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LA LEALTAD!

LA LEALTAD!

  • Lista creada por Amo a Ninel Conde.
  • Publicada el 13.10.2012 a las 08:51h.
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Hola Decidi Dedicarle a los Animales , Se me ocurrio hacer una lista desde que vi la pelicula de Hachi el corazon se me hizo un hilo y me puse ha investigar y descubri Que Hay Muchas Historias sobre La LEALTAD DE LOS animales

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

La historia de Capitán, el perro que vive junto a la tumba de su dueño (Actual)

1. La historia de Capitán, el perro que vive junto a la tumba de su dueño (Actual)

La fidelidad en los perros es una característica casi indiscutible. Capitán, un mestizo con algo de ovejero, es un ejemplo extremo de eso. Hace cinco años vive en el cementerio en el que está enterrado su dueño, en Carlos Paz, y puntualmente cada día a las seis de la tarde se recuesta sobre su... Ver mas
La fidelidad en los perros es una característica casi indiscutible. Capitán, un mestizo con algo de ovejero, es un ejemplo extremo de eso. Hace cinco años vive en el cementerio en el que está enterrado su dueño, en Carlos Paz, y puntualmente cada día a las seis de la tarde se recuesta sobre su tumba.

La historia de Miguel y Capitán, que hoy recoge el diario La Voz, comenzó a mediados de 2005, cuando el hombre –pese a la reticencia de Verónica, su mujer- llegó con el perro a la casa, como un regalo para su hijo Damián Guzmán, que hoy tiene 13 años.

Al año siguiente, el 24 de marzo de 2006, Miguel murió en el hospital de Villa Carlos Paz. Días después, Capitán también se fue de la casa. Vivió un tiempito en la calle, a metros de allí, hasta que finalmente los Guzmán le perdieron el rastro.

El reencuentro se produjo en forma fortuita, un día que Verónica y Damián habían ido al cementerio. El chico reconoció de inmediato a su mascota. “Comenzó a gritar que era Capitán y el perro se nos acercó ladrando, como si llorara”, contó la mujer al diario cordobés. Al momento de emprender la vuelta, pese a que lo llamaban, Capitán se quedó allí.

Una semana después, volvieron. El perro seguía ahí. Al irse, algo cambió. Los tres regresaron caminando juntos. “Se quedó un rato con nosotros en casa, pero después volvió al cementerio”, apunta Verónica.

Héctor Baccega es el director del cementerio de Villa Carlos Paz y recuerda a la perfección el día que conoció a Capitán. “Apareció acá solo y dio vueltas por todo el cementerio, hasta que llegó, también solo, a la tumba de su dueño. Y eso no es todo: cada día, a las seis de la tarde, va y se acuesta frente a esa tumba. Recorre el cementerio conmigo todos los días, pero cuando llega esa hora se va para el fondo, donde está la tumba de su amo”.

La familia asegura que nunca llevó a Capitán al cementerio, por lo que es un misterio cómo llegó hasta allí. Marta, que vende flores en el lugar, dice que lo vio por primera vez en 2007. Tenía una patita quebrada. Le dieron antiinflamatorios y lo entablillaron. Nunca se fue. “Se ve que quería mucho a su amo. Va a su casa, pero vuelve. Muchas veces lo quisieron llevar, pero se viene para acá”.

Damián ya se resignó: “Lo quise traer a casa varias veces, pero él se vuelve al cementerio. Si quiere estar ahí me parece bien que se quede: está cuidando a mi papá”.

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Hachi!!

2. Hachi!!

En 1924, Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de agricultura en la Universidad de Tokio, adoptó a Hachikō como su mascota. Desde entonces, cada día Hachikō lo esperaba en la puerta delantera de la estación de Shibuya para saludar a su amo al final de cada día. Esta rutina continuó sin... Ver mas
En 1924, Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de agricultura en la Universidad de Tokio, adoptó a Hachikō como su mascota. Desde entonces, cada día Hachikō lo esperaba en la puerta delantera de la estación de Shibuya para saludar a su amo al final de cada día. Esta rutina continuó sin interrupciones hasta el mes de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno ya no regresó, como de costumbre, en tren, pues previamente había sufrido una hemorragia cerebral mientras impartía clases en la universidad de Tokio, y murió. Debido a esto, jamás regresó a la estación de tren, donde su leal mascota lo esperaba. Hachikō demostró lealtad a su dueño y, cada día, durante los siguientes diez años de su vida, esperó en el acostumbrado sitio donde se sentaba, justo enfrente de la estación.
Conforme transcurría el tiempo, Hachikō comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachikō acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período.2
[editar]Primeros años
Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya viajó durante dos días en tren, en una caja. Cuando lo fueron a retirar sirvientes del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.
Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro un vaso con leche y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las patas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés), por la similitud con el Kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (八).
En realidad el perro estaba destinado a la hija del profesor, quien prontamente abandonó la casa paterna al quedar embarazada y casarse para irse a vivir a la casa paterna de su esposo. Así, al comienzo, Hachi iba a ser regalado, pero el profesor pronto se encariñó con el perro al que adoraba enérgicamente.
El perro se despedía todos los días desde la puerta principal cuando Ueno iba al trabajo, y le saludaba al final del día en la cercana estación de Shibuya. Esta rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos, no fue inadvertida ni por las personas que transitaban por el lugar ni por los dueños de los comercios de los alrededores, y todos ellos llegaron a apreciar de forma muy singular el vínculo que llegó a entablarse entre el perro y su dueño.
[editar]Tras la muerte de su amo: la lealtad de una mascota


Sepultura de Eisaburo Ueno; a su lado reposan los restos de Hachiko.
El 21 de mayo de 1925, el profesor Ueno no regresó; había sufrido un infarto que le provocó la muerte mientras impartía clase en la Universidad Imperial. Sin embargo, Hachi se quedó allí, en su sitio, esperándole. Pasaron los días, que se convirtieron en meses, y los meses en años, y Hachi seguía acudiendo fiel y puntualmente a esperar a su amo, sin importarle si hacía frío o calor; tan sólo esperaba volver a verle.
La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, quienes lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. La estatua fue fundida en la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro.
También hay una estatua similar en Odate, delante de la estación de Odate.
[editar]Muerte


Restos disecados de Hachikō exhibido en el Museo Nacional de Ciencia de Japón, en Ueno, Tokio
El 8 de marzo de 1934, Hachiko murió de filariasis. 1 Su cuerpo fue encontrado frente a la estación de Shibuya, tras esperar infructuosamente a su amo durante nueve años.1 Sus restos fueron depositados en una caseta de piedra que se construyó al pie de la tumba del profesor Ueno, en el Cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio. Aunque, posteriormente, su cuerpo se recogió para ser expuesto en el Museo de Ciencias Naturales del distrito Tokiota de Ueno tras ser restaurado y disecado.3
El 8 de marzo de cada año se conmemora a Hachiko en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.1
[editar]Películas

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León” no se va de la tumba de su dueña

3. León” no se va de la tumba de su dueña

Leao (“León” en español) se resistía a dejar el sitio donde yacen los restos de su ama, Cristina Maria Cesário Santana. Los vecinos del lugar, que lo habían rebautizado Caramelo, contaron que el perro deambulaba por las calles del barrio Caleme, uno de los más afectados por el temporal, pero... Ver mas
Leao (“León” en español) se resistía a dejar el sitio donde yacen los restos de su ama, Cristina Maria Cesário Santana. Los vecinos del lugar, que lo habían rebautizado Caramelo, contaron que el perro deambulaba por las calles del barrio Caleme, uno de los más afectados por el temporal, pero volvía siempre a la tumba y que por momentos escarbaba la tierra, publica contexto.com.ar.
El personal de Protección Animal de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro ya ha rescatado a más de 180 animales en Teresópolis y Petrópolis con ayuda del Instituto de Ambiente de ese estado y de ONGs. Son llevados a un refugio y los que no sean reclamados por sus dueños irán a adopción.
Los perros no tienen, desde ya, noción de lo que es la muerte, pero su fidelidad a los amos es proverbial; sólo son felices en su compañía y su ausencia les resulta muy difícil de soportar. Por eso no quieren abandonar la tumba del dueño: permanecen allí a la espera de que éste regrese.
El caso de Leao recuerda al de un perro japonés, que en 1920 pasó diez años yendo diariamente a la estación de tren a esperar a su amo fallecido a la hora que éste solía volver del trabajo. Con su historia se rodó una película, Hachiko, tu mejor amigo

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Lampo El Perro Viajero

4. Lampo El Perro Viajero

La historia comienza un caluroso día de agosto de 1953 cuando sin saber de donde había venido, llegó en un tren de mercancías a la estación ferroviaria de Campiglia. Elvio, que trabajaba en el despacho de billetes, observó que de uno de los vagones saltó algo,..era un perro. A primera vista... Ver mas
La historia comienza un caluroso día de agosto de 1953 cuando sin saber de donde había venido, llegó en un tren de mercancías a la estación ferroviaria de Campiglia.

Elvio, que trabajaba en el despacho de billetes, observó que de uno de los vagones saltó algo,..era un perro. A primera vista le pareció un chucho de lo más ordinario, pelo blanco, manchas de color castaño y una raza indefinida. Olfateo el aire, se estiró perezosamente, miró a ambos lados para orientarse y se dirigió hasta una fuente cercana donde se puso a beber con avidez. Seguidamente se dirigió hacia la oficina de Elvio, comenzó a mover la cola, a ladrar y a restregar su hocico contra sus piernas. Fue el comienzo de su amistad.



Desde aquel día de 1953, el perro se convirtió en su sombra, le seguía a todas partes por la estación e incluso le acompañaba al restaurante donde comía todos los días. Se hizo amigo de todos los empleados de la estación que demostraban un gran interés por él. Como había llegado misteriosamente e inesperadamente a sus vidas, decidieron llamarlo Lampo, que en italiano significa Destello.

Lampo pasaba los largos días observando los trenes de mercancías, pero su lugar predilecto era el despacho de billetes. Al final de cada jornada a su vuelta a casa, Elvio le resultaba muy difícil persuadir a Lampo para que no le siguiera, él tomaba el tren de regreso a su casa en Piombino y el perro corría un largo trecho hasta que se convencía de lo inútil de su esfuerzo,..día tras día ocurría la misma situación un tanto peligrosa para el canino.



Un día de finales de otoño, en su regreso rutinario a Piombino se dio cuenta de que Lampo estaba echado a sus pies,..como si viajar fuera la cosa más natural del mundo levantó la cabeza y le miró con expresión satisfecha…Como diablos conseguiste subir?, lo cogió por el pescuezo y lo empujó debajo del asiento. Afortunadamente el viaje era corto y el revisor no se presentó en ningún momento.

Fue un día de presentaciones familiares, su esposa Mina, y su hija Mirna de cuatro años fueron aceptadas por Lampo de un primer momento. A la hora de la cena fue el invitado de honor y el centro de atención de todos, además era evidente que el animal se sentía a gusto con los Barlettani. Después de la cena el perro comenzó a mirar con ansiedad hacia la puerta, cuando la encontró abierta, salió velozmente y desapareció..Increíblemente volvió a la estación de Campiglia, había tomado el tren solo, para regresar a su hogar.



Pero con el tiempo los viajes de Lampo no se limitaron solamente a aquel paseo nocturno de vuelta, todos los trenes significaban para él una invitación de viaje de ida y vuelta.

No tardó en conocer el horario exacto de los trenes y su destino,.. todas las mañanas cogía el tren de las siete y veinte en la estación y llegaba puntualmente a casa de los Barlettani a las ocho, para acompañar a Mirna al colegio. Luego regresaba a Campiglia para pasar el día y regresar de nuevo por la noche con Elvio de regreso a casa. Con el ir y venir aprendió a la perfección todos los trenes que cubrían las líneas entre Campiglia y Piombino.



Pero como consecuencia de un cambio técnico de última hora en los andenes de la estación, Lampo montó en un tren equivocado, tan pronto como advirtió su error, bajo en la siguiente parada, San Vincenzo, y subió al primer convoy que iba dirección opuesta, hacia Campiglia. Había aprendido otro importante detalle del servicio ferroviario.

Con el tiempo fue ganando amigos,..por las tardes a eso de las tres, se despertaba, movía las orejas, abría la puerta con el hocico y salía. Lampo se dirigía apresuradamente al andén número uno, donde hacia una parada habitual el expreso Turín•Roma. El perro corría ansioso a que su amigo el cocinero del expreso le ofreciera su suculento menú diario.



Los relatos de sus hazañas se propagaron rápidamente en temas de conversación de toda la red ferroviaria, los viajeros asombrados por su comportamiento tan inteligente, le buscaban le hablaban y le sacaban fotografías. Un animal antes desconocido y abandonado, se estaba convirtiendo en una personalidad. Y demostró ser un perro excepcional y completamente independiente.

A veces se le notaba muy inquieto, por las noches en lugar de dormir, solía inspeccionar todos los trenes que se detenían en la estación, parecía estudiar a los pasajeros que se asomaban por las ventanas y su destino, allí se quedaba hasta que el tren comenzaba a moverse y se perdía en la distancia. Estaría tramando algo?.

Una noche de pleno invierno se dirigió al anden segundo y decidió subir en el expreso Roma•Génova, el tren que había cogido no pararía hasta Liorna, a unos 70 kilómetros al norte. Luego se detendría en Pisa, La Spezia y Génova. No le iba a resultar fácil dar con el tren de regreso a Campiglia. Aquella noche Elvio no estaba de muy buen humor, “es imposible que pueda regresar, son muchos los transbordos que hay que efectuar“. “Sin lugar a dudas se perderá“.



Pero no fue así, y como es de costumbre, a las 8 de la mañana estaba el trasnochador Lampo esperando a Mirna para acompañarla al colegio.“No se como demonios a logrado volver“, “menudo viejo pillo“.

A medida que pasaba el tiempo, los viajes se hicieron cada vez más largos y frecuentes, pero siempre regresaba a Campiglia. Era evidente que estaba dotado de un sexto sentido, había nacido para viajar…A veces, los ferroviarios le sujetaban al collar viejos billetes de ferrocarril..“Lampo el perro ferroviario tiene acceso a todos los trenes“. Él lucía orgulloso su billete y ladraba muy furioso cuando alguien intentaba quitárselo.



Tras ocho años de continuos viajes y transbordos en las líneas nacionales y en las de cercanías, Lampo se hizo celebre, era amigo de todos, pero su corazón pertenecía a un sólo hombre y a su familia, a cuyo hogar volvía al final de cada jornada. Lamentablemente el 22 de julio de 1961 Lampo murió atropellado por un tren. La noticia fue recibida con mucho dolor por el mundo ferroviario. El jefe de estación ordenó enterrar a Lampo al pie de una de las pequeñas acacias de la estación, junto a un pequeño monumento como tributo al excepcional Lampo, el perro viajero.

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El Gaucho

5. El Gaucho

En la década de 1960 y primeros años de la siguiente transitó por las calles de Durazno "El Gaucho", transformándose en verdadera leyenda viviente para los vecinos de nuestra ciudad como para los visitantes que tomaban conocimiento de su historia, ya que por su nobleza fue muy conocido y querido... Ver mas
En la década de 1960 y primeros años de la siguiente transitó por las calles de Durazno "El Gaucho", transformándose en verdadera leyenda viviente para los vecinos de nuestra ciudad como para los visitantes que tomaban conocimiento de su historia, ya que por su nobleza fue muy conocido y querido por el pueblo de esta ciudad.
Su dueño lo llamó "Gaucho", ambos vivían en la localidad de Villa del Carmen, y fueron muy unidos. Un día el amo se enferma y debe ser trasladado a Durazno para ser internado en el Hospital Dr. Emilio Penza de una enfermedad grave.
Fue entonces que el Gaucho quedó solo y se largó a caminar por el camino que recorrió su dueño. Cruzó bañados y arroyos, recorrió mas de 50 kilómetros de distancia hasta que llegó al lugar donde se encontraba su dueño internado, allí se quedó acompañándolo sin alejarse del lugar, porque él era su amigo de la vida. Los vecinos y personal del hospital lograron conocerlo por su inseparable presencia, su gesto de nobleza y sin rebeldía.
Cuando al tiempo de internación el amo fallece, en la sala se escucha al Gaucho llorar con remordimiento al igual que días atrás cuando su dueño se quejaba de algún dolor que sufriera.
Es aquí cuando se le ve el mayor gesto de nobleza y buen amigo para el hombre, porque aquel perro de pelo casi oscuro y de ojos tristes lo acompañó durante su velatorio y hasta el lugar donde recibiuría santa sepultura.
Mas de 30 días el Gaucho custodió aquella sepultura para luego salir en las mañanas a recoger algún alimento que el pueblo le brindara. Recorría calle Rivera, Plaza Artigas, La Picada y algunas veces 18 de Julio, para volver de tarde otra vez junto a la tumba de su dueño allí en el Cementerio.
De esta manera vivió mucho tiempo, haciéndose querer por la gente y los niños. Pero la vida a él también se le termina, es hallado en las proximidades de la Plaza Sainz en el Barrio Varona ya sin vida, dejando para Durazno una rica historia de amigo fiel.
El pueblo de Durazno le ha rendido su merecido homenaje labrando un monumento en bronce para que jamás sea olvidado, el que se encuentra al frente del cementerio local.

(Recuerdo del Sr. Oscar Machado).

Según la gente era un perro mediano y cruzado con ovejero alemán. Todo empezó cuando un peón rural se enfermó y lo trajeron para el Hospital. Su único amigo y, tal vez, familiar era el perro, su amigo fiel, que lo acompañaba en todos los quehaceres rurales. Estuvo siempre a su lado, lo ayudó a arrear los ganados. Viendo que a su amo lo llevaron, corrió tras él, venciendo miedos y distancias, cruzó campos, bordeó arroyos y no le importó si le pasaba algo. Tenía que estar junto a su amo.
Cuando llegó se ganó denajo de la cama en que su amo se debatía entre la vida y la muerte. Muchas veces quisieron correrlo, pero su amor era muy grande. Siempre estuvo debajo de la cama hasta que un día de frío invierno muere su amo. "El Gaucho" pareció enloquecer, aullaba, lamía la mano de su amo y, viendo que él continuaba inmóvil, aullaba.
Cuando llevaron su amo al cementerio él fue detrás, siguiendo como lo hacen las personas cuando pierden un familiar querido. Estuvo varios días sin comer junto a la tumba de su amo aullando y sufriendo por el amor que sentía por su amo. Recorría toda la ciudad y toda la gente que lo conocía hablaba de él y lo respetaban, donde quiera que el fuere lo recibían y le daban de comer. Todo Durazno supo de este perro. Varios trataron de apoderarse de él, dándole comida pero él nunca aceptó. Comía y así como comía se iba, y su rumbo era uno solo, el cementerio. Él era un perro manso, pacífico, siempre se le veía de un lado a otro pero cmom a un caudillo a quien todos siguen por sus ejemplos.

(Martha Lobelcho)

Yo tuve el privilegio y la suerte de conocer a El Gaucho, fuimos amigos. ¿Quien en Durazno no era amigo, camarada, un poco dueño de El Gaucho?.
Por mi trabajo madrugaba yo a las 5:30 de la mañana y me trasladaba a mi puesto de trabajo en Radio Durazno. Iniciaba la transmisión a las 6, hacía los trabajos previos que se necesitan para inciar la transmisión, aprontaba el mate y me disponía a trabajar y a esperar a mi amigo. El zaguán estaba abierto de par en par, al rato sentía la puerta de vidrio moverse y lo veía llegar, su caminar cansino, satisfecho como esos noctámbulos, amantes de las madrugadas. Recorría el trayecto del vestíbulo a la cabina, despacio, olfateando por cumplir, entraba, acercaba su cabeza a mi falda y me miraba profundamente. Yo lo saludaba, como era costumbre: "¿madrugó Gaucho?", o por el contrario "¡qué tarde que vino!". El revoleaba la cola en señal de afecto, daba unas vueltas y se echaba a mis pies debajo de la consola.
Dormía hasta las 10 y luego se marchaba despacio, como había llegado. De casualidad aceptaba comida. En su recorrida por los bares era siempre invitado, todos guardaban algo para "El Gaucho". Y así mañana tras mañana hasta que no volví a verlo mas.
Un recuerdo mas. Cierta noche festejábamos, con los compañeros de la radio, un cumpleaños en "El Grillo". En ese restaurante a las 12 de la noche hacía parada en su viaje a la ciudad de Artigas una compañía de ómnibus. Recuerdo que bajaron los pasajeros, pidieron café o algo fuerte por el frío y se arremolinaron en el mostrador a charlar y dejar pasar unos minutos. De pronto entra "El Gaucho" derecho a la cocina, con su pachorra conocida. Uno de los viajeros al verlo lo insultó y le pegó una patada que hizo gemir al perro. No había bajado la pierna cuando recibió una trompada que lo incrustó debajo de una mesa y la amenaza de linchamiento de los parroquianos duraznenses si no se retiraba. "El Gaucho" era un amigo, y la patada y el lamento eran una ofensa.
Así era querido "El Gaucho", y todos los que lo conocimos lo tratamos y llegamos a quererlo como algo nuestro, hoy lo recordamos y disfrutamos en el cariño de nuestro perro.

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Alicia El Perro Enfermero

8. Alicia El Perro Enfermero

Un perrito de Monte Cristo se ha convertido en la estrella de la ciudad y ya no solo suben sus fotos a Facebook sino también aparece en televisión, a raíz de una historia muy particular. Se trata de Alicio, un "fiel y leal" perrito que aún sigue esperando a su amo muerto frente al centro de... Ver mas
Un perrito de Monte Cristo se ha convertido en la estrella de la ciudad y ya no solo suben sus fotos a Facebook sino también aparece en televisión, a raíz de una historia muy particular.
Se trata de Alicio, un "fiel y leal" perrito que aún sigue esperando a su amo muerto frente al centro de salud donde se fue a atender por última vez hace 8 meses.
La historia. Un vecino de la localidad cordobesa de Monte Cristo, 25 kilómetros al este de la capital, fue trasladado de urgencia con un problema de salud al dispensario local. Debido a su gravedad el hombre murió.
El hombre había llegado junto a su perrito, a quien los vecinos apodaron "Alicio". Desde el momento de la muerte, el animal se mantiene en guardia frente al dispensario como esperando el regreso de su amo.
Un grupo de voluntarios, llamado "Uniendo huellas", lo alimentan y no pueden entender la lealtad del can que pese a haber sido dado en adopción varias veces regresa al lugar. Duerme en el depósito del dispensario y la doctora Alicia Delgado ya lo adoptó como si fuera su "hijo postizo" (de ahí su nombre Alicio).
De película. "Siempre a tu lado" es una película protagonizada por Richard Gere que se estrenó hace unos meses. En el filme, basado en un hecho real, cuenta la historia de un perro japonés llamado Hachiko (apodado Hachi), cuyo dueño es un profesor y a quienes une un lazo de amor muy especial.
Hachi acompaña a su amo diariamente a la estación de trenes pero finalmente el profesor muere sorpresivamente y Hachiko queda esperándolo por el resto de sus días frente a la estación, cuenta el blog local Radiorreloj que dio a conocer la información.
"Alicio" se hizo muy popular. En Facebook subieron sus fotos y la gente le deja comentarios (Grupo en Facebook Alicio el Perro). La historia también llegó a la pantalla chica de la televisión cordobesa, con una producción que hizo Teleocho. A tal punto conmovió a los televidentes que debebieron repetirla.

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Coly

9. Coly

Coly, es el nombre que le pusieron los empleados del cementerio La Piedad al can que llegó hace tres años acompañando a los restos de su dueño y desde entonces se quedó a vivir en el lugar. Un ejemplo de fidelidad en el marco del Día Nacional del Perro Amistad eterna. Un perro de raza collie... Ver mas
Coly, es el nombre que le pusieron los empleados del cementerio La Piedad al can que llegó hace tres años acompañando a los restos de su dueño y desde entonces se quedó a vivir en el lugar. Un ejemplo de fidelidad en el marco del Día Nacional del Perro
Amistad eterna. Un perro de raza collie hace tres años que vive en el cementerio de La Piedad, a donde llegó junto a los restos de su antiguo dueño, o mejor dicho de su viejo amigo, para ajustarse más al tono de la historia.

Coly, así llaman los empleados del camposanto y los vendedores de flores al can, es un verdadero ejemplo de lo que busca rescatar en el Día Nacional del Perro, que se celebra el 2 de junio, día en que en 1983 un perro policía dio la vida para salvar a un agente.

En este caso, el animal del cementerio no pudo separarse de la persona con quien vivía y hace tres años acompaña los restos que descansan en La Piedad.

“Duerme en la puerta del panteón donde está el dueño”, comentó uno de los empleados de La Piedad a Canal 3. “Hace tres años trajeron un servicio y él -por Coly- vino en el acompañamiento, se quedo acá y no hubo forma de llevarlo”, comentó otro, en la reconstrucción de una verdadera historia amor y fidelidad canina.

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