los hubiera atacado algún animal, parecían como si fueran zarpazos, no había marcas de dientes ni pisadas extrañas o alguna señal de pelos como suelen dejar los animales, empezaba a pensar que no era un ataque animal.
Solo mato a los hombres y mujeres, dejo a los niños sin ningún rasguño, sin embargo estos estaban asustados, silencios, no podían hablar, como si hubieran visto algo horrible que los allá paralizado de horror.
El policía nuevamente les repitió, que una vez que lleguen a su camioneta, “cierren con seguro las puertas y no se detengan hasta llegar a su destino”.
Al llegar a la camioneta, como la hija dejo la ventanilla abierta, todo el asiento delantero de su lado se había mojado por la lluvia y tuvo que sentarse en el asiento trasero.
El padre izo lo que le aconsejo el policía, cerró las ventanillas y le puso seguro a las puertas.
Se fueron en el camino que les marco el policía en su mapa, pero momento después de irse del pueblo, mientras seguían el camino, pudieron ver una figura de una persona adelante, al acercarse mas, vieron que era una anciana con una bolsa.
El papa se detuvo y abrió la ventana, le dijo a la anciana.
-señora que está haciendo a estas horas?-
-………………….-
La anciana no respondió, ni siquiera volteo a verlo, simplemente siguió caminando. Por lo que el papa se bajo de la camioneta y fue a preguntarle que hacia tan noche.
-quiero llegar, estoy cansada- respondió la anciana-
-no se preocupe, venga conmigo, la llevaremos, es peligroso aquí afuera anda un asesino suelto-
La anciana subió a la camioneta, en el asiento trasero, alado de su hija, y se fueron.
Mientras el papa manejaba, le pregunto a la anciana que es lo que hacía tan noche caminando sola.
-……. Me perdí…. Ya no pude irme cuando pude……-dijo la anciana-
-Pues que suerte que la encontramos nosotros la llevaremos a su hogar, además nos topamos con un pueblo casi un kilometro atrás y me dijeron que asesinaron a varias personas, fue algo cruel-
-esas personas egoístas se lo merecían- respondió la anciana-
-y porque dice eso?-
-les contare una historia que sucedió en ese pueblo-
-Hace tiempo una anciana llego a ese pueblo con su nieto enfermo, lo llevaba en brazos pues el ya no podía caminar, la anciana pidió ayuda casa por casa, rogando por algo de comer o de beber para el niño, pero todas las personas le negaron un simple vaso de agua, le cerraban la puerta, le tenían miedo a la enfermedad del niño que llevaba en sus brazos, pues se veía demasiado enfermo, ese mismo día en la noche, su nieto murió diciéndole a su abuela, “te quiero abuela, gracias por nunca haberme dejado solo”, después de eso murió en sus brazos ..………y la anciana murió momentos después de eso……. Malditos egoístas, merecían ser castigados, merecían morir - dijo la anciana con voz de enojada-
En eso la hija, vio las manos de la anciana, sorprendida observo como tenía sus dedos delgados con unas uñas tan largas y puntiagudas como si fueran garras, todas llenas con manchas de sangre, después de eso la anciana volteo a verla, mirándola fijamente, tenía unos ojos oscuros con una luz en el centro de cada uno y una cara con la piel toda caída, en eso le sonrió a la niña, y dijo.
-Y eso…… sucedió hace 2 días- lo dijo riéndose-

La anciana levanto sus manos con sus uñas apuntando a su padre, y diciendo.
-Castigare a todos los egoístas de corazón, ese tipo de personas que no piensan en el daño que hacen, deben sufrir…. deben morir- con una voz muy alta y enfadada-
La niña se quedo congelada del miedo, aterrorizada sin poder pestañar siquiera, en eso se desmallo, instantes antes de desmallarse, vio la figura de la anciana que se lanzo hacia su padre, sintió el auto como se salió de control y como si chocara, después de eso, como si fuera sueño, escucho los gritos de su padre muy a lo lejos.
Se despertó con su cara hacia al suelo, casi ahogándose con la lluvia, se dio cuenta que la camioneta estaba volteada y que estaba entrando agua. Mareada se salió y vio a la anciana afuera, agachada como si estuviera comiendo algo.
La anciana se levanto y la volvió a mirar fijamente, la niña paralizada recordó lo que les dijo…… “Castigare a todos los egoístas de corazón, ese tipo de personas que no piensan en el daño que hacen, deben sufrir…. deben morir”, en eso tubo imágenes, recuerdos que su padre tenía, logro ver como estaba involucrado en secuestros de personas para la extracción de órganos, muchas veces les pedía que hicieran la extracción sin anestesia, se divertía viendo sufrir y escuchar los gritos de dolor, y en varias ocasiones el mismo secuestraba a niños, pues así ganaba más dinero.
Después de eso parpadeo, y la anciana ya no estaba allí, pudo ver a su padre en el suelo, le habían arrancado toda la piel de la cara, su corazón, pulmones, riñones, hígado y ojos estaban a su alrededor.
Al ver eso, la niña empezó a llorar en medio de la noche mientras llovía.


“Las personas buenas no existen, todos podemos fingir, pero el corazón no miente”

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La Llorona 2

2. La Llorona 2

El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raices en la mitologia Azteca. Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl, protectora de la raza. Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre... Ver mas
El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raices en la mitologia Azteca. Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl, protectora de la raza. Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.

"Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?", se lamentaba.

Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.

Con la llegada de los españoles al Continente Americano, y una vez consumada la conquista de Tenochtitlan, sede del Imperio Azteca, años mas tarde y después de que murio Doña Marina, mejor conocida como la "Malinche" (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.

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Por la carretera

3. Por la carretera

-Mamá, Sofía manchó el asiento con mayonesa –dijo Tere, mientras Sofía le hacia señas de que no dijera nada. -Pero ya lo estoy limpiando -¡Lo estás embarrando más! Mamá ¡regáñala! La pelea fue interrumpida con el sonido ensordecedor que hizo un trailer al pasar junto al vochito en el que... Ver mas
-Mamá, Sofía manchó el asiento con mayonesa –dijo Tere, mientras Sofía le hacia señas de que no dijera nada.
-Pero ya lo estoy limpiando
-¡Lo estás embarrando más! Mamá ¡regáñala!
La pelea fue interrumpida con el sonido ensordecedor que hizo un trailer al pasar junto al vochito en el que viajaban.
-¿Falta mucho mamá? –preguntó Sofía- ya me enfadé.
-Ya casi llegamos, allá esta la brecha por la que vamos a ir.
Tere y Sofía hicieron una mueca de disgusto, al principio les había parecido muy buena idea viajar de un pueblito a otro, conociendo lugares interesantes del norte del país pero, después de una semana en carretera, estaban muy enfadadas lo único que veían era un paisaje árido, seco, sin interés. Su mamá se esforzaba por señalarles los cactus y los animales que encontraban a su paso, para ellas todo se veía igual.
El carro no tenía aire acondicionado, el calor era insoportable y por las ventanas entraba un aire caliente que las sofocaba.
Ahora estaban buscando la zona del silencio, extraño lugar en donde pasaban cosas inexplicables, había quien afirmaba que la zona del silencio era una puerta a otra dimensión, aparentemente el lugar atraía meteoritos, naves espaciales y curiosos como ellos. A mamá le había parecido interesante incluir un lugar misterioso en la expedición.
Al final del viaje llegarían a casa de sus abuelos, en donde se reunirían con su papá para pasar las verdaderas vacaciones.
-Creo que ya nos pasamos mamá, llevamos mucho rato por este camino y no se ve nada.
-¿Y qué quieres que se vea? Es la zona del silencio, no se tiene que ver, se tiene que escuchar. ¡Que tonta eres!
-Mamá, Tere me dijo tonta
Esta vez su mamá no le prestó atención, estaba preocupada, ya deberían de haberse topado con alguna señal, con alguna persona.
Nada. A su alrededor solo había desierto.
-Mamá ¿ya vamos a llegar? Tengo mucho sueño – dijo Sofía, mientras veía una lagartija parada sobre una roca. La lagartija le sonreía. Sofía pensó que eso era lo más horrible que había visto.
Sofía y Tere se durmieron.
Sofía vio una enorme bola de fuego que caía del cielo, quemándolo todo a su paso, ella quería gritar, quería correr, su cuerpo no le respondía. Sintió el calor en sus brazos, en sus manos que trataban de proteger sus ojos. Su cabeza ardía, abrió los ojos y vio a su hermana carbonizada. Un grito desgarrador, de miedo y dolor, salió de su garganta.
Sofía despertó.
Habían pasado unos segundos. Todavía podía ver a la lagartija sonriente. Como si no hubieran avanzado de lugar.
-Mamá ¿ya vamos a llegar? –Sofía tocó a su mamá porque no le respondía, su mamá se desmoronó quedando convertida en un montoncito de arena.
Sofía despertó.
-Mamá tuve una pesadilla horrible, soñé que te desmoronabas y…
Sofía se dio cuenta de que todavía estaba soñando porque ahora se encontraba en el carro con los esqueletos de su mamá y su hermana.
-Por favor, quiero despertar
-¿Estás bien? – preguntó su mamá.
-Por fin –dijo Sofía tengo pesadillas. -¿Ya vamos a llegar?
-No lo sé –dijo su mamá–, sigo manejando para salir de aquí, pero todo se ve tan igual. No sé en donde estamos.
Nunca llegaron a la casa de los abuelos. Papá las buscó. Todavía las está buscando.

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La cueva del diablo

4. La cueva del diablo

Cuentan que en la tierra de Veracruz, México, hay quienes encerraban una cantidad ilimitada de dinero y bienes bajo las tumbas o bajo la tierra, y que tras un par de noches, todo aparecía husmeado como si unos ladrones lo hubieran saqueado, y una vez cuentan que un grupo de hombres, hartos de... Ver mas
Cuentan que en la tierra de Veracruz, México, hay quienes encerraban una cantidad ilimitada de dinero y bienes bajo las tumbas o bajo la tierra, y que tras un par de noches, todo aparecía husmeado como si unos ladrones lo hubieran saqueado, y una vez cuentan que un grupo de hombres, hartos de que les roben sus ahorros, trataron de seguir su rastro y manteniéndose en vigilia hasta que unas sombras cayeron sobre el sitio. Los hombres cargaron sus rifles, y de repente vieron como la sombra nada mas vagaba de un lado al otro, hasta que por fin, esta se acostó y movió como un gato, un perro que traían, estaba inmóvil, en ese momento se fue a perseguir al gato cuyos ojos brillaban como dos luciérnagas con tonos que iban de blanco, negro, amarillo a verde y rojo. En ese momento, todo se volvió mas oscuro y solo se oyeron espeluznantes gritos que enchinaron la piel de los 4 hombres, estos, paralizados, escucharon una risa diabólica y el crujido de las hojas y unas costillas sobre el suelo. Los hombres no daban crédito y estaban paralizados, poco a poco, los pasos acercaron más, dos de ellos, se armaron de valor y corrieron hacia donde estaba el sonido, otro mas huyo, el último se desmayo, solo se supo que se oyeron gritos y una gran pelea como si una pantera atacara y un montón de serpientes lo hicieran también.
A la mañana siguiente, las esposas estaban preocupadas porque sus esposos no volvieron a su lado, mientras relataban que a cierta hora, un escalofrío recorría su cuerpo y una sombra les decía que no temieran al futuro pues la elección no fue de ellas, sino de ellos. Sólo una mujer no estaba presente, era aquella cuyo esposo se había desmayado, en poco tiempo había desaparecido.
Su casa parecía abandonada y nadie estaba cerca, no había rastro alguno, pronto su familia empezó a preocuparse, entonces un día empezó a desprender un olor nauseabundo como a tripas asadas en descomposición, toda la colonia urgió para que se abriese la puerta y el escenario, a las doce del día, no era muy apto, hacia mucho calor, pero aun así la abrieron, a diferencia de lo que habían imaginado, encontraron una casa muy fría, muy diferente a lo que se sentía fuera, habían pedazos de carne por toda la casa.
Al fondo, la única luz que se veía era la de un caldero hirviendo, que emanaba un rico olor, estos estaban prestos a continuar cuando algo los detuvo, a uno de ellos los agarro una mano pequeña y a otro lo agarro otra mano fría, al voltear solo vieron la mano en descomposición de la señora que les decía cuiden de ellos cuiden de mi esposo, y mas adelante, se escucharon dos risitas, que eran las que estaban al lado del caldero, las personas que habían acudido, estaban paralizadas, solo pudieron mirar que eran dos niñitos parte gato, parte mula, parte humano, que les sonreían y les invitaban al festín, les dijeron que estaban cocinando lo mas rico, la cabeza de los tres que se habían movido que estaban invitados, pero a cambio debían darte parte de su cuerpo para el festín, al no poder aguantar mas, salieron corriendo.

Días mas tarde regreso del monte el que se había desmayado, estaba todo golpeado y ensangrentado, olía a azufre y a muerto, pero traía consigo un morral lleno de monedas de oro, y relato que encima, cuando despertó, sintió que miles de arañas y de garras le habían pasado encima, y que un gato rojo del todo le dio a elegir, que saldría con vida si rescataba a unos piratas y conseguía entrar a la cueva y salir con todo el oro que ahí había, o que si no, su vida cesaría de existir, pero salvaría el alma de su avariciosa esposa.

El hombre entró a la cueva y se encontró frente a un paraíso de soledad, pero lleno de oro y todo cuanto jamás había imaginado. Pronto ideo el modo de salir y vio dos estatuillas, que le dijeron que salvaría su alma si el quería, y el les dijo que si, estos le pidieron una parte de su cuerpo como prueba y el, no supo que darles, al no decidirse, paso un momento por su mente la avaricia de su esposa y les dijo que ellos eligieran, estos le dijeron que ya estaba decidido, y tomaron vida como dos duendes que le indicaron donde estaban los cadáveres de los piratas y le ayudaron a sacar todos los tesoros. Los piratas solo desaparecieron dándole las gracias y le dijeron que ellos saqueaban tesoros, pues hicieron una promesa al diablo de que le traerían grandes tesoros a cambio de su vida, pero ahora, estos tesoros le pertenecían a el por haberle salvado.

Tras narrarle todo lo que paso, el chico con el rostro asustado y atónito preguntó a los pueblerinos, amigos y familiares, que había pasado. Tras escuchar el relato de lo sucedido, el decidió suicidarse en su casa maldita, dejando a sus pies un tesoro que jamás fue encontrado... dicen, que volvió a la cueva y que espera al valiente que lo pueda rescatar y así salvar el alma en pena de este hombre y su esposa que aun ronda por una casa abandonada buscando tesoros y víctimas para alimentar su vida eterna

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La cuda

5. La cuda

Esta historia me ocurrió hace poco tiempo, yo soy de Perú, y como la mayoría de países el Perú se divide en tres grandes regiones: costa, sierra, selva. Yo vivo en una ciudad de la costa llamada "Trujillo". Por parte de la familia de mi madre tengo muchos tíos, dos de ellos son hijos del... Ver mas
Esta historia me ocurrió hace poco tiempo, yo soy de Perú, y como la mayoría de países el Perú se divide en tres grandes regiones: costa, sierra, selva. Yo vivo en una ciudad de la costa llamada "Trujillo".

Por parte de la familia de mi madre tengo muchos tíos, dos de ellos son hijos del segundo compromiso de mi abuelo, los medios hermanos de mi madre se llamaban Walter y Ronald, con mi tío Ronald nos hicimos muy buenos amigos, ya que el tenia casi mi edad (yo 24 y el 27), éramos muy unidos, tanto así que cuando falleció su novia yo estuve siempre a su lado. Su novia había nacido en una ciudad de la selva.
Mi tío a pesar de pasar el tiempo seguía un poco deprimido por la perdida de su amada, motivo por el cual decidí alejarlo de su casa llena de recuerdos con ella, y viajar juntos de paseo. El insistió tanto en ir a Iquitos, una ciudad de la selva, yo le dije que seguro allá pensaría de nuevo en su novia. El dijo que lo hacia por dos motivos: primero el quería conocer la tierra donde ella nació y la segundo era enseñarme a no subestimar las leyendas urbanas que existen por allá. Esto ocurrió porque mi tío es fanático de las cosas de ocultismos y fantasmas, yo por mi parte siempre me burlaba de el y le decía que nunca me había pasado nada de esas cosas y que lo retaba a que me enseñara, mi tío me contó la historia que su novia le había dicho hace tiempo. El relato era sobre la “Cuda”, yo siempre me reía. El me dijo que es un animal demoniaco, existe el Cuda macho y la Cuda hembra, me dijo que la hembra era mas peligrosa, puesto que el Cuda macho solo se dedicaba a cazar para alimentarse, mientras que la Cuda hembra mataba y secuestraba a los hombre de la zona para después aparearse con ellos y llevarlos a su guarida.
Por supuesto esas cosas no me interesaban yo mas estaba pensando en ir a la selva para conocer a alguna nativa simpática, ya que las mujeres de la selva son las mas hermosas y ardientes que hay en mi país. Fue entonces que nos embarcamos en un viaje con dirección a “Iquitos”, al llegar me sorprendieron los increíbles paisajes, lugares turísticos y sus encantadoras mujeres. Pero mi tío no había olvidado la lección respecto a las leyendas urbanas del Perú. Averiguando nos indicaron que existía una aldea ubicada en la zona mas profunda de la selva en donde vivía una anciana que conocía la historia de la Cuda y más aun las combatía. Fue así que como jugando le propuse a mi tío ir a ese lugar para poder experimentar en carne propia esa dichosa leyenda. Así nos contactamos con un guía que nos acompaño todo el camino hasta la tribu, el conocía el idioma de esa zona, llegamos y tratamos de comunicarnos con la anciana, de primer momento nos pidió una ofrenda para poder atendernos, nosotros le dimos comida y fruta que llevábamos con nosotros. Fue así que logramos conversar con ella, por intermedio del guía le hacíamos preguntas sobre la leyenda de la Cuda, ella solo decía muy tajante que con esas cosas no se juega, no debemos aventurarnos mas en el bosque, porque nos arrepentiremos toda la vida, yo por supuesto no le creí ni una palabra, pero ella me señalo y me dijo por intermedio de la traducción del guía que la desgracia caería sobre mi, por culpa de mi poca de fe. Al escuchar esto, me dio mas ganas de saber si la historia era verdad, por supuesto estaba una apuesta de por medio, poder de una vez por todas quitarle a mi tío esa tontas ideas del ocultismo. Fue así que me fui con mi tío y el guía, y nos aventuramos en el bosque temprano en la mañana, tratando de seguirles el rastro, por las averiguaciones esas criaturas aparecían cerca del río. Armamos nuestra carpa cerca del río estuvimos toda la mañana, después de almorzar buscamos en los alrededores, sin tener suerte. Ya cansados de todo yo estaba con aires de triunfador y feliz al saber que tenía la razón y la leyenda era una tonta creencia, sin embargo el guía estaba inquieto, nos dijo que ya era hora de irnos, yo no tenia ganas de caminar en ese momento, quería quedarme un poco mas, mi tío me dijo que le hiciéramos caso, yo le dije que no, que por algo yo le estoy pagando, el guía seguía insistiendo, le dije que si se quería ir que se largara, total yo ya me sabia el camino de regreso y no le pagaría, el aun así se fue. Mi tío se puso nervioso, yo le dije que se tranquilizara, teníamos todo lo necesario para poder seguir solos, el no quiso seguirme, de tanto pelear por el asunto se hizo tarde, eran como las 5:00 de la tarde o mas, yo le dije hay que seguir por el río, porque deben haber personas que transitan por estos lugares, seguro encontramos a alguien por ahí, fue así que caminamos unos minutos y fue ahí donde la encontramos.

Yo vi a lo lejos a una mujer cerca al río parecía que se estaba lavando o algo así, yo le dije a mi tío: ves ahí hay alguien vayamos a ver. El me dijo que tuviera cuidado, nos acercamos mas y mas, y fue cuando pudimos verla mejor, era ella, era La Cuda.

En forma horizontal la mitad de su cuerpo parecía el de una mujer de tez blanca con cabello largo que le cubría el rostro, la otra mitad del cuerpo parecía una pez, solo el brazo derecho y la pierna derecha eran humanos, en vez pierna izquierda tenia una garra como de un águila, pero era enorme, al darse cuenta de nuestra presencia comenzó a dar brincos hacia nosotros, era espantoso ella no caminaba solo saltaba ya que una de sus piernas era una garra muy grande y grotesca, mi tío al verla se hecho a gritar, yo me quedo petrificado, literalmente me orine encima de miedo, no podía creerlo, tan solo me quede inmóvil, ella se acerco muy rápido hacia nosotros no pude verle el rostro tan solo vi su garra pasando por mi costado, agarro a mi tio por la cabeza con su garra y se lo llevo dando un salto largo, mi tío gritaba y luchaba para escapar, y yo solo me quedaba mirando petrificado, ella de otro salto llego al río y se lanzo a el, muy pronto desapareció y me quede solo. Pasaron como medio hora o mas y yo recién pude reaccionar, corrí desesperado al río, pero ya estaba oscureciendo, yo no podía ver nada, corrí hacia la aldea mas cercana para pedir ayuda, hasta que por fin llegue. No se como lo hice, no se como pude orientarme para llegar a la aldea, pero los que me recibieron me contaron después que estaba muy pálido y que no podía hablar, yo me levante al día siguiente, y recordé todo. No podía hacer nada ahora, por mi culpa mi tío había sido raptado por la Cuda. Regrese a la ciudad de Iquitos muy perturbado con miedo de regresar a mi casa en Trujillo. No sabia que iba a contar allá, como les iba a explicar sobre lo que le sucedió a mi tío.

La verdad no me importa mucho si me creen o no, yo no busco eso, tan solo quise desfogarme, hace poco que me entere de esta página, por eso escribo esto, aun estoy en la selva, he realizado mis investigaciones, descubrí que la anciana que conoce a las Cudas también tiene una forma para combatirlas, asimismo podemos rescatar a mi tío del lugar donde lo tienen secuestrado, ella me dijo que es posible que aún siga con vida, pero que no regresaría del todo normal, ya que el trauma será tan grande que pueda que quede loco. Ahora me armaré de valor y juntos con unos cazadores nativos emprenderé mi venganza personal contra estas bestias.

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La obscuridad y el desconocido

6. La obscuridad y el desconocido

Para Stella Bouvier todo era oscuridad, iba caminando por una calle vacía a las 3 a.m, no sabía muy bien qué era lo que exactamente hacía caminando a esa hora por una calle peligrosa, una avenida bien iluminada. pero poco vigilada. De pronto todas las luces se apagaron y el miedo se apodera de... Ver mas
Para Stella Bouvier todo era oscuridad, iba caminando por una calle vacía a las 3 a.m, no sabía muy bien qué era lo que exactamente hacía caminando a esa hora por una calle peligrosa, una avenida bien iluminada. pero poco vigilada. De pronto todas las luces se apagaron y el miedo se apodera de ella, ese temor que se mezcla con la desesperación y frustración de no encontrar lo que se desea: La luz. Camina a tientas, conoce demasiado bien esa avenida, llega a una plaza, lo presiente, sus pies rozan con el césped, no comprende por qué, pero sabe que alguien la vigila, la acecha, quizás para bien o quizás para mal.

- ¡Diablos! -suelta nerviosa al casi tropezar con un árbol traicionero, ve una luz, voltea a verla y es un hombre, extraño y desconocido para ella, se tensa demasiado, su nerviosismo se podría notar a leguas, quería saber quién demonios era ese sujeto, pero su urgencia por llegar a un lugar poco importante para ella en realidad, la hacía seguir caminando.

Rápidamente se metió por una nueva avenida, la luz recobró sentido, ya podía ver donde sus pasos iban. Aun la calle permanecía solitaria, el viento soplaba y su castaño cabello ondeaba al igual que los árboles y lo único que escuchaba era el susurro de estos al moverse levemente. Tenebroso, podría describirlo, aún sentía miedo porque la persona que había visto en la plaza la seguía, de cerca, descaradamente, como si ella no se diera cuenta de estaba siendo seguida.

Quería llegar a ese lugar, pero los pasos que daba eran inútiles, el hombre desconocido cruza la calle hasta quedar en el mismo lado por donde caminaba ella, Stella no lo pensó dos veces y cruzó para alejarse de él. Sus pasos se hacían más desesperados, más rápidos, ¡pero no avanzaba!, la luz volvió a irse, para su mala suerte.

Miró hacia atrás preocupada y encontró más cerca de lo que pensaba a su acosador, con su piel tensada completamente y un frio recorriéndole de pies a cabeza continuó, comenzaba a cansarse de la situación, en su cabeza pasaban imágenes de una linda y reconfortante casa, no muy amplia y con una cantidad gigantesca de cachivaches, junto a una estufa que le daba calor y ella sentada en un anticuado sillón con una taza de café en las manos, sonriendo, tranquila. Sacudió la cabeza, debía concentrarse, ya llegaría a esa casa, ya descansaría, ya podría contarles a todos el terror que estaba viviendo en ella ahora.

Llega a un pasaje, el primero de tres que debía cruzar para llegar a su destino, se detiene, sus pies se lo piden, ella queriendo avanzar y sin poder comienza a mirar hacia todos lados, la luz que llevaba el hombre se había apagado, ¡ya no lo podía ver! Desesperada continuaba buscando siquiera una fuente de luz que le indicara que todo iba bien, pero no llegaba. Después se enciende una nueva luz, tan cerca de ella que podía contar con detalle cómo era, y quien la llevaba: el hombre que la seguía estaba a un palmo de ella. Un grito de horror salió de su boca, pero no dijo nada, se quedó en silencio, la cara del desconocido estaba demacrada, y sonreía, de una manera que la inquietaba.
Cuando por fin el hombre le iba a hablar, aparece una anciana, quien lleva un candelabro igual al de él, y le sonríe cálidamente a la muchacha: es su abuela.
- Ven vamos a casa, Stella -dice y la toma de un brazo y la jala, ella no comprende, pero se siente aliviada de alejarse de él, las luces, las benditas luces volvieron a encenderse y del brazo de su abuela caminó hasta su destino, el desconocido no la siguió más, al parecer la llegada de la anciana lo había hecho retractarse, pero cualquier propósito que fuera el que tenía, la morocha se alegró de no tener que oírlo, miró hacia atrás una última vez y no estaba.

Abrió los ojos como si nunca se hubiera quedado dormida, no le costó abrirlos, era una necesidad, y ahí yacía, en su casa, en su habitación, con la lluvia golpeando su ventana y ella sumida en su cama, cálida y cómoda, sin hombres, sin su abuela y sin ese tormento, todo había sido un sueño pero... ¿qué quería decirle?

y volvió a sonreír.

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Sucedio Una Noche

7. Sucedio Una Noche

Sucedió una noche cuando la tormenta se manifestaba con violencia. La lluvia caía copiosa y ferozmente. Dentro, Nicolás se acurrucaba en el sofá con las mantas al calor de la chimenea. Había llovido casi todo el día y apenas había salido a la calle. Esperaba terminar el capítulo de la novela que... Ver mas
Sucedió una noche cuando la tormenta se manifestaba con violencia. La lluvia caía copiosa y ferozmente. Dentro, Nicolás se acurrucaba en el sofá con las mantas al calor de la chimenea. Había llovido casi todo el día y apenas había salido a la calle. Esperaba terminar el capítulo de la novela que le tenía en vela para irse a dormir. Se sentía cansado y enfermo. De pronto, sintió que alguien merodeaba afuera, en su jardín. Se levantó y al mirar por la ventana vio unas sombras moverse entre los arbustos. Aquellas sombras se asemejaban al cuerpo de un hombre. Alarmado, pensó un instante en llamar a la policía, pero era muy tarde y además parecía ya que aquel hombre se marchaba.
“Será un vagabundo que viene a guarecerse de la tormenta y del frío”, pensó. Pero, pese a que ya no lo podía ver en el jardín, Nicolás sentía que aquel intruso aun estaba cerca, muy cerca, lo sentía dentro de la casa así que se aseguró de que todas las ventanas y puertas estuvieran bien cerradas y entonces, subió a su habitación. La puerta estaba cerrada, lo cual le resulto extraño ya que juraría que la última vez que salió la había dejado entreabierta. El miedo empezó a invadirle, el corazón le latía con fuerza y al poner su mano en la manilla para abrirla, notó que estaba temblando. Estaba aterrorizado. “Cálmate Nico, cálmate. No pasa nada, no hay nadie ahí dentro, no puede haber nadie, la puerta se cerró con la corriente” se decía. Pero la puerta no se podía abrir, alguien había echado el pestillo por dentro, lo cual era imposible a no ser que... En ese instante sonó su móvil. Lo había dejado dentro. Nicolás, presa del pánico, no entendía que estaba pasando y decidió que lo mejor sería avisar a la policía. Tal vez, el hombre del jardín había conseguido entrar a su habitación por el balcón. El teléfono no paraba de sonar. Cuando se disponía a bajar las escaleras, oyó claramente que alguien pulsaba el botón de su móvil para contestar. “¡Dios mío!”, pensó aterrorizado y una voz, que le sonó terriblemente familiar, le llegó a sus oídos: “Dígame. No, Nicolás no puede ponerse en estos momentos, no está en condiciones de...” No pudo escuchar más. Corrió escaleras abajo y salió a la calle a pedir auxilio. Pero, cómo explicar aquello, cómo explicar a algún vecino o a la policía semejante disparate. Y es que la voz que escuchó contestar a su móvil era la suya...

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Amor dolor y horror

8. Amor dolor y horror

Quisiera olvidar, Lo que es este sentimiento, Que va a matar, Hasta mi último aliento, No quiero recordar lo que es amar, Lo cierto es que duele, Pues en el fondo se siente, Como un tormento en el alma, No hay ninguna salida, Forma de escapar, Inevitable pesadilla, Sin poder... Ver mas
Quisiera olvidar,
Lo que es este sentimiento,
Que va a matar,
Hasta mi último aliento,

No quiero recordar lo que es amar,
Lo cierto es que duele,
Pues en el fondo se siente,
Como un tormento en el alma,



No hay ninguna salida,
Forma de escapar,
Inevitable pesadilla,
Sin poder despertar,

Amor, dolor, horror,
Que envenena el corazón,
Amor, dolor, horror,
Absurda sensación,


Pobre corazón,
Tu sufrimiento no cesa,
Experimentas el dolor y solo eso te queda,

Emoción engañosa,
En tu red eh caído,
Eres una tramposa,
Y herida término,

¿Dónde está el final feliz,
Que me prometiste?
Puse mi fe en ti,
Y destrozada terminé,

Amor, dolo, horror,
Que envenena el corazón,
Amor, dolor, horror,
Que acaba en desilusión,



Amor, dolor horror,
Que envenena el corazón,
Amor, dolor, horror,
No perdono tu traición,

Amor, dolor, horror
Que envenena el corazón,
Amor, dolor, horror,
Amarga decepción

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Polilla

9. Polilla

- ¡¿Por qué gritas?! – preguntó fúricamente Alberto con el miedo rezumándole en cada palabra. Calor insoportable y humedad pegajosa. El interior de la fábrica no contrastaba ni un poco con el exterior. En la oscuridad, efectivamente, el edificio era como un monstruo; y ellos estaban en sus... Ver mas
- ¡¿Por qué gritas?! – preguntó fúricamente Alberto con el miedo rezumándole en cada palabra.

Calor insoportable y humedad pegajosa. El interior de la fábrica no contrastaba ni un poco con el exterior. En la oscuridad, efectivamente, el edificio era como un monstruo; y ellos estaban en sus entrañas.

- Lo siento… es que… oh dios mío… yo… - pronunció Mireya en una verborrea nerviosa y casi incomprensible. Seguía sollozando y en medio de la oscuridad temblaba como si padeciera Parkinson.

- No importa – la consoló tomándola entre sus brazos Alberto –, yo… solo que me has asustado. Perdón.

Dicho esto le dio a su novia un tembloroso beso en la frente y la estrechó fuertemente hacia él con un abrazo casi asfixiante. El gesto, en vez de tranquilizarla la puso en un estado similar al de alerta. Ignoraba la razón, pero la sensación era tan tangible e intensa que no la pudo apartar de sí.
Después de aquella escena, Alberto procedió a revolver las cosas dentro de su mochila, al parecer, en busca de una linterna. Una vez hallada la encendió, mostrando el interior detrás de la tétrica fachada.

Sus prejuicios quedaron disueltos en una ácida certidumbre.

El interior, incluso iluminado escasamente por la linterna, lucía como un lugar pulcro y tranquilo. Quizá un poco oscuro y solitario, pero normal. Aunque muy contrario a lo que percibían sus ojos, la sensación que manaba del lugar era como la que Mireya había sentido al estar cerca del edificio, pero a la decima potencia.

Se encontraban en una especie de lobby muy compacto, con un par de sillas al fondo. Del lado derecho había una especie de modulo que otrora pudo haber sido la recepción. Del lado izquierdo solo había una puerta con un rotulo que rezaba “ADMINISTRACIÓN”. Al fondo, en el centro, había un par de puertas.
El lugar, obviamente, se encontraba desierto; o al menos eso creían.

- Vamos – dijo secamente Alberto.
Su pareja solo se limitó a asentir. Mireya bien pudo resistirse… pero no lo hizo. No quiso.

Una extraña certidumbre la invadió. Como si fuera una actriz y siguiera un guión. Como si ya estuviera predestinado.

“Un Dejà vú, ¿o no?” pensó nerviosamente Mireya mientras avanzaba con Alberto hacia las puertas que conducían, al parecer, al cuarto de maquinas; “¿O esto ya lo viví?”

Al llegar a las puertas, Mireya dudo por un momento, pero al final abrió la puerta.

No conducía al cuarto de maquinas, como ellos habían pensado, sino a un largo pasillo. En ambas paredes había una hilera de ventana, un total de doce. De las ventanas no se podía contemplar otra cosa que no fuera la claustrofóbica oscuridad.

Cruzaron el umbral de la puerta y, otra vez, Mireya tuvo la sensación de predestinación, pero ahora mezclada con la temerosa superstición.

“Ahora seguiremos hasta la maquinaria y después…”.

Avanzaron lentamente por el pasillo hacia las puertas que se encontraban al final de éste. Mireya volteo a su izquierda y contempló a Alberto con ojos temerosos. El rostro de éste había adquirido un cariz tranquilo, casi soñoliento, como si solo estuvieran caminando por el parque y no en el interior de aquella macabra y jodida fabrica.

- ¿Qué pasa? – preguntó Alberto con voz serena, mientras volteaba y esbozaba una sonrisa drogada.

Mireya se limito a negar con la cabeza. “Mas bien que no pasa, carajo” pensó ella asustada y a la vez fúrica. Pero en su interior sentía una naciente preocupación. ¿Qué pasaba si algo aullante y deforme aparecía atravesando la puerta y cargaba contra ellos, mientras Alberto permanecía con su mueca de idiota en la cara?

Se sorprendió a si misma cuando descubrió un sentimiento similar a la dependencia.

Después de una eternidad llegaron a las místicas puertas. Eran casi iguales a las otras, con la única diferencia de que no tenían ventanas.

- Bueno, ¿Qué esperamos? – cuestionó con jovialidad Alberto mientras le dedicaba otra de sus sonrisas de idiota.

Irónicamente, Mireya se relajó. Le tranquilizó aquella mirada serena y esa sonrisa segura. Fue como si le hubieran inyectado una buena dosis de confianza. Le devolvió la sonrisa a su pareja y asintió tímidamente, como si se disculpara.

“¿Qué podría salir mal?”

Se abrieron las puertas de par en par con un quejumbroso chirrido. Era el cuarto de maquinas, pero no con las maquinas que esperarían ver en una fabrica.

Era una enorme habitación iluminada por un fulgor rojo, como el de un estudio de revelado. Había en total veinte de aquellas maquinas en forma de cilindro. Cada uno de ellos tenía su propia gama de tubos que sobresalían por su lado izquierda. En el centro de cada uno había un panel con un juego de válvulas, botones y medidores de presión. Eran casi como…

- Cámaras hiperbáricas – musitó Alberto, mientras avanzaba con pasos lentos

- ¡No, espera! – gritó ella detrás de él. - ¡Espera por el amor de D…!

Cuando Alberto por fin cruzó el umbral de la puerta con dirección a la extraña habitación, las puertas se cerraron violentamente, profiriendo un chirrido terrible similar a un grito. Mireya tuvo que soltar la mano de su pareja y llevarla hacia ella rápidamente para evitar que las puertas le arrancaran la mano de cuajo.

- ¡Mierda! – masculló asustada Mireya mientras evitaba que la puerta le volara la mano.

Tardo unos minutos en reparar que todavía conservaba la mano, y más importante: se encontraba sola y asustada en un lugar terrible y atemorizante. Se encontraba en un estado similar al shock. Y todo por una puerta que se había cerrado sola enfrente de sus narices.

Cuando se dio cuenta de su situación, solo pudo gritar histéricamente al nombre de novio y azotar la mano sobre las puertas mientras gruesas lágrimas recorrían sus pálidas mejillas.
Ni un ruido ni un llamado. Nada en lo absoluto.

Había llegado al límite de lo que podía resistir, de nuevo.

¡CRASH!

Mireya se encontraba sentada con la cara apoyada sobre sus rodillas cuando oyó una explosión y recibía una lluvia de cosas brillantes.
Los primeros vidrios de los costados habían estallado sonoramente.
Se levantó como impulsada por un resorte y corrió la distancia que había entre una y otra entrada. A cada zancada que daba era recibida con una lluvia de cristales dispuestos a enterrarse despiadadamente en un ojo o simplemente en su piel. Corrió gritando histéricamente hasta que llego al final del pasillo y cruzó la puerta del vestíbulo. Ya en la seguridad del vestíbulo, Mireya se dispuso a respirar y sollozar agitadamente mientras se dejaba caer sobre su trasero. Sentía los oídos de acero y las piernas, de gelatina. Aquello no podía ocurrir. No estaba pasando.

Pero, oh, si estaba ocurriendo, ¿o no?

De sus turbados pensamientos fue sacada por algo tibio que le resbalaba por las mejillas. Era sangre.

Sangraba por diez heridas distintas, pero solo una en el pómulo izquierdo era de cuidado. Cuando por fin reparo en eso, se quitó la sangre de la cara y se sacudió violentamente las astillas de vidrio de su cabello castaño y de su ropa. Después de este acto se rodeó las rodillas con los brazos y se quedo quieta mirando al vacio. El muro de sus fuerzas había sido aniquilado.

De nuevo en la obscuridad el lugar había adquirido otra vez aquella atmosfera pesada, cargada de un calor una humedad sofocante. La opresión en el pecho que había sentido antes Mireya había regresado, pero al, parecer ya no le importaba.

- …n – un sonido apagado. Mireya no se sobresalto, después de todo, en aquella abominable e ignota oscuridad ¿qué no podía crujir, tronar, o susurrar?

- …en – un sonido mas claro, casi como un susurro. Pero Mireya seguía absorta.

- Ven… - en esta ocasión Mireya volvió la vista lentamente hacia el lugar donde suponía que estaba la puerta de la administración.

En efecto, era un débil susurro, que ahora la llamaba por su nombre.

Se levantó pesadamente, casi sin ganas, y se dirigió a tientas hacia la puerta. Giró el pomo y se preparo para lo peor.
Nada, al menos de momento.

En aquel sitio infernal, uno no puede imaginar que le depara, y eso le pasó Mireya.

Cuando cruzó la puerta un sonido la sobresaltó. No era un vidrio explotando o un ser aullante ni nada por el estilo. Era algo más raro. Era el llanto de un bebé.

- Oh, Dios mío… - musitó débilmente ella, ya no tenia energías para sobresaltarse.

Del bolsillo derecho de su suéter saco una pequeña linterna y la encendió. Lo que vio fue algo raro, obviamente.

En efecto, era una oficina de administración muy sencilla; pero de un solo lado. Del otro lado, el del fondo, era como una sala de maternidad, con hileras de incubadoras muy alineadas y algo polvorientas, como si alguien no las hubiera usado en mucho tiempo.
Pero, sin reparar en eso, Mireya corrió a donde provenía el llanto. Al menos, si había un bebé tendría una razón por la cual salir de ese lugar maldito.
Cuando llego a la ultima incubadora no encontró bebe alguno, de hecho los llantos habían desaparecido. En cambio, en la incubadora había una rama de árbol ya muy seca, y de una hoja amarillenta y reseca pendían unas perlitas blancas. Ella la tomo y la contempló absorta. No eran pelusas o algo así, eran huevecillos. Huevecillos de…

- … polilla – declaró definitivamente Mireya.

Cuando la declaración terminó, Mireya se sobresalto cuando el llanto de bebé resonó, solo que ahora sonaba afuera de la habitación.

Un miedo penetrante y corrosivo invadió el ser de Mireya, haciéndola sentir más desprotegida que el presunto bebé que lloraba en el exterior.

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10. Esta Vida

Camino por las calles más oscuras de mi vida, esos recuerdos de dolor que me inundan de pesar el alma y la conciencia, a veces creo que mi existencia fue como una piedra en el zapato para los de mi alrededor pero a veces también creo que cambie algunas vidas, aunque ese pensamiento se desvanece... Ver mas
Camino por las calles más oscuras de mi vida, esos recuerdos de dolor que me inundan de pesar el alma y la conciencia, a veces creo que mi existencia fue como una piedra en el zapato para los de mi alrededor pero a veces también creo que cambie algunas vidas, aunque ese pensamiento se desvanece como la bruma después de una tormenta, pero todavía con esa pequeña esperanza en mí, todo de repente se volvía gris de nuevo… En mi interior siempre trate de encontrar ese rostro lleno de paz, de amor, pero cada vez que lo hacia este se convertía en una imagen que pensé que solo en mis pesadillas podría estar; desde que el me dejo sola, siempre sentí que fue mi culpa, sentí que todos me miraban culpándome de su ida, ya que todos hablan que murió de amor, pero yo sigo creyendo que él nunca me amo. Ya han pasado 2 años, pensando de que la luna es la una testigo de mi sufrir; siento que el aliento se me va con cada memoria de él y su supuesto amor conmigo.
Yo creo que el sufrimiento que siento no es porque me dejo, mas bien es por hacerme creer cosas que nunca existieron, ya que yo lo amaba más q a mi propia alma.
Siento que en este mundo no estoy sola, que alguien alguna vez sintió lo mismo que yo, lo buscare no me importa cuánto me tarde, pero cuando lo encuentre por fin me encontrare a mí también…

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