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Grandes batallas de la Guerra Civil.

Grandes batallas de la Guerra Civil.

  • Lista creada por Venhut.
  • Publicada el 07.07.2011 a las 00:23h.
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Último acceso 31.12.2012

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Acciones de la lista

Estaba previsto que el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 derrocase rápidamente al gobierno del Frente Popular (coalición de partidos marxistas y nacionalistas), pero no fue así. De esta forma, España se vio envuelta en una guerra civil que se prolongó durante casi tres años, hasta que el 1 de abril de 1939 se emitiese el último parte de guerra firmado por el general Franco.

La sublevación del ejército de África se trasladó a la Península el 18 de julio de 1936. El alzamiento se convirtió entonces en un movimiento militar, político y popular, al no estar solamente apoyado por el sector conservador del Ejército, sino también por los partidos y los simpatizantes conservadores, falangistas, monárquicos, católicos, carlistas, etc. España quedó dividida en dos zonas: una apoyaba el alzamiento y otra a la República.

La zona dominada por los sublevados, denominados "nacionales", abarcaba la mayor parte de las dos Castillas, Galicia, la provincia de Cáceres, Andalucía occidental, Navarra, Baleares (excepto Menorca), Canarias (excepto La Palma), la parte occidental de Aragón y el protectorado en Marruecos. Para unificar el mando y ejercer una verdadera autoridad política, los nacionales crearon en Burgos la Junta de Defensa Nacional. Meses después se nombró a Franco jefe del gobierno y se unificaron todas las fuerzas políticas que apoyaban el alzamiento en un único partido llamado Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS).

La zona bajo el control del gobierno republicano se extendía por la parte oriental de Aragón, la franja cantábrica (excepto Navarra), Cataluña, la región levantina, Madrid y el resto de Andalucía. Tras el alzamiento, la autoridad del gobierno republicano desapareció casi por completo.


LA CAMPAÑA ALREDEDOR DE MADRID: DE JULIO DE 1936 A MARZO DE 1937.

A principios de agosto las tropas de Marruecos, que eran las más preparadas del Ejército español, cruzaron el estrecho de Gibraltar y llegaron a Cádiz. De Andalucía occidental pasaron a Extremadura y Toledo, permaneciendo a las puertas de Madrid a finales de octubre. La toma de la capital se convirtió en el principal objetivo del Bando Nacional. La ofensiva sobre Madrid comenzó en el otoño de 1936 y se prolongó durante todo el invierno. El gobierno republicano abandonó la capital y le encomendó su defensa a una junta militar.

La chegada de las primeras Brigadas Internacionales y de armamento soviético impidió la toma de la capital. Las tropas nacionales fueron derrotadas en la batalla del Jarama (febrero de 1937) y en la de Guadalajara (marzo de 1937). Ante el fracaso del ataque a Madrid, el Bando Nacional concentró sus esfuerzos en otros frentes.


EL FRENTE NORTE: DE ABRIL A OCTUBRE DE 1937.

El ejército nacional se dirigió al frente norte con la intención de tomar las zonas industriales del Cantábrico. El 26 de abril de 1937 se produjo el bombardeo de Guernica por parte de la aviación alemana (Legión Cóndor). Este hecho propició la caída de Vascongadas en manos del Bando Nacional. En agosto las tropas nacionales se hicieron también con Santander y Asturias.

Los republicanos contraatacaron en Brunete (Madrid) y Belchite (Zaragoza). Intentaron obligar a los nacionales a retirar efectivos del norte, pero fracasaron. La caída del norte fue un duro revés para los republicanos, ya que el Bando Nacional se hizo con los recursos industriales y mineros de esta zona.


EL FINAL DE LA GUERRA: DE OCTUBRE DE 1937 A ABRIL DE 1939.

A finales de 1937 Franco se dirigió al frente este. El ejército franquista tomó Teruel y después avanzó hacia el Mediterráneo, aislando el territorio catalán del resto de la zona republicana. El territorio republicano quedó fragmentado. Para salvar esta situación, las tropas republicanas cruzaron el Ebro y atacaron al ejército franquista desde la retaguardia, produciéndose la batalla del Ebro, que duró más de tres meses y en la que el ejército republicano quedó prácticamente destruido.

La derrota de la República se produjo entre el otoño de 1938 y la primavera del año siguiente. Las tropas de Franco avanzaron sobre Cataluña sin apenas oposición y tomaron Barcelona en enero de 1939. El 28 de marzo de ese mismo año el ejército nacional, encabezado por el general Francisco Franco, entró en Madrid y la guerra se dio por concluida.


El último parte de guerra, firmado por Franco, fue leído desde el estudio de Radio Nacional el 1 de abril de 1939 a las 22:30 por el locutor Fernando Fernández de Córdoba. El texto reza lo siguiente:

«En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

Burgos 1 abril 1939. Año de la Victoria.

El Generalísimo Franco».

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Batalla del Ebro.

1. Batalla del Ebro.

Tras la conquista de Teruel por parte de las tropas franquistas el 20 de febrero de 1938, estas lanzaron una ofensiva en Aragón que destruyó las defensas enemigas y barrió por completo a los republicanos en la zona. Las divisiones de Yagüe continuaron avanzando y penetraron en Cataluña después... Ver mas
Tras la conquista de Teruel por parte de las tropas franquistas el 20 de febrero de 1938, estas lanzaron una ofensiva en Aragón que destruyó las defensas enemigas y barrió por completo a los republicanos en la zona. Las divisiones de Yagüe continuaron avanzando y penetraron en Cataluña después de tomar Lleida, donde encontraron una fuerte resistencia republicana. Más al sur, los hombres de Aranda llegaron a las playas de Vinaroz el 15 de abril, alcanzando el Mediterráneo. El territorio republicano quedaba dividido en dos, concentrando dos aéreas principales: una en la Cataluña que todavía controlaban los ejércitos republicanos y un gran área central en torno a Madrid controlada por numerosas divisiones.

Las fuerzas republicanas se encontraban exhaustas después de los desastres militares en Aragón y con una grave amenaza de las tropas franquistas sobre Valencia. A pesar de que los sublevados tenían el camino libre hasta Barcelona, Franco optó por avanzar hacia el sur para alcanzar la huerta levantina y hacerse con Valencia, con lo que dejaría completamente aislada a Madrid de los puertos del Levante. Las tropas republicanas en Cataluña, mientras tanto, se reorganizaban para contraatacar.

La batalla del Ebro fue la mayor de cuantas se libraron durante la guerra, además de ser también la más sangrienta y larga. Tuvo lugar en el cauce bajo del valle del Ebro durante los meses de julio a noviembre de 1938. Constituyó el enfrentamiento decisivo de la guerra ya que en él se decidió quien sería el vencedor y el vencido. Aunque los republicanos lograron obtener una importante victoria inicial, tras la sangría en hombres y material fue imposible evitar la derrota final del Bando Republicano.

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Asedio del Alcázar de Toledo.

2. Asedio del Alcázar de Toledo.

En esta batalla se enfrentaron milicianos gubernamentales del Frente Popular y militares sublevados del Bando Nacional. Estos últimos se refugiaron en el Alcázar de Toledo, entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus familias. Las fuerzas republicanas empezaron... Ver mas
En esta batalla se enfrentaron milicianos gubernamentales del Frente Popular y militares sublevados del Bando Nacional. Estos últimos se refugiaron en el Alcázar de Toledo, entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus familias. Las fuerzas republicanas empezaron el asedio sobre el fortín el 21 de julio de 1936.

El 23 de julio, el jefe de las milicias republicanas encargado del asedio llamó por teléfono al coronel Moscardó, comandante de la plaza para decirle que, si no se rendía, su hijo sería ejecutado. Entonces Moscardó le pidió a su hijo que encomendara su alma a Dios y que muriera valerosamente. El general sublevado escuchó por teléfono el disparo que acabó con la vida de su hijo.

Franco estaba ocupado con la necesidad de tomar una decisión trascendental en cuanto a la ruta que debía seguir el Ejército de África tras haber conquistado la parte occidental de Andalucía y Extremadura. El 21 de septiembre de 1936 sus columnas habían llegado hasta Maqueda, un importante cruce de vías, donde la carretera del sur se dividía para ir hacia el norte, Madrid, o hacia el este, Toledo, para socorrer a la guarnición sublevada que se encontraba sitiada por las milicias republicanas.

Los republicanos habían malgastado enormes cantidades de tiempo, energía y munición en el intento de capturar una fortaleza sin ninguna importancia estratégica. La resistencia de la guarnición sitiada, unos mil guardias civiles y falangistas, se había convertido así en el gran símbolo del heroísmo del Bando Nacional.

El 26 de septiembre las tropas sublevadas entraron en Toledo y pudieron liberar a sus camaradas sitiados. Franco pasó así a simbolizar el esfuerzo bélico y el carisma para las tropas sublevadas. Este hecho le sirvió a Franco para reivindicar su derecho al poder total en la Patria: Comandante Supremo del Bando Nacional, Jefe del Estado y Presidente del Gobierno.

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Bombardeo de Guernica.

3. Bombardeo de Guernica.

El bombardeo de Guernica, también conocido como "Operación Rügen, fue un ataque aéreo realizado sobre esta simbólica población vasca el 26 de abril de 1937 por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del Bando Nacional. Consistió en un... Ver mas
El bombardeo de Guernica, también conocido como "Operación Rügen, fue un ataque aéreo realizado sobre esta simbólica población vasca el 26 de abril de 1937 por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del Bando Nacional. Consistió en un bombardeo en alfombra, es decir, fue un bombardeo táctico de una zona por medio de gran cantidad de bombas de caída libre, a menudo combinadas con bombas incendiarias. El objetivo táctico de este tipo de bombardeo es la destrucción total de la zona objetivo, ya sea para eliminar personal y/o material militar o para desmoralizar al enemigo.

Guernica, capital cultural e histórica vasca, tenía antes del ataque una población de unas 5.000 personas, a las que habría que añadir un gran número de tropas que se retiraban para preparar la defensa de Bilbao. En ese momento no tenía ningún tipo de defensa antiaérea, aunque sí tenía tres fábricas de armas, una de ellas de bombas de aviación.

La destrucción fue tan grande que provocó un intenso humo, por lo que los últimos bombarderos, al no poder ver los objetivos, descargaron las bombas a ciegas. A las 7.30 de la tarde terminó el ataque, no pudiéndose apagar totalmente el incendio hasta el día siguiente, en gran parte debido a la inexistencia de un parque de bomberos.

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Batalla del Jarama.

4. Batalla del Jarama.

Esta batalla se desarrolló entre el 6 y el 27 de febrero de 1937. La ofensiva la inició el Bando Nacional con la intención de cortar las comunicaciones a Madrid. El diseño de la operación inicial era una acción de gran envergadura por el este de la capital, que incluía la toma de Arganda del Rey... Ver mas
Esta batalla se desarrolló entre el 6 y el 27 de febrero de 1937. La ofensiva la inició el Bando Nacional con la intención de cortar las comunicaciones a Madrid. El diseño de la operación inicial era una acción de gran envergadura por el este de la capital, que incluía la toma de Arganda del Rey, cortar las comunicaciones hacia Valencia y subir hasta Alcalá de Henares para alcanzar la carretera de Barcelona.

El ejército franquista, con 19.000 hombres de infantería y dos batallones con ametralladoras pesadas y carros de combate alemanes, avanzó hacia Ciempozuelos hasta enfrentarse en los primeros días con algunas brigadas republicanas de no más de 3.000 hombres que, en dos días, el número de hombres fue reducido a la mitad. Al otro lado del río Jarama la orografía permitía una defensa fácil al ejército republicano, ya que desde los riscos se dominaba todo el valle del Jarama.

El mando republicano había acumulado fuerzas en la zona, pues tenía planeado realizar una ofensiva, pero el ataque de los nacionales se les adelantó. Al no conocer bien las intenciones del enemigo dividió sus fuerzas entre la línea del Manzanares y la del Jarama.

Tras la batalla ambos bandos hicieron obras de fortificación. Los republicanos crearon posiciones defensivas tras el río Tajuña, para resistir una posible ruptura del frente si se volviera a repetir una ofensiva nacional. El bando sublevado conservó el terreno que conquistó al otro lado del río, fortificando las posiciones y permaneciendo durante toda la contienda. El Bando Republicano, aunque cedió terreno, detuvo la maniobra envolvente del Bando Nacional, pero se vio obligado a dejar una considerable fuerza para defender la zona durante toda la guerra, en detrimento de otros frentes.

Las unidades republicanas, dispersas en el inicio de la ofensiva, se agruparon al mando del general José Miaja el 15 de febrero, conformando en total cuatro divisiones que consiguieron evitar el avance hacia Arganda del Rey. El ejército republicano contó entre los combatientes con las Brigadas Internacionales. La defensa republicana no solo retrasó los planes nacionales de cercar Madrid, sino que hizo lo mismo con el final de la guerra.

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Asedio de Madrid.

5. Asedio de Madrid.

A partir de abril de 1937 la presión franquista sobre Madrid quedó reflejada en un asedio que no cesó ni un solo momento: Franco era paciente y prefirió esperar a que Madrid estuviese agotada para atacar. Tras los reiterados fracasos por hacerse con la capital, la estrategia del Bando Nacional... Ver mas
A partir de abril de 1937 la presión franquista sobre Madrid quedó reflejada en un asedio que no cesó ni un solo momento: Franco era paciente y prefirió esperar a que Madrid estuviese agotada para atacar. Tras los reiterados fracasos por hacerse con la capital, la estrategia del Bando Nacional pasó por hacerse con el control de la franja norte que se mantenía leal al poder republicano.

Tras la ofensiva de Vizcaya y la caída de Bilbao, el ejército franquista continuó con el punto de mira puesto sobre Santander. Ante esta situación el Estado Mayor republicano decidió dar un golpe de efecto sobre una posición que distrajera y retrasara a las tropas del frente norte: las únicas tropas que habían demostrado estar a la altura de las circunstancias eran las del frente del centro, por lo que quedó claro que la ofensiva sería en este sector.

La idea que se presentó era sencilla: tratar de rodear a las fuerzas que asediaban Madrid desde el oeste mediante un ataque desde dos frentes en forma de tenaza. El ataque comenzó el 6 de julio conquistando numerosas poblaciones y, aunque se mantuvo un fuerte impulso republicano los primeros días, la balanza se inclinó finalmente hacia los nacionales que lograron contraatacar y reconquistar localidades perdidas anteriormente. La ciudad aguantará durante meses el asedio hasta prácticamente el final de la guerra, a pesar del progresivo endurecimiento de las condiciones para la población madrileña que veían cada vez más reducido el racionamiento de alimentos y medicamentos. Los bombardeos aéreos y el cañoneo desde el Cerro Garabitas empeoraban el ya difícil día a día de los madrileños.

Los republicanos intentaron varias ofensivas en torno a Madrid para aliviar la presión sobre la ciudad. A lo largo de 1937 y 1938 se realizaron numerosos asaltos sobre el Cerro Garabitas para intentar desalojar el puesto artillero que había allí pero ninguno logró su objetivo. En torno a la Ciudad Universitaria se produjeron tiroteos y la pasarela construida para comunicarla con la Casa de Campo fue destruida por la artillería republicana en numerosas ocasiones, pero ello no supuso ningún problema para las posiciones franquistas en la Casa de Campo, pues la pasarela fue levantada por los nacionales tantas veces como fue destruida por la artillería republicana.

A comienzos de 1939 la moral de las tropas republicanas que guarnecían el frente de Madrid se encontraba hundida ante el devenir general de la guerra y el exiguo racionamiento que cada vez iba a menos. Tras la caída de Cataluña se hizo evidente que la guerra estaba completamente perdida, pero además empezó a crecer el rechazo hacia los comunistas y el presidente Negrín por su filiación con la URSS y la política que propugnada la resistencia a ultranza. La caída de Cataluña había provocado la salida del gobierno republicano, lo que provocó un momentáneo vacío de poder que fue aprovechado por algunos elementos militares disconformes con Negrín. Entre ellos destacaba el coronel Segismundo Casado, comandante del Ejército del Centro republicano y un anticomunista convencido que llevaba tiempo disconforme con la influencia comunista en el ejército y que tras la batalla del Ebro había establecido contactos con miembros de la quinta columna madrileña.

Negrín volvió a España en febrero pero las conspiraciones ya se encontraban en un estado muy avanzado. Finalmente, un golpe de Estado dirigido por Casado tuvo lugar entre el 5 y el 6 de marzo de 1939. Con él se sublevaron otros jefes militares como Miaja o Mera y políticos como Julián Besteiro, y con él, el ala moderada del PSOE, así como anarquistas y algunos republicanos moderados. La sublevación prosperó en un principio en Madrid y buena parte de la zona centro, pero la reacción de las tropas fieles a los mandos comunistas no se hizo esperar: Luis Barceló Jover se autonombró comandante del Ejército del Centro y desde este nuevo cargo respondió a los partidarios de Casado.

Casado había tenido la esperanza de poder lograr una paz honrosa con Franco ahora que no había comunistas en el Bando Republicano, pero el líder del Bando Nacional se mostró inflexible y solo aceptó la rendición incondicional. Ante el fracaso de las negociaciones y lo evidente de la descomposición republicana, Franco ordenó a sus tropas avanzar: sin encontrar resistencia alguna, el ejército franquista entró en Madrid el 28 de marzo. Con ello terminó el largo asedio de Madrid. Cuatro días después, Don Francisco Franco Bahamonde emitió a la nación el siguiente comunicado:

"En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

Burgos, 1 de abril de 1939, año de la Victoria.

El Generalísimo Franco."

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Batalla de Belchite.

6. Batalla de Belchite.

El 24 de agosto de 1937 el general Pozas lanzó un ataque simultáneo por tres puntos fundamentales y cinco secundarios en dirección a Zaragoza. Participaron 80.000 hombres, tres escuadrillas de la aviación republicana y 105 carros T-26 soviéticos. En los frentes norte y sur solo se logró ocupar... Ver mas
El 24 de agosto de 1937 el general Pozas lanzó un ataque simultáneo por tres puntos fundamentales y cinco secundarios en dirección a Zaragoza. Participaron 80.000 hombres, tres escuadrillas de la aviación republicana y 105 carros T-26 soviéticos. En los frentes norte y sur solo se logró ocupar terreno vacío. En el frente sur las poblaciones de Quinto, Mediana y Codo estaban escasamente guarnecidas y cayeron en poder del ejército republicano el 26 de agosto.

Las tropas de la 45ª División dirigidas por Emilio Kléber llegaron a 6 kilómetros de Zaragoza, pero no lograron lanzar un ataque contra la ciudad porque mientras tanto las Divisiones 11ª y 24ª se dedicaron a eliminar un inesperado foco de resistencia de los nacionales situado en la localidad de Belchite. Para entonces, dicha localidad había formado una bolsa de resistencia nacional considerable, aunque solamente estaban concentrados allí unos 7.000 soldados y voluntarios civiles dirigidos por el comandante Alfonso Trallero, que perecería en los combates.

Parapetados en fortificaciones de hierro y cemento y disponiendo de varios nidos de ametralladoras, los nacionales aprovecharon los edificios de Belchite para instalar su dispositivo de defensa colocando sacos de arena como barricadas en las calles de la localidad para retardar el avance de las fuerzas republicanas que trataban de reducir la bolsa desde el 1 de septiembre. Aún cercados, los sublevados se defendieron tenazmente durante varios días, mientras que las tropas republicanas detenían su avance en otras zonas para dedicarse a sofocar la resistencia de Belchite.

Entonces el general de milicias Juan Modesto decidió lanzar toda la 24ª División contra Belchite para eliminar este bastión a la retaguardia de sus tropas. La aviación republicana colaboró en este esfuerzo, hasta que la propia población quedó destruida por los ataques de artillería y bombardeos aéreos. La acumulación de escombros en Belchite dificultó más a la infantería republicana su tarea de reducir a los defensores del poblado. Esta operación significó una demora de cinco días más, pues los nacionales cercados resistieron hasta el 7 de septiembre. Para ese momento, el frente de los nacionales había recibido refuerzos y desde Zaragoza se planificó una contraofensiva a partir del 30 de agosto, que recuperó algún terreno pero fue detenida por la 45ª División de Kléber y no logró socorrer a los nacionales asediados. De hecho, cuando la 11ª División de Líster sofocó la resistencia, el avance de la 45ª División ya había sido repelida por los franquistas.

La ofensiva fracasó porque en lugar de avanzar sobre Zaragoza, las fuerzas republicanas se concentraron en tomar Belchite que había formado una bolsa en medio del territorio ganado, con una cantidad de tropas diez veces menor a las tropas de la República. Pese a la abrumadora ventaja numérica de las tropas republicanas sobre los nacionales cercados en Belchite, las divisiones bajo el mando de Modesto dieron prioridad a la toma de esta localidad y tornaron muy lentos sus avances, perjudicando a la división de Emilio Kléber que no podría lanzar por sí sola un ataque decisivo contra la capital aragonesa. Esta "operación de limpieza" produjo un retraso considerable, que dio lugar a que los nacionales pudieran reforzar sus posiciones y el frente quedara estabilizado.

Antes de la ofensiva republicana los nacionales solo disponían en la zona de tres divisiones desplegadas a lo largo de los 300 kilómetros del frente, con la mayoría de las tropas concentradas en ciudades. Los efectivos rebeldes, tras el comienzo de la ofensiva, se componían de cinco divisiones, que fueron retiradas del frente de Madrid, artillería, de la que carecía el bando republicano y 65 aviones. La contraofensiva se inició el 30 de agosto y acabó el 6 de septiembre, coincidiendo con la rendición de los defensores nacionales de Belchite.

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Asedio de Oviedo.

7. Asedio de Oviedo.

Tras estallar la Guerra Civil, la ciudad de Oviedo se unió al Bando Nacional por orden del jefe de la guarnición, el coronel Antonio Aranda. Desde entonces esta quedó sitiada por las milicias mineras y obreras que se habían mantenido fieles a la República. Tras conocerse en la Península la... Ver mas
Tras estallar la Guerra Civil, la ciudad de Oviedo se unió al Bando Nacional por orden del jefe de la guarnición, el coronel Antonio Aranda. Desde entonces esta quedó sitiada por las milicias mineras y obreras que se habían mantenido fieles a la República.

Tras conocerse en la Península la sublevación de las tropas españolas en Marruecos, sindicatos obreros y partidos izquierdistas empezaron a formar milicias armadas para combatir la revuelta. En Oviedo el coronel Antonio Aranda se hallaba a cargo de la guarnición local y anunció su lealtad al gobierno republicano. En tanto Aranda era integrante de la masonería y había manifestado opiniones favorables a la República en el pasado, las autoridades de Madrid aceptaron sus declaraciones y permitieron que centenares de mineros de la región asturiana dejaran su provincia para acudir a formar milicias en otras zonas.

No obstante, el día 19 de julio de 1936 el coronel Aranda se unió a la sublevación con el apoyo de las tropas bajo su mando, mientras convocaba a Oviedo al personal de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto. Los partidos de izquierda habían enviado a la mayoría de sus simpatizantes fuera de la provincia dos días antes, por lo que resultó fácil a los rebeldes tomar control de toda la ciudad, con escasa oposición.

La situación de los sublevados franquistas en Oviedo era muy difícil, pues todo el resto de Asturias, exceptuando los cuarteles sublevados en Gijón, se mantenía al lado de la República, con lo cual pronto milicias republicanas cercaron la ciudad. Además las fuerzas republicanas disponían de una proporción de diez a uno en cuanto a número de efectivos. Aranda había previsto esta posibilidad, ya que la provincia había sido un bastión de izquierdas desde la Revolución de Asturias de 1934.

Casi todas las tropas regulares de la provincia estaban concentradas en Oviedo y se habían unido a la revuelta. En consecuencia las tropas republicanas que se oponían a los sublevados estaban formadas casi exclusivamente por milicias de obreros y mineros de los sindicatos UGT y CNT en una excelente ubicación estratégica (cercaban totalmente Oviedo desde las colinas que la rodeaban) y eran muy superiores en número, pero con escaso entrenamiento militar y poca munición disponible.

Cuando terminó el sitio de Gijón el 16 de agosto, la totalidad de las milicias republicanas se dirigió inmediatamente en ofensiva contra Oviedo, hallando que los rebeldes ya habían tomado las colinas que rodeaban la ciudad y hacían ahora más difícil un avance exitoso de los republicanos. Si bien las milicias cortaron el suministro de agua, dentro de la ciudad ya había reservas suficientes de agua y alimentos para sostener la resistencia de los franquistas. Al aproximarse desde Galicia tropas del Bando Nacional en apoyo de los cercados de Oviedo, los ataques de las milicias se hicieron más severos con artillería que bombardeaba la ciudad.

La gran ventaja de las milicias republicanas era su abrumadora superioridad numérica (más del triple) y en el curso del mes de septiembre el cerco se hizo más estrecho al ir conquistando las milicias las colinas donde se atrincheraron los rebeldes. El agua empezó a escasear en Oviedo, causando enfermedades infecciosas entre la población civil y los militares, bajas que no podían ser repuestas fácilmente.

Los milicianos determinaron lanzar la ofensiva final sobre la plaza el 4 de octubre, fecha que coincidía con el aniversario más de la Revolución de Asturias de 1934. La intensidad de los ataques y bombardeos de las milicias aumentaba al llegar la noticia de que tropas franquistas llegadas desde Galicia estaban a solo 40 kilómetros de Oviedo, presionando a las tropas republicanas a tomar la ciudad cuanto antes. Hacia el 12 de octubre las milicias habían vencido todas las defensas del perímetro de Oviedo y empezó el combate urbano dentro de los edificios de la ciudad misma, con gran tenacidad de ambos bandos.

La situación de los nacionales se hacía muy difícil pues pese a contar aún con suficiente munición habían perdido casi dos tercios de sus tropas, mientras las milicias se lanzaban a intensísimos ataques de guerra urbana para terminar de tomar la ciudad antes de que llegasen las tropas franquistas de Galicia. El general Aranda ordenó una desesperada defensa a ultranza de sus tropas, donde participó personalmente, previendo si fuera necesario abandonar la defensa de toda la ciudad y la retirada a una serie de bastiones. Entre tanto, Oviedo era escenario de combates en calles, plazas e inclusive dentro de las casas y edificios. Las milicias republicanas les causaron enormes bajas, mientras Aranda y sus hombres prácticamente combatían entre las ruinas de sus cuarteles. Dicho esfuerzo final de los republicanos resultó en vano cuando el día 16 de octubre las tropas franquistas de Galicia entraron en Oviedo, se unieron a las fuerzas de Aranda y obligaron a los republicanos a retirarse, ya casi sin municiones para seguir combatiendo contra un adversario reforzado.

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Batalla de Teruel.

8. Batalla de Teruel.

El ejército franquista contaba con unos 4.000 hombres armados dentro de la ciudad de Teruel, todos bajo el mando del coronel Domingo Rey d'Harcourt. A ellos se sumó una parte de la población no entrenada militarmente, llegando a alcanzar la cifra de 5.000 defensores. Teruel se encontraba... Ver mas
El ejército franquista contaba con unos 4.000 hombres armados dentro de la ciudad de Teruel, todos bajo el mando del coronel Domingo Rey d'Harcourt. A ellos se sumó una parte de la población no entrenada militarmente, llegando a alcanzar la cifra de 5.000 defensores.

Teruel se encontraba defendida por una línea de trincheras y alambradas que habían sido preparadas tiempo atrás al considerarse que representaba un saliente muy amenazado por los republicanos. Las tropas franquistas decidieron presentar una defensa resuelta de sus posiciones en el interior de la ciudad. Este tipo de defensa iba a causar bastantes quebraderos de cabeza a las tropas republicanas.

Más adelante las fuerzas franquistas concentraron a tres Cuerpos de Ejército: el de Castilla, el de Galicia y el de Marruecos, además de una división de caballería dirigida por el general Monasterio y otras fuerzas menores. También hicieron acopio de un gran número de baterías de artillería, unas 500, con el apoyo de algunos carros de combate Panzer I. La aviación franquista y la Legión Cóndor también hicieron acto de presencia, si bien en número similar a la de la Fuerza Aérea Republicana, unos 140 aparatos de variado tipo.

OFENSIVA REPUBLICANA.

Las tropas republicanas iniciaron la ofensiva el 15 de diciembre de 1937 mientras nevaba y sin preparación artillera ni aérea, a fin de disimular sus intenciones. El general Líster rompió el frente y se adentró hasta conquistar Concud. El día 17 las fuerzas atacantes cerraron completamente el cerco sobre Teruel. Los republicanos avanzaron directamente hacia una cresta situada al oeste de la ciudad, la Muela de Teruel, cuya posesión era decisiva en vistas a la conquista de la plaza.

Cuando los republicanos se hicieron con la posición, el comandante de la guarnición de Teruel, el coronel Domingo Rey d'Harcourt, desistió de mantener un perímetro defensivo alrededor de la urbe y empezó a retirar a sus hombres hacia el interior de la ciudad. Por su parte, Franco seguía con mucha atención las noticias que llegaban desde la ciudad del Turia pero seguía manteniendo sus planes para la ofensiva de Guadalajara, pues los asesores alemanes le venían insistiendo en ese sentido.

El día 19 las tropas republicanas llegaron a los arrabales de la capital y se produjeron los primeros combates dentro de ella. El día 22 las unidades republicanas empezaron a entrar en la ciudad con el apoyo de la artillería que controlaba el perímetro de la ciudad, viéndose los primeros carros republicanos en la emblemática Plaza del Torico. No obstante, esta victoria favoreció un desarrollo precipitado de los movimientos de las tropas republicanas que sufrieron un gran número de bajas por el sistema de defensa cerrado que ofrecieron las tropas franquistas, sabedores de que solo un combate casa por casa era la defensa más efectiva. El ejército franquista dirigido por Rey d'Harcourt se acantonó en las dependencias del Gobierno Civil, el Banco de España, el Hotel Aragón, el Convento de Santa Clara y el Seminario.

A partir de entonces las operaciones militares dentro de la ciudad se desarrollaron con una conquista casa por casa, peligrosa para ambos bandos y con gran cantidad de bajas civiles, por lo que se evacuó a la población civil turolense antes de lanzar el asalto urbano. Dentro de la ciudad la artillería republicana situada en los alrededores barría cada edificio donde se encuentraba la resistencia franquista.

Para el día de navidad los republicanos ya se habían hecho con la mayor parte de la capital turolense. Ese día varios oficiales republicanos fueron condecorados y ascendidos por su inminente victoria, aunque los defensores franquistas siguieron resistiendo en dos reductos principales: el Seminario y la Comandancia. No obstante, las bajas republicanas fueron numerosas y los combates y el frío empezaban a hacer mella en la tropa.

CONTRAATAQUE FRANQUISTA.

No fue hasta el día 23 cuando Franco decidió suspender la operación de Guadalajara cuando se convenció de que no podía permitirse el fracaso político que suponía perder una capital de provincia. Como en Brunete, Franco no estaba dispuesto a hacer concesiones al enemigo y organizó un contraataque frontal en un frente estrecho, con las consecuencias que ello tendría. La aviación nacional, con temperaturas en los aeródromos de Castilla de hasta -10 °C, apenas podía hacer nada.

La contraofensiva franquista para romper el asedio de Teruel no comenzó hasta el 29 de diciembre. Se telegrafió a Rey d'Harcourt que confiara en España como España confiaba en él y que resistiera a toda costa. Después de un día de intensos bombardeos artilleros y áreos, los generales Varela y Aranda al mando de los Cuerpos del Ejército de Castilla y Galicia avanzaron. Las líneas republicanas fueron rechazadas, aunque no llegaron a romperse y aguantaron la embestida. Rey d'Harcourt mantenía la resistencia en el interior de la ciudad, aunque cada vez en peores condiciones.

El último día de 1937, mientras empeoraba el tiempo, los franquistas realizaron un esfuerzo supremo y consiguieron llegar a La Muela al atardecer. Desde allí pudieron cañonear fácilmente la ciudad. Los bombardeos aéreos sobre las posiciones republicanas fueron los más duros que hasta ese momento se habían sucedido en la guerra. Los días 31 de diciembre y 1 de enero se tuvieron que paralizar los ataques aéreos debido a la ventisca que impidió operar a los aviones.

Las tropas franquistas en el exterior se hallaban a escasa distancia del centro de Teruel y durante la noche del 31 de diciembre al 1 de enero hubo un momento en que algunas unidades republicanas en el interior de la ciudad abandonaron las posiciones sin que ni los sitiados ni sus rescatadores se percataran de ello, aunque a las pocas horas volvieron a sus posiciones y quedó como un hecho sin importancia.

El temporal de frío fue extremo y paralizó todas las operaciones: las carreteras y los motores de todas las máquinas de guerra se helaron. Teruel, manteniendo fama de clima extremado, registró una temperatura de -18º. Los franquistas sufrieron más los efectos del frío, ya que su falta de industrias textiles dificultaba el envío de ropas de abrigo al frente. En los días siguientes el temporal de frío dejó un metro de nieve que aislaba a ambos ejércitos de sus centros de aprovisionamiento, así como la comunicación de las unidades entre sí. Los intentos franquistas de romper el cerco continuaron el 2 de enero, pero el general Saravia ordenó la voladura del Puente de Hierro y todos sus intentos cayeron en saco roto.

Mientras tanto, los combates proseguían en el interior de la ciudad. Los republicanos continuaron estrechando el cerco mientras se limitaban a lanzar granadas contra los sótanos arruinados de los edificios en los que se concentraban los franquistas. Para el día de año nuevo de 1938 todos los defensores del Convento de Santa Clara habían muerto, a lo que siguió la caída de la Comandancia militar el día 3 y todo el complejo defensivo montado alrededor.

El único reducto que todavía resistía se trataba del Seminario, pero los defensores de esta posición se habían quedado sin agua y medicamentos, apenas contaban con víveres y municiones para seguir resistiendo y se defendían entre montones de escombros, en medio de un intenso frío. Continuaron resistiendo hasta el 8 de enero. Finalmente, el coronel Rey d'Harcourt con el obispo de Teruel a su lado, Anselmo Polanco, fue capturado por las tropas republicanas. Ambos fueron fusilados por los republicanos un año después, el 7 de febrero de 1939, junto a otros cuarenta y dos soldados franquistas que habían sido hechos prisioneros.

El día que capturaron a Rey d'Harcourt el mal tiempo volvió a impedir un proyectado contraataque franquista, aunque se reanudaron los ataques de artillería sobre el terreno de los alrededores de Teruel, cubierto de una espesa capa de nieve. El general Dávila, al mando de 3 cuerpos del Ejército con unos 100.000 hombres inició la contraofensiva. En estos días de enero la aviación republicana ya había perdido un número significativo de sus aviones a manos de los cerca de 140 cazas franquistas que estaban en el aire.

El 19 de enero entraron en acción las Brigadas Internacionales a las órdenes del General Walter, sosteniendo fuertes combates con los franquistas a las afueras de Teruel. No obstante, en las filas republicanas cundía se daban casos de insubordinación: en Mora de Rubielos, el comandante republicano Andrés Nieto fusiló por rebelión a más de 50 de sus hombres el día 20 de enero.

La última batalla en la larga lucha por Teruel comenzó el 17 de febrero. Aquel día el general Yagüe cruzó el Alfambra y avanzó hacia el sur por la margen derecha del río, aislando a la ciudad desde el norte. Al día siguiente le tocó a las tropas republicanas en el flanco sur, atacadas por el Cuerpo de Ejército de Aranda. Entonces, los dos generales franquistas iniciaron un movimiento envolvente similar al efectuado en diciembre por los republicanos, a varios kilómetros de la ciudad pero esta vez en dirección opuesta.

Ante la fuerte presión de las tropas franquistas, el 19 de febrero llegaron refuerzos republicanos, pero ya era demasiado tarde como para que hubiera alguna influencia en el desarrollo de los combates. Al comienzo del día 20 quedaron amenazadas por ambos lados las comunicaciones con Valencia por carretera y ferrocarril, mientras otras unidades franquistas empezaban a penetrar en los arrabales de Teruel. Los republicanos lanzaron fuertes contraataques a lo largo de toda la línea el frente para detener la ofensiva franquista pero no pudieron evitar que el 21 de febrero quedase totalmente cercada Teruel. Al anochecer, el cerco estaba completamente cerrado y las tropas republicanas quedaron sitiadas sin suministros. Consciente del cerco, el general Saravia ordenó la retirada, aunque después de la toma de Teruel por las tropas franquistas los republicanos aparecieron dispersos y desarmados por los caminos, habiendo dejado atrás a los heridos durante la retirada impuesta por Valentín González, lo que provocó que unos 1.500 fueran hechos prisioneros dentro de la ciudad por las tropas franquistas. Valentín González acusó a Modesto y Líster de haberle dejado abandonado a su suerte en Teruel pero Líster le acusó de haber desertado del campo de batalla y haber dejado abandonados a sus hombres.

La mañana del 22 de febrero los franquistas entraron en Teruel sin apenas encontrar resistencia republicana. Al entrar en la capital de provincia, los soldados y mandos franquistas apreciaron la devastación de la ciudad con decenas de edificaciones destruidas. A esto se juntaron los heridos y prisioneros republicanos y el numeroso material bélico republicano abandonado o destruido. En contraste con otras victorias, aquí no hubo una entrada triunfal ni alegría por parte de los vencedores.

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Batalla de Brunete.

9. Batalla de Brunete.

Esta ofensiva lanzada por el ejército republicano tenía como objetivo disminuir la presión ejercida por las fuerzas del Bando Nacional sobre Madrid y, al mismo tiempo, aliviar la situación en el frente norte. EL ATAQUE REPUBLICANO. Partiendo de posiciones cercanas a Valdemorillo, durante... Ver mas
Esta ofensiva lanzada por el ejército republicano tenía como objetivo disminuir la presión ejercida por las fuerzas del Bando Nacional sobre Madrid y, al mismo tiempo, aliviar la situación en el frente norte.

EL ATAQUE REPUBLICANO.

Partiendo de posiciones cercanas a Valdemorillo, durante la noche del 5 al 6 de julio de 1937 se realizó una infiltración en territorio franquista. La 11ª División abrió fuego al amanecer tras un duro ataque de artillería y aviación. Al cabo de unas horas habían avanzado unos 16 kilómetros y habían rodeado Brunete, uno de los primeros objetivos de la operación. La 71ª División franquista fue cogida por sorpresa, lo que permitió a las tropas republicanas tomar Brunete sin mayor demora, a pesar de la fuerte resistencia ofrecida por sus defensores.

El día 7 los republicanos ocuparon Villanueva de la Cañada, aunque Quijorna, Villanueva del Pardillo y Villafranca del Castillo continuaron resistiendo los ataques de la XV Brigada Internacional, formada por británicos y estadounidenses. El día 8 ocuparon Quijorna y el día 10 fue rodeada Villafranca del Castillo. Continuaron las operaciones y el día 11 fueron ocupadas Villanueva del Pardillo y Villafranca del Castillo por tropas del XVIII Cuerpo de Ejército. No obstante, el ejército republicano no continuó el avance hacia Boadilla del Monte como estaba establecido en el plan y, agotados por la falta de iniciativa para continuar el avance hacia otros objetivos, la División se atrincheró en Brunete.

LA REACCIÓN FRANQUISTA.

A pesar de este avance fulgurante, la ofensiva republicana comenzó a perder fuerza. El ejército franquista reaccionó con rapidez trasladando al sector las divisiones 12ª, 13ª y 150ª y las Brigadas IV y V de Navarra, retiradas a toda prisa del frente norte. También recibieron los franquistas el refuerzo aéreo de la Legión Cóndor, lo que hizo que la situación comenzase a equilibrarse y fuera cambiando el signo de la batalla.

La posición de los nacionales fue muy crítica en los primeros días, cuando las avanzadillas republicanas estaban a punto de alcanzar el propio puesto de mando del general José Enrique Varela, situado en la localidad de Boadilla del Monte. A partir del día 10 los nacionales comenzaron a reforzar sus defensas y repelieron el ataque, de tal forma que el día 12 las fuerzas republicanas tuvieron que pasar a la defensiva, produciéndose durante los días siguientes combates durísimos, en los que se alternaron ataques y contraataques bajo un sol abrasador con más de treinta y ocho grados a la sombra en pleno verano castellano.

FRANCO LANZA EL CONTRAATAQUE.

El 15 de julio, cuando la situación ya se había estancado definitivamente y se había dado órdenes de cavar trincheras, las tropas republicanas habían conseguido avanzar unos 12 kilómetros hacia el sur de Brunete en dirección a Navalcarnero. La superioridad aérea de la Legión Cóndor frente a la aviación republicana hizo que la lucha se tornase más dura, en tanto que la descoordinación en las comunicaciones provocó que se produjeran ataques de la artillería sobre las líneas avanzadas de uno y otro ejército.

Los mandos franquistas lograron mantener una disciplina férrea en sus tropas animando a sus hombres con el resultado de la contraofensiva. No obstante, los jefes republicanos debieron luchar contra casos de insubordinación en algunas unidades ante un contraataque de los nacionales que no se esperaba con tanta rapidez. Tal situación llevaría incluso a ejecuciones sumarias de amotinados y desertores en el propio campo de batalla y a la sublevación de la XIII Brigada Internacional, que tuvo que ser detenida en la carretera de La Coruña por la Guardia de Asalto con armamento pesado, cuando regresaba a Madrid tras abandonar el campo de batalla sin permiso del Estado Mayor.

Las tropas republicanas consiguieron mantener el terreno conquistado a costa de enormes pérdidas. El material del que disponían era limitado, el número de hombres también, y no se podía traer más tropas de Madrid por la oposición del general José Miaja a desguarnecer la defensa madrileña solo para recuperar terreno vacío. A esas alturas era evidente que los nacionales habían acumulado gran cantidad de hombres y material traídos del frente del norte, donde estaban destinados a la toma de Santander.

Los nacionales comenzaron su contraofensiva el día 16 y poco a poco fueron recuperando terreno. Durante la semana del 19 al 26 de julio se produjo la retirada republicana, todo ello bajo el ametrallamiento de los aviones alemanes que en superioridad numérica difícilmente eran detenidos por la aviación republicana. La lucha prosiguió, pero el avance nacional fue lento, aunque los republicanos tampoco lograron detenerlo. Así, el 24 de julio los franquistas recuperaron Brunete.

El mismo día 24 fue recuperada por los nacionales la margen izquierda del río Guadarrama y la carretera Brunete-Boadilla del Monte, mientras el 25 terminó la lucha con la toma del cementerio, donde resistían los hombres de la 11ª División mandada por Enrique Líster, que habían sido los primeros en entrar a la localidad veinte días antes.

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Batalla de Cataluña.

10. Batalla de Cataluña.

Para hacerse con Cataluña el Bando Nacional decidió fragmentar la zona republicana en dos, dejando al sur las provincias de Valencia, Alicante, Murcia y algunas de Castilla la Mancha y al norte un pequeño territorio que acogía las provincias de Tarragona, Barcelona y Girona, tal y como se logró... Ver mas
Para hacerse con Cataluña el Bando Nacional decidió fragmentar la zona republicana en dos, dejando al sur las provincias de Valencia, Alicante, Murcia y algunas de Castilla la Mancha y al norte un pequeño territorio que acogía las provincias de Tarragona, Barcelona y Girona, tal y como se logró en abril de 1938 con la ruptura del frente de Aragón. Cataluña quedó aislada desde entonces y con pocas expectativas de recibir la ayuda de refuerzos, a pesar de que entonces la ciudad de Barcelona era sede del propio gobierno republicano.

Tras la batalla del Ebro el ejército franquista había desgastado gravemente a las tropas republicanas acantonadas en Cataluña, quienes vieron reducida su capacidad operativa por la pérdida de material de guerra y las bajas en combate de soldados veteranos. La retirada de las Brigadas Internacionales en octubre de 1938 había privado a la República de un contingente de tropas pequeñas en número pero experimentadas en combate. A este factor se unía la mala situación estratégica de la misma región, rodeada por el Mediterráneo y por el territorio bajo control franquista.

El 23 de diciembre de 1938 el ejército franquista empezó su ataque a lo largo del río Segre, rompiendo el frente republicano ese mismo día. Para evitar una penetración masiva de atacantes el gobierno republicano envió al 5º Cuerpo de Ejército bajo el mando del general Enrique Líster, quien contuvo la ofensiva durante doce días, evitando que las tropas franquistas penetrasen masivamente por el vértice de los ríos Ebro y Segre. El creciente caudal del Ebro impidió que el ejército franquista del general Juan Yagüe atravesase el río y atacase el sector sur de las defensas republicanas.

El ataque de los franquistas se estancó hasta que el 3 de enero de 1939 un ataque de carros de combate forzó una retirada republicana, mientras ese mismo día las unidades franquistas de Yagüe lograron cruzar el Ebro y atacar a los republicanos por el flanco sur, amenzándolos con un gran cerco. Al día siguiente los franquistas atacaron la población de Borjas Blancas, rompiendo de nuevo el frente y causando una retirada transformada en fuga. Las tropas republicanas que aún defendían este vértice entre el Ebro y el Segre huyeron rápidamente ante la amenaza de quedar cercadas, mientras los nacionales cruzaron definitivamente el Ebro y fijaron una cabeza de puente en Ascó.

El mando republicano en Cataluña dirigido por el general Vicente Rojo formó entonces sucesivas líneas de defensa, pero tales líneas estaban poco guarnecidas y sus defensores fueron cercados o rebasados por las tropas franquistas en pocos días. De hecho, a la inferioridad numérica del Bando Republicano había que agregar la inferioridad material, ya que tras la sangría de la batalla del Ebro la URSS parecía convencida de la derrota final de la República y no había repuesto el armamento perdido.

El 9 de enero la República movilizó a los reclutas de reemplazo de 1922 y 1942 para superar la escasez de tropas, pero esta medida extrema fue difícil de implementar por la falta de tiempo. Pese a esto, los franquistas renovaron su ataque y tomaron Montblanc el día 12. El día 14 Valls cayó en poder franquista, con lo que el Bando Nacional ya podía concentrar sus fuerzas sobre Tarragona. El general franquista Juan Yagüe dirigió sus divisiones marroquíes por la costa y entró en Tarragona el 14 de enero, presionando así por el sur a la propia Barcelona que sufría ya los frecuentes bombardeos de la aviación franquista.

El día 16 el gobierno de la República ordenó la movilización general de ciudadanos de ambos sexos entre 17 y 55 años de edad, así como la militarización de todas las industrias, pero esta medida llegaba demasiado tarde para ser implementada eficazmente. En efecto, a la urgencia de movilizar tropas hacia un frente cada vez más cercano, el gobierno republicano se enfrentaba a la crisis causada por miles de refugiados republicanos que se dirigían en masa hacia Barcelona, agravada por los bombardeos que desde el 17 de enero eran ejecutados diariamente por la aviación franquista sobre la capital catalana.

El día 18 de enero Negrín y el consejo de ministros acordaron declarar el estado de guerra y asignar al ejército republicano la autoridad civil en retaguardia, pero esta medida carecía de utilidad práctica en tanto la línea del frente ya estaba a 25 kilómetros del centro de Barcelona. Militarmente, el Bando Republicano carecía de munición para defender una ciudad tan extensa como Barcelona, además de que la desmoralización de las tropas ya era extremadamente grave.

Al difundirse la noticia de la toma de Tarragona por las tropas franquistas, quedó expuesto nuevamente el frente republicano y la retirada se convirtió en una huida caótica de refugiados republicanos de toda la región, autoridades políticas, civiles comunes e incluso soldados, que marcharon apresuradamente hacia la frontera francesa. La mayor parte de las tropas republicanas estaban ya desmoralizadas por las sucesivas derrotas, por el desaliento que transmitía la enorme masa de refugiados y en gran parte estaban ahora formadas por conscriptos muy jóvenes o muy mayores, quienes pese a las exhortaciones de sus oficiales mostraban escasos deseos de combatir y tras dos años y medio de guerra preferían la rendición rápida ante lo que parecía un triunfo inminente de los franquistas.

En la mañana del 22 de enero el general Rojo informa a Negrín y a sus ministros que el frente de combate nuevamente se ha colapsado entre Manresa y Sitges, apenas a 20 kilómetros de Barcelona, por lo cual las tropas republicanas habían abandonado sus posiciones para salvarse dentro de la propia capital catalana. Tras la exposición de Rojo, Negrín ordenó la evacuación de todas las entidades gubernamentales hacia la frontera francesa. La noticia de la evacuación del gobierno fue la señal para una huida caótica de civiles desde Barcelona.

A partir del 23 de enero miles de simpatizantes republicanos huyeron de Barcelona, llevándose consigo a sus familias y enseres, tomando por asalto los almacenes de alimentos para tener con qué sobrevivir durante la marcha hacia Francia. Ese mismo día los nacionales atacaron Sabadell, Tarrasa y Badalona, mientras cruzaban el Llobregat.

En la tarde del 24 de enero el gobierno republicano huía finalmente a Girona, dejando tras de sí una ciudad dominada por el desorden de la huida. Algunos militantes comunistas intentaron defender la ciudad a ultranza mediante barricadas el día 25 pero sus esfuerzos chocaron contra el desánimo de los civiles y el incesante flujo de refugiados en fuga que no albergaban mayores esperanzas. Al amanecer del 26 de enero las tropas franquistas alcanzaban las cumbres del Tibidabo y de Montjuic y al mediodía entraron al centro de Barcelona y ocuparon toda la urbe, sin hallar resistencia.

La ofensiva de Cataluña terminó dejando en poder del Bando Nacional un importante reducto republicano, en tanto Cataluña poseía valiosos recursos industriales y la segunda ciudad más importante de España. La zona republicana quedó reducida a las regiones del centro y suroeste de la Península. El balance militar y estratégico resultaba totalmente contrario a la República y convenció a los dirigentes republicanos de que la guerra la iba a ganar el Bando Nacional encabezado por el general Francisco Franco Bahamonde.

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Batalla naval del cabo de Palos.

11. Batalla naval del cabo de Palos.

Durante la guerra la Marina quedó dividida entre los dos bandos. La República conservó la mayoría de los destructores, cruceros ligeros y submarinos, además del acorazado "Jaime I", pero el ejército nacional consiguió disponer de los dos únicos cruceros pesados que se encontraban en su fase... Ver mas
Durante la guerra la Marina quedó dividida entre los dos bandos. La República conservó la mayoría de los destructores, cruceros ligeros y submarinos, además del acorazado "Jaime I", pero el ejército nacional consiguió disponer de los dos únicos cruceros pesados que se encontraban en su fase final de construcción en Ferrol, armados con ocho cañones de 203 mm cada uno.

El 5 de marzo de 1938 bajo el mando del almirante Vierna los dos cruceros franquistas se hicieron a la mar desde Palma de Mallorca acompañados del crucero ligero Almirante Cervera y tres destructores. Actuaban como protección lejana de un convoy que transportaba material de guerra desde Italia. El mismo día, la flota de la República formada por dos cruceros ligeros, uno de los cuales era el Méndez Núñez, y cinco destructores zarparon desde Cartagena. Al llegar la noche los destructores franquistas volvieron a su base, mientras que los cruceros continuaron su patrulla. Las dos flotas se cruzaron. Un destructor republicano lanzó sus torpedos contra los buques nacionales, pero falló. Los cruceros del almirante Vierna prefirieron retrasar el enfrentamiento hasta el amanecer para así poder sacar partido de su superior artillería. Sin embargo, los buques de la República decidieron perseguir a sus adversarios.

Los cruceros franquistas abrieron fuego sobre un buque republicano situado a unos 5.000 metros de distancia. Los cruceros republicanos respondieron, pero la falta de experiencia en combate nocturno de ambas tripulaciones hizo que ninguno de los fuegos artilleros fuese efectivo. Durante este duelo, tres destructores republicanos se aproximaron al combate. A unos 3.000 metros de distancia lanzaron doce torpedos. Dos de ellos impactaron en un crucero pesado del Bando Nacional, averiándolo gravemente, pues los proyectiles destruyeron el depósito de municiones del buque al impactar entre sus dos torretas. También estalló la zona central de su cubierta, junto con la proa, muriendo los tripulantes que allí se encontraban.

Dos destructores ingleses acudieron a ayudar al salvamento de los náufragos. Rescataron a 435 hombres, habiendo desaparecido 786. Durante el salvamento los aviones republicanos bombardearon a los destructores ingleses, causándoles algunas bajas.

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Ofensiva sobre Asturias. Batalla de El Mazuco.

12. Ofensiva sobre Asturias. Batalla de El Mazuco.

En los primeros días de septiembre de 1937 se produjo la ofensiva del Bando Nacional sobre Asturias, que dio lugar a la desaparición del Frente Norte, que hasta el momento había estado en posesión de las fuerzas republicanas. Al terminar la batalla de Santander el día 25 de agosto, las tropas... Ver mas
En los primeros días de septiembre de 1937 se produjo la ofensiva del Bando Nacional sobre Asturias, que dio lugar a la desaparición del Frente Norte, que hasta el momento había estado en posesión de las fuerzas republicanas.

Al terminar la batalla de Santander el día 25 de agosto, las tropas republicanas del Frente Norte se replegaron en masa hacia Asturias, última zona leal a la República en la región norte. El mismo 25 de agosto se había fundado en Gijón el Consejo Soberano de Asturias y León, presidido por Belarmino Tomás, que determinaba la autonomía política de la región asturiana respecto al resto de la zona republicana. Pese a ello, las tropas con que contaban los republicanos de Asturias ascendían a poco menos de 40.000 hombres al mando del coronel Adolfo Prada Vaquero. Estas fuerzas estaban en inferioridad numérica frente al Bando Nacional, con gran carestía de municiones y armamento adecuado, además de contar con una escasa protección aérea. El territorio que controlaban se limitaba a una línea de 120 kilómetros de largo y 90 de ancho, en un terreno escarpado y áspero entre la cordillera Cantábrica y el mar.

La batalla de El Mazuco estalló el 5 de setiembre cuando las Brigadas Navarras del jefe franquista José Solchaga intentaron avanzar por el paso de montaña de El Mazuco, a orillas del río Sella, paso que controlaba el acceso a la zona central de Asturias. Cuando las tropas franquistas tomaron Llanes debieron cruzar la sierra del Cuera para avanzar hacia el centro de Asturias. Allí fueron detenidos por 5.000 soldados republicanos dirigidos por un coronel de la Guardia de Asalto llamado Juan Ibarrola Orueta. Por su parte, Solchaga contaba con 33.000 hombres.

Esta batalla fue una de las más cruentas de la guerra. Tras los primeros ataques de los franquistas, los republicanos aprovecharon el mal clima del otoño para aferrarse a las cumbres de los peñascos de la sierra del Cuera y cerrar el paso de El Mazuco, contando desde el 7 de setiembre con ametralladoras para barrer el terreno y evitar el paso de las fuerzas nacionales, aunque estas contaban con artillería pesada suficente para causar graves daños en las líneas republicanas situadas en las alturas.

Afectadas por la escasez de munición, las fuerzas republicanas se defendían aprovechando al máximo el terreno montañoso, que restaba toda eficacia a los ataques iniciales de la aviación franquista. De hecho, los aviones de la Legión Cóndor intervinieron desde el inicio para destruir lo antes posible la defensa republicana. No obstante, la dispersión de las tropas republicanas entre los montes de El Mazuco hicieron inútil el bombardeo.

El día 10 de setiembre las tropas de Solchaga penetraron en la margen derecha del Sella mientras fuerzas del Corpo Truppe Volontarie atacaron Avilés. Los republicanos de El Mazuco cumplieron una importante labor al evitar que el grueso del ataque de los franquistas se lanzase hacia el centro del dispositivo defensivo de Asturias.

A pesar de todo, desde el día 13 los republicanos debieron replegarse a las cumbres situadas en el sur de la sierra del Cuera, ante la abrumadora superioridad artillera y numérica del ejército franquista. Hasta el 18 de setiembre la Brigada Navarra no logró avanzar, cuando los defensores de El Mazuco estaban al límite de sus fuerzas y empezaron a retirarse masivamente de la zona ante la posibilidad de quedar irremediabmente cercados mientras la aviación de la Legión Condor aprovechaba las horas libres de bruma para atacar las posiciones republicanas. El día 20 los franquistas tomaron el paso montañoso, el día 22 ocuparon las últimas cumbres del sector sur que aún estaban en poder de los republicanos y solo entonces pudieron iniciar su ofensiva contra el resto de Asturias.

Al cesar la resistencia republicana en El Mazuco, los nacionales avanzaron hacia el centro de la zona republicana en Asturias y el 18 de septiembre las tropas de la Brigada Navarra tomaron Ribadesella. El 1 de octubre los nacionales entraron en Covadonga, pudiendo amenazar el camino de todas las tropas de la República que se replegaban hacia Gijón.

La defensa republicana se endureció, favorecida por el terreno montañoso, pero la inferioridad numérica y la falta de municiones no permitió detener por mucho tiempo los ataques de los nacionales. El 10 de octubre las tropas franquistas ocuparon las dos márgenes del río Sella y al día siguiente los republicanos perdieron Cangas de Onís. En la mañana del día 20 de octubre los nacionales, dirigidos por el general Antonio Aranda, se unieron a las fuerzas de Solchaga en Infiesto, arrinconando a los republicanos entre Pola de Laviana y Villaviciosa.

Tras la caída de Infiesto y la unificación de las dos columnas de tropas franquistas, Gijón se hallaba vulnerable a un ataque directo de los nacionales, sin opciones viables de sostener la defensa por más tiempo ante la falta de municiones y la desmoralización de las tropas, con incidentes de insubordinación de soldados que se negaban a luchar.

En la mañana del 20 de octubre resultó evidente que la toma de Gijón por los nacionales era cuestión de horas. El Consejo Soberano de Asturias y León convocó su última reunión al mediodía con la presencia del propio coronel Prada. El Consejo ordenó la evacuación inmediata por vía marítima. El 21 de octubre los nacionales tomaron los últimos bastiones republicanos de Avilés y de Gijón, donde redujeron los nidos de resistencia desesperada de los soldados republicanos que no pudieron ser evacuados.

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Batalla de Bilbao.

13. Batalla de Bilbao.

La posesión de Bilbao era elemental para ambos bandos, tanto por su situación estratégica en la franja cantábrica controlada por la República, como por sus industrias pesadas y fábricas de armas. Después de una larga y potente ofensiva del Bando Nacional, a principios de junio de 1937 sus tropas... Ver mas
La posesión de Bilbao era elemental para ambos bandos, tanto por su situación estratégica en la franja cantábrica controlada por la República, como por sus industrias pesadas y fábricas de armas. Después de una larga y potente ofensiva del Bando Nacional, a principios de junio de 1937 sus tropas se hallaban frente a la capital vizcaína, aunque les quedaba por superar una última barrera: el Cinturón de Hierro, un sistema de fortificación formado por túneles, búnkeres y trincheras que se construyó durante la guerra a través de la costa y los montes que rodeaban Bilbao con el objetivo de defender la ciudad ante una ofensiva del ejército franquista.

El 11 de junio el ejército franquista reanudó los combates. El bombardeo preliminar de 150 piezas de artillería acompañado por ataques aéreos de la Legión Cóndor y la aviación italiana fue particularmente intenso. Aquella ofensiva quebrantó la resistencia de los republicanos concentrados en la última cota de terreno inmediatamente anterior al Cinturón de Hierro. Al anocher, los coroneles García Valiño, Bautista Sánchez y Bartomeu, con tres de las seis brigadas navarras, alcanzaron la célebre línea defensiva.

Los bombardeos de prolongaron durante toda la noche. Algunas bombas incendiarias cayeron en un cementerio cercano. El comandante republicano Gamir podía echar mano de unos 40.000 hombres, algunos de los cuales eran asturianos y santanderinos, pero no inspiraban confianza a las unidades vascas. El 12 de junio, una vez que las baterías y las nuevas oleadas de aviones (intervenieron en acción unos 70 bombarderos) hubieron machacado el Cinturón de Hierro durante varias horas, la brigada del comandante franquista Bautista atacó el punto en el monte Gaztelumendi en el que el sistema defensivo era más débil e incompleto. El ingeniero monárquico Goicoechea, que había sido el director de la construcción del Cinturón de Hierro, consiguió pasar las líneas del frente llevándose consigo todos los planos e información del entramado defensivo para ayudar al Bando Nacional.

El bombardeo de artillería precedió a la ofensiva. Los republicanos no pudieron distinguir en qué momento preciso terminaron los bombardeos y empezaron a disparar a los tanques. De repente, en todas partes surgieron la confusión, el humo y el movimiento, y las unidades republicanas sintieron la amenaza de verse rodeadas y apresuraron la retirada. Se habían roto las líneas republicanas en un frente de 800 metros de longitud al amparo de la oscuridad. Los nacionales se encontraban a menos de 10 kilómetros del centro de Bilbao.

El 18 de junio el general Ulibarri retiró los restos de sus tropas de la ciudad. La última de estas unidades salió de la ciudad en la madrugada del 19 de junio, de forma que a primera hora de la mañana Bilbao se encontraba prácticamente desierta. Al mediodía los tanques nacionales efectuaron una exploración preliminar a lo largo del Nervión, comprobando que la ciudad se encontraba vacía. La mayoría de los puentes de la ciudad habían sido destruidos para dificultar el paso de los nacionales, pero la ciudad permaneció intacta en su mayoría, incluyendo sus estructuras industriales, que fueron preservadas a pesar de que algunos líderes republicanos sugirieron su destrucción para que no fueran aprovechadas por los franquistas. Entre las 5 y las 6 de la tarde la Brigada Navarra, a las órdenes de Juan Bautista Sánchez, entró en la ciudad y colgó la bandera monárquica en el balcón del ayuntamiento.

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Batalla de Guadalajara.

14. Batalla de Guadalajara.

El plan de ataque diseñado por los jefes italianos del Corpo di Truppe Volontarie consistía en lanzar a su infantería junto con tanques y vehículos ligeros para abrir brecha en el frente controlado por los republicanos en el sector situado al norte de Guadalajara, rodeando a los defensores de... Ver mas
El plan de ataque diseñado por los jefes italianos del Corpo di Truppe Volontarie consistía en lanzar a su infantería junto con tanques y vehículos ligeros para abrir brecha en el frente controlado por los republicanos en el sector situado al norte de Guadalajara, rodeando a los defensores de Madrid desde el noroeste para llegar hasta Alcalá de Henares.

Durante todo el día 8 de marzo de 1937 los italianos bombardearon masivamente con su artillería el frente republicano al mando de Víctor Lacalle Seminario, rompiendo la línea del frente con ayuda de sus tanquetas, pero el tiempo meteorológico les impidió avanzar con rapidez. Al día siguiente, los italianos siguieron su avance con tanques pesados, pero de nuevo con escasa visibilidad para maniobrar, lo cual permitió que casi todas las tropas republicanas pudieran retirarse casi sin bajas.

Al mediodía el avance italiano fue súbitamente detenido por tres batallones de las Brigadas Internacionales. Los italianos se vieron forzados a descansar en la tarde del día 9 en los alrededores de Brihuega, deteniendo el ataque y restando vigor a su ofensiva.

El 10 de marzo los italianos reanudaron su ataque pero sin mayor éxito, en tanto se enfrentaban a las Brigadas Internacionales junto con efectivos de dos divisiones republicanas. Las tropas del Bando Nacional se encargaron de tomar Brihuega, mientras los italianos seguían luchando contra el ejército republicano y los brigadistas de refuerzo.

La clave de la resolución de la batalla estuvo en una intensa nevada que dejó al ejército nacional anclado a lo largo de la carretera N-II sin poder salir de ella, ya que los vehículos quedaban atascados en el intenso barro. Por otro lado, dicho ejército no pudo contar con apoyo aéreo, puesto que fue esa misma nevada la que inutilizó los aeródromos de campaña.

El 12 de marzo los republicanos lanzaron su contraofensiva. El hecho de que el ejército franquista se encontrase varado en la N-II y no contase con apoyo aéreo facilitó enormemente las tareas de desgaste y bombardeo por parte del Bando Republicano, llegando a aniquilar la mayoría de la maquinaria de guerra que se dirigía hacia el frente. A la par, la destrucción de un pequeño puente que salvaba un barranco cerca del Puerto de Alcolea del Pinar consiguió cortar la red de abastecimiento del ejército nacional.

El avance republicano tuvo éxito y las unidades italianas debieron retroceder. Desde el día 14 hasta el 17 el frente se mantuvo estático mientras la aviación republicana destruía objetivos enemigos sin hallar resistencia seria. Entre el 19 y el 23 de marzo los republicanos recuperaron el territorio perdido y los italianos volvieron a sus posiciones anteriores. El resultado de la batalla evitó un cerco total de Madrid y ayudó a elevar transitoriamente la moral de guerra en el Bando Republicano, en tanto esta era su primera gran victoria bélica.

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Batalla de Badajoz.

15. Batalla de Badajoz.

En el verano de 1936 unos 10.000 soldados de tropas regulares del Ejército de África fueron transportados en puentes aéreos alemanes e italianos al sur de España superando el estrecho de Gibraltar. El bando sublevado se reunió en Sevilla y el 1 de agosto el general Franco ordenó dirigirse hacia... Ver mas
En el verano de 1936 unos 10.000 soldados de tropas regulares del Ejército de África fueron transportados en puentes aéreos alemanes e italianos al sur de España superando el estrecho de Gibraltar. El bando sublevado se reunió en Sevilla y el 1 de agosto el general Franco ordenó dirigirse hacia el norte para enlazar con las fuerzas del general Mola. Dirigidos por el coronel Asensio y el comandante Castejón, el Bando Nacional se dirigió hacia el norte con un destacamento motorizado, parándose para capturar poblaciones fronterizas.

El 10 de agosto el teniente coronel Yagüe llegó para coger el mando cerca de Mérida. El bando franquista había asegurado 300 km de la frontera con Portugal. Mérida cayó tras una dura lucha en las orillas del Guadiana, dejando a la vecina Badajoz aislada y como la última posición de la República en la frontera. Yagüe marchó hacia Badajoz con 2.250 legionarios, 750 regulares marroquíes y cinco baterías, dejando al comandante Tella atrás para mantener Mérida. Dentro de la ciudad, el coronel Puigdendolas dirigía a unos 6.000 milicianos republicanos.

El Bando Nacional lanzó su ataque en la tarde del 14 de agosto, tras bombardear la ciudad durante la mayor parte del día. Una unidad de la Legión, cantando y gritando, asaltó la Puerta de la Trinidad. Una resistencia de ametralladoras y tiradores republicanos frenó el asalto, triturando varias oleadas de tropas nacionales. Ignorando sus bajas, los legionarios continuaron avanzando.

Una carga conducida por carros blindados ganó la puerta y los nacionales superaron a los defensores, corriendo hacia la brecha y llegando al combate cuerpo a cuerpo. En la parte sur unidades sublevadas asaltaron las murallas con menos dificultad. Los regulares de Tetuán se abrieron paso a través de la Puerta de Carros y los legionarios y marroquíes barrieron a los republicanos de los cuarteles. Una vez dentro, persiguieron a la milicia republicana. La lucha callejera aún duraba pasada la medianoche. Puigdendolas, mientras tanto, salió de la ciudad y huyó a Portugal.

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Ofensiva de Levante. Objetivo Valencia.

16. Ofensiva de Levante. Objetivo Valencia.

La ofensiva sobre Aragón en la primavera de 1938 terminó con una total victoria del Bando Nacional, sobre todo porque tras la llegada del ejército franquista al Mediterráneo la zona controlada por la República se dividió en dos, quedando Cataluña aislada del resto del territorio bajo control... Ver mas
La ofensiva sobre Aragón en la primavera de 1938 terminó con una total victoria del Bando Nacional, sobre todo porque tras la llegada del ejército franquista al Mediterráneo la zona controlada por la República se dividió en dos, quedando Cataluña aislada del resto del territorio bajo control republicano.

Para evitar una intervención militar francesa en la contienda, Franco ordenó a su ejército que cesara el avance sobre Cataluña y se dirigiese al sur, con el objetivo de ocupar Valencia. El 23 de abril ordenó al Cuerpo de Ejército de Castilla, dirigido por José Enrique Varela, y al Cuerpo de Ejército de Galicia, dirigido por Antonio Aranda, iniciar el avance hacia el sur. La decisión fue muy criticada por muchos militares, ya que veían un error abandonar el avance sobre la indefensa Barcelona para dirigirse a Valencia a través del montañoso Maestrazgo.

La Línea XYZ era un sistema de fortificaciones construido en 1938 al norte de Valencia, con el fin de defender dicha urbe de las ofensivas del Bando Nacional. La Línea XYZ no estaba formada por una franja de fortines hechos con cemento reforzado como ocurría con el Cinturón de Hierro de Bilbao, sino que era una defensa en profundidad constituida por una red de trincheras y refugios excavados para aprovechar el terreno áspero de las colinas que rodeaban la ciudad por el norte, lo cual dificultaba destruirlas tratándose de asaltos frontales a cargo de la infantería.

Al general Varela, que ya se encontraba en Teruel desde el invierno, se le encomendó avanzar por la región del Maestrazgo, una de las más agrestes de la Península. En un primer asalto logró abrir una brecha en las defensas republicanas, pero cambiaron las condiciones climáticas y en medio de lluvias torrenciales el avance se ralentizó. Este factor favoreció a los republicanos, quienes contaban con el refuerzo de nuevo armamento adquirido en Francia.

El 1 de mayo el general Aranda dirigió un nuevo asalto a 30 kilómetros de las posiciones de Varela y a solo 25 kilómetros del mar Mediterráneo. El general García Valiño, situado entre las tropas de Varela y Aranda, dirigía una fuerza móvil destinada a reforzar a cualquiera de los flancos que necesitara de su intervención.

A inicios de mayo las tropas franquistas volvieron a encontrar una severa resistencia. La defensa consistía en una serie de trincheras excavadas de acuerdo a las irregularidades del terreno, cubiertas por fuego artillero y ocultas a la observación aérea, lo cual dificulta a las fuerzas del Bando Nacional recurrir a los bombardeos para reducirla. Tras duros combates el ejército franquista tomó Lucena del Cid el 31 de mayo, mientras el Cuerpo de Ejército de Galicia avanzó en paralelo por la línea de costa.

Los republicanos recibieron de la URSS numerosos Polikarpov I-16, cazas monoplanos llamados “Moscas” por los republicanos y “Ratas” por los nacionales. El ejército republicano resistió hasta el 14 de junio, cuando se rindió a las tropas de Aranda tras varios días de feroces combates en los suburbios. Por el consiguiente, los nacionales se hicieron con Castellón de la Plana. A la retirada republicana hubo represalias contra los presos políticos derechistas por parte de algunas tropas, siendo asesinados cerca de 40.

Los nacionales contaban ya con el puerto de Castellón, un importante puerto en pleno Mediterráneo. Al día siguiente de tomar Castellón los nacionales se hicieron con otra importante localidad, Villareal, consolidando así la posesión de la capital de provincia. Se hallaban ya a 80 kilómetros de Valencia pero, aunque las expertas tropas de García Valiño se habían unido a las de los cuerpos mandados por Aranda, Solchaga y Varela, las operaciones militares habían vuelto a quedar estancadas a unas decenas de kilómetros al norte de Sagunto.

El plan del Estado Mayor franquista era fijar el frente en la línea Segorbe-Sagunto para luego avanzar hacia Valencia. Para tal fin se constituye el Cuerpo de Ejército de Turia dirigido por José Solchaga. Se reciben refuerzos, sumando cerca de 125.000 hombres, además de un poderosos apoyo aéreo. El 5 de julio el ejército franquista emprendió una gran ofensiva para abrirse camino hacia Valencia. En aquella zona se habían concentrado entre ambos bandos varios centenares de piezas de artillería y un total de 400 aviones. García Valiño, estacionado en las afueras de Castellón, embistió desde el norte. El 13 de julio Varela atacó hacia el sur de Teruel, coordinando su acción con la de los navarros de Solchaga. En los primeros días de la batalla los blindados franquistas lograron importantes avances, pero la resistencia republicana estaba de nuevo bien organizada. Finalmente cayó Sarrión y, con ella, las posiciones republicanas situadas a lo largo de la sierra del Toro. El frente empezó a derrumbarse de forma parecida a lo ocurrido en Aragón.

Protegida por un intenso fuego artillero antiaéreo, la infantería navarra avanzó en cinco días unos 95 kilómetros en un frente de 30 kilómetros de anchura. El único obstáculo que quedaba para ocupar la región valenciana eran las fortificaciones de la Línea XYZ.

Las fuerzas franquistas lanzaron diversos ataques frontales con un gran despliegue de tropas, pero este esfuerzo fue inútil. Cada asalto de la infantería franquista era rechazado por una lluvia de metralla republicana. Hasta el 23 de julio se lanzaron durísimos ataques contra las defensas republicanas. A partir del día 24 los ataques empezaron a ser menores hasta casi desaparecer. Llegaron noticias de que las tropas republicanas habían cruzado el Ebro y los franquistas suspendieron todas sus operaciones en este sector. El mutuo agotamiento de los contendientes trajo el fin de la batalla con el cese de los ataques franquistas justamente el día 25, cuando más al norte empezaba la batalla del Ebro.

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Asedio de Gijón.

17. Asedio de Gijón.

Cuando el coronel Antonio Pinilla declaró su adhesión al alzamiento militar en la mañana del 20 de julio de 1936 y empezó a ocupar edificios públicos, se halló en gran inferioridad numérica ante las fuerzas leales a la República. En vista de que las milicias de la UGT y CNT ya estaban armadas... Ver mas
Cuando el coronel Antonio Pinilla declaró su adhesión al alzamiento militar en la mañana del 20 de julio de 1936 y empezó a ocupar edificios públicos, se halló en gran inferioridad numérica ante las fuerzas leales a la República. En vista de que las milicias de la UGT y CNT ya estaban armadas advertidas de una posible revuelta, era evidente que no existía factor sorpresa a favor de los franquistas, por lo cual numerosos soldados de la guarnición desistieron de secundar a Pinilla y se rindieron a las autoridades republicanas respaldadas por las milicias, quienes desde el inicio tenían una abrumadora superioridad numérica con la cual podían impedir todo intento de dominar la ciudad.

Pronto los franquistas quedaron en grave inferioridad numérica y concentraron su resistencia en el cuartel de Simancas, donde resistieron poco más de 350 hombres, y en el cuartel del VIII Batallón de Zapadores que contaba apenas con 180 hombres. A pesar de que las milicias republicanas tenían escasas armas, contaban con grandes cantidades de dinamita que lanzaron contra el cuartel durante sus ataques. El mando republicano determinó entonces suprimir la rebelión en Gijón antes que concentrar esfuerzos en Oviedo, por lo cual los esfuerzos principales de las milicias se concentraron en los ataques contra los cuarteles del Ejército en Gijón durante más de un mes.

Debido a la escasez de armas suficientes entre los republicanos, los ataques frontales al cuartel del Simancas les causaron numerosísimas bajas los días 22, 23 y 24 de julio, pero estas eran compensadas con refuerzos. Con ello, los franquistas realizaron alguna excursión exitosa en busca de víveres y medicamentos, a pesar de hallarse en un minúsculo enclave a docenas de kilómetros de las fuerzas propias, sin opción de ayuda rápida.

Los franquistas pronto se vieron faltos de comida suficiente, a pesar de lo cual la resistencia prosiguió. Se cree que Pinilla, confiado en la propaganda radiofónica del Bando Nacional respecto del alcázar de Toledo, esperaba también un inminente rescate por parte de tropas amigas, sin considerar que, a diferencia del alcázar, el cuartel del Simancas era un edificio proyectado como colegio que de ninguna manera estaba preparado para soportar un cerco prolongado.

Los ataques con dinamita, aunque causaban grandes bajas a los republicanos, provocaban también graves daños en el cuartel, junto con bajas que los rebeldes no podían compensar. El 29 de julio apareció ante Gijón el crucero Almirante Cervera, ya en poder del Bando Nacional, pero sus cañoneos no bastaban para reducir los ataques al cuartel del Simancas.

El 1 de agosto se reiniciaron los ataques de las milicias en Gijón hasta el día 5 y la aviación republicana bombardeó el cuartel el 2 de agosto, aumentando los daños. El 12 de agosto los milicianos de la República excavaron un túnel subterráneo para tomar el cuartel definitivamente, combatiendo el día 15 contra los franquistas que consiguieron impedirlo. Aun cuando el acorazado España y el destructor Velasco relevaron al crucero Almirante Cervera la marina del Bando Nacional no pudo auxiliar a la cada vez más reducida guarnición franquista, carente de agua y comida y atacada de nuevo los días 16 y 20 de agosto. Finalmente, el día 21 con apoyo de aviones y artillería las milicias lograron entrar en el cuartel y derrotaron a los últimos defensores de la posición, ejecutando a los oficiales que habían sobrevivido.

En los últimos minutos el coronel Pinilla envió un mensaje radial a las unidades navales del Bando Nacional ordenando que abriesen fuego sobre el cuartel indicando, antes de morir, lo siguiente: "Disparad sobre nosotros: el enemigo está dentro".

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Batalla de Santander.

18. Batalla de Santander.

El 14 de agosto de 1937 comenzaron las operaciones por parte del Bando Nacional con el bombardeo de las posiciones republicanas mediante artillería y aviación. El primer objetivo fue el nudo ferroviario de Mataporquera. Con ello se pretendía amenazar la principal arteria de comunicación... Ver mas
El 14 de agosto de 1937 comenzaron las operaciones por parte del Bando Nacional con el bombardeo de las posiciones republicanas mediante artillería y aviación. El primer objetivo fue el nudo ferroviario de Mataporquera. Con ello se pretendía amenazar la principal arteria de comunicación republicana, dejando así en situación crítica a las tropas que se hallaban al sur de la cordillera Cantábrica. Las brigadas navarras rompieron la línea republicana del frente sur, muy castigada por los bombarderos aéreos.

El día 15 las fuerzas nacionales avanzaron por el sector de Barruelo de Santullán hasta Peña Rubia, Salcedillo, Matalejos y Reinosilla, encontrando una fuerte resistencia en el Portillo de Suano. El general Gamir Ulibarri planificó una desesperada defensa en la línea norte de Peña Astía. Seis mil soldados republicanos quedan copados en la bolsa de Reinosa. La aviación del bando nacional bombardea Soto-Iruz (causando cuatro muertos y varios heridos) y derriba dos Polikarpov I-16 sobre El Escudo.[12

El día 16 la brigada de García Valiño prosiguió su avance a lo largo del río Saja. Las tropas republicanas se retiraron por el Valle de Luena, volando varios puentes e incendiando varias casas y el Ayuntamiento con todos sus archivos. El ejército franquista logró estrangular la bolsa republicana del Alto Ebro. Finalmente, el 17 de septiembre fue ocupada la última localidad cántabra que seguía en poder republicano, Tresviso, con lo que las operaciones militares finalizaron en Cantabria.

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Bombardeo del Mercado Central de Alicante.

19. Bombardeo del Mercado Central de Alicante.

Este bombardeo formaba parte de la campaña de intimidación ordenada por las autoridades nacionales cuando estas alcanzaron el Mediterráneo y comenzaron el consiguiente avance sobre Valencia. Por esas mismas fechas hubo bombardeos sobre otras poblaciones civiles en toda la costa mediterránea a... Ver mas
Este bombardeo formaba parte de la campaña de intimidación ordenada por las autoridades nacionales cuando estas alcanzaron el Mediterráneo y comenzaron el consiguiente avance sobre Valencia. Por esas mismas fechas hubo bombardeos sobre otras poblaciones civiles en toda la costa mediterránea a cargo de los aviones italianos, que no cesaron hasta que se inició la batalla del Ebro.

El 25 de mayo de 1938 casi una decena de aviones Savoia SM-79 del Bando Nacional lanzaron sobre la población de Alicante alrededor de 90 bombas, algunas de las cuales cayeron sobre el Mercado Central, repleto de gente. La tripulación de los bombarderos era italiana en su totalidad. Con un balance de víctimas mortales inexacto, se cifra dicha cantidad en más de 300 muertos y más de 1000 heridos.

La ciudad de Alicante estaba muy mal defendida, con cañones antiaéreos en su mayoría obsoletos. En el cercano aeródromo de Rabassa no había ese día ningún avión de caza. Se contaba con refugios antiaéreos para 38.000 personas, pero la alarma antiaérea no funcionó, por lo que los civiles no tuvieron tiempo para guarecerse.

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Desembarco de Mallorca.

20. Desembarco de Mallorca.

El desembarco de Mallorca fue una operación desarrollada entre los meses de agosto y septiembre de 1936. De haber triunfado este desembarco, el desenlace de la Guerra Civil española habría sido muy distinto, ya que Mallorca se convirtió, a posteriori, en base naval de la flota franquista que... Ver mas
El desembarco de Mallorca fue una operación desarrollada entre los meses de agosto y septiembre de 1936. De haber triunfado este desembarco, el desenlace de la Guerra Civil española habría sido muy distinto, ya que Mallorca se convirtió, a posteriori, en base naval de la flota franquista que bloqueaba las comunicaciones marítimas.

La idea de una expedición a Mallorca parece haber estado presente entre las diferentes fuerzas contrarias al alzamiento militar, desde que el 19 de julio fuera tomada por los sublevados junto a Ibiza y Formentera. En estas fechas, Menorca fue la única isla del archipiélago balear que no se encuentraba alineada con las fuerzas sublevadas.

Desde el 23 de julio se iniciaron distintas acciones contra los sublevados y ese mismo día los aviones republicanos bombardearon Palma de Mallorca. Otra operación menor fue llevada a cabo el 1 de agosto, cuando tropas republicanas procedentes de Menorca consiguieron tomar Cabrera brevemente, abandonándola al poco tiempo.

En la madrugada del 16 de agosto desembarcó en Mallorca la expedición de milicianos del republicano Alberto Bayo reforzada por una parte importante de la guarnición de Menorca, constituida por unos 8.000 hombres. Atacaron la isla por la zona de Punta Amer y Porto Cristo. Ese mismo día llegaron varias piezas de artillería, así como apoyo aéreo. A partir del 17 de agosto varios navíos republicanos apoyaron las operaciones militares en la costa. Por otra parte, el 27 de agosto llegaron a Mallorca algunos de los refuerzos materiales solicitados urgentemente por el ejército nacional a la Italia fascista. Las milicias republicanas avanzaron unos 12 kilómetros al interior y continuaron perplejas ante su éxito, lo que permitió a los sublevados organizar la defensa. El 31 de agosto, ante la creciente resistencia que encontraron los republicanos, reorganizaron sus planes y se aprestaron al asalto de Manacor.

Dos días más tarde llegaron a la isla tres trimotores y tres aviones de caza italianos en apoyo de los sublevados. A partir de ese momento los republicanos no pudieron llegar a bombardear Palma de Mallorca. Las milicias de Bayo, después de haber conseguido establecer una pequeña posición en la costa de Mallorca, no lograron avanzar hacia el interior y la contraofensiva nacional con un total de 3.500 hombres (compuesta por 1.200 hombres de la guarnición militar, 300 carabineros y guardias civiles y unos 2000 voluntarios falangistas) hizo retirarse a la fuerza expedicionaria catalana.

La milicia expedicionaria era incapaz de hacer frente a la ofensiva franquista. Bajo permanente ataque enemigo por tierra y aire retrocedieron precipitadamente a los barcos, abandonando hombres y material importante. Así, en la noche del 4 al 5 de septiembre, ante la orden del gobierno de Largo Caballero de abandonar Mallorca, la columna de Bayo comenzó la retirada.

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Batalla de Albarracín.

21. Batalla de Albarracín.

El frente de Aragón constituía un frente secundario, pero también un objetivo primordial para las tropas republicanas. Las tropas franquistas de Aragón mantenían una débil posición defendiendo una larga línea de frente que iba desde los Pirineos hasta la capital turolense y de ahí continuaba... Ver mas
El frente de Aragón constituía un frente secundario, pero también un objetivo primordial para las tropas republicanas. Las tropas franquistas de Aragón mantenían una débil posición defendiendo una larga línea de frente que iba desde los Pirineos hasta la capital turolense y de ahí continuaba hasta los montes Universales y el nacimiento del río Tajo.

Como apoyo a la ofensiva republicana y para obligar al enemigo a mantener sus posiciones en este frente, los republicanos de Aragón planearon lanzar una pequeña ofensiva sobre Albarracín. No obstante, el objetivo en el frente de Teruel pasaba por envolver la capital turolense desde la retaguardia.

En un rápido despliegue sobre las alturas que se encontraban alrededor de Albarracín, fuerzas de la 42ª División republicana tomaron posiciones para atacar con unos 9.000 hombres una ciudad que se encontraba débilmente guarnecida y en una fácil posición de conquista.

El día 5 de julio de 1937 la división rompió las líneas enemigas y el día 7 irrumpió en la ciudad. La población fue conquistada rápidamente, a excepción de dos núcleos de resistencia concentrados en el cuartel de la Guardia Civl y en la catedral, compuestos por algunos militares y civiles simpatizantes del Bando Nacional.

Tras la conquista republicana la mayor parte de los defensores franquistas tomaron posiciones en la parte alta de Albarracín mientras la aviación nacional bombardeó los enclaves republicanos. Desde ese momento los republicanos pasaron a la defensiva.

Las fuerzas nacionales, integradas mayoritariamente por unidades del Tercio y regulares marroquíes comenzaron su avance por las carreteras que penetraban en la Sierra de Albarracín. A partir del día 9 las fuerzas nacionales se reorganizaron formando tres columnas bajo el mando del general Ponte. Ante esta situación, el día 11 las tropas republicanas recibieron órdenes de mantener a toda costa sus posiciones en Albarracín y vencer definitivamente la resistencia de los refugiados que se encontraban concentrados en algunos edificios, resistiendo desde el día 8 sin agua ni víveres. Los nacionales montaron un contraataque general que superó a los republicanos y el 14 de julio las tropas de Ponte lograron romper las posiciones republicanas en torno a Albarracín y reconquistaron la localidad.

El día 16, en medio de una fiera resistencia republicana que aprovechó la orografía de la zona, los nacionales recuperaron todas las posiciones que habían perdido al inicio de la ofensiva. No obstante, aprovechando el ímpetu de su contraofensiva, avanzaron hacia la línea de los montes Universales, situada entre Cuenca y Teruel. La ya quebrantada resistencia republicana fue incapaz de hacer frente a la avalancha franquista. Las acciones bélicas finalizaron el día 11 de agosto.

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Ofensiva de Segovia.

22. Ofensiva de Segovia.

El gobierno republicano necesitaba con urgencia una victoria significativa, de modo que encomendó al coronel Matallana un plan de ataque por sorpresa a Segovia, con intención de conquistar la capital de la provincia y profundizar en terreno enemigo hacia Valladolid. Por otro lado, de prosperar... Ver mas
El gobierno republicano necesitaba con urgencia una victoria significativa, de modo que encomendó al coronel Matallana un plan de ataque por sorpresa a Segovia, con intención de conquistar la capital de la provincia y profundizar en terreno enemigo hacia Valladolid. Por otro lado, de prosperar la ofensiva, se esperaba aliviar la situación de Bilbao y el Frente Norte.

La operación se preparó con demasiado apresuramiento, de tal modo que los nacionales se percataron de los movimientos de las tropas republicanas, desapareciendo el factor sorpresa. Al mismo tiempo, las tropas republicanas llegaron a sus posiciones de ataque muy cansadas, tras agotadoras marchas a pie por la sierra.

El 30 de mayo de 1937, tras un bombardeo de aviación, comenzó el ataque republicano hacia Cabeza Grande y la Cruz de la Gallega. En la tarde de ese día el general Varela se trasladó a Segovia para hacerse cargo de la defensa. La maniobra de distracción contra el Alto del León fue un fracaso por la falta de apoyo aéreo, de forma que las unidades republicanas apenas pudieron salir de sus bases de partida.

El 31 de mayo tuvo lugar un fuerte ataque republicano contra Cabeza Grande, con una continua acción artillera y de carros de combate, hasta que al caer la noche los nacionales perdieron la posición. Mientras tanto, el general Varela organizó personalmente la defensa de La Granja, logrando mantenerla bajo su control.

El 1 de junio las tropas republicanas iniciaron el despliegue para tomar el cerro de Matabueyes y cortar la carretera de Segovia a La Granja, pero los nacionales recibieron importantes refuerzos: la aviación franquista se hizo con el dominio del aire, al tiempo que llegaba la 1ª Bandera del Tercio y un Batallón del Regimiento de Infantería. A lo largo de todo el día hubo furiosos combates. Los republicanos perdieron Cabeza Grande y no lograron tomar La Granja.

El miércoles 2 de junio los republicanos hicieron un último esfuerzo para que la ofensiva tuviera éxito. El general Miaja ordenó al teniente coronel Galán que se hiciera cargo del mando y dirigiera un nuevo asalto contra Cabeza Grande y Matabueyes. Los republicanos lanzaron ataques muy violentos con infantería, carros y artillería, pero fueron rechazados.

Al día siguiente la ofensiva dio sus últimos coletazos y el día 4 ya no hubo apenas actividad, retirándose las fuerzas republicanas a sus posiciones primitivas. Los nacionales tampoco intentaron explotar la victoria para ampliar la zona bajo su control.

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Batalla del Cabo Espartel.

23. Batalla del Cabo Espartel.

Nada más iniciarse la Guerra Civil, el grueso de las fuerzas navales republicanas procedieron a bloquear el estrecho de Gibraltar para impedir la llegada de tropas nacionales de África a la Península. El gobierno republicano ordenó a la flota zarpar hacia el Cantábrico para auxiliar a las... Ver mas
Nada más iniciarse la Guerra Civil, el grueso de las fuerzas navales republicanas procedieron a bloquear el estrecho de Gibraltar para impedir la llegada de tropas nacionales de África a la Península.

El gobierno republicano ordenó a la flota zarpar hacia el Cantábrico para auxiliar a las tropas republicanas tras los desastres sufridos en Irún, Fuenterrabía y San Sebastián. Además, los buques franquistas imponían a la costa norte un fuerte bloqueo, que dejaban sin un adecuado aprovisionamiento a las plazas de Bilbao, Gijón y Santander. El día 19 de septiembre de 1936 la escuadra republicana zarpó hacia el norte con la orden de sumarse a los cinco submarinos que se encontraban en el Cantábrico.

Aprovechando la presencia del grueso de la flota republicana en el Cantábrico, dos cruceros franquistas acudieron al estrecho de Gibraltar. El crucero Canarias estrenó su artillería hundiendo al destructor Almirante Ferrándiz impactándole desde 16.000 metros con la segunda andanada y a 20.000 con la tercera. El destructor recibió un total de 6 impactos de 200 mm que dejaron al buque inmovilizado y en llamas sin haber podido realizar ningún disparo de respuesta. El destructor Almirante Ferrándiz se hundió a 18 millas náuticas al sur de la Punta de Calaburras con casi toda su dotación, compuesta por 160 personas.

El Cervera, tras 300 disparos de su artillería principal, logró dos impactos en el destructor Gravina, que tuvo que buscar refugio en el puerto de Casablanca. Mientras el Cervera perseguía al Gravina, el Canarias cesó el fuego para recoger a 31 náufragos y concedió autorización a un buque francés que estaba próximo para recoger a otros. Ese mismo día, ambos cruceros comenzaron a dar escolta a los primeros transportes de soldados desde Ceuta a la Península.

El Bando Nacional no volvió a tener dificultades para que sus tropas de África cruzaran hacia la Península. La escuadra republicana no volvió a intentar bloquear el estrecho al ejército franquista.

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Bombardeo de Durango.

24. Bombardeo de Durango.

El 31 de marzo de 1937 la villa vizcaína de Durango fue bombardeada y ametrallada por la aviación franquista bajo las órdenes del general Emilio Mola. Está acción bélica fue una de las pioneras en la utilización de la aviación para el bombardeo de núcleos urbanos. Poco después, el 26 de abril se... Ver mas
El 31 de marzo de 1937 la villa vizcaína de Durango fue bombardeada y ametrallada por la aviación franquista bajo las órdenes del general Emilio Mola. Está acción bélica fue una de las pioneras en la utilización de la aviación para el bombardeo de núcleos urbanos. Poco después, el 26 de abril se produjo una acción similar en Guernica.

Durango contaba en el año 1936 con una población de 8.797 habitantes. Políticamente era una población tradicionalista, tal y como reflejaba la composición de su ayuntamiento en aquellas fechas: de los 13 ediles que componían la corporación municipal, 8 eran carlistas, 3 del Partido Nacionalista Vasco y 2 del Frente Popular.

A las 8:30 de la mañana del 31 de marzo aparecieron por el horizonte de la villa vizcaína cinco aviones bombarderos y nueve cazas. Fueron vistos por el puesto de vigía, que da la alarma. Las incursiones de la aviación eran habituales y normalmente tenían como objetivo la inspección del frente y la retaguardia, así como la distribución de propaganda bélica, por ese motivo la población no prestó demasiada atención a las campanas que alertaban del peligro del ataque aéreo. Finalmente, la insistencia en el toque de alarma produjo que muchos durangueses buscasen refugio.

Los aviones de la aviación fascista italiana dejaron caer sobre la localidad 80 bombas de 50 kilogramos cada una de ellas. Tras las bombas los cazas fueron realizando ametrallamientos.

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Convoy de la victoria.

25. Convoy de la victoria.

El llamado “Convoy de la victoria” fue un enfrentamiento aeronaval en aguas del estrecho de Gibraltar que tuvo lugar el 5 de agosto de 1936 entre las fuerzas nacionales, que pretendían romper el bloqueo del estrecho y transportar tropas y material desde el norte de África a la península, y las... Ver mas
El llamado “Convoy de la victoria” fue un enfrentamiento aeronaval en aguas del estrecho de Gibraltar que tuvo lugar el 5 de agosto de 1936 entre las fuerzas nacionales, que pretendían romper el bloqueo del estrecho y transportar tropas y material desde el norte de África a la península, y las republicanas, que lo bloqueaban.

Ante la insistencia del general Franco de la necesidad de transportar a las tropas del norte de África para acabar lo antes posible con la guerra, se planeó una acción en principio descabellada por la falta de escoltas y las diferencias numéricas entre la escuadra gubernamental y las unidades franquistas.

Anteriormente al embarque de tropas en los mercantes se produjeron conversaciones entre el comandante del buque Eduardo Dato, el general Alfredo Kindelán, y el general Franco, en las cuales se le expuso la posibilidad de perder a todos los hombres y buques si un solo destructor republicano se interponía en su camino. Franco, sin embargo, mantuvo su decisión.

Al estar el puerto vigilado por los buques gubernamentales que se iban turnando se realizó el embarque de las tropas en la noche del 4 al 5 de agosto. Se embarcaron en total 1.600 hombres, de los cuales 1.200 eran legionarios y 400 Regulares, 6 cañones de campaña, 100 toneladas de munición y dos ambulancias.

Tras amanecer despegaron varios aviones con la misión de explorar las aguas más cercanas para detectar la posición de los buques republicanos. Los aviones detectaron al buque Lepanto, que recibió el impacto de una bomba que le causó un muerto y varios heridos, por lo que se vio obligado a entrar en Gibraltar. A las 7:20 uno de los aviones realizó la señal de que el estrecho estaba libre de enemigos.

Fueron formando una línea conforme iban saliendo del puerto, pero la orden era la de que cada buque navegara a su máxima velocidad sin guardar formación alguna. Ello provocó que fueran quedando descolgados los más lentos, por lo que el más rápido de los buques de la escolta, el Eduardo Dato, tenía que ir recorriendo la línea cada vez más larga una y otra vez.

A poniente del estrecho estaba de vigilancia el destructor Alcalá Galiano, que avistó al convoy por lo que se dirigió directamente hacia él, rectificando el rumbo para evitar el fuego de las baterías de costa de Ceuta. En ese momento el Eduardo Dato, al oír los disparos de la baterías de costa, detectó al destructor que se acercaba a toda máquina y disparando sus piezas principales de 120 mm de proa sobre el buque que encabezaba el convoy a unos diez mil metros de distancia. Por lo cual, el Eduardo Dato viró a babor, saliendo de la fila y maniobrando para interponerse entre el Alcalá Galiano y el convoy, a la vez que abría fuego con sus piezas de 101,6 mm, que en ese momento estaban al límite de su alcance máximo.

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