Existe ya una diferencia muy marcada entre cine comercial y cine independiente. Las grandes compañías ya sólo invierten si los resultados se preveen jugosos (se empiezan a rodar películas con previsión de continuarlas en trilogías, o más...). Por otro lado, los grandes directores ya no gustan tanto de participar en dichas fórmulas que en realidad limitan todas sus posibilidades artísticas. Oriente ofrece un nuevo concepto a la animación, que rompe con todos los moldes establecidos. Europa intenta repetir estas fórmulas a base de grandes producciones, pero aún apostando por el viejo estilo y sin recurrir a los estereotipados desarrollos de las historias hollywoodienses. España, por su parte, empieza a recuperarse del receso cultural provocado por la dictadura, y comienza a generar numerosas obras no exentas para nada de honrosa calidad. Y, en términos generales, se observa en todo el mundo ya la casi inexistencia de la censura en todos sus aspectos: violencia, insultos, desnudos, lo políticamente incorrecto, el mal gusto... lo que conlleva que muchos géneros se lleven al extremo. Veamos algunos ejemplos:
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