Versión impresa

Gustavo Adolfo Bécquer, el gran poeta español.

Gustavo Adolfo Bécquer, el gran poeta español.

  • Lista creada por Venhut.
  • Publicada el 22.12.2010 a las 12:08h.
  • Clasificada en la categoría Cultura.
  • La lista SI admite nuevos comentarios.
  • La lista SI admite que sus elementos sean votados.
  • La lista NO admite que otros usuarios añadan nuevos elementos.

Avatar de Venhut

Último acceso 31.12.2012

Perfil de Venhut

  • Las estadísticas del usuario se mostrarán en los próximos días.

Ver el perfil de Venhut

Acciones de la lista

Este genuino del verso y estandarte del Romanticismo está de aniversario. Se cumplen ciento cuarenta años del fallecimiento de Gustavo Adolfo Bécquer, todo un clásico de la literatura española y mundial.

El Romanticismo es un movimiento social y artístico que tuvo su origen en Inglaterra y Alemania a finales del siglo XVIII y que afectó a toda Europa y a América durante la primera mitad del siglo XIX. Supuso una reacción contra el fracasado movimiento ilustrado que pretendía mejorar la sociedad mediante el uso de la razón y el conocimiento científico. La idea del fracaso provocó en los románticos un sentimiento de frustración y desengaño que los conduce al pesimismo, a la evasión y a la exaltación de sentimientos irracionales.

Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1836. En su adolescencia estudió pintura, pero a los dieciocho años se trasladó a Madrid decidido a ser poeta. Su vida estuvo marcada por la enfermedad, los apuros económicos y los fracasos amorosos. Es un maestro en la creación de ambientes inquietantes que dan lugar a una atmósfera fantasmagórica de luces y sombras. En él, como buen romántico que es, son caracerísticas la autonomía del genio individual, la libertad, la rebeldía y el sentimentalismo frente al racionalismo. Murió en Madrid en 1870.

Bécquer escribió muy poco y todo ello lo escribió con brevedad, tanto en verso como en prosa. Los versos son pocos, los relatos escuetos, pero la sencillez del estilo recubre la complejidad del contenido. Siguiendo el trazo periodístico de su época, Bécquer pretende expandir a un público masivo su universo místico y reaccionario a través de formas populares, asequibles y breves. Solo de esa forma puede prender en la memoria del público su mensaje idealista.

Dentro de la obra en prosa de Bécquer destacan las "Leyendas", una colección de relatos publicados en la prensa. La mayoría de las historias se encuentran ambientadas en la Edad Media y narran un hecho fantástico o sobrenatural. Además, en ellas se recogen numerosos temas y símbolos románticos, como el amor imposible, el héroe rebelde o maldito, la naturaleza violenta, etc. En sus narraciones también se encuentran las "Cartas desde mi celda", una colección de nueve relatos.

En la poesía destacan las "Rimas", un cojunto de poemas breves en los que Bécquer expresa sus sentimientos con un lenguaje sencillo y melódico. Tradicionalmente, se han dividido las "Rimas" en cuatro bloques según el tema que tratan: la poesía; el amor ilusionado y optimista; el fracaso y el desengaño amosoros; y la soledad y el pesimismo vitales.


LISTA DEDICADA A LA USUARIA SNAVA, ADMIRADORA DE ESTE GENIO ESPAÑOL.

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas...

1. ¿Qué es poesía? Dices mientras clavas...

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía...? ¿Y tú me lo preguntas?
¡Poesía... eres tú!

Ha recibido 1130 puntos

Vótalo:

Volverán las oscuras golondrinas...

2. Volverán las oscuras golondrinas...

Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas... ¡no volverán! Volverán las tupidas... Ver mas
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!


Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así no te querrán!

Ha recibido 1050 puntos

Vótalo:

Por una mirada, un mundo...

3. Por una mirada, un mundo...

Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
que te diera por un beso!

Ha recibido 1010 puntos

Vótalo:

El Monte de las Ánimas.

4. El Monte de las Ánimas.

http://www.xtec.es/~jcosta/elmonte.htm

Los Condes de Borges y de Alcudiel junto a sus hijos y pajes iniciaban el camino hacia la cacería montados a caballo. Por el camino, Alonso empezó a relatar la leyenda del Monte de las Ánimas a su prima Beatriz. Al parecer, ese monte pertenecía a los Templarios. Cuando los árabes fueron... Ver mas
Los Condes de Borges y de Alcudiel junto a sus hijos y pajes iniciaban el camino hacia la cacería montados a caballo. Por el camino, Alonso empezó a relatar la leyenda del Monte de las Ánimas a su prima Beatriz. Al parecer, ese monte pertenecía a los Templarios. Cuando los árabes fueron expulsados de Soria, el Rey los hizo venir para defender la ciudad, lo que ofendió a los nobles de Castilla y se creó rivalidad entre ellos. De esta forma se inició una batalla hasta que el rey finalizó la lucha; el monte fue abandonado y en la capilla de los religiosos se enterraron los cuerpos de unos y otros. Cuenta la leyenda que cuando llega la noche del Día de los Difuntos las almas de los muertos corren junto con los animales, por lo que nadie quiere estar ahí en dicha fecha.

Una vez en casa de los Condes y reunidos junto a la lumbre, solo los primos estaban ajenos a la conversación, hasta que Alonso rompió el prolongado silencio diciéndole a su prima que, debido a que ella se separará de él próximamente, le gustaría hacerle un regalo para que se acordara siempre de él. Después de insistir mucho, la joven acepta una joya sin decir nada y su primo a cambio le pidió algún obsequio suyo. Beatriz estuvo conforme y le expuso que en el Monte de las Ánimas perdió la banda azul y que era lo que deseaba regalarle.

Alonso se sentía muy fuerte a la hora de luchar con cualquier bestia, pero le aterrorizaba la idea de ir a ese oscuro lugar en aquella fecha tan indicada y sintió miedo. Entonces se vio motivado por una sonrisa de la bella dama y se dirigió, aterrorizado, a recuperar la banda perdida para así contentar a Beatriz.

Las horas pasaron y Beatriz se desveló al creer oír su nombre en una pesadilla. Al despertarse no pudo volver a conciliar el sueño, así que decidió ponerse a rezar muy asustada. Cuando amaneció, vio su banda azul ensangrentada y desgarrada en su mesilla de noche. Beatriz se quedó petrificada, no podía creer lo que veía. Más tarde, sus sirvientes fueron a avisarla de la muerte de Alonso al ser devorado por los lobos, pero la encontraron muerta de horror e inerte.

Después de este suceso, un cazador tuvo que permanecer una noche dentro del Monte de las Ánimas. Antes de morir pudo contar que vio los esqueletos de los antiguos Templarios y de los nobles sorianos enterrados en la capilla levantarse, además de una mujer hermosa desmelenada con los pies ensangrentados que daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

Ha recibido 851 puntos

Vótalo:

Hoy la tierra y los cielos me sonríen...

5. Hoy la tierra y los cielos me sonríen...

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!

Ha recibido 733 puntos

Vótalo:

El rayo de Luna.

6. El rayo de Luna.

http://www.xtec.es/~jcosta/elrayo.htm

Esta leyenda nos cuenta la vida de un noble, Manrique, un hombre solitario que vive muy encerrado en sí mismo. Le encanta la poesía y por ello su carácter solitario le permite pensar y poder remover su mente. Una noche cálida de verano vio como una mujer se dirigía al monasterio de los... Ver mas
Esta leyenda nos cuenta la vida de un noble, Manrique, un hombre solitario que vive muy encerrado en sí mismo. Le encanta la poesía y por ello su carácter solitario le permite pensar y poder remover su mente. Una noche cálida de verano vio como una mujer se dirigía al monasterio de los Templarios. Él la siguió e intentó alcanzarla y hablar con ella, pero a pesar de todos sus intentos no lo consiguió.

Pasado un tiempo volvió a verla desde su balcón y la volvió a seguir pero mucho más de cerca, con lo que descubrió que lo que veía era un rayo de Luna por el medio del bosque, al que le daba voz el viento que chocaba contra los árboles. Esto condujo a Manrique a una gran melancolía pensando que la vida era un engaño y que el amor era un simple rayo de Luna.

Ha recibido 730 puntos

Vótalo:

Los ojos verdes.

7. Los ojos verdes.

http://www.xtec.es/~jcosta/losojos.htm

La leyenda comienza con una cacería encabezada por el soberbio Don Fernando de Argensola. Este logra herir a un bello ciervo que, incluso herido, huye velozmente de la persecución humana y canina. Íñigo, el montero de Don Fernando, ordena al tropel que no permitan que el animal cruce la Fuente... Ver mas
La leyenda comienza con una cacería encabezada por el soberbio Don Fernando de Argensola. Este logra herir a un bello ciervo que, incluso herido, huye velozmente de la persecución humana y canina. Íñigo, el montero de Don Fernando, ordena al tropel que no permitan que el animal cruce la Fuente de los Álamos ya que si esto sucede deberán dejar que huya.

Justamente, eso es lo que ocurre y la nueva orden es que se detengan. Cuando Don Fernando llega al lugar increpa a Íñigo por no haber permitido que avancen en busca de la presa y este le responde que nadie se atreve a cruzar ese límite porque en esa fuente reside un espíritu maligno.

La respuesta provoca una risa burlona en el joven que decide por capricho ir tras su trofeo. Varios días después todos se preguntan por qué el señor ha cambiado tanto: habla solo lo necesario y todas las mañanas coge su ballesta para internarse en el bosque. Parte y vuelve solo, al anochecer, cansado y sin ninguna presa.

Ha recibido 694 puntos

Vótalo:

Máese Pérez el organista.

8. Máese Pérez el organista.

http://www.xtec.es/~jcosta/maesepe.htm

En esta leyenda la acción tiene lugar en Sevilla, en el convento de Santa Inés. El protagonista es Maese Pérez, un hombre de 76 años, cuya ceguera no había sido nunca un obstáculo para tocar el órgano, pues lo hacía de maravilla. No tenía apenas amigos y su única familia era su hija. A la gente... Ver mas
En esta leyenda la acción tiene lugar en Sevilla, en el convento de Santa Inés. El protagonista es Maese Pérez, un hombre de 76 años, cuya ceguera no había sido nunca un obstáculo para tocar el órgano, pues lo hacía de maravilla. No tenía apenas amigos y su única familia era su hija. A la gente le encantaba ir a escucharlo, pues tocaba una música muy celestial. Lo hacía tan bien que el Arzobispo de Sevilla le propuso que fuera a la catedral a tocar, en la Misa del Gallo.

Maese Pérez se puso muy enfermo en una Nochebuena y, viendo que su muerte estaba cercana, quiso que lo llevaran a su iglesia para poder tocar por última vez y descansar en paz. Mientras tañía el instrumento, murió.

El Arzobispo nombró un sustituto para que tocara en su lugar. Era el organista de San Román y San Bartolomé y era un hombre muy envidioso. A este también le pidió que fuese a tocar a la catedral el día de Nochebuena y, al año siguiente, así lo hizo, pero su forma de tocar era incomparable con la maestría del ciego. Aquel mismo día, para sorpresa de todos, sonaba una melodía muy bonita en el convento donde tocaba el anciano, pero nadie estaba sentado tocando el instrumento, era el espíritu de Maese Pérez quien lo hacía.

Ha recibido 611 puntos

Vótalo:

Asomaba a sus ojos una lágrima...

9. Asomaba a sus ojos una lágrima...

Asomaba a sus ojos una lágrima y a mis labios una frase de perdón... habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino, ella por otro; pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?" y ella dirá. "¿Por qué no... Ver mas
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mis labios una frase de perdón...
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"
y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?"

Ha recibido 575 puntos

Vótalo:

Podrá nublarse el sol eternamente...

10. Podrá nublarse el sol eternamente...

Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.

Ha recibido 566 puntos

Vótalo:

No digáis que agotado su tesoro...

11. No digáis que agotado su tesoro...

No digáis que agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía. Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas; mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista; mientras el aire en su regazo lleve perfumes... Ver mas
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;

mientras la humanidad siempre avanzando,
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Ha recibido 554 puntos

Vótalo:

El miserere.

12. El miserere.

http://www.xtec.es/~jcosta/elmiser.htm

Un hombre, de visita a la abadía de Fitero, encuentra unos rarísimos cuadernos de música, entre los cuales está un miserere que, curiosamente, está sin terminar. Sorprendido de su descubrimiento, le pide a un anciano que le cuente la procedencia de ese extraño cuaderno. El anciano le cuenta la... Ver mas
Un hombre, de visita a la abadía de Fitero, encuentra unos rarísimos cuadernos de música, entre los cuales está un miserere que, curiosamente, está sin terminar. Sorprendido de su descubrimiento, le pide a un anciano que le cuente la procedencia de ese extraño cuaderno. El anciano le cuenta la historia de un peregrino músico, el cual, arrepentido de todos sus pecados, llegó tiempo atrás a la abadía tras muchos viajes, obstinado en encontrar algún miserere digno de ser escrito por él como medio para alcanzar el perdón de Dios.

En la abadía de Fitero, un pastor le cuenta que cada Jueves Santo, en las ruinas de un antiguo monasterio saqueado, cuyos monjes fueron asesinados por el hijo de un señor que les había legado su fortuna, los espíritus de los monjes cantan un miserere maravilloso para obtener el perdón de Dios, un miserere increíble conocido como el “Miserere de la montaña”. Ese día es Jueves Santo, por lo que el músico peregrino decide ir a escuchar con sus propios oídos tal música.

Ha recibido 540 puntos

Vótalo:

El beso.

13. El beso.

http://www.xtec.es/~jcosta/elbeso.htm

Estando las tropas francesas en Toledo a principios del siglo XIX, uno de los capitanes se aloja en una iglesia junto a algunos de sus soldados. Al día siguiente, los oficiales se reúnen en la Plaza de Zocodover y le preguntan al capitán qué tal ha pasado la noche. Este les dice que un ruido lo... Ver mas
Estando las tropas francesas en Toledo a principios del siglo XIX, uno de los capitanes se aloja en una iglesia junto a algunos de sus soldados. Al día siguiente, los oficiales se reúnen en la Plaza de Zocodover y le preguntan al capitán qué tal ha pasado la noche. Este les dice que un ruido lo despertó por la noche y que antes de dormirse pudo observar en la capilla mayor del destartalado edificio una estatua de una mujer hermosísima. A su lado se situaba la de un guerrero que el capitán supuso que era su marido. Al oír esto, sus camaradas deciden ir a verla esa misma noche mientras brindan con vino.

Los oficiales indagan y descubren que las estatuas retractan a un famoso guerrero y a su esposa, Doña Elvira de Castañeda. Cuando llegan todos a la iglesia se quedan fascinados y empiezan a beber. Uno de los soldados tira el vaso de vino a la cara de la estatua del guerrero; momentos después, el capitán intenta besar los labios de la estatua de Doña Elvira pero su marido, de mármol, levanta el brazo y le da al oficial en la cara, que acaba sangrando por la boca, la nariz y los ojos.

Ha recibido 530 puntos

Vótalo:

¡Los suspiros son aire y van al aire...

14. ¡Los suspiros son aire y van al aire...

¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?

Ha recibido 527 puntos

Vótalo:

Cuando me lo contaron sentí el frío...

15. Cuando me lo contaron sentí el frío...

Cuando me lo contaron sentí el frío de una hoja de acero en las entrañas, me apoyé contra el muro, y un instante la conciencia perdí de donde estaba. Cayó sobre mi espíritu la noche, en ira y en piedad se anegó el alma, ¡Y entonces comprendi por qué se llora, Y entonces comprendi por... Ver mas
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma,
¡Y entonces comprendi por qué se llora,
Y entonces comprendi por qué se mata!

Pasó la nube de dolor... con pena
logré balbucear breves palabras
¿Quién me dio la noticia? Un fiel amigo
¡Me hacia un gran favor! Le di las gracias.

Ha recibido 480 puntos

Vótalo:

No sé lo que he soñado...

16. No sé lo que he soñado...

No sé lo que he soñado en la noche pasada; triste muy triste debió ser el sueño, pues despierto la angustia me duraba. Noté al incorporarme húmeda la almohada, y por primera vez sentí al notarlo de un amargo placer hincharse el alma. Triste cosa es el sueño que llanto nos arranca... Ver mas
No sé lo que he soñado
en la noche pasada;
triste muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba.

Noté al incorporarme
húmeda la almohada,
y por primera vez sentí al notarlo
de un amargo placer hincharse el alma.

Triste cosa es el sueño
que llanto nos arranca,
mas tengo en mi tristeza una alegría...
sé que aún me quedan lágrimas.

Ha recibido 465 puntos

Vótalo:

Del salón en el ángulo oscuro...

17. Del salón en el ángulo oscuro...

Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas como el pájaro duerme en la rama esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas! ¡Ay!, pensé; ¡Cuántas veces el genio así duerme en el... Ver mas
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en la rama
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: “Levántate y anda”!

Ha recibido 447 puntos

Vótalo:

La cruz del Diablo.

18. La cruz del Diablo.

http://www.xtec.es/~jcosta/lacruz.htm

Narra esta leyenda el crudo y despiadado trato que recibían unos ciudadanos por parte de un duque que era dueño de un gran recinto amurallado que dominaba a todas las tierras desde su elevada posición, en un entramado de rocas. Este duque mandaba apresar a los ciudadanos para torturarlos y a... Ver mas
Narra esta leyenda el crudo y despiadado trato que recibían unos ciudadanos por parte de un duque que era dueño de un gran recinto amurallado que dominaba a todas las tierras desde su elevada posición, en un entramado de rocas.

Este duque mandaba apresar a los ciudadanos para torturarlos y a las jóvenes para poder así saciar su distracción. Un día el duque decidió vender todas sus tierras e ir a hacer penitencia por todo lo que había hecho. Trascurridos varios años el despiadado duque regresó, pero esta vez más pobre y más solitario que nunca tras su ruina económica. Gran parte de los soldados que lo habían acompañado lo abandonaron al no poseer ya dinero.

Los ciudadanos, cansados de los abusos del duque, decidieron enfrentarse a él, lo que acabó con una derrota de los ciudadanos y un gran número de bajas. Luego, un grupo de ciudadanos decidió atacar el castillo por la noche: el castillo fue quemado y el duque ejecutado. Entre las ruinas quedaron las armaduras del duque que nadie fue capaz de coger por temor.

Días más tarde, los ciudadanos veían luces en las ruinas del castillo y pensaban que eran fantasmas. A raíz de ese avistamiento, comenzó a haber asesinatos, robos de ganado, etc. Eran unos jóvenes que se habían asentado en el castillo los que provocaban tantas barbaries. Un día apresaron a uno y este les dijo que su jefe era un hombre con una armadura cuyo carácter despiadado y carente de sentimientos asombraba a los mismos asesinos.

Ha recibido 442 puntos

Vótalo:

Dices que tienes corazón y solo...

19. Dices que tienes corazón y solo...

Dices que tienes corazón y solo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón... es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.

Ha recibido 435 puntos

Vótalo:

Yo soy ardiente, yo soy morena...

20. Yo soy ardiente, yo soy morena...

—Yo soy ardiente, yo soy morena, yo soy el símbolo de la pasión, de ansia de goces mi alma está llena. ¿A mí me buscas? —No es a ti, no. —Mi frente es pálida, mis trenzas de oro: puedo brindarte dichas sin fin, yo de ternuras guardo un tesoro. ¿A mí me llamas? —No, no es a ti. —Yo... Ver mas
—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú!

Ha recibido 423 puntos

Vótalo:

¿Quieres que de ese néctar delicioso...

21. ¿Quieres que de ese néctar delicioso...

¿Quieres que de ese néctar delicioso
no te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios
y déjale después.

¿Quieres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémonos hoy mucho y mañana
digámonos ¡adiós!

Ha recibido 405 puntos

Vótalo:

Tú eras el huracán y yo la alta...

22. Tú eras el huracán y yo la alta...

Tú eras el huracán y yo la alta torre que desafía su poder: ¡tenías que estrellarte o que abatirme! ¡No pudo ser! Tú eras el océano y yo la enhiesta roca que firme aguarda su vaivén: ¡tenías que romperte o que arrancarme! ¡No pudo ser! Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados uno a... Ver mas
Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque.
¡No pudo ser!

Ha recibido 371 puntos

Vótalo:

Yo sé cuál el objeto...

23. Yo sé cuál el objeto...

Yo sé cuál el objeto de tus suspiros es; yo conozco la causa de tu dulce secreta languidez. ¿Te ríes? Algún día sabrás, niña, por qué: tú lo sabes apenas y yo lo sé. Yo sé cuando tu sueñas, y lo que en sueños ves; como en un libro puedo lo que callas en tu frente leer. ¿Te ríes... Ver mas
Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es;
yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.
¿Te ríes? Algún día
sabrás, niña, por qué:
tú lo sabes apenas
y yo lo sé.

Yo sé cuando tu sueñas,
y lo que en sueños ves;
como en un libro puedo lo que callas
en tu frente leer.
¿Te ríes? Algún día
sabrás, niña, por qué:
tú lo sabes apenas
y yo lo sé.

Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.
¿Te ríes? Algún día
sabrás, niña, por qué:
mientras tu sientes mucho y nada sabes,
yo que no siento ya, todo lo sé.

Ha recibido 367 puntos

Vótalo:

Al ver mis horas de fiebre...

24. Al ver mis horas de fiebre...

Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda próximo a expirar buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los... Ver mas
Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda próximo a expirar
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?


Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa.
¿quién vendar a llorar?

¿Quién en fin al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?

Ha recibido 358 puntos

Vótalo:

Alguna vez la encuentro por el mundo...

25. Alguna vez la encuentro por el mundo...

Alguna vez la encuentro por el mundo,
y pasa junto a mí;
y pasa sonriéndose, y yo digo:
"¿Cómo puede reír?"

Luego asoma a mi labio otra sonrisa,
máscara del dolor,
y entonces pienso: "¡Acaso ella se ríe,
como me río yo!"

Ha recibido 353 puntos

Vótalo:

Una mujer me ha envenenado el alma...

26. Una mujer me ha envenenado el alma...

Una mujer me ha envenenado el alma otra mujer me ha envenenado el cuerpo; ninguna de las dos vino a buscarme, yo, de ninguna de las dos me quejo. Como el mundo es redondo, el mundo rueda. Si mañana, rodando, este veneno envenena a su vez, ¿por qué acusarme? ¿Puedo dar más de lo que a mí... Ver mas
Una mujer me ha envenenado el alma
otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
ninguna de las dos vino a buscarme,
yo, de ninguna de las dos me quejo.

Como el mundo es redondo, el mundo rueda.
Si mañana, rodando, este veneno
envenena a su vez, ¿por qué acusarme?
¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?

Ha recibido 335 puntos

Vótalo:

Saeta que voladora...

27. Saeta que voladora...

Saeta que voladora cruza, arrojada al azar, sin adivinarse dónde temblando se clavará; hoja del árbol seca arrebata el vendaval, sin que nadie acierte el surco donde a caer volverá; gigante ola que el viento riza y empuja en el mar, y rueda y pasa, y no sabe qué playa buscando va... Ver mas
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
sin adivinarse dónde
temblando se clavará;

hoja del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde a caer volverá;

gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y no sabe
qué playa buscando va;

luz que en los cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
ignorándose cuál de ellos
el último brillará;


eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán.

Ha recibido 328 puntos

Vótalo:

Cuando volvemos las fugaces horas...

28. Cuando volvemos las fugaces horas...

Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.

Y al fin resbala y cae como gota
del rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana
volveremos los dos a suspirar.

Ha recibido 328 puntos

Vótalo:

Mi vida es un erial...

29. Mi vida es un erial...

Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Ha recibido 320 puntos

Vótalo:

Los invisibles átomos del aire...

30. Los invisibles átomos del aire...

Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman
el cielo se deshace en rayos de oro
la tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas,
mis párpados se cierran...¿Qué sucede?
¿Dime?... ¡Silencio!... ¿Es el amor que pasa?

Ha recibido 303 puntos

Vótalo:

De lo poco de vida que me resta...

31. De lo poco de vida que me resta...

De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

Y esta vida mortal... y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

Ha recibido 288 puntos

Vótalo:

La ajorca de oro.

32. La ajorca de oro.

http://www.xtec.es/~jcosta/lajorca.htm

Pedro Alfonso de Orellana amaba sin límites a María Antúnez. Un día en que la sorprende llorando logra enterarse de que la mujer ansía obsesivamente la joya de oro que lleva en uno de sus brazos la imagen de la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad de Toledo. Esa misma noche el enamorado... Ver mas
Pedro Alfonso de Orellana amaba sin límites a María Antúnez. Un día en que la sorprende llorando logra enterarse de que la mujer ansía obsesivamente la joya de oro que lleva en uno de sus brazos la imagen de la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad de Toledo. Esa misma noche el enamorado arranca sigilosamente en la Catedral la preciada ajorca a la Virgen, pero no puede llevarla consigo, pues en el templo ha visto a seres sobrenaturales, cadáveres resucitados y horrorosas alimañas. Ante tales visiones, enloquece y cae desvanecido. A la mañana siguiente, es encontrado delirando en la iglesia, mientras retiene la ajorca en sus manos.

Ha recibido 282 puntos

Vótalo:

Me ha herido recatándose en las sombras...

33. Me ha herido recatándose en las sombras...

Me ha herido recatándose en las sombras, sellando con un beso su traición. Los brazos me echó al cuello y por la espalda partióme a sangre fría el corazón. Y ella prosigue alegre su camino, feliz, risueña, impávida. ¿Y por qué? Porque no brota sangre de la herida. Porque el muerto está en... Ver mas
Me ha herido recatándose en las sombras,
sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello y por la espalda
partióme a sangre fría el corazón.
Y ella prosigue alegre su camino,
feliz, risueña, impávida. ¿Y por qué?
Porque no brota sangre de la herida.
Porque el muerto está en pie.

Ha recibido 281 puntos

Vótalo:

Como se arranca el hierro de una herida...

34. Como se arranca el hierro de una herida...

Como se arranca el hierro de una herida su amor de las entrañas me arranqué, aunque sentí al hacerlo que la vida me arrancaba con él. Del altar que le alcé en el alma mía la voluntad su imagen arrojó, y la luz de la fe que en ella ardía ante el ara desierta se apagó. Aún turbando en... Ver mas
Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él.

Del altar que le alcé en el alma mía
la voluntad su imagen arrojó,
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.

Aún turbando en la noche el firme empeño
viene en la idea su visión tenaz...
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!

Ha recibido 280 puntos

Vótalo:

Porque son, niña, tus ojos...

35. Porque son, niña, tus ojos...

Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar, te quejas; verdes los tienen las náyades, verdes los tuvo Minerva, y verdes son las pupilas de las hourís del Profeta. El verde es gala y ornato del bosque en la primavera; entre sus siete colores brillante el Iris lo ostenta, las... Ver mas
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las hourís del Profeta.

El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera;
entre sus siete colores
brillante el Iris lo ostenta,
las esmeraldas son verdes;
verde el color del que espera,
y las ondas del océano
y el laurel de los poetas.

Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta,
en que el carmín de los pétalos
se ve al través de las perlas.

Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean,
pues no lo creas.

Que parecen sus pupilas
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro
que al soplo del aire tiemblan.

Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta
que en el estío convida
a apagar la sed con ella,

Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean,
pues no lo creas.

Que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.

Es tu frente que corona,
crespo el oro en ancha trenza,
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja.

Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas.

Que entre las rubias pestañas,
junto a las sienes semejan
broches de esmeralda y oro
que un blanco armiño sujetan.

Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar te quejas;
quizás, si negros o azules
se tornasen, lo sintieras.

Ha recibido 275 puntos

Vótalo:

Sabe, si alguna vez tus labios rojos...

36. Sabe, si alguna vez tus labios rojos...

Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que al alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada.

Ha recibido 268 puntos

Vótalo:

¡Es raro!

37. ¡Es raro!

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#esraro

Tomábamos el té en casa de una señora amiga mía y se hablaba de esos dramas sociales que se desarrollan ignorados del mundo y cuyos protagonistas hemos conocido, si es que no hemos hecho un papel en algunas de sus escenas. Entre otras muchas personas que no recuerdo, se encontraba allí una... Ver mas
Tomábamos el té en casa de una señora amiga mía y se hablaba de esos dramas sociales que se desarrollan ignorados del mundo y cuyos protagonistas hemos conocido, si es que no hemos hecho un papel en algunas de sus escenas.

Entre otras muchas personas que no recuerdo, se encontraba allí una niña rubia, blanca y esbelta que, de tener una corona de flores en lugar del legañoso perrillo que gruñía medio oculto entre los anchos pliegues de su falda, hubiérasela comparado, sin exagerar, con la Ofelia de Shakespeare. Tan puros eran el blanco de su frente y el azul de sus ojos... [...].

Un señor de cierta edad, alto, seco, de maneras distinguidas y afables y que parecía seriamente preocupado en la operación de dulcificar a punto su taza de té, completaba el grupo de las personas más próximas a la chimenea, al calor de la cual me senté para contar esta historia. Esta historia parece un cuento, pero no lo es; de ella pudiera hacerse un libro; yo lo he hecho algunas veces en mi imaginación. No obstante, la referiré en pocas palabras, pues para el que haya de comprenderla todavía sobrarán algunas [...].

Ha recibido 256 puntos

Vótalo:

La rosa de pasión.

38. La rosa de pasión.

http://www.xtec.es/~jcosta/larosa.htm

Una tarde de verano en un jardín de Toledo me refirió esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita. Mientras me explicaba el misterio de su forma especial, besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando, uno a uno, de la flor que da nombre a esta leyenda. Si yo la pudiera... Ver mas
Una tarde de verano en un jardín de Toledo me refirió esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita. Mientras me explicaba el misterio de su forma especial, besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando, uno a uno, de la flor que da nombre a esta leyenda. Si yo la pudiera referir con el suave encanto y la tierna sencillez que tenía en su boca, os conmovería como a mí me conmovió, la historia de la infeliz Sara. Ya que esto no es posible, ahí va lo que de esa piadosa tradición me acuerda en este instante.

En una de las callejas más oscuras y tortuosas de la ciudad imperial, empotrada y casi escondida entre la alta torre morisca de una antigua parroquia mozárabe y los sombríos y blasonados muros de una casa solariega, tenía hace muchos años su habitación raquítica, tenebrosa y miserable como su dueño, un judío llamado Daniel Leví. Era este judío rencoroso y vengativo, como todos los de su raza, pero más que ninguno engañador e hipócrita.

Dueño, según los rumores del vulgo, de una inmensa fortuna, veíasele, no obstante, todo el día acurrucado en el sombrío portal de su vivienda, componiendo y aderezando cadenillas de metal, cintos viejos o guarniciones rotas, con las que traía un gran tráfico con los truhanes de Zocodover, las revendedoras del Postigo y los escuderos pobres [...].

Ha recibido 255 puntos

Vótalo:

El Cristo de la calavera.

39. El Cristo de la calavera.

http://www.xtec.es/~jcosta/elcrist.htm

El rey de Castilla marchaba a la guerra contra los moros y para derrotar a los enemigos del cristianismo había llamado a lo más florido de la nobleza de sus reinos. Las silenciosas calles de Toledo resonaban noche y día con el marcial rumor de los atabales y los clarines y ya en la morisca... Ver mas
El rey de Castilla marchaba a la guerra contra los moros y para derrotar a los enemigos del cristianismo había llamado a lo más florido de la nobleza de sus reinos. Las silenciosas calles de Toledo resonaban noche y día con el marcial rumor de los atabales y los clarines y ya en la morisca puerta de Visagra, en la de Valmardón o en la embocadura del antiguo puente de San Martín, no pasaba hora sin que se oyese el ronco grito de los centinelas anunciando la llegada de algún caballero que, precedido de su pendón señorial y seguido de jinetes y peones, venía a reunirse al grueso ejército castellano.

El tiempo que faltaba para emprender el camino de la frontera y concluir de ordenar las huestes reales discurría en medio de fiestas públicas, lujosos convites y lucidos torneos. Al llegar la víspera del día señalado de antemano por el rey para la salida del ejército, en la que se dispuso un sarao, terminaron los regocijos [...].

Ha recibido 249 puntos

Vótalo:

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable...

40. ¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable...

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa;
antes que el sentimiento de su alma,
brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada... pero...
¡es tan hermosa!

Ha recibido 245 puntos

Vótalo:

Yo sé un himno gigante y extraño...

41. Yo sé un himno gigante y extraño...

Yo sé un himno gigante y extraño que anuncia en la noche del alma una aurora, y estas páginas son de este himno cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirlo, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma, con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas... Ver mas
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!
Si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.

Ha recibido 243 puntos

Vótalo:

¿Cómo vive esa rosa que has prendido...

42. ¿Cómo vive esa rosa que has prendido...

¿Cómo vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en la tierra
sobre el volcán la flor.

Ha recibido 241 puntos

Vótalo:

Como enjambre de abejas irritadas...

43. Como enjambre de abejas irritadas...

Como enjambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salen a perseguirnos los recuerdos
de las pasadas horas.

Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo tan inútil!
Me rodean, me acosan,
y unos tras otros a clavarme vienen
el agudo aguijón que el alma encona.

Ha recibido 225 puntos

Vótalo:

Dos rojas lenguas de fuego...

44. Dos rojas lenguas de fuego...

Dos rojas lenguas de fuego que a un mismo tronco enlazadas se aproximan, y al besarse forman una sola llama. Dos notas que del laúd a un tiempo la mano arranca, y en el espacio se encuentran y armoniosas se abrazan. Dos olas que vienen juntas a morir sobre una playa y que al romper... Ver mas
Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama.

Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.

Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.

Dos jirones de vapor
que del lago se levantan,
y al reunirse en el cielo
forman una nube blanca.


Dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,
eso son nuestras dos almas.

Ha recibido 224 puntos

Vótalo:

La corza blanca.

45. La corza blanca.

http://www.xtec.es/~jcosta/lacorza.htm

Don Dionís, un notable aragonés que había luchado en la Guerra Santa, tenía una hija, Constanza, que a su vez tenía un sirviente personal llamado Garcés. Un día, tras acabar la caza, se reunieron todos bajo unos árboles y le dijeron a Don Dionís que un zagal espantaba a los ciervos y a las... Ver mas
Don Dionís, un notable aragonés que había luchado en la Guerra Santa, tenía una hija, Constanza, que a su vez tenía un sirviente personal llamado Garcés. Un día, tras acabar la caza, se reunieron todos bajo unos árboles y le dijeron a Don Dionís que un zagal espantaba a los ciervos y a las corzas blancas ya que, al verlo, huían despavoridos.

Garcés no paraba de pensar en el relato de la corza blanca; él amaba a Constanza, la azucena del Moncayo, y pensó que si atrapaba la corza para ella, esta caería rendida a sus brazos. Salió armado del castillo pensando en que la atraparía. Después de luchar contra todo lo que se le ponía por delante consiguió verla y, gracias al destino, la corza blanca quedó atrapada en un matorral. Al intentar cogerla la corza habló y Garcés se quedó tan sorprendido que la liberó. Esta intentó escapar pero él le disparó una flecha y acertó en el blanco. Al acercarse descubrióque la corza blanca era su amada, Constanza, que se revolvía en su propia sangre tras haber sido alcanzada por la flecha de su amado.

Ha recibido 220 puntos

Vótalo:

La promesa.

46. La promesa.

http://www.xtec.es/~jcosta/laprome.htm

Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; lloraba sin gemir, pero las lágrimas corrían silenciosas a lo largo de sus mejillas deslizándose por entre sus dedos para caer en la tierra, hacia la que había doblado su frente. Junto a Margarita estaba Pedro. Este levantaba de cuando en... Ver mas
Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; lloraba sin gemir, pero las lágrimas corrían silenciosas a lo largo de sus mejillas deslizándose por entre sus dedos para caer en la tierra, hacia la que había doblado su frente. Junto a Margarita estaba Pedro. Este levantaba de cuando en cuando los ojos para mirarla y, viéndola llorar, tornaba a bajarlos, guardando a su vez un silencio profundo. [...]

Pedro rompió al fin aquel silencio angustioso, exclamando con voz sorda y entrecortada, y como si hablase consigo mismo:
-¡Es imposible... imposible!

Después, acercándose a la desconsolada niña y tomando una de sus manos, prosiguió con acento más cariñoso y suave:

-Margarita, para ti el amor es todo y no ves nada más allá del amor. No obstante, hay algo tan respetable como nuestro cariño y es mi deber. Nuestro señor, el conde de Gómara, parte mañana de su castillo para reunir su hueste a las del rey don Fernando, que va a sacar a Sevilla del poder de los infieles, y yo debo partir con el conde. Huérfano oscuro, sin nombre y sin familia, a él le debo cuanto soy. Yo le he servido en el ocio de las paces, he dormido bajo su techo, me he calentado en su hogar y he comido el pan a su mesa. Si hoy le abandono, mañana sus hombres de armas al salir en tropel por las poternas de su castillo preguntarán maravillados de no verme [...].

Ha recibido 219 puntos

Vótalo:

¡Qué hermoso es ver el día...

47. ¡Qué hermoso es ver el día...

¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego levantarse, y a su beso de lumbre brillar las olas y encenderse el aire! ¡Qué hermoso es tras la lluvia del triste otoño en la azulada tarde, de las húmedas flores el perfume beber hasta saciarse! ¡Qué hermoso es cuando en copos la blanca... Ver mas
¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y a su beso de lumbre
brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume beber hasta saciarse!

¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!

¡Qué hermoso es cuando hay sueño
dormir bien... y roncar como un sochantre...
y comer... y engordar... y qué desgracia
que esto solo no baste!

Ha recibido 214 puntos

Vótalo:

¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día...

48. ¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día...

¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día,
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mí que vale algo
eso... ¡ni lo pudiste sospechar!

Ha recibido 212 puntos

Vótalo:

¿De dónde vengo? El más horrible y áspero...

49. ¿De dónde vengo? El más horrible y áspero...

¿De dónde vengo? El más horrible y áspero de los senderos busca: Las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura; los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas, te dirán el camino que conduce a mi cuna. ¿A dónde voy? El más sombrío y triste de los páramos... Ver mas
¿De dónde vengo? El más horrible y áspero
de los senderos busca:
Las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;

los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿A dónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.

En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

Ha recibido 208 puntos

Vótalo:

Como en un libro abierto...

50. Como en un libro abierto...

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿a qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira!
Ya ves: soy un hombre... ¡y también lloro!

Ha recibido 207 puntos

Vótalo:

Olas gigantes que os rompéis bramando...

51. Olas gigantes que os rompéis bramando...

Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas y remotas, envuelto entre la sábana de espumas, ¡llevadme con vosotras! Ráfagas de huracán que arrebatáis del alto bosque las marchitas hojas, arrastrado en el ciego torbellino, ¡llevadme con vosotras! Nubes de tempestad... Ver mas
Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego encienden las sangrientas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

Ha recibido 207 puntos

Vótalo:

Cerraron sus ojos...

52. Cerraron sus ojos...

Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho, y entre aquella sombra veíase a intervalos... Ver mas
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intervalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
"¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!"

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedose desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
"¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!"

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila,
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo;
allí la acostaron,
tapiáronla luego,
y con un saludo
despidiose el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto,
perdido en las sombras
yo pensé un momento:
"¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!"

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan los huesos...!

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
a dejar tan tristes,
tan solos los muertos!

Ha recibido 207 puntos

Vótalo:

Yo soy el rayo, la dulce brisa...

53. Yo soy el rayo, la dulce brisa...

Yo soy el rayo, la dulce brisa, lágrima ardiente, fresca sonrisa, flor peregrina, rama tronchada; yo soy quien vibra, flecha acerada. Hay en mi esencia, como en las flores de mil perfumes, suaves vapores, y su fragancia fascinadora, trastorna el alma de quien adora. Yo mis aromas... Ver mas
Yo soy el rayo, la dulce brisa,
lágrima ardiente, fresca sonrisa,
flor peregrina, rama tronchada;
yo soy quien vibra, flecha acerada.

Hay en mi esencia, como en las flores
de mil perfumes, suaves vapores,
y su fragancia fascinadora,
trastorna el alma de quien adora.
Yo mis aromas doquier prodigo
ya el más horrible dolor mitigo,
y en grato, dulce, tierno delirio
cambio el más duro, cruel martirio.
¡Ah!, yo encadeno los corazones,
más son de flores los eslabones.
Navego por los mares,
voy por el viento
alejo los pesares
del pensamiento.
yo, en dicha o pena,
reparto a los mortales
con faz serena.
Poder terrible, que en mis antojos
brota sonrisas o brota enojos;
poder que abrasa un alma helada,
si airado vibro flecha acerada.

Doy las dulces sonrisas a las hermosas;
coloro sus mejillas de nieve y rosas;
humedezco sus labios, y sus miradas
hago prometer dichas no imaginadas.
Yo hago amable el reposo, grato, halagüeño,
o alejo de los seres el dulce sueño,

Todo a mi poderío rinde homenaje;
todo a mi corona dan vasallaje.
Soy amor, rey del mundo, niña tirana,
ámame, y tú la reina
serás mañana.

Ha recibido 207 puntos

Vótalo:

¡Quién fuera luna...

54. ¡Quién fuera luna...

¡Quién fuera luna,
quién fuera brisa,
quién fuera sol!

¡Quién del crepúsculo
fuera la hora,
quién el instante
de tu oración!
¡Quién fuera parte
de la plegaria
que solitaria
mandas a Dios!

¡Quién fuera luna
quién fuera brisa,
quién fuera sol!

Ha recibido 207 puntos

Vótalo:

Apoyando mi frente calurosa...

55. Apoyando mi frente calurosa...

Apoyando mi frente calurosa en el frío cristal de la ventana, en el silencio de la oscura noche de su balcón mis ojos no apartaba. En medio de la sombra misteriosa su vidriera lucía iluminada, dejando que mi vista penetrase en el puro santuario de su estancia. Pálido como el mármol... Ver mas
Apoyando mi frente calurosa
en el frío cristal de la ventana,
en el silencio de la oscura noche
de su balcón mis ojos no apartaba.

En medio de la sombra misteriosa
su vidriera lucía iluminada,
dejando que mi vista penetrase
en el puro santuario de su estancia.

Pálido como el mármol el semblante;
la blonda cabellera destrenzada,
acariciando sus sedosas ondas,
sus hombros de alabastro y su garganta,
mis ojos la veían, y mis ojos
al verla tan hermosa, se turbaban.

Mirábase al espejo; dulcemente
sonreía a su bella imagen lánguida,
y sus mudas lisonjas al espejo
con un beso dulcísimo pagaba...

Mas la luz se apagó; la visión pura
desvanecióse como sombra vana,
y dormido quedé, dándome celos
el cristal que su boca acariciara.

Ha recibido 207 puntos

Vótalo:

Nuestra pasión fue un trágico sainete...

56. Nuestra pasión fue un trágico sainete...

Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.

Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas.

Ha recibido 206 puntos

Vótalo:

¿No has sentido en la noche...

57. ¿No has sentido en la noche...

¿No has sentido en la noche, cuando reina la sombra una voz apagada que canta y una inmensa tristeza que llora? ¿No sentiste en tu oído de virgen las silentes y trágicas notas que mis dedos de muerto arrancaban a la lira rota? ¿No sentiste una lágrima mía deslizarse en tu boca, ni... Ver mas
¿No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.

Ha recibido 206 puntos

Vótalo:

Carta III.

58. Carta III.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_3

Queridos amigos: Hace dos o tres días, andando a la casualidad por entre estos montes, y habiéndome alejado más de lo que acostumbro en mis paseos matinales, acerté a descubrir, casi oculto entre las quiebras del terreno y fuera de todo camino, un pueblecillo cuya situación, por extremo... Ver mas
Queridos amigos:

Hace dos o tres días, andando a la casualidad por entre estos montes, y habiéndome alejado más de lo que acostumbro en mis paseos matinales, acerté a descubrir, casi oculto entre las quiebras del terreno y fuera de todo camino, un pueblecillo cuya situación, por extremo pintoresca, me agradó tanto, que no pude por menos de aproximarme a él para examinarle a mis anchas. Ni aún pregunté su nombre, y si mañana o el otro quisiera buscarle por su situación en el mapa, creo que no lo encontraría: tan pequeño es y tan olvidado parece entre las ásperas sinuosidades del Moncayo.

Figúrense ustedes en el declive de una montaña inmensa, y sobre una roca que parece servirle de pedestal, un castillo del que solo quedan en pie la torre del homenaje, algunos lienzos de muro carcomidos y musgosos. Agrupadas alrededor de este esqueleto de fortaleza, cual si quisiesen todavía dormir seguras a su sombra como en la edad de hierro en que debió alzarse, se ven algunas casas, pequeñas heredades con sus bardales de heno, sus tejados rojizos y sus chimeneas desiguales y puntiagudas, por cima de las que se eleva el campanario de la parroquia con su reloj de sol, su esquiloncillo que llama a la primera misa y su gallo de hojalata, que gira en lo alto de la veleta a merced de los vientos [...].

Ha recibido 205 puntos

Vótalo:

La cueva de la mora.

59. La cueva de la mora.

http://www.xtec.es/~jcosta/lacueva.htm

Frente al establecimiento de baños de Fitero y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el río Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la Reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables hazañas, tanto por parte... Ver mas
Frente al establecimiento de baños de Fitero y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el río Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la Reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables hazañas, tanto por parte de los que lo defendieron como de los que valerosamente clavaron sobre sus almenas el estandarte de la cruz. De los muros no quedan más que algunos ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han caído unas sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí un lienzo de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la yedra; allí un torreón que aún se tiene en pie como por milagro; más allá los postes de argamasa con las anillas de hierro que sostenían el puente colgante.

Durante mi estancia en los baños, ya por hacer ejercicio que, según me decían, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas las tardes tomaba entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza árabe y allí me pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por ver si encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, y metiéndome por todos los rincones, con la idea de encontrar la entrada de alguno de esos subterráneos que es fama existen en todos los castillos de los moros [...].

Ha recibido 202 puntos

Vótalo:

Dejé la luz a un lado, y en el borde...

60. Dejé la luz a un lado, y en el borde...

Dejé la luz a un lado, y en el borde de la revuelta cama me senté, Mudo, sombrío, la pupila inmóvil clavada en la pared. ¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme la embriaguez horrible de dolor, expiraba la luz y en mis balcones reía el sol. Ni sé tampoco en tan terribles horas en... Ver mas
Dejé la luz a un lado, y en el borde
de la revuelta cama me senté,
Mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.

¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
la embriaguez horrible de dolor,
expiraba la luz y en mis balcones
reía el sol.

Ni sé tampoco en tan terribles horas
en qué pensaba o que pasó por mí;
solo recuerdo que lloré y maldije,
y que en aquella noche envejecí.

Ha recibido 202 puntos

Vótalo:

Fingiendo realidades...

61. Fingiendo realidades...

Fingiendo realidades
con sombra vana,
delante del deseo
va la esperanza.
Y sus mentiras
como el Fénix renacen
de sus cenizas.

Ha recibido 200 puntos

Vótalo:

Sacudimiento extraño...

62. Sacudimiento extraño...

Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel; murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcán que sordo anuncia que va a arder; deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como un través de un tul; colores que... Ver mas
Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;

murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;

deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como un través de un tul;

colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del Iris
que nadan en la luz

ideas sin palabras
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;

memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría
impulsos de llorar;

actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin rienda que lo guíe
caballo volador;

locura que el espíritu
exalta y enardece
embriaguez divina
del genio creador...
¡Tal es la inspiración!

gigante voz que el caos
ordena en el cerebro,
y entre las sombras hace
la luz aparecer;

brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel;

hilo de luz que en haces
lo pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el cénit;

inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir;

armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;

cincel que el bloque muerde
la estatua moldeando
y la belleza plástica
añade a la ideal;

atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción;

raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga;
oasis que al espíritu
devuelve con vigor...
¡Tal es nuestra razón!

Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo el genio puede
a un yugo atar las dos.

Ha recibido 199 puntos

Vótalo:

Como guarda el avaro su tesoro...

63. Como guarda el avaro su tesoro...

Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
le quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.

Mas hoy le llamo en vano y oigo al tiempo
que le agotó, decir:
"¡Ah, barro miserable, eternamente
no podrás ni aun sufrir!"

Ha recibido 195 puntos

Vótalo:

Al brillar un relámpago nacemos...

64. Al brillar un relámpago nacemos...

Al brillar un relámpago nacemos
y aún dura su fulgor cuando morimos:
¡Tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡Despertar es morir!

Ha recibido 195 puntos

Vótalo:

Hoy como ayer, mañana como hoy...

65. Hoy como ayer, mañana como hoy...

Hoy como ayer, mañana como hoy ¡y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno y andar... andar. Moviéndose a compás como una estúpida máquina, el corazón; la torpe inteligencia del cerebro dormida en un rincón. El alma, que ambiciona un paraíso, buscándole sin fe; fatiga sin... Ver mas
Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.

Moviéndose a compás como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.


Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer... y todos ellos
sin goce ni dolor.

¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!

Ha recibido 194 puntos

Vótalo:

Su mano entre mis manos...

66. Su mano entre mis manos...

Su mano entre mis manos, sus ojos en mis ojos, la amorosa cabeza apoyada en mi hombro, Dios sabe cuántas veces, con paso perezoso, hemos vagado juntos bajo los altos olmos que de su casa prestan misterio y sombra al pórtico! Y ayer... un año apenas, pasando como un soplo con qué... Ver mas
Su mano entre mis manos,
sus ojos en mis ojos,
la amorosa cabeza
apoyada en mi hombro,
Dios sabe cuántas veces,
con paso perezoso,
hemos vagado juntos
bajo los altos olmos
que de su casa prestan
misterio y sombra al pórtico!
Y ayer... un año apenas,
pasando como un soplo
con qué exquisita gracia
con qué admirable aplomo,
me dijo al presentarnos
un amigo oficioso:
“Creo que alguna parte
he visto a usted” ¡Ah, bobos
que sois de los salones
comadres de buen tono,
y andáis por allí a caza
de galantes embrollos.
¡Qué historía habéis perdido!
¡Qué manjar tan sabroso!
para ser devorado
“soto voce” en un corro,
detrás de abanico
de plumas de oro!

¡Discreta y casta luna,
copudos y altos olmos,
paredes de su casa,
umbrales de su pórtico,
callad, y que en secreto
no salga con vosotros!
Callad; que por mi parte
lo he vivido todo:
y ella... ella... ¡no hay máscara
semejante a su rostro!

Ha recibido 192 puntos

Vótalo:

Si de nuestros agravios en un libro...

67. Si de nuestros agravios en un libro...

Si de nuestros agravios en un libro
se escribiese la historia,
y se borrase en nuestras almas cuanto
se borrase en sus hojas;

te quiero tanto aún; dejó en mi pecho
tu amor huellas tan hondas,
que sólo con que tú borrases una,
¡las borraba yo todas!

Ha recibido 188 puntos

Vótalo:

Si copia tu frente...

68. Si copia tu frente...

Si copia tu frente del río cercano la pura corriente y miras tu rostro del amor encendido, soy yo, que me escondo del agua en el fondo y, loco de amores, a amar te convido; soy yo, que, en tu pecho buscada morada, envío a tus ojos mi ardiente mirada, mi blanca divina... y el fuego que... Ver mas
Si copia tu frente
del río cercano la pura corriente
y miras tu rostro del amor encendido,
soy yo, que me escondo
del agua en el fondo
y, loco de amores, a amar te convido;
soy yo, que, en tu pecho buscada morada,
envío a tus ojos mi ardiente mirada,
mi blanca divina...
y el fuego que siento la faz te ilumina.

Si en medio del valle
en tardo se trueca tu amor animado,
vacila tu planta, se pliega tu talle...
soy yo, dueño amado,
que, en no vistos lazos
de amor anhelante, te estrecho en mis brazos;
soy yo quien te teje la alfombra florida
que vuelve a tu cuerpo la fuerza de la vida;
soy yo, que te sigo
en alas del viento soñando contigo.

Si estando en tu lecho
escuchas acaso celeste armonía
que llena de goces tu cándido pecho,
soy yo, vida mía;
soy yo, que levanto
al cielo tranquilo mi férvido canto;
soy yo, que, los aires cruzando ligero
por un ignorado, movible sendero,
ansioso de calma,
sediento de amores, penetro en tu alma.

Ha recibido 188 puntos

Vótalo:

Espíritu sin nombre...

69. Espíritu sin nombre...

Espíritu sin nombre, indefinible esencia, yo vivo con la vida sin formas de la idea. Yo nado en el vacío del sol tiemblo en la hoguera palpito entre las sombras y floto con las nieblas. Yo soy el fleco de oro de la lejana estrella, yo soy de la alta luna la luz tibia y serena... Ver mas
Espíritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.

Yo nado en el vacío
del sol tiemblo en la hoguera
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.

Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.

Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea;
yo soy del astro errante
la luminosa estela.

Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul onda en los mares
y espuma en las riberas.

En el laúd soy nota,
perfume en la violeta,
fugas llama en las tumbas
y en las ruinas hiedra.

Yo atrueno en el torrente,
y silbo en la centella
y ciego en el relámpago
y rujo en la tormenta.

Yo río en los alcores
susurro en la alta yerba,
suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca.

Yo ondulo con los átomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.

Yo, en los dorados hilos
que los insectos cuelgan
me mezclo entre los árboles
en la ardorosa siesta.

Yo corro tras las ninfas
que en la corriente fresca
del cristalino arroyo
desnudas juguetean.

Yo, en bosque de corales,
que alfombran blancas perlas,
persigo en el océano
las náyades ligeras.

Yo, en las cavernas cóncavas,
do el sol nunca penetra,
mezclándome a los gromos
contemplo sus riquezas.

Yo busco de los siglos
las ya borradas huellas,
y sé de esos imperios
de que ni el nombre queda.

Yo sigo en raudo vértigo
los mundos que voltean,
y mi pupila abarca
la creación entera.

Yo sé de esas regiones
a do rumor no llega,
y donde informes astros
de vida un soplo esperan.

Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa;
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra.

Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.

Yo soy, en fin, ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta.

Ha recibido 187 puntos

Vótalo:

Cendal flotante de leve bruma...

70. Cendal flotante de leve bruma...

Cendal flotante de leve bruma, rizada cinta de blanca espuma, rumor sonoro de arpa de oro, beso del aura, onda de luz, eso eres tú. Tú, sombra aérea que cuantas veces voy a tocarte, te desvaneces como la llama, como el sonido, como la niebla, como un gemido del lago azul. En mar... Ver mas
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.

Tú, sombra aérea que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como un gemido
del lago azul.

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento.
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
Eso soy yo.


¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día
yo, que incansable como demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

Ha recibido 187 puntos

Vótalo:

Este armazón de huesos y pellejo...

71. Este armazón de huesos y pellejo...

Este armazón de huesos y pellejo de pasear una cabeza loca cansado se halla al fin, y no lo extraño; pues, aunque es la verdad que no soy viejo, de la parte de vida que me toca en la vida del mundo, por mi daño he hecho un uso tal, que juraría que he condensado un siglo en cada día... Ver mas
Este armazón de huesos y pellejo
de pasear una cabeza loca
cansado se halla al fin, y no lo extraño;
pues, aunque es la verdad que no soy viejo,

de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi daño
he hecho un uso tal, que juraría
que he condensado un siglo en cada día.

Así, aunque ahora muriera,
no podría decir que no he vivido;
que el sayo, al parecer nuevo por fuera,
conozco que por dentro ha envejecido.

Ha envejecido, sí, ¡pese a mi estrella!
harto lo dice ya mi afán doliente;
que hay dolor que al pasar su horrible huella
graba en el corazón, si no en la frente.

Ha recibido 187 puntos

Vótalo:

El caudillo de las manos rojas.

72. El caudillo de las manos rojas.

http://www.xtec.es/~jcosta/elcaudi.htm

Pulo, un rajá, asesina a su hermano, Tippot-Delhi, para casarse con su esposa Siananah. Posteriormente, esta será su acompañante en la peregrinación para obtener el perdón de los dioses y hacer que sus manos, rojas como la sangre, vuelvan a su color normal. Los dioses le dan una oportunidad... Ver mas
Pulo, un rajá, asesina a su hermano, Tippot-Delhi, para casarse con su esposa Siananah. Posteriormente, esta será su acompañante en la peregrinación para obtener el perdón de los dioses y hacer que sus manos, rojas como la sangre, vuelvan a su color normal.

Los dioses le dan una oportunidad de perdón. Deberá lavarse las manos con nieve en el Himalaya a la misma hora del asesinato, pero se distrae besando a su amante. Desesperado, se suicida y, con él, su amada.

Ha recibido 186 puntos

Vótalo:

Es el alba una sombra...

73. Es el alba una sombra...

Es el alba una sombra
de tu sonrisa,
y un rayo de tus ojos
la luz del día;
pero tu alma
es la noche de invierno
negra y helada.

Ha recibido 186 puntos

Vótalo:

Pasaba arrolladora en su hermosura...

74. Pasaba arrolladora en su hermosura...

Pasaba arrolladora en su hermosura
y el paso le dejé,
ni aun mirarla me volví, y no obstante
algo en mi oído murmuró “Esa es”.

¿Quién reunió la tarde a la mañana?
Lo ignoro; solo sé
que en una breve noche de verano
se unieron los crepúsculos y... “fue”.

Ha recibido 185 puntos

Vótalo:

Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos...

75. Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos...

Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos, la imagen de tus ojos se quedó, como la mancha oscura, orlada en el fuego, que flota y ciega si se mira al sol. Adondequiera que la vista clavo, torno a ver tus pupilas llamear; mas no te encuentro a ti; que es tu mirada: unos ojos, los tuyos... Ver mas
Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura, orlada en el fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.

Adondequiera que la vista clavo,
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por tus ojos
pero a dónde me arrastran, no lo sé.

Ha recibido 182 puntos

Vótalo:

Cruza callada y son sus movimientos...

76. Cruza callada y son sus movimientos...

Cruza callada y son sus movimientos silenciosa armonía; suenan sus pasos, y al sonar recuerdan del himno alado la cadencia rítmica. Los entreabre, aquellos ojos tan claros como el día, y la tierra y el cielo, cuando abarcan, arden con nueva luz en sus pupilas. Ríe, y su carcajada... Ver mas
Cruza callada y son sus movimientos
silenciosa armonía;
suenan sus pasos, y al sonar recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica.

Los entreabre, aquellos ojos
tan claros como el día,
y la tierra y el cielo, cuando abarcan,
arden con nueva luz en sus pupilas.

Ríe, y su carcajada tiene notas
del agua fugitiva;
llora, y es cada lágrima un poema
de ternura infinita.

Ella tiene la luz, tiene el perfume,
el color y la línea,
la forma, engendradora de deseos,
la expresión, fuente eterna de poesía.


¿Que es estúpida?... ¡Bah!, mientras, callando
guarde obscuro el enigma,
siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla
más que lo que cualquiera otra me lo diga.

Ha recibido 182 puntos

Vótalo:

Cuando miro el azul horizonte...

77. Cuando miro el azul horizonte...

Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos a través de una gasa de polvo dorado e inquieto, me parece posible arrancarme del mísero suelo, y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho. Cuando miro de noche en el fondo obscuro del cielo las estrellas... Ver mas
Cuando miro el azul horizonte
perderse a lo lejos
a través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
me parece posible arrancarme
del mísero suelo,
y flotar con la niebla dorada
en átomos leves
cual ella deshecho.

Cuando miro de noche en el fondo
obscuro del cielo
las estrellas temblar, como ardientes
pupilas de fuego,
me parece posible a do brillan
subir en un vuelo,
y anegarme en su luz, y con ella
en lumbre encendido
fundirme en un beso


En el mar de la duda en que bogo
ni aún sé lo que creo:
¡Sin embargo, estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro!

Ha recibido 181 puntos

Vótalo:

El gnomo.

78. El gnomo.

http://www.xtec.es/~jcosta/elgnomo.htm

Un grupo de muchachas que volvían de la fuente de coger agua se encuentran con el Tío Gregorio, el más anciano del lugar, el cual les explicó por qué volvían tan tarde de la fuente. Ellas le pidieron que les contara una historia y él les dijo que no debían volver tan tarde de la fuente, puesto... Ver mas
Un grupo de muchachas que volvían de la fuente de coger agua se encuentran con el Tío Gregorio, el más anciano del lugar, el cual les explicó por qué volvían tan tarde de la fuente. Ellas le pidieron que les contara una historia y él les dijo que no debían volver tan tarde de la fuente, puesto que tendrían problemas. Las advirtió de que, además de lobos, por la noche a esa fuente iban los gnomos, unos seres malvados.

El Tío Gregorio les dijo que, una vez, un pastor perdido entró en una de las cuevas de los gnomos y estuvo a punto de morir por su codicia, puesto que la cueva estaba llena de las más inimaginables riquezas, pero que al final salió de la cueva sin coger nada y que murió poco tiempo después. Las muchachas se fueron y ninguna le había creído, excepto dos, Marta y Magdalena, las cuales eran huérfanas y se tenían un odio profundo, puesto que eran muy diferentes.

Al día siguiente, las dos muchachas decidieron ir a la fuente cuando ya se había hecho de noche. A Marta le comenzó a hablar el agua, para que se fuera con ella, y a Magdalena le comenzó a hablar el viento. Al final las convencieron y se fueron cada una con uno. Al otro día apareció Magdalena, pálida, asustada y a punto de morir, pero de Marta no se volvió a saber nada más, excepto que encontraron al día siguiente su jarro roto. Hay gente que dice que algunas noches se oye llorar a Marta, prisionera del agua en el fondo de la fuente. Desde entonces, todas las muchachas van a llenar sus jarros al amanecer y vuelven muy pronto.

Ha recibido 180 puntos

Vótalo:

Tu pupila es azul, y cuando ríes...

79. Tu pupila es azul, y cuando ríes...

Tu pupila es azul, y cuando ríes, su claridad suave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana que en el mar se refleja. Tu pupila es azul, y cuando lloras, las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una violeta. Tu pupila es azul, y si en su fondo como un... Ver mas
Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece, en el cielo de la tarde,
¡una perdida estrella!

Ha recibido 180 puntos

Vótalo:

Despierta, tiemblo al mirarte...

80. Despierta, tiemblo al mirarte...

Despierta, tiemblo al mirarte: dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo cuando tú duermes. Despierta, ríes y al reír tus labios inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean sobre un cielo de nieve. Dormida, los extremos de tu boca pliega sonrisa leve... Ver mas
Despierta, tiemblo al mirarte:
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo cuando tú duermes.

Despierta, ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja en sol que muere.


¡Duerme!


Despierta miras y al mirar tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.


Al través de tus párpados, dormida;
tranquilo fulgor vierten
cual derrama de luz templado rayo
lámpara transparente.


¡Duerme!


Despierta hablas, y al hablar vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.


Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.

¡Duerme!


Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y en la noche
turbe la calma solemne:


De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.

¡Duerme!

Ha recibido 180 puntos

Vótalo:

La creación.

81. La creación.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#creaci%C3%B3n

Los aéreos picos del Himalaya se coronan de nieblas oscuras en cuyo seno hierve el rayo y sobre las llanuras que se extienden a sus pies flotan nubes de ópalo que derraman sobre las flores un rocío de perlas. Sobre la onda pura del Ganges se mece la simbólica flor del loto y en la ribera aguarda... Ver mas
Los aéreos picos del Himalaya se coronan de nieblas oscuras en cuyo seno hierve el rayo y sobre las llanuras que se extienden a sus pies flotan nubes de ópalo que derraman sobre las flores un rocío de perlas. Sobre la onda pura del Ganges se mece la simbólica flor del loto y en la ribera aguarda su víctima el cocodrilo, verde como las hojas de las plantas acuáticas que lo esconden a los ojos del viajero. En las selvas del Indostán hay árboles gigantescos, cuyas ramas ofrecen un pabellón al cansado peregrino y otros cuya sombra letal lo llevan desde el sueño a la muerte.

El amor es un caos de luz y de tinieblas; la mujer, una amalgama de perjurios y ternura; el hombre, un abismo de grandeza y pequeñez; la vida, en fin, puede compararse a una larga cadena con eslabones de hierro y de oro [...].

Ha recibido 175 puntos

Vótalo:

Tres fechas.

82. Tres fechas.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#TRES

En una cartera de dibujo que conservo aún llena de ligeros apuntes hechos durante algunas de mis excursiones semiartísticas a la ciudad de Toledo, hay escritas tres fechas. Los sucesos de que guardan la memoria estos números son hasta cierto punto insignificantes. Sin embargo, con su recuerdo me... Ver mas
En una cartera de dibujo que conservo aún llena de ligeros apuntes hechos durante algunas de mis excursiones semiartísticas a la ciudad de Toledo, hay escritas tres fechas. Los sucesos de que guardan la memoria estos números son hasta cierto punto insignificantes. Sin embargo, con su recuerdo me he entretenido en formar algunas noches de insomnio una novela más o menos sentimental o sombría, según que mi imaginación se hallaba más o menos exaltada y propensa a ideas risueñas o terribles.

Si a la mañana siguiente de uno de estos nocturnos y extravagantes delirios hubiera podido escribir los extraños episodios de las historias imposibles que forjo antes que se cierren del todo mis párpados, historias cuyo vago desenlace flota por último indeciso, en ese punto que separa la vigilia del sueño, seguramente formarían un libro disparatado, pero original y acaso interesante.

No es eso lo que pretendo hacer ahora. Esas fantasías ligeras y, por decirlo así, impalpables, son en cierto modo como las mariposas, que no pueden cogerse en las manos sin que se quede entre los dedos el polvo de oro de sus alas [...].

Ha recibido 175 puntos

Vótalo:

La venta de los gatos.

83. La venta de los gatos.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#LA%20VENTA%20DE%20LOS

En Sevilla y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena hay entre otros ventorrillos célebres uno que, por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y... Ver mas
En Sevilla y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena hay entre otros ventorrillos célebres uno que, por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y característico de todos los ventorrillos andaluces.

Figuraos una casita blanca como el ampo de la nieve, con su cubierta de tejas rojizas las unas, verdinegras las otras, y entre las cuales crecen un sinfín de jaramagos y matas de reseda. Un cobertizo de madera baña en sombra el dintel de la puerta, a cuyos lados hay dos poyos de ladrillo y argamasa. Empotradas en el muro que rompen varios ventanillos abiertos a capricho para dar luz al interior, y de los cuales unos son más bajos y otros más altos, éste en forma cuadrangular, aquél imitando un ajimez o una claraboya, se ven de trecho en trecho algunas estacas y anillas de hierro que sirven para atar las caballerías. Una parra añosísima, que retuerce sus negruzcos troncos por entre la armazón de maderos que la sostienen, vistiéndolos de pámpanos y hojas verdes y anchas, cubre como un dosel al estrado, el cual lo componen tres bancos de pino, media docena de sillas de anea desvencijadas y hasta seis o siete mesas cojas y hechas de tablas mal unidas.

Por uno de los costados de la casa sube una madreselva, agarrándose a las grietas de las paredes, hasta llegar al tejado, de cuyo alero penden algunas guías que se mecen con el aire, semejando flotantes pabellones de verdura. Al pie del otro corre una cerca de cañizo, señalando los límites de un pequeño jardín que parece una canastilla de juncos rebosando de flores [...].

Ha recibido 175 puntos

Vótalo:

Las ondas tienen vaga armonía...

84. Las ondas tienen vaga armonía...

Primera voz: Las ondas tienen vaga armonía, Las violetas suave olor, brumas de plata la noche fría, luz y oro el día; yo algo mejor: ¡yo tengo amor! Segunda voz: Aura de aplausos, nube rabiosa, ola de envidia que besa el pie. Isla de sueños donde reposa el alma ansiosa... Ver mas
Primera voz:

Las ondas tienen vaga armonía,
Las violetas suave olor,
brumas de plata la noche fría,
luz y oro el día;
yo algo mejor:
¡yo tengo amor!


Segunda voz:

Aura de aplausos, nube rabiosa,
ola de envidia que besa el pie.
Isla de sueños donde reposa
el alma ansiosa.
¡Dulce embriaguez
la gloria es!


Tercera voz:

Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye la vanidad,
todo es mentira: la gloria, el oro.
Lo que yo adoro
solo es verdad:
¡la libertad!
Así los barqueros pasaban cantando
la eterna canción,
y al golpe del remo saltaba la espuma
y heríala el sol.
"¿Te embarcas?", gritaban, y yo sonriendo
les dije al pasar:
"a tiempo lo hice, por cierto que aún tengo
la ropa en la playa tendida a secar".

Ha recibido 175 puntos

Vótalo:

Yo me acogí, como perdido nauta...

85. Yo me acogí, como perdido nauta...

Yo me acogí, como perdido nauta,
a una mujer, para pedirle amor,
y fue su amor cansancio a mis sentidos,
hielo a mi corazón.

Y quedé, de mi vida en la carrera,
que un mundo de esperanza ayer pobló,
como queda un viandante en el desierto:
¡A solas con Dios!

Ha recibido 175 puntos

Vótalo:

Es un sueño la vida...

86. Es un sueño la vida...

Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo...
¡Ojalá fuera un sueño
muy largo y muy profundo,
un sueño que durara hasta la muerte!
Yo soñaría con mi amor y el tuyo.

Ha recibido 175 puntos

Vótalo:

El aderezo de esmeraldas.

87. El aderezo de esmeraldas.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#EL%20ADEREZO%20DE

Estábamos parados en la carrera de San Jerónimo frente a la casa de Durán y leíamos el título de un libro de Méry. Como me llamase la atención aquel título extraño y se lo dijese así al amigo que me acompañaba, este, apoyándose ligeramente en mi brazo, exclamó: -El día está hermoso a más no... Ver mas
Estábamos parados en la carrera de San Jerónimo frente a la casa de Durán y leíamos el título de un libro de Méry. Como me llamase la atención aquel título extraño y se lo dijese así al amigo que me acompañaba, este, apoyándose ligeramente en mi brazo, exclamó:

-El día está hermoso a más no poder; vamos a dar una vuelta por la Fuente Castellana; mientras dura el paseo, te contaré una historia en la que yo soy el héroe principal. Verás cómo, después de oírla, no sólo lo comprendes sino que te lo explicas de la manera más fácil del mundo.

Yo tenía bastante que hacer; pero como siempre estoy deseando un pretexto para no hacer nada, acepté la proposición, y mi amigo comenzó de esta manera su historia:

-Hace algún tiempo, una noche en que salí a dar vueltas por las calles sin más objeto que el de dar vueltas, después de haber examinado todas la colecciones de estampas y fotografías de los establecimientos, de haber escogido con la imaginación delante de la tienda de los Saboyanos los bronces con que yo adornaría mi casa, si la tuviese, de haber pasado, en fin, una revista minuciosa a todos los objetos de artes y de lujo expuestos al público detrás de los iluminados cristales de las anaquelerías, me detuve un momento en la de Samper [...].

Ha recibido 173 puntos

Vótalo:

Es cuestión de palabras, y, no obstante...

88. Es cuestión de palabras, y, no obstante...

Es cuestión de palabras, y, no obstante,
ni tú ni yo jamás,
después de lo pasado, convendremos
en quién la culpa está.

¡Lástima que el amor un diccionario
no tenga dónde hallar
cuándo el orgullo es simplemente orgullo
y cuándo es dignidad!

Ha recibido 173 puntos

Vótalo:

¡Cuántas veces al pie de las musgosas...

89. ¡Cuántas veces al pie de las musgosas...

¡Cuántas veces al pie de las musgosas paredes que la guardan, oí la esquila que al mediar la noche a los maitines llama! ¡Cuántas veces trazó mi silueta la luna plateada, junto a la del ciprés que de su huerto se asoma por las tapias! Cuando en sombras la iglesia se envolvía, de su... Ver mas
¡Cuántas veces al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama!

¡Cuántas veces trazó mi silueta
la luna plateada,
junto a la del ciprés que de su huerto
se asoma por las tapias!

Cuando en sombras la iglesia se envolvía,
de su ojiva calada,
¡cuántas veces temblar sobre los vidrios
vi el fulgor de la lámpara!

Aunque el viento en los ángulos oscuros
de la torre silbara,
del coro entre las voces percibía
su voz vibrante y clara.

En las noches de invierno, si un medroso
por la desierta plaza
se atrevía a cruzar, al divisarme,
el paso aceleraba.

Y no faltó una vieja que en el torno
dijese a la mañana
que de algún sacristán muerto en pecado
era yo el alma.

A oscuras conocía los rincones
del atrio y la portada;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.

Los búhos, que espantados me seguían
con sus ojos de llamas,
llegaron a mirarme con el tiempo
como a un buen camarada.

A mi lado sin miedo los reptiles
se movían a rastras;
¡hasta los mudos santos de granito
creo que me saludaban!

Ha recibido 173 puntos

Vótalo:

¿Será verdad que cuando toca el sueño...

90. ¿Será verdad que cuando toca el sueño...

¿Será verdad que cuando toca el sueño con sus dedos de rosa nuestros ojos, de la cárcel que habita huye el espíritu en vuelo presuroso? ¿Será verdad que, huésped de las nieblas, de la brisa nocturna al tenue soplo, alado sube a la región vacía a encontrarse con otros? ¿Y allí desnudo... Ver mas
¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?

¿Y allí desnudo de la humana forma,
allí los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?

¿Y ríe y llora y aborrece y ama
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?

¡Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros:
lo que sé es que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco!

Ha recibido 172 puntos

Vótalo:

Tu aliento es el aliento de las flores...

91. Tu aliento es el aliento de las flores...

Tu aliento es el aliento de las flores,
tu voz es de los cisnes la armonía;
es tu mirada el esplendor del día,
y el color de la rosa es tu color.
Tú prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto:
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en un páramo la flor.

Ha recibido 172 puntos

Vótalo:

Creed en Dios.

92. Creed en Dios.

http://www.xtec.es/~jcosta/creeden.htm

Esta leyenda habla sobre un conde, Teobaldo, huérfano de madre desde que nació y huérfano de padre unos años después. Era un hombre malo, ruin y que trataba muy mal a la gente. Un día de cacería fue a refugiarse a una iglesia puesto que no había cazado nada. Por este motivo estuvo a punto de... Ver mas
Esta leyenda habla sobre un conde, Teobaldo, huérfano de madre desde que nació y huérfano de padre unos años después. Era un hombre malo, ruin y que trataba muy mal a la gente. Un día de cacería fue a refugiarse a una iglesia puesto que no había cazado nada. Por este motivo estuvo a punto de matar al religioso, mientras este le decía que se arrepintiese, pero Teobaldo le respondió que no creía en Dios. De repente se oyó la voz de un jabalí que andaba por allí cerca. Salió corriendo detrás de él hasta que llegó a herirle, pero justo en ese momento su caballo murió de lo exhausto. En ese momento apareció un paje que le dio un rocín negro y que sonrió en el momento en que montó Teobaldo. Entonces el caballo se desbocó y estuvo corriendo largo tiempo a través de valles, pueblos y montañas y llegó un momento en que el caballo empezó a volar por el cielo y Teobaldo iba viendo a los pecadores, a los que habían sido aceptados en el cielo, a los arcángeles, a la Virgen...

Después de un largo camino llegó un momento en que se paró ante Dios. Subió la cabeza para mirarlo y en ese momento se encontró cegado, herido, cayendo en un abismo. Se despertó y se encontró en el bosque en el que había herido al jabalí, en el que había muerto su caballo.

Estaba lejos de su señorío así que fue a una casa buscando asilo y cuando les decía su nombre a los habitantes se reían de él o lo tomaban por loco. Al final llegó al día siguiente a su castillo, el cual estaba viejo, sin vigías y diferente. Se abrió y salió un religioso para recibirle. Este le explicó que al conde se lo había llevado el diablo y que como no tenía descendencia le habían donado sus posesiones al clero. El monje le preguntó por su identidad y el respondió que tan solo era un miserable arrepentido que quería ingresar en la orden. A partir de allí empezó a creer en Dios.

Ha recibido 171 puntos

Vótalo:

Fatigada del baile...

93. Fatigada del baile...

Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento, apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo. Entre la leve gasa que levantaba el palpitante seno, una flor se mecía en compasado y dulce movimiento. Como cuna de nácar que empuja al mar y que acaricia el céfiro... Ver mas
Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.

Como cuna de nácar
que empuja al mar y que acaricia el céfiro
tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.

¡Oh! ¡Quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño!

Ha recibido 171 puntos

Vótalo:

Cuando en la noche te envuelven...

94. Cuando en la noche te envuelven...

Cuando en la noche te envuelven las alas de tul del sueño y tus tendidas pestañas semejan arcos de ébano, por escuchar los latidos de tu corazón inquieto y reclinar tu dormida cabeza sobre mi pecho, diera, alma mía, cuanto poseo, la luz, el aire y el pensamiento! cuanto se clavan tus... Ver mas
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo,
la luz, el aire
y el pensamiento!
cuanto se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo,
la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuanto enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.

Ha recibido 171 puntos

Vótalo:

Las ropas desceñidas...

95. Las ropas desceñidas...

Las ropas desceñidas, desnudas las espadas, en el dintel de oro de la puerta dos ángeles velaban. Me aproximé a los hierros que defienden la entrada, y de las dobles rejas en el fondo la vi confusa y blanca. La vi como la imagen que en un ensueño pasa, como un rayo de luz tenue y... Ver mas
Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.

Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.

La vi como la imagen
que en un ensueño pasa,
como un rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.

Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
¡como atrae un abismo, aquel misterio
hacía si me arrastraba!


Mas, ¡ay!, que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
"¡El umbral de esta puerta
solo Dios lo traspasa!"

Ha recibido 171 puntos

Vótalo:

Besa el aura que gime blandamente...

96. Besa el aura que gime blandamente...

Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;

la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.

Ha recibido 170 puntos

Vótalo:

Yo me he asomado a las profundas cimas...

97. Yo me he asomado a las profundas cimas...

Yo me he asomado a las profundas cimas
de la tierra y del cielo
y les he visto el fin con los ojos
o con el pensamiento.

Mas, ¡ay!,de un corazón llegué al abismo,
y me incliné por verlo,
y mi alma y mis ojos se turbaron:
¡tan hondo era y tan negro!

Ha recibido 170 puntos

Vótalo:

Carta IV.

98. Carta IV.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_4

Queridos amigos: El tiempo, que hasta aquí se mantenía revuelto y mudable, ha sufrido últimamente una nueva e inesperada variación, cosa, a la verdad, poco extraña a estas alturas, donde la proximidad del Moncayo nos tiene de continuo, como a los espectadores de una comedia de magia... Ver mas
Queridos amigos:

El tiempo, que hasta aquí se mantenía revuelto y mudable, ha sufrido últimamente una nueva e inesperada variación, cosa, a la verdad, poco extraña a estas alturas, donde la proximidad del Moncayo nos tiene de continuo, como a los espectadores de una comedia de magia, embobados y suspensos con el rápido mudar de las decoraciones y las escenas. A las alternativas de frío y calor, de aires y de bochorno de una primavera que, en cuanto a desigual y caprichosa, nada tiene que envidiar a la que disfrutan ustedes en la coronada villa, ha sucedido un tiempo constante, sereno y templado. Merced a estas circunstancias y a encontrarme bastante mejor de las dolencias que, cuando no me imposibilitan del todo, me quitan por lo menos el gusto para las largas expediciones, he podido dar una gran vuelta por estos contornos y visitar los pintorescos lugares del Somontano.

Fuera de camino, ya trepando de roca en roca, ya siguiendo el curso de una huella o las profundidades de una cañada, he vagado tres o cuatro días de un punto a otro por donde me llamaban el atractivo de la novedad, un sitio inexplorado, una senda accidentada, una punta al parecer inaccesible [...].

Ha recibido 170 puntos

Vótalo:

Un tesoro.

99. Un tesoro.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#UN

¡Ánimo, amigo don Restituto, ánimo! Más trabajo pasaría Colón para descubrir el Nuevo Mundo, y usted no podrá menos de convenir que se trataba de una bicoca comparado con el asunto que traemos entre manos. El Arte, la Arqueología y la Historia aguardan impacientes el resultado de nuestra... Ver mas
¡Ánimo, amigo don Restituto, ánimo! Más trabajo pasaría Colón para descubrir el Nuevo Mundo, y usted no podrá menos de convenir que se trataba de una bicoca comparado con el asunto que traemos entre manos. El Arte, la Arqueología y la Historia aguardan impacientes el resultado de nuestra arriesgada empresa. La Europa científica tiene sus ojos en nosotros. Ánimo, amigo mío, ánimo, que ya tocamos al término de la expedición.

Hora es de que toquemos a cualquier parte, porque, si he de decir la verdad, confieso que no puedo ya ni con la fe de bautismo en papeles. ¡Qué vericuetos tan horribles y qué sendas tan impracticables! Esto no es camino de hombres, sino de cabras.

¿Ve usted aquel pueblecito medio oculto entre las ondulaciones del valle que se extiende a nuestros pies? Pues en el mismo lugar en que se levantan las cuatro chozas que lo componen, ni un palmo más acá ni más allá, estuvo situada en los tiempos pretéritos la famosa Micaonia de los fenicios, la Micegarie o Micogurioe de los romanos y la Guadalmicola de los árabes, que merced al trastorno de las edades y las cosas ha venido a ser el Cebollino de nuestros días [...].

Ha recibido 169 puntos

Vótalo:

Sobre la falda tenía...

100. Sobre la falda tenía...

Sobre la falda tenía el libro abierto, en mi mejilla tocaban sus rizos negros: no veíamos las letras ninguno, creo, mas guardábamos entrambos hondo silencio. ¿Cuánto duró? Ni aun entonces pude saberlo; sólo sé que no se oía más que el aliento, que apresurado escapaba del labio... Ver mas
Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros:
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos entrambos
hondo silencio.

¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo;
sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.

Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.

Cuando a él bajamos los ojos
yo dije trémulo:
¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
¡Ya lo comprendo!

Ha recibido 169 puntos

Vótalo:

Primero es un albor trémulo y vago...

101. Primero es un albor trémulo y vago...

Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se difunde
en ardiente explosión de claridad.

La brilladora lumbre es la alegría;
la temerosa sombra es el pesar;
¡Ay!, en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá?

Ha recibido 169 puntos

Vótalo:

Flores tronchadas, marchitas hojas...

102. Flores tronchadas, marchitas hojas...

Flores tronchadas, marchitas hojas
arrastra el viento;
en los espacios tristes gemidos
repite el eco.

Entre las nieblas de lo pasado,
en las regiones del pensamiento,
gemidos tristes, marchitas galas
son mis recuerdos.

Ha recibido 169 puntos

Vótalo:

Si al mecer las azules campanillas...

103. Si al mecer las azules campanillas...

Si al mecer las azules campanillas de tu balcón, crees que suspirando pasa el viento murmurador, sabe que, oculto entre las verdes hojas, suspiro yo. Si al resonar confuso a tus espaldas vago rumor, crees que por tu nombre te ha llamado lejana voz, sabe que, entre las sombras que te... Ver mas
Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón,
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que, oculto entre las verdes hojas,
suspiro yo.

Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan
te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo.

Ha recibido 167 puntos

Vótalo:

Antes que tú me moriré: escondido...

104. Antes que tú me moriré: escondido...

Antes que tú me moriré: escondido en las entrañas ya el hierro llevo con que abrió tu mano la ancha herida mortal. Antes que tú me moriré: y mi espíritu, en su empeño tenaz, sentándose a las puertas de la muerte, allí te esperará. Con las horas los días, con los días los años... Ver mas
Antes que tú me moriré: escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.

Antes que tú me moriré: y mi espíritu,
en su empeño tenaz,
sentándose a las puertas de la muerte,
allí te esperará.

Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo...
¿Quién deja de llamar?

Entonces que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán.

Allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar.

Allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad...
¡Todo lo que los dos hemos callado
lo tenemos que hablar!

Ha recibido 165 puntos

Vótalo:

No dormía, vagaba en ese limbo...

105. No dormía, vagaba en ese limbo...

No dormía, vagaba en ese limbo en que cambian de forma los objetos, misteriosos espacios que separan la vigilia del sueño. Las ideas que en ronda silenciosa daban vueltas en torno a mi cerebro, poco a poco en su danza se movían con un compás más lento. De la luz que entra al alma por... Ver mas
No dormía, vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.

Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.

De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo,
pero otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.

En este punto resonó en mi oído
un rumor semejante al que en el templo
vaga confuso al terminar los fieles
con un amén sus rezos.


Y oí como una voz delgada y triste
que por mi nombre me llamó a lo lejos,
y sentí olor de cirios apagados,
de humedad y de incienso.

Entró la noche, y del olvido en brazos
caí, cual piedra, en su profundo seno.
No obstante al despertar exclamé:
"¡Alguno que yo quería ha muerto!"

Ha recibido 164 puntos

Vótalo:

Como la brisa que la sangre orea...

106. Como la brisa que la sangre orea...

Como la brisa que la sangre orea
sobre el oscuro campo de batalla,
cargada de perfumes y armonías
en el silencio de la noche vaga;

símbolo del dolor y la ternura,
del bardo inglés en el horrible drama,
la dulce Ofelia, la razón perdida
cogiendo flores y cantando pasa.

Ha recibido 163 puntos

Vótalo:

Cuando entre la sombra oscura...

107. Cuando entre la sombra oscura...

Cuando entre la sombra oscura perdida una voz murmura turbando su triste calma, si en el fondo de mi alma la oigo dulce resonar, dime: ¿es que el viento en sus giros se queja, o que tus suspiros me hablan de amor al pasar? Cuando el sol en mi ventana rojo brilla a la mañana y mi amor... Ver mas
Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
la oigo dulce resonar,
dime: ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus suspiros
me hablan de amor al pasar?

Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla a la mañana
y mi amor tu sombra evoca,
si en mi boca de otra boca
sentir creo la impresión,
dime: ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un suspiro
me envía tu corazón?

Y en el luminoso día
y en la alta noche sombría,
si en todo cuanto rodea
al alma que te desea
te creo sentir y ver,
dime: ¿es que toco y respiro
soñando, o que en un suspiro
me das tu aliento a beber?

Ha recibido 163 puntos

Vótalo:

Entre el discorde estruendo de la orgía...

108. Entre el discorde estruendo de la orgía...

Entre el discorde estruendo de la orgía acarició mi oído, como nota de lejana música, el eco de un suspiro. El eco de un suspiro que conozco, formado de un aliento que he bebido, perfume de una flor que oculta crece en un claustro sombrío. Mi adorada de un día, cariñosa, "¿en qué... Ver mas
Entre el discorde estruendo de la orgía
acarició mi oído,
como nota de lejana música,
el eco de un suspiro.

El eco de un suspiro que conozco,
formado de un aliento que he bebido,
perfume de una flor que oculta crece
en un claustro sombrío.

Mi adorada de un día, cariñosa,
"¿en qué piensas?", me dijo:
"En nada...", "¿En nada y lloras?", "Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino".

Ha recibido 163 puntos

Vótalo:

En la imponente nave...

109. En la imponente nave...

En la imponente nave del templo bizantino, vi la gótica tumba a la indecisa luz que temblaba en los pintados vidrios. Las manos sobre el pecho, y en las manos un libro, una mujer hermosa reposaba sobre la urna del cincel prodigio. Del cuerpo abandonado al dulce peso hundido, cual... Ver mas
En la imponente nave
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.

Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna del cincel prodigio.

Del cuerpo abandonado
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito.

De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.

Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
dos ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.

No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra
y que en sueños veía el paraíso.

Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío,
con el callado paso que se llega
junto a la cuna donde duerme un niño.

La contemplé un momento
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío.

En el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte,
para la que un instante son los siglos...

Cansado del combate
en que luchando vivo,
alguna vez me acuerdo con envidia
de aquel rincón oscuro y escondido.

De aquella muda y pálida
mujer me acuerdo y digo:
"¡Oh, qué amor tan callado el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!"

Ha recibido 163 puntos

Vótalo:

Cuando sobre el pecho inclinas...

110. Cuando sobre el pecho inclinas...

Cuando sobre el pecho inclinas
la melancólica frente,
una azucena tronchada
me pareces.

Porque al darte la pureza,
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y de nieve.

Ha recibido 162 puntos

Vótalo:

Llegó la noche y no encontré un asilo...

111. Llegó la noche y no encontré un asilo...

Llegó la noche y no encontré un asilo,
¡y tuve sed...!, mis lágrimas bebí;
¡y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos
cerré para morir!

¡Estaba en un desierto! Aunque a mi oído
de las turbas llegaba el ronco hervir,
yo era huérfano y pobre... ¡El mundo estaba
desierto... para mí!

Ha recibido 161 puntos

Vótalo:

Carta IX.

112. Carta IX.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_9

Apreciable amiga: Al enviarle una copia exacta, quizás la única que de ella se ha sacado hasta hoy, prometí a usted referirle la Peregrina historia de la imagen en honor de la cual un príncipe poderoso levantó el monasterio, desde una de cuyas celdas he escrito mis cartas anteriores. Es... Ver mas
Apreciable amiga:

Al enviarle una copia exacta, quizás la única que de ella se ha sacado hasta hoy, prometí a usted referirle la Peregrina historia de la imagen en honor de la cual un príncipe poderoso levantó el monasterio, desde una de cuyas celdas he escrito mis cartas anteriores.

Es una historia que, aunque transmitida hasta nosotros por documentos de aquel siglo y testificada aún por la presencia de un monumento material, prodigio del arte elevado en su conmemoración, no quisiera entregarla al frío y severo análisis de la crítica filosófica, piedra de toque a cuya prueba se someten hoy día todas las verdades.

A esa terrible crítica que, alentada con algunos ruidosos triunfos, comenzó negando las tradiciones gloriosas y los héroes nacionales y ha acabado por negar hasta el carácter divino de Jesús, ¿qué concepto le podría merecer ésta que desde luego calificaría de conseja de niños? Yo escribo y dejo poner estas desaliñadas líneas en letras de molde, porque la mía es mala, y solo así le será posible entenderme; por lo demás, yo las escribo para usted, para usted exclusivamente, porque sé que las delicadas flores de la tradición sólo puede tocarlas la mano de la piedad, y solo a esta le es dado aspirar su religioso perfume sin marchitar sus hojas [...].

Ha recibido 159 puntos

Vótalo:

Errante por el mundo fui gritando...

113. Errante por el mundo fui gritando...

Errante por el mundo fui gritando: "La gloria, ¿dónde está?" Y una voz misteriosa contestome: "Más allá... más allá..." En pos de ella seguí por el camino que la voz me marcó. Hállela al fin, pero en aquel instante el humo se trocó. Mas el humo, formando denso velo, se empezó a... Ver mas
Errante por el mundo fui gritando:
"La gloria, ¿dónde está?"
Y una voz misteriosa contestome:
"Más allá... más allá..."

En pos de ella seguí por el camino
que la voz me marcó.
Hállela al fin, pero en aquel instante
el humo se trocó.

Mas el humo, formando denso velo,
se empezó a remontar
y, penetrando en la azulada esfera,
al cielo fue a parar

Ha recibido 155 puntos

Vótalo:

Un lance pesado.

114. Un lance pesado.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#UN%20LANCE

Como a la mitad del camino que conduce de Ágreda a Tarazona y en una hondonada por la que corre un pequeño arroyo, hay una casuca de miserable aspecto, especie de barraca con honores de venta, donde los arrieros castellanos y aragoneses se detienen a echar un trago en los días de calor o a... Ver mas
Como a la mitad del camino que conduce de Ágreda a Tarazona y en una hondonada por la que corre un pequeño arroyo, hay una casuca de miserable aspecto, especie de barraca con honores de venta, donde los arrieros castellanos y aragoneses se detienen a echar un trago en los días de calor o a sentarse un rato a la lumbre cuando sopla el cierzo o cae una nevada. La venta no es de los lugares más seguros que digamos; las crónicas del país refieren mil y mil historietas de asaltos nocturnos, robos y muertes acontecidos en sus alrededores y sin duda alguna fraguados por los pajarracos de cuenta que aquí concurrían, y encubiertos por el antiguo ventero, hombre de tan mala vida como mal fin dicen que tuvo.

Las continuadas visitas de la Guardia Civil y el haber cambiado la venta de dueño han sido causas más que suficientes para hacer de aquellos lugares, antes temibles, uno de los pasos más seguros del camino de Tarazona. Así me lo aseguraron al menos gentes conocedoras de la comarca; pero, como suele decirse, cría fama y échate a dormir. Rara es la persona que cuando comienza a internarse en aquel barranco, donde por todas partes limitan el horizonte las quiebras del terreno y en cuyo fondo se ve la casuquilla sucia, oscura, y ruinosa y como agazapada al borde de la senda, al acecho del caminante; rara es la persona, repetimos, y sobre todo si tiene algo que perder, que no tienda a su alrededor una mirada de inquietud, y después de cerciorarse de que su escopeta está cebada y pronta, no arrima los talones a la caballería que le conduce, por aquello de que el mal paso andarlo pronto.

La primera y única vez que he llegado a aquel punto no la olvidaré nunca. Hay acontecimientos en la vida tan extraños y horribles que, si cien años viviéramos, los tendríamos siempre tan frescos en la memoria como el día que tuvieron lugar. El que voy a referir es seguramente uno [...].

Ha recibido 154 puntos

Vótalo:

Memorias de un pavo.

115. Memorias de un pavo.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#MEMORIAS%20DE%20UN

No hace mucho que, hallándome a comer en casa de un amigo, después que sirvieron otros platos confortables, hizo su entrada triunfal el clásico pavo, de rigor durante las Pascuas en toda mesa que se respeta un poco y que tiene en algo las antiguas tradiciones y las costumbres de nuestro país... Ver mas
No hace mucho que, hallándome a comer en casa de un amigo, después que sirvieron otros platos confortables, hizo su entrada triunfal el clásico pavo, de rigor durante las Pascuas en toda mesa que se respeta un poco y que tiene en algo las antiguas tradiciones y las costumbres de nuestro país.

Ninguno de los presentes al convite, incluso el anfitrión, éramos muy fuertes en el arte de trinchar, razón por la que mentalmente todos debimos coincidir en el elogio del uso últimamente establecido de servir las aves trinchadas. Pero como sea por respeto al rigorismo de la ceremonia que en estas solemnidades y para dar a conocer sin que quede género alguno de duda que el pavo es pavo, parece exigir que éste salga a la liza en una pieza; sea por un involuntario olvido o por otra causa que no es del caso averiguar, el animalito en cuestión estaba allí íntegro y pidiendo a voces un cuchillo que lo destrozase; me decidí a hacerlo, y poniendo mi esperanza en Dios y mi memoria en el Compendio de la Urbanidad que estudié en el colegio donde, entre otras cosas no menos útiles, me enseñaron algo de este difícil arte, empuñé el trinchante en la una mano, blandí el acero con la otra, y a salga lo que saliere, le tiré un golpe furibundo.

El cuchillo penetró hasta las más recónditas regiones del ya implume bípedo; mas juzguen mis lectores cuál no sería mi sorpresa al notar que la hoja tropezaba en aquellas interioridades con un cuerpo extraño [...].

Ha recibido 154 puntos

Vótalo:

En la clave del arco ruinoso...

116. En la clave del arco ruinoso...

En la clave del arco ruinoso cuyas piedras el tiempo enrojeció, obra de un cincel rudo campeaba el gótico blasón. Penacho de su yelmo de granito, la yedra que colgaba en derredor daba sombra al escudo en que una mano tenía un corazón. A contemplarle en la desierta plaza nos paramos... Ver mas
En la clave del arco ruinoso
cuyas piedras el tiempo enrojeció,
obra de un cincel rudo campeaba
el gótico blasón.

Penacho de su yelmo de granito,
la yedra que colgaba en derredor
daba sombra al escudo en que una mano
tenía un corazón.

A contemplarle en la desierta plaza
nos paramos los dos:
Y, “ese, me dijo, es el cabal emblema
de mi constante amor”.

¡Ay!, y es verdad lo que me dijo entonces:
Verdad que el corazón
lo llevará en la mano... en cualquier parte....
pero en el pecho, no.

Ha recibido 153 puntos

Vótalo:

Un boceto del natural.

117. Un boceto del natural.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#UN%20BOCETO%20DEL

Me encontraba accidentalmente en un puerto de mar, durante la estación de baños. Merced a mi antiguo conocimiento con una familia que, aunque establecida en la corte, acostumbraba pasar dos o tres meses del verano en aquel punto, había logrado hacerme en pocos días de algunas agradables... Ver mas
Me encontraba accidentalmente en un puerto de mar, durante la estación de baños. Merced a mi antiguo conocimiento con una familia que, aunque establecida en la corte, acostumbraba pasar dos o tres meses del verano en aquel punto, había logrado hacerme en pocos días de algunas agradables relaciones entre las personas más distinguidas de la población.

Después de haber sufrido en materia de amores, no diré desengaños, sino alguna que otra contrariedad, explotaba por aquella época el filón de las amistades femeninas. Entre las varias mujeres con que había intimado, fiel a mi propósito de cultivar ese género de relaciones que se mantienen en el justo medio de las simpatías, se contaban dos hermanas, las dos bonitas, las dos discretas, a pesar de que la una pecaba un poco de aturdida, mientras la otra tenía de cuando en cuando sus puntas de sentimentalismo.

Esta misma diferencia de caracteres era para mí uno de los mayores alicientes de su trato; pues cuando me sentía con humor de reír, me dedicaba a pasar revista a todas las ridiculeces de nuestros compañeros de temporada en unión con Luisa, que así se llamaba la más alegre de genio, y cuando, por el contrario, sin saber por qué ni por qué no, me asaltaban esas ideas melancólicas de las que en vano trata uno de defenderse cuando se encuentra entre personas de diverso carácter, daba rienda suelta a mis sensiblerías, charlando con Elena, que éste era el nombre de la otra, de vagos presentimientos, pesares no comprendidos, aspiraciones sin nombre, y toda esa música celeste del sentimentalismo casero. Así, bromeando y riendo a carcajadas con ésta, cuchicheando a media voz con aquélla o hablando indiferentemente con las dos de música, de modas, de novelas, de amor, de viajes, comunicándonos nuestras impresiones, revelándonos nuestros secretos, revelables entre amigos, refiriéndonos nuestras aventuras o echando planes sobre el porvenir, pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, ya en su casa, donde comía algunas veces, ya en los paseos que proyectábamos a los alrededores de la población o en el camino del baño, adonde las acompañaba todas las tardes [...].

Ha recibido 152 puntos

Vótalo:

Las hojas secas.

118. Las hojas secas.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#LAS%20HOJAS%20SECAS

El sol se había puesto. Las nubes, que cruzaban hechas jirones sobre mi cabeza, iban a amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas a mis pies. Yo estaba sentado al borde de un camino por donde siempre vuelven menos de... Ver mas
El sol se había puesto. Las nubes, que cruzaban hechas jirones sobre mi cabeza, iban a amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas a mis pies.

Yo estaba sentado al borde de un camino por donde siempre vuelven menos de los que van. No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba a punto de lanzarse al espacio, como el pájaro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo. Hay momentos en que, merced a una serie de abstracciones, el espíritu se sustrae a cuanto le rodea y, repleglándose en sí mismo, analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre. Hay otros en que se desliga de la carne, pierde su personalidad y se confunde con los elementos de la naturaleza, se relaciona con su modo de ser y traduce su incomprensible lenguaje.

Yo me hallaba en uno de esos últimos momentos, cuando solo y en medio de la escueta llanura oí hablar cerca de mí [...].

Ha recibido 152 puntos

Vótalo:

Voy contra mi interés al confesarlo...

119. Voy contra mi interés al confesarlo...

Voy contra mi interés al confesarlo; no obstante, amada mía, pienso cual tú que una oda solo es buena de un billete del banco al dorso escrita. No faltará algún necio que al oírlo se haga cruces y diga: Mujer al fin del siglo diez y nueve material y prosaica... ¡Boberías! ¡Voces que... Ver mas
Voy contra mi interés al confesarlo;
no obstante, amada mía,
pienso cual tú que una oda solo es buena
de un billete del banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
Mujer al fin del siglo diez y nueve
material y prosaica... ¡Boberías!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo se que en esta vida,
con genio es muy contado el que la escribe,
y con oro cualquiera hace poesía.

Ha recibido 152 puntos

Vótalo:

Carta II.

120. Carta II.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_2

Queridos amigos: Si me vieran ustedes en algunas ocasiones con la pluma en la mano y el papel delante, buscando un asunto cualquiera para emborronar catorce o quince cuartillas, tendrían lástima de mí. Gracias a Dios que no tengo la perniciosa cuanto fea costumbre de morderme las uñas en... Ver mas
Queridos amigos:

Si me vieran ustedes en algunas ocasiones con la pluma en la mano y el papel delante, buscando un asunto cualquiera para emborronar catorce o quince cuartillas, tendrían lástima de mí. Gracias a Dios que no tengo la perniciosa cuanto fea costumbre de morderme las uñas en casos de esterilidad, pues hasta tal puntó me encuentro apurado e irresoluto en estos trances, que ya sería cosa de haberme comido la primera falange de los dedos. Y no es precisamente porque se hayan agotado de tal modo mis ideas que, registrando en el fondo de la imaginación, en donde andan enmarañadas e indecisas, no pudiese topar con alguna y traerla, a ser preciso, por la oreja, como dómine de lugar a muchacho travieso.

Pero no basta tener una idea; es necesario despojarla de su extraña manera de ser, vestirla un poco al uso para que esté presentable, aderezarla y condimentarla, en fin, a propósito para el paladar de los lectores de un periódico, político por añadidura. Y aquí está lo espinoso del caso, aquí la gran dificultad [...].

Ha recibido 152 puntos

Vótalo:

Historia de una mariposa y una araña.

121. Historia de una mariposa y una araña.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#HISTORIA%20DE%20UNA

Después de tanto escribir para los demás, permitidme que un día escriba para mí. En el discurso de mi vida me han pasado una multitud de cosas sin importancia que, sin que yo sepa el porqué, las tengo siempre en la memoria. Yo, que olvido con la facilidad del mundo las fechas más memorables... Ver mas
Después de tanto escribir para los demás, permitidme que un día escriba para mí. En el discurso de mi vida me han pasado una multitud de cosas sin importancia que, sin que yo sepa el porqué, las tengo siempre en la memoria.

Yo, que olvido con la facilidad del mundo las fechas más memorables, y apenas si guardo un recuerdo confuso y semejante al de un sueño desvanecido de los acontecimientos que, por decirlo así, han cambiado mi suerte, puedo referir con los detalles más minuciosos lo que me sucedió tal o cual día, paseándome por esta o la otra parte, cuanto se dijo en una conversación sin interés ninguno tenida hace seis o siete años, o el traje, las señas y la fisonomía de una persona desconocida que mientras yo hacía esto o lo de más allá, se puso a mi lado, o me miró o le dirigí la palabra. En algunas ocasiones, y por lo regular cuando quisiera tener el pensamiento más distante de tales majaderías, porque una ocupación seria reclama mi atención y el empleo de todas mis facultades, acontece que comienzan a agolparse a mi memoria estos recuerdos importunos y la imaginación, saltando de idea en idea, se entretiene en reunirlas como en un mosaico disparatado y extravagante.

A veces creo que entre tal mujer que vi en un sitio cualquiera, entre otras ciento que he olvidado, y tal canción que oí mucho tiempo después y recuerdo mejor que otras canciones que no he podido recordar nunca, hay alguna afinidad secreta, porque a mi imaginación se ofrecen al par y siempre van unidas en mi memoria, sin que en apariencia halle entre las dos ningún punto de contacto. También me sucede dar por seguro que un hombre determinado, a quien apenas conozco, y que sin saber por qué, lo tengo a todas horas presente, ha de ejercer algún influjo en mi porvenir, y me espera en el camino de mi vida para salirme al encuentro.

Ha recibido 151 puntos

Vótalo:

Negros fantasmas...

122. Negros fantasmas...

Negros fantasmas, nubes sombrías, huyen ante el destello de luz divina. Esa luz santa, niña de los ojos negros, es la esperanza. Al calor de sus rayos, mi fe gigante contra desdenes lucha sin amenguarse en este empeño es, si grande el martirio, mayor el premio. Y si aún... Ver mas
Negros fantasmas,
nubes sombrías,
huyen ante el destello
de luz divina.
Esa luz santa,
niña de los ojos negros,
es la esperanza.

Al calor de sus rayos,
mi fe gigante
contra desdenes lucha
sin amenguarse
en este empeño
es, si grande el martirio,
mayor el premio.

Y si aún muestras, esquiva,
alma de nieve;
si aún no me quisieras,
yo he de quererte.
Mi amor es roca
donde se estrellan tímidas
del mar las olas.

Ha recibido 151 puntos

Vótalo:

Carta literaria a una mujer (III).

123. Carta literaria a una mujer (III).

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_literarias_a_una_muj...

¿Qué es el amor? A pesar del tiempo transcurrido creo que debes acordarte de lo que te voy a referir. La fecha en que aconteció, aunque no la consigne la historia, será siempre una fecha memorable para nosotros. Nuestro conocimiento solo databa de algunos meses; era verano y nos... Ver mas
¿Qué es el amor?
A pesar del tiempo transcurrido creo que debes
acordarte de lo que te voy a referir.
La fecha en que aconteció, aunque no la
consigne la historia, será siempre
una fecha memorable para nosotros.

Nuestro conocimiento solo databa de algunos meses;
era verano y nos hallábamos en Cádiz.
El rigor de la estación no nos permitía pasear sino
al amanecer o durante la noche.
Un día... digo mal, no día aún: la dudosa claridad
del crepúsculo de la mañana teñía de un vago azul
el cielo, la luna se desvanecía en el ocaso, envuelta
en una bruma violada, y lejos, muy lejos, en la
distante lontananza del mar, las nubes se coloraban
de amarillo y rojo, cuando la brisa, precursora de la
luz, levantándose del océano, fresca e impregnada
en el marino perfume de las olas, acarició, al pasar,
nuestras frentes.

La naturaleza comenzaba entonces a salir de su
letargo con un sordo murmullo. Todo a nuestro
alrededor estaba en suspenso y como aguardando
una señal misteriosa para prorrumpir en el gigante
himno de alegría de la creación que despierta [...].

Ha recibido 151 puntos

Vótalo:

Carta I.

124. Carta I.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_1

Queridos amigos: Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más, fumar un cigarro juntos, charlar un poco y recordar las... Ver mas
Queridos amigos:

Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más, fumar un cigarro juntos, charlar un poco y recordar las agradables, aunque inquietas, horas de mi antigua vida. Cuando se deja una ciudad por otra, particularmente hoy, que todos los grandes centros de población se parecen, apenas se percibe el aislamiento en que nos encontramos, antojándosenos, al ver la identidad de los edificios, los trajes y las costumbres, que al volver la primera esquina vamos a hallar la casa a que concurríamos, las personas que estimábamos, las gentes a quienes teníamos costumbre de ver y hablar de continuo.

En el fondo de este valle, cuya melancólica belleza impresiona profundamente, cuyo eterno silencio agrada y sobrecoge a la vez, diríase, por el contrario, que los montes que lo cierran como un valladar inaccesible, nos separan por completo del mundo. ¡Tan notable es el contraste de cuanto se ofrece a nuestros ojos; tan vagos y perdidos quedan al confundirse entre la multitud de nuevas ideas y sensaciones los recuerdos de las cosas más recientes! [...]

Ha recibido 150 puntos

Vótalo:

Carta literaria a una mujer (IV).

125. Carta literaria a una mujer (IV).

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_literarias_a_una_muj...

El amor es poesía; la religión es amor. Dos cosas semejantes a una tercera son iguales entre sí. He aquí un axioma que debía ahorrarme el trabajo de escribir una nueva carta. Sin embargo, yo mismo conozco que esta conclusión matemática, que en efecto lo parece, así puede ser una verdad... Ver mas
El amor es poesía; la religión es amor.
Dos cosas semejantes a una
tercera son iguales entre sí.

He aquí un axioma que debía ahorrarme el
trabajo de escribir una nueva carta.
Sin embargo, yo mismo conozco que esta
conclusión matemática, que en efecto lo parece,
así puede ser una verdad como un sofisma.

La lógica sabe fraguar razonamientos inatacables
que, a pesar de todo, no convencen.
¡Con tanta facilidad se sacan deducciones
precisas de una base falsa!


En cambio, la convicción íntima suele persuadir,
aunque en el método del raciocinio reine el mayor
desorden. ¡Tan irresistible es el acento de la fe!

La religión es amor y, porque es amor, es poesía.

He aquí el tema que me he propuesto desenvolver hoy.

Al tratar un asunto tan grande en tan corto espacio
y con tan escasa ciencia como la de que yo dispongo,
sólo me anima una esperanza. Si para persuadir
basta creer, yo siento lo que escribo [...].

Ha recibido 150 puntos

Vótalo:

Carta V.

126. Carta V.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_5

Queridos amigos: Entre los muchos sitios pintorescos y llenos de carácter que se encuentran en la antigua ciudad de Tarazona, la plaza del Mercado es, sin duda alguna, el más original y digno de estudio. Parece que no ha pasado para ella el tiempo, que todo lo destruye o altera. Al... Ver mas
Queridos amigos:

Entre los muchos sitios pintorescos y llenos de carácter que se encuentran en la antigua ciudad de Tarazona, la plaza del Mercado es, sin duda alguna, el más original y digno de estudio. Parece que no ha pasado para ella el tiempo, que todo lo destruye o altera. Al encontrarse en mitad de aquel espacio de forma irregular y cerrado por lienzos de edificios a cuál más caprichosos y vetustos, nadie diría que nos hallamos en pleno siglo XIX, siglo amante de la novedad por excelencia, siglo aficionado hasta la exageración a lo flamante, lo limpio y lo uniforme. Hay cosas que son más para vistas que para trasladadas al lienzo, siquiera el que lo intente sea un artista consumado, y esta plaza es una de ellas.

A donde no alcanza, pues, ni la paleta del pintor con sus infinitos recursos, ¿cómo podrá llegar mi pluma sin más medios que la palabra, tan pobre, tan insuficiente para dar idea de lo que es todo un efecto de líneas, de claroscuro, de combinación de colores, de detalles que se ofrecen juntos a la vista, de rumores y sonidos que se perciben a la vez, de grupos que se forman y se deshacen, de movimiento que no cesa, de luz que hiere, de ruido que aturde, de vida, en fin, con sus múltiples manifestaciones, imposibles de sorprender con sus infinitos accidentes ni merced a la cámara fotográfica? Cuando se acomete la difícil empresa de descomponer esa extraña armonía de la forma, el color y el sonido; cuando se intenta dar a conocer sus pormenores, enumerando unas tras otras las partes del todo, la atención se fatiga, el discurso se embrolla, y se pierde por completo la idea de la íntima relación que estas cosas tienen entre sí, el valor que mutuamente se prestan al ofrecerse reunidas a la mirada del espectador, para hacer el efecto del conjunto, que es, a no dudarlo, su mayor atractivo [...].

Ha recibido 149 puntos

Vótalo:

Carta VI.

127. Carta VI.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_6

Queridos amigos: Hará cosa de dos o tres años, tal vez leerían ustedes en los periódicos de Zaragoza la relación de un crimen que tuvo lugar en uno de los pueblecillos de estos contornos. Tratábase del asesinato de una pobre vieja a quien sus convecinos acusaban de bruja. Últimamente, y por... Ver mas
Queridos amigos:

Hará cosa de dos o tres años, tal vez leerían ustedes en los periódicos de Zaragoza la relación de un crimen que tuvo lugar en uno de los pueblecillos de estos contornos. Tratábase del asesinato de una pobre vieja a quien sus convecinos acusaban de bruja. Últimamente, y por una coincidencia extraña, he tenido ocasión de conocer los detalles y la historia circunstanciada de un hecho que se comprende apenas en mitad de un siglo tan despreocupado como el nuestro.

Ya estaba para acabar el día. El cielo, que desde el amanecer se mantuvo cubierto y nebuloso, comenzaba a ensombrecerse a medida que el sol, que antes transparentaba su luz a través de las nieblas, iba debilitándose, cuando, con la esperanza de ver su famoso castillo como término y remate de mi artística expedición, dejé a Litago para encaminarme a Trasmoz, pueblo del que me separaba una distancia de tres cuartos de hora por el camino más corto. Como de costumbre, y exponiéndome, a trueque de examinar a mi gusto los parajes más ásperos y accidentados, a las fatigas y la incomodidad de perder el camino por entre aquellas zarzas y peñascales, tomé el más difícil, el más dudoso y más largo, y lo perdí, en efecto, a pesar de las minuciosas instrucciones de que me pertreché a la salida del lugar [...].

Ha recibido 149 puntos

Vótalo:

Carta VIII.

128. Carta VIII.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_8

Queridos amigos: En una de mis cartas anteriores dije a ustedes en qué ocasión y por quién me fue referida la estupenda historia de las brujas, que a mi vez he prometido repetirles. La muchacha que accidentalmente se encuentra a mi servicio, tipo perfecto del país, con su apretador verde, su... Ver mas
Queridos amigos:

En una de mis cartas anteriores dije a ustedes en qué ocasión y por quién me fue referida la estupenda historia de las brujas, que a mi vez he prometido repetirles. La muchacha que accidentalmente se encuentra a mi servicio, tipo perfecto del país, con su apretador verde, su saya roja y sus medias azules, había colgado el candil en un ángulo de mi habitación, débilmente alumbrada, aun con este aditamento de luz, por una lamparilla, a cuyo escaso resplandor escribo.

Las diez de la noche acababan de sonar en el antiguo reloj de pared, único resto del mobiliario de los frailes, y solamente se oían, con breves intervalos de silencio profundo, esos ruidos apenas perceptibles y propios de un edificio deshabitado e inmenso, que producen el aire que gime, los techos que crujen, las puertas que rechinan y los animaluchos de toda calaña que vagan a su placer por los sótanos, las bóvedas y las galerías del monasterio, cuando, después de contarme la leyenda que corre más válida acerca de la fundación del castillo, y que ya conocen ustedes, prosiguió su relato, no sin haber hecho antes un momento de pausa, como para calcular el efecto que la primera parte de la historia me había producido y la cantidad de fe con que podía contar en su oyente para la segunda [...].

Ha recibido 149 puntos

Vótalo:

Carta literaria a una mujer (I).

129. Carta literaria a una mujer (I).

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_literarias_a_una_muj...

En una ocasión me preguntaste: -¿Qué es la poesía? ¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella. -¿Qué es la poesía? -me dijiste. Yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones te respondí titubeando: -La poesía es... es... Ver mas
En una ocasión me preguntaste:

-¿Qué es la poesía?

¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.

-¿Qué es la poesía? -me dijiste.

Yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones te respondí titubeando:

-La poesía es... es...

Sin concluir la frase, buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar.

Tú habías adelantado un poco la cabeza para escuchar mejor mis palabras; los negros rizos de tus cabellos, esos cabellos que tan bien sabes dejar a su antojo sombrear tu frente, con un abandono tan artístico, pendían de tu sien y bajaban rozando tu mejilla hasta descansar en tu seno; en tus pupilas húmedas y azules como el cielo de la noche brillaba un punto de luz, y tus labios se entreabrían ligeramente al impulso de una respiración perfumada y suave.

Mis ojos, que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos y exclamé al fin:

-¡La poesía... la poesía eres tú!

¿Te acuerdas? Yo aún tengo presente el gracioso ceño de curiosidad burlada, el acento mezclado de pasión y amargura con que me dijiste:

-¿Crees que mi pregunta sólo es hija de una vana curiosidad de mujer? Te equivocas. Yo deseo saber lo que es la poesía, porque deseo pensar lo que tú piensas, hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú sientes; penetrar, por último, en ese misterioso santuario en donde a veces se refugia tu alma y cuyo umbral no puede traspasar la mía [...].

Ha recibido 149 puntos

Vótalo:

Carta literaria a una mujer (II).

130. Carta literaria a una mujer (II).

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_literarias_a_una_muj...

En mi anterior te dije que la poesía eras tú, porque tú eres la más bella personificación del sentimiento, y el verdadero espíritu de la poesía de otro. A propósito de esto, la palabra amor se deslizó en mi pluma en uno de los párrafos de mi carta. De aquel párrafo hice el último. Nada... Ver mas
En mi anterior te dije que la poesía eras tú,
porque tú eres la más bella personificación
del sentimiento, y el verdadero espíritu de la
poesía de otro.
A propósito de esto, la palabra amor se deslizó
en mi pluma en uno de los párrafos de mi carta.

De aquel párrafo hice el último.
Nada más natural. Voy a decirte el porqué.
Existe una preocupación bastante generalizada,
aun entre las personas que se dedican a dar
formas a lo que piensan, que, a mi modo de ver,
es, sin parecerlo, una de las mayores.



Si hemos de dar crédito a los que de ella participan,
es una verdad tan innegable que se puede elevar
a la categoría de axioma el que nunca se vierte
la idea con tanta vida y precisión como en el momento
en que ésta se levanta semejante a un gas
desprendido y enardece la fantasía y hace vibrar
todas las fibrassensibles, cual si las tocase
alguna chispa eléctrica [...].

Ha recibido 149 puntos

Vótalo:

Lo que el salvaje que con torpe mano...

131. Lo que el salvaje que con torpe mano...

Lo que el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios,
y luego ante su obra se arrodilla,
eso hicimos tú y yo.

Dimos formas reales a un fantasma,
de la mente ridícula invención,
y hecho el ídolo ya, sacrificamos
en su altar nuestro amor.

Ha recibido 148 puntos

Vótalo:

Carta VII.

132. Carta VII.

http://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda:_7

Queridos amigos: Prometí a ustedes en mi última carta referirles, tal como me la contaron, la maravillosa historia de las brujas de Trasmoz. Tomo, pues, la pluma para cumplir lo prometido, y va de cuento. Desde tiempo inmemorial es artículo de fe entre las gentes del Somontano que Trasmoz... Ver mas
Queridos amigos:

Prometí a ustedes en mi última carta referirles, tal como me la contaron, la maravillosa historia de las brujas de Trasmoz. Tomo, pues, la pluma para cumplir lo prometido, y va de cuento.

Desde tiempo inmemorial es artículo de fe entre las gentes del Somontano que Trasmoz es la corte y punto de cita de las brujas más importantes de la comarca. Su castillo, como los tradicionales campos de Barahona y el valle famoso de Zugarramurdi, pertenece a la categoría de conventículo de primer orden y lugar clásico para las grandes fiestas nocturnas de las amazonas de escobón, los sapos con collareta y toda la abigarrada servidumbre del macho cabrío, su ídolo y jefe. Acerca de la fundación de este castillo, cuyas colosales ruinas, cuyas torres oscuras y dentelladas, patios sombríos y profundos fosos parecen, en efecto, digna escena de tan diabólicos personajes, se refiere una tradición muy antigua. Parece ser que en tiempo de los moros, época que para nuestros campesinos corresponde a las edades mitológicas y fabulosas de la Historia, pasó el rey por las cercanías del sitio en que ahora se halla Trasmoz, y viendo con maravilla un punto como aquel, donde, gracias a la altura, las rápidas pendientes y los cortes a plomo de la roca, podía el hombre, ayudado de la Naturaleza, hacer un lugar fuerte e inexpugnable, de grande utilidad por encontrarse próximo a la raya fronteriza, exclamó volviéndose a los que iban en su seguimiento y tendiendo la mano en dirección a la cumbre:

-De buena gana tendría allí un castillo [...].

Ha recibido 148 puntos

Vótalo:

Apólogo.

133. Apólogo.

http://www.xtec.es/~jcosta/narraci.htm#AP%C3%93LOGO

Brahma se mecía satisfecho sobre el cáliz de una gigantesca flor de loto que flotaba sobre el haz de las aguas sin nombre. La Maija fecunda y luminosa envolvía sus cuatro cabezas como con un velo dorado. El éter encendido palpitaba en torno a las magníficas creaciones, misterioso producto del... Ver mas
Brahma se mecía satisfecho sobre el cáliz de una gigantesca flor de loto que flotaba sobre el haz de las aguas sin nombre. La Maija fecunda y luminosa envolvía sus cuatro cabezas como con un velo dorado. El éter encendido palpitaba en torno a las magníficas creaciones, misterioso producto del consorcio de las dos potencias místicas.

Brahma había deseado el cielo, y el cielo salió del abismo del caos con sus siete círculos y semejante a una espiral inmensa. Había deseado mundos que girasen en torno a su frente, y los mundos comenzaron a voltear en el vacío como una ronda de llamas. Había deseado espíritus que le glorificasen, y los espíritus, como una savia divina y vivificadora, comenzaron a circular en el seno de los principios elementales.

Unos chispearon con el fuego, otros giraron con el aire, exhalaron suspiros en el agua o estremecieron la tierra, internándose en sus profundas cimas [...].

Ha recibido 137 puntos

Vótalo:

Bienvenido

Con las Listas de 20minutos.es puedes crear tu propio top y leer y votar los del resto de usuarios. Ver más

Crear una nueva lista

Encuentra una lista al azar

Busca una lista

Conectados recientemente

Comentarios
Haz tu comentario aquí

© 2013-2016 - Listas de 20minutos.es | Ir a la versión móvil