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LA SIMBOLOGÍA DE LOS NÚMEROS.

LA SIMBOLOGÍA DE LOS NÚMEROS.

  • Lista creada por Bcn Cdad.
  • Publicada el 04.09.2012 a las 18:44h.
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La división y la multiplicación no me interesan para esta lista. Sin ninguna duda, son dos herramientas muy necesarias para nuestros cálculos mercantiles. Pero no es así como miraré yo los números en esta lista.

No los abordaré desde un punto de vista matemático o contable, sino como representación simbólica, arcaica, en tanto que arquetipos, cada uno de ellos formando una unidad indisociable, una fuerza, una energía, revelando vibraciones específicas. Así pues, desde mi punto de vista, el Número (con N mayúscula) no se suma ni se resta. No se le puede añadir nada, ni restarle nada. Es una unidad indisociable. Es el Número como unidad.



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EL 7

1. EL 7

Hay 7 días de la semana, 7 astros que rigen el zodíaco, 7 notas musicales, 7 colores en el arco iris, 7 sistemas cristalinos, etc. Simbólicamente, el 7 es el Número de la perfección. Yahvé dijo a Noé: ''Entra en el arca, tú y toda tu familia, porque yo te he visto justo ante mí, en esta... Ver mas
Hay 7 días de la semana, 7 astros que rigen el zodíaco, 7 notas musicales, 7 colores en el arco iris, 7 sistemas cristalinos, etc. Simbólicamente, el 7 es el Número de la perfección.


Yahvé dijo a Noé: ''Entra en el arca, tú y toda tu familia, porque yo te he visto justo ante mí, en esta generación. De todos los animales puros, cogerás siete parejas, un macho y su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, un macho y su hembra, de los pájaros del cielo también siete parejas, macho y hembra, para conservar en vida la raza sobre la faz de la Tierra. Puesto que dentro de siete días haré que llueva durante cuarenta días y cuarenta noches, y borraré a todos los seres que quedarán en la superficie del suelo'' (Génesis 7, 1-4).

De este modo, 7 parejas de animales puros, 7 parejas de pájaros del cielo, 7 días de tregua antes de que el Diluvio caiga sobre la Tierra demuestran que el Número 7 está omnipresente en el relato del Diluvio, en el Génesis. Pero eso no es todo: ''[Noé] esperó aún 7 días y soltó de nuevo la paloma fuera del arca. La paloma vino hacia él al atardecer y he aquí que llevaba una rama de olivo en el pico. Noé supo que las aguas habían bajado en la tierra. Esperó todavía durante 7 días y soltó la paloma; pero ya no volvió a él'' (Génesis 7, 10-12).

Así como el 7 tiene un papel tan importante en el relato de Noé, no es la única alusión a dicho Número, que para los hebreos y los primeros redactores de la Biblia simbolizaba una perfección, una plenitud, presente en el Libro de los libros. Así pues, Salomón construyó la ''Casa de Yahvé'' en 7 años (1 Reyes 6,38). Elíseo se tiende sobre un niño muerto, antes de que este niño estornude siete veqes seguidas y abra los ojos (2 Reyes 4, 32-35).

De nuevo Eliseo lleva a Namán, jefe del ejército del rey de Siria, que está leproso, a bañarse 7 veces en las aguas del Jordán para curarse (2 Reyes 5, 1-14). Podría seguir así con citas de capítulos de la Biblia donde aparece el Número 7, ya que está presente 77 veces en el Antiguo Testamento y constituye la piedra angular del Apocalipsis de Juan, que cierra el Nuevo Testamento y hace alusión a las 7 Iglesias, a los 7 sellos, a los 7 ángeles sosteniendo 7 trompetas, a los 7 signos, a las 7 plagas, a las 7 copas.

EL ARCO Y LA FLECHA
Sin embargo, al volver a la leyenda mítica de Noé, de la que conocemos su origen, más antiguo que el Génesis, es cuando podemos ver la potencia simbólica del Número 7.

En efecto, el Diluvio concluyó por un pacto de alianza entre Yahvé y Noé, representado por un arco iris, constituido de 7 colores, acerca de los cuales te revelo de paso que cada uno de ellos está en relación con una nota de la escala musical: en orden ascendente, el rojo para el Do, el morado para el Re, el añil para el Mi, el azul para el Fa, el verde para el Sol, el amarillo para el La y el naranja para el Si; y remontando la escala, el rojo para el Do, el morado para el Si, el añil para el La, el azul para el Sol, el verde para el Fa, el amarillo para el Mi y el naranja para el Re.

Ahora bien, no puedo evitar comparar la figura del arco iris (que parece formar una especie de puente luminoso y multicolor uniendo el Cielo con la Tierra, pero que también parece un arco tendido hacia el cielo) con la séptima letra-número del alfabeto hebraico, la cual constituye el código de la cábala, Zaïn o Zeîn, que significa ''arma'' y que, en un principio, ya fuera para los primeros hebreos o para los egipcios, se representaba simbólicamente por una flecha. El arco y la flecha son las mejores representaciones simbólicas del Número 7, la flecha puesta en el arco ilustra, de alguna manera, las 7 etapas, los 7 pasos, y los 7 cielos que el hombre debe escalar para acceder a la puerta de los dioses que lleva a la inmortalidad.

EL 7, CIFRA DE LOS DIOSES Y NÚMERO UNIVERSAL
Los grandes principios de la Creación, del Universo y del Hombre se basan en el Número 7, cualesquiera que sean las creencias, religiones, civilizaciones consultadas.

Tanto para los egipcios como para los hinduistas y, más tarde, para los budistas, el hombre está constituido por 7 grandes principios primordiales, que son idénticos a los 7 grandes elementos iniciales sobre los que reposa el universo creado y manifiesto.

Pero, sobre todo, nos fijaremos en el Poema de la Creación de la astrología mesopotámica y babilónica (de la que destaco que fue origen de un auténtico culto religioso, en su tiempo) escrito sobre 7 tabletas y que hace alusión al nacimiento de la más bella figura de esta estructura universal que nuestros antepasados han visto, mucho antes que nosotros, y según los cuales era la réplica exacta de la Tierra, es decir, del zodíaco y los 7 astros-dioses, estrella y dios que compartieron un nombre común en sumerio.

Así pues, Nanna o Sîn, la Luna; Shamash, el Sol; Marduk o Dapinu, el fuerte, dios de Babilonia, que no es otro que Júpiter; Ishtar o Dilbat, la blanca, es decir, Venus, la gran diosa de Nínive; Nobu o Shihtu, el que se levanta, Mercurio; Ninurta o Kayamânu, el lento, Saturno; y finalmente, Nergal, el encendido, es decir, Marte, forman juntos la estructura del zodíaco sobre la que se ordenan el mundo y la religión del destino según los caldeos.

Son 7 los dioses encargados de hacer girar el mundo, de determinar el destino de las almas, de representar juntos la plenitud y la perfección del mundo creado por el hombre, pero también la vía hacia un octavo cielo, al que se accede por la puerta de los dioses.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 7
Mientras el 7 está muy presente en la Biblia, como hemos visto, también se encuentra en los cuentos de hadas, que casi siempre están cargados de símbolos. De manera que, en el cuento de Pulgarcito, éste tiene 7 hermanos y el ogro calza unas botas que le permitirán dar pasos de 7 leguas. Asimismo, Blancanieves se refugia en casa de los 7 enanitos, en la que ella va a poner orden. Ahora bien, se trate de Pulgarcito o de los 7 enanitos de Blancanieves, estamos ante representaciones de los 7 estados de la conciencia, los 7 componentes de la personalidad, los 7 grandes principios a los que ya he hecho alusión y que componen el hombre. En otras palabras, los 7 hermanos de Pulgarcito son los mismos componentes de sí mismo, y lo mismo sucede con los 7 enanitos de Blancanieves. Son el instinto, la emoción, la inteligencia, la intuición, la razón, la voluntad y la consciencia.

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EL 3

2. EL 3

Tanto en su aspecto geométrico como triángulo, como en el mítico y místico de una Trinidad, el 3 es un vínculo y un principio creador. Las tres grandes etapas de la vida que nos vienen a la mente cuando se hace alusión al Número 3 son el nacimiento, la vida y la muerte, sabiendo que éstas... Ver mas
Tanto en su aspecto geométrico como triángulo, como en el mítico y místico de una Trinidad, el 3 es un vínculo y un principio creador.


Las tres grandes etapas de la vida que nos vienen a la mente cuando se hace alusión al Número 3 son el nacimiento, la vida y la muerte, sabiendo que éstas forman un todo en la existencia de un ser.

Sin embargo, la mayoría de las veces, tendemos a oponer la vida con la muerte; la primera se caracteriza por la presencia y la segunda por la ausencia de la persona física. Lo que viene a decir que, en la noción de vida-muerte, estamos en el universo de la dualidad, del ritmo binario que tiene algo de fatal, punzante, inmutable, frágil también, donde dos elementos opuestos y complementarios, evidentemente, están uno frente al otro sin encontrarse jamás, parece como si todo el equilibrio del mundo se basase justamente en su oposición.

Pero la manifestación o la existencia de dicha polaridad ¿no es consecuencia del papel creador que juega un tercer elemento o factor? Este puede ser el gran principio del 3 que, al ser revelado por 2, o dos 1 que se oponen y sin embargo se atraen, es un elemento suplementario, desconocido, pero que no podía dejar de nacer, aparecer, existir a partir de dicha dualidad.

Si abordamos el 1 y el 2 bajo el punto de vista simbólico más despojado y simple que sea posible, se puede decir que el 1 es el Cielo, mientras que el 2 es la Tierra. O bien, si se prefiere, que el 1 es el padre creador y el 2 la madre creadora.

Del encuentro entre ambos, que fueron sin duda separados en el principio de los tiempos cuando formaban un solo ser en su origen, nació el 3, el fruto. El fruto es la vida, es el hombre, entendido aquí como la especie humana.

Así es que en esta enumeración de las tres grandes etapas de la existencia, la vida se sitúa justo en medio, siendo el nacimiento y la muerte las dos puertas por las que se entra y se sale.

El medio es también un factor revelador del Número 3. Por ejemplo, si dibujas un punto o una línea en el horizonte que separa el cielo de la tierra, o el cielo del mar, estás en el universo del 3, que junta y separa simultáneamente dos elementos distintos. En el universo del 2, pasábamos de un estado a otro sin hacer la diferencia.

Estábamos en el mundo de la polaridad de los contrarios donde nace la chispa.

El 3, es justamente la chispa, la energía interior, la llama que brota, calienta, da luz, ilumina, perfecta imagen simbólica de la expresión del espíritu y de la inteligencia.

LA TRINIDAD
En numerosas religiones, las divinidades son tres pero forman sólo una.

Citaré por ejemplo, la trinidad de las divinidades hinduistas o Trimûrti, que significa ''que tiene tres formas''; Brahmâ, la creación; Vishnu, la conservación, y Shiva, la destrucción. Según las creencias hinduistas, en efecto, el Espíritu Supremo extrajo a Brahmá de su lado derecho para crear el mundo; a Vishnu, de su lado izquierdo para conservarlo; y finalmente, a Shiva del medio de su cuerpo para destruirlo.

En cuanto a la Santísima Trinidad católica, que es la representación de un dios único en tres personas, tampoco es tan oscura. Agrupa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Sin embargo, debemos subrayar que no hay ninguna huella de esta doctrina o creencia en el Antiguo y el Nuevo Testamento, y que parece que surgió hacia el siglo IV d.C., lo que hace suponer que es consecuencia de creencias y culturas populares antiguas, que venían del cruce de civilizaciones mesopotámicas, egipcias, griegas y celtas, ya que un poco en todo el mundo reencontramos esta visión trinitaria divinizada o deificada, la cual podemos resumir como la representación del cosmos o del universo en primer lugar; en segundo lugar, del hombre, y en tercer lugar, de la psique o de la conciencia, es decir, el Cielo, la Tierra y el Hombre.

EL TERNARIO
El hombre es en él mismo tres en uno. Es ternario. Posee un alma, un cuerpo y un espíritu, pero también una cabeza, un tronco y unas extremidades; y, según creencias ancestrales y los médicos de la Antigüedad, un cuerpo triple compuesto de cuerpo físico, cuerpo etéreo, llamado también cuerpo vital, y el cuerpo emocional, que se llama también cuerpo astral.

El cuerpo etéreo está dividido a su vez en tres partes distintas que forman un todo: el éter vital (que corresponde a la sexualidad, a las pulsiones vitales, a los órganos genitales y a la reproducción, pero también al psiquismo y los recursos energéticos regeneradores), el éter luz (que rige a la vez los cinco sentidos y la circulación sanguínea, el ritmo cardíaco y la temperatura del cuerpo) y, por último, el éter reflector (que gobierna las funciones de la inteligencia, la reflexión, los reflejos, la voluntad y los actos).

Pero no daría una explicación completa sino aludiese al principio intelectual y filosófico de la tesis, la antítesis y la síntesis, ya que, en este caso, la primera está considerada la vida, en el sentido primitivo y original, la segunda se entiende como la muerte, siempre en el sentido primitivo y original y, finalmente, la tercera se percibe como un principio de eternidad, por igual razón que la vida y la muerte no pueden ser opuestas, sino que son los dos polos visibles e invisibles de una misma realidad desde el momento en que las juntamos o las vemos como un todo.

Según este proceso intelectual, el 3 (que, recordemos, es el primer Número impar, así como el 2 es el primer Número par, mientras que el 1 es andrógino) tiene un papel creador.

En efecto, junta dos elementos opuestos, que pueden estar condenados a la destrucción del uno por el otro, para engendrar algo nuevo.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 3
Así como el 3 puede jugar un papel dinamizador y creador, también es sin duda un lazo. Por ejemplo, la linea que une dos puntos es el tercer elemento sin el cual estos dos puntos no podrían estar jamás relacionados entre sí, ni combinarse. Así, uniendo tres veces tres puntos de dos en dos, obtenemos un triángulo. Esta figura geométrica es de gran valor simbólico, ya que se utiliza desde la más alta Antigüedad para representar los cuatro elementos primordiales: el triángulo en pie, con la punta hacia arriba, representa el Fuego, el polo masculino; el triángulo al revés, con la punta dirigida hacia abajo, representa el Agua, el polo femenino; el triángulo en pie, atravesado en medio por una linea horizontal, representa el Aire, el espíritu; el triángulo al revés, atravesado también por una linea horizontal por la mitad, representa la Tierra, la materia.

Al no considerarse colores el blanco y el negro, enumero tres colores primarios: el amarillo, el azul y el rojo, y tres colores complementarios que resultan de las combinaciones entre dos colores primarios: el verde, mezcla de amarillo y azul; el naranja, compuesto de amarillo y rojo, y el violeta, resultado de la fusión del azul y el rojo.

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EL 5

3. EL 5

El hombre tiene 5 dedos en cada mano, 5 dedos en cada pie y 5 sentidos para percibir el mundo. El 5 se considera el Número del hombre. Sí, el quinto elemento existe. No es un principio imaginado por un guionista y un cineasta. Fue definido por Plutarco en el siglo I de nuestra era en los... Ver mas
El hombre tiene 5 dedos en cada mano, 5 dedos en cada pie y 5 sentidos para percibir el mundo. El 5 se considera el Número del hombre.


Sí, el quinto elemento existe. No es un principio imaginado por un guionista y un cineasta. Fue definido por Plutarco en el siglo I de nuestra era en los términos siguientes: ''Suponiendo que el Mundo donde vivimos fuera único, y así es como lo cree Aristóteles, está compuesto también, de alguna forma, de cinco mundos que forman la Armonía: uno es Tierra, el otro el Agua, el tercero el Fuego, el cuarto el Aire y el quinto el Cielo, este último se llama según algunos Luz, según otros Éter y finalmente según unos terceros Quintaesencia''. (Plutarco, Vidas paralelas).

LOS 5 SENTIDOS Y LA QUINTAESENCIA
Según la filosofía griega, la Armonía del Mundo se constituía con 5 elementos; también los hinduistas distinguieron en el hombre (el microcosmos) 5 principios constitutivos de la personalidad, en analogía con los 5 grandes principios que componen y forman el mundo, el universo creado y manifestado, el macrocosmos. Estos 5 elementos llevan por nombre Skandha, que literalmente significa grupos o conglomerados. Se presentan de la forma siguiente:

Skandha Rûpa: Conglomerado de la materia o grupo de la corporiedad, está formado por los 4 elementos, es decir el sólido (la Tierra), el líquido (el Agua), el calor (el Fuego) y el movimiento (el Aire). Cada uno de estos elementos primordiales está en relación con un órgano de los sentidos y su objeto: la nariz y el olfato para la Tierra, el sabor y el gusto para el Agua, el ojo y la vista para el Fuego, la piel y el tacto para el Aire. Se añade, por supuesto, la oreja y el oído para el Éter, el quinto elemento.

Skandha Vedanâ: Conglomerado de sensaciones o grupo de la percepción, compuesto de todas las formas de sensaciones, agradables, dolorosas o neutras, que son para el hombre como tantas puertas abiertas al mundo exterior.

Skandha Smajnâ: Conglomerado de la conciencia o grupo de impresiones, las cuales se distribuyen en 6 facultades sensoriales distintas: la forma, el sonido, el olor, el gusto, las sensaciones físicas y las percepciones mentales.

Skandha Samskâra: Conglomerado de concepciones y grupo de acciones que reúne todos los niveles de la actividad física e instintiva y que se traduce en los deseos, sentimientos, emociones y actos: la atención, la concentración, el razonamiento, el criterio, la voluntad, el espíritu de iniciativa, la capacidad de acción, la alegría, etc.

Skandha Vijnâna: Conglomerado de la conciencia o grupo del conocimiento, reúne 6 campos de actividad de la conciencia o de la mente que favorecen el conocimiento.

Cada una de las facultades sensoriales y físicas se emplea como herramienta o instrumento de identificación y conocimiento. Disponemos, pues, de la conciencia olfativa (la Tierra), gustativa (el Agua), visual (el Fuego), táctil (el Aire), auditiva (el Éter o quinto elemento) y mental. De ello nos atreveríamos a deducir que, según la doctrina hinduista, la conciencia mental que favorece el conocimiento de sí mismo es lo que en Occidente se llama comúnmente el sexto sentido, que reúne todas las facultades, dones, principios y cualidades de los 5 sentidos juntos, constituyendo así su quintaesencia.

En efecto, esta conciencia equivale a una especie de capacidad perceptiva extrasensorial, gracias a la cual cada uno de nosotros estaría en condiciones de tomar conciencia de que los Skandha o conglomerados, tal como los hemos descrito, no son más que puras ilusiones. En palabras de Bhikku Nyâna-tiloka: ''Tomados por separado o todos juntos, nunca estos cinco conglomerados de la existencia constituyen una personalidad, una unidad individual y autónoma real; fuera de ellos, no existe tampoco nada que se pueda designar como un Yo independiente: la creencia en una entidad personal real, un Yo en el sentido supremo del término es pura ilusión''.

EL PENTAFOLIO Y EL PENTAGRAMA
Las iglesias y catedrales de la Edad Media, de inspiración románica o gótica, casi siempre fueron decoradas u ornamentadas con vidrieras y esculturas en forma de pentafolio. Se lo representaba mediante una figura geométrica constituida por un círculo, en el interior del cual alberga una estrella de 5 puntas y, en su exterior, está rodeado de 5 lóbulos, que no son más que círculos, cuyo centro coincide con cada una de las puntas de la estrella.

Ahora bien, el pentafolio era una representación simbólica del pentagrama, cuyo principio fue establecido por Pitágoras. ''Según la doctrina pitagórica, 10 es el número perfecto; representa la unidad y en toda tradición es el número de la divinidad. El hombre lleva su imagen en sus manos y pies (efectivamente, tenemos 5 dedos en cada pie, es decir 10 dedos en total, y 5 dedos en cada mano, es decir 10 en total; la observación es nuestra). Si aceptamos el 5 como el número del hombre, el pentagrama se convierte en emblema del microcosmos.

De esta forma el microcosmos y el macrocosmos forman la imagen del número perfecto (5 + 5 = 10) de Dios''.

Esta suma, de la que resultaría el Número Perfecto, es más concretamente una fusión, una unión, una comunión del Número 5 consigo mismo. Nuestro pentafolio, figura simbólica del pentagrama, representa al hombre, al microcosmos, bajo el aspecto de una estrella de 5 puntas que, por supuesto, simboliza al hombre de pie, con los brazos y las piernas extendidos, y el universo, el macrocosmos, bajo el aspecto de los 5 lóbulos que corresponden a los 5 elementos que rigen el mundo. Finalmente, señalemos que el pentagrama, como su nombre indica, es la quinta letra, es decir, la letra He del alfabeto de las letras-número de la cábala. Ésta simboliza la respiración, es decir, la esencia de la vida, sede y vehículo del alma y el espíritu. Por eso, el jeroglífico egipcio que correspondería a esta letra representaba a un hombre de pie, con las piernas abiertas y alzando los brazos hacia el cielo.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 5
Como hemos visto, al tener el hombre 5 sentidos (el oído, el olfato, el gusto, la vista y el tacto), 5 dedos: el pulgar (asociado a Venus), el indice (asociado a Júpiter), el dedo corazón (asociado a Saturno), el anular (asociado al Sol) y el dedo meñique (asociado a Mercurio), el 5 fue considerado por los hombres de la Antigüedad como el número del hombre. De manera que las vértebras de la columna vertebral fueron divididas en 5 grupos:

1) las 7 vértebras cervicales, sobre las que reposa el cráneo. Cada una está en relación con los 7 astros dioses que rigen el zodíaco;

2) las 12 vértebras torácicas o dorsales, a las que se unen los 12 pares de costillas, cada una de ellas relacionadas con un signo del zodíaco;

3) las 5 vértebras lumbares, las 4 primeras relacionadas con los 4 elementos y la quinta, con el quinto elemento: el Éter;

4) las 5 vértebras llamadas sacras, porque se sitúan al nivel del hueso sacro, con el cual se articulan los huesos iliacos para formar la pelvis, en el centro de la cual se encuentra el Mûlâdhâra-Chakra, receptáculo de la Kundalinî;

5) las 4 vértebras que se encuentran a la altura del coxis y que parecen formar un único hueso, vestigio de un hueso caudal.

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EL 2

4. EL 2

El Taï Ghi Tu o símbolo del Yin y del Yang, el zodíaco y el ritmo binario son representaciones de la función unificadora del 2. Si habitualmente el 2 representa una pequeña cantidad o un número pequeño, no es así como aquí lo entiendo y lo voy a enfocar. En efecto, en estas líneas no voy... Ver mas
El Taï Ghi Tu o símbolo del Yin y del Yang, el zodíaco y el ritmo binario son representaciones de la función unificadora del 2.


Si habitualmente el 2 representa una pequeña cantidad o un número pequeño, no es así como aquí lo entiendo y lo voy a enfocar.

En efecto, en estas líneas no voy a tratar de las cualidades cuantitativas de los números, que son ciertamente muy útiles para contar, clasificar, organizar, repartir, agrupar, sino su alcance simbólico. Por este motivo escribo ''Números'' con N mayúscula, pues cada uno de ellos forma un todo indivisible, una unidad entera, cuyo principio originario e inicial se encuentra en el 1 o vuelve hacia él de alguna manera.

EL TAÏ GHI TU
Uno de los más bellos símbolos que representa el conjunto perfecto formado por el 2, sin duda alguna, es el del Yin y el Yang, tal como está representado en el Tao chino.

El principio del Tao, filosofía y doctrina religiosa cuya regla fundamental se basa en la ''no permanencia'' de las cosas y la transformación constante, está representada por el Taï Ghi Tu.

Más conocido bajo el nombre de ''símbolo del Yin y del Yang'', este signo significa literalmente ''la imagen de lo absoluto'', o concretamente ''la imagen de la transformación suprema''.

Este principio presenta analogías con el de la prima materia de los alquimistas, ya que también se trata de una imagen de la energía universal que preside toda vida.

El Taï Ghi Tu es un círculo perfecto. Está dividido en dos partes iguales por una suerte de S central y vertical que, simbólicamente, representa la serpiente o el dragón en China.

En la parte izquierda y blanca atribuida al principio del Yang o gran principio masculino, aparece un punto Yin negro. En la parte derecha y negra atribuida al principio Yin o gran principio femenino, se encuentra un punto Yang blanco.

El dragón que aparece en el centro, al tiempo que separa el Yang del Yin, engendra un movimiento constante entre estos dos principios fundamentales y su interpenetración continua, representada por un punto Yin en la parte Yang y por un punto Yang en el interior de la parte Yin. Es así como los chinos imaginan la mutación permanente de los dos grandes principios de toda vida, formando en el fondo una sola cosa.

Siendo dos, pueden engendrarse el uno al otro sin cesar y ser el origen de las múltiples formas de la vida en la Tierra y en el Universo.

Resalto que este símbolo del Yin y del Yang se encuentra en los signos zodiacales de Cáncer y Piscis, y nos informa de que ambos signos tienen a la vez partes femeninas y masculinas. Los signos masculinos son Aries, Gemirís, Leo, Libra, Sagitario y Acuario; los signos femeninos son Tauro, Cáncer, Escorpio, Capricornio y Piscis.

En otras palabras, todos los signos de Fuego y Aire del zodíaco son masculinos mientras que los signos de Tierra y Agua son femeninos.

Pero, reunidos en el zodíaco, forman un conjunto coherente. Cada uno de ellos tiene sus cualidades y sus propiedades en las cuales parecen estar inmersos y de las cuales los astros se impregnan cuando las cruzan. También ellos tienen un principio Yin y Yang en función de la naturaleza de cada cual. No es absurdo decir que el zodíaco es el Taï Ghi Tu de Occidente.

EL RITMO
Es fácil imaginar cómo el hombre tomó consciencia del ritmo y cómo sintió en él el canto mágico y sacro de la letanía de su sistema binario, inspirado sin duda en su ritmo cardíaco o en la cadencia de su paso, tanto cuando caminaba como cuando corría.

Podríamos creer (aunque sea pura especulación por mi parte, pues no tengo ninguna prueba tangible que me dé la razón) que andando y escuchando el movimiento constante de la diástole y la sístole de su corazón, el hombre concibió el ritmo y le confirió carácter mágico, ya que el ritmo que oía en él parecía corresponder perfectamente a ciertos ruidos y cantos de la naturaleza, como el de las olas, el de ciertos pájaros, el del viento en los árboles, el de la lluvia repiqueteando en el suelo, etc.

Si seguimos especulando para ilustrar mejor el símbolo del 2, tal como fue percibido y concebido por nuestros antepasados, quizás al tomar consciencia del ritmo binario sobre el que se basa la gran sinfonía de la naturaleza y que sentía dentro de sí, el hombre entendió que todo era doble: el hombre y la mujer, el Cielo y la Tierra, arriba y abajo, el día y la noche, el calor y el frío, el Sol y la Luna, lo interior y lo exterior, la vida y la muerte, el alma y el cuerpo y, mucho más tarde, lo puro y lo impuro, el bien y el mal. Decimos ''mucho más tarde'' pues, a priori, lo que era doble no implicaba obligatoriamente la noción de dualidad o de oposición, en el sentido que le damos hoy en día. Efectivamente, de entrada, el 2 hace referencia al dúo, a la pareja, a la unión, al doble que es otro yo. La dualidad caracteriza lo que es doble, pero no lo que es opuesto.

Acerca de lo dual (que sin razón asimilamos a la dualidad entendida como oposición, rivalidad, lucha entre dos personas o dos cosas), su origen etimológico nos enseña que la raíz procede del latín dualis, que significa ''binario'', y de ahí procede el ''dualismo'', contrariamente a ''dúo'' que deriva del latino duo y cuyo significado era ''dos''.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 2
La mayor paradoja del 2 es que representa, uno al lado del otro y unidos, lo visible y lo invisible. En efecto, si el 1 es representado por un punto en el centro de un círculo, es decir, un punto visible en el centro de un círculo que evoca lo invisible, el 2 nos muestra un círculo dividido en dos partes iguales, con la parte izquierda blanca y la parte derecha negra. Como en el Taï Ghi Tu, un punto negro situado en la parte izquierda blanca indica la aparición de lo visible en lo invisible, mientras que el punto blanco en la parte derecha negra representa la puerta de lo invisible en lo visible.

El helio es el elemento atómico número 2 de la tabla de Dmitri Mendeliev (la tabla periódica de los elementos). Su átomo está compuesto por dos electrones en órbita alrededor un núcleo, con dos protones y dos electrones.

Curiosamente, a partir de la raíz etimológica griega helios (que significa Sol) el astrofísico inglés Norman Locker dio nombre al segundo elemento atómico en 1868. Digo curiosamente, pues el astro que se halla vinculado analógicamente con el 2 es Saturno, y a veces la Luna como gran principio femenino, pero no el Sol.

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EL 8

5. EL 8

Símbolo del infinito y de la eternidad, el 8 es también una representación de las energías terrestres y celestes que circulan sin cesar de arriba abajo, y de abajo arriba, y se regeneran. Para entrar de lleno en el universo de este Número mágico y misterioso y, al mismo tiempo, inquietante... Ver mas
Símbolo del infinito y de la eternidad, el 8 es también una representación de las energías terrestres y celestes que circulan sin cesar de arriba abajo, y de abajo arriba, y se regeneran.


Para entrar de lleno en el universo de este Número mágico y misterioso y, al mismo tiempo, inquietante volveré al 8° arcano mayor del tarot adivinatorio, la Justicia, del cual, por otro lado, ya deberías de conocer sus significados simbólicos.

Se ha destacado de este arcano su carácter primitivo, primario y primordial basando esta teoría en dos ejemplos más bien simples; uno escenifica la supervivencia de un animal y el otro la de un hombre. Así, se ha demostrado que, cuando la necesidad hace la ley y hay que salvarse como sea o pensar en la supervivencia de la especie, tanto el hombre como el animal van a lo esencial sin preocuparse por consideraciones morales o de otro tipo.

Del mismo modo, esto es lo que muestra y revela el Número 8: una fuerza de vida y una fuerza de muerte casi simultáneas, que nada puede contener ni parar.

Así, no es de extrañar que la Justicia esté más bien relacionada con el signo de Cáncer, como por otro lado lo está la figura simbólica de la cifra que designa este Número.

Sin embargo, los mismos fundamentos de su expresión y las informaciones que nos da se corresponden también con el 8° signo del zodíaco, Escorpio, ya que éste anuncia una mutación.

MÁS ALLÁ DE LA BARRERA DEL TIEMPO
Para comprender cómo nuestros antepasados, durante siglos e incluso milenios, más allá de los tormentos de la historia, supieron preservar y transmitir su interpretación original del mundo y de la vida, te invito a conocer, es decir, a leer con atención las siguientes líneas.

A menudo he insistido en el sistema de analogías, proceso mental que está en el principio de la creación de la estructura del zodíaco, tal como fue establecido por nuestros antepasados para organizar su elaborada ciencia de los presagios, al mismo tiempo que su visión del mundo.

Al seguir ese proceso analógico, partimos de un fenómeno de la naturaleza, por ejemplo, y razonamos de manera que vamos a establecer todos los parecidos, todos los lazos, relaciones, correspondencias, directas o indirectas, que existen en él. Sin embargo, a veces encontramos, o también imaginamos e inventamos, asociaciones que, tienen siempre una explicación, no tanto lógica como significativa.

Diré de paso que es este mismo principio el que utilizan los psicoanalistas con sus pacientes, basándose ellos en la asociación de ideas.

Aclarado esto, intentemos encontrar y comprender los lazos que existen entre el 8 y la Justicia (8° arcano mayor del tarot adivinatorio), la letra H mayúscula y el símbolo matemático del infinito.

Ahora bien, una vez hayamos demostrado que todas las figuras representan lo mismo, probablemente nos hayamos hecho entonces una vaga idea de la manera en que, quizá algún día, podremos franquear la barrera del tiempo. No para remontarse en él, como a algunos autores de ciencia ficción les gusta hacernos creer (sumergiéndonos en un mundo totalmente absurdo), sino para liberarnos de él y, al hacerlo, liberarnos de la muerte.

DEL INFINITO A LA ETERNIDAD
Coge un juego de tarot y separa la Justicia, el arcano VIII. Colócalo cerca de ti y lee atentamente lo que sigue.

Debes observar el recuadro vertical que figura en el anverso de este artículo y comprenderás cómo hemos pasado de una simple barrera o cercado, lo que Heith significa en hebreo (que designa también la H, la 8° letra del alfabeto hebreo y ha permanecido como la 8° letra de nuestro alfabeto), a una doble cruz, y de ésta a una figura octagonal, es decir, de 8 lados, contenida a su vez en un cuadrado, para transformarse finalmente en un círculo en el interior de un cuadrado. Ésta última figura acabará por ser desdoblada, desaparecerán los cuadrados y he aquí nuestro 8.

Por último, puedes ver cómo este dibujo que hacía referencia a una barrera se ha convertido en el símbolo de la letra H, mayúscula por supuesto, ya que la misma letra en minúsculas no tiene ninguna carga simbólica.

Ahora, mirando la Justicia, el arcano que has sacado de tu juego del tarot, ¿no tienes la sensación de que el sillón en el que está sentada esta mujer, que lleva una espada en su mano derecha y una balanza en su mano izquierda, se parece un poco al aspecto de una H? ¡Pues no es sólo una sensación, sino que has dado en el clavo!

Tampoco nos sorprenderá que la H esté en analogía con los pulmones, ya que la forma de este órgano nos recuerda a esta letra. Así pues, el Número 8 es el símbolo de la respiración completa, esta inspiración y espiración que nos pueden hacer pasar de la vida a la muerte en todo momento, sin apenas notarlo.

Este movimiento constante, este ritmo respiratorio, nos recuerda el movimiento y el ritmo del tiempo. ¿Quién, sino el hombre, inventó la medida de tiempo en segundos que transcurren a un ritmo regular y repetitivo? ¿Y en base a qué estableció dicho sistema? ¿Refiriéndose a los latidos de su corazón o a los movimientos de su respiración? Al inspirar, el hombre toma la vida y sus ideas. ¿No decimos buscar la ''inspiración''? Al espirar, devuelve el alma, el espíritu, la vida y muere.

Por eso, el hombre en pie, representado por el Número 8, es una figura de la eternidad, así como el 8 horizontal es una representación del infinito. En posición horizontal, el hombre respira el aire y el espíritu de la Tierra, sólo es materia.

Nace, muere y renace hasta el infinito, prisionero de una fuerza de vida y muerte a la que ya hemos hecho alusión. Pero cuando se yergue, entonces son el aire y el espíritu del Cielo los elementos respirados.

Se convierte él mismo en espíritu, en inmortal, en eterno. Mas ello implica un desgarramiento, un desapego, un cambio de comportamiento y una actitud radical, una mutación. Esta es la razón por la cual el Número 8 es el símbolo más bello del hombre en pie, el hombre espiritual, el hombre espíritu, ¡libre!


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 8
A propósito de este Número, debo hacer alusión a los 8 trigramas esenciales del I Ching. Estas 8 figuras, compuestas cada una de tres lazos continuos o/y quebrados, se reúnen en un octágono, en el centro del cual se encuentra el Taichí, símbolo chino del Yin y el Yang, energías primordiales femenina y masculina que nos recuerdan la fuerza de la vida y la fuerza de la muerte, a las que he hecho alusión en referencia al Núemro 8. Los 8 trigramas se encuentran relacionados con las 8 direcciones del equivalente a nuestra Rosa de los Vientos. En China, el loto de 8 pétalos simboliza los 8 caminos a seguir para encontrar la Vía según Buda.

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EL 6

6. EL 6

El 6 es el Número de la génesis. Sus dos símbolos, el hexagrama y el sello de Salomón, se parecen a los elementos y a los astros que rigen el zodíaco. Históricamente, parece que el arte de la adivinación y la ciencia de los Números aparecieron simultáneamente en Sumer, Mesopotamia, hacia el... Ver mas
El 6 es el Número de la génesis. Sus dos símbolos, el hexagrama y el sello de Salomón, se parecen a los elementos y a los astros que rigen el zodíaco.


Históricamente, parece que el arte de la adivinación y la ciencia de los Números aparecieron simultáneamente en Sumer, Mesopotamia, hacia el año 2900 antes de nuestra era, es decir, hace casi 5.000 años.

Evidentemente, surge así el problema de averiguar si el hombre empezó a calcular antes que a escribir, a contar números antes que a contar historias, o a la inversa. Una vez más, arqueólogos e historiadores han coincidido en decir que la ciencia de los Números nació de la escritura; pero el principio del cálculo es anterior al de la escritura.

Debemos observar que es una preocupación típicamente contemporánea el hecho de abordar la historia de los hombres y la del despertar de la inteligencia siguiendo un orden cronológico.

Ahora bien, si precisamente las huellas históricas, los descubrimientos, las preocupaciones y las sociedades de los hombres presentan cierta cronología, nada nos dice que los elementos que se nos presentan aparecieron en este orden. Por eso, pensamos que, al igual que la memoria genética, nuestra historia está inscrita en nosotros, formando parte del camino que seguimos, y nos sirve para señalar las etapas que hemos franqueado, los grados de apertura de la conciencia que hemos grabado uno por uno para tener esta visión del mundo tan particular, que es la nuestra y que hace que la realidad sea tal como es para nosotros.

LA GÉNESIS Y EL 6
Este camino y esta génesis están contenidos en la historia simbólica del 6. Pero antes de ilustrar dicha historia, debo subrayar un punto esencial de la ciencia y de la simbología, tal como fueron concebidos por nuestros antepasados. Al presentar aquí brevemente los Números, unos seguidos de otros, no estamos sólo contando, como ya te he precisado, aunque sí estoy cediendo al orden cronológico que empleamos habitualmente y que es creciente, por supuesto. No obstante, tal como nos indican los símbolos del 6 comparados con los del 5, debemos enfocar los Números en el orden inverso: decreciente y regresivo. Aunque nos cueste imaginarlo, condicionados por la manera en que utilizamos los números en la vida corriente, simbólicamente y según la ciencia de nuestros antepasados 5 es más grande que 6. Esta inversión cronológica ilustra el retorno que el hombre debe realizar a sí mismo para hallar su esencia original y desplegar las alas de su conciencia encontrada, también sin ningún límite ni división. Estamos ante el mito del Paraíso perdido, presente en todas las cosmogonías míticas.

Así pues, queremos entender cómo, simbólicamente, el 5 es mayor que el 6, mientras que matemática y cronológicamente es todo lo contrario. Basta con saber que 6 es el Número de la formación del hombre en el vientre de la madre. Biológicamente, en el sexto mes de la vida fetal, el bebé ya está formado. Los tres meses que le quedan por vivir dentro de la matriz corresponden a la preparación para su vida exterior, física, humana. Parece que durante estos tres meses se sitúa su memoria refleja autónoma. Ésta le permite tener sus propias reacciones independientes de las de la madre, y la estructura de su personalidad, de la que podremos leer una representación esquemática y simbólica en el zodíaco de su carta astral, queda establecida en el mismo momento de su nacimiento.

Observaremos, pues, que el 6 es el Número del hombre en su primera etapa de formación, mientras que el 5, como ya hemos visto, es el Número del hombre ya formado y constituido, en pie, simbolizado por la estrella de 5 puntas. Así, comprenderemos mejor por qué el 6 precede al 5 en el recorrido simbólico de los Números.

EL HEXAGRAMA Y EL SELLO DE SALOMÓN
Al dividir un círculo en 6 ángulos iguales, obtenemos un hexágono. Al juntar estos 6 ángulos mediante líneas horizontales, verticales y diagonales, se obtiene una estrella de 6 puntas. Pero al dibujar 2 triángulos en el interior del círculo y del hexágono, uno derecho con la punta hacia arriba y otro al revés, con la punta hacia abajo, formamos una estrella. Esta estrella es un hexagrama mágico compuesto de cuatro elementos: Fuego, Agua, Aire y Tierra, como ya vimos con referencia al Número 3. A partir de ahí todos los elementos, así como sus cualidades, se distribuyen alrededor del hexagrama estrellado.

El Fuego se sitúa arriba, el Agua abajo, el Aire a la izquierda, mirando el hexagrama, y la Tierra a la derecha; el Calor, arriba a la izquierda; lo Húmedo, abajo a la izquierda; lo Seco, arriba a la derecha; y el Frío abajo, a la derecha.

Los 7 astros regentes del zodíaco tienen también su sitio en el hexagrama, así como los metales que les corresponden: la Luna y la plata, arriba; Marte y el hierro, arriba a la izquierda; Venus y el cobre, arriba a la derecha; Júpiter y el estaño, abajo a la izquierda; Mercurio y el mercurio, abajo a la derecha; Saturno y el plomo, abajo; el Sol y el oro en el centro.

La estructura del hexagrama de los elementos y de los astros nos hace también suponer que la ciencia de los Números no es ajena a la de la astrología, que ambas se confunden y que su creación fue, sin duda, simultánea.

En cuanto al sello de Salomón o estrella de David, se distingue del hexagrama, en que los 2 triángulos del revés que constituyen dicha figura geométrica estrellada están encabestrados. En tal caso, además de asociarse con los elementos y los astros, estos dos triángulos representan al hombre y a la mujer, la energía femenina y la energía masculina estrechamente unidas Ahora bien, así como Salomón había hecho construir su templo según los 6 grados inscritos en su famoso sello, aparece una correspondencia evidente y sorprendente entre su símbolo, uniendo macho y hembra y el Taï Ghi-Tu, símbolo del Yin y del Yang, imagen de lo absoluto según los chinos y cuyo principio, ya lo he destacado en esta serie de los Números, nos recordaba al huevo cósmico, que era el origen de la Creación. Como vemos, el 6 nos remite al 2.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 6
Al ser el 6 el número de la primera formación del hombre, podemos comprender mejor el sentido de los famosos 6 días que necesitó Dios para crear el mundo, según el Génesis. Según el Avesta, libro sagrado del mazdeísmo, tradición religiosa iraní cuyos primeros escritos son contemporáneos de los primeros escritos de la Biblia (redactados por los hebreos hacia 1400-1200 a.C.), el mundo no fue creado en 6 días, sino en 6 períodos:

- En el primer período se creó el Cielo en 45 días.

- Durante el segundo período, se creó el Agua, en 60 días.

- A lo largo del tercer período, la Tierra fue creada en 75 días.

- El cuarto período corresponde a la creación del reino vegetal, en 30 días.

- En el quinto período fueron creados los animales, en 80 días.

- Por último, el sexto período vio la creación del hombre, en 75 días, como la Tierra.

Si sumamos estos días, en total fueron necesarios 365 para crear el mundo.

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EL 10

7. EL 10

El 10 es un fin en sí mismo, un retorno al centro, a la Unidad, un nuevo punto de partida en el camino de la vida y de la realización personal. Así como el 1 revela el origen, el comienzo, una inicialización como diríamos actualmente, el 10 indica un fin. Con la llegada del 10, lo que ha... Ver mas
El 10 es un fin en sí mismo, un retorno al centro, a la Unidad, un nuevo punto de partida en el camino de la vida y de la realización personal.


Así como el 1 revela el origen, el comienzo, una inicialización como diríamos actualmente, el 10 indica un fin. Con la llegada del 10, lo que ha sido sembrado o concebido por el 1 puede ser cosechado o puede nacer.

Así pues, este Número engloba, reúne, contiene todos los que le preceden y, en cierta forma, al menos simbólicamente, demuestra que el cumplimiento coincide con el fin de un ciclo, el cual, a su vez, es simultáneo al principio de un nuevo ciclo.

Puesto que debemos comprender que en la mentalidad de nuestros antepasados, que los nombraron antes de dibujarlos en la arena o grabarlos en la piedra, los 10 Números estaban íntimamente unidos los unos a los otros, formando una cadena idéntica a la de la vida, a la que constituye los ciclos de la vida. Y ello desde tiempos inmemoriales. Ya que no olvidemos que, efectivamente, la cultura trasmitida por escrito no tiene más que 3.000 años aproximadamente, mientras que, por otro lado, algunos grupos de humanos que ya dominaban el fuego (y quién sabe qué otros elementos y tal vez otros conocimientos, saberes y prácticas ya olvidadas, desde que llueve sobre la Tierra) se formaron hace ya más de 500.000 años.

EL 10, EL TIEMPO, EL CICLO DEL ETERNO RETORNO
El gran principio inherente a todos los ciclos de la naturaleza, empezando evidentemente por el de las estaciones (cuatro para nosotros, pero que, por ejemplo, en Egipto eran tres), es que éstos anuncian y realizan, paradójicamente, un cambio, una transformación, a veces incluso una metamorfosis mediante la repetición de un fenómeno siempre idéntico.

Esta noción es muy importante, ya que revela que el hombre de la Antigüedad, e incluso antes, siempre ha tenido una visión mucho más pragmática de lo que casi siempre nos imaginamos e incluso, que la nuestra.

¿Qué hacemos hoy en día? Medimos, evaluamos, estimamos, calculamos, comparamos, codificamos, clasificamos todo lo que destaca en el mundo físico, con el fin de adquirir cierto dominio sobre él y aprovecharlo casi siempre con fines mercantiles o con el fin de ejercer un poder, una influencia en un campo concreto. Para hacerlo, incluso hemos llevado las fronteras más allá del mundo visible, ya que somos capaces de ver lo que no vemos a simple vista: las células, por ejemplo. Pero en vez de abrirnos al mundo, a la vida, a los demás, tenemos el sentimiento de que cuanto más ricos, numerosos y variados son nuestros conocimientos, más avanzan nuestro saber y las aplicaciones que sacamos de él y más nos alejamos de la realidad sencilla y verdadera de la vida, es decir, más nos aislamos los unos de los otros.

En cuanto a nuestros antepasados, ellos medían el mundo para comprender mejor sus límites, considerando que el universo y ellos habían sido concebidos según el mismo principio, sobre el mismo modelo. Ahora bien, ¿qué mejor forma de vencer al tiempo, de vivir fuera o más allá del tiempo, que ser sino su dueño, por lo menos su igual?

Quien es igual que el tiempo se empareja con el ritmo de la naturaleza y con el de los ciclos de la vida. Al hacerlo, es libre. Tal es la fuerza del 10. Al enviarnos al punto de partida, es decir, al 1, porque anuncia el final de un ciclo, hace posible una regeneración, un renacimiento constante. Nos permite de alguna forma ''renacemos'', recrearnos a nosotros mismos siguiendo los ciclos de la vida.

Actualmente, sabemos que estamos sometidos a ciclos biológicos de los que nadie escapa. Por desgracia, nunca lo tenemos en cuenta. La medicina moderna, salvo honrosas excepciones, muestra un total desinterés hacia ello. Una vez más, y no es la única y menor de las paradojas de nuestra era tecnológica, cuanto más encerrados nos encontramos en la vida cotidiana, donde estamos obligados o llevados a repetir sin cesar los mismos gestos, las mismas tareas, las mismas fórmulas, tanto menos vivimos el presente, tanto menos tenemos conciencia del momento adecuado para actuar. Para nuestros antepasados, repetir un gesto, una tarea, una palabra no tenía sentido a menos que lo enfocasen como una preocupación especial. Jamás actuaban solos. Por eso, sus actos tenían su utilidad y sus significados, podían ir más allá de lo que hacían. Eran ejemplares. Para nosotros, parece que todo lo que hacemos, casi siempre, no sirve para nada, no es útil para nadie y carece de sentido.

... Y EL CENTRO
Al simbolizar todos los ciclos de la vida y así el mito del eterno retorno, el 10 nos remite al punto de origen, el 1, que se encuentra en el centro y representa al Centro.

Entonces todo es como si, contando de 1 a 10, estuviéramos realizando un recorrido iniciático, cuyo objetivo es volver al punto de origen donde se revela y se sitúa el Centro.

Así es como el 10 casi siempre se representa con un círculo, maravilloso símbolo del ciclo perpetuo, pero también con una redonda punteada, es decir, un círculo cuyo centro se indica con un punto y cuyo sentido es: retorno a la Unidad, o Unidad renovada. ''El 'Centro' es, pues, la zona sagrada por excelencia, la de la realidad absoluta. Igualmente, los demás símbolos de la realidad absoluta (Arboles de la Vida y de la Inmortalidad, Fuente de la Juventud, etc.) se encuentran también en un Centro.

El camino que lleva al centro es un 'camino difícil' [...]. El camino es arduo, está repleto de peligros, porque de hecho es un ritual del paso de lo profano a lo sagrado; de lo efímero y de lo ilusorio a la realidad y a la eternidad; de la muerte a la vida; del hombre a la divinidad. El acceso al 'centro' equivale a una consagración, a una iniciación; a una existencia, real, duradera y eficaz'', así lo explicó Mircea Eliade su Mito del eterno retomo.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 10
Evidentemente no es producto del azar que los dedos de las manos del ser humano sean 10, que la mano sea la figura simbólica, que el nombre de Yod, la letra-número del código de la cábala, corresponda al Número 10, y que Moisés haya recibido 10 mandamientos grabados por la mano de Yahvé, en letras de fuego, en la cima del Monte Sinaí. Se trata, una vez más, de un retorno al ''Centro'' y a la Unidad, de un cumplimiento y un eterno retorno.

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EL 12

8. EL 12

El 12 fue sin duda una unidad de medida perfecta del espacio y del tiempo para los hombres de la Antigüedad. En todo caso, se trata del número de los signos del zodíaco y el del sistema duodecimal. Cuando miramos los libros de historia antigua se tiene la impresión de que, para nuestros... Ver mas
El 12 fue sin duda una unidad de medida perfecta del espacio y del tiempo para los hombres de la Antigüedad. En todo caso, se trata del número de los signos del zodíaco y el del sistema duodecimal.


Cuando miramos los libros de historia antigua se tiene la impresión de que, para nuestros antepasados, todo se contaba, medía y estimaba por 12.

Pensemos, por ejemplo, en esta astuta división de 2 veces 12 horas del día y de la noche, tal como la consideraban los egipcios. Para recalcar las variaciones en la duración del día o de la noche (en función del solsticio de verano, en el cual la duración del día disminuye poco a poco en favor de la noche, o después del solsticio de invierno, en que los días se alargan), más que dividir el día en un número de horas desigual, imaginaron que el día y la noche se componían, cada uno de ellos y alternativamente, de 12 horas largas y 12 horas cortas. Si lo pensamos bien, todavía puede que sea así actualmente.

EL 12 Y EL ZODÍACO UNIVERSAL
Dado que estoy en Egipto, recordaré que los escribas astrónomos, guardianes del calendario, habían dividido el año en 360 días y tres grandes estaciones, es decir, 3 veces 120 días, y cada una de estas estaciones estaba dividida a su vez en 4 meses de 30 días, y cada mes dividido en 3 períodos de 10 días. Me hallo, por supuesto, en las medidas del zodíaco, con la única diferencia de que, hoy en día, tenemos cuatro estaciones en vez de tres. Fíjate en que existen 360 grados en el zodíaco, divididos en 12 partes iguales de 30 grados cada uno: los 12 signos del zodíaco, los cuales a su vez se dividen en 3 partes iguales de 10 grados: los decanatos.

Podría citar innumerables alusiones al Número 12 en el Antiguo y el Nuevo Testamento de la Biblia, que son al mismo tiempo símbolos de la perfección: las 12 tribus de Israel, las 12 gemas oraculares, los 12 apóstoles de Jesús, las 12 puertas de la nueva Jerusalén según el Apocalipsis de San Juan, etc. Esta referencia al Número 12 tiene, sin duda alguna, un origen común y anterior al de la redacción de la Biblia.

De manera que, la epopeya de Gilgamesh, un largo poema sumerio que data de principios del milenio II antes de nuestra era, consta de 12 tablas, al igual que los 12 signos del zodíaco. Y el Poema de la Creación, o Enûma Elish, relato acadio cosmogónico de finales del milenio II antes de Cristo, se compone de 7 tablas, al igual que los 7 astros-dioses que rigen los 12 signos del zodíaco.

Además, es en este relato donde encontramos los fundamentos propios de la astrología.

Nada nos prohibe imaginar que el zodíaco indio y el zodíaco chino, después del zodíaco egipcio, hayan salido de la misma fuente de inspiración mesopotámica.

Es evidente que el Número 12 está omnipresente en todas estas civilizaciones, las cuales, sin embargo, tienen costumbres muy diferentes.

LOS 12 ESLABONES DEL CICLO DE LOS RENACIMIENTOS
En todas partes, el 12 fue el número de los ciclos perfectos, inmutables, de la naturaleza y de la vida. Hasta en el ciclo de los renacimientos, que revela las grandes causas de la reencarnación de una misma alma, las cuales son 12, según el hinduismo. Estas causas se llaman Nidânas, lo que literalmente podríamos traducir como ''uniones, cadenas, anillos o eslabones''. Cada Nidâna lleva un nombre distinto, pero sobre todo se representa por una imagen simbólica determinada que ilustra las 12 causas que encadenan al hombre a la existencia:

1 Nidâna Avidyâ, la ignorancia u ofuscación, representada por una anciana ciega, cin un hombre que guía sus pasos cogiéndola de la mano. En este caso se nos muestra el ser ofuscado por su deseo. Y el guía no es otro que el destino que debe de seguir.

2 Nidâna Samskâra, la impresión o intención representada por un hombre sentado ante un torno alfarero, dando forma a un jarrón de barro. Esta imagen simboliza las concepciones, los pensamientos que, poco a poco, toman forma y se convierten en realidad y nos encadenan a la existencia.

3 Nidâna Vijnâna, la conciencia, que aquí es un mono encaramado a un árbol con una copa tan alta que no se la puede ver ni alcanzar. Es la imagen del intelecto que conduce al ser a identificarse con sus ideas y sus actos y con los que se encuentra encadenado.

4 Nidâna Nâmarupâ, el nombre y la forma, se considera un hombre en una barca sin remos, a la deriva, a merced de la corriente. En este caso, se trata de una imagen que simboliza la invocación de una forma de vida por su nombre, acto que conduce a vivir en el mundo de las apariencias y la ilusión, que encadenan a la existencia.

5 Nidâna Shadâyatana, los seis fundamentos o categorías, representada por una casa con seis aperturas: una puerta y cinco ventanas, que simbolizan los órganos de los sentidos según los hindúes; la puerta es el espíritu y las cinco ventanas son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

6 Nidâna Sparsha, el tacto o el contacto, nos muestra aun hombre trabajando la tierra. Esta imagen simboliza la toma de conciencia de la realidad física del mundo a través de los órganos de los sentidos, y de ahí las necesidades, las dependencias y las servidumbres que engendra para el hombre.

7 Nidâna Vedanâ, sensación o sentimiento, representada por un ojo atravesado en su centro por una flecha. Esta imagen simboliza los deseos, los sentidos que proporcionan placer, los cuales engendran nuestros deseos y necesidades sin límites.

8 Nidâna Trishnâ, la sed, la aspiración o la codicia, representada por un hombre que bebe una copa de vino. Esta imagen simboliza la sed de vivir que nunca se satisface e induce al hombre a querer poseer, tener y dominar para saciarse. Sin embargo, si su codicia se transforma en aspiración, en este punto puede liberarse del ciclo sin fin de las reencarnaciones.

9 Nidâna Upâdâna, el apego, representado por un hombre que recoge frutos de un huerto. Esta imagen ilustra el apego a la vida y a los bienes de este mundo, consecuencia de la sed de vivir, revelada en el Nidâna precedente y de la que el hombre no ha conseguido deshacerse.

10 Nidâna Bhava, el ser o el devenir, representado por una mujer con la cabeza y el rostro cubiertos por un velo nupcial, representando el eterno retorno, los eternos esponsales del hombre y de la mujer, que les encadenan al devenir en la Tierra y les empujan a procrear.

11 Nidâna Jâti, el nacimiento, nos muestra a una mujer dando a luz a un niño. Esta imagen deriva de la precedente y revela que, llegados a este punto, el ser es prisionero del ciclo de los renacimientos sin fin.

12 Nidâna Jarâ, la vejez y la muerte, representada por un viejo difunto cuyo cuerpo se somete al ritual hindú de la cremación. Esta imagen simboliza el estadio último y fatal de toda vida terrestre, al menos mientras el ser permanezca ofuscado por el deseo y se deje conducir por su destino.

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EL 13 Y ALGUNOS OTROS NÚMEROS

9. EL 13 Y ALGUNOS OTROS NÚMEROS

http://listas.20minutos.es/lista/el-n-13-230211/

Del 13 al 666, hay ciertos Números a los que se atribuyen vibraciones maléficas. Voy a intentar hacer comprender de dónde vienen tales supersticiones. Las supersticiones tienen una vida larga y controvertida. La relacionada con el 13 (considerado como un Número maléfico por unos y benéfico... Ver mas
Del 13 al 666, hay ciertos Números a los que se atribuyen vibraciones maléficas. Voy a intentar hacer comprender de dónde vienen tales supersticiones.


Las supersticiones tienen una vida larga y controvertida. La relacionada con el 13 (considerado como un Número maléfico por unos y benéfico por otros) es un claro ejemplo de ello. Sobre todo, cuando, de forma cíclica y según un proceso matemático muy lógico, el segundo día de una semana coincide con el día 13 del mes, lo que no deja de producirse, por lo menos, un par de veces al año, como es el caso de 1997 y 1998, por ejemplo. Compruébalo tu mism@: el 13 de enero y el 13 de octubre de 1998 caen en martes; el 13 de abril y el 13 de julio de 1999, también. Una generación antes (algunos historiadores las cuentan de quince en quince años), por tanto, en 1984, el 13 de marzo y 13 de noviembre cayeron en martes. Pero esto no tiene nada de extraordinario. Los martes que caen en el día 13 del mes son totalmente previsibles. En cambio, esta reflexión nos permite hacernos una pregunta interesante.

¿QUÉ ES UNA SUPERSTICIÓN
Como en el caso de muchas palabras que he vaciado de su sentido y contenido originales, en primer lugar, debemos comprender lo que significaba el término ''superstición'' para nuestros antepasados y, a continuación, cómo lo entendemos hoy. En un principio, superstitio significaba ''estar por encima, dominar, superar, sobrevivir''.

La superstición era, pues, lo que daba la posibilidad al hombre de estar por encima de las incertidumbres y vicisitudes de la existencia, dominar su destino e instintos, superar sus adversidades y debilidades, sobrevivir pasase lo que pasase. Actualmente, lo que sobrevive de la superstición, justamente, es la creencia, casi siempre sin fundamento, en ciertos signos, gestos o rituales a los que se atribuye un valor particular, una influencia o un poder.

EL MARTES 13
Si en países como Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos..., el viernes 13 es el día aciago por excelencia, en otros, como España, esa fecha pasa a ser la del martes 13.

El erudito Néstor Lujan recogió en Roma el siguiente dicho tradicional que nos ayudará a descubrir el porqué de esta diferencia: ''Giorno di Venere, giorno di Marte, non si sposa e non si parte'', es decir, ''ni en el día consagrado a Venus, ni en el día consagrado a Marte, debe uno partir o casarse''.

Curiosamente, en castellano, subsiste a modo de variante un proverbio que dice: ''Martes y 13, no te cases, ni te embarques''.

Pero vayamos al origen: tal como Néstor Lujan insinúa, en ese adagio romano pueden vislumbrarse los claros orígenes paganos y latinos de esta superstición, que nos pone en guardia ante los días regidos por el dios Marte (martes) y por la diosa Venus (viernes). Mas tarde, en algunos lugares se quedarían exclusivamente con el viernes, y en otros con el martes, pues no era cuestión de tentar a la suerte dos veces a la semana.

En cuanto al asunto del número ''13''... veamos el siguiente apartado.

EL VIERNES 13
La fama de día maléfico que tiene el martes 13 entronca de forma directa con la del viernes 13, y ésta proviene esencialmente de la leyenda mítica de la Ultima Cena, es decir, el día en que los 12 apóstoles se reunieron alrededor de Jesús para compartir con él su última cena.

Según aseguran los historiadores parece que se trataba de un viernes.

Y cuando se sabe lo que le ocurrió a Jesús (que era, pues, el decimotercer comensal) después de su cena, se entiende fácilmente cómo algunos vieron en este día marcado por el Número 13, un día maléfico. Sin embargo, para otros, el hecho de resucitar Jesús convertía a la fecha en positiva; recordemos que si el viernes 13 anunció su muerte temporal, revelaba así su inmortalidad, por tanto, sólo podía tratarse de un día benéfico.

Para poner a todo el mundo de acuerdo, se estableció un calendario hemerológico perpetuo de viernes 13, a partir del cual se pudo establecer que, si el primer día del año estaba bajo la influencia de un astro benéfico, los viernes 13 que se sucederían durante dicho año serían naturalmente benéficos. En cambio, si el 1 de enero se situaba bajo el signo de un día o un astro maléfico, los viernes 13 del próximo año tendrían repercusiones nefastas.

ALGUNOS OTROS NÚMEROS
Los Números simbólicos mayores son aquellos que van del 1 al 10. También he destacado el importante papel que han jugado los Números 12 y, en menor medida, el 13. En cuanto a los demás Números de la decena: 11, 14, 15, 16, 17, 18, 19, sólo tienen interés si se abordan desde el punto de vista de las interpretaciones de los arcanos mayores del tarot adivinatorio.

Sin embargo, no puedo finalizar estos Números sin hacer alusión al del Apocalipsis de san Juan. Evidentemente, se trata del famoso Número 666 o número de la Bestia, al que curiosamente, el evangelista le dedica por completo el capítulo número 13 de su ''Apocalipsis''.


TABLA HEMEROLÓGICA DE LOS VIERNES 13 DE SUERTE O NEFASTOS, SEGÚN LOS AÑOS
La hemerología, que es un sistema astrológico que permite prever los días de suerte y los días nefastos del año siguiente, nació como una ciencia cuyas primeras huellas escritas se encuentran en Mesopotamia, hacia mitad del milenio II a.C.

Todavía se usa en la India y subsiste en China (a pesar de los estragos de la revolución cultural), donde antaño no se tomaba ninguna iniciativa sin consultar el almanaque hemerológico. De manera que cuando el 1 de enero era un lunes, día de la Luna; un miércoles, día de mercurio; o un domingo, día del Sol; los viernes 13 que se producían a lo largo del año se consideraban neutros. En cambio, cuando el 1 de enero era un martes, día de marte; o un sábado, día de Saturno; los viernes 13 que se sucedían debían ser considerados días de influencias nefastas. Por último, cuando el 1 de enero caía en jueves, día de Júpiter; o en viernes, día de Venus; los viernes 13 previstos durante aquel año siempre tendrían un carácter benéfico.

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EL 1

10. EL 1

El 1 reúne y unifica. Forma un todo. Aquí no lo entiendo tanto como el primer número, sino como el símbolo unificador de la vida. Para algunos, el universo es el reverso del 1; para otros, es todo lo que se orienta, se dirige, se gira o retorna hacia el 1. Si nos atenemos a a las raíces... Ver mas
El 1 reúne y unifica. Forma un todo. Aquí no lo entiendo tanto como el primer número, sino como el símbolo unificador de la vida.


Para algunos, el universo es el reverso del 1; para otros, es todo lo que se orienta, se dirige, se gira o retorna hacia el 1. Si nos atenemos a a las raíces etimológicas de la palabra, el latín universus significaba ''girado'' (virado versus) de manera a formar un (uni) conjunto''. En otras palabras, parece que el 1 se ha concebido siempre como un todo, un principio absoluto, un desenlace, un final en sí. Esta noción del todo contenido en el 1 y recíprocamente, lo encontramos en la expresión ''todo es uno'', que significa: es lo mismo, es como.

EL PUNTO DE LUZ
Todo ocurre como si el 1 fuese el principio y el final, como si el principio y el final formasen un todo, un conjunto, como si fuesen una sola cosa. Este principio se revela en la figura ancestral del punto situado en el centro exacto del círculo. ''Cuando el Desconocido de los Desconocidos se quiso manifestar (dice el Zohar) empezó por crearse un punto''. En efecto, si imaginamos un mundo inmaterial y vacío en donde nada es aparente, en donde nada existe, en el cual surgiría de lo desconocido un sencillo punto, nos encontramos enfrentados de repente al mundo de lo visible. Por otra parte, este punto visible sobre el cual podemos fijar nuestra atención, pero también concentrar nuestra mente, aguza y despierta nuestra conciencia.

Es así cómo ciertos ejercicios de yoga nos conducen, después de algunos movimientos de relajación y de respiración, a crear el vacío en nosotros, tranquilizando o domesticando la actividad natural de lo mental, la cual podemos considerar como un joven animal fogoso. Cuando lo hemos conseguido, se trata de visualizar un punto luminoso.

Además de ser un ejercicio maravilloso de concentración, esta práctica estimula las facultades de discernimiento, de elección lúcida y objetiva y paradójica, de la acuidad visual. Efectivamente, el que se entrega a este ejercicio de manera constante y rigurosa ve ampliarse su campo visual a lo largo del tiempo ya que el punto luminoso sobre el que fija su atención con los ojos cerrados tiene tendencia a agrandarse, a envolverlo y a veces hasta absorberlo.

Este fenómeno ha sido descrito también por personas que se han encontrado sumidas en un coma profundo del que han salido milagrosamente. Los testimonios se cruzan entre seres que no teniendo relación ninguna entre ellos, confirman que han visto surgir un punto luminoso cada vez más grande que, poco a poco, los ha envuelto de una luz bondadosa y generosa, viva y difícilmente descriptible.

LOS SÍMBOLOS UNIFICADORES
Aunque nos encontremos en el universo de una visión interior, no podemos evitar ligar el punto en el interior del círculo que, como el 1, está en el Todo y el iris en el centro del ojo.

Este punto en el centro del ojo representa también el símbolo del Sol en astrología, que parece un ojo ardiente enganchado al cielo.

De esta manera los antiguos egipcios percibían Ra, el dios Sol, al que representaban por una magnífica cobra erguida sobre la cola y con un único ojo que le invadía toda la cabeza.

Se trataba de Uraeus, representado a menudo en la parte frontal de la corona de los faraones y que simbolizaba el calor vivificante t el soplo de vida.

Así, el punto, el centro, el ojo, el Sol, el corazón, el soplo son símbolos unificadores.

Tenemos también que aludir al sri-yantra, que significa literlamente ''instrumento de lo sublime''.

Es un diagrama utilizado en el tantrismo hinduista (doctrina religiosa procedente del hinduismo, orientada hacia el despertar y el domino de las energías primitivas y la fusión de los opuestos, en que se practican ejercicios de kundalini-yoga) con el fin de fijar la atención y el espíritu del monje sobre el punto central que se encuentra en el corazón del Todo y despierta la fuerza que restituye la vida y retorna al Uno. Este esquema es un mandala, que ejerce un poder mágico y unificador sobre quien lo usa.

El trabajo no estaría completo si no se hiciera referencia a la mónada considerada como el mayor principio unificador y el alma del mundo por los alquimistas, filósofos y practicantes del esoterismo y de la cábala cristiana del Renacimiento.

La representó el astrólogo inglés John Dee, según un esquema que se inspira a la vez del árbol de Sefirot de la cábala y del símbolo del astro Mercurio por encima del cual se encuentra el símbolo del Sol.

Para concluir hay que recordar que la palabra Sol comparte una etimología común con ''soledad'' y ''solitario''. De ello podemos deducir que si el 1 es igual a único, Sol es igual a solo. Unus solus, en latín, significa: ''uno solo''.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 1
El griego oinos es el as del juego de los dados. Es también la raíz indoeuropea del latín unus, que significa ''uno, uno solo, único'', de donde han derivado: unido, uniforme, único, unidad, unión, nulo, el verbo anular y anular (el dedo que lleva el anillo de matrimonio) y no.

El hidrógeno es el elemento atómico número 1 de la tabla de Mendeliev, que debe su nombre al químico ruso que fue autor de la clasificación de los elementos químicos. Se considera como el elemento más abundante del universo, ya que a partir de él, se formaron las estrellas. El núcleo del átomo de hidrógeno está constituido por un único protón alrededor del cual gravita un solo electrón.

He citado el hidrógeno más por la estructura de su núcleo formado por un solo protón y un solo electrón que por su presencia a la cabeza de los elementos atómicos.

En efecto, no hay que confundir el 1 de la unidad y del Todo, con la primera cifra que encabeza una enumeración. Ser el primero o estar en el origen no significa obligatoriamente ser uno o estar unificado.

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EL 4

11. EL 4

Las figuras del cuadrado y la cruz son las dos mejores y fieles representaciones del Número 4. Pero éste es también un símbolo del destino y el libre albedrío. Una vez más no intentaré contar hasta cuatro, incluso si contar incluso, si contar tiene dos sentidos, es decir, contar de enumerar... Ver mas
Las figuras del cuadrado y la cruz son las dos mejores y fieles representaciones del Número 4. Pero éste es también un símbolo del destino y el libre albedrío.


Una vez más no intentaré contar hasta cuatro, incluso si contar incluso, si contar tiene dos sentidos, es decir, contar de enumerar y contar de contar historias. Ni uno ni otro sentido aportan ningún interés en este caso.

En efecto, la ciencia, sea cual sea el punto de vista con el que se aborde, tiene tantos atractivos que no dejamos de maravillarnos del objeto que nos hace comprender y conocer: la Naturaleza. No como una mecánica implacable, de la que no sabríamos dominar y utilizar todos sus engranajes para nuestro provecho, sino como un libro fabuloso del que nunca terminaríamos de pasar las páginas, descubriendo así, hasta el fin de los tiempos, más y nuevas formas de vida, nuevos horizontes, nuevos espacios bajo nuestra cautivada mirada.

UN MUNDO PERFECTO
No he hecho este preámbulo por casualidad, ya que acabo de resumir todas las trampas tendidas o que representa el 4, y todas las aperturas, todas las posibilidades que nos ofrece. El 4, por todo lo que representa simbólicamente para nosotros, nos permite disponer de una fuerza y de un poder potenciales sobre la materia constituida por los 4 elementos principales; pero, con ello, nos encierra en una realidad concreta inmutable, por el mismo hecho, que alberga un universo cerrado, perfecto, la estructura del cosmos tal como la percibía Pitágoras de Samos, en el siglo VI antes de nuestra era.

De modo que el mundo se apoyaría sobre 4 pilares, 4 columnas, 4 árboles sagrados, que sostenían el templo del universo manifestado. Evidentemente, los 4 pies del mundo, por decirlo de alguna forma, están en relación con los 4 puntos cardinales.

ENCRUCIJADA Y TERRITORIO
Pero, remontémonos en el tiempo y a la visión que de su mundo (que es el nuestro) pudieron haber tenido nuestros lejanos antepasados, del cual, entonces, empezaban a tener conciencia y del que quisieron comprender y conocer los principios, la estructura y el orden.

En un punto del horizonte, veían la salida del Sol, éste recorría cierto trayecto en el cielo, y luego desaparecía al otro lado del horizonte. Como ya hemos visto, esto permitió al hombre simbolizar el gran principio de la dualidad: el día y la noche, la vida y la muerte, el mundo visible y el mundo invisible, lo de arriba y lo de abajo.

Sin embargo, si la salida del Sol o el despuntar del alba podía observarse, revelarse o anticiparse, es decir, era previsible (ya que cada año durante el mismo período, se producía siempre en el mismo sitio), o si se podía hacer lo mismo con la puesta del Sol o lo que llamaríamos el caer la noche, asimismo podríamos considerar que estamos en condiciones de hacer lo mismo con un fenómeno similar producido esta vez por las salidas y puestas de la Luna. El hombre pudo disponer así de 4 direcciones, que son los 4 puntos revelados por las salidas y las puestas del Sol y de la Luna en un día y en un sitio concreto. Por otra parte, el hombre puede avanzar o recular, dirigirse a la derecha o hacia la izquierda, es decir, caminar en 4 direcciones. Sin embargo, sólo puede dar un paso al mismo tiempo, evidentemente. En este caso nos encontramos en el universo simbólico de la encrucijada. En resumen, el Número 4 revela dos principios fundamentales del despertar de la conciencia y la inteligencia del hombre: la noción del territorio o, si se prefiere, de la propiedad, y la de elección, es decir, de propia voluntad o de libre albedrío.

CUADRADO Y DESTINO
En efecto, situando los 4 puntos del mundo, de su mundo, definidos por las salidas y las puestas del Sol y de la Luna, el hombre estableció un universo cerrado que sólo le pertenecía a él, aunque éste estaba, según él, determinado o regido por los dioses. Uniendo estos 4 puntos uno por uno, creó la gran figura geométrica del 4: el cuadrado.

Recordemos que, en la mentalidad de nuestros antepasados, la Tierra era cuadrada y el cielo circular. Por otro lado, debemos destacar que a partir de 4 puntos se formó el primer volumen, el tetraedro regular, aunque los 4 puntos sobre los que reposaba no se encuentran en el mismo plano y cuyas caras eran 4 triángulos equiláteros. Ahora bien, quien dice volumen, dice realidad física, manifestación en el mundo concreto, forma.

En el universo del 4, que produce el cuadrado, es decir, 4 líneas que son como los límites del mundo, de su mundo, el hombre existe. Vemos que el 4 favorece la toma de conciencia de nuestras riquezas y nos da seguridad, pero que, por la misma razón, limita y encierra. Al unir estos 4 puntos del horizonte de dos en dos, no en el exterior sino en el interior, se crea un punto suplementario, aquel que se encuentra en la intersección de estas dos líneas que acabamos de formar. Pero antes de llegar aquí (porque aquí ya estaríamos en el Número 5), el hombre puede ser este centro capaz de moverse hacia uno de estos 4 puntos, encontrándose, pues, en una encrucijada, pudiendo elegir la dirección, el camino a tomar. Es así como el Número 4, símbolo evidente del cuadrado y de la encrucijada es, por analogía, el del destino impuesto al hombre para que pueda expresar su libre albedrío.


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 4
En primer lugar, se trata de los puntos cardinales: el Este u Oriente, llamado también Levante, el punto del horizonte por donde sale el Sol; el Oeste u Occidente, llamado también Poniente, el punto del horizonte por donde se pone el Sol; el Norte, que se identifica fácilmente en el cielo gracias a la Estrella Polar, situada en la constelación de la Osa Menor, a menos de 1 grado del polo celeste boreal; el Sur, justo en el punto opuesto de la Estrella Polar. Estos 4 puntos cardinales están relacionados con los 4 puntos equinocciales y solsticios y, por ello con las 4 estaciones y los 4 elementos, que te recuerdo, forman juntos la estructura misma del zodíaco.

En el Antiguo Testamento, el nombre de Yahvé o Jehová se escribe con las 4 letras-número del alfabeto hebreo YHWH, es decir, Yod-He-Waw-Heith o 10-5-6-8.

No nos debe sorprender que los autores de la Biblia hayan encontrado 4 grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y que, luego, en el Nuevo Testamento figuren 4 evangelistas: Marcos, representado por un león; Lucas,simbolizado por un toro; Juan, que aparecía como un águila; y Mateo, que encarnaba al hombre o al ángel. No debe sorprendernos tampoco que, más tarde, la Iglesia contase con 4 doctores: san Agustín, san Ambrosio, san Jerónimo y san Gregorio Magno. Evidentemente, las 4 letras-número que constituyen el nombre mítico y sagrado de Yahvé están relacionadas con el símbolo de la cruz de Cristo. Para ser más completa a lo que se refiere a la Biblia, debo hacer alusión a los 4 ríos del Paraíso y a los 4 jinetes del Apocalipsis. Como veis, el Número 4 está omnipresente en el Libro de los Libros.

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EL 9

12. EL 9

El 9 te ayudará a comprender cómo el círculo de los Números se cierra, anunciando así algo nuevo que se producirá con el 10. Al hablar del 9 es muy difícil resistir la tentación de hacer juegos de palabras, sobre todo jugar con su nombre, con el sentido de su nombre y las asociaciones que... Ver mas
El 9 te ayudará a comprender cómo el círculo de los Números se cierra, anunciando así algo nuevo que se producirá con el 10.


Al hablar del 9 es muy difícil resistir la tentación de hacer juegos de palabras, sobre todo jugar con su nombre, con el sentido de su nombre y las asociaciones que se desprenden de él.

Pienso evidentemente en su tan parecido ''nuevo'', del latín novus, del griego neo, del hitita newas, del sánscrito nava, es decir, ''nuevo''.

Ahora bien, sabemos que la concepción del niño en el seno materno, es decir, su vida intrauterina, dura 9 meses.

Siendo más directa, podemos deducir que lo nuevo resulta del 9, o si se prefiere, se necesitan 9 meses para engendrar algo nuevo, 9 meses dentro de la madre para que nazca su hijo.

Sin embargo, señalaré que, según tradiciones milenarias, nuestros antepasados contaban en función de los meses lunares, no en meses de nuestro calendario actual.

Por eso, los frecuentes errores de cálculo de los ginecólogos modernos raramente se deben a un mal diagnóstico o a una falsa previsión por su parte, sino a un malentendido relacionado con el hecho de que, contando 9 veces 28, se obtiene un número evidentemente inferior que teniendo en consideración 9 meses de 30 o 31 días cada uno. La diferencia entre ambos llega casi al número de días de un mes lunar de nuestros antepasados.

EL 9, EL SIGNO CÁNCER Y LA SERPIENTE
Pero no es la única analogía que nos propone este Número. Por ejemplo, si lo tumbamos y lo desdoblamos y colocamos su doble encima de él, nos hallaremos en presencia del símbolo de Cáncer.

Ya hemos visto, en referencia al Número 8, que al mirarlo horizontalmente, comprendíamos el sentido de este símbolo astrológico constituido por dos anillos similares e invertidos, uno encima del otro, el primero dando la impresión de estar sumergido en el agua, el segundo, de flotar en la superficie.

Ahora bien, recordemos que el signo de Cáncer debe su símbolo a que, en el período del año que cubre, el principio del verano, las aguas de la tierra están calientes. Los crustáceos y los pequeños peces vuelven a subir a la superficie, y los insectos campan sobre la superficie del agua.

Esto es lo que los dos anillos invertidos representan.

De alguna manera, se trata también, evidentemente, del calor del agua y del vapor que se desprende de ella.

Si acercamos estos dos círculos y los pegamos uno con el otro, se obtiene el número 8 en posición horizontal que, como sabemos, es el símbolo del infinito.

Este movimiento infinito es exactamente el que se produce cuando, bajo el efecto del calor, el vapor se condensa y se transforma en nubes que, tarde o temprano, se convertirán en lluvia. El círculo se cierra.

Todo nos da a entender, pues, que el símbolo del signo Cáncer no se compone de dos 9 fijados uno encima del otro, sino de un 6 abajo y un 9 arriba. Recordemos que, con relación al 6, ya había destacado las analogías que tiene este Número con el origen y el nacimiento, precisando que en el sexto mes de la vida fetal el niño ya está formado.

Sólo le quedan tres meses de crecimiento para salir del vientre materno, para ser el niño que nacerá al final del noveno mes.

Así pues, vemos cómo el 6 y el 9 se reúnen para representar dos etapas esenciales en la formación del ser.

Sin embargo, entre ellas, otras dos fases simbolizadas por los Números 7 y 8 se nos presentan. Remitiéndote a la esta lista dedicada a estos Números, comprenderás mejor cómo en el Número 7 se llega a cierta perfección, mientras que en el Número 8, las energías de arriba y de abajo se reúnen y circulan para regenerarse sin cesar.

Una vez más, el círculo está cerrado. Pero queda una etapa primordial que superar. La del Número 9 que, evidentemente en el ámbito simbólico, en primer lugar representaba una serpiente mordiéndose la cola, antes que ser representada por una serpiente enroscada. Ahora bien, la serpiente es un símbolo del caos original, pero también de las energías primordiales, que pueden liberar el alma y el espíritu del dominio del cuerpo, de la carne y de la materia.

La serpiente es la iniciadora, la reveladora, la que hace salir la Creación del Caos y, tal vez, más simplemente, al niño del vientre de su madre.

EL6, EL 9, EL YIN Y EL YANG
No puedo dejar de aludir al 9 sin fijarme en que nos remite al trazo mutable del Yang de los hexagramas del I Ching. Pero, una vez más, su relación con el Número 6 se testifica, siempre según la cultura china del I Ching, en el Yin, simbolizado por un trazo quebrado y también mutable, que corresponde al Número 6. Los otros dos trazos no mutables intermedios son, evidentemente, el 7, un trazo entero, y el 8, un trazo quebrado.

Volvemos a encontrar exactamente la misma simbología, la misma progresión, el mismo esquema que los revelados en el párrafo precedente.

El círculo se cierra. Por último, añadiré que, si hemos estado jugando con el gimmik (o el dicho de ''el círculo se cierra''), es para ilustrar que la letra Teith del alfabeto hebraico, que corresponde al Número 9, estaba representada en la Antigüedad, especialmente en Egipto, por un signo parecido a un escudo.

Ciertamente, la forma del escudo de los soldados egipcios recuerda a una serpiente que se muerde la cola. Como conclusión, diré que con el 6, la serpiente tiene la cabeza abajo, está todavía formándose. Mientras que con el 9, tiene la cabeza arriba y está a punto de nacer. Por supuesto, respecto a la vida intrauterina, debemos invertir esta visión exterior.

Puesto que cuando un niño nace, lo hace por la cabeza. Y, sin embargo, entonces está en la posición del 9. ¿Quisieron nuestros antepasados que entendiéramos que, en este mundo, todo lo vemos del revés?


ALGUNAS FIGURAS Y SÍMBOLOS DEL 9
Según la jerarquía celeste establecida por Dionisio el Arepagita en el siglo VI de nuestra era, existían 9 coros, compuestos de 8 ángeles, es decir, 72 ángeles en total. Cada uno se relacionaba con un sector del zodíaco y con una combinación de astros que revelaba en él características específicas. Estos 9 coros son los serafines, los querubines, los tronos, las dominaciones, las virtudes, las potestades, los principados, los arcángeles y los ángeles mismos.

Destaco en este caso que sumando ñas cifras 7 y 2 del número 72, obtenemos el 9. A propósito de ello, señalo también que la suma de todos los números del 1 al 9, reducida, también da 9, es decir: 1+2+3+4+5+6+7+8+9 =45. 4+5 = 9.

Por último, el principio mismo de la aritmética o adivinación a través de los números se basa en las vibraciones de los 9 primeros Números.

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