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* LEYENDAS ESPAÑOLAS * (Grandes Misterios)

* LEYENDAS ESPAÑOLAS * (Grandes Misterios)

  • Lista creada por fiebre azul.
  • Publicada el 23.11.2011 a las 13:23h.
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España es tierra de leyendas, cuentos insólitos en los que se entremezclan muchas veces la historia con la ficción, y cuyos orígenes se remontan a tiempos inmemoriales. Conocer estos relatos es una manera divertida y original de acercarse a la rica cultura popular. Gigantes, dragones, brujas, espíritus, batallas, santos y noches mágicas… Muchas de estas historias son la base de tradiciones, fiestas y rituales que están muy arraigados en el presente.

La cantidad de leyendas es innumerable......... Aquí se muestran algunas de las más conocidas.

La lista incluye la opción para agregar elementos..................se aceptarán buenas sugerencias de leyendas españolas extraordinarias.


Listas relacionadas (pincha el título de cada enlace para acceder):

* GRANDES MISTERIOS SIN RESPUESTA

* GRANDES MISTERIOS SIN RESPUESTA (Segunda parte)

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La leyenda de "Los Amantes de Teruel"

1. La leyenda de "Los Amantes de Teruel"

El origen de esta romántica leyenda se remonta a la Edad Media. Cuenta la tradición que en el siglo XIII dos jóvenes de Teruel, Isabel de Segura y Diego de Marcilla, murieron de amor tras una serie de infortunios que les impidieron unirse para siempre. Sus cuerpos reposan juntos en un mausoleo... Ver mas
El origen de esta romántica leyenda se remonta a la Edad Media. Cuenta la tradición que en el siglo XIII dos jóvenes de Teruel, Isabel de Segura y Diego de Marcilla, murieron de amor tras una serie de infortunios que les impidieron unirse para siempre. Sus cuerpos reposan juntos en un mausoleo situado al lado de la iglesia y torre de San Pedro, que forma parte del conjunto mudéjar de Teruel declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta ciudad de Aragón recuerda cada año este drama medieval. En febrero, sus callejas y plazas del casco antiguo recrean el ambiente de aquella época y miles de personas, disfrazados con trajes, salen a la calle y participan en esta celebración que aúna cultura y fiesta, y en la que no faltan saltimbanquis, faquires, cuentacuentos, verdugos, nobles y siervos. El plato fuerte es la representación, en diferentes puntos de la ciudad, del drama de los Amantes.

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La leyenda de "La Güestia" (Huestia)

2. La leyenda de "La Güestia" (Huestia)

Se denomina Güestia a una procesión noctura de muertos, almas en pena que aún no han podido resolver sus asuntos pendientes y que por ello, deambulan por el purgatorio. Se dice que esta procesión también se hace presente en el mundo terrenal y que los muertos parten del cementerio con cirios y... Ver mas
Se denomina Güestia a una procesión noctura de muertos, almas en pena que aún no han podido resolver sus asuntos pendientes y que por ello, deambulan por el purgatorio.
Se dice que esta procesión también se hace presente en el mundo terrenal y que los muertos parten del cementerio con cirios y huesos y que, a quien tenga la desdicha de verlos, le depara la muerte.
Esta creencia es muy común en casi toda Europa aunque los que más lo han adoptado son los pueblos de Asturias.
Esta procesión también recibe otros nombres como Huestia, Huóstica, Guáspida, Buena Senté, Santa Compaña.

También se conoce a "La Güestia" como "la Santa Compaña de Galicia", la cual está arraigada en toda esa comunidad, así como en la parte galaica de Asturias y León.

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La leyenda de "La Cruz del Diablo", en Cuenca

3. La leyenda de "La Cruz del Diablo", en Cuenca

En Cuenca, ciudad de misterios, enigmas y empedradas calles repletas de pasajes históricos se cuenta una leyenda en la que antaño, un joven mozo se enamoró de una bella dama, la más linda que jamás había pisado las calles de esta ciudad, pero la cuál escondía tras su belleza un terrible secreto... Ver mas
En Cuenca, ciudad de misterios, enigmas y empedradas calles repletas de pasajes históricos se cuenta una leyenda en la que antaño, un joven mozo se enamoró de una bella dama, la más linda que jamás había pisado las calles de esta ciudad, pero la cuál escondía tras su belleza un terrible secreto.

Desde la calle Pilares, bajando por un precioso empedrado, llegamos a la ermita santuario de las Angustias, erigida en el siglo XIV, aunque la actual data del siglo XVIII y es el lugar donde se centra esta leyenda.

Vivía por estas calles un hermoso muchacho, hijo del oidor de la villa. El bello zagal, en edad de efectuar sus correrías, no dejaba una sin probar, y así tomó fama de mentiroso, pendenciero y, además, bravucón; a nada de ello podían dar crédito sus familiares, pues el honorable cargo que desempeñaba el padre era, sin duda, signo de buena estirpe y descendencia.

Pero de cómo fueron las cosas en aquella época nadie lo sabe, el caso es que el muchacho corría una tras otra a todas las doncellas casaderas del lugar y, luego de cortejarlas y conseguir sus propósitos placenteros, las dejaba plantadas, sin más.

Pero un día, conoció a una dama bellísima como la luna y seductora como el diamante; además era forastera y recién llegada a la ciudad. Cuando paseaba por las calles, las mujeres bajaban sus miradas y de reojo miraban qué hombre era el primero en lanzarle una sonrisa, pues la chica dejaba a todo el mundo con la boca abierta por su belleza e irresistible impulso.

Los jóvenes salían a su encuentro para simplemente saludarla e intercambiar un buenos días o buenas tardes, cosa que siempre hacía simpática y risueña. Hasta que un buen día, nuestro apuesto galán decidió lanzarse y presentarse. La hermosa mujer lo correspondió y le dijo que se llamaba Diana. Contento y presuntuoso, se fue con el resto de sus amigotes para vacilar un poco ante ellos de que ya sabía incluso su nombre.

Diana, que tonta no era, también se percató de la belleza del joven, al que con el tiempo fue conociendo mejor, pero viendo sus claras intenciones, le daba largas y largas.

El muchacho cambió, se quedó ensimismado con Diana, estaba totalmente obcecado con ella y con hacerla suya, algo que ella le ponía muy, muy difícil. Quizá por eso de que a los hombres nos gustan los logros difíciles, éste se lo tomó como todo un reto personal e incluso declinó las ofertas de sus amigos, con los que iba de correrías.

Y una mañana, en vísperas de Todos los Santos, Diana le hizo llegar una misiva que el joven leyó sorprendido y de muy buen agrado: “Te espero en la puerta de las Angustias. Seré tuya en la Noche de los Difuntos”.

Por fin el muchacho iba a conseguirla. Esa noche se arregló tanto como pudo. Con sus mejores ropas y las fragancias más sublimes que guardaba para las ocasiones especiales, salió a conquistar a esa dama que tan loco lo volvía.

Pero esa noche se fraguó una tormenta. Los truenos retumbaban y el cielo se iluminaba como si de fuego se tratase. Él debía estar a la hora prevista en el lugar donde Diana lo había citado. Y allí, raudo y veloz, cruzó las cuatro calles que lo separaban de la puerta de las Angustias y vio a la bella doncella, ataviada con ropas que parecían de princesa.

Su corazón latía más de prisa a cada paso que daba, y su deseo era tan ardiente que las botas parecían quemar las plantas de sus pies y lo hacían alargar las zancadas.

Ella estaba en el atrio y él se abalanzó contra ella, que le respondió con unos besos tan dulces y tiernos que el muchacho, loco de desesperación, fue intensificando sus caricias hasta que sus manos comenzaron a levantar su falda.

Los truenos caían y los relámpagos iluminaban los rostros de los de los capiteles dejando intuir sombras diablescas, pero los dos jóvenes estaban tan arrebatados por la pasión que no se percataron ni de la tormenta.

Ella, casi tan encendida como él, incluso levantaba su falda más aprisa con el fin de que el muchacho consiguiera su propósito. Cuando descubrió sus preciosas y blancas piernas, vio que llevaba unos chapines altos. El muchacho fue quitándole el derecho poco a poco y de repente cayó un rayo que iluminó de pleno el pie de Diana, que resultó no ser un pie, sino una pezuña; y su pierna, la de un macho cabrío.

Aterrorizado, el joven tiró el zapato y salió corriendo dando gritos de terror y espanto. A su vez Diana, que era el mismísimo diablo, con una voz profunda, cavernosa y estrepitosamente desgarrada, lanzaba carcajadas que resonaban entre las antiguas piedras del santuario.

El joven, presa del pánico, se abrazó a la cruz que había en la puerta de las Angustias; el diablo se abalanzó sobre él, lanzándole un zarpazo al tiempo que sonaba un trueno inmenso. Cuando el chico abrió los ojos, el zarpazo le había rozado el hombro y había dejado una marca en la piedra, todavía humeante.

Se dice que el chico ingresó en el santuario de las Angustias y nunca más volvió a ver la luz del día…. ni de la noche.

Y allí, en la puerta de este lugar, podemos ver la famosa cruz de piedra a la que el joven apuesto y bravucón terminó por agarrarse para salvarse del zarpazo del diablo, que quedó grabado en la piedra y que todavía puede verse.

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La leyenda del "Cid Campeador y la Virgen de la Almudena"

4. La leyenda del "Cid Campeador y la Virgen de la Almudena"

Hay una leyenda que cuenta como una mañana cuando Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, había salido de Toledo en dirección a Madrid, en compañía de algunos caballeros, se encontró por el camino con un leproso que se había caído en una zanja y pedía ayuda. Cuando el Cid sacó al leproso de... Ver mas
Hay una leyenda que cuenta como una mañana cuando Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, había salido de Toledo en dirección a Madrid, en compañía de algunos caballeros, se encontró por el camino con un leproso que se había caído en una zanja y pedía ayuda.

Cuando el Cid sacó al leproso de la zanja, observó como éste se convertía en una figura femenina, que resultó ser la Virgen de la Almudena.

Esta singular aparición comunicó a Rodrigo Díaz de Vivar que tomaría Madrid y que incluso ganaría batallas después de muerto. La Virgen de la Almudena le indicó asimismo por dónde debía entrar en Madrid antes de desaparecer milagrosamente.

El Cid, al regresar junto a los caballeros comprobó como éstos se desperezaban de un profundo sueño en el que misteriosamente habían caído ajenos a la aparición de Nuestra Señora de la Almudena.

Esa misma noche, de vuelta en Toledo, Rodrigo Díaz de Vivar salió otra vez camino de Madrid acompañado de sus caballeros. Se apostaron en el lugar indicado por la milagrosa aparición de la mañana, frente a la muralla.

De pronto, observaron con asombro como uno de los cubos se derrumbaba inexplicablemente. El Cid Campeador y sus mesnadas castellanas entraron en la ciudad tomándola por sorpresa.

En ese cubo roto apareció igual de milagrosamente la imagen de la Virgen de la Almudena, que había sido escondida a principios del siglo VIII por un vecino de Madrid temeroso de la llegada de las tropas árabes.

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La leyenda de "El Cañón del Río Lobos"

5. La leyenda de "El Cañón del Río Lobos"

Si tuvieramos que elegir un lugar que resumiese todo los enigmas que rodean a la leyenda de los templarios, este sería sin duda el cañón del río Lobos. Ningún otro es capaz de proporcionar al visitante esa sensación de soledad y de retiro como la ermita de San Bartolomé, ubicada en el paraje más... Ver mas
Si tuvieramos que elegir un lugar que resumiese todo los enigmas que rodean a la leyenda de los templarios, este sería sin duda el cañón del río Lobos. Ningún otro es capaz de proporcionar al visitante esa sensación de soledad y de retiro como la ermita de San Bartolomé, ubicada en el paraje más pintoresco del barranco, un lugar idóneo para la meditación y la comprensión de los misterios esotéricos de una orden, que se trajó de Tierra Santa algo más que unas cuantas reliquias.


Los Templarios y la ermita de San Bartolomé:

A los dos-tres kilómetros de nuestro inicio, llegamos a un ensanchamiento del cañón donde se encuentra la ermita de San Bartolomé, el destino de la mayoría de excursionistas, junto a la gigantesca boca de la entrada a la cueva grande. La ermita es un bello ejemplar del románico del siglo XIII, y aunque normalmente permanece cerrada al pública, vale la pena admirar algunos de sus enigmáticos canecillos y relieves: barriles de vino, caras, lobos, cruces patadas.... Un bello repertorio iconográfico, cuya más bella muestra es el rosetón de seis corazones entrelazados, que al parecer, presenta muchas similitudes con el símbolo judaíco del Sello de Salomón, y que podría estar vinculado con la leyenda del Grial y con la orden de los caballeros Templarios. Sobre San Bartolomé se ha habladIglesia de S. Bartoloméo demasiado, en demasiados ámbitos; se ha dicho que se encuentra casi a la misma distancia de los cabos de Creus y de Finisterre, que una de sus ventanas está orientada a la constelación de Sagitario la noche de San Juan y que un rayo de luna ilumina esa misma noche una losa con un extraño símbolo en el suelo. Elementos todos sugerentes, propicios a dejar volar la imaginación y a relacionarlos con la mítica Orden, pero que no arrojan luz sobre el verdadero misterio de la ermita, que no es otro que las razones de su ubicación.

Sin duda este misterio no puede comprenderse sin la cueva que se abre en la misma pared de enfrente, y en la que muy probablemente, se celebraban rituales de caracter pagano desde tiempos prehistóricos. Penetrar en su interior es altamente recomendable y asequible, pues la cueva no tiene más de 250 metros de profundidad, en la que nunca nos abandona la luz natural; su encanto reside más en la perspectiva que de la iglesia se tiene desde ella, que en sus propias formaciones geológicas. No deja de ser curioso que muchas de las ermitas e iglesias medievales fueran levantadas en las proximidades de cuevas y simas, de entradas a un mundo subterráneo que sin duda serían objetos de elevación espiritual, recuerdos lejanos de un culto trasunto de la madre tierra, la mítica Gea, Hera griega o la Astarté fenicia. En cualquier caso, resulta complicado cúal podía ser el interés de una orden de caballeros y monjes por una religión que, según la historia oficial, debía llevar siglos sepultada bajo tierra en la Península. Desde esta penumbra, mirando a través de la boca de la cueva, podemos imaginar el escaso conocimiento que tenemos de una época histórica oscura y enigmática, de la que seguimos desconociendo algunas de sus fascinantes notas, pero que nos arrastra y nos seduce de forma intensa e indefectible.

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La leyenda de "El hombre pez de Liérganes"

6. La leyenda de "El hombre pez de Liérganes"

El hombre pez de Liérganes, apodo de Francisco de la Vega Casar, es un ser legendario de la mitología de Cantabria. La primera reseña en la que aparece el relato del hombre pez es en el volumen VI del Teatro Crítico Universal de Fray Benito Jerónimo Feijoo. Posteriormente José María Herrán... Ver mas
El hombre pez de Liérganes, apodo de Francisco de la Vega Casar, es un ser legendario de la mitología de Cantabria.

La primera reseña en la que aparece el relato del hombre pez es en el volumen VI del Teatro Crítico Universal de Fray Benito Jerónimo Feijoo. Posteriormente José María Herrán escribió un libro titulado El hombre-pez de Liérganes (Santander, 1877). Basado en esta historia tradicional popular.


Según ha llegado hasta nosotros a través de los escritos y la tradición oral, el relato dice así: En el lugar de Liérganes, cercano a la villa de Santander, vivía a mediados del siglo XVII el matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar, que tenían cuatro hijos. La mujer, al enviudar, mandó al segundo de ellos, Francisco, a Bilbao, para que aprendiera el oficio de carpintero. Allí vivía el joven Francisco cuando, la víspera del día de San Juan del año 1674, se fue a nadar con unos amigos a la ría. El joven se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista. Según parece, el muchacho era excelente nadador y sus compañeros no temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no regresaba, le dieron por ahogado. Cinco años más tarde, en 1679, mientras unos pescadores faenaban en la bahía de Cádiz, se les apareció un ser acuático extraño, con apariencia humana. Cuando se acercaron a él para ver de qué se trataba, desapareció. La insólita aparición se repitió por varios días, hasta que finalmente pudieron atraparle, cebándole con pedazos de pan y cercándole con las redes.
Cuando lo subieron a cubierta comprobaron con asombro que el extraño ser era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabello rojizo y ralo; las únicas particularidades eran una cinta de escamas que le descendía de la garganta hasta el estómago, otra que le cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre. Los pescadores llevaron al extraño sujeto al convento de S.Francisco, donde, después de conjurar a los espíritus malignos que pudiera contener, le interrogaron en varios idiomas sin obtener de él respuesta alguna. Al cabo de unos días, los esfuerzos de los frailes en hacerle hablar se vieron recompensados con una palabra: LIÉRGANES.
El suceso corrió de boca en boca, y nadie encontraba explicación alguna al vocablo hasta que un mozo montañés, que trabajaba en Cádiz, vino a comentar que por sus tierras había un lugar que se llamaba así. D. Domingo de la Cantolla, secretario del Santo Oficio de la Inquisición, confirmó la existencia de Liérganes como un lugar cercano a Santander. Juan Rosendo, fraile del convento, se encaminó con él hacia Liérganes. Cuando llegaron al monte que llaman de la Dehesa, a un cuarto de legua del pueblo, el religioso mandó al joven que se adelantase hasta él. Así lo hizo su silencioso acompañante, que se dirigió directamente hasta Liérganes, sin errar una sola vez en el camino; ya en el lugar, se encaminó sin dudar hacia la casa de María de Casar. Esta, en cuanto le vio, le reconoció como su hijo Francisco, al igual que sus hermanos que se hallaban en la casa.
El joven Francisco se quedó en casa de su madre, donde vivía tranquilo, sin mostrar el menor interés por nada ni por nadie. Siempre iba descalzo, y si no le daban ropa no se vestía y andaba desnudo con absoluta indiferencia. No hablaba; sólo de vez en cuando pronunciaba las palabras "tabaco", "pan" y "vino", pero sin relación directa con el deseo de fumar o comer. Cuando comía lo hacía con avidez, para luego pasarse cuatro o cinco días sin probar bocado. Era dócil y servicial; si se le mandaba algún recado lo cumplía con puntualidad, pero jamás mostraba entusiasmo por nada. Por todo ello se le tuvo por loco hasta que un buen día, al cabo de nueve años, desapareció de nuevo en el mar sin que se supiera nunca más de él.

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Leyendas de "La noche de San Juan"

7. Leyendas de "La noche de San Juan"

Leyendas para una noche... Existen numerosas historias vinculadas a hechos sobrenaturales en la noche de San Juan. Por ejemplo, se cuenta que en el día que nació San Juan El Bautista su padre Zacarías recuperó la voz, tras haberla perdido al dudar de que su mujer estuviera embarazada puesto que... Ver mas
Leyendas para una noche...
Existen numerosas historias vinculadas a hechos sobrenaturales en la noche de San Juan. Por ejemplo, se cuenta que en el día que nació San Juan El Bautista su padre Zacarías recuperó la voz, tras haberla perdido al dudar de que su mujer estuviera embarazada puesto que el Arcángel Gabriel le había advertido del suceso. Otros relatos hablan de que en pueblos sumergidos bajo las aguas como el de Lucerna (Zamora), tañen las campanas de la iglesia.

...Y ‘La Encantada’
La leyenda más extendida es la de La Encantada. En esencia, la leyenda narra la aparición de una bellísima joven peinando su cabellera, en torno a la Noche de San Juan y en las cercanías de un castillo, cueva u otro paraje natural. Puede encantar a aquellos con los que se encuentre.

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La leyenda de "La Mariposa"

8. La leyenda de "La Mariposa"

En una aldea asturiana, vivió, hace mucho tiempo, un rico labrador, viudo desde hacía años, que tenía dos hijas, pero para quien sólo contaba una, Inés, que nunca se atrevió a contradecir a su padre en nada, y se casó con el novio que éste le había designado. No pasó lo mismo con Clara, su... Ver mas
En una aldea asturiana, vivió, hace mucho tiempo, un rico labrador, viudo desde hacía años, que tenía dos hijas, pero para quien sólo contaba una, Inés, que nunca se atrevió a contradecir a su padre en nada, y se casó con el novio que éste le había designado.

No pasó lo mismo con Clara, su otra hija, que a la hora de contraer matrimonio, eligió con el corazón, y provocó tanta ira en su padre, que la desheredó y le prohibió acercarse a la casa donde había nacido.

Clara y su esposo vivían pasando mucha necesidad, y aunque Inés deseaba ayudar a su hermana, el temor a su padre le impedía hacer nada.

Cuando el labrador murió, Inés intentó de nuevo favorecer a Clara de alguna manera, pero ésta vez, fue su marido quien le prohibió hacerlo. Se desesperaba viendo la pobreza de su hermana, pero no veía modo de remediarlo.

El día que se celebraba la misa por el alma de su difunto padre, rogó Inés con toda su alma para que Dios le permitiera encontrar el modo de favorecer a Clara, y en eso estaba cuando de pronto sintió un gran peso sobre su cabeza. Levantó la mano y una mariposa se elevó en el aire. No pudo creer que fuera el pequeño insecto el que provocaba aquella sensación hasta que el fenómeno se repitió varias veces.

Al acabar la misa, le contó a su marido lo que le había pasado, pero éste no le hizo el menor caso. Sin embargo, a los pocos pasos, fue el marido quien levantaba la mano hacia su cabeza por el gran peso que sentía sobre ella y quien veía elevarse una mariposa ante sus ojos.

La mariposa estaba constantemente presionando la cabeza de uno u otro de los esposos, hasta que Inés insistió tanto en que era una señal que se les enviaba para que ayudaran a Clara, que su marido accedió a repartir la cuantiosa herencia de su suegro, con sus cuñados.

Así se hizo, y ya restablecidos cariñosamente los lazos entre las dos familias, vieron una mariposa revolotear alegremente ante ellos y luego volar muy alto, muy alto.....

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La leyenda de "El Palacio de Linares"

9. La leyenda de "El Palacio de Linares"

Existen muchos lugares en España de los que hablar, pero si uno sobresale sobre la mayoría por su leyenda es el Palacio del Marqués de Linares de Madrid. Ubicado en el centro de la ciudad con la estatua de la Cibeles en su puerta, esconde una de las leyendas de amor más tristes y misteriosas que... Ver mas
Existen muchos lugares en España de los que hablar, pero si uno sobresale sobre la mayoría por su leyenda es el Palacio del Marqués de Linares de Madrid. Ubicado en el centro de la ciudad con la estatua de la Cibeles en su puerta, esconde una de las leyendas de amor más tristes y misteriosas que podemos conocer.
Es el momento de hablar de este palacio que todos podéis visitar e imaginar entre sus paredes sobre la historia que se esconde. Una leyenda de amor prohibido en donde la línea de la realidad y la ficción se sobrepasan con tanta facilidad que nunca podremos desentrañar en realidad la maraña de la historia real y la leyenda, pero precisamente tal vez sea esto lo que le confiere un halo de misterio.
Los marqueses de Linares nunca tuvieron hijos, ni hicieron vida conyugal. El motivo de esta separación aún se desconoce. ¿Esconde el Palacio de Linares un secreto familiar oculto durante siglos?
¡En el Palacio de Linares hay fantasmas!. En mayo de 1990, Televisión Española daba a conocer unas estremecedoras psicofonías captadas en el Palacio de Linares de Madrid por una desconocida doctora llamada Carmen Sánchez de Castro. En ellas podía apreciarse nítidamente la voz quejumbrosa de una niña que decía: “Mamá, mamá… Yo no tengo mamá”. Una mujer se lamentaba: “Mi hija Raimunda… Nunca oí decir mamá”. Otra psicofonía recogía una voz masculina que exclamaba: “¡Fuera… no, aquí no!”. Desde entonces, el Palacio de Linares se convirtió en el blanco de especulaciones sobre una supuesta tragedia familiar ocurrida en el seno de la familia Linares. El hecho de que la Policía desenmascarara a la supuesta doctora y psicóloga - una delincuente sobre la que pendía una orden de búsqueda y captura desde hacía diez años - no frenó la avalancha de parapsicólogos, investigadores y curiosos que invadieron el edificio en busca de la respuesta al misterio. ¿Fueron los marqueses de Linares hermanos? ¿Asesinaron y emparedaron a su propia hija en el palacio familiar?

El primer marqués de Linares, José de Murga, adquirió en 1872 diversos solares que eran propiedad del Ayuntamiento de Madrid para construir sobre una superficie total de tres mil sesenta y cuatro metros cuadrados lo que más tarde sería conocido como el palacio de Linares. El primer plano del edificio data de 1872, pero hasta el 1900 no se inaugura; es entonces cuando cobra mayor intensidad la triste leyenda de sus primeros moradores.
La turbulenta leyenda de un amor imposible que acompaña desde siempre a los primeros habitantes que hace un siglo residieron entre los muros del palacio, se une a la sorprendente serie de sucesos inexplicables que un grupo de investigadores aseguró haber vivido en el interior del palacio.

Las voces fantasmagóricas comenzaron a escucharse mientras un grupo de estudiosos buceaban en la historia de los antiguos propietarios del palacio, sobre los que desde antiguo había recaído la sombra de un pasado incestuoso.
Según cuenta la leyenda maldita que tiene su origen entre la aristocracia madrileña del siglo pasado, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gómez, nacido en Madrid, el 13 de febrero de 1833, se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega. Raimunda era la hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época que amasó una inmensa fortuna en Cuba.

El padre del Marqués, un hombre de talante liberal, había inculcado a su hijo un sentido práctico de la vida. Al parecer, el rechazo que el acaudalado industrial, Mateo de Murga Michelena, sentía por las bodas de conveniencia tantas veces celebradas para mantener y engrandecer las grandes fortunas de la época, propició que el joven José de Murga conociera a la que sería su esposa en un ambiente poco cercano a los más propios de su condición social. Así fue como el que fuera primer marqués de Linares entablaría relaciones (según la leyenda popular) con Raimunda, la hija de una cigarrera que trabajaba en la fábrica de Tabacos de Madrid.
Cuando el padre del protagonista de esta turbulenta historia supo de las relaciones sentimentales que su hijo mantenía con la mujer que era fruto de los tempestuosos amores que mantuvo hacia 1830 con la cigarrera, envió repentinamente a su heredero a estudiar a Londres con el objeto de que el joven Murga olvidara aquel amor que sin saberlo se encarnaba en la persona de su propia hermana.
Al cabo de un tiempo, José de Murga regresó de Londres y llevó a cabo su firme propósito de contraer matrimonio con su enamorada Raimunda. Ya había fallecido su padre y el matrimonio se celebró (dice la leyenda) sin que los cónyuges supieran su relación de parentesco, aunque algunos investigadores aseguran que ambos conocían el secreto que el padre del Marqués al morir se llevó consigo a su tumba, según mantienen otros estudiosos.

Se rumorea sobre una bula papal que permitía a los hermanos vivir juntos siempre y cuando no tuvieran vinculo conyugal, pero este documento de existir esta a buen recaudo y no ha visto la luz y las autoridades eclesiásticas dicen desconocer su existencia, aunque personalmente creo que si existe tampoco dejarían que viera la luz.
Sea como fuere, la historia popular sitúa al primer Marques de Linares y primer vizconde de Llantero (títulos que le concede el rey Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873, por los actos benéficos que había ejercido) felizmente casado frente a su escritorio cuando tuvo conocimiento de la estremecedora verdad relacionada a su unión matrimonial. Se dice que José de Murga, además de noble, senador del Reino por la provincia de Segovia y poseedor de una inmensa fortuna heredada de su padre y hermanos, encontró una carta que su padre en vida no llegó a enviarle en la que relataba la incestuosa relación de consanguinidad con su esposa.
Tras conocer con estupefacción su escandalosa situación, los cónyuges a los que supuestamente el papa León XIII les concedió una bula de casti connubi permitiéndoles así convivir bajo el mismo techo en castidad, vivieron con amargura hasta el final de sus días. Hay quienes aseguran que el Marqués al conocer la noticia se suicidó, que sus restos reposan en el jardín del palacio y que desde entonces su espectro fantasmal deambula por las galerías del lúgrube caserón. También la historia popular habla de emparedamientos y desapariciones misteriosas.
La leyenda dio comienzo cuando el 21 de octubre de 1872, el primer marqués de Linares, a la edad de 39 años (una edad muy madura para su tiempo), contrajo matrimonio con Raimunda Osorio y Ortega. Treinta años después, los esposos, que declararon en su testamento no tener hijos ni probabilidad de tenerlos en lo sucesivo, fallecen. Con la desaparición del Marqués, que sobrevive seis meses a su esposa, se abre un auténtico misterio en torno al destino de la incalculable herencia que había dejado.
Es entonces cuando nace una leyenda más, la de una hija no deseada y, que en sus días, pudo escucharse las voces de ultratumba de los Marqueses, vagando como almas en pena en búsqueda de su hija. Unos lamentos que pueden dar pie a creer que algo muy desagradable tuvo lugar entre los muros de la suntuosa vivienda.
En el interior del palacio de Linares se grabaron numerosas psicofonías. Entre otras se puede escuchar la palabra Ricardo y las frases: Yo tuve una hija>>. <<Mi hija Raimunda .. nunca oí decir mamá. Esta grabación encuentra sentido si hacemos caso de aquello que nos dice la leyenda.
Una vez casados los marqueses de Linares, supieron que eran hermanos naturales; pero ya era tarde. Anteriormente, y fruto del amor que se profesaban, concibieron una niña, a la que la ilustre familia decidió apartar de su entorno para salvaguardar el buen nombre de la casa.
Entonces, la madre de la pequeña, Raimunda Osorio (según esta nueva versión) aceptaría llena de amargura que su propia hija fuera llevada a un hospicio de Madrid y que sus vidas se separaran para siempre, aunque parecer ser que no fue así. Raimunda haría traer en cuantas ocasiones pudiera y con el mayor sigilo posible a su hija, a la que se puso el nombre supuesto de María Rosales. Fue durante una de las visitas secretas cuando la Marquesa hizo señalar a fuego en un hombro de su pequeña las iniciales ML (Marquesado de Linares) y en su espalda el escudo de la casa para que, con el correr de los tiempos, la niña, una vez hecha mujer, pudiera demostrar su parentesco y beneficiarse así de la herencia de una familia que no la quería.
Mama, mamá, yo no tengo mamá, constituye la desgarradora psicofonía en la que María Rosales recriminaría a su propia madre la actitud de ésta al permitir la dramática separación impuesta por la familia. Una familia que en otra psicofonía parece exigir la desaparición de la pequeña: Fuera, fuera>>. <<No, no, aquí no
Esta horripilante versión la dió a conocer un anciano que reside en Valladolid, de nombre Isabelino Sánchez Rosales, que asegura ser el hijo de María Rosales y de un cartero de la provincia castellana que se quedó huérfano a una temprana edad. Según diversos documentos consultados, cuando doña Raimunda Osorio fallece, se comienza a realizar el oportuno inventario de los bienes del palacio, pero antes de que finalice muere el Marqués y a su muerte se abre un nuevo testamento ológrafo, realizado el 31 de diciembre de 1901.
En este último testamento el marqués José de Murga nombra como albaceas, entre otras personas, a su ahijada Raimunda Avecilla y Aguado, de quien hasta el momento sólo se sabe que era una mujer soltera y sin profesión, sin una clara vinculación a los Marqueses y cuyo nombramiento testamentario vierte más dudas y misterio aún en torno a la saga de los Linares.
Sobre los descendientes de Raimunda Avecilla y Aguado recae la confirmación de una muerte violenta. Esta mujer, se casó con Felipe Padierna de Villapadierna y Erice y de este matrimonio nacieron José María y María del Carmen que fue asesinada en el interior del palacio de Linares durante la Guerra Civil. Todo ello hace pensar que la inmensa fortuna del primer marqués de Linares no fue a parar a obras benéficas (como en un principio parece que iba a ser destinada), ni siquiera a la niña marcada que un hombre de Valladolid asegura que existió y de la que afirma ser su hijo, sino a una extraña mujer que curiosamente llevaba por nombre el de la propia esposa del marqués de Linares, Raimunda.
La mansión de los marqueses, arquitectónicamente un producto típico de la Regencia de María Cristina en el que intervienen innumerables artistas en su decoración, fue una residencia apenas visitada por los burgueses y aristócratas de la época. Es sabido que los marqueses de Linares, José de Murga y Reolid y Raimunda Osorio y Ortega, hicieron una recatada vida social, quizá para enfrentarse así, con una asumida indiferencia, a aquellos que censuraban su incestuosa relación o quizá simple y llanamente porque la concesión real del título de marquesado a un nuevo rico no fuera bien vista por los aristócratas de su tiempo, pero este último dato no parece corresponderse con la realidad.
La familia Murga, originaria del pueblo de Llantero, un pequeño lugar con Ayuntamiento en el Valle de Ayala de la provincia de Álava, había establecido desde antiguo lazos con la aristocrácia. Dicha familia tiene probada nobleza y está entroncada por diferentes matrimonios con las casas marquesales de Villar del Águila, Urquijo y con los condes de San Carlos. La vida aislada que mantienen los primeros marqueses de Linares en Madrid parece pues obedecer a la existencia de un episodio oscuro que les impidiera relacionarse habitualmente con otros miembros de la nobleza de su tiempo.
Una vez construido el suntuoso edificio, los madrileños de principios de siglo creían ya entonces en el fantasma del palacio. Cuentan que habitaba en la capilla, una lujosa habitación decorada con mosaicos y vidrieras con imágenes de los apóstoles que se encontraba en la planta noble del edificio.
Durante veintitrés años el palacio ha permanecido abandonado, incluso se llegó a especular con su desaparición. La existencia de una leyenda maldita ha hecho que la propiedad pasara por diversas manos sin que ninguno de sus nuevos dueños la mantuviera por un largo espacio de tiempo ni mucho menos la habitaran. Después de la Guerra Civil el palacio de Linares fue alquilado a la Compañía Transmediterránea y en la década de los sesenta fue vendido a la Confederación de Cajas de Ahorros. Por entonces se rumoreó que se iba a derruir y en su lugar se erigiría una torre para albergar oficinas. Sin embargo, el palacio ha llegado a nuestros días tal y como lo dejaron los primeros marqueses de Linares a su muerte.
La realidad es que son cientos los testimonios que hablan de extrañas sombras en el interior del antiguo palacio. Sonidos que cambian de ubicación mientras los vigilantes los persiguen y cien mil acontecimientos que ponen el vello de punta. Pero hay algo que diferencia este viejo palacio de muchos otros lugares y es el hecho de que las diferentes empresas de seguridad que se han ocupado de él palacio, siempre han tenido que terminar por suprimir el turno de noche ante la negativa de los guardas de volver al edificio y eso es un dato objetivo que nos hace preguntarnos, ¿Qué oculta el viejo palacio?
Muchas personas insisten en que el Palacio presenta un halo extraño de misterio. Por un lado, informes de analistas de lo paranormal y parapsicólogos que estuvieron investigando con técnicas de radioestesia, medidas de campos electromagnéticos, obtención de psicofonías en una cámara de Faraday o barridos fotográficos, afirmaban algo fehaciente: bajo el palacio existían unas corrientes subterráneas, y ya dentro de él se advertían alteraciones de los campos magnéticos. Además, unas formas luminosas se habían captado en una decena de fotos.
Como muestra vale un botón, en 2007 uno de los guardias de seguridad llevaba varios días oyendo historias de supuestos fantasmas a sus compañeros. Una noche de ronda, una extraña sombra atravesó la pared delante de él y disparó. Durante muchos meses el impacto de la bala se quedó como testigo del miedo que pasaron aquellos que tuvieron que trabajar allí de noche en esa etapa. Y es que muchos pensaban y piensan, hoy aún, que el Palacio de Linares esconde algo misterioso.
Y por supuesto como era de esperar en este lujoso panteón fantasmagórico encontramos a nuestra querida “Dama Blanca” que en tantos lugares se ha presenciado y que en este caso se dice es Raimunda Osorio que vaga como alma en pena por el palacio buscando a su hija. Esta presencia ha sido “vista” por varias personas y “grabada” en varias psicofonías como antes hemos dicho. De nuevo la “Dama” evade su presencia ante los investigadores y hasta el momento solo se ha mostrado ante personas alejadas totalmente del mundo paranormal.
No puedo terminar sin mencionar una de las leyendas que han acompañado al palacio desde 1989 y es la de la aparición de una caja de plomo enterrada a metro y medio de profundidad en la que se encontraban restos de un feto humano. Otra leyenda magnificada, si existió esa caja de plomo y esos restos pero solo eran de un animal, posiblemente un perro. Sin embargo muchas fuentes se empeñan en situar en esa caja de plomo los restos de la hija de aquellos hermanos cuyo único delito fue amarse.
Como se puede comprobar de nuevo detrás de una leyenda se encuentra parte de una realidad que podemos desvelar al menos hasta el hecho de que aquel matrimonio eran hermanos. Queda aún por averiguar si tuvieron o no hijos pero la presencia en el palacio de aquella niña que inicialmente se atribuía a una de las señoritas de la servidumbre y que siempre se rumoreo que era hija legitima de la pareja, toma forma el hecho de que asi fuera. Porque al fin y al cabo, ¿Quién puede resistirse a la efluvios del amor de su pareja? Una verdadera lástima que esto nunca será descubierto…¿o sí?

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La leyenda de "La Cueva de Salamanca"

10. La leyenda de "La Cueva de Salamanca"

Cuenta la leyenda que en este espacio Satanás, bajo la apariencia de sacristán, impartía doctrinas de ciencias ocultas, adivinación, astrología y magia a siete alumnos durante siete años, tras de los cuales, uno de ellos, debía quedar de por vida en la cueva a su servicio. El alumno más célebre... Ver mas
Cuenta la leyenda que en este espacio Satanás, bajo la apariencia de sacristán, impartía doctrinas de ciencias ocultas, adivinación, astrología y magia a siete alumnos durante siete años, tras de los cuales, uno de ellos, debía quedar de por vida en la cueva a su servicio. El alumno más célebre habría sido el marques de Villena.

El origen de esta leyenda esta en las clases que en la sacristía impartía el parroco de la iglesia. se llamaba Clemente Potosí, y llegó a ser identificado con el diablo. Este daba lecciones de astrología, geomancia, hidromancia, piromancia y quiromancia, el objetivo era aprender tecnicas adivinatorias. Los alumnos que acudian a las clases no revelaban que era lo que aprendían y este hermetismo fomentó la leyenda.

Según la leyenda el numero de alumnos era siempre siete, numero con implicaciones misticas. Los alumnos debían pagar por las clases recibidas. El método era peculiar, se sorteaba que alumno debía pagar por todos, si al que le tocaba no podía pagar debía permanecer encerrado en la cueva.

Un año quien perdió el sorteo y debía pagar las clases a todos sus compañeros fue el Marques de Villena, Enrique de Aragón. este se encontraba en la ciudad como estudiante en la Universidad. Cuando tuvo que pagar se encontró en la situación de no tener dinero para pagar, por lo que fue encerrado en la cueva.

El joven Enrique no se resignó a su destino e ideó un plan para poder escapar. Para ello se ocultó en el interior de una tinaja, la cual estaba tapada de diversos objetos que se habían ido acumulando. Al ocultarse en la tinaja procuró que los objetos quedaran tal y como estaban para no ser descubierto. Cuando el maestro regresó a la sacristía y se la encontró vacia marchó rapidamente dejando la puerta abierta, la situación fue aprovechada por el futuro marques para escapar a la iglesia donde se ocultó. En el interior de la iglesia permaneció oculto toda la noche hasta que cuando se abrieron sus puertas y pudo escapar del recinto.

En 1580 la iglesia fue derribada, de la cueva se perdió la mitad, la cual fue usada como carbonería o depósito de desperdicios, hasta su rehabilitación a mediados del Siglo XX.

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La leyenda de "El fantasma de La Casa de las siete chimeneas" (la docella del tejado)

11. La leyenda de "El fantasma de La Casa de las siete chimeneas" (la docella del tejado)

Invierno en Madrid, el retumbar de truenos lejanos y el sonido del viento azotando los vidrios de los ventanales terminan por deshacer mi placentero sueño y me desvelan. Mi despertador digital marca la 03:31. Perezosamente me levanto de la cama y tras beberme un vaso de agua me siento junto a la... Ver mas
Invierno en Madrid, el retumbar de truenos lejanos y el sonido del viento azotando los vidrios de los ventanales terminan por deshacer mi placentero sueño y me desvelan. Mi despertador digital marca la 03:31. Perezosamente me levanto de la cama y tras beberme un vaso de agua me siento junto a la ventana del salón para fumarme un cigarro, con la esperanza de poder volver a conciliar el sueño.

La noche fuera está de lo más desapacible, en la plaza del rey, las ramas de los árboles flamean al viento violentamente devolviendo crujidos lastimeros. Algunas bolsas y cartones huidos de los contenedores de basura, se arremolinan al final de la calle y parecen cobrar vida en sus acrobáticos vuelos, imitando los juegos infantiles y al amparo de la intimidad que se les presenta en una noche como ésta, con las calles desiertas y a salvo de miradas juzgadoras.

En el cielo, una masa de nubes rojizas avanza hacia el este a toda velocidad, presagiando la tormenta inminente que no tardará mucho en descargar sobre la ciudad. De vez en cuando, un rayo lejano tiñe las nubes de gris eléctrico y a los pocos segundos, los cristales vibran con su correspondiente trueno. Arrimo más mi sofá a la ventana… siempre me gustaron las tormentas y esta noche parece que el sueño me ha abandonado por completo. En una de las pausas entre trueno y trueno, mientras prendo mi segundo cigarrillo, me parece escuchar el tañir de unas campanas a lo lejos, quizás sean las de la iglesia de los Calatravas, en la calle de Alcalá, pero me parece muy extraño… esos tañidos no son los que marcan la hora… son monótonos… repetitivos, parece que las campanas tocan a muerto. Pero no es posible, a estas horas de la madrugada iglesia de Madrid está abierta y muchísimo menos suenan las campanas, más allá de los mecanismos automáticos de los relojes.

Son las 03:54, de repente, unos enormes goterones impactan contra las ventanas como pequeños kamikazes, produciendo ruidos sordos que rebotan por el salón, perdiéndose en ecos suaves por el pasillo del fondo. Un enorme relámpago serpenteante se dibuja ante mis ojos a unas pocas cuadras de mi casa y prácticamente al instante, al tiempo que suena un estruendoso trueno, se va la luz en la calle y todo queda sumido en la oscuridad. Las campanas siguen sonando entrecortadamente en la letanía…

Me levanto y me pego mi cara contra los fríos y empañados vidrios para comprobar que todo el barrio está completamente a oscuras. La amarillenta luz de otras zonas alejadas de la ciudad que no han sufrido el apagón rebota en los nubarrones inundando la plaza y la calle Infantas con tenues tintes rosáceos. La lluvia comienza a ser más perceptible y mientras alzo mi mirada al cielo, sobre el edificio que tengo en frente, sede del ministerio de cultura… la veo.

Siento como mi cuerpo queda paralizado ante la visión que estoy contemplando en éste momento. Una mujer, alta, con el pelo largo y negro que ondea flácido en las azarosas ráfagas de viento, camina segura entre las chimeneas del tejado del edificio. Ataviada con un camisón blanco que cubre su cuerpo hasta los tobillos, se dirige cabizbaja y decidida por el alero del palacete hacia la zona que da al Alcázar. En una mano porta una especie de antorcha, en la que una débil llama lucha a muerte contra la lluvia.

Cuando llega al extremo del tejado, cae de rodillas y alzando su rostro al cielo, comienza golpear con fuerza su pecho. Otro relámpago estalla a escasa distancia y su fantasmal perfil se dibuja perfectamente mientras que el sonido del trueno se funde con un alarido que hace que todos los pelos de mi cuerpo se tensen como alambres de acero.

Tras el fogonazo del relámpago y cuando mis retinas vuelven a enfocar en la oscuridad, la extraña mujer ya no está. Parece que se ha evaporado ante mis ojos…

Dando lentos pasos inconscientes hacia atrás me derrumbo sudoroso en el sillón. Todavía no me puedo creer lo que acaban de ver mis ojos; toda la vida escuchando la vieja leyenda de la casa de las siete chimeneas y yo siempre tomándomelo a broma y hoy, la mismísima Elena Zapata ha paseado por su tejado para mí.

Y ésta amigos es la leyenda de éste famoso palacete Madrileño, La popularmente conocida como “Casa de las siete chimeneas”. Edificio mítico y misterioso como pocos en Madrid y que desde su construcción, allá a finales del siglo XVI, siempre ha estado rodeado de hechos un tanto oscuros. Conspiraciones, amores prohibidos, muertes en extrañas circunstancias e incluso un motín tan famoso como el de Esquilache han sucedido en su interior.

Se cuenta que la bella Elena fue una de tantas amantes del controvertido Felipe II y que éste, como solía hacer cuando alguna de sus amantes se ponía en exceso pesada, arregló su boda con militar del noble linaje de los Zapata. El nuevo matrimonio estrenó el palacete, que por otro lado fue la única construcción civil que realizó Felipe II, aunque también se comenta que fue construido por el padre de Elena, que era montero del rey, y que éste se lo regaló a su hija tras la boda. En fin, la cuestión es que poco les duró el matrimonio, pues el capitán Zapata partió a la guerra de Flandes pocos meses después de contraer matrimonio con Elena y allí falleció en las primeras contiendas.

En este punto Elena queda sola en el enorme caserón, las malas lenguas y los chismorreos de la corte contaban que por las noches, un Felipe II embozado para pasar desapercibido, acudía puntual a la cita con su amante. Estos rumores se extendieron como la pólvora cuando una mañana Elena apareció muerta en su alcoba.

Hay que tener en cuenta que en la época de los sucesos, Ana de Austria se encuentra en la corte para convertirse en la cuarta esposa de Felipe II. ¿Sabía Ana de la existencia de Elena y decidió eliminar el problema cortando por lo sano? ¿Presionó Elena al rey para ser algo más que una simple amante y fue él quien acabó con ella? La respuesta a estas preguntas siempre será un misterio. Para más inri, el cadáver de Elena desapareció en extrañas circunstancias y a los pocos días, el padre de ésta apareció colgado de una viga (aunque este hecho es un poco dudoso según las fuentes consultadas).

En este punto fue cuando comenzó la leyenda tras los rumores de que en noches oscuras se veía el fantasma de la doncella en el tejado de la casa, aunque en aquel entonces todavía no era conocida por sus chimeneas. Esta remodelación fue ordenada por Baltasar Cattaneo unos años después tras comprar el inmueble, algunos atribuyen un significado simbólico a sus siete chimeneas, y dicen que simbolizan los siete pecados capitales.

Aunque la historia de esta casa no acaba aquí, ni mucho menos. Años después, todavía con Felipe II como monarca, otra joven muere en su misma noche de bodas con un viejo hacendado Indio. Parece ser que la joven esposa también tenía ciertos encuentros con el pendenciero rey. La joven apareció en los sótanos del palacete con un puñal clavado en el pecho y las arras, regalo del rey, esparcidas a su alrededor. No son pocos los que aseguran que esta doncella también vaga todavía hoy en día por los sótanos de la casa.

Una última muerte se produjo en la casa durante el motín de Esquilache, ministro de Hacienda de Carlos III en el año 1766. El pueblo, enfurecido por las medidas represoras del marqués, acudió en turbamulta hasta la casa con la sana intención de lincharlo. Por suerte para él, no se encontraba en la casa y el populacho la tomó con uno de sus mayordomos que ofreció cierta resistencia, muriendo el pobre a garrotazos.

Durante casi cuatrocientos cincuenta años, la casa ha pasado por muchas manos, siempre de familias nobles. Embajadores, terratenientes, mercaderes… a finales del siglo XIX, la casa fue reformada para convertirse en sede del Banco de Castilla y durante éstas reformas el cadáver de una mujer, junto con una bolsa con monedas de la época de Felipe II, fue descubierto entre los muros de los sótanos, volviendo a poner de moda las viejas leyendas de éste mítico y legendario edificio de la capital española y, para que la cosa no se olvide en nuestros días, en el año 1960, otras reformas volvieron a desenterrar los restos de otro esqueleto emparedado, ésta vez masculino y hasta día de hoy, anónimo. En la actualidad el edificio se usa como sede del ministerio de cultura, está en perfecto estado de conservación y todo indica que, por lo menos, la leyenda seguirá viva durante muchísimos años más.

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La leyenda de "La Espada de Roldán"

12. La leyenda de "La Espada de Roldán"

Cerca de Huesca se puede visitar uno de los parajes más hermosos de la comarca, conocido como el salto de Roldán en honor a uno de los personajes más legendarios de la Edad Media, el valeroso caballero Roldán galo del también mítico Carlomagno. Parece ser que Roldán se encontraba en huída de... Ver mas
Cerca de Huesca se puede visitar uno de los parajes más hermosos de la comarca, conocido como el salto de Roldán en honor a uno de los personajes más legendarios de la Edad Media, el valeroso caballero Roldán galo del también mítico Carlomagno.
Parece ser que Roldán se encontraba en huída de Saraqusta, cuya conquista había fracasado, cabalgando raudo hacia su Francia natal. La persecución estaba siendo ardua y agotadora, y el noble galo se veía amenazado por varios flancos. El acoso provocó que el caballero buscara una salida ascendiendo por la peña de Amán, que termina en un cortado cuya foz recorre el río Flumen.
Roldán tiró con fuerza de las riendas, deteniendo el corcel justo al borde del precipicio. Los perseguidores, seguros de haber dado caza a su presa, hicieron cabriolas con sus caballos y dieron mandobles al aire antes de acercarse al héroe francés. Éste, para sorpresa de aquellos que le acorralaban, picó las espuelas y se lanzó al vacío. Ante los ojos de sus perseguidores, el corcel dio un salto tan prodigioso que, en lugar de precipitarse al fondo del cortado, consiguió llegar al otro extremo, estampando sus huellas, todavía visibles según algunos, sobre la peña de San Miguel.
La leyenda dice que, debido a tal esfuerzo, el caballo murió en el acto, y Roldán tuvo que proseguir su camino a pie. Parece ser que no llegó muy lejos, pues se cuenta que cayó en Ordesa, si bien su mítica espada, Durendal , poderosa tal que Tizona o Excalibur, consiguió llegar a Francia al ser lanzada con rabia por el caballero, abriendo la que todavía se conoce como brecha de Roldán y que permitió al galo ver su tierra por última vez en su estertor de muerte.
También se cuenta que, en el salto inverosímil sobre el cortado del Flumen, el caballo, tal vez por miedo, hizo caer sus excrementos al río. Éstos fueron transportados al Isuela, que los llevó al Cinca, pasando al Segre, al Ebro y, por fin, al mar, que los arrastró hasta el norte de África. Allí, en la costa donde se depositaron, nacieron tres hermosas flores de tres colores distintos: una blanca, otra negra y morada la última. Una yegua que por allí pasaba no pudo resistirse a comerlas, lo que provocó que poco tiempo después diera a luz tres potrillos, cada uno del color de una de las flores, y que al crecer fueron tan veloces como el viento del Sáhara...................(Aragón)

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La Leyenda de "Cambaral"

13. La Leyenda de "Cambaral"

Cuenta una vieja leyenda que hace mucho tiempo en una pequeña localidad costera asturiana llamada Luarca, una pequeña flota de piratas berberiscos atemorizaban a sus habitantes con sus incursiones a la costa. Al mando de esta terrible flota pirata estaba el cruel Cambaral, tan cruel como genial... Ver mas
Cuenta una vieja leyenda que hace mucho tiempo en una pequeña localidad costera asturiana llamada Luarca, una pequeña flota de piratas berberiscos atemorizaban a sus habitantes con sus incursiones a la costa. Al mando de esta terrible flota pirata estaba el cruel Cambaral, tan cruel como genial en sus ataques a la flota del rey, a la cual le resultaba imposible capturar las embarcaciones piratas.
Cansado de todos estos ataques, el señor de la fortaleza de Luarca, también llamada La Atalaya decidió que era el momento de terminar con la terrible flota pirata, para ello, embarcó a sus mejores guerreros en pequeñas embarcaciones pesqueras y esperaron la llegada de los asaltantes camuflados como simples pescadores. No tardaron los piratas en asaltar a estos supuestos indefensos pescadores, pero enorme fué su sorpresa al encontrarse decenas de aguerridos guerreros, el combate fué largo y violento y terminó con la derrota de los piratas y la captura de su lider, el cruel pirata Cambaral.
Cambaral fué trasladado cautivo a la Atalaya sin siquera curar ninguna de sus graves heridas y allí fué encerrado en las lugubres mazmorras que vieron como poco a poco se le escapaba la vida. La hija del señor de la fortaleza, una joven y bella doncella de generoso corazón, pidió permiso para curarle las heridas al cautivo y se dirigió a las mazmorras. A pesar de la oscuridad que reinaba allí y que apenas podian verse el más puro amor surgió entre el forajido y la joven doncella, Cambaral comenzó a comprender que siempre había sido huérfano de corazón, que nunca había sentido nada igual. Por su parte la doncella, conociendo a su padre, comprendió cual era el destino que esperaba a su amado y muy probablemente a ella si su padre los descubria.
En aquella oscuridad se declararon amor y fidelidad enterna, entre esas frias paredes se listaron miles de promesas entre dos amantes que no se encontraban en el lugar ni en el momento adecuado. Cuando hubo curado sus heridas, Cambaral planeó una fuga que sacaría a ambos de la fortaleza y los llevaría lejos para poder amarse por toda la vida. La huída fué alocada, sin apenas probabilidades de éxito, pero eso no era lo importante, por fín pudieron amarse en libertad, herirse con sus besos y consumar su pasión.
Antes de la fuga, habiendo sido advertido, el señor de la fortaleza, preso de la ira, salió a la busqueda y captura de los dos fugitivos. Una vez llegaron al puerto, se encontraron al señor de la fortaleza con sus tropas esperandolos. Allí terminaron todos sus sueños de fuga y amor, se abrazaron, y en un tierno beso se fundieron esperando el cruel destino que para ellos estaba reservado. Preso de la ira el señor de la fortaleza decapitó a los amantes, cuyo labios permanecieron sellados en todo momento, en un beso que perdurará para toda la eternidad, como la más bella expresión del amor eterno. Las cabezas cayeron al frio agua y en ese mismo lugar, en la actualidad se encuentra un puente que se levanto en honor a los amantes con el nombre del "puente del beso".

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La leyenda de "El Basajaun"

14. La leyenda de "El Basajaun"

En la riquísima mitología vasca destaca un personaje que por su descripción y atributos humanos ha despertado el interés de antropólogos y criptozoólogos. Es el Basajaun, el «señor del bosque». ¿Estamos ante un mito o existió un ser como el descrito en las leyendas? " El Basajaun no es... Ver mas
En la riquísima mitología vasca destaca un personaje que por su descripción y atributos humanos ha despertado el interés de antropólogos y criptozoólogos. Es el Basajaun, el «señor del bosque». ¿Estamos ante un mito o existió un ser como el descrito en las leyendas?

" El Basajaun no es exclusivo de Euskadi; encontramos criaturas semejantes en otras zonas de España "

La creencia en el Basajaun es anterior a la invasión romana de la Península Ibérica. Se trataría una criatura humanoide, cubierta de pelo, larga melena y con un pie de planta circular, como la pezuña de una ternera. Aunque la tradición alude a su gran talla y fortaleza, no lo presenta como un ser dañino o peligroso. Al contrario, se le tiene por protector de los rebaños, pues avisaría mediante silbidos de la llegada de tormentas o de la cercanía de lobos. Los pastores -dice la leyenda- saben de su presencia porque el ganado hace sonar al unísono los cencerros; señal de que pueden descansar tranquilos, pues este espíritu que habita en el interior de los bosques y en las cuevas más profundas velará por su des­canso. A cambio, el Basajaun sólo pide un trozo de pan, que recogerá cuando el cuidador del rebaño duerma, para evitar todo contacto con los seres humanos.

El folclore vasco también atribuye al Basajaun la responsabilidad de transmitir a los humanos los secretos de la agricultura, el trabajo en hierro y la construcción de determinados utensilios, como la sierra y el molino. El mítico ser pertenecería, por tanto, a una raza casi extinguida, de categoría algo superior a la humana y dotada de ciertos poderes sobre las fuerzas de la naturaleza, lo que le conferiría un carácter de semidios. Algunas tradiciones orales también se refieren a la Basandere, compañera femenina del Basajaun y de similar aspecto y comportamiento.

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La leyenda de "La Cueva de la Mora"

15. La leyenda de "La Cueva de la Mora"

Cuentan que una vez en cierto lugar de Castilla, en la época de la Reconquista, existió una ostentosa vivienda de un árabe famoso por sus riquezas, y también por tener a una hija de gran belleza y discreción, a quien ninguno de sus pretendientes moros había logrado conquistar. Un día lleg... Ver mas
Cuentan que una vez en cierto lugar de Castilla, en la época de la Reconquista, existió una ostentosa vivienda de un árabe famoso por sus riquezas, y también por tener a una hija de gran belleza y discreción, a quien ninguno de sus pretendientes moros había logrado conquistar.

Un día llegó hasta allí un caballero cristiano que se enamoró perdidamente de la joven doncella y fue correspondido por ella con la misma pasión. Secretamente se veían todos los días y se prometían amor eterno, pero aquella situación se fue haciendo cada día más difícil para la doncella mora por las diferencias de raza y religión que les separaban. La familia de ella cada vez estaba más en contra debido a los odios que existían entre árabes y cristianos que cada vez aumentaban más por las guerras en Castilla. Por tal motivo le prohibieron a la joven que continuase sus relaciones con el caballero castellano. Secuestrada la doncella en la casa de sus padres, no pudo nunca más ver de nuevo a su amante, y éste, desesperado ante tal situación, marchó a la guerra contra los moros, abandonando para siempre aquellos lugares.

En vano esperó la muchacha su regreso, y nunca recibía noticia alguna de su suerte. Nunca pudo saber si su desesperación le había impulsado a buscar la muerte en el combate, o si la habría olvidado por otra mujer. Pero ella nunca dejó de mantenerse firme en sus sentimientos y continuó esperando año tras año su regreso.

Para corregir tal actitud, su padre ordenó casarla varias veces con jóvenes de su misma religión, pero ella los rechazaba aún en contra de la voluntad familiar. Un día su padre, cansado de tantas afrentas, decidió castigarla para ver si podía domar sus sentimientos, pero no sabía que los sentimientos sinceros nunca pueden ser cambiados. Ordenó que la encerraran en una cueva de aquellos parajes, creyendo que así vencería su obstinación. Pero todo era inútil, ella aceptaba el castigo con humildad y resignación, se dejó encerrar y siguió en ella llorando la pérdida de su amado con la esperanza siempre viva de su regreso.

Dice la leyenda que allí pasó unos cuantos años y que por fin murió de pena, en la gruta que desde entonces se conoce como la cueva de la Mora.

Cuentan también que su alma, siempre esperanzada, vaga todavía por allí, aguardando la vuelta del caballero cristiano, y que todos los años en el mismo día de su partida, el espíritu de la joven se libera unas horas de su cautiverio y sube hasta la colina para otear el horizonte por donde espera ver regresar a su amado, algunos afirman que una figura muy blanca y muy bella se deja ver en las noches oscuras, otros dicen que es simplemente un rayo de luna...

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La leyenda de "La Reina Loba"

16. La leyenda de "La Reina Loba"

Cuentan que, en la provincia de Orense, vivió una poderosa mujer, tan cruel y soberbia, que era llamada por los campesinos de su señorío, ""la Reina Loba"". Para su manutención y la de sus allegados, (tan despiadados como ella misma), obligaba a sus súbditos a entregarle, cada día, una vaca... Ver mas
Cuentan que, en la provincia de Orense, vivió una poderosa mujer, tan cruel y soberbia, que era llamada por los campesinos de su señorío, ""la Reina Loba"".

Para su manutención y la de sus allegados, (tan despiadados como ella misma), obligaba a sus súbditos a entregarle, cada día, una vaca, un cerdo, y una carreta llena de otros alimentos.

Las familias campesinas se turnaban en esta entrega de vituallas, por miedo a los servidores de la Loba, que arrasaban e incendiaban casas y cosechas, y asesinaban a todos los habitantes de las aldeas en las que alguna familia se hubiese negado a entregar lo que se les reclamaba.

En este clima de terror vivía la comarca entera, cuando le llegó el turno de entregar los alimentos al pueblo de Figueirós. Sus vecinos se reunieron en asamblea, y decidieron no pagar un tributo que les arruinaba .

Pero decir ""no pagaremos"", no era suficiente, porque la reina mandaría contra ellos a sus huestes, y serían perseguidos y muertos.

Decidieron que si habían de morir de hambre o a manos de los sicarios de la Loba, mejor era morir combatiendo contra ella, así que se armaron lo mejor que pudieron.

Hicieron lanzas y jabalinas, arcos y flechas, tomaron piedras y garrotes, y en la oscuridad de la noche, se pusieron en marcha hacia el castillo de la malvada mujer.

La Loba y sus secuaces, dormían. Fiados en el terror que infundían en la comarca, descuidaron la vigilancia. Nunca nadie se había atrevido a desafiar su poder, ni contaban con que tal cosa pudiera suceder.

Sigilosamente, los vecinos de Figueirós, treparon murallas y abrieron puertas sorprendiendo a los sicarios de la Loba.

Un breve, pero encarnizado combate, dio la victoria a los lugareños, que se lanzaron escaleras arriba en busca de su opresora.

La Loba, se había refugiado en la torre más alta, pero ninguna puerta era lo bastante segura para resistir a los decididos asaltantes.

Cuando vio caer su última defensa ante el empuje de sus enemigos, y no queriendo someterse a quienes ella consideraba sus esclavos.

la Loba corrió hacia la ventana y se arrojó al vacío, muriendo destrozada sobre las rocas.

Con su muerte, acabó el suplicio de los habitantes de la comarca, que recordaron durante siglos, en romances y canciones, el valor de los vecinos de Figueirós.

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La leyenda de "El paso honroso"

17. La leyenda de "El paso honroso"

Cuenta la leyenda que en el siglo XV un caballero leonés, Don Suero de Quiñones, prometió llevar una argolla de hierro al cuello todos los jueves del año por amor a su dama, doña Leonor de Tovar; y solamente podría quedar liberado tras romper trescientas lanzas en combates en el paso del puente... Ver mas
Cuenta la leyenda que en el siglo XV un caballero leonés, Don Suero de Quiñones, prometió llevar una argolla de hierro al cuello todos los jueves del año por amor a su dama, doña Leonor de Tovar; y solamente podría quedar liberado tras romper trescientas lanzas en combates en el paso del puente de Hospital de Órbigo con quienes por él quisiesen cruzar.

Quiñones pidió a otros caballeros que le ayudaran a liberarse. Acudieron muchos, unos para combatir a su lado y otros contra él. Entre el 10 de Julio y el 9 de Agosto se celebraron los combates. Al finalizar se consideró liberado por lo que peregrinó hasta Santiago para depositar ante el apóstol el lazo azul que doña Leonor le había entregado.

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La leyenda de "El Pozo Amargo"

18. La leyenda de "El Pozo Amargo"

Noche tras noche se veían en secreto. Procuraban burlar toda vigilancia que acechara en sus encuentros. Y así estaban juntos; tan sólo la luna era cómplice de sus miradas. Él, Fernando, había acudido presuroso tras salir de su casa sin ser visto. Aguardaba a que su madre, doña Leonor... Ver mas
Noche tras noche se veían en secreto. Procuraban burlar toda vigilancia que acechara en sus encuentros. Y así estaban juntos; tan sólo la luna era cómplice de sus miradas.

Él, Fernando, había acudido presuroso tras salir de su casa sin ser visto. Aguardaba a que su madre, doña Leonor, comenzara el rezo del santo rosario, como tenía por costumbre al anochecer. Ya los criados de la noble casa también habían empezado a cerrar los portones de las estancias.

Era entonces cuando Fernando emprendía sigilosamente su camino hacia casa de la joven Raquel.

Raquel, la bella Raquel. Su amada Raquel. Hija de un acaudalado judío, vivía casi recluida en su palacete. La rigidez del padre marcaba las normas en la casa. Quizás al hebreo le hubieran llegado rumores. Acaso tuviera noticias sobre cierto joven cristiano. Leví no aceptaría amores prohibidos por la ley y menos admitiría traiciones en su casa. Por eso custodiaba y hacía custodiar las horas de su hija.

Cuando llegaba la noche y todos dormían, Raquel esperaba impaciente tras las verjas de sus habitaciones. Al oír la señal, corría a los jardines que Fernando una vez más había conseguido conquistar. Y allí, de nuevo, se declaraban su amor. Hablarían del futuro y, emocionados, contemplarían su presente juntos. Tal vez dieran gracias a cada uno a su dios por ello. Y con esto eran felices, porque no les pesaban leyes ni personas que pudieran destruir aquellos momentos.

Algo se oyó entre la maleza del jardín. Un crujir de hojas secas rompió el silencio. Fernando y Raquel se miraron sorprendidos. Los dos jóvenes permanecían mudos. Miraron a su alrededor inquietos; todo era calma. Aguardaron no obstante unos segundos: los ojos y los oídos alerta y el corazón agitado....Más el silencio de la noche les reconfortó de nuevo. No se atrevían aún a hablar, pero se sonrieron y ella suspiró aliviada cerrando los ojos de Fernando. Raquel se estremeció; sintió cómo se escurrían de entre sus dedos las manos de su amado. Y vio caer lentamente su cuerpo herido.

A Raquel se le heló la sangre. Fernando yacía muerto en el suelo. Una daga bien empuñada acertaba en su mortal punzada. Alguno de aquellos vigilantes puestos por Leví, había concluido su trabajo. De un certero golpe por la espada, habían dado muerte al joven cristiano.

Quedaba así en la casa de Leví, el honor salvado, la ley intacta y los rumores acallados. Raquel quiso despertar. Pero no era un sueño aquella visión. Estaba contemplando el más crudo horror.

Entonces la amargura se apoderó de ella; como un veneno la invadió. Y en su corazón se hizo la noche. Sentada junto al brocal del pozo del aquel jardín, Raquel pasaba largas jornadas en soledad. Lágrimas de hiel acariciaban su rostro. Brotaban incesables de su alma, y vertían amargas, caudalosas hacia las aguas del pozo que también amargo quedó.

Leyenda de

Raquel, la desconsolada Raquel, sólo deseaba llorar eternamente. Con los ojos turbios, atisbó una luz en la profundad el pozo. Era la luz de la luna reflejada. Calló su llanto y se enjugó las lágrimas. Asomada al brocal, creyó ver la imagen de Fernando. Aclaró otra vez sus ojos. Fernando la sonreía y le extendía las manos pidiendo tener las suyas. Raquel no lo dudó. Se abalanzó a fundirse en un abrazo con su amado. Su lloro ya no sería eterno. Si sería eterno ya su abrazo.

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La leyenda de "La Torre de los Encantados"

19. La leyenda de "La Torre de los Encantados"

La Torre de los Encantados es una torre de vigilancia situada en el término municipal de Arenys de Mar, justo al límite con el término de Caldes d'Estrac. Situada en el Puig Castellar, en un lugar privilegiado, fue construida encima de un poblado ibérico del que se sacaron los bloques de piedra... Ver mas
La Torre de los Encantados es una torre de vigilancia situada en el término municipal de Arenys de Mar, justo al límite con el término de Caldes d'Estrac. Situada en el Puig Castellar, en un lugar privilegiado, fue construida encima de un poblado ibérico del que se sacaron los bloques de piedra para su construcción. Los orígenes no son del todo claros, algunos estudiosos la sitúan en el siglo XI o XII. Durante el siglo XVI fue reforzada y fortificada con una corceles y una muralla a su alrededor para defenderse de los ataques constantes de los corsarios berberiscos. Durante el siglo XIX fue utilizada como estación de telegrafía óptica.

La Torre de los Encantados recibe el nombre a partir de una leyenda popular de Caldetes entre Fátima, una princesa sarracena, y en Busquets, hijo de Caldes.

Dos leyendas circulan sobre la "Torre de los Encantados"...
Una muchacha, hija de una de las familias más pobres del pueblo, desapareció sin dejar rastro. Durante muchos días todos los vecinos buscaron a la joven, sin obtener ni la mas pequeña pista de su paradero, y cuando ya todos la daban por perdida, una mañana apareció ante la puerta de su casa, llevando con ella gran cantidad de joyas y monedas de oro, suficientes para alejar la pobreza de la familia.

Contó la joven que, estando una tarde paseando cerca de los Encantados, un águila enorme se abatió sobre ella, y aprisionándola fuertemente en sus garras, pero sin causarle el menor daño, la llevo hasta el interior de la Torre.
Dejó a la joven en el suelo, y en el acto, el águila se convirtió en un apuesto joven que le pidió disculpas por la forma en que la había arrebatado, y le rogó que le ayudara a deshacer el encantamiento que sufrían él y su prometida, por las malas artes de un malvado mago, envidioso del amor que se profesaban. Sólo se podría deshacer el embrujo si una joven accedía a quedar encerrada en la Torre hasta que una paloma viniera a posarse en sus manos.

La muchacha decidió quedarse y ayudar en lo posible a deshacer el terrible hechizo y el joven le prometió que de nada habría de preocuparse mientras allí estuviera.
Un ejército de duendecillos trabajaba afanosamente para mantenerlo todo perfectamente limpio y ordenado. Media docena de ellos le preparaban sabrosas comidas y otros tantos le confeccionaban suntuosos vestidos y elegantes zapatos. Además de todo eso, cada día, al despertar, encontraba sobre su
almohada una espléndida joya o un puñado de
monedas de oro.

Pasó mucho tiempo hasta que una mañana la muchacha vio una paloma que volaba derecha a su ventana, seguida de cerca por el águila. La paloma se acercó a ella y suavemente se posó sobre sus manos. En el mismo momento, el águila volvió a recuperar su forma humana y la paloma se transformó en una preciosa joven de dorados cabellos.

Locos de alegría por haber logrado deshacer el encantamiento, añadieron joyas y regalos a los muchos que ya tenía la joven campesina, le agradecieron mil veces su paciencia y desaparecieron, quedando la joven en libertad para volver con su familia.

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Leyendas de Montserrat  "La Moreneta"

20. Leyendas de Montserrat "La Moreneta"

Cuenta la leyenda que en el año 880, un sabado al anochecer, uno pastorcillos vieron descender del cielo una gran luz, acompañada de una bella melodia, que se detenia a media altura de la montaña. La semana siguiente volvieron acompañados de sus padres y la vision se repitio. Volvio a... Ver mas
Cuenta la leyenda que en el año 880, un sabado al anochecer, uno pastorcillos vieron descender del cielo una gran luz, acompañada de una bella melodia, que se detenia a media altura de la montaña. La semana siguiente volvieron acompañados de sus padres y la vision se repitio.

Volvio a repetirse el hecho durante varias semanas. Y acudieron a contemplarlo en compañia del parroco de Olesa de Montserrat.

Avisado del acontesimiento, se presento en el lugar el obispo de Manresa, quien decidio que debian subir a la zona donde se detenia la misteriosa luz.La Santa Cueva - Leyendas de Montserrat

Allí encontrarón una cueva dentro de la cual se encontraba la imagen de Santa María con el niño. Decidio entonces que esta debia ser trasladada en procesion ha la sede de Manresa.

Pero al intentar moverla esta empezo a volverse cada vez más pesada hasta el punto que no podian sostenerla ni con la ayuda de todos los presentes. Por lo que entendierón que era voluntat divina que aquella imagen fuera venerada en esa montaña y se construyo una ermita adosada a la cueva para ese fin.

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La leyenda de "El Caballo de la Laguna de Vacaras"

21. La leyenda de "El Caballo de la Laguna de Vacaras"

Cuenta la leyenda andaluza que existía una laguna cerca del pico Veleta, en Sierra Nevada, donde sus aguas descansaban heladas y cristalinas. Muchos eran los que a bien seguro afirmaron ver brujas y magos y sucesos extraños en su presencia alertando a todos de que no se acercaran por aquellos... Ver mas
Cuenta la leyenda andaluza que existía una laguna cerca del pico Veleta, en Sierra Nevada, donde sus aguas descansaban heladas y cristalinas. Muchos eran los que a bien seguro afirmaron ver brujas y magos y sucesos extraños en su presencia alertando a todos de que no se acercaran por aquellos parajes.
Fue un día cuando un pastor buscaba sus ovejas perdidas hasta el anochecer, donde acabó en la misma orilla de la laguna y donde percibió unas extrañas y fuertes voces. Escondido entre arbustos intentó con temor contemplar lo que sucedía y fue que vio dos hombres, uno con ropas largas y un libro entre sus manos, de aspecto erudito y el otro más joven y erguido, como expectante con una red en sus manos. Fue que el supuesto mago leyó un párrafo en un lenguaje desconocido y posteriormente le dijo al joven- ya puedes lanzar la red- Al poco ésta se llenó y entre los dos hombres arrastraron la red hasta sacarla del agua. Para asombro del pastor la red había atrapado a un caballo negro que los dos hombres habían sacado de la laguna y escuchó al mago que decía- No es el que buscamos, déjalo ir- y volvieron a repetir el mismo proceso, atrapando esta vez otro caballo que tampoco parecía cumplir las expectativas. Fue a la tercera vez cuando un caballo de un blanco reluciente quedó atrapado en la red y fue cuando el mago dijo- Este es el caballo que queremos, ya podemos irnos- El pastor observó como por turnos los dos hombres le susurraban algo al caballo y posteriormente se montaron y partieron volando por los aires. Desde aquel día muchos fueron con su red a intentar demostrar si era cierta la historia del pastor pero ninguno obtuvo resultado alguno y desde aquel día nada se supo ni se volvió a ver a ninguno de los dos extraños individuos que surcaron los cielos con un caballo alado atrapado en una laguna de Andalucía

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La leyenda de "La Casa del Duende"

22. La leyenda de "La Casa del Duende"

Conoz­ca­mos hoy una de las leyen­das más curio­sas y diver­ti­das que se pue­den encon­trar en la capi­tal espa­ñola, Madrid. La Casa del Duende estaba situada entre las calles Duque de Liria, Már­ti­res de Alcalá y la plaza Semi­na­rio de Nobles. Esta casa, al igual que otras muchas de la... Ver mas
Conoz­ca­mos hoy una de las leyen­das más curio­sas y diver­ti­das que se pue­den encon­trar en la capi­tal espa­ñola, Madrid. La Casa del Duende estaba situada entre las calles Duque de Liria, Már­ti­res de Alcalá y la plaza Semi­na­rio de Nobles. Esta casa, al igual que otras muchas de la época, fue cons­truida en las pri­me­ras déca­das del siglo XVIII por orden del rey para ser arren­dada a sus cria­dos, laca­yos y per­so­nal de con­fianza. La casa pasó por varias manos, hasta que fue alqui­lada por unos hom­bres que la uti­li­za­ban por las noches como cen­tro de reu­nión para

jue­gos y gran­des apues­tas de dinero.

Fue enton­ces cuando una noche se ori­ginó una dis­cu­sión entre varios de ellos y de repente se abrió una puerta inte­rior y apa­re­ció un hom­bre bajito muy bar­budo que les impuso silen­cio. Al prin­ci­pio todos se calla­ron des­con­cer­ta­dos con la apa­ri­ción de aquel duende mis­te­rioso, pero cuando ter­mi­na­ron de inda­gar quién podía ser y cómo podía haberse colado en la casa, vol­vie­ron a enzar­zarse en la dis­cu­sión que habían sus­pen­dido. Sin saber cómo, ni de dónde, salie­ron nue­va­mente media docena de ena­nos arma­dos con garro­tas se aba­lan­za­ron sobre los juga­do­res y los gol­pea­ron. Los hom­bres salie­ron huyendo y nunca más vol­vie­ron al lugar.

Tiempo des­pués, la casa fue com­prada por doña Rosa­rio de Bene­gas, mar­quesa de Hor­ma­zas, que se ins­taló en la segunda planta. Andaba la mar­quesa todavía con el tras­lado e inten­tando ade­cuar la deco­ra­ción a sus gus­tos, cam­biando cor­ti­na­jes y demás deta­lles, cuando echó en falta un cor­tinón y una ima­gen del Niño Jesús en su cuna que había traído de su ante­rior domi­ci­lio. Enfa­dada por el extravío, se encon­traba la mar­quesa dando una buena repri­menda a sus sir­vien­tes cuando, de forma sor­pre­siva, entró en la habi­ta­ción un enano con la ima­gen del Niño Jesús en sus manos y, tras éste, cua­tro ena­nos más por­tando el cor­tinón que le fal­taba. La mar­quesa no tardó ni dos días en poner pies en pol­vo­rosa, poniendo la casa a la venta sin tan siquiera haber vivido en ella.

La casa quedó desha­bi­tada durante un tiempo hasta que se ins­taló en ella don Melchor de Ave­lla­neda, un canó­nigo de Jaén. Un buen día, cuando esc­ribía al obispo de su dió­ce­sis para pedirle cierto libro del padre Tineo que nece­si­taba para sus ser­mo­nes, justo antes de rubri­car la carta levantó la vista y vio asom­brado como ante él apa­recía un enano ves­tido con un traje de mona­gui­llo que por­taba en sus manos el libro que en ese mismo momento estaba pidiendo al obispo.

En esa oca­sión, en lugar de salir corriendo, don Melchor se dedicó a bus­car y rebus­car el lugar por donde había venido y por donde había desa­pa­re­cido el mis­te­rioso duende, pero la bús­queda fue infruc­tuosa. El canó­nigo deci­dió obviar el hecho, pero pocos días des­pués se dis­ponía a dar misa en el con­vento de los Afli­gi­dos y nece­si­taba una ves­ti­menta apro­piada al día, orde­nando a un paje que fuera a la casa a bus­carla. El paje, con la ves­ti­menta bajo el brazo se dis­ponía a cerrar la puerta de la casa, cuando oyó una voz curiosa que dijo: “No es ése el color de este día, vuelve por los orna­men­tos que corres­pon­den”. El paje se dio la vuelta len­ta­mente y vio la figura de un enano burlón que rápi­da­mente desa­pa­re­ció. Le contó lo ocu­rrido al clé­rigo jurando que no vol­vería a esa casa y don Melchor, deci­dió tam­bién aban­do­nar el lugar.

El canó­nigo cedió la casa a Jeró­nima Perrin, una lavan­dera que vivía en el piso de arriba, hasta que aca­base el con­trato de alqui­ler. Cierto día la mujer lavó unas man­tas, pro­pie­dad de la mar­quesa de Val­de­ca­ñas y como era cos­tum­bre dejó la ropa oreán­dose al sol y al viento en las ori­llas del Man­za­na­res. Se fue a casa a comer con la inten­ción de vol­ver a reco­ger la ropa, pero cuando estaba en casa se desató una terri­ble tor­menta que le impi­dió salir por ella. Mien­tras miraba por la ven­tana de la buhar­di­lla ima­gi­nando el enojo de la arro­gante mar­quesa, que nece­si­taba la ropa para esa misma noche, escuchó un por­tazo y al bajar, se encontró con tres ena­nos empa­pa­dos que por­ta­ban una cesta enorme con toda la ropa. Se dice que la lavan­dera, que había escuchado ya todos los rumo­res sobre los peque­ños duen­des, aban­donó la casa ese mismo día.

Las his­to­rias habían lle­gado al Santo Ofi­cio así que se tomó dec­la­ra­ción a tes­ti­gos y se rea­lizó una minu­ciosa bús­queda por todo el inmue­ble, pero no se encontró nada ni nadie. Por ello comen­za­ron a pen­sar en espí­ri­tus diabó­li­cos y un día una comi­tiva reli­giosa pre­si­dida por el obispo llegó con velo­nes, agua ben­dita y mucha sal con el cual prac­ti­ca­ron un exorcismo.

Según ver­sio­nes de la leyenda, los veci­nos del pue­blo se diri­gie­ron a la casa con picos para derri­barla. Ésta, poco tiempo des­pués, fue incen­diada y cayó en el olvido. Pasa­ron muchos años y, según se dice, tes­ti­gos vie­ron de repente abrirse una tram­pi­lla disi­mu­lada entre los escom­bros del sótano y salir de allí nueve ena­nos que eran fal­si­fi­ca­do­res de moneda y que uti­li­za­ban la noche para salir a distribuirla.

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La leyenda de "La Abeja Castigada"

23. La leyenda de "La Abeja Castigada"

Después de que Dios concluyera la creación de los animales y de decidir cual sería el lugar de cada uno en la tierra, aún quiso regalarles un último don, y convocándoles a Su Presencia, les dijo: -Os he dado las cualidades y la figura que tenéis, según me ha parecido que seria bueno para la... Ver mas
Después de que Dios concluyera la creación de los animales y de decidir cual sería el lugar de cada uno en la tierra, aún quiso regalarles un último don, y convocándoles a Su Presencia, les dijo:

-Os he dado las cualidades y la figura que tenéis, según me ha parecido que seria bueno para la vida que habréis de llevar de ahora en adelante, pero quiero concederos una gracia a cada uno. Pedidme aquello que deseéis tener y os lo daré.


Aquellas palabras llenaron de alegría a los animales, y todos pidieron alguna cosa. El león quiso tener la melena más espesa, el conejo unas orejas grandes y móviles, el oso pidió que le permitiera dormir todo el invierno, el perro, que le concediera ser amigo del hombre, la jirafa quiso ser muy alta, y el canario, cantar exquisitamente. Y a todos complació el Señor, pero cuando ya iba a retirarse creyendo que ningún animal quedaba sin satisfacer, la abeja zumbó, enfadada:


-Señor, aún falto yo.

-¿Y que es lo que deseas, abeja?. Te he dotado de ojos maravillosos, capaces de ver todos los colores, puedes volar, entenderte con tus compañeras, y fabricar una miel dulcísima, pero si crees que te falta algo, te lo concederé.

-Lo que yo quiero es que los hombres no puedan recoger el fruto de mi trabajo. No quiero que me quiten la miel. Deseo que me dotéis de un arma para herir al que quiera robarme.

-Abeja, la miel será suficiente para todos. Te sobrará para compartirla.

-Señor, vos habéis dicho que nos concederíais una gracia y yo deseo un arma para defender mi miel.

-Así será - dijo el Señor - pero en castigo a la mala voluntad que has demostrado, cuando claves tu aguijón en un ser vivo, morirás.

Y eso es lo que sucede desde entonces. (Leyenda española)

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La leyenda de "Amarca"

24. La leyenda de "Amarca"

En viejos romances canarios corría de boca en boca la triste historia de Amarca, la celebrada doncella indígena. Tan gallarda era su figura, tan peregrina su belleza que llegó a ser envidiada de todas las doncellas. Tenía su morada en las bellas alturas de Icod. Su rústico albergue parecía como... Ver mas
En viejos romances canarios corría de boca en boca la triste historia de Amarca, la celebrada doncella indígena. Tan gallarda era su figura, tan peregrina su belleza que llegó a ser envidiada de todas las doncellas. Tenía su morada en las bellas alturas de Icod. Su rústico albergue parecía como un nidal colgado en las crestas de la montaña, para sustraerse a las miradas y a la ambiciones esas aves rapaces, embaucadoras, que se llevan a las muchachas guapas.
Hasta el rústico hogar de la doncella llegó un día Belicar, el último Mencey , Rey y señor de los dominios de Icod y quedóse atónito y deslumbrado ante la extraordinaria belleza de la joven. Desde aquel día memorable acrecentóse su fama y corrió como fausta noticia por todo el Menceyato.

Una condición tenía la moza que contrastaba con lo humilde de su linaje: su natural altivo y desdeñoso. Amarca veiáse continuamente asediada de amores por muchísimos hombres y otras tantas sembró el dolor y la decepción en sus amantes. ¿ A quién amará Amarca?, preguntabánse intrigada los zagales. ¿Para quién será el corazón de aquella belleza hija del Teide?. Guarecida a las faldas del coloso siempre entre las nieves.


Lo Sorprendente nueva no se hizo esperar mucho tiempo. Uno de los más aguerridos vasallos del Reino, Garigaiga, el pastor, había enloquecido por Amarca. Amarca esquivaba su cariño; repudiaba su pasión local, desenfrenada. Repelía al hijo del Volcán, el de la tez y morena y los brazos recios como robles.
Enloquecido por el dolor de verse desdeñado, una tarde mientras los horizontes teñíanse de sangre y el sol moribundo plateaba las aguas del Océano como un riera de luna en una noche de misterio, vióse que Garigaiga, en el borde de un alto precipicio, agitaba sus brazos como banderas en la premura.
Vióse arquear el cuerpo hacia delante, hundir la cabeza sobre el pecho y partir veloz hacia el abismo. La noticia del trágico suceso no tardó en extenderse por todas partes. Las mujeres, culpaban su egoísmo, y a sus desdenes atribuían la muerte del pastor.


De pronto Amarca desapareció, nadie sabía cual había sido el destino de la doncella. Sólo un anciano que una mañana la había visto descender de las cumbres y caminar como una sonámbula hasta las orillas del mar, hallabase en posesión del secreto. Qué no la buscasen, más parecía decir sus labios fríos y trémulos plegados para siempre y el anciano aquél lo contó todo. Una semana al brillar los primeros destellos del sol, vio que Amarca se arrojaba al abismo, y después de luchar con el bravo oleaje, llevábasela mar adentro una ola alegre y corretona como un niño.


Era la época del "Beñesmen", de la sazón y de la riqueza de las mieses, eran los días de placidez y de luz, y todo sumióse en sombras y lágrimas... Amarca había aparecido muerta sobre las arenas de la playa, la habían matado un remordimiento muy hondo. El Mencey Belicar mandó que se cantasen tristes endechas; que se encendiesen luminarias en los cerros, y que los más fornidos mozos, como real costumbre en los días aciagos, azotasen con sus varas las aguas del mar. Mandó también que se ungiese su cuerpo con los más olorosos perfumes, que no en vano era la flor más preciada de la comarca.


Al cabo de los años cuando algún nocturno caminante cruzaba las cumbres del Teide, un lamento extraño escalofriante, deteníale acongojado. Era una voz débil, apagada, dolorida, que se aparecía surgir del fondo del barranco. Era aquel mismo clamor de súplica, de pena, de trágica agonía que tantas veces balbucearan los labios febriles de Garigaiga, el loco: "Amarca......hermana Amarca".

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Mengollo (Quirós - Asturias). La leyenda del pueblo fantasma

25. Mengollo (Quirós - Asturias). La leyenda del pueblo fantasma

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Sugerido por El_Trasgu el 26.11.2011 a las 10:09h.

Abril de 1.854: el cura párroco de Casares descubre que todos los habitantes del pueblo de Mengollo, en Quirós, habían muerto. Era una veintena de cadáveres. El cura visitaba el pueblo después de meses, pues las nieves lo dejaban aislado durante el duro invierno. Cuando llegó a un alto desde... Ver mas
Abril de 1.854: el cura párroco de Casares descubre que todos los habitantes del pueblo de Mengollo, en Quirós, habían muerto. Era una veintena de cadáveres. El cura visitaba el pueblo después de meses, pues las nieves lo dejaban aislado durante el duro invierno. Cuando llegó a un alto desde donde se divisaba el pueblo no se dio cuenta de que las chimeneas no humeaban. Según se fue aproximando, le extrañó el silencio. Cuando estaba cercano a las casas encontró un vecino sin vida. Asustado, se encaminó hacia las viviendas, cuando la imagen le sobrecogió. Más cuerpos inertes en el exterior. Entró en las viviendas gritando, para encontrarse a todos sus feligreses muertos. Describió de esta manera lo encontrado:

-“«Las pinas callejas del pueblo estaban pobladas de cadáveres. La puerta de la iglesia permanecía abierta y tres o cuatro vecinos, en estado de putrefacción, yacían dentro, abrazados a los santos. Y los niños de pecho que había en el lugar estaban también muertos, abrazados a sus madres, que estaban tiradas entre la nieve que aún había en Mengoyo». La escena era dantesca y trágica”
Allí inspeccionaron los cadáveres, no había signos de violencia, y después de muchas deliberaciones atribuyeron las muertes al consumo del pan. Algo envenenó el alimento. Un cerdo permanecía muerto con restos de pan en su estómago.

La sabiduría popular acusó a la salamandra de ser la causante de envenenar el agua con que se elaboró la masa. También se dice que pudo haber sido a consecuencia de una planta venenosa que crece entre la escanda,y esta estaba mal cribada, el bollo fue echo con este cereal, En la Semana Santa era de costumbre elaborar pan de dulce y un vecino lo hacía comunalmente para todo el pueblo se sirvió después a todos los vecinos y perecieron envenenados.

Una fosa común albergó aquellos cuerpos en aquel mismo lugar. . Los vecinos de Villagondu se llevaron la panera a su pueblo, y todavía permanece allí como testigo de una catástrofe. Las autoridades decidieron quemar el pueblo para eliminar todo peligro de infección por la peste u otra enfermedad. Así desapareció el pueblo de Mengollo. Durante años, los ganados no se enviaban a aquellos pastizales y la maleza se adueñó de aquel lugar, antaño poblado. Las ruinas de tres casas, entre helechos, en Mengollo, junto con varias construcciones auxiliares, son el testigo mudo de un misterio sin resolver.

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La leyenda de "El Conde Estruc"

26. La leyenda de "El Conde Estruc"

El conde Estruch -pronunciado cómo Estruc- fue, según una leyenda catalana, un noble catalán del siglo XII llamado Guifred. La leyenda dice que el rey Alfonso II de Aragón envió al anciano Guifred hasta el castillo de Llers (L'Alt Empurdà), donde murió asesinado en 1173. Al llevar una vida... Ver mas
El conde Estruch -pronunciado cómo Estruc- fue, según una leyenda catalana, un noble catalán del siglo XII llamado Guifred.

La leyenda dice que el rey Alfonso II de Aragón envió al anciano Guifred hasta el castillo de Llers (L'Alt Empurdà), donde murió asesinado en 1173. Al llevar una vida poco cristiana, el conde se convirtió tras morir en un ser endemoniado que chupaba la sangre de los lugareños de la zona y dejaba embarazadas a jóvenes que darían a luz a entes monstruosos que morirían recién nacidos.

Aterrorizó a la población cercana hasta que una anciana monja -en algunos casos un ermitaño judío que le hizo descansar con ritos relacionados con la cábala- consiguió acabar con él. El castillo perduró entero hasta que los atentados de la Guerra Civil Española (1936-1939) lo destruyeron en gran medida. Además, esta leyenda es uno de los escasos mitos españoles relacionados con el vampirismo.

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La leyenda de "La Campana Susana"

27. La leyenda de "La Campana Susana"

En el año 1810, Gerona, a pesar de su heroica resistencia, había caído en manos de los franceses. La mayor parte de la guarnición que quedó vigilando a la población civil, se sentía muy insegura. Los gerundenses no permitían que les fuera fácil la vida y hacían todo lo posible por zafarse del... Ver mas
En el año 1810, Gerona, a pesar de su heroica resistencia, había caído en manos de los franceses. La mayor parte de la guarnición que quedó vigilando a la población civil, se sentía muy insegura. Los gerundenses no permitían que les fuera fácil la vida y hacían todo lo posible por zafarse del invasor, acosándoles de mil maneras.

Una noche, los ánimos estaban particularmente encendidos en el cuartel de los franceses, a causa de una escaramuza de los catalanes que les había causado grandes pérdidas. Unos cuantos de entre ellos, decidieron que estaría bien dar un escarmiento a la población, saliendo esa misma noche, con todo sigilo y penetrando en las casas, matar a cuantas personas pudieran sin reparar en su condición. Seguramente, esa acción enseñaría a los gerundenses quién estaba al mando en su ciudad y les quitaría las ganas de seguir combatiendo.

Y tal como lo habían pensado, cogieron sus armas y salieron a la calle con la furia en el alma.



Las calles de la ciudad estaban sumidas en el silencio y la oscuridad. Nadie les había visto. Nadie más que ellos sabía lo que se proponían hacer. Nadie podría salvar a las personas que se habían propuesto matar.

Estaban ya preparados en las puertas de las primeras casas en que pensaban entrar cuando, de pronto, una de las campanas de la catedral empezó a tocar a rebato. Su sonido era más fuerte que nunca y parecía rebotar en todas las paredes de las casas y ampliarse infinitamente hasta llegar al último rincón de la ciudad.



Todas las ventanas se llenaron de luces, todo el mundo se preguntaba que pasaba. Los gerundenses salieron a las calles, miraban al campanario y, asombrados, gritaban: "¡ Es la Susana, es la Susana...!"-, que tal era el nombre que recibía aquella campana.



Cuando el párroco subió al campanario, vio que la campana se balanceaba sola, impelida por una fuerza infinitamente más poderosa que la de cualquier ser humano.

Nadie dudó de que aquel hecho extraordinario, había salvado a la ciudad de un terrible peligro, pero sólo se supo cual había sido, cuando uno de los soldados, conmovido por los sucesos de aquella noche, contó lo que se había tramado contra la población en el acuartelamiento de los franceses.

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La leyenda de "El Collar de la Encantada"

28. La leyenda de "El Collar de la Encantada"

En la Murcia visigoda vivía una joven condesa llamada Ordelina, prometida desde niña al noble Sigiberto según los dictados de su padre. Sucedió que el padre de la doncella murió poco antes de que se celebrase la boda, con lo que la heredera, viéndose libre del compromiso contraído con Sigiberto... Ver mas
En la Murcia visigoda vivía una joven condesa llamada Ordelina, prometida desde niña al noble Sigiberto según los dictados de su padre. Sucedió que el padre de la doncella murió poco antes de que se celebrase la boda, con lo que la heredera, viéndose libre del compromiso contraído con Sigiberto, decidió casarse con su rival. La ceremonia se celebró la víspera de San Juan, aún recientes los funerales del padre.

Y estaban a punto de consumar la unión en esa noche mágica cuando el espíritu furioso del padre se les apareció,

y reprochándole a su hija la traición y la impaciencia para celebrar su boda, arrancó su alma del cuerpo en brazos de su esposo, quien se encontró abrazando a un cadáver. El alma encantada de la doncella fue recluida, junto con sus joyas y sus pertenencias, al lugar conocido como Benamor, en una caverna escondida tras un peñasco de donde solo podría salir unas horas, siempre en la noche de San Juan. Y ahí la dejó, custodiada por un enorme esclavo fantasmal.

Durante muchas generaciones, siempre hubo alguien que decía haberla visto deambular por los alrededores de su cárcel eterna, como un espectro que se paseaba cubierto de joyas, arrullado por el murmullo del agua que manaba de una fuente cercana, siempre en la noche de San Juan, siempre desapareciendo apenas llegaban las primeras luces del alba. Y aunque el espectro jamás mostró animosidad hacia nadie, pocos se atrevían a acercarse al lugar maldito. Pasaron años, siglos, conquistadores que iban y se marchaban de Murcia. Y así, cuentan que en el siglo XV de nuevo otra joven de singular belleza habitó las cercanías de Benamor. Hija del comendador de la villa, siendo tan hermosa como era, no eran pocos sus pretendientes, a los que ella no tomaba demasiado en serio y con los que jugaba, caprichosa y consciente de sus encantos.

El más constante de ellos, don Pedro López de Villora, decidió poco antes de San Juan pedirle que definiera de una vez sus intenciones. Y ella no tuvo mejor idea que pedirle que le trajera el collar de perlas que se decía que lucía el espíritu de la dama de Benamor cuando paseaba las noches de San Juan, en prueba de su amor.

Pero don Pedro era un valiente guerrero, que no podía amedrentarse y mucho menos tratándose del espíritu de una doncella que, a buen seguro, ningún daño podía hacerle. Así que acudió en la fecha señalada a los alrededores de la cueva maldita, de donde, en efecto, vio salir casi flotando a una dama pálida, lánguida... aunque sin la joya preciada en su cuello. Se acercó entonces a ella y le habló de cómo necesitaba su collar para alcanzar el amor soñado, mientras la muchacha espectral le miraba, entre divertida, entristecida y sorprendida por la valentía -y la impertinencia- del muchacho.

Habiendo escuchado la historia, ella volvió sobre sus pasos y entró en la cueva seguida del caballero, descendieron por unas escalinatas labradas en la misma piedra y llegaron a una puerta que la mujer golpeó suavemente.

La abrió el fantasma negro que llevaba guardando a la mujer todos estos años, pero se mantuvo quieto, a la espera. Y mientras don Pedro empezaba a sudar y a temblar ante la presencia del peligroso ser con el que no había contado, la mujer entró en la sala, abrió un cofre y sacó de él el collar que le había pedido, dejándolo en sus manos. Pero entonces el guardián espectral susurró con una voz gélida que parecía introducirse directamente en uno, más allá de los huesos, que nada de cuanto en ese lugar se hallaba podría volver jamás al mundo de los vivos.

Don Pedro, nervioso y frustrado por estar tan cerca de su objetivo, lanzó una estocada con su espada al lugar donde debiera haberse encontrado el corazón de la figura... para verse envuelto al instante en una nube oscura de humo que le asfixiaba. Lo último que oyó fue el llanto suave de la mujer espectral.

A la mañana siguiente unos pastores encontraron el cuerpo del joven enamorado muerto y sin ninguna señal de violencia, y lo llevaron al pueblo. Y nuestra caprichosa protagonista, sabiéndose responsable de haber llevado a la muerte a don Pedro, quedó al instante muda de por vida.

Cuentan aún que en la noche de San Juan sigue paseándose la dama de Benamor... pero hace tiempo ya que nadie ha vuelto a intentar hacerse con ninguno de los tesoros que se ocultan en su morada. Saben que son solo para el disfrute de los muertos.

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La leyenda de "El banquete de Ana de Velasco"

29. La leyenda de "El banquete de Ana de Velasco"

Después de la toma de Navarra por Fernando el Católico, los vencedores entraron a saco en sus tierras con la intención de acabar de someter a sus nobles por el procedimiento de asolar sus propiedades y castillos.Un hombre, Don Hernando de Villar, era el encargado de consumar la destrucción y, al... Ver mas
Después de la toma de Navarra por Fernando el Católico, los vencedores entraron a saco en sus tierras con la intención de acabar de someter a sus nobles por el procedimiento de asolar sus propiedades y castillos.Un hombre, Don Hernando de Villar, era el encargado de consumar la destrucción y, al frente de un nutrido ejército, se dedicó con fiereza a cumplir las órdenes del Rey Fernando.Y una mujer, Doña Ana de Velasco, Marquesa de Falces, Señora del Castillo de Marcilla, iba a hacerle frente, salvando su vida y su castillo, que aún existe para recordarnos su inteligencia y su valor.
Sabiendo doña Ana, que el ejército castellano se acercaba, ordenó a sus hombres preparar la defensa del castillo de modo tal que nada se advirtiera desde el exterior. Se aprestaron armas y víveres, se reforzaron troneras, puertas y ventanas y se buscaron escondrijos para los soldados. Nada debía delatar que estaban bien protegidos. Y así se hizo.Cuando Hernando de Villar llegó a las puertas del castillo, Doña Ana, salió a recibirle sonriente, vestida con sus mas ricos atavíos y seguida de lucido cortejo de damas y caballeros, igualmente sonrientes y amables. Cuando la dama invitó al de Villar y a sus oficiales a entrar al castillo a descansar, el sorprendido soldado aceptó, no viendo peligro alguno en ello.
En la sala principal, se había dispuesto una larga mesa, llena a rebosar de cuantos manjares podían desear para reponerse de las fatigas de la campaña, y los recién llegados hicieron buen aprecio de ellos. Cuando al final de la comida, doña Ana pregunto amablemente a su huésped que asuntos le habían traído hasta su casa, Don Hernando le comunicó las órdenes que traía del Rey y entonces cambió el gesto de la dama. Puesta en pie ante el soldado, le dijo orgullosamente: - ¡Podéis volver a Castilla, señor. Con el terror, nada podréis conseguir de los navarros!
Don Hernando le respondió que sólo en atención al recibimiento que le había dispensado, permitiría que recogiera sus pertenencias antes de proceder a la destrucción del castillo, a lo que la castellana le respondió: - Lo único que yo os permito es que sigáis con vida, si os rendís. Al momento entraron en la sala los hombres de Doña Ana, que redujeron rápidamente a Don Hernando y a todos sus oficiales, llevándoles fuera del castillo. Al volver la vista, vieron los frustrados asaltantes, las almenas plagadas de arcabuceros y gran cantidad de gentes de armas dispuestas a la defensa.
Hernando de Villar y sus huestes abandonaron Navarra, avergonzados por la derrota sin batalla y sin apetencias de más destrucciones.Y en Marcilla sigue el castillo que tan bien supo defender Ana de Velasco.

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La leyenda de "Los siete niños de Écija"

30. La leyenda de "Los siete niños de Écija"

José Ulloa, 'El Tragabuches’, forma parte del grupo de grandes bandoleros de la sierra de Ronda (Málaga) que, integrado en la partida de 'Los siete niños de Écija', pone el contrapunto negativo de la leyenda del bondadoso bandolero romántico. No todos los valentones que empuñaron un trabuco o... Ver mas
José Ulloa, 'El Tragabuches’, forma parte del grupo de grandes bandoleros de la sierra de Ronda (Málaga) que, integrado en la partida de 'Los siete niños de Écija', pone el contrapunto negativo de la leyenda del bondadoso bandolero romántico.

No todos los valentones que empuñaron un trabuco o una navaja estaban dispuestos a usarlos para ‘cazar’ al invasor. Los bandoleros aprovecharon la falta de autoridad para actuar y la confusión con los guerrilleros para ganar impunidad. Los contrabandistas tampoco desperdiciaron la oportunidad de la escasez para trapichear. Como José Ulloa, ‘El Tragabuches'. Puro folclore.

‘El Tragabuches’ era un torero que entre corrida y corrida vivía del comercio negro junto con su mujer, ‘bailaora’, hasta que ella le puso los cuernos con un monaguillo. Su vida, nada ejemplar, sufrió un giro dramático: mató a los amantes en el acto y siguió manchando sus manos de sangre durante el resto de su vida.

Con la independencia y el final de las guerrillas, pasó a formar parte de una partida, 'Los siete niños de Écija'. Claro que, sin enemigo invasor al que atacar, las víctimas eran los desprevenidos en los caminos. 'Los siete niños de Écija' era una cuadrilla de guerrilleros inadaptados a la vida civil que actuaba en el sur de Andalucía. Afectados de un síndrome posbélico surgieron como ellos bandas de nostálgicos que continuaron con los saqueos y los asaltos, esta vez, contra sus compatriotas. Después de la autoridad, el respeto y el honor que habían logrado con la guerrilla, no querían volver a ser nadie en un pueblo perdido. ‘El Tragabuches’ nunca llegó a liderar la banda, pero sí tuvo el dudoso honor de convertirse en el más sanguinario de todos.

Tres años después del final de la guerra, todos los miembros de la banda fueron capturados y, como era costumbre con los bandoleros presos, condenados a muerte y despedazados para repartir sus trozos por los caminos donde habían actuado. Todos menos 'El Tragabuches', al que nunca cogieron y del que se perdió la pista.

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La leyenda de "El Conde Arnau"

31. La leyenda de "El Conde Arnau"

El Conde Arnau (en catalán Comte Arnau o Comte l'Arnau) fue un rico noble de la mitología catalana. Debido a varios pecados (como relacionarse con una abadesa o no hacer bien los pagos prometidos), fue condenado eternamente. Condenado a cabalgar durante toda la eternidad como alma en pena sobre... Ver mas
El Conde Arnau (en catalán Comte Arnau o Comte l'Arnau) fue un rico noble de la mitología catalana. Debido a varios pecados (como relacionarse con una abadesa o no hacer bien los pagos prometidos), fue condenado eternamente. Condenado a cabalgar durante toda la eternidad como alma en pena sobre un caballo negro al que le salen llamas por la boca y los ojos, el Conde l'Arnau va siempre acompañado por un grupo de perros diabólicos que le hacen de cortejo.

Este personaje legendario y mítico catalán, más conocido universalmente como "el conde Arnau", es probablemente el más conocido de todos los espíritus, almas en pena y fantasmas del Principado. En principio, también es un personaje literario que tiene su origen en una canción tradicional catalana, posiblemente aparecida en Ripoll a finales del siglo XVI en la que se narra el diálogo entre el alma del conde Arnau, que purga el incumplimiento de sus deberes militares y su viuda. Desde Ripoll, el mito se extendió a toda la zona de influencia cultural catalana y se le incorporaron elementos de una leyenda anterior, del 1017, en que se le relaciona amorosamente con una monja del monasterio de Sant Joan de les Abadesses.

Fue Marian Aguiló quien reunió el material sobre el mito en 1843 y Manuel Milá y Fontanals quien lo publicó en 1835. Parece que partía del convencimiento de que el conde Arnau era un personaje histórico. Romeu Figueras ha recalcado: Arnau es el mito más fuerte, más robusto y más popular de Cataluña, es el mito por antonomasia de la literatura catalana. Víctor Balaguer se basó e hizo una narración en 1858. De ahí que los literatos de la Renaixença hayan convertido su figura en el personaje medieval más romántico. El tema ha sido tratado también por Anicet de Pagès, Frederic Soler, Jacint Verdaguer, Josep Carner, Joan Maragall (el que dio al personaje perfiles rebeldes y románticos), Josep Maria de Sagarra, Ambrosi Carrion, Antonio Ribera y Miquel Arimany. Felip Pedrell musicó el poema de J. Maragall. Joan Amades destaca: (...) hace daño averiguar si se trata de un personaje histórico o si su figura es simplemente legendaria.

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La Leyenda de "Garxot i Miquelot"

32. La Leyenda de "Garxot i Miquelot"

Hacia el año 1100 de la era cristiana, había en el pueblo de Orreaga, en el reino de Navarra, un famoso koblari (trobador), cuya voz e imaginación eran admiradas en varios valles. Gartxot tenía un hijo al que había llamado Mikelot, y que prometía convertirse en un cantante tan bueno como su... Ver mas
Hacia el año 1100 de la era cristiana, había en el pueblo de Orreaga, en el reino de Navarra, un famoso koblari (trobador), cuya voz e imaginación eran admiradas en varios valles.

Gartxot tenía un hijo al que había llamado Mikelot, y que prometía convertirse en un cantante tan bueno como su padre. Cuando aún era un niño, Mikelot ya cantaba con brío lo que le había enseñado Gartxot.

Pero en aquella época, la región de Gartxot y Mikelot estaba gobernada por unos monjes franceses de Sainte Foi de Conques, que poseían la abadía
de Orreaga y las tierras de los alrededores. Un desgraciado día, el
joven Mikelot estaba cantando cerca de Orreaga, y como de costumbre,
había elejido contar la gran victoria de los Vascos sobre los Francos.
El abad francés que dirigía el monasterio se le acercó, atraido por una
voz tan pura. Pero al escuchar aquel relato en el que el Emperador
Carlomagno había sido vencido por un pueblo de pastores, le invadió una
ira espantosa. Atrapó brutalmente al niño y le preguntó dónde había
ocurrido tan funesto acontecimiento. Mikelot no tuvo más que levantar
la mano para indicarle la sucesión de puertos atravesaban el Pirineo
por encima de ellos. Dominado por la furia, el abad decidió que la
lengua de los Navarros, el vasco, sería proscrita en sus dominios, y
que aquel lugar llevaría desde aquel momento un nombre francés. Eligió
llamarlo "Roncevaux" (Roncesvalles). También se apoderó del pobre
Mikelot, y lo encerró en la abadía.

Cuando Gartxot se enteró de la noticia, acudió rápidamente para reclamar a su hijo. Pero el abad no quería deshacerse de un niño que cantaba tan
bien. Propuso a Gartxot que dejara a su hijo en la abadía, donde los
monjes se ocuparían de su educación. En contrapartida, le prometió
regalarle la cumbre de Elkorreta, una casa grande, y un rebaño de
ovejas. Era una verdadera fortuna, pero el abad ponía una condición
suplementaria: nunca más podría Gartxot pisar el suelo de Orreaga, ni
acercarse a él. Despues de muchas dudas, Gartxot acabó por aceptar el
mercado, seguramente empujado por la codicia, más que por la idea de
ofrecer a su hijo un cómodo porvenir.

Los monjes enseñaron al niño el latín y la lengua romana antepasada del francés que utilizaban entre ellos. De la boca del hijo del poeta
desaparecieron los versos cantados en la lengua más antigua que se
pueda conocer. Las estrofas que antaño alababan el valor de los Vascos
se tiñeron de desprecio, y ponderaron el mérito y la grandeza del
Emperador Carlomagno y el heroísmo del caballero Roldán. Los montañeros y guerreros vascos fueron desterrados de la historia de la batalla de Roncesvalles, y sustituidos por miles de Sarracenos crueles.

Por su lado, Gartxot seguía encerrado en su cómoda casa de Elkorreta. Pero la soledad pronto le hizo comprender que los bienes materiales no son nada. Carcomido por los remordimientos, sufría horriblemente por la
ausencia de su hijo.

Cuando se enteró de lo que los monjes estaban haciendo con Mikelot, no pudo resistirlo más y decidió romper su juramento. Juró, al contrario, que
su hijo nunca más volvería a cantar las alabanzas del enemigo francés.
Arriesgando la vida, bajó al valle, se acercó secretamente al
monasterio, y consiguió liberar a Mikelot. Pero los sargentos fueron
alertados y emprendieron una loca persecución a través del bosque.
Agotados, Gartxot y Mikelot fueron cercados por los soldados franceses.
Sabiendo que sería ejecutado, llorando de desesperación, Gartxot renovó
su juramento. Despues de su muerte, su hijo no sería un instrumento de
la propaganda francesa. Gritando él mismo de dolor, puso sus manos
alrededor del cuello fragil de Mikelot, y apretó hasta estrangular a su
hijo ante los ojos incrédulos de los sargentos.

Gartxot fue cargado de cadenas, y llevado ante la justicia de los Franceses. Lo condenaron a estar encerrado de por vida en el alto de Elkorreta, en
una torre que se construyó para la ocasión.
Gartxot sobrevivió durante meses, pues los campesinos de la zona le traían regularmente víveres. Un perro que había sido el amigo de Mikelot a veces le traía algo de caza y le hacía compañia.
Pero el invierno fue duro aquel año, y la nieve impidió a los campesinos salvar las cuestas de Elkorreta para aportar su asistencia.
Mientras tanto, el abad de Roncesvalles fue trasladado, y se nombró a otro en su lugar.
El nuevo jefe de la congregación decidió revisar el juicio
contra el poeta. Le pareció que la sanción había sido demasiado dura, y
que el prisionero había pagado lo suficiente por su culpa. El deseo de
tener buenas relaciones con sus vecinos autóctonos era una buena razón
para ello.

Hoy todavía, cuando en los meses de octubre y de noviembre sopla el viento del norte, cuando las palomas deciden abandonar el país,
se puede oir un gemido tétrico que se parece extrañamente al de un hombre. Los montañeros navarros dicen que es el alma de Gartxot, que llora y pide perdón a su hijo.

Esta leyenda navarra fue inmortalizada por Arturo Campión, en sus
"Narraciones vascas", publicada en 1935 ("El bardo de Itzalzu).

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