27. Plaza Bib-Rambla
La plaza de Bibarrambla, como afirmaba en el siglo XVII Bermúdez de Pedraza, ha sido siempre “la principal, la que sirve de teatro a las fiestas y por ello fue celebrada de los poetas”. Es lo más cercano que tiene Granada a la tipología de plaza mayor castellana y andaluza, como pueda serlo la...
Ver mas
La plaza de Bibarrambla, como afirmaba en el siglo XVII Bermúdez de Pedraza, ha sido siempre “la principal, la que sirve de teatro a las fiestas y por ello fue celebrada de los poetas”. Es lo más cercano que tiene Granada a la tipología de plaza mayor castellana y andaluza, como pueda serlo la Corredera de Córdoba, aunque desprovista de soportales y de edificios de carácter público. Ello se debe a que, en realidad, se trata de uno de los espacios más transformados de la ciudad, de forma tal que su imagen refleja varias de las páginas más importantes de la historia urbana de Granada.
Su origen se remonta al periodo nazarí, como espacio abierto ligado a una de las puertas principales de la ciudad: la Bab al-Ramla o Puerta del Arenal, que comunicaba con el arrabal del mismo nombre. Tal espacio debió jugar un papel importante, por su proximidad tanto a la mezquita mayor como al núcleo mismo mercantil y de abasto de la medina, con el Zacatín, la Alcaicería, y las primitivas carnicerías y pescaderías, que estuvieron entre las actuales calles Príncipe y Salamanca.
Aquel recinto sería pequeño para las normas y formas de vida de los conquistadores castellanos. Por su excelente ubicación y sus posibilidades de ampliación fue objeto de reformas poco después de las capitulaciones de la ciudad, que se iniciaron en torno a 1495, cuando se habla de la plaza nueva de Bibarrambla. El año 1505 el rey don Fernando la cedió a la ciudad como lugar para pasear y negociar, pero siendo aún pequeña el conde de Tendilla mandó derribar varias casas, quedándose con la propiedad de parte del terreno. A su espalda se levantaron en 1498 nuevas carnicerías y matadero, dando a Mesones, demolidas las musulmanas en 1513.
Estas primeras intervenciones no parece que se atuvieran a un proyecto global. Sin embargo, entre 1516 y 1519, se procede a ampliar la plaza de una forma regularizada, no sin chocar previamente con los intereses de Tendilla. Tras su remodelación Bibarrambla alcanzaría un tamaño semejante al actual, aunque más diverso. A finales del siglo XVI su aspecto sería el siguiente:
Era un amplio rectángulo al que se accedía por varias callejuelas ubicadas en los ángulos, salvo el arco de las Cucharas -abierto en 1519 para comunicar las carnicerías de Mesones y la plaza-, la calle de los Libreros y la de San Sebastián, sobre la actual Príncipe. El lado occidental, paralelo a la muralla nazarí, entre las actuales calles de la Puerta de las Orejas y Pescadería, contaba con el edificio consistorial de los Miradores, casas del conde de Tendilla y otras de la Inquisición, con ventanas o miradores. La parte contraria fue ocupada por la Universidad –hoy Curia-, el palacio arzobispal y tiendas de la Alcaicería. En el lado sur, hacia el Darro, hubo también varias casas tiendas, mientras que en el septentrional existieron varios soportales –la Acera de los Valientes- y, sobre ellos, las ventanas de la Audiencia y alcaldes de Corte. En el ángulo noroccidental se ubicó la llamada fuente del Leoncillo, por el animal marmóreo que sustentaba el escudo de la ciudad.
La presencia de abundantes ventanas o miradores se debía a que desde principios del siglo XVI era el principal escenario festivo y celebrativo de la ciudad: juegos ecuestres, fiestas de toros y cañas, el Corpus Christi, procesiones, juegos poéticos, autos de fe, proclamaciones regias, recibimientos de arzobispos y hasta ejecuciones públicas. También era el principal espacio para la venta de productos ambulantes: zoco provisional, que en el siglo XVIII llegó a disponer de hasta 54 puestos de madera para venta de frutas y hortalizas. En el siglo XIX, además, era muy popular la venta de patatas asadas –las populares perdices-; según Ford, “el desayuno favorito, pues hay docenas de personas sentadas en el suelo para comérselas”.
En el siglo XIX se convirtió en objetivo de la modernización burguesa de la ciudad. En 1836, en pleno furor político liberal, se eliminó la fuente del Leoncillo y Juan Pugnaire proyectó un monumento a la Constitución de 1812, que no llegaría a materializarse sino en 1984, ya en el Paseo del Violón. Y, en 1837, el Gobernador Provincial, Agustín Romero ordenó cercar una plataforma formada con los cascajos procedentes del derribo de Capuchinas y San Agustín, dejando a cota inferior las calles perimetrales. Aquello no era sino el preámbulo de un ambicioso programa: la alineación perfecta de sus lados y la construcción de inmuebles de renta conforme a las formas de vida de las viviendas burguesal, lo que implicaba la supresión de los amplios miradores festivos.
En 1843 desaparecieron los soportales del lado norte para levantar casas “al estilo de la calle Baker de Londres”, según Richard Ford, que marcarían el ejemplo a seguir en el resto de la plaza. Antes, en 1837, se derribó junto al lado sur la ermita y Hospital de San Sebastián, edificio erigido en 1550 por una hermandad de mercaderes y tratantes de ganado bajo dicha advocación. En su lugar, a partir de 1857 se abrió la calle Príncipe, para comunicar la plaza con el nuevo centro urbano de la plaza del Carmen y embovedado del Darro. Por su trazado quebrado se ganó el popular apelativo de calle de la Escopeta. En la década de 1870 le tocó el turno al lado oriental, entre el Palacio Arzobispal y el Zacatín, donde Francisco Contreras y Francisco Giménez Arévalo realizaron sendos edificios, aunque el de este último arquitecto, en la esquina con Libreros, daría paso a un inmueble del siglo XX. Y, en fin, el occidental fue renovado a partir del derribo de edificios históricos: las carnicerías adosadas a lienzos de muralla (1874), el Arco de las Orejas (1884) y la Casa de los Miradores (1886).
Al término de la década de 1880 sólo quedaba en pie en la plaza un edificio histórico: el Palacio Arzobispal, aunque facheado por el arquitecto Juan Monserrat. También su espacio urbano fue muy modificado en concordia con el carácter residencial de los nuevos inmuebles, aunque manteniendo espacios abiertos para las tradicionales escenografías del Corpus. Así, del proyecto de jardín a la inglesa hecho en 1866 por Carlos María de Castro (responsable del barrio de madrileño de Salamanca), sólo se materializó una fuente oval en su centro, con un farol, diseñada por José María Mellado. En su lugar, en 1880 se creó un jardincillo cerrado por una verja, que, a su vez, dio paso al monumento a Fray Luis de Granada diseñado en 1888 por Pablo Loyzaga, y colocado en 1910, hoy en la plaza de Santo Domingo.
Las últimas intervenciones de entidad tuvieron lugar bajo el gobierno de Gallego y Burín, en la década de 1940. El cultivado alcalde quiso recuperar en parte su imagen histórica de plaza mayor y escenario festivo, proyectando la creación de soportales en su perímetro, que no llegaron a realizarse, aunque sí la ubicación de una fuente monumental en su centro, en 1940, al igual que la plantación de sus frondosos tilos y la recuperación de su función mercantil mediante quioscos y puestos de flores, que hoy entonan bien con la farolería de la plaza, de la fundición hispalense de los hermanos Pérez, de 1892. Las últimas reformas consistirían en la supresión de los únicos urinarios públicos de la ciudad, en 1974, la colocación de una verja alrededor de la fuente y la supresión del tráfico viario. En la vivienda nº 13 se colocó hace poco la siguiente placa cerámica:
“En esta casa nació (1922) y vivió el insigne dramaturgo granadino José Martín Recuerda. Ayuntamiento de Granada. Cultura y Patrimonio, 2005”
Hoy día Bibarrambla es una plaza anodina, en comparación con el aspecto primigenio cuajado de edificios históricos, soportales y casas de varios pisos con balcones blasonados. Sin embargo, su apariencia no deja de ser agradable contemplada en el bullicio urbano del horario de comercios. Sigue siendo un espacio celebrativo de importancia, en conmemoraciones como el día de la Cruz, y, sobre todo, como escenario de las Carocas del Corpus y de la procesión de la Tarasca.
Comentarios