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Las siete palabras de Cristo en la Cruz.

Las siete palabras de Cristo en la Cruz.

  • Lista creada por Venhut.
  • Publicada el 01.04.2012 a las 16:39h.
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Último acceso 31.12.2012

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El rostro transfigurado en el Tabor es desfigurado en el pretorio: rostro de quien, insultado, no responde; de quien, golpeado, perdona; de quien, hecho esclavo sin nombre, libera a cuantos sufen la esclavitud. Jesús camina decididamente por la vía del dolor, cumpliendo en carne viva, hecha viva voz, la profecía de Isaías: ofrece la espalda a los que le golpeaban, la mejilla a los que mesaban su barba y no ocultó el rostro a insultos y salivazos.

A la condena inicua se añade el ultraje de la flagelación. Entregado en manos de los hombres, el cuerpo de Jesús es desfigurado. Aquel cuerpo nacido de la Virgen María, que hizo de Jesús el más bello de los hijos de Adán, que dispensó la unción de la Palabra, ahora es golpeado cruelmente por el látigo.

«Me rodean como perros, me cerca una nube de malvados. Han taladrado mis manos y mis pies y me han acostado en el polvo de la muerte. Cuentan mis huesos uno a uno, me miran, me contemplan. Se reparten mis vestidos, echan a suerte mi túnica. Dios mío, no te alejes, ven pronto a socorrerme».

LAS SIETE PALABRAS SON LAS SIETE FRASES QUE JESÚS, ESTANDO CRUCIFICADO, AÚN CUANDO EL DOLOR LO CONSUMÍA, PRONUNCIÓ ANTES DE MORIR.

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Dios mío, Dios, mío, ¿por qué me has abandonado?

1. Dios mío, Dios, mío, ¿por qué me has abandonado?

La exclamación de desesperación de Jesús refleja el peso del pecado de la humanidad para sentir, como hombre, el pecado, y ponerse en lugar de los pecadores, sintiendo en carne propia la justicia de Dios. Esta palabra pronunciada por Jesús no es un reproche hacia Dios, sino la oración del... Ver mas
La exclamación de desesperación de Jesús refleja el peso del pecado de la humanidad para sentir, como hombre, el pecado, y ponerse en lugar de los pecadores, sintiendo en carne propia la justicia de Dios.

Esta palabra pronunciada por Jesús no es un reproche hacia Dios, sino la oración del justo que sufre y espera en Dios; Jesús, en lugar de desesperar y olvidarse de Dios, clama al Padre, pues confía en que Él lo escucha, pero Dios no responde porque ha identificado a su hijo con el pecado por amor a nosotros, y este debe morir.

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Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

2. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Jesús habla al Padre. Toda su vida ha sido mostrar al Padre que ama, que cuida de los hijos, que escucha en lo secreto. A Él se dirige, uniéndose a su voluntad que quiere que tome este cáliz de amor y sacrificio. El Padre calla, pero no está lejano o indiferente, sino que padece una... Ver mas
Jesús habla al Padre. Toda su vida ha sido mostrar al Padre que ama, que cuida de los hijos, que escucha en lo secreto. A Él se dirige, uniéndose a su voluntad que quiere que tome este cáliz de amor y sacrificio.

El Padre calla, pero no está lejano o indiferente, sino que padece una verdadera pasión impasible, y decide no utilizar el castigo, sino el perdón y la misericordia para los que quieran arrepentirse.

Ante los ojos de Jesús desfilan todos los pecados de los hombres: asesinatos, violaciones, robos, falsedades, blasfemias y ofensas al hombre. Jesús no solo perdona, sino que pide el perdón de su Padre para los que lo han entregado a la muerte.

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Tengo sed.

3. Tengo sed.

Uno de los más terribles tormentos de los crucificados era la sed. La deshidratación que sufrían, debido a la pérdida de sangre, era un tormento. La sed que experimentó Jesús fue una sed física. Expresó en aquel momento estar necesitado de algo tan elemental como es el agua. Jesús se hacía... Ver mas
Uno de los más terribles tormentos de los crucificados era la sed. La deshidratación que sufrían, debido a la pérdida de sangre, era un tormento. La sed que experimentó Jesús fue una sed física. Expresó en aquel momento estar necesitado de algo tan elemental como es el agua.

Jesús se hacía así solidario con todos, pequeños o grandes, sanos o enfermos, que necesitan y piden un poco de agua, y es hermoso pensar que cualquier ayuda prestada a un moribundo nos hace recordar que Jesús también pidió un poco de agua antes de morir. Jesús tenía sed de que todos recibieran la vida abundante que Él había merecido, de que no se hiciera inútil la Redención.

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En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso.

4. En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Sobre la colina del Calvario había otras dos cruces. El Evangelio dice que, junto a Jesús, fueron crucificados dos malhechores. La sangre de los tres formaban un mismo charco, pero aunque para los tres la pena era la misma, cada uno moría por una causa distinta. Uno de los malhechores... Ver mas
Sobre la colina del Calvario había otras dos cruces. El Evangelio dice que, junto a Jesús, fueron crucificados dos malhechores. La sangre de los tres formaban un mismo charco, pero aunque para los tres la pena era la misma, cada uno moría por una causa distinta.

Uno de los malhechores blasfemaba diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros! El otro malhechor se sintió impresionado al ver cómo era Jesús. Lo había visto lleno de una paz que no era de este mundo. Le había visto lleno de mansedumbre. Era distinto de todo lo que había conocido hasta entonces. Incluso le había oído pedir perdón para los que lo ofendían; y le hace esta súplica, sencilla, pero llena de vida: Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Se acordó de improviso que había un Dios al que se podía pedir paz, como los pobres pedían pan a la puerta de los señores.

Jesús, que no había hablado cuando el otro malhechor le injuriaba, volvió la cabeza para decirle: En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso. Jesús no le promete nada terreno, le promete el Paraíso para aquel mismo día. El mismo Paraíso que ofrece a todo hombre que cree en Él.

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¡Mujer, he ahí tu hijo! ¡Hijo, he ahí tu madre!

5. ¡Mujer, he ahí tu hijo! ¡Hijo, he ahí tu madre!

Junto a la cruz estaba también María, su madre. La presencia de María fue para Jesús un motivo de alivio, pero también de dolor al ver los sufrimientos que su muerte estaban produciendo en el interior de su madre. Aquellos sufrimientos la hicieron a ella compañera en la Redención. Al ver... Ver mas
Junto a la cruz estaba también María, su madre. La presencia de María fue para Jesús un motivo de alivio, pero también de dolor al ver los sufrimientos que su muerte estaban produciendo en el interior de su madre. Aquellos sufrimientos la hicieron a ella compañera en la Redención.

Al ver Jesús a su Madre evocó toda una estela de recuerdos gratos que habían vivido juntos. Treinta y tres años antes había subido un día al templo con su Hijo entre los brazos para ofrecérselo al Señor, y fue precisamente aquel día cuando de labios de un anciano sacerdote oyó aquellas palabras: A ti, mujer, un día, una espada te atravesará el alma.

En la cruz se estaba cumpliendo aquella lejana profecía de una espada en su alma. Jesús en la cruz le va a confiar a María una nueva maternidad. Dios la eligió desde siempre para ser Madre de Jesús, pero también para ser Madre de los hombres.

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Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

6. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Estas palabras expresan la oblación de la propia vida que Jesús pone a disposición del Padre. En Cristo toda se había cumplido, solo quedaba morir, lo que acepta con agrado y libremente. En las manos de ese Padre que Jesús conocía y amaba tan entrañablemente es donde puso su espíritu. El que... Ver mas
Estas palabras expresan la oblación de la propia vida que Jesús pone a disposición del Padre. En Cristo toda se había cumplido, solo quedaba morir, lo que acepta con agrado y libremente.

En las manos de ese Padre que Jesús conocía y amaba tan entrañablemente es donde puso su espíritu. El que había temido al pecado no tiene miedo a la muerte porque sabe que le espera el amor infinito de su Padre.

Ha recibido 264 puntos

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Todo está consumado.

7. Todo está consumado.

Estas palabras no son las de un hombre acabado, no son las palabras de quien tenía ganas de llegar al final, sino que son el grito triunfante del vencedor. Manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos... Ver mas
Estas palabras no son las de un hombre acabado, no son las palabras de quien tenía ganas de llegar al final, sino que son el grito triunfante del vencedor. Manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres.

La muerte de Jesús fue una muerte joven, pero no fue una muerte, ni una vida malograda. Solo tiene una muerte malograda quien muere inmaduro. Aquel a quien la muerte le sorprende con la vida vacía.

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