13. OTRAS AVENTURAS DE HÉRCULES + SU MUERTE Y APOTEOSIS
Después de haber completado los doce trabajos impuestos por Euristeo, libre al fin de la servidumbre de éste, Hércules se dirigió hacia Ecalia al enterarse de que el rey Eurito había prometido casar a su hija Yole con el arquero que disparase mejor que él y sus cuatro hijos. El Dios Apolo había...
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Después de haber completado los doce trabajos impuestos por Euristeo, libre al fin de la servidumbre de éste, Hércules se dirigió hacia Ecalia al enterarse de que el rey Eurito había prometido casar a su hija Yole con el arquero que disparase mejor que él y sus cuatro hijos. El Dios Apolo había regalado un arco a Eurito y le había enseñado a utilizarlo, y el rey se jactaba de superar al dios en puntería. Hércules ganó la competición pero Eurito despreció a Hércules y no cumplió su promesa. Hércules, enfadado, abandonó Ecalia. Poco después se produjo un robo en Ecalia, varias yeguas del rey Eurito habían desaparecido y éste culpó inmediatamente a Heracles. Ifito, hijo de Eurito, siguió las huellas de las yeguas, que conducían a Tirinto; disimulando sus sospechas, Ifito pidió a Hércules que lo ayudase a buscar el ganado robado; Hércules comprendió que Ifito lo acusaba de ser el ladrón, y lo mató arrojándolo desde la torre más alta de Tirinto.
A consecuencia del homicidio Hércules sufrió un segundo ataque de locura. A pesar de ser purificado por el rey Deífobo el héroe sufría terribles pesadillas y tuvo que acudir al oráculo de Delfos en busca de consejo. Al negarse la pitonisa a atenderlo por haber matado a Ifito Hércules, airado, se apoderó del trípode de Apolo sobre el que la pitonisa se sentaba. El dios Apolo, indignado, acudió para evitar el robo del trípode sagrado y luchó con Hércules hasta que Zeus separó a los combatientes con un rayo y los obligó a hacer las paces. A continuación la pitonisa accedió a los deseos de Hércules y profetizó que para librarse de su aflicción éste debería venderse a sí mismo como esclavo durante un año y entregar a los hijos de Ifito el dinero que obtuviese. Hércules fue comprado por la reina Onfale de Lidia, a quien Hérules sirvió durante el tiempo convenido, librando Asia Menor de los bandidos que la infestaban.
Una vez libre Hércules regresó a Tirinto, donde reclutó un ejército para atacar Troya y vengarse del rey Laomedonte, quien había incumplido la promesa hecha a Hércules en su camino de regreso del país de las Amazonas. Hércules arrasó Troya y dio muerte a Laomedonte y a todos sus hijos con excepción del menor, Podarces, y de Hesíone. Tras entregar a Hesíone como esposa a su amigo y lugarteniente Telamón, Hércules invitó a Hesíone a elegir como regalo de bodas a uno de los prisioneros; Hesíone eligió a su hermano pequeño Podarces, y pagó además su libertad ofreciendo su velo de oro a cambio; de aquí, según la tradición, Podarces tomó el nombre de Príamo (que significa comprado). Hércules, tras saquear Troya, puso a Príamo en el trono y partió rumbo a Tirinto.
Por aquél entonces tenía lugar la batalla entre los Dioses y los Gigantes, enfurecidos estos últimos porque Zeus había recluido a sus hermanos los Titanes en el Tártaro. Hera profetizó que los Gigantes jamás morirían por mano de un dios sino por la de un humano vestido con una piel de león. Atenea, enviada por Zeus, pidió ayuda a Hércules quien mató primero al jefe de los gigantes, Alcioneo, cayendo a continuación Porfirión -quien, herido por una flecha de Eros, había cambiado su cólera por lujuria y se disponía a violar a Hera-, el siguiente en caer fue Efialtes, quien cuando estaba a punto de vencer a Ares fue alcanzado por una flecha de Apolo en el ojo izquierdo y por otra de Hércules en el derecho. Cada vez que un dios hería a un gigante era Heracles quien tenía que asestarle el golpe mortal.
Poco después de su regreso a Tirinto, Hércules reunió un nuevo ejército y atacó Elide para vengarse del rey Augias, a quien guardaba rencor a causa del quinto trabajo. Esta vez, sin embargo, Hércules enfermó y fue derrotado por los llamados Moliónidas, generales del ejército contrario, quienes hirieron gravemente a su hermano Ificles y obligaron a Hércules a retirarse. Poco tiempo después Heracles tendió una emboscada a los Moliónidas cuando iban de camino hacia los Juegos Istmicos, los mató y organizó una segunda expedición contra Elide, tomando la ciudad y matando a Augias, tras lo cual estableció como rey a Fileo, hijo de Augias que había defendido los derechos de Hércules siendo por ello desterrado por su padre.
A continuación Hércules saqueó y quemó la ciudad de Pilos, cuyos habitantes habían acudido en ayuda de Elide. Uno de los defensores de la ciudad era Periclímeno, nieto de Poseidón, quien tenía el poder de adoptar formas diversas. Periclímeno se transformó primero en león, luego en serpiente, al cabo de un rato para pasar desapercibido tomó forma de abeja, Atenea advirtió a Hércules y Periclímeno, al verse descubierto, tomó forma de águila y se abalanzó sobre el héroe, quien lo atravesó con una flecha.
Hércules se dirigió luego hacia Calidón, donde pidió al rey Eneo la mano de su hija Deyanira, tal como había prometido a Meleagro en el Tártaro. Uno de los pretendientes de Deyanira era el dios-río Aqueloo, con quien Heracles se vio obligado a luchar. Tras una dura batalla en la que Aqueloo luchó adoptando sus tres formas de toro, serpiente y hombre con cabeza de toro, Hércules lo venció y le arrancó uno de sus cuernos. Después de casarse con Deyanira Hércules se quedó a vivir en Calidón hasta que durante un banquete mató involuntariamente al sobrino del rey Eneo, y a pesar del perdón de éste Hércules decidió pagar con la debida pena del exilio y partió hacia Traquis acompañado de Deyanira.
De camino hacia Traquis Hércules y Deyanira llegaron al río Eveno, donde el centauro Neso se ofreció a trasladar a Deyanira a la otra orilla a cambio de dinero. Pero Neso, en lugar de cumplir el trato, escapó al galope con Deyanira en sus brazos con la intención de violarla; Hércules hirió al centauro con una de sus flechas envenenadas y Neso, antes de morir, aconsejó a Deyanira que recogiese en un tarro la sangre que manaba de su herida y mojase con ella una túnica de Hércules, si algún día le era infiel, indicándole que de esta forma recuperaría el amor del héroe.
Tras llegar a Traquis y haber realizado varias acciones guerreras en Tesalia Hércules marchó sobre Ecalia, cuyo rey Eurito se había negado a entregarle a su hija Yole años atrás. Hércules tomó la ciudad y se llevó a Yole como concubina.
Tras la conquista de Ecalia Hércules, agradecido por su victoria, quiso erigir un altar en honor de su padre Zeus y envió a su heraldo Licas a Traquis para que le trajese una túnica para la ceremonia. Deyanira, celosa al ver que Yole acompañaba a Licas, impregnó la túnica con la sangre del centauro Neso; cuando Hércules se vistió la túnica el calor derritió el veneno de la Hidra -inoculado por la flecha de Hércules- mezclado con la sangre del centauro. El veneno corroía la carne de Hércules y éste, al intentar quitarse la túnica, se arrancaba también pedazos de carne. Su sangre hervía a borbotones, se tiró de cabeza al arroyo más cercano y las aguas empezaron a hervir (posteriormente fueron llamadas Termópilas, o "paso caliente"). Nadie se atrevía a acercarse a Hércules hasta que, retorciéndose de dolor, éste mandó venir a su hijo Hilo, a quien ordenó que construyese una gran pira y quemase su cuerpo inmortal hasta que quedase totalmente destruido. Deyanira, desolada, se suicidó.
Nadie se atrevía a encender la hoguera hasta que Filoctetes consintió en hacerlo, recibiendo como recompensa el arco y las flechas de Hércules. Mientras el fuego destruía su cuerpo una gran nube envolvió la pira y pudo escucharse un formidable trueno. Al disiparse la nube no quedaba ya rastro del cuerpo de Hércules: su alma inmortal había ascendido al Olimpo.
Tras reconciliarse con Hera, ésta ofreció a Hércules a su hija Hebe en matrimonio. Hércules vivirá desde entonces eternamente entre los dioses.
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