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Las historias bíblicas más bonitas y famosas.

Las historias bíblicas más bonitas y famosas.

  • Lista creada por Venhut.
  • Publicada el 04.10.2011 a las 23:54h.
  • Clasificada en la categoría Cultura.
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Último acceso 31.12.2012

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Acciones de la lista

En la Biblia se relatan numerosas historias que, con el paso del tiempo, han trascendido a la cultura popular: la pelea entre David y Goliat, la destrucción de Sodoma y Gomorra, etc. En esta lista he querido recoger los relatos más conocidos por todos nosotros. Vota por los que más te gusten.

Amar a la Patria es el amor postrero después de Dios, y si es crucificado y verdadero, ya son un solo amor, ya no son dos. Amar a la Patria hasta jugarse entero, del puro patrio bien común en pos, y afrontar marejada y viento fiero solo se inscribe al crédito de Dios.

LISTA DEDICADA A LA USUARIA EME, POR SU VALIOSA AMISTAD.

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

Crucifixión y muerte de Jesús.

1. Crucifixión y muerte de Jesús.

Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota, le dieron de beber vino mezclado con ajenjo, pero cuando lo probó, no lo quiso beber. Después de crucificarle repartieron sus vestidos, echando suertes. Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que... Ver mas
Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota, le dieron de beber vino mezclado con ajenjo, pero cuando lo probó, no lo quiso beber. Después de crucificarle repartieron sus vestidos, echando suertes.

Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban le insultaban, meneando sus cabezas y diciendo:

— Tú que derribas el templo y en tres días lo edificas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y desciende de la cruz!

De igual manera, aun los principales sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él, y decían:

— A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. ¿Es rey de Israel? ¡Que descienda ahora de la cruz y creeremos en él! Ha confiado en Dios. Que lo libere ahora si le quiere, pues afirmó ser su Hijo.

También los ladrones que estaban crucificados con él le injuriaban de la misma manera.

A la hora novena Jesús exclamó:

—¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?

De inmediato, uno de ellos corrió, tomó una esponja, la llenó de vinagre y poniéndola en una caña le dio de beber. Otros decían:

—Deja, veamos si viene a salvarlo.

Jesús clamó otra vez a gran voz y entregó el espíritu. He aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de hombres santos que habían muerto se levantaron. Salidos de los sepulcros después de la resurrección de Él, fueron a la santa ciudad y aparecieron a muchos.

Cuando el centurión y los que con él guardaban a Jesús vieron el terremoto y las cosas que habían sucedido, temieron en gran manera y dijeron:

— ¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios!

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David vence al gigante Goliat.

2. David vence al gigante Goliat.

De las tropas de los filisteos salió un paladín que se llamaba Goliat. Este tenía de estatura seis codos y un palmo. Llevaba un casco en la cabeza y estaba vestido con una cota de malla. Sobre sus piernas tenía grebas y entre sus hombros llevaba una jabalina de bronce. Se detuvo y gritó al ej... Ver mas
De las tropas de los filisteos salió un paladín que se llamaba Goliat. Este tenía de estatura seis codos y un palmo. Llevaba un casco en la cabeza y estaba vestido con una cota de malla. Sobre sus piernas tenía grebas y entre sus hombros llevaba una jabalina de bronce. Se detuvo y gritó al ejército de Israel:

— ¿Para qué salís a disponer la batalla? ¿No soy yo el filisteo y vosotros los siervos de Saúl? ¡Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí! Si él puede luchar conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros esclavos, pero si yo puedo más que él y lo venzo, vosotros seréis nuestros esclavos.

Cuando los israelitas oyeron estas palabras, se amedrentaron, mas David, un alegre muchacho, dijo a Saúl:

— Tu siervo irá y luchará contra ese filisteo.

— Tú no podrás ir contra él porque eres un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud.

— Tu siervo ha sido pastor de las ovejas de su padre. Cuando venía un león o un oso y tomaba alguna oveja del rebaño, yo salía tras él, lo hería y la rescataba de su boca. Si se levantaba contra mí, yo lo agarraba por la melena, lo hería y lo mataba.

— ¡Ve, y que Dios sea contigo!

Saúl vistió a David con su propia armadura.

— Yo no puedo andar con esto porque no estoy acostumbrado.

David se quitó de encima la armadura. Escogió cinco piedras lisas del arroyo y las puso en la bolsa pastoril. Con su honda en la mano, se fue hacia el filisteo.

— ¿Acaso soy yo un perro para que vengas contra mí con palos?

— ¡Ven a mí y daré tu carne a las aves del cielo y a los animales del campo!

— Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en el nombre de Dios de los Ejércitos, Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. Dios te entregará hoy en mi mano y yo te venceré. Te cortaré la cabeza.

David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada en su frente y este cayó de bruces en la tierra. Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, y lo mató sin tener espada en su mano. Luego David corrió, se puso sobre el filisteo y, tomando la espada de este, le cortó la cabeza.

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Juicio del rey Salomón.

3. Juicio del rey Salomón.

Dos prostitutas vinieron al rey y se pusieron de pie delante de él. Una de ellas dijo: — ¡Ay, señor mío! Esta mujer y yo habitábamos en la misma casa. Yo di a luz mientras estaba en la casa con ella y tres días después de mi parto, esta mujer también dio a luz. Las dos estábamos juntas y... Ver mas
Dos prostitutas vinieron al rey y se pusieron de pie delante de él. Una de ellas dijo:

— ¡Ay, señor mío! Esta mujer y yo habitábamos en la misma casa. Yo di a luz mientras estaba en la casa con ella y tres días después de mi parto, esta mujer también dio a luz. Las dos estábamos juntas y nadie de fuera estaba con nosotras.

Cierta noche murió el hijo de esta mujer porque ella se recostó encima de él. Entonces se levantó a medianoche y estando yo dormida, ella tomó a mi hijo de mi lado y lo puso en su seno; y puso a su hijo muerto en mi seno. Cuando me levanté por la mañana para dar de mamar a mi hijo, estaba muerto, pero lo observé bien y aquel no era mi hijo.

Entonces dijo la otra mujer:

— ¡No! Mi hijo es el que vive y tu hijo es el muerto.

— ¡No! Tu hijo es el muerto y mi hijo es el que vive.

Entonces el rey dijo:

— ¡Traedme una espada!

Trajeron la espada y dijo el rey:

— ¡Partid al niño vivo en dos y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra!

Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey porque sus entrañas se conmovieron:

— ¡Ay, señor mío! Dad a esta el niño vivo, no lo matéis.

— No será ni para mí ni para ti. Partidlo- dijo la otra mujer.

Después de ver la reacción de las dos mujeres ante su decisión, el rey Salomón respondió:

— Dad a aquella el hijo vivo. No lo matéis, ella es su madre.

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Paciencia de Job.

4. Paciencia de Job.

Había en el país un hombre llamado Job. Era íntegro, recto, temeroso de Dios y alejado del mal. Le habían nacido siete hijos y tres hijas y poseía una hacienda de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy numerosa. Este... Ver mas
Había en el país un hombre llamado Job. Era íntegro, recto, temeroso de Dios y alejado del mal. Le habían nacido siete hijos y tres hijas y poseía una hacienda de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy numerosa. Este hombre era el más rico entre todos los orientales.

El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Dios, también Satanás estaba en medio de ellos.

— ¿De dónde vienes?

— De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá.

— ¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra. Es un hombre íntegro, recto, temeroso de Dios y alejado del mal.

— ¡No por nada teme Job al Señor!

— ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país. Extiende tu mano y tócalo en lo que posee, ¡seguro que te maldecirá en la cara!

— Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él.

Y Satanás se fue.

El día en que sus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor, llegó un mensajero y dijo a Job:

— Los bueyes estaban arando cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia.

Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo:

— Cayó del cielo fuego de Dios e hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos. Yo solo pude escapar para traerte la noticia.

Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo:

— Los caldeos, divididos en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia.

Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo:

— Tus hijos y tus hijas comían y bebían en la casa de su hermano mayor cuando de pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto que sacudió los cuatro ángulos de la casa. Esta se desplomó sobre los jóvenes y ellos murieron. Yo solo pude escapar para traerte la noticia.

Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó:
— ¡Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allí! El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!

Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también fue Satanás en medio de ellos. Dios le dijo:

— ¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra. Todavía se mantiene firme en su integridad y en vano me has instigado contra él para perderlo.


— ¡Piel por piel! Un hombre da todo lo que tiene a cambio de su vida. Pero extiende tu mano contra él y tócalo en sus huesos y en su carne, ¡seguro que te maldecirá en la cara!

— Está bien. Ahí lo tienes en tu poder, pero respétale la vida.

Satanás se alejó e hirió a Job con una úlcera maligna, desde la planta de los pies hasta la cabeza. Job tomó entonces un pedazo de teja para rascarse y permaneció sentado en medio de la ceniza. Su mujer le dijo:

— ¿Todavía vas a mantenerte firme en tu integridad? Maldice a Dios y muere de una vez.

— Hablas como una mujer insensata. Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿no aceptaremos también lo malo?

En todo esto, Job no pecó con sus labios. Quitó Dios las aflicciones de Job cuando comprobó lo fiel y recto que era y aumentó al doble todas las cosas que habían sido suyas.

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Diluvio universal y el Arca de Noé.

5. Diluvio universal y el Arca de Noé.

Entonces Dios dijo a Noé: — Entra en el arca tú y toda tu familia porque he visto que eres justo delante de mí. De todo animal toma contigo siete parejas, el macho y su hembra. De las aves del cielo toma también siete parejas, macho y hembra, para preservar la especie sobre la faz de la... Ver mas
Entonces Dios dijo a Noé:

— Entra en el arca tú y toda tu familia porque he visto que eres justo delante de mí. De todo animal toma contigo siete parejas, el macho y su hembra. De las aves del cielo toma también siete parejas, macho y hembra, para preservar la especie sobre la faz de la tierra. Después de siete días yo haré llover y arrasaré todo ser viviente que haya hecho.

Noé hizo todo conforme Dios le ordenó. Sucedió que a los siete días vinieron sobre la tierra las aguas del diluvio. Fueron rotas todas las fuentes del gran océano y abiertas las ventanas de los cielos. Hubo lluvia sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. Las aguas crecieron, levantaron el arca y se elevó sobre la tierra. Solo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca. Las aguas prevalecieron durante ciento cincuenta días. Dios se acordó de él e hizo soplar un viento que disminuyó las aguas.

Cuarenta días después Noé abrió la ventana del arca que había hecho y envió un cuervo que iba y venía hasta que las aguas se secaron. También envió una paloma para ver si las aguas habían disminuido. La paloma no halló donde asentar la planta de su pie y volvió a él porque las aguas todavía cubrían la superficie de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, la tomó y la hizo entrar consigo en el arca.

Esperó aún otros siete días y volvió a enviar la paloma fuera del arca. La paloma volvió a él al atardecer, y he aquí que traía una hoja verde de olivo en el pico. Así entendió Noé que las aguas habían disminuido sobre la tierra. Esperó aún otros siete días y envió la paloma, la cual no volvió más a él. Sucedió que se secaron las aguas sobre la tierra. Noé quitó la cubierta del arca y miró que la superficie de la tierra estaba seca. Entonces dijo Dios a Noé:

— Sal del arca tú, tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos. Saca todos los animales de toda clase que están contigo: las aves, el ganado y los reptiles que se desplazan sobre la tierra. Que se esparzan por la tierra, que sean fecundos y que se multipliquen.

Entonces salieron del arca. Edificó Noé un altar a Dios y tomando de todo cuadrúpedo y de toda ave, ofreció holocaustos sobre el altar. Dios percibió el grato olor y dijo en su corazón:

—No volveré jamás a maldecir la tierra por causa del hombre porque el instinto del corazón del hombre es malo desde su juventud. Tampoco volveré a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.

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Abraham sacrificando a su hijo.

6. Abraham sacrificando a su hijo.

Dios probó a Abraham: — Abraham. — Heme aquí. — Toma a tu hijo, a Isaac, a quien amas. Ve a la tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Abraham se levantó muy de mañana. Enalbardó su asno, tomó consigo a dos de sus siervos jóvenes y a... Ver mas
Dios probó a Abraham:

— Abraham.

— Heme aquí.

— Toma a tu hijo, a Isaac, a quien amas. Ve a la tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Abraham se levantó muy de mañana. Enalbardó su asno, tomó consigo a dos de sus siervos jóvenes y a su hijo Isaac. Partió leña para el holocausto y levantándose fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día Abraham alzó sus ojos y divisó el lugar de lejos. Entonces dijo a sus siervos:

— Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros.

Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre su hijo. Él tomó en la mano el fuego y el cuchillo:

— Padre mío.

— Heme aquí, hijo mío.

— He aquí el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?

— Dios mismo proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.

Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, Abraham edificó allí un altar. Arregló la leña, ató a Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña. Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Dios llamó desde el cielo diciendo:

— ¡Abraham! ¡Abraham!

— Heme aquí.

— No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada, porque ahora conozco que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único hijo.

Entonces Abraham alzó la vista y miró, y he aquí que detrás de sí estaba un carnero trabado por sus cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

El ángel de Dios llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo y le dijo:

— Dice Dios que porque has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré y en gran manera multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está en la orilla del mar. Tu descendencia poseerá las ciudades de sus enemigos. En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz.

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Creación del mundo en siete días.

7. Creación del mundo en siete días.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo. Un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. — Haya luz. Y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien y la apartó de la oscuridad. Llamó Dios a la luz "día" y a la... Ver mas
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo. Un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.

— Haya luz.

Y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien y la apartó de la oscuridad. Llamó Dios a la luz "día" y a la oscuridad, "noche". Atardeció y amaneció: día primero.

— Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.

Hizo Dios el firmamento y apartó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de por encima del firmamento. Llamó Dios al firmamento "cielos". Atardeció y amaneció: día segundo.

— Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto y déjese ver lo seco. Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.

Llamó Dios a lo seco "tierra" y al conjunto de las aguas lo llamó "mares". La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro. Atardeció y amaneció: día tercero.

— Haya luceros en el firmamento celeste para apartar el día de la noche.

Hizo Dios los dos luceros mayores: el lucero grande para el dominio del día y el lucero pequeño para el dominio de la noche y los puso en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra. Atardeció y amaneció: día cuarto.

— Bullan las aguas de animales vivientes y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.

Creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves haladas. Dios los bendijo diciendo: "Sean fecundos, multiplíquense y llenen las aguas en los mares y las aves crezcan en la tierra”. Atardeció y amaneció: día quinto.

— Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas. Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.

Creó, pues, al ser humano a imagen suya, varón y mujer, y les dijo: "Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla. Manden en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todo animal que serpée sobre la tierra. Todo animal terrestre, toda ave de los cielos y toda sierpe sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento”. Atardeció y amaneció: día sexto.

En el séptimo día Dios dio por concluida la labor que había hecho y reposó.

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Los mechones del cabello de Sansón.

8. Los mechones del cabello de Sansón.

Sansón se enamoró de una mujer llamada Dalila. Fueron a ella los jefes de los filisteos y le dijeron: — Persuádele y averigua en qué consiste su gran fuerza y con qué lo podríamos dominar para atarlo y atormentarlo. Entonces cada uno de nosotros te dará 1.100 piezas de plata. Y Dalila... Ver mas
Sansón se enamoró de una mujer llamada Dalila. Fueron a ella los jefes de los filisteos y le dijeron:

— Persuádele y averigua en qué consiste su gran fuerza y con qué lo podríamos dominar para atarlo y atormentarlo. Entonces cada uno de nosotros te dará 1.100 piezas de plata.

Y Dalila dijo a Sansón:

— Dime, por favor, en qué consiste tu gran fuerza y con qué podrías ser atado para ser atormentado.

— Si me atan con siete cuerdas de arco frescas que aún no estén secas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera.

Los jefes de los filisteos le llevaron siete cuerdas de arco frescas que aún no estaban secas y ella lo ató con ellas. Ella tenía personas acechando en un cuarto. Entonces ella le dijo:

— ¡Sansón, los filisteos sobre ti!

Él rompió las cuerdas como un cordel de estopa se rompe cuando toca el fuego y no se supo en qué consistía su fuerza. Entonces Dalila dijo a Sansón:

— He aquí que te has burlado de mí y me has dicho mentiras. Ahora dime, por favor, con qué podrías ser atado.

— Si me atan fuertemente con sogas nuevas que no hayan sido usadas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera.

Luego Dalila tomó sogas nuevas y lo ató con ellas.

— ¡Sansón, los filisteos sobre ti!

Él rompió las sogas de sus brazos como un hilo. Entonces Dalila dijo a Sansón:

— Hasta ahora te has burlado de mí y me has dicho mentiras. Dime, pues, con qué podrías ser atado.

— Si tejes los siete mechones de mi cabellera entre la urdimbre y los aseguras con la clavija del telar contra la pared, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera.

Dalila lo hizo dormir y tejió los siete mechones de su cabellera entre la urdimbre. Luego ella aseguró la clavija y le dijo:

— ¡Sansón, los filisteos sobre ti!

Al despertar de su sueño él arrancó la clavija del telar. Entonces ella dijo:

— ¿Cómo, pues, dices “Yo te amo,” siendo que tu corazón no está conmigo? Ya son tres veces las que te has burlado de mí y no me has revelado en qué consiste tu gran fuerza.

Aconteció que como ella le presionaba todos los días con sus palabras y le importunaba, el alma de él fue reducida a mortal angustia. Entonces le descubrió todo su corazón y le dijo:

— Nunca pasó una navaja sobre mi cabeza porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, entonces mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera.

Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los jefes de los filisteos, diciendo:

— Venid esta vez porque él me ha descubierto todo su corazón.

Entonces los jefes de los filisteos fueron a ella, llevando el dinero en la mano. Ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas. Llamó a un hombre, quien le rapó los siete mechones de su cabeza. Ella le dijo:

— ¡Sansón, los filisteos sobre ti!

Él se despertó de su sueño y pensó: “Saldré como las otras veces y me escaparé.” Pero no sabía que Dios ya se había apartado de él. Entonces los filisteos le echaron mano, le sacaron los ojos y lo llevaron a Gaza. Lo ataron con cadenas de bronce para que moliese en la cárcel. Sin embargo, después que fue rapado, el cabello de su cabeza comenzó a crecer.

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La torre de Babel.

9. La torre de Babel.

Toda la tierra tenía un solo idioma, pero aconteció que al emigrar del oriente encontraron una llanura en la tierra de Sinar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros: — Venid, hagamos adobes y quemémoslos con fuego. Así empezaron a usar ladrillo en lugar de piedra y brea... Ver mas
Toda la tierra tenía un solo idioma, pero aconteció que al emigrar del oriente encontraron una llanura en la tierra de Sinar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros:

— Venid, hagamos adobes y quemémoslos con fuego.

Así empezaron a usar ladrillo en lugar de piedra y brea en lugar de mortero.

— Venid, edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo. Hagámonos un nombre, no sea que nos dispersemos sobre la faz de toda la tierra.

Dios descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hombres. Entonces dijo:

— He aquí que este pueblo está unido, todos hablan el mismo idioma. Esto es lo que han comenzado a hacer y ahora nada les impedirá hacer lo que se proponen. Vamos, pues, descendamos y confundamos allí su lenguaje para que nadie entienda lo que dice su compañero.

Así los dispersó Dios por toda la tierra y dejaron de edificar la ciudad. Por tanto, el nombre de dicha ciudad fue Babel, porque allí confundió Dios el lenguaje de toda la tierra.

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Satanás tienta a Jesús.

10. Satanás tienta a Jesús.

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre. Acercándose el tentador, le dijo: — Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero él respondi... Ver mas
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre. Acercándose el tentador, le dijo:

— Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

Pero él respondió:

— Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Le llevó entonces el diablo a la Ciudad Santa y, poniéndole sobre el pináculo del templo, le dijo:

— Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues escrito está: “A sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra”.

— También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”.

De nuevo le llevó el diablo a un monte muy alto y, mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, le dijo:

— Todo esto te daré si de rodillas me adoras.

— Apártate, Satanás, porque escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”.

Entonces el diablo le dejó, llegaron ángeles y le servieron.

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Pecado original de Adán y Eva.

11. Pecado original de Adán y Eva.

La serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Dios había creado, la cual dijo a la mujer: — ¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de todo árbol del huerto? — Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto... Ver mas
La serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Dios había creado, la cual dijo a la mujer:

— ¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de todo árbol del huerto?

— Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios que no lo comamos ni toquemos, sino moriremos.

— No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Él.

Vio la mujer que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y codiciable para alcanzar la sabiduría. Tomó de su fruto y comió, y dio también a Adán, quien comió como ella. Oyeron la voz de Dios que paseaba por el huerto, al aire del día, y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles. Mas Dios llamó al hombre y le dijo:

— ¿Dónde estás tú?

— Oí tu voz en el huerto y tuve miedo porque estaba desnudo. Me escondí.

— ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol que yo te mandé que no comieses?

— La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

Entonces Dios dijo a la mujer:

— ¿Qué es lo que has hecho?

— La serpiente me engañó y comí.

Y Dios dijo a la serpiente:

— Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu pecho andarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Y Dios dijo a la mujer:

— Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces. Con dolor darás a luz los hijos y tu deseo será para tu marido, y él se hará dueño de ti.

Y Dios dijo al hombre:

— Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé que no comieras, maldita será la tierra por tu causa. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres, y al polvo volverás.

Y los sacó Dios del huerto del Edén.

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El gran pez que tragó a Jonás.

12. El gran pez que tragó a Jonás.

— Levántate y ve a Nínive, la gran ciudad, y predica contra ella, porque su maldad ha subido a mi presencia. Entonces Jonás se levantó para huir de la presencia de Dios. Descendió a Jope y halló un barco que iba a Tarsis. Pagando su pasaje, entró en él para esconderse de Dios, pero Él lanz... Ver mas
— Levántate y ve a Nínive, la gran ciudad, y predica contra ella, porque su maldad ha subido a mi presencia.

Entonces Jonás se levantó para huir de la presencia de Dios. Descendió a Jope y halló un barco que iba a Tarsis. Pagando su pasaje, entró en él para esconderse de Dios, pero Él lanzó un gran viento sobre el mar y se produjo una enorme tempestad, de manera que el barco estaba a punto de romperse.

Los marineros tuvieron miedo y cada uno invocaba a su dios. Echaron al mar el cargamento que había en el barco, para aligerarlo, pero Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y se había quedado profundamente dormido. El capitán del barco se acercó a Jonás y le dijo:

— ¿Qué te pasa, dormilón? ¡Levántate e invoca a tu dios! Quizás él se fije en nosotros y no perezcamos.

Entonces se dijeron unos a otros:

— ¡Venid y echemos suertes para saber por culpa de quién nos ha sobrevenido este mal!

Echaron suertes y la suerte cayó sobre Jonás.

— Decláranos por qué nos ha sobrevenido este mal. ¿Qué oficio tienes y de dónde vienes? ¿Cuál es tu país y de qué pueblo eres?

— Soy hebreo y temo a Dios.

Aquellos hombres temieron muchísimo y le preguntaron:

— ¿Por qué has hecho esto? ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme?

— Levantadme, echadme al mar y se os calmará, pues yo sé que por mi causa os ha sobrevenido esta gran tempestad.

Aquellos hombres remaban para hacer volver el barco a tierra, pero no pudieron, porque el mar se embravecía cada vez más. Entonces clamaron a Dios diciendo:

— ¡Oh Dios, por favor, no perezcamos nosotros por la vida de este hombre! No nos hagas responsables de sangre inocente, porque tú has hecho como has querido.

Entonces levantaron a Jonás y lo echaron al mar, y el mar cesó de su furia. Aquellos hombres temieron grandemente a Dios y le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos, pero Dios dispuso un gran pez que se tragase a Jonás, y este estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches.

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Jacob engaña a su padre.

13. Jacob engaña a su padre.

Aconteció que cuando Isaac había envejecido, sus ojos se debilitaron y no podía ver. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: — Hijo mío. — Heme aquí. — Yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y ve al campo a cazar algo... Ver mas
Aconteció que cuando Isaac había envejecido, sus ojos se debilitaron y no podía ver. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo:

— Hijo mío.

— Heme aquí.

— Yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y ve al campo a cazar algo para mí. Luego hazme un potaje como a mí me gusta. Tráemelo para que coma y yo te bendiga antes que muera.

Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Cuando Esaú fue al campo para cazar lo que había de traer, ella habló a su hijo Jacob diciendo:

— He oído a tu padre hablando con tu hermano Esaú. Hijo mío, obedéceme en lo que te mando: Ve al rebaño y tráeme de allí dos buenos cabritos. Yo haré con ellos un potaje para tu padre, como a él le gusta. Tú se lo llevarás a tu padre y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.

— Esaú, mi hermano, es hombre velludo, y yo soy lampiño. Quizás me palpe mi padre, me tenga por un farsante y traiga sobre mí una maldición en vez de una bendición.

— Hijo mío, sobre mí recaiga tu maldición. Tú solamente obedéceme.

Entonces él fue, tomó los cabritos y se los trajo a su madre. Ella hizo el potaje. Luego tomó la ropa más preciada de Esaú y vistió a Jacob. Puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre el cuello, donde no tenía vello. Después puso el potaje y el pan en las manos de Jacob y él fue junto a su padre y le dijo:

— Padre mío.

— Heme aquí. ¿Quién eres, hijo mío?

Jacob respondió a su padre:

— Yo soy Esaú, tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Por favor, levántate, siéntate y come de mi caza, para que tú me bendigas.

— ¿Cómo es que pudiste hallarla tan pronto, hijo mío?

— Porque Dios hizo que se encontrase delante de mí.

— Por favor, acércate y te palparé, hijo mío, a ver si tú eres mi hijo Esaú, o no.

Jacob se acercó a su padre, quien le palpó y dijo:

— La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las de Esaú.

— ¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?

— Sí, yo soy.

— Acércamela. Comeré de la caza de mi hijo para que yo te bendiga.

Jacob se la acercó e Isaac comió. Entonces le dijo su padre:

— Acércate, por favor, y bésame, hijo mío.

El se acercó y lo besó. Al percibir Isaac el olor de su ropa, lo bendijo diciendo:

— He aquí el olor de mi hijo es como el olor del campo que Dios ha bendecido. Él te dé del rocío del cielo y de lo más preciado de la tierra: trigo y vino en abundancia. Que los pueblos te sirvan y las naciones se postren ante ti. Sé señor de tus hermanos. Sean malditos los que te maldigan y benditos los que te bendigan.

Cuando apenas había salido Jacob de la presencia de su padre, su hermano Esaú llegó de cazar. Él también hizo un potaje, lo llevó a su padre y le dijo:

— Levántate, padre mío, y come de la caza de tu hijo, para que tú me bendigas.

— ¿Quién eres tú?

— Yo soy Esaú, tu hijo primogénito.

— ¿Quién, pues, es el que vino aquí, que cazó y me trajo de comer, y yo comí de todo antes de que tú vinieses? ¡Yo lo bendije, y será bendito!

Cuando Esaú oyó las palabras de su padre profirió un grito fuerte y muy amargo, y dijo a su padre:

— ¡Bendíceme también a mí, padre mío!

— Tu hermano vino con engaño y se llevó tu bendición.

— ¿No es cierto que llamaron su nombre Jacob? Pues ya me ha suplantado dos veces: Se llevó mi primogenitura y he aquí que ahora también se ha llevado mi bendición. ¿No te queda una bendición para mí?

— Yo lo he puesto por señor tuyo y le he dado como siervos a todos sus hermanos. Le he provisto de trigo y de vino. ¿Qué, pues, haré por ti, hijo mío?

— ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío!

Esaú alzó su voz y lloró. Entonces respondió Isaac:

— He aquí, será favorecido el lugar que habites con los más preciados productos de la tierra y con el rocío del cielo arriba. De tu espada vivirás y a tu hermano servirás, pero sucederá que cuando adquieras dominio, romperás su yugo de sobre tu cuello.

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Jesucristo ante Pilatos.

14. Jesucristo ante Pilatos.

— ¿Qué acusación traéis contra este hombre? — Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. — Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. —A nosotros no nos es lícito dar muerte a nadie. Así sucedió para que se cumpliera la palabra de Jesús, que dijo señalando con qu... Ver mas
— ¿Qué acusación traéis contra este hombre?

— Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

— Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley.

—A nosotros no nos es lícito dar muerte a nadie.

Así sucedió para que se cumpliera la palabra de Jesús, que dijo señalando con qué clase de muerte había de morir. Entonces Pilato llamó a Jesús y le dijo:

— ¿Eres tú el rey de los judíos?

— ¿Preguntas tú esto de ti mismo o porque otros te lo han dicho de mí?

— ¿Acaso soy yo judío? Tu propia nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?

— Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. Ahora, pues, mi reino no es de aquí.

— ¿Así que tú eres rey?

— Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz.

— ¿Qué es la verdad?

Habiendo dicho esto, les dijo a los judíos:

— Yo no hallo ningún delito en él, pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte un preso en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al rey de los judíos?

Entonces Pilato tomó a Jesús y le azotó. Los soldados entretejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Le vistieron con un manto de púrpura. Venían hacia él y le decían: "¡Viva el rey de los judíos!" Y le daban de bofetadas.

Pilato salió otra vez y les dijo:

— He aquí os lo traigo afuera, para que sepáis que no hallo ningún delito en él.

Entonces Jesús salió llevando la corona de espinas y el manto de púrpura, yPilato les dijo:

— ¡He aquí el hombre!

Cuando le vieron los principales sacerdotes y los guardias, gritaron diciendo:

— ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

— Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo no hallo ningún delito en él.

— Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley, él debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.

Cuando Pilato oyó esta palabra, tuvo aún más miedo. Entró en el Pretorio otra vez y dijo a Jesús:

— ¿De dónde eres tú?

Pero Jesús no le dio respuesta.

— ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y tengo autoridad para crucificarte?

— No tendrías ninguna autoridad contra mí, si no te fuera dada de arriba. Por esto, el que me entregó a ti tiene mayor pecado.

Desde entonces Pilato procuraba soltarle, pero los judíos gritaron diciendo:

— Si sueltas a este, no eres amigo del César. Todo aquel que se hace rey se opone al César.

Cuando Pilato oyó estas palabras, llevó a Jesús afuera y se sentó en el tribunal. Era el día de la Preparación de la Pascua. Entonces dijo a los judíos:

— He aquí vuestro rey.

— ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícale!

— ¿He de crucificar a vuestro rey?

— ¡No tenemos más rey que el César!

Y con esto, lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron pues a Jesús.

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Destrucción de Sodoma y Gomorra.

15. Destrucción de Sodoma y Gomorra.

Los dos ángeles llegaron a Sodoma al anochecer. Lot estaba sentado y, al verlos, se levantó para recibirlos postrándose a tierra. — He aquí, señores míos, venid, por favor, a la casa de vuestro siervo. Pasad la noche y lavaos vuestros pies. Por la mañana os levantaréis temprano y seguiréis... Ver mas
Los dos ángeles llegaron a Sodoma al anochecer. Lot estaba sentado y, al verlos, se levantó para recibirlos postrándose a tierra.

— He aquí, señores míos, venid, por favor, a la casa de vuestro siervo. Pasad la noche y lavaos vuestros pies. Por la mañana os levantaréis temprano y seguiréis vuestro camino.

— No, pasaremos la noche en la calle.

Lot insistió mucho, así que fueron con él y entraron en su casa. Él les preparó un banquete, hizo panes sin levadura y comieron, pero antes de que se acostasen, los hombres de la ciudad, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo, rodearon la casa y llamaron a Lot:

— ¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácanoslos, para que los conozcamos.

— ¡Por favor, hermanos míos, no hagáis tal maldad! He aquí tengo dos hijas que todavía no han conocido varón. Os las sacaré, pues, y haced con ellas como os parezca, solo que no hagáis nada a estos hombres porque para esto han venido a la sombra de mi techo.

— ¡Quítate de ahí! Este vino aquí para residir como forastero, ¿y ahora habrá de erigirse como juez? Ahora te haremos a ti más daño que a ellos.

Forcejearon mucho contra Lot y se acercaron para romper la puerta. Entonces los ángeles extendieron las manos, metieron a Lot en la casa y cerraron la puerta. A los hombres que estaban junto a la puerta los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de modo que se fatigaban por hallar la puerta. Los ángeles dijeron a Lot:

— ¿Tienes aquí a alguien más? Yernos, hijos... Cualquiera que tengas en la ciudad, sácalos de aquí, porque vamos a destruir este lugar por cuanto el clamor de ellos ha llegado a ser grande delante de Dios. Por eso Dios nos ha enviado para destruirlo.

Al rayar el alba, los ángeles apremiaban a Lot, diciéndole:

— ¡Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seáis destruidos con el castigo de la ciudad!

Los hombres tomaron su mano, la mano de su mujer y las manos de sus dos hijas, por la misericordia de Dios. Los sacaron y los pusieron fuera de la ciudad. Después de haberlos sacado, le dijeron:

— ¡Escapa por tu vida! No mires atrás ni te detengas en toda esta llanura. Escapa a la montaña, no sea que perezcas.

Dios hizo llover desde los cielos azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se convirtió en una estatua de sal.

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Los sueños del faraón.

16. Los sueños del faraón.

Aconteció después de dos años completos que el faraón tuvo un sueño: él estaba de pie y del Nilo subían siete vacas de hermoso aspecto y gordas de carne, las cuales pacían entre los juncos; pero otras siete vacas salían del Nilo, de mal aspecto y flacas de carne. Estas se pusieron junto a las... Ver mas
Aconteció después de dos años completos que el faraón tuvo un sueño: él estaba de pie y del Nilo subían siete vacas de hermoso aspecto y gordas de carne, las cuales pacían entre los juncos; pero otras siete vacas salían del Nilo, de mal aspecto y flacas de carne. Estas se pusieron junto a las otras a orillas del Nilo. Entonces las vacas de mal aspecto y flacas de carne devoraron a las siete vacas de hermoso aspecto y gordas.

El faraón se despertó. Se durmió de nuevo y soñó por segunda vez: siete espigas subieron de un solo tallo, gruesas y hermosas. Detrás de ellas brotaron otras siete espigas delgadas y quemadas por el viento del oriente. Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas gruesas.

El faraón se despertó, todo había sido un sueño. Sucedió que por la mañana su espíritu estaba perturbado, por lo que mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto. El faraón les contó sus sueños, pero no había quien se los interpretase.

El faraón hizo llamar a José.

— He tenido un sueño y no hay quien me lo interprete, pero he oído hablar de ti, que escuchas sueños y los interpretas.

— No está en mí. Dios responderá para el bienestar del faraón.

— En mi sueño yo estaba de pie a orillas del Nilo. De él salían siete vacas gordas, pero otras siete vacas delgadas subían detrás de ellas y las devoraban. También vi como siete espigas hermosas eran devoradas por siete espigas delgadas. Se lo he contado a los magos, pero no hay quien me lo interprete.

— El sueño del faraón es uno solo. Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer: las siete vacas gordas y las siete espigas hermosas son siete años de abundancia; las siete vacas flacas y las siete espigas delgadas son siete años de hambre. He aquí que vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, pero después de ellos vendrán siete años de hambre. Toda la abundancia anterior será olvidada en la tierra de Egipto. El hambre consumirá la tierra y aquella abundancia pasará desapercibida debido al hambre que vendrá después.

Por tanto, provéase el faraón de un hombre entendido y sabio y póngalo a cargo de la tierra de Egipto. Ponga funcionarios a cargo del país que recauden la quinta parte del producto de la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia. Que ellos acumulen todos los alimentos de estos años buenos que vienen, que almacenen el trigo bajo la supervisión del faraón y que los guarden en las ciudades para sustento. Sean guardados los alimentos como reserva para el país, para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto.

El faraón hizo todo lo que le aconsejó José, y el tiempo demostró que tenía razón.

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Las diez plagas de Egipto.

17. Las diez plagas de Egipto.

Moisés y Aarón se acercaron al faraón y le entregaron la demanda encomendada por Dios, que exigía que los esclavos israelitas pudieran salir de Egipto a fin de que pudieran adorar a su Dios libremente. Tras una primera negativa del faraón, Dios envió a Moisés y a Aarón de nuevo a mostrarle un... Ver mas
Moisés y Aarón se acercaron al faraón y le entregaron la demanda encomendada por Dios, que exigía que los esclavos israelitas pudieran salir de Egipto a fin de que pudieran adorar a su Dios libremente. Tras una primera negativa del faraón, Dios envió a Moisés y a Aarón de nuevo a mostrarle un milagroso signo de advertencia. La vara de Aarón se convirtió en una serpiente. Los brujos del faraón también pudieron convertir una vara en serpiente, sin embargo, su serpiente se trago a las serpientes de los brujos. Aún así el faraón rechazó las peticiones.

La primera plaga fue la de la sangre. Dios dio instrucciones a Moisés para que le dijera a Aarón que levantara su báculo sobre el río Nilo. Como consecuencia, todo el agua se convirtió en sangre, matando todos los peces del río y llenando Egipto de un olor nauseabundo. Los hechiceros de faraón demostraron entonces que también ellos podían convertir el agua en sangre, y el faraón, por lo tanto, no cedió ante las demandas de Moisés.

La segunda plaga fueron las ranas. Dios dio instrucciones a Moisés de que dijera a Aarón que estirase su vara sobre el agua, y hordas de ranas invadieron Egipto. Los hechiceros de faraón fueron capaces de duplicar esta plaga con su magia. Sin embargo, dado que no pudieron eliminar la plaga, el faraón se vio obligado a conceder el permiso de salir a los israelitas a Moisés, a cambio de que este accediera a acabar con la plaga. Para convencer al faraón de que realmente la plaga era un castigo divino, Moisés dejó que el faraón eligiera el momento en el que terminaría la plaga. El faraón eligió como fecha el día siguiente y todas las ranas murieron a la hora señalada. Sin embargo, el faraón revocó su autorización y los israelitas permanecieron en Egipto.

La tercera plaga fueron los mosquitos. Dios instruyó a Moisés: "Dile a Aarón que tome su vara y golpee en el polvo". Tras hacer esto, la arena se convirtió en una masa de mosquitos de la cual los egipcios no podían deshacerse. Los hechiceros egipcios declararon que este acto fue el "Dedo de Dios" y fueron incapaces de reproducir sus efectos con su magia.


La cuarta plaga fueron los animales salvajes, capaces de dañar personas y ganado. El faraón le pidió a Moisés que eliminase esa plaga y prometió, a cambio, permitir a los israelitas la libertad. Sin embargo, después de que la plaga desapareciera, el faraón endureció su corazón y se negó nuevamente a mantener su promesa.

La quinta plaga fueron unas enfermedades epidémicas que exterminaron a los ganados egipcios. El ganado israelita resultó ileso. De nuevo, el faraón no hizo concesiones.

La sexta plaga fue una enfermedad cutánea. Dios les dijo a Moisés y Aarón que cada uno tomase dos puñados de hollín de un horno, el cual Moisés dispersó en el cielo en presencia del faraón. El hollín provocó úlceras en el pueblo y ganado egipcios. Los hechiceros egipcios fueron afectados junto con todos los demás y fueron incapaces de sanarse, mucho menos el resto de Egipto.

La séptima plaga fue una destructiva tormenta. Dios le dijo a Moisés que estirase su vara hacia el cielo, punto en el cual la tormenta comenzó. Era incluso más sobrenatural que la plaga anterior, una poderosa ducha de granizo mezclada con fuego. La tormenta dañó gravemente a los huertosegipcios, así como a las personas y al ganado. El faraón le pidió a Moisés que eliminara esta plaga y prometió permitir a los israelitas adorar a Dios en el desierto. Como una demostración de dominio de Dios sobre el mundo, la lluvia se detuvo tan pronto como Moisés comenzó a orar a Dios. Sin embargo, después de que la tormenta cesara, el faraón de nuevo endureció su corazón y se negó a mantener su promesa.

La octava plaga fueron las langostas. Antes de la plaga, Moisés llegó al faraón y le advirtió de la inminente plaga. Los funcionarios del faraón le suplicaron que permitiera que los israelitas fueran libres, ya que iban a sufrir los efectos devastadores de una plaga de langostas, pero este aún era renuente a ceder. El orador propuso entonces un compromiso: los hombres israelitas serían autorizados a marcharse, mientras que las mujeres, niños y ganado se quedarían en Egipto. Moisés demandó que cada persona y animal se fuera, pero el faraón se negó. Dios entonces le dijo a Moisés que estirase su vara sobre Egipto y recogió un viento del este. El viento se mantuvo hasta el día siguiente, cuando se trajo un enjambre de langostas. La nube cubrió el cielo, arrojó sombras sobre Egipto, y consumió el resto de los cultivos egipcios, acabando con todos los árboles y las plantas. El faraón volvió a pedirle a Moisés que eliminase esta plaga y se comprometió a permitir que todos los israelitas pudiesen adorar a Dios en el desierto. La plaga desapareció, pero de nuevo no permitió a los israelitas salir.

En la novena plaga Dios le dijo a Moisés que estirase sus manos al cielo, para que la oscuridad cayera sobre Egipto. Esta oscuridad era tan pesada que un egipcio podía sentirla físicamente. Duró tres días, tiempo durante el cual solo hubo luz en las casas de los israelitas. El faraón entonces hizo llamar a Moisés y le dijo que dejaría salir a todos los israelitas si las tinieblas eran retiradas de su tierra. Sin embargo, exigió que las ovejas y vacas se quedasen; Moisés lo rechazó y dijo que en poco tiempo el faraón ofrecería muchos animales para ser sacrificados. El faraón, indignado, amenazó con ejecutar a Moisés si volvía a aparecer ante él. Moisés contestó en efecto que no visitaría al Faraón nuevamente.

Esta novena plaga era una especialmente significativa. Se trataba de un ataque directo al faraón, ya que Ra era el dios egipcio del Sol. La plaga de oscuridad demostraba que el Dios de Moisés era más poderoso que el del Faraón.

La décima plaga fue la muerte de todos los primogénitos de Egipto. Nadie escapaba, desde el más bajo funcionario hasta el propio primer hijo del faraón, pasando por los primogénitos del ganado. Antes de dicha plaga, Dios mandó a Moisés a informar a todos los israelitas de la sangre del cordero que debían poner en sus puertas, para que pasase de sus puertas y así pudiesen evitar que todos los primogénitos israelitas murieran. Este fue el más duro golpe a Egipto y la plaga que finalmente convenció al faraón de que debía liberar a los israelitas.

Después de esto, el Faraón, furioso y triste, ordenó a los israelitas desaparecer, dejándoles tomar lo que quisieran. Los israelitas no vacilaron y al final de esa noche los llevó a Moisés de Egipto.

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Caín mata a su hermano Abel.

18. Caín mata a su hermano Abel.

Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín y a Abel. El mayor fue labrador de la tierra, mientras que el menor fue pastor de ovejas. Aconteció andado el tiempo que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Dios, y Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas lo más... Ver mas
Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín y a Abel. El mayor fue labrador de la tierra, mientras que el menor fue pastor de ovejas. Aconteció andado el tiempo que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Dios, y Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas lo más gordo de ellas. Miró Dios con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.

Caín se ensañó en gran manera, decayó su semblante y dijo a su hermano Abel:

— Salgamos al campo.

Estando ellos en el campo, Caín mató a Abel.

— ¿Dónde está Abel, tu hermano?

— No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

— ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza. Errante y extranjero serás en ella.

— Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, de tu presencia me esconderé y seré errante y extranjero. Sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.

— Cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado.

Entonces Dios puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Dios.

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