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EL PATRIMONIO PERDIDO EN ESPAÑA (Parte I)

EL PATRIMONIO PERDIDO EN ESPAÑA (Parte I)

  • Lista creada por bolboreta_na_lúa.
  • Publicada el 28.09.2012 a las 09:04h.
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En todo el mundo, se ha destruido una importante cantidas de monumentos y objetos de
arte a lo largo de la historia, España no es una excepción. Esto ha sido debido a múltiples causas como guerras, robos, cambios de gusto, incendios, intereses urbanísticos y/o comerciales, etc. Pero también, en muchas ocasiones, se ha debido a la falta de preocupación de aquellos a quienes competía su defensa, sobre todo en el siglo XIX, cuando se empieza a tomar conciencia del valor del Patrimonio Artístico heredado, y en el XX cuando esta conciencia era ya universal.

Aquí algunos de los monumentos destruídos, que seguro que son muchos más...

Fuentes: http://www.skyscrapercity.com , http://www.urbanity.es/foro/edificios-en-general-mad/6203-madrid-edificios-destruidos.html, http://arquehistoria.com/historiasel-palacio-del-real-de-valencia-los-restos-de-un-lamentable-derribo-449, http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=9055, http://biblioteca.cchs.csic.es/digitalizacion_tnt/pdfs/introduccion.pdf, http://www.lugo.es/cs/multimedias/200909_desarrollo_urbano_lugo.pdf, http://tarragona1800.wordpress.com/2012/08/23/el-castillo-del-patriarca/, http://librosdeguadalajara.blogspot.com.es/2012/01/patrimonio-perdido-por-espana.html, http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2010/05/el-convento-de-santo-tomas.html, http://red.elaleph.com/caleidoscopio/2006/07/53-la-leyenda-del-palacio-de-ripa.html, http://www.degelo.com/sevilla/sev3.htm, http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/120078/puertas/por/orden/derribo.html, http://elpasadodesevilla.blogspot.com.es/2010/11/compas-del-convento-de-san-pablo.html, http://mtvo-lasmentiras.blogspot.com.es/2011/04/barcelona-gran-hotel-internacional-1888.html, http://www.revistaiberica.com/Suscripcion/Apoyos_gr/la_ciudad_perdida.htm, http://www.ciudad-real.es/historia/ccm/siglo20-06.php, http://www.ciudad-real.es/historia/golderos/golderos02.php, http://elpasadodesevilla.blogspot.com.es/2010/06/palacio-de-cavalieri.html, google images

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Torre Nueva de Zaragoza (Zaragoza)

1. Torre Nueva de Zaragoza (Zaragoza)

Desaparecida por demolición En 1892, la Torre Nueva de Zaragoza, que había sido erigida entre 1504 y 1508, provista de un reloj para la reglamentación de la vida ciudadana, y auténtico emblema de la ciudad de Zaragoza, bellísima obra mudéjar realizada por los maestros Juan Gombao , Juan de... Ver mas
Desaparecida por demolición

En 1892, la Torre Nueva de Zaragoza, que había sido erigida entre 1504 y 1508, provista de un reloj para la reglamentación de la vida ciudadana, y auténtico emblema de la ciudad de Zaragoza, bellísima obra mudéjar realizada por los maestros Juan Gombao , Juan de Sariñena , Iuce de Gali , Ismael Allobar y maestro Monferriz . La torre, como es sabido, presentaba una inclinación considerable, debido al rápido fraguado y secado del mortero en las hiladas de ladrillo de la parte más expuesta al sol, pero los dictámenes técnicos eran favorables a su permanencia. Sin embargo, un comerciante de la plaza de San Felipe —hombre influyente y cacique, bien relacionado con el municipio, que promovió una amplia corriente de opinión sobre la inminente ruina de la torre, la cual podía perjudicar su negocio—, pudo mucho más que todo el grupo de intelectuales zaragozanos (Gascón de Gotor , Zapater , Jordán de Urriés , Moneva , Giménez Soler , etc.) que se opusieron valientemente a su demolición. Las palabras de Gaya Nuño sentencian, de nuevo, certeramente los hechos: «Es todo un capítulo de ignominia para la Zaragoza del entonces haber caído en este lazo de los más ruines y particulares intereses para venir a odiar como posible asesino a uno de los monumentos más insignes de la ciudad».

Bien es cierto que en la Zaragoza el siglo XIX, y aún en la actual, han amenazado siempre más los intereses particulares que posibles monumentos inclinados. Así iban desapareciendo a lo largo del siglo XIX desde las mismísimas puertas de la ciudad (la de Toledo en 1842, la de Valencia en 1867, la del Puente o del Ángel y la de Don Sancho en 1868), pasando por los palacios y casas infanzonas (el de los Torrellas o del Comercio, en 1865), hasta las iglesias (la parroquia de San Lorenzo en 1868) y los conventos, en una ruina generalizada que con frecuencia se retrotrae equivocadamente a la socorrida guerra de la Independencia.

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2. Palacio de Sánchez Dalp (Sevilla)

Palacio de Sánchez Dalp (Sevilla)

Destruído por demolición, para instalar en su lugar un Corte Inglés El tesoro nazarí, así es como se denominaba al Desaparecido Palacio de Sanchez Dalp. las columnas y arcos de herradura eran la arquitectura dominante en el interior del palacio, tomando en yeserías y alicatados ese... Ver mas
Destruído por demolición, para instalar en su lugar un Corte Inglés

El tesoro nazarí, así es como se denominaba al Desaparecido Palacio de Sanchez Dalp.

las columnas y arcos de herradura eran la arquitectura dominante en el interior del palacio, tomando en yeserías y alicatados ese encanto que recordamos y encontramos en otros entornos como la Alhambra o los Reales Alcázares de Sevilla.

Las grandes cristaleras transmitían un juego de luces al interior que junto con el color de alicatados y techos formaban una atmósfera irrepetible.
Como irrepetible era el despacho principal del Palacio...

El trabajo realizado en las yeserías, los suelos y paredes, junto con el exquisito trabajo de marquetería empleado en el mobiliario lograban de esta estancia una de las mejores embajadoras del Palacio en lo que a belleza del conjunto se refería.
Nada que tuviese que envidiar de la riqueza de sus patios.

Como sacados de los Reales Alcázares, sus patios reflejaban la armonía y el gusto de los materiales utilizados en su ejecución, dando como resultado un conjunto perfecto, en el que la vegetación acompañaba al total del conjunto del edificio.

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El palacio real de Valencia (Valencia)

3. El palacio real de Valencia (Valencia)

Desaparecido por demolición Los monarcas medievales de la Corona de Aragón solían disponer de palacios urbanos en las ciudades principales de sus territorios, de este modo cuando visitaban la ciudad contaban con cómodas estancias donde instalar sus cortes. Pero desgraciadamente, el Palacio... Ver mas
Desaparecido por demolición

Los monarcas medievales de la Corona de Aragón solían disponer de palacios urbanos en las ciudades principales de sus territorios, de este modo cuando visitaban la ciudad contaban con cómodas estancias donde instalar sus cortes. Pero desgraciadamente, el Palacio del Real de Valencia- residencia oficial de monarcas, virreyes y capitanes generales- es el único de esta serie de magníficos palacios, que fue totalmente arrasado y que ha pasado desapercibido en estos últimos siglos, desde su destrucción en 1810 .

El desaparecido Palacio del Real fue, en efecto, para el pasado de la ciudad, uno de los edificios más importantes y emblemáticos de cuantos se hayan construido, pero debido a su total destrucción por razones estratégicas-según la versión oficial-; durante la guerra de la Indepencia fué borrado del mapa y tristemente hoy su historia es ignorada por la mayoria de los valencianos. Sigue…

De su memoria, solo mantenemos algunos nombres como el Puente del Real, puente sobre el río que comunicaba la ciudad con el palacio, Llano del Real, espacio que se extendía en forma de enorme plaza frente a su extensa fachada o Jardines del Real, Viveros o jardines públicos que se acondicionaron en el antiguo emplazamiento del palacio.

El Palacio del Real, desde el siglo XI al XIX, fue sede regia para los reyes de la Taifa musulmana, para los monarcas de la Corona de Aragón y los Austrias, pero, es cierto que no gozó tanto del favor de los Borbones, bajo cuyo mandato fue lamentablemente demolido, dado que el Palacio del Real era todo un símbolo de poder en el Reino de Valencia. De ese derribo de 1810, motivado- según la versión oficial- por supuestas razones estratégicas en plena gerra de la Independencia, sólo pudo salvarse de su grandiosa fábrica algún fragmento de artesonado que se conserva en el Archivo del Reino. Hasta hace bien poco, existian escasos datos sobre la forma o estructura del edificio.

En el contexo de la guerra de la Independencia, el 12 de marzo de 1810 el Palacio fue arrasado, pero, contrariamente a lo que pudiera pensarse, no fueron las tropas de Napoleón las que provocaron el derrumbe del edificio, sino los propios españoles, quienes siguiendo las ordenes del general español Blake pretendian-supuestamente-, evitar que el palacio cayera en manos enemigas y que pudiera convertirse en una plaza fuerte para los asaltantes. Esas fueron las pretendidas razones oficiales de su demolición, las de una presunta estrategia bélica para evitar que semejante bastión fuera aprovechado por las tropas napoleónicas invasoras.

Lo cierto es que, a esa discutible concepción táctica otros estudiosos dicen lo contrario, precisamente, que el Palacio podía servir de punto desde donde batir a los atacantes de la muralla–, esto dio alas la enemiga frase borbónica esos “restos”, en forma de Palacio, del “Antiguo Régimen”.

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Claustro grande del monasterio de jerónimos de Santa Engracia (Zaragoza)

4. Claustro grande del monasterio de jerónimos de Santa Engracia (Zaragoza)

Desaparecido por demolición La voladura por los franceses del monasterio de Santa Engracia en la noche del 13 al 14-VIII-1808, que afectó fundamentalmente a la iglesia, dio pie a pensar a muchos escritores e historiadores que el monasterio de Santa Engracia había sido totalmente destruido en... Ver mas
Desaparecido por demolición

La voladura por los franceses del monasterio de Santa Engracia en la noche del 13 al 14-VIII-1808, que afectó fundamentalmente a la iglesia, dio pie a pensar a muchos escritores e historiadores que el monasterio de Santa Engracia había sido totalmente destruido en esta fecha de 1808; Gaya Nuño, primero, y Arturo Ansón, después (en un estudio monográfico de 1978), han puesto de manifiesto este error que subyace en bastantes monumentos desaparecidos de Zaragoza, para los que se piensa siempre en la guerra de la Independencia. Pero no, el claustro del monasterio fue demolido posteriormente, en el año 1836.

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Murallas (Ciudad Real)

5. Murallas (Ciudad Real)

Destruídas por demolición La muralla estaba compuesta por 130 torreones y 8 puertas, tenía una forma de elipse casi perfecta con una longitud de 4.600 m., con un grosor de 2,20 m. El eje mayor de la figura elíptica arrancaba desde la monumental Puerta de Toledo hasta la Puerta de Ciruela... Ver mas
Destruídas por demolición

La muralla estaba compuesta por 130 torreones y 8 puertas, tenía una forma de elipse casi perfecta con una longitud de 4.600 m., con un grosor de 2,20 m.

El eje mayor de la figura elíptica arrancaba desde la monumental Puerta de Toledo hasta la Puerta de Ciruela; y, el menor, desde el postigo de Santa María al punto medio de la línea recta trazada entre las puertas de La Mata y Granada o "Miguelturra".
Recinto amurallado fue reparado a principios del siglo XVIII, es en este mismo siglo (1767) cuando se derriba el primer tramo de la muralla que circundaba a Ciudad Real; dando así el primer paso para llevarse a cabo después, la demolición total del amurallamiento (tendría lugar en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siguiente).

Es evidente que LAS MURALLAS de Ciudad Real, calificadas por Rades y Andrada como una "ruyn cerca" y por historiadores locales del siglo XVII y posteriores de "excelentes", se deterioraron a causa de las continuas refriegas entre calatravos y realengos; pero éstas, siendo reparadas en 1489, vuelven a sufrir grandes desperfectos a consecuencia de una inundación del río Guadiana en 1508.

En 1853, 1860 y 1862, se producen demoliciones parciales del lienzo comprendido entre las Puertas de Mata y de Toledo con destino a realizar obras municipales, en 1863 se practica la demolición del total para emplear las tierras en desecar una de las lagunas que existían extramuros de la puerta de Calatrava, las lagunas de los Terreros.

El debate originado en 1882 sobre la titularidad de la muralla, está motivado por la petición que formula el Vicario General del Obispado solicitando el material procedente del derribo para construir el Seminario Conciliar.

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Iglesia de San Pedro Mártir (Calatayud)

6. Iglesia de San Pedro Mártir (Calatayud)

Desaparecida por demolición El principal motivo de la demolición de la iglesia de San Pedro Mártir de Calatayud fue que obstaculizaba el tráfico; Gaya Nuño calificó el hecho así: «Y todavía hoy estremece esta alcaldada brutal que nos privó de uno de los más fascinantes monumentos mudéjares de... Ver mas
Desaparecida por demolición

El principal motivo de la demolición de la iglesia de San Pedro Mártir de Calatayud fue que obstaculizaba el tráfico; Gaya Nuño calificó el hecho así: «Y todavía hoy estremece esta alcaldada brutal que nos privó de uno de los más fascinantes monumentos mudéjares de nuestro medievo». Acostumbrados estaban ya los bilbilitanos a estas demoliciones, puesto que en 1840 se había derribado la parte alta de la torre mudéjar de San Pedro de los Francos, con el pretexto de que su inclinación hacía peligrar la vida de la familia real hospedada en el palacio del barón de Warsage . Las demoliciones en la ciudad de Calatayud en la segunda mitad del siglo XIX adquieren un ritmo enloquecido: en el mismo año de 1856 el convento de la Trinidad, en 1863 la iglesia parroquial de Santiago, en 1869 las iglesias de San Torcuato y Santa Lucía, en 1871 la iglesia de San Miguel…

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Murallas de Valencia (Valencia)

7. Murallas de Valencia (Valencia)

Desaparecidas por demolición La asfixia en la que vivían los ciudadanos se había hecho insoportable en los últimos años. Aunque eran raros los vientos furiosos y ocasional el poniente, la población se veía privada del levante benigno que soplaba casi constantemente. Los periódicos azotes... Ver mas
Desaparecidas por demolición

La asfixia en la que vivían los ciudadanos se había hecho insoportable en los últimos años. Aunque eran raros los vientos furiosos y ocasional el poniente, la población se veía privada del levante benigno que soplaba casi constantemente. Los periódicos azotes del cólera-morbo asiático, los temidos miasmas suspendidos en el aire, la humedad invernal excedente del suelo y un ambiente fuertemente caldeado durante el verano justificaban la magnitud de aquella empresa. Eran razones de policía urbana las que lo aconsejaban, pero era también el progreso material el que hacía insostenibles los argumentos de los adversarios. El horror por el hacinamiento y una creciente sensibilidad por la higiene avalaban la bondad del proyecto, pero a ello se añadía el apego por las innovaciones que la ciudad venía demostrando: había sido tan frenética la actividad desplegada durante las últimas décadas en la mejora de la urbe que mantener aquella muralla, que mantener aquella armadura que ahogaba a la población, sólo podía ser fruto de la inercia oficial, de un temor infundado o de una ceguera acérrima hacia las novedades del siglo. "Seguramente que nuestros hijos, pues no debemos conceder más largo plazo --decía un anónimo redactor de un periódico local--, se reirán de la encerrona en que permanecían sus padres, cual si vivieran en un castillo o mejor aún en una cárcel". La metáfora se repetía en los escritos de los publicistas. Si no bastaban razones de otra índole, al menos esa imagen podía procurar el consenso de los lectores. Habitar en una fortaleza o vivir aherrojado eran situaciones que el buen sentido no aprobaba, justo cuando cualquier ciudadano cultivado sabía que el espíritu del siglo pugnaba por la emancipación. Había, pues, suficientes avales entre quienes defendían la destrucción de aquella cintura elíptica.
Cuando en la mañana del sábado 18 de febrero llegó por fin el despacho telegráfico que autorizaba el inicio del derribo de las murallas, el gobernador civil interino se mostró especialmente diligente en dar curso a aquel proyecto tantas veces demorado. Alcalde y concejales, que fueron rápidamente informados por la primera autoridad, saludaron con alborozo la buena nueva de que era portador el correo de Madrid. "¡Viva la Reina!", exclamaron mientras se aprestaban a conferenciar con el gobernador para dar fin inmediato a aquellas vetustas y mezquinas tapias que atenazaban la ciudad. Antiguas inercias y viejos temores se abandonaron. El resultado debía ser la apertura de una brecha entre la Ciudadela y la puerta de San José. Que en unas pocas horas se diera inicio a la tarea fue un ejemplo de celo. Que, además, el acto, organizado con toda solemnidad, pudiera verificarse en la tarde del lunes siguiente era fruto de la previsión que había acompañado a la larga espera. Que, al final, un inmenso gentío abarrotara los alrededores de la puerta del Real dispuesto a contemplar festivamente el acontecimiento era sin duda el resultado de una publicidad general. Porque, más allá de la simple demolición, interesaba a las primeras autoridades hacer evidente el significado de lo que en aquel momento se dirimía.
A las 16,30 horas del día 20, rodeado por el público que aguardaba el solemne acto, llegó Cirilo Amorós, el gobernador. ¡Viva la Reina!", gritó Amorós mientras con energía descargaba el primer golpe que iba a abatir la muralla. La ciudadanía reunida estalló en exclamaciones de júbilo. Por fin se liquidaba aquel ruinoso muro que encerraba a la población y que sólo un enojoso litigio de jurisdicción había mantenido en los últimos años. A los presentes, en efecto, no les debió de sorprender la ausencia de las autoridades militares. Por lo menos, los más informados sabían que si aquella vieja aspiración se había demorado era como consecuencia de la oposición de la Capitanía General, no por constituir las murallas un bastión, sino por la pugna acerca de la propiedad de los solares que debían resultar de su derribo. En la liza, el Ayuntamiento había logrado que el gobierno de Su Majestad reconociera sus derechos, y con él todas las autoridades civiles se felicitaban de la licencia real.
El secretario municipal llevaba consigo un papel y la piqueta. Dispuesto sobre el tablado levantado en la parte exterior del muro y observado por los ciudadanos que lo rodeaban, dio comienzo al acto. Con toda ceremonia pero con brevedad leyó la autorización concedida por la Reina para inmediatamente pasar el zapapico a Antonino Sancho. Este, arquitecto municipal y autor del proyecto de ensanche que ahora se inauguraba, se desprendió sin dilación de la piqueta para entregársela al alcalde a fin de que asestara el primer golpe a aquellas odiosas tapias. Tampoco el marqués de Casa‑Ramos se consideró digno de iniciar los trabajos y sin mayor demora rogó al joven gobernador que presidía el acto que fuera él quien descargara el zapapico para bien de la ciudad. Cirilo Amorós, que dirigió unas palabras a la multitud expectante saludando la "santidad de la empresa" que ahora comenzaba, así lo hizo. Los vítores que siguieron se confundieron con el gozoso estruendo. Fue a partir de aquel momento cuando una brigada de zapadores‑bomberos y un centenar de trabajadores del arte de la seda continuaron las obras de demolición emprendidas. "La piqueta del obrero del siglo XIX, no el hacha demoledora de las revoluciones, sino el instrumento fecundo del trabajo y de la industria, ha caído --indicaba un cronista emocionado en las páginas de La Opinión-- sobre las almenas que simbolizaban otras épocas de fuerza y de hierro".
Comenzaba el año de 1865 y Valencia se sacudía el último lastre que le faltaba para completar el progreso material, según confesaban los presentes. Pero, bajo aquellos gritos de júbilo, la ciudad empezaba a vivir momentos de incertidumbre y de agitación. La desocupación se cernía sobre una masa de operarios textiles. Hacinados en mezquinas habitaciones de zonas insalubres, muchos de ellos tendrían que empujar de nuevo en largas filas, junto a pordioseros y vagabundos, para obtener un rancho miserable de la caridad. En los palacios y en las lujosas residencias que se apiñaban en los barrios elegantes, también empezaba a cundir la desazón. Las últimas noticias referían las pérdidas sufridas por las cotizaciones, y los inversores, temerosos de una ruina segura, creían escuchar de nuevo los ecos de la crisis bursátil de 1847. Mientras tanto, un nuevo azote del cólera y la adversidad climatológica se unían para liquidar las esperanzas que el derribo de las murallas abría. Los artículos de fondo de los periódicos locales denunciaban repetidamente la amenaza que se abatía sobre la urbe. Un redactor de Los Dos Reinos trazaba el 15 de septiembre el perfil siniestro de aquellos meses: "La falta de cosecha de seda, la inundación del mes de noviembre último que mató en una noche tantas y tan legítimas esperanzas, la paralización de las transacciones mercantiles y de la extracción de los productos agrícolas, la falta de trabajo que se nota en todas las industrias y, por complemento a tanto desastre, el cólera que ha invadido a casi todos los pueblos de esta provincia, han venido a colocarla en la situación más angustiosa y desesperada que pueda imaginarse. No hay pincel que pueda pintarla".
Las gente fina de Valencia contemplaba no sólo la miseria ajena, sino sus propias pérdidas. Algunas fortunas se evaporarían, otras sufrirían mermas apreciables y las menos se mantendrían incólumes. Sin embargo, aunque los valores se depreciaban y el tráfico se reducía, la mayoría contaba con recursos suficientes para sortear con éxito ese difícil trance que nos relatan los cronistas. No en vano, al menos durante dos décadas, una bonanza económica les había permitido crecer y acumular sin limitación. Gracias a sus bancos, a sus ferrocarriles, a las obras del puerto y a sus negocios comerciales, habían conseguido atesorar muchos miles de reales. En los palcos del teatro, en los bailes y en los paseos habían lucido esas fortunas. En el Ayuntamiento y en las corporaciones ciudadanas habían impuesto sus voluntades. Ahora, por fin, habían conseguido abrir la ciudad y se imaginaban "transportados á las márgenes del Sena en París, ó á las del Támesis en Londres, ó al Prado y Retiro en Madrid", como soñaba Domingo Andrés Sinisterra al relatar el derribo de las murallas.

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8. Puertas de Sevilla (Sevilla)

Puertas de Sevilla (Sevilla)

Destruídas por demolición En trece años, entre 1858 y 1871, Sevilla perdió trece Puertas y un Postigo, heredados de la época árabe, en algunos casos reformados en los siglos XVI y XVII. Fueron pérdidas irreparables. Con las destrucciones antes citadas culminó un largo período de abandono... Ver mas
Destruídas por demolición

En trece años, entre 1858 y 1871, Sevilla perdió trece Puertas y un Postigo, heredados de la época árabe, en algunos casos reformados en los siglos XVI y XVII. Fueron pérdidas irreparables.

Con las destrucciones antes citadas culminó un largo período de abandono de las citadas Puertas y de las murallas, sumidas en la ruina, sin que en ninguna época las Administraciones local y nacional demostraran el menor interés por conservar estas riquezas ciudadanas, unas reliquias arqueológicas únicas y de excepcionales valores históricos y culturales.

Las fechas de terminación de los derribos que citamos han sido actualizadas según las referencias documentales aportadas por el investigador Antonio Raya, que incluyen fechas de acuerdos municipales, subastas, plazos de ejecución de las obras de derribos e inicio y final de las mismas y datos complementarios.

Por orden cronológico: 1) Puerta de la Barqueta, derribada en 1857-1858. 2) Puerta de San Juan en 1864. 3) Puerta del Arenal en 1864. 4) Puerta de la Carne en 1864. 5) Puerta Real, en 1864. 6) Puerta de Jerez (1), en 1846. 6) Puerta de Jerez (2), en 1864. 7) Postigo del Carbón en 1867. 8) Puerta de Osario en 1870. 9) Puerta de Carmona en 1870. 10) Puerta Nueva de San Fernando en 1870. 11) Puerta de Triana en 1870. 12) Puerta del Sol en 1871. 13) Puerta de Córdoba en 1869 (parcialmente).

Se mantienen: 14) Postigo del Aceite. 15) Puerta de la Macarena. 16) Puerta de la Victoria. 17) Torre cuadrada de la Cilla. 18) Torre de Abdelazis. 18) Torre de la Plata. Y 19) Torre del Oro.

El acceso a la ciudad de Sevilla se realizaba principalmente por los denominados postigos o puertas, que las había de dos tipos: reales o públicas, y privadas. Las puertas tenían su acceso acodado, según se observa en la puerta de Córdoba, y carecían de decoración a diferencia de las que se ven en el Magreb. Entre puertas y postigos contaba la ciudad con diecinueve acceso, entre ellas:

Puerta de Carmona, de origen almorávide, reformada totalmente en el siglo XVI, se encontraba situada en la esquina de las calles de San Esteban con Menéndez Pelayo.

Puerta de Triana, de origen almorávide y reconstruida en 1585 algo más al norte, estaba en la actual calle Zaragoza, en la confluencia con la calle Moratín, donde en la actualidad está señalado.

Puerta Osario, de origen almorávide, se localizaba entre las calles Valle y Puñonrostro.

Puerta de San Juan, de origen almorávide; estaba situada en la calle Guadalquivir, entre la calle San Vicente y Torneo.

Puerta del Sol, de origen almorávide y reformada en el siglo XVI; se situaba al final de la calle Sol, y su nombre procede del sol que tenía grabado sobre el dintel.

Puerta de Jerez, de origen califal; estaba situada en el extremo oeste de la calle de San Gregorio, en dirección al río. En ella había grabados unos versos alusivos a la historia de la ciudad.

Postigo del Carbón, de origen almorávide se trasladó en el siglo XVI del principio al final de la calle Santander, antes denominada del Carbón, de que tomó el nombre.

Puerta Real, de origen almorávide y reconstruida en el siglo XVI, también denominada puerta de Goles; se encontraba en la esquina de la calle Goles con la calle Alfonso XII.

Puerta de San Fernando, construida en el siglo XVIII fue la más moderna; se localizaba a la altura de la Real Fábrica de Tabacos.

Puerta de San Juan, de origen almorávide; estaba situada en la calle Guadalquivir, entre la calle San Vicente y Torneo.

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Puertas de la ciudad de Zaragoza (Zaragoza)

9. Puertas de la ciudad de Zaragoza (Zaragoza)

Desaparecidas por demolición

La de Toledo en 1842, la de Valencia en 1867, la del Puente o del Ángel y la de Don Sancho en 1868.

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10. Alcázar de Madrid (Madrid)

Alcázar de Madrid (Madrid)

Destruído por un incendio El desaparecido Real Alcázar de Madrid estuvo situado en el solar donde actualmente se erige el Palacio Real (en ocasiones erroneamente llamado Palacio de Oriente). Construido como fortaleza musulmana en el siglo IX, el edificio fue ampliándose y mejorándose con el... Ver mas
Destruído por un incendio

El desaparecido Real Alcázar de Madrid estuvo situado en el solar donde actualmente se erige el Palacio Real (en ocasiones erroneamente llamado Palacio de Oriente). Construido como fortaleza musulmana en el siglo IX, el edificio fue ampliándose y mejorándose con el paso de los siglos, especialmente a partir del siglo XVI cuando se convirtió en palacio real de acuerdo a la elección de Madrid como capital del Imperio español. Pese a ello, esta gran construcción siguió conservando su primitiva denominación de alcázar.
La primera ampliación de importancia acometida en el edificio se efectuó en el año 1537, por encargo del emperador Carlos V, pero su aspecto exterior final corresponde a las obras realizadas en 1636 por el arquitecto Juan Gómez de Mora, impulsadas por el rey Felipe IV.
Célebre tanto por su riqueza artística como por su arquitectura irregular, fue residencia de la Familia Real española y sede de la Corte desde la dinastía de los Trastámara hasta su destrucción en un incendio en la Nochebuena de 1734, en tiempos de Felipe V. Muchos de sus tesoros artísticos se perdieron, entre ellos más de 500 cuadros, si bien otros pudieron rescatarse (como Las Meninas de Velázquez).

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El palacio de Ripalda (Valencia)

11. El palacio de Ripalda (Valencia)

Numerosas y románticas son las leyendas urbanas que flotan en la nebulosa de la historia de la ciudad, desde que en 1968, debido al desarrollo urbanístico, desapareciera el Palacio de Ripalda. Unas apuntan a un rico visitante americano que, enamorado del Palacio, se lo compró al Ayuntamiento... Ver mas
Numerosas y románticas son las leyendas urbanas que flotan en la nebulosa de la historia de la ciudad, desde que en 1968, debido al desarrollo urbanístico, desapareciera el Palacio de Ripalda. Unas apuntan a un rico visitante americano que, enamorado del Palacio, se lo compró al Ayuntamiento para llevárselo piedra a piedra a algún lugar de California, donde ahora luce su palmito; otra leyenda asegura que Walt Disney se inspiró en su diseño para construir su palacio de fantasía de Disneyworld, pero lo cierto es que ninguna de esas leyendas ha podido constatarse como veraz, y probablemente la única versión auténtica es mucho más práctica y menos romántica.

Situado en el comienzo del Paseo de la Alameda, frente a la Fuente de las Cuatro Estaciones, en la ciudad de Valencia, el Palacio de Ripalda fue construido entre los años 1889 y 1891 por el arquitecto valenciano Joaquín María Arnau Miramón, (1849 - 1906), a quién se lo encargó como residencia doña Mª Josefa Paulín de la Peña, condesa de Ripalda. Se trataba de un peculiar edificio que intentaba emular al "chateau" francés, dentro de una perspectiva romántica sin precedente en la ciudad. Permaneció en su lugar hasta mil novecientos sesenta y ocho, año en que se necesitó más espacio para construir la antigua feria de muestras, situada entonces junto al Palacio. La especulación urbanístico-comercial en unos años de desarrollo pudo más que el romanticismo histórico, y el ayuntamiento de entonces no dudó en derribar este edificio para la ubicación de la nueva feria. Parece que se desalojó de los enseres y piezas vendibles y el resto fue demolido, lo cual descartaría la hipótesis de que fue trasladado por piezas. A partir de ese momento comenzaría la leyenda romántica del Palacio, de la que incluso se hicieron eco algunos diarios locales en aquellos años en los que el silencio era tan habitual.

Aún hoy la leyenda continúa...

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Alcázar Real (Ciudad Real)

12. Alcázar Real (Ciudad Real)

El rey Sabio mandó construir el Alcázar al poco de fundar esta ciudad. Las obras se prolongaron durante algún tiempo; pero pronto debió de estar en condiciones de ser habitado como residencia real. Un resto de este alcázar es el llamado "Torreón". Son escasos los datos que se tienen del edificio... Ver mas
El rey Sabio mandó construir el Alcázar al poco de fundar esta ciudad. Las obras se prolongaron durante algún tiempo; pero pronto debió de estar en condiciones de ser habitado como residencia real. Un resto de este alcázar es el llamado "Torreón". Son escasos los datos que se tienen del edificio. En efecto, esta carencia documental sobre su construcción impide una valoración sobre el papel que pudo haber jugado dentro del núcleo de la ciudad. Algún autor señala lo extraño de su ubicación al estar lejos del centro de la villa; pero la explicación es evidente: era la cota más elevada del entorno y la menos edificada dentro de las murallas de la villa. En el momento de su construcción el Alcázar aparece despejado de edificaciones aledañas, el lugar es estratégicamente perfecto para otear los posibles ataques a la amurallada villa, que ya sólo podían temerse fueran llevadas a cabo por los calatravos. En la actualidad permanece en pie el llamado "Torreón", un arco apuntado, que sin duda pertenecía a una de sus puertas. Esta zona fue la elegida por Alfonso el Sabio para fijar su residencia y el centro de su poder político, la más aristocrática del Villa Real. Sin embargo, hasta pasado más de la mitad del presente siglo, el sitio era social, urbana y económicamente lo más degradado de la ciudad.

El Alcázar formó parte de la dote que en 1455 entregó Enrique IV a su mujer doña Juana, dejando esta señora como recuerdo de su señorío la torre que mandó edificar en el sitio que ocupaban unas casas que había junto a él. A este respecto discrepaba Delgado Merchán, que apuntaba: "...que, por el simple examen de lo que queda, no se puede ocultar que el llamado "torreón" ni lo es, ni a sido nunca, ni es otra cosa que un trozo de muralla en donde hay una puerta que ni aún puede decirse que fuera la principal del palacio. Además de esto, si doña Juana de Portugal, hubiese construido esta torre, habría puesto en ella sus armas y no las de Castilla y León, que aún puede descubrir cualquier persona que lo busque".

Los Reyes Católicos residieron en algunas ocasiones en el Alcázar e hicieron donación del mismo en 1475, a don Fernando de Cervera, natural de Ciudad Real y aposentador de sus altezas. Sabemos que este palacio poseía unos subterráneos, que por los años de 1950 fueron lodados. Eran estas unas cuevas amplísimas, muy interesantes geológica e históricamente, de lisas paredes veteadas por estratos cuaternarios horizontales, de diversos colores, y con inclusiones de cenizas y bombas volcánicas, con techos planos por haberse construido aprovechando esa horizontalidad perfecta de los estratos. El actual arco o torreón ha llegado a nuestros días gracias al marqués de Villamediana, que hace más de un siglo, debido a su estado ruinoso, y a sus expensas, fortificó la puerta que amenazaba derrumbarse.

Desde este alcázar dirigió Alfonso X sus embajadores al monarca francés San Luis, pidiéndole en matrimonio a su hija para el infante don Fernando, su primogénito, el cual -como sabemos- fallecía en 1275 casi repentinamente en dicho palacio, cuando se disponía a guerrear contra los moros de Andalucía. En este mismo lugar se hizo proclamar heredero de la corona su hermano Sancho IV "el Bravo". El Alcázar estaba tan cercano a la muralla de la ciudad que pasaba esta a formar parte del recinto real. Un maestre de Calatrava (como luego veremos), hospedado en él, franqueó traicioneramente por la noche la entrada a sus fuerzas por un postigo "...que penetrando la muralla salía al campo, cuando tomó la ciudad mediado el siglo XVI". Por esta misma puerta salió Juan II de Castilla, cuando le sorprendió en esta morada un terremoto mientras dormía la siesta "...saliendo al campo por una puertecilla o poterna que había en la muralla..”, suceso acaecido en 1431.

Aquí recibió Alfonso XI los embajadores que el rey de Marruecos le envió en 1344, en reconocimiento de haberle devuelto las dos hijas que había cogido en la batalla de Tarifa. El mismo monarca, con ocasión de firmar una tregua con los moros, se dirige a Villa Real donde llegó el jueves santo, estando este día y el viernes. También reunió Cortes en el Alcázar de Villa Real, el año 1346.
Por el año 1388, nacía en la villa el físico y literato Fernán Gómez, que luego sería conocido por el bachiller Fernán Gómez de Cibdarreal. Por su mente privilegiada, entró a formar parte del séquito de Juan II, siendo éste niño. Algunos prelados y grandes de España le recompensaban por su asesoramiento en diversas materias. El monarca antes aludido le hizo merced, en 1445, de 30.000 maravedís sobre la lana de Segovia: tuvo amistad con muchos personajes de los que entonces sobresalían en política y literatura. Parece que fue autor del famoso "Centón Epistolario", publicado en Burgos en 1449, a él atribuido, pero no probado. Se cree que murió en Ciudad Real." Hay en la capital una calle dedicada a este personaje.

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Instituto de higiene de Sevilla (Sevilla)

13. Instituto de higiene de Sevilla (Sevilla)

Desaparecido por demolición Este impresionante edificio era el Instituto de Higiene del Doctor Murga, y se encontraba en la calle Marques de Paradas. Fue construido entre los años 1905-1907 por el arquitecto Francisco Franco Pineda como residencia, clínica, laboratorio y dependencias... Ver mas
Desaparecido por demolición

Este impresionante edificio era el Instituto de Higiene del Doctor Murga, y se encontraba en la calle Marques de Paradas.

Fue construido entre los años 1905-1907 por el arquitecto Francisco Franco Pineda como residencia, clínica, laboratorio y dependencias científicas del doctor Leopoldo Murga Machado.

El edificio fue destruido trás la Guerra Civil, en la época franquista.

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Palacio de la Ribera (Valladolid)

14. Palacio de la Ribera (Valladolid)

Destruído por deterioro y posterior derribo El Palacio de la Ribera, en Valladolid, fue la residencia veraniega de Felipe III. Su construcción data del siglo XVII, como parte del proceso de transformación urbanística que experimentó la ciudad tras la llegada de la Corte a Valladolid, en 1601... Ver mas
Destruído por deterioro y posterior derribo

El Palacio de la Ribera, en Valladolid, fue la residencia veraniega de Felipe III. Su construcción data del siglo XVII, como parte del proceso de transformación urbanística que experimentó la ciudad tras la llegada de la Corte a Valladolid, en 1601 por consejo del valido Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma.
El palacio era uno de los edificios de la Huerta del Rey, que da nombre al barrio. El edificio se encuentra a la altura del parque de las Moreras pero al otro lado del río Pisuerga, en su margen derecha, se puede ver desde la playa.
Entre los acontecimientos ocurridos en este entorno vallisoletano, destaca la primera inmersión de un buzo de la historia. Dicho acontecimiento tuvo lugar el 2 de agosto de 1602, y el propio Felipe III, junto con miembros de la Corte, asistió al evento. El inventor del traje de buceo empleado fue Jerónimo de Ayanz, quien destaca también por inventar la primera máquina de vapor. Valladolid fue el lugar escogido por Jerónimo de Ayanz para realizar la mayoría de sus ensayos.
En la actualidad se puede observar una gran pared de sillería y una estancia construida en ladrillo. Esta última habitación, que estaba decorada con azulejos, no se sabe muy bien cuál fue su uso aunque se cree que tenía una fuente.
Del resto del palacio nada se conserva. Su deterioro fue tal que en 1761 se permitió desmantelarlo y sus piedras y azulejos se utilizaron en otros edificios como el Palacio Real. A día de hoy, el palacio de Felipe III linda con los cimientos de un aparcamiento.

El palacio de la Ribera estaba situado frente a lo que hoy es la playa de Las Moreras.

Los terrenos que abarcaba iban desde el Puente Mayor hasta lo que hoy es el Museo de la Ciencia, entonces llamado la ribera de don Periáñez del Corral, cuya casa renacentista fue demolida para la construcción del museo, y estaba delimitado a ambos lados por el Río Pisuerga y por el entonces llamado Camino del Monasterio del Prado.

La idea de construir este palacio fue del Duque de Lerma con el fin de mantener la Corte de Felipe III en Valladolid, para lo que adquirió estos terrenos. Llamándose en un principio la Huerta del Duque y posteriormente La Huerta del Rey.

La construcción comenzó en 1602 con el arquitecto Francisco de Mora, y con la posible colaboración de Diego de Praves, Juan de Nates y Bartolomé de la Calzada.

Se finalizó en 1605.

El acceso al Palacio se realizaba desde los dos embarcaderos construidos en las orillas del río.

La entrada principal estaba en el Paseo del Monasterio del Prado, actual Avenida de Salamanca.

El Palacio de la Ribera estaba distribuido en dos partes, una orientada al norte del pabellón principal, que constituía uno de los lados de un patio cerrado con tres galerías con soportales, y otra orientada al sur, con una construcción formando un ángulo con el pabellón principal y un jardín adornado con parterres. En la intersección de los dos edificios se alzaba una torre rematada por un chapitel de plomo, desde la que se dominaba el río y los jardines.

La fachada norte tenía treinta y cuatro ventanas, la fachada sur cinco puertas y veinte ventanas, y la parte orientada al río tres balcones.

En su interior tenía un zaguán, un oratorio, una escalera principal, cuatro aposentos en la planta noble y otros tres en la parte superior, todos ellos con los techos pintados, junto a otras dependencias y servicios.

En la parte noble del Palacio había dos galerías altas, una de ellas con vistas a la plaza interna en la que se celebraban corridas de toros y luchas de toros con leones, y una segunda que dominaba el río, para ver las naumaquias o batallas de barcos, y los famosos despeñamientos de toros al Pisuerga.

En las proximidades del Puente Mayor Pedro de Zubiaurre construyó un ingenio hidráulico para subir el agua del Pisuerga para la huerta y sus extensos jardines.

Fue el primer zoológico de la ciudad, con leones, camellos, pajareras, venados, jabalíes, conejos, caza de pluma, etc.
Una parte de la Huerta fue transformada en bosque de caza.

La Huerta del Rey, estaba comunicada directamente con el Palacio Real por medio de un pasadizo que atravesaba el río a la altura de San Quirce.
En el aposento que daba acceso al pasadizo se guardaban dos mil cuatrocientos vidrios ordinarios y doscientos cinco vidrios cristalinos para las ventanas del palacio. Estos vidrios solo se colocaban en las ventanas cuando los Reyes estaban en el Palacio.

Según un inventario de 1703, el Palacio tenía quinientos diecinueve cuadros de distintos estilos y autores, setenta cerámicas de Faenza y un gran y lujoso mobiliario.

Con el tiempo el Palacio fue cayendo en el olvido de la realeza, realizándose pequeñas obras para las visitas de Felipe IV en 1660 y de Carlos II en 1690.

El Palacio de la Ribera conoció su decadencia definitiva a partir del siglo XVIII, siendo desperdigadas sus obras de arte.

En 1761 el arquitecto Ventura Rodríguez aconsejó su derribo, se permitió desmantelarlo y sus piedras y azulejos se utilizaron en otros edificios como el Palacio Real.

Actualmente, el Ayuntamiento ha recuperado dos muros de la cimentación, uno de piedra y otro de ladrillo, y una pequeña dependencia que pueden ser visitados y que habían permanecido ocultas por tierra, árboles y maleza durante siglos.

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Convento de San Francisco (Valladolid)

15. Convento de San Francisco (Valladolid)

Destruído por demolición El convento de San Francisco, de Valladolid, España, fue fundado en el siglo XIII y situado extramuros de la ciudad, frente a la plaza del mercado (que sería la futura Plaza Mayor). El convento fue protegido y patrocinado en ese siglo por doña Violante, esposa del rey... Ver mas
Destruído por demolición

El convento de San Francisco, de Valladolid, España, fue fundado en el siglo XIII y situado extramuros de la ciudad, frente a la plaza del mercado (que sería la futura Plaza Mayor). El convento fue protegido y patrocinado en ese siglo por doña Violante, esposa del rey Alfonso X el Sabio. Su existencia incidió mucho en la vida social y religiosa de Valladolid durando hasta 1836, en que fue demolido y sus solares fueron puestos a la venta. A partir de esa fecha, pasa a formar parte del patrimonio perdido de la ciudad de Valladolid.

Cristóbal Colón murió en Valladolid en mayo de 1506 y fue enterrado en la iglesia de este convento de franciscanos, aunque sigue sin saberse (año 2007), en qué casa u hospital murió exactamente. Durante la conmemoración del V centenario de su muerte, el Ayuntamiento de Valladolid colocó una placa en su recuerdo en el lugar donde se hallaba el convento de San Francisco.

Los franciscanos de este convento tuvieron una gran influencia espiritual en la vida social de Valladolid. Supuso además un gran aporte cultural y fue muy rica en acontecimientos religiosos. Su desaparición total en 1836 fue una gran pérdida para la ciudad, aunque al mismo tiempo, la recuperación del extenso solar trajo consigo una importante transformación urbanística en un Valladolid que crecía por esa zona y que necesitaba de la creación de edificios y de vías de acceso.

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Torre de Santiago (Daroca)

16. Torre de Santiago (Daroca)

Desaparecida por demolición

En el año 1913.

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Palacio del Marqués de Palomares (Sevilla)

17. Palacio del Marqués de Palomares (Sevilla)

Destruído por demolición, para instalar en su lugar un Corte Inglés En la plaza del Duque estaba el inmeso palacio de los duques de Medina Sidonía ( los Guzmanes ) quedó destrozado tras la invasión napoleónica y en cuyo solar a mediados del siglo XIX se construyó el marqués de Palomares... Ver mas
Destruído por demolición, para instalar en su lugar un Corte Inglés

En la plaza del Duque estaba el inmeso palacio de los duques de Medina Sidonía ( los Guzmanes ) quedó destrozado tras la invasión napoleónica y en cuyo solar a mediados del siglo XIX se construyó el marqués de Palomares.

En 1879 don Juan Antonio Fernandez de la Riva lo adquiere en subasta pública y monta en el los Almacenes del Duque , colocando sobre su techo una monumental montera que cubriera el magnífico patio reciclado en tienda de confección tejidos y pañeria.

A la muerte de aquel continuaron en el negocio sus hijos Manuel , licenciado en Derecho y Filosofia y Letras y Maria . Curiosamente todos los hijos de ambos hermanos nacieron y vivieron en el palacio en la amplia zona habilitada de residencia .

Desde 1960 se realizaron gestiones de su venta ante el Ayuntamiento, Gobierno Civil, Delegaciones Ministeriales, etc, pero ninguno de estos organismo públicos querina o podían hacer frente a la adquisición de este impresionanate inmueble .

En 1964 lo adquirio Jorge Bardeau y después paso a El Corte Ingles , siendo derrivado en 1965 .

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Palacio de Cavalieri (Sevilla)

18. Palacio de Cavalieri (Sevilla)

Destruído por demolición, para instalar en su lugar un Corte Inglés Situado en la plaza del Duque lo único que aun se conserva del palacio es su portada, el palacio era lo que es hoy el Corte Ingles de electrónica. Como vemos en la foto, la portada es lo único que ha llegado hasta... Ver mas
Destruído por demolición, para instalar en su lugar un Corte Inglés

Situado en la plaza del Duque lo único que aun se conserva del palacio es su portada, el palacio era lo que es hoy el Corte Ingles de electrónica.

Como vemos en la foto, la portada es lo único que ha llegado hasta nuestros días, y provenía de otro palacio, el Palacio de Quirós, que se hallaba en la Plaza de la Gavidia y que desapareció en un gran incendio en el siglo XVIII.

La decadencia de este edificio fue incrementadose a la vez que el abandono del mismo iba proporcionando motivos suficientes para su derribo.

En 1960 el dueño de los almacenes Corte Ingles inicia las negociaciones con el Ayuntamiento de Sevilla y con el señor Miguel Sanchez Dalp, tres años después, 1963 se produce el derribo de los tres palacios de la Plaza del Duque, Palacio de Palomares, Palacio de Sanchez Dalp y el de Cavalieri, sin duda, una perdida irreparable para Sevilla.

Sin duda la Plaza del Duque, nunca volvió a ser la misma plaza, y lo único que hemos recogido del pasado son las migajas de una plaza que fue mal vendida al mejor postor.

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El compás del convento de San Pablo (Sevilla)

19. El compás del convento de San Pablo (Sevilla)

Destruído por demolición Sin duda alguna, en la lista de derribos arbitrarios, corruptos e ilegales que se produjeron en Sevilla, no podría faltar el derribo del patio principal del Convento de San Pablo de la Magdalena, obra maestra de la iglesia sevillana. Sevilla estaba inmersa en la... Ver mas
Destruído por demolición

Sin duda alguna, en la lista de derribos arbitrarios, corruptos e ilegales que se produjeron en Sevilla, no podría faltar el derribo del patio principal del Convento de San Pablo de la Magdalena, obra maestra de la iglesia sevillana.

Sevilla estaba inmersa en la república, el hambre y la pobreza dominaba cada esquina de la ciudad y el ayuntamiento sevillano no sabia como iba a reprimir a las masas que sedientas de trabajo y comida estaban por desbordar el poder republicano que dominaba la ciudad.

La solución fue crear trabajo, y para crearlo el gobierno de la ciudad solo se le ocurrió hacerlo a través de derribo, derribo de los caños de Carmona, de las puertas de Sevilla o como en este caso, del compás de la Magdalena, justificándolo con un absurdo ensanche de la calle, increíble.

Su solar es ocupado hoy en día por el Hotel Colon.

Este hermoso patio y sus dependencias, guardaban en su parte superior la biblioteca del convento, y posteriormente, tras la desamortización, fue utilizado en parte como edificio de hacienda, hasta que quedo parcialmente destruido para su posterior derribo y construcción del nuevo edificio de Hacienda que también seria derribado para abrir la calle Cristo del calvario.

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El convento de Santo Tomás (Madrid)

20. El convento de Santo Tomás (Madrid)

Destruido por incendio y posterior demolición En 1875, tres años después de sufrir un aparatoso incendio, fue demolido el Convento de Santo Tomás, una de las más relevantes arquitecturas barrocas que hayan existido en Madrid. Estaba situado en la Calle de Atocha, en la manzana donde hoy se... Ver mas
Destruido por incendio y posterior demolición

En 1875, tres años después de sufrir un aparatoso incendio, fue demolido el Convento de Santo Tomás, una de las más relevantes arquitecturas barrocas que hayan existido en Madrid. Estaba situado en la Calle de Atocha, en la manzana donde hoy se levantan la actual Parroquia de Santa Cruz y diversos bloques de viviendas.

Surgió a mediados del siglo XVI, como un gabinete destinado a la enseñanza teológica, dependiente de los dominicos del Real Monasterio de Nuestra Señora de Atocha.

En 1583 se segregó de esta institución, a instancias de Fray Diego de Chaves, confesor de Felipe II y del príncipe Carlos de Austria, y alcanzó entidad propia, como Convento Dominico de Santo Tomás de Aquino.

La primera mitad del siglo XVII significó un momento de esplendor para la fundación. En 1626 quedó bajo el patronazgo del Conde Duque de Olivares, quien impulsó su total remodelación, con la construcción en 1636 de un edificio de nueva planta, en el que no se escatimaron medios.

En él se impartieron estudios públicos, con un total de ocho cátedras, razón por la cual también fue conocido como Colegio de Santo Tomás.

La historia posterior es una cadena de hechos luctuosos. En 1652 tuvo lugar un primer incendio, que obligó a reconstruir, casi por completo, tanto el convento como su iglesia. Una vez terminadas las obras, la cúpula (en otras versiones, el altar mayor) se vino abajo y murieron aplastadas más de ochenta personas. Corría el año 1726.

En 1756 volvió a quemarse, aunque, en esta ocasión, no hubo grandes destrozos. En 1834 varios religiosos fueron asesinados dentro del convento, en el contexto de unas revueltas populares. Dos años después, fue desamortizado, con lo que las dependencias conventuales pasaron a tener un uso civil, como sede de diferentes organismos ministeriales y judiciales.

La iglesia, en cambio, continuó dando servicio religioso y en 1868 acogió a la vecina Parroquia de Santa Cruz, cuyo primitivo templo, ubicado en la plaza que lleva su nombre, desapareció durante la revolución que destronó a Isabel II.

Así se mantuvo hasta 1872, cuando se produjo el terrible incendio que puso en jaque la estructura. En 1875 las autoridades tomaron la decisión de destruirlo, ante la amenaza de ruina.

Las fatalidades no acabaron ahí, ya que, durante el derribo, se hundió una de las bóvedas y cuatro obreros quedaron sepultados. Afortunadamente, pudieron ser rescatados con vida.

Sobre su solar, fue levantada entre 1889 y 1902 la actual Iglesia de Santa Cruz, a partir de un diseño neogótico de Francisco de Cubas.

Los elementos arquitectónicos de mayor interés artístico del antiguo Convento de Santo Tomás eran la iglesia -en su momento, una de las más grandes de Madrid-, la suntuosa Capilla de Santo Domingo en Soriano y el claustro de factura barroca.

La iglesia era de grandes dimensiones y tenía planta de cruz latina. En el crucero se elevaba una enorme cúpula con pechinas, decoradas con pinturas al fresco. La fachada destacaba por sus tres portadas claramente barrocas, diseñadas por Jerónimo y Nicolás de Churriguera, hijos del célebre arquitecto madrileño José de Churriguera.

La capilla de Santo Domingo en Soriano se levantó durante el reinado de Felipe IV y fue costeada por Fernando de Fonseca Ruiz de Contreras, marqués de la Lapilla. Estaba comunicada con el exterior a través de una portada de piedra berroqueña, situada en la propia fachada principal y hecha por Juan Marroquín.

El interior estaba adornado con gran lujo. Aquí se guardaban diferentes obras de arte, entre ellas una notable pintura de Antonio Pereda, realizada entre 1653 y 1656, en el que se representa a Santo Domingo en Soriano.

Este lienzo se salvó del incendio de 1872 y pasó a manos del Marqués de Cerralbo, en aquel entonces patrono de la capilla. Actualmente se exhibe en la escalera de honor del Museo Cerralbo.

Es posible que el cuadro de Pereda sustituyera al pintado en 1629 por Juan Bautista Maíno, sobre el mismo tema, que lamentablemente ha desaparecido. Debe señalarse que este último artista vivió como religioso en el Convento de Santo Tomás desde aproximadamente 1626 hasta 1649, cuando murió y recibió sepultura en el complejo conventual.

El incendio de 1872 y la posterior demolición del edificio supusieron la pérdida del que puede ser considerado como el patio barroco más bello de Madrid. De esta impresionante creación de José Donoso sólo quedan el recuerdo y algunos documentos gráficos.

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Convento de San Francisco (Vitoria)

21. Convento de San Francisco (Vitoria)

Destruído por demolición La ciudad contaba con dos conventos, dedicados a San Francisco y a Santo Domingo, respectivamente. El primero, fue fundado por el propio santo de Asís, tras dejar Compostela en el año 1214. Ocupaba cerca de siete mil metros cuadrados, aunque, inicialmente, debió de... Ver mas
Destruído por demolición

La ciudad contaba con dos conventos, dedicados a San Francisco y a Santo Domingo, respectivamente. El primero, fue fundado por el propio santo de Asís, tras dejar Compostela en el año 1214. Ocupaba cerca de siete mil metros cuadrados, aunque, inicialmente, debió de ser muy pequeño, ampliándose posteriormente. Su importancia decayó en el siglo XIX, tras sufrir varias ocupaciones militares transitorias que culminaron, en 1845, con el acta de incautación por el Ramo de Guerra.

Desde el resbaladero, era posible admirar el ábside gótico de un edificio con siete siglos de historia que fue testigo de importantes actos: el compromiso de la voluntaria entrega de Alava a Castilla; la primera misa pontificial del cardenal Adriano de Utrech tras recibir en la Casa del Cordón noticia de su desginación papal; la celebración de las Juntas Generales de Alava durante todo el siglo XVI; sede del archivo de la provincia y de las Juntas de Santa Catalina... Nada fue suficiente para evitar el derribo del convento en 1930.

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Casa de las Aldabas (Valladolid)

22. Casa de las Aldabas (Valladolid)

Destruído por demolición La Casa de las Aldabas fue un edificio, casa-palacio, situado en la calle de Teresa Gil de Valladolid, adyacente al Convento de Portacoeli. Es de gran interés histórico ya que en él nació el rey Enrique IV de Castilla llamado, el Impotente. Recibía su nombre por... Ver mas
Destruído por demolición

La Casa de las Aldabas fue un edificio, casa-palacio, situado en la calle de Teresa Gil de Valladolid, adyacente al Convento de Portacoeli. Es de gran interés histórico ya que en él nació el rey Enrique IV de Castilla llamado, el Impotente.

Recibía su nombre por tener empotradas en su fachada once grandes aldabas de hierro, de unos veinte centímetros de diámetro, en una línea horizontal a dos metros del suelo, y otra más decorada en su portón, por el que se accedía a un amplio patio porticado.

El 18 de marzo de 1963 se decidió su futuro procediendo a su derribo, a pesar del intento de declararla monumento local. Tan sólo se consiguió salvar una parte de la arquería trasladándola al Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

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Monasterio de Santo Domingo el Real (Madrid)

23. Monasterio de Santo Domingo el Real (Madrid)

Desaparecido por demolición Este multisecular monasterio, había sido fundado por dos frailes, fray Pedro de Madrid y fray Suero Gómez, ambos pertenecientes a la Orden de Predicadores que había sido fundada por Santo Domingo de Guzmán, en el año 1218, en unos terrenos próximos a la Puerta de... Ver mas
Desaparecido por demolición

Este multisecular monasterio, había sido fundado por dos frailes, fray Pedro de Madrid y fray Suero Gómez, ambos pertenecientes a la Orden de Predicadores que había sido fundada por Santo Domingo de Guzmán, en el año 1218, en unos terrenos próximos a la Puerta de Balnadú, perteneciente al recinto amurallado cristiano, para destinarlo a casa de religiosos de la rama masculina. No obstante, al cabo de dos años el propio Domingo de Guzmán llegó a Madrid y decidió dedicar el monasterio a la rama femenina. Se ha pretendido que ello derivó de la comodidad con la que vivían los frailes en dicho convento a consecuencia de las dádivas que llovían sobre dicha comunidad por parte de la nobleza y del pueblo llano, pero lo cierto es que hay que recordar que el santo fundador había iniciado la fundación de la orden primeramente con religiosas. La fundación de la rama masculina llegaría unos años más tarde. El papa Honorio III aprobó definitivamente la fundación de este monasterio mediante una bula dictada en el año 1220. A partir de esta fecha, y a lo largo de las Edades Media y Moderna, y merced al patrocinio y donaciones de monarcas, nobleza y pueblo se había convertido en uno de los cenobios de religiosas dominicas más ricos e influyentes de Castilla.
En su conjunto, aparte de innumerables objetos de arte y bienes muebles de valor histórico inconmensurable, destacaban estructuras arquitectónicas como el coro de su iglesia, diseñado por el genial Juan de Herrera, un magnífico claustro obrado en la primera mitad del siglo XVI por Gaspar y Luis de Vega que, en aquellos años completaban y reformaban los alcázares reales de Toledo y de Madrid; y no terminaríamos en justicia esta incompletísima relación si no mencionáramos el magnífico ábside de la Iglesia , edificado en estilo mudéjar entre los siglos XIII y XIV, con rico muestrario de arcos entrecruzados, y del que apenas se conserva una vieja y nebulosa fotografía.
Desamortizado el monasterio, y desalojadas las religiosas de su casa original, continúa la Orden de las Dominicas ejerciendo su sagrada labor en un convento cuya construcción ya resulta añeja, dentro del contexto del Madrid actual.
En la época en que el Gobierno Revolucionario sentaba sus reales en España, comenzaba lentamente su construcción el "Ensanche" de Madrid, más conocido con el nombre de su principal promotor, el Marqués de Salamanca. Pues bien, las monjas exclaustradas vinieron a establecer su nueva residencia a esta barriada en construcción en la época de la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII. En concreto, se les concedió un solar en la Calle de Claudio Coello, esquina a la de Lagasca.

En 1868, tras el triunfo de la Revolución de Septiembre que derrocó la monarquía borbónica en la persona de Isabel II, se instituiría en España un Gobierno Provisional presidido por el general Prim con el Duque de la Torre como Regente, hasta tanto y en cuanto se encontrara nuevo candidato a ocupar el trono español. En Madrid, se estableció una Junta Municipal Revolucionaria que designó como Alcalde a Nicolás María Rivero, dirigente del Partido Demócrata y que había ocupado la vicepresidencia de la Junta Revolucionaria. Firme partidario del sufragio universal y de la libertad religiosa, el Ayuntamiento de Rivero impulsó también medidas radicales de carácter anticlerical a las que denominaron de "salvación popular". Entre dichas medidas, adoptadas con la justificación de planes de urbanización, se mandaron demoler Iglesias, como la principal de Madrid, de Santa María de la Almudena, para favorecer un trazado rectilíneo de la Calle de Bailén que enlazara con comodidad con el futuro Viaducto que habría de cruzar sobre la Calle de Segovia; la Iglesia de Santa Cruz, por su amenazante estado de ruina; la de San Millán, y, el conjunto que en este caso nos interesa, el Monasterio de Santo Domingo el Real.

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Hospital de San Antonio (León)

24. Hospital de San Antonio (León)

Destruído por demolición Cerca ya del final de La Rúa, cuyo último tramo se denominaba en el siglo XV calle Ruviana o Buhara, los peregrinos del Camino de Santiago encontraban a su izquierda, atravesando hoy la actual calle Teatro, el hospital más popular entre ellos y el segundo más... Ver mas
Destruído por demolición

Cerca ya del final de La Rúa, cuyo último tramo se denominaba en el siglo XV calle Ruviana o Buhara, los peregrinos del Camino de Santiago encontraban a su izquierda, atravesando hoy la actual calle Teatro, el hospital más popular entre ellos y el segundo más importante de la ciudad: el hospital de San Antonio, que estaba situado al lado de la iglesia de San Marcelo, entre ésta y el Ayuntamiento, en el lugar que ocupa la calle actual Legión VII. Así, al menos, se lo recomendaba el peregrino alemán Hermann Küning von Vasch a fines del siglo XV: “A las II millas está León, una ciudad no muy pequeña. En ella encuentras bastantes hospitales. Ve al de Sant Tonges (San Antonio), bastante bien arreglado. También están allí pendientes las enseñas de Sant Iago” (Casado y Carreira, 1985, 63). El viajero Guillaume Manier lo aconseja para los peregrinos que regresan de Santiago, como hizo él en el año 1726, y del que nos cuenta lo siguiente: “(…) tras mucho andar encontramos a un cura que por fortuna era uno de los administradores del hospital de San Antonio, precisamente el que buscábamos…. Y nos hizo acostar sobre una cama de tabla, envueltos en mantas podridas, donde reposamos muy bien. El 22 nos dieron a cada uno media libra de pan como desayuno. Pasamos allí el día con dos peregrinos…Después pasamos la noche en el hospital” (Ídem, 64). Este hospital se llamó inicialmente de San Marcelo, al que ya hemos hecho alusión, y fue fundado por el obispo Don Pedro hacia 1096 al lado del Camino para atender a los pobres y a los peregrinos (“domum que fieret in hospicio pauperum et peregrinorum”, , dependiendo en su administración de los abades de la iglesia vecina; hacia 1531 cambió su nombre por hospital de San Antonio, pasando su gestión a ser autónoma; en el siglo XVII, se le agregó el de Don Gómez, y se amplió construyéndose una nueva portada, que tenía una hornacina con una escultura de Santiago, cuya imagen se conservó en fotografías antiguas. Se abandona a finales del siglo XIX y fue demolido entre 1920 y 1930

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Gran Hotel Internacional (Barcelona)

25. Gran Hotel Internacional (Barcelona)

Destruído por demolición El Gran Hotel Internacional, fue construído en un terreno ganado al mar por motivo de la Exposición Universal de 1888 en el nuevo paseo de Colón, construído por el equipo de Lluís Domènech i Montaner en menos de setenta días. Estaba situado frente al edificio de la... Ver mas
Destruído por demolición

El Gran Hotel Internacional, fue construído en un terreno ganado al mar por motivo de la Exposición Universal de 1888 en el nuevo paseo de Colón, construído por el equipo de Lluís Domènech i Montaner en menos de setenta días. Estaba situado frente al edificio de la Capitanía General.

Tenía planta y tres pisos, y ocupaba un solar de 5.000 metros cuadrados. Con capacidad para 2.000 huéspedes, fue concebido como instalación temporal para acoger a los visitantes. Fue derruido tras la finalización de la Exposición.

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La Torre de la Parada (Madrid)

26. La Torre de la Parada (Madrid)

Destruída por incendio La Torre de la Parada fue un pabellón de caza que se ubicaba a las afueras de Madrid, en el Monte del Pardo (Parque regional de la cuenca alta del Manzanares), no lejos del Palacio de El Pardo. Hacia 1635-40 fue uno de los principales proyectos arquitectónicos y... Ver mas
Destruída por incendio

La Torre de la Parada fue un pabellón de caza que se ubicaba a las afueras de Madrid, en el Monte del Pardo (Parque regional de la cuenca alta del Manzanares), no lejos del Palacio de El Pardo. Hacia 1635-40 fue uno de los principales proyectos arquitectónicos y decorativos del rey Felipe IV, gran aficionado a la caza, que deseaba un caserón de descanso en la zona para las largas jornadas cinegéticas.

El palacete (un edificio de dos pisos de planta rectangular, rematado por torres de finos chapiteles en sus extremos, muy del gusto de los Austrias), fue el resultado de la ampliación y transformación, llevada a cabo en 1636 por el arquitecto Juan Gómez de Mora, por iniciativa del propio Felipe IV, de una pequeña fortaleza con cuatro torres de esquina edificada por encargo del entonces príncipe, futuro Felipe II, al arquitecto Luis de Vega durante los años 1547-49.

Su finalidad última fue la de servir de descanso al monarca durante las largas jornadas cinegéticas a las que fue tan aficionado. El edificio, en forma de torre con pequeños añadidos, se cubría con tejados de pizarra y se rodeaba de un muro perimetral como una fortaleza. Resultó destruido y apenas subsisten imágenes suyas en pinturas de la época.

El principal atractivo del edificio radicó en la extensa serie de pinturas mitológicas, siguiendo el relato de Ovidio, encargada a Rubens en 1636. El ciclo constaba de sesenta y tres lienzos de gran formato y fue realizado en Amberes conforme a los bocetos aportados por Rubens, quien se reservó la ejecución de catorce, por algunos de los colaboradores habituales del maestro flamenco, entre ellos Jacob Jordaens, Theodor van Thulden, Erasmus Quellinus II, Jan Cossiers y otros. Una serie de paisajes dedicada a vistas de los Sitios Reales se encargó a los españoles Félix Castelo y Jusepe Leonardo. Por su parte, Velázquez aportó los tres retratos con atuendo de cazador, de Felipe IV, su hermano el Cardenal Infante y el príncipe heredero, Baltasar Carlos, los cuadros de los filósofos Esopo y Menipo y el del dios Marte, con algunos de sus retratos de bufones.

Esta decoración pictórica representaba las imágenes de poder apropiadas para la época y para la corte de España. Recuperando el precedente establecido por Felipe II, Felipe IV, se centró fundamentalmente en la Torre de la Parada (que cuando se hizo su inventario en el año 1700, se contó hasta 176 obras pictóricas) y en el Palacio del Buen Retiro de Madrid. La mayor parte de las pinturas que subsisten se guardan en el Museo del Prado, si bien se exhiben pocas de ellas por problemas de espacio.

La torre fue destruida casi en su totalidad en 1714 por el incendio que provocaron las tropas austríacas durante la Guerra de Sucesión.

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Puente de la Exposición Regional Valenciana (Valencia)

27. Puente de la Exposición Regional Valenciana (Valencia)

Desaparecido por demolición

Dicho puente, daba entrada a la Exposición de la Seda de Valencia. Junto con muchos más monumentos de la época, se eliminó. Hoy en día lo substituye el Puente de la Peineta de Calatrava.

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Murallas de Cádiz (Cádiz)

28. Murallas de Cádiz (Cádiz)

Cádiz fue rodeándose de murallas tras el asalto inglés de 1596, las cuales, con posteriores modificaciones y ampliaciones, son las que perduraran hasta el momento de su derribo en 1906. A partir del siglo XVIII se produce un aumento del interés en la fortificación de la ciudad, con la llegada... Ver mas
Cádiz fue rodeándose de murallas tras el asalto inglés de 1596, las cuales, con posteriores modificaciones y ampliaciones, son las que perduraran hasta el momento de su derribo en 1906.

A partir del siglo XVIII se produce un aumento del interés en la fortificación de la ciudad, con la llegada de los Borbones. Es en este siglo, en 1727 concretamente, cuando se constituye la Real Junta de Fortificaciones, de la que formaban parte el municipio y la Corona, que llevará a cabo la tarea de cerrar la ciudad por los cuatro frentes.

Ya en el siglo XIX se produce una etapa de estancamiento, que contrasta con la dinámica del siglo anterior, motivada por la falta de recursos, por la percepción de que el sistema de fortificaciones ya había sido suficientemente completado durante el Dieciocho y por la dinámica general de progresiva pérdida de importancia de las murallas a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En este período es cuando se produjo un cambio de significado y uso de las murallas, convirtiéndose en un paseo urbano, manifestado en los planos y grabados realizados, que pasaron a tener un marcado acento paisajístico, en detrimento de los aspectos más técnicos.

El derribo de las murallas fue justificado en un deseo de modernización y de superación del pasado.

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El castillo del Patriarca (Tarragona)

29. El castillo del Patriarca (Tarragona)

Desaparecido por demolición No hay posiblemente casi nada que recuerde el castillo del Patriarca. La bajada que rememoraba el nombre se ha rotulado hace unos años con el nombre del recordado tarraconense nacido en la calle Mercería, Fray Francisco Iglesias Domingo. El gran edificio del... Ver mas
Desaparecido por demolición

No hay posiblemente casi nada que recuerde el castillo del Patriarca. La bajada que rememoraba el nombre se ha rotulado hace unos años con el nombre del recordado tarraconense nacido en la calle Mercería, Fray Francisco Iglesias Domingo.

El gran edificio del castillo abarcaba desde la calle Mercería hasta gran parte de las calles de las Cocas, del de San Lorenzo y de la bajada Nueva del Patriarca. Su construcción fue iniciada en el siglo XII por el arzobispo Bernat Tort, que la edificó hasta la altura del segundo piso, y fue terminada por el también arzobispo Bernat de Olivella en el siglo XIII. El resultado fue una inexpugnable y señorial fortaleza en la que habitaron todos los prelados de la Sede Tarraconense hasta comienzos del siglo XIX, cuando el arzobispo Romuald Mon se trasladó al nuevo palacio durante su prelatura.

Según se sabe, en el castillo del Patriarca había varias torres distribuidas en diferentes ángulos del edificio. Fue en una de estas torres donde permaneció durante unos días el rey de Francia Francisco I, cuando fue hecho prisionero por los tercios castellanos en la célebre batalla de Pavía el 24 de febrero de 1525. La escuadra que trasladaba el rey a Valencia por mar se vio obligada a refugiarse en el puerto de nuestra ciudad debido a un gran temporal hasta que, al llegar la calma, pudieron continuar el viaje.

Durante el período de la guerra de la Independencia, y debido al numeroso incremento de soldados, el castillo del Patriarca (y también el de Pilatos) fue destinado a servir de alojamiento a las tropas francesas. Posiblemente fue esta circunstancia la que dio lugar a que fuera dinamitado el 19 de agosto de 1813 al evacuar la ciudad los franceses. Cuentan los historiadores que el general Bartoletti puso tanto interés en hacerlo desaparecer que, en palabras del canónigo Huyà, las detonaciones de las minas hicieron tanto estruendo “que hasta el pavimento en que nos hallábamos hizo conmover; vimos las llamaradas de fuego y comprendimos que aquel robusto monumento había dejado de existir”.

Del formidable castillo sólo quedaron un montón de escombros, de las cuales tenemos constancia en el dibujo de Vicens Roig (Vicente). El edificio se terminó de derruir totalmente cuando el año 1825 se destinó el solar a la edificación de casas particulares.

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Frontón Recoletos (Madrid)

30. Frontón Recoletos (Madrid)

Destruído por bombardeos durante la guerra civil y posterior demolición El Frontón Recoletos, construido en 1935 en la calle Villanueva de Madrid, constituyó en su día uno de los diseños más sobresalientes del ingeniero Eduardo Torroja y fue llevado a la práctica en colaboración con el... Ver mas
Destruído por bombardeos durante la guerra civil y posterior demolición

El Frontón Recoletos, construido en 1935 en la calle Villanueva de Madrid, constituyó en su día uno de los diseños más sobresalientes del ingeniero Eduardo Torroja y fue llevado a la práctica en colaboración con el arquitecto Secundino Zuazo.

Para cubrir los requisitos del juego de pelota vasca para remonte y pala, al que estaba destinado el edificio, era necesario cubrir una gran zona rectangular delimitada por dos muros, uno principal y otro de rebote, unidos por otro muro lateral de mayor longitud que los anteriores. Estos tres muros delimitan la zona de juego y en el otro lateral se disponen los graderíos donde se sitúa el público. Obviamente todo el recinto debe ser diáfano para permitir tanto el juego como la visión de los espectadores. Asimismo, otro factor a tener en cuenta es la altura de la cubierta sobre la pista de juego y, finalmente, la adecuada iluminación natural del recinto.

El diseño de Torroja para cubrir el espacio rectangular de la cancha y graderíos, con unas dimensiones de 55 m de largo por 32,5 m de ancho, es el aspecto más innovador de este proyecto y lo que realmente lo hace singular. La solución dada a la cubierta del recinto, consistió en un dos cilindros, cuya sección estaba formada por dos arcos circulares asimétricos que se cortaban perpendicularmente, cubriendo la más grande la zona de juego y parte del graderío bajo y la más pequeña el graderío alto.

Las bóvedas eran de grandes dimensiones y sus únicos puntos de apoyo eran el muro lateral por un lado y la estructura de los graderíos por el otro. La lámina de la cubierta era de hormigón armado y tenía un espesor de solo 8 cm.
Para cubrir los requerimientos de iluminación natural se recurrió a dos grandes lucernarios longitudinales orientados hacia el Norte y con una inclinación tal que impidiese la entrada directa del sol al recinto, para que no se pudieran deslumbrar los jugadores. Estos lucernarios, formados por celosías constituidas por triángulos equiláteros de hormigón armado, de 140 cm de lado y 17x30 de sección, estaban situados, como se aprecia en la figura, uno en la unión de ambas bóvedas, para iluminar la zona de juego y el otro, para iluminar la zona de público, en el apoyo lateral de la bóveda pequeña.
El edificio se terminó en un tiempo récord, ya que el primer partido se jugó el 29 de febrero de 1936, pocos meses antes del comienzo de la Guerra Civil. El Frontón Recoletos era la mayor estructura de este tipo construida en Europa hasta esa fecha, por lo que una publicación de Torroja sobre la misma obtuvo un premio en el concurso convocado en 1936 por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid.
Durante la guerra, el edificio sufrió varios impactos directos que abrieron agujeros en la cubierta. Asimismo el efecto de las fuertes vibraciones de los bombardeos provocaron deslizamientos que ocasionaron el pandeo y agrietamiento de la misma. Al no poder ser reparados los daños en aquellos momentos se produjo la ruina con un hundimiento parcial. En 1942 Torroja presentó un estudio, publicado por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, sobre las causas técnicas del hundimiento y de las obras que serían necesarias para poner nuevamente en servicio el edificio, sin embargo el mal estado de la obra impidió su realización antes de producirse el hundimiento total. En 1973 se llevó a cabo la demolición total del edificio del frontón y en la actualidad se levanta un bloque de viviendas en su lugar.

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Antiguo edificio de Bellas Artes (Barcelona)

31. Antiguo edificio de Bellas Artes (Barcelona)

Desaparecido por demolición

Construido durante la Exposición Universal. Tras la Guerra Civil, fue destruido durante el franquismo.

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Convento de San José de Padres Capuchinos (Valladolid)

32. Convento de San José de Padres Capuchinos (Valladolid)

Destruído por demolición El edificio del convento de San José, de padres capuchinos, se encontraba ubicado al fondo del Paseo Central del Campo Grande de Valladolid, donde se encuentra en la actualidad el monumento a Colón. Dejó de existir como convento en 1820, siendo derruido el edificio en... Ver mas
Destruído por demolición

El edificio del convento de San José, de padres capuchinos, se encontraba ubicado al fondo del Paseo Central del Campo Grande de Valladolid, donde se encuentra en la actualidad el monumento a Colón. Dejó de existir como convento en 1820, siendo derruido el edificio en 1860.

Hubo un primer abandono del monasterio tras la ocupación de las tropas napoleónicas en Valladolid. Los Capuchinos regresaron en 1814 a su convento que no había sufrido demasiados desperfectos y el 1 de agosto celebraron el acontecimiento con un Tedeum al que se unió el Ayuntamiento en calidad de patrono. En 1820 los Capuchinos se marcharon a otro convento en Rueda dejando el de Valladolid en manos de su patrono.

De 1822 a 1823, el edificio estuvo ocupado provisionalmente por la Casa de Beneficencia. Durante un tiempo se disputaron la propiedad del convento la Hacienda Nacional y el Ayuntamiento que alegaba ser el patrono y tener todos los derechos. A partir de 1835 fue destinado a presidio correccional y cuartel de la Guardia Civil; de 1842 al 43 fue hospital de dementes; en 1848 alojaba objetos de utilidad común, entre otros los enseres de la Policía. Por aquellas fechas el edificio estaba ya muy deteriorado y hubo necesidad de algunas apremiantes reparaciones.
Aparte de los edificios conventuales, la zona de la gran huerta fue bastante favorable para el Ayuntamiento que había adquirido en febrero de 1845 por la cantidad de 100.812 reales.

El Ayuntamiento dedicó este espacio a vivero, renovando la noria por una nueva. Se dotó a la huerta-vivero de más de 40 especies.

En 1857 todo el espacio de convento y huerta fue dado en alquiler a la nueva empresa de Ferrocarriles del Norte. En 1860 el arquitecto municipal declaró que los edificios estaban ruinosos y amenazaban con derrumbarse, así que el Ayuntamiento procedió a su derribo. En 1905 se colocó en el solar de lo que había sido convento de capuchinos el monumento a Colón y se urbanizó el entorno organizando una plaza.

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El convento de San Norberto (Madrid)

33. El convento de San Norberto (Madrid)

Desaparecido por demolición El convento de los padres Premonstratenses (en España conocidos simplemente como Mostenses), denominado comúnmente Convento de San Norberto, por el fundador de la Orden, a quien estaba dedicado, es un edificio desaparecido que se asentaba en el terreno de la actual... Ver mas
Desaparecido por demolición

El convento de los padres Premonstratenses (en España conocidos simplemente como Mostenses), denominado comúnmente Convento de San Norberto, por el fundador de la Orden, a quien estaba dedicado, es un edificio desaparecido que se asentaba en el terreno de la actual Plaza de los Mostenses, junto a la Gran Vía de Madrid (España).

Su iglesia había sido reedificada en 1754 por el arquitecto Ventura Rodríguez, al hallarse la anterior en ruina. Tenía una bella fachada convexa flanqueada por dos torreones, pero fue víctima del desenfrenado plan de apertura de plazas del rey José Bonaparte (apodado Pepe Plazuelas precisamente por esta razón). Primero se derribó el convento, en abril de 1810, pero en mayo de ese mismo año se dictó orden de demoler también la iglesia. No obstante, los arquitectos a los que se encargó dirigir esta operación, Silvestre Pérez (arquitecto real) y Juan Antonio Cuervo, se negaron, ya que al valor artístico de la obra se unía el hecho de que ambos habían sido discípulos del propio Ventura Rodríguez. Sin embargo, sus informes negativos no sirvieron de nada y en 1811 una nueva orden real acabó por echar abajo lo que quedaba del edificio.
En 1875 se inauguró sobre su solar el mercado de los Mostenses, obra de Mariano Calvo Pereira, y gemelo al de la Cebada, si bien de dimensiones algo más reducidas. A su vez esta nueva edificación (una notable obra de la arquitectura de hierro en la ciudad) fue demolida en 1925 para construir la Gran Vía, realizándose un realineamiento del trazado, situando el mercado actual algo más al norte, y ubicando en el emplazamiento original edificios de oficinas y viviendas (entre ellos el que albergó el clausurado Cine Azul).

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Convento de Santo Domingo (Vitoria)

34. Convento de Santo Domingo (Vitoria)

Destruído por incendio y posterior demolición También fue derribado el convento de Santo Domingo, que se levantaba al final de la calle de la Herrería, enfrente de la casa de los Alava Arista-Velasco. El cenobio fue construido extramuros de la ciudad a principios del siglo XIII y demolido en... Ver mas
Destruído por incendio y posterior demolición

También fue derribado el convento de Santo Domingo, que se levantaba al final de la calle de la Herrería, enfrente de la casa de los Alava Arista-Velasco. El cenobio fue construido extramuros de la ciudad a principios del siglo XIII y demolido en los inicios del XX.

Un testimonio de Diego Martínez de Salvatierra (1585) afirma que los reyes de Navarra tenían casa en Vitoria, casa que Sancho el Fuerte donó al convento junto con la ermita de Santa Lucía. Esta, probablemente románica, debió utilizarse como iglesia de dominicos, hasta 1240, cuando un incendio asoló la ciudad. Sin embargo, la ermita debió ser reconstruida, hasta que un segundo incendio, en 1423, arrasó iglesia y convento.

La segunda reconstrucción fue lenta y el deterioro de tal magnitud que, en 1523, el prior, apoyado por las limosnas de los fieles, decidió derribarla e iniciar una nueva.

Del convento, de grandes dimensiones, destacaba el claustro, de forma irregular, pues aprovechaba los muros del antiguo patio del palacio de los monarcas navarros. De los veintidós arcos que lo componían, tan solo se conservó uno en el antiguo instituto de enseñanza media, que hoy se puede contemplar en la residencia de las Hermanitas de los Pobres, frente a la estación de autobuses.

El último acto religioso tuvo lugar el día de Candelas de 1835 a cargo de la cofradía del Rosario, toda vez que el general Sarsfield, tras entrar en Vitoria, dispuso la evacuación de conventos y templos para alojar a las fuerzas militares. Más tarde, se utilizó como cuartel y hospital militar, hasta que el gobernador militar lo cedió al ayuntamiento para su derribo.

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Puerta de Santa Clara (Vitoria)

35. Puerta de Santa Clara (Vitoria)

Destruída por demolición Entre las entradas que perdió la ciudad, hay que echar en falta la Puerta de Santa Clara, antiguo acceso a la actual plaza de la Virgen Blanca y unida por un lienzo de muralla al convento de San Antonio. El derribo de esta puerta, junto con las nuevas construcciones... Ver mas
Destruída por demolición

Entre las entradas que perdió la ciudad, hay que echar en falta la Puerta de Santa Clara, antiguo acceso a la actual plaza de la Virgen Blanca y unida por un lienzo de muralla al convento de San Antonio. El derribo de esta puerta, junto con las nuevas construcciones de la calle de Postas y las casas de Echevarría, configuraron la plaza tal y como se puede contemplar hoy.

Ha recibido 138 puntos

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Hospital de Santa María (Vitoria)

36. Hospital de Santa María (Vitoria)

Delante de la catedral, se alzaba el hospital de Santa María, construido en el XVI como refugio de pobres y desamparados. De él queda, y sin el cuerpo superior, la portada renacentista, incrustada, como adorno, en los muros del patio anterior del Seminario Conciliar a fines del XIX.

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Fuente de los leones (Lugo)

37. Fuente de los leones (Lugo)

Desaparecida por demolición La instalación de la fuente que acabaría por conocerse como la de los leones se decidió en 1830, cuando acababa de ser empedrada la plaza Maior. En 1855 se encargaron al escultor Paciano Guitar los moldes en barro cocido para un grupo escultórico formado por una... Ver mas
Desaparecida por demolición

La instalación de la fuente que acabaría por conocerse como la de los leones se decidió en 1830, cuando acababa de ser empedrada la plaza Maior. En 1855 se encargaron al escultor Paciano Guitar los moldes en barro cocido para un grupo escultórico formado por una matrona coronada, que representa a España, apoyada en el escudo nacional y custodiada por leones. La fundición de las piezas se llevó a cabo en la fábrica de Sargadelos. Fueron embarcadas en 1861 en un galeón que las transportó hasta A Coruña. Desde la ciudad herculina viajaron a Lugo en carros de bueyes.

En 1914 se quitó la fuente que presidía la plaza para construír jardines, se destruyó su pilón y el pedestal y se colocó su escultura alegórica de España en la entrada del parque y los 4 leones que arrojan agua por sus bocas en las escaleras que bajan de la plaza.

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Instalaciones de Moncloa (Madrid)

38. Instalaciones de Moncloa (Madrid)

Desaparecida por demolición En 1963 Gal traslada su producción a Alcalá de Henares y las instalaciones de Moncloa son destruidas para la construcción de viviendas y locales comerciales. En 1915 se inauguraron las instalaciones de Moncloa, el conjunto contaba con depósitos, laboratorios... Ver mas
Desaparecida por demolición

En 1963 Gal traslada su producción a Alcalá de Henares y las instalaciones de Moncloa son destruidas para la construcción de viviendas y locales comerciales.

En 1915 se inauguraron las instalaciones de Moncloa, el conjunto contaba con depósitos, laboratorios, oficinas, viviendas, archivo y talleres, donde se realizaba todo el proceso de fabricación, desde la mezcla de productos hasta el empaquetado, impresión de folletos, envoltorios, frasquerías, etc. Por su diseño y construcción fue ésta una fábrica modélica que mereció en 1915 un premio extraordinario del Ayuntamiento de Madrid. Aunque parcialmente destruida, sobrevivió a la Guerra Civil y volvió a alcanzar el nivel de producción anterior. De estilo mudejar con rasgos modernistas, de planta irregular de 9 lados, contaba con depósitos, laboratorios, oficinas, viviendas, archivo y talleres, donde se realizaba todo el proceso de fabricación. Destacaba por la amplitud y calidad de las naves de trabajo, la luz, la ventilación y la higiene.

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Antigua Ciudadela de Control de Barcelona (Barcelona)

39. Antigua Ciudadela de Control de Barcelona (Barcelona)

Desaparecida por demolición La Ciudadela de Barcelona fue proyectada por el ingeniero flamenco al servicio de la Corona española Jorge Próspero de Verboom. La componían cinco baluartes - de la Reina, del Rey, del Príncipe, de Don Felipe y de Don Fernando -, unidos por cortinas o muros... Ver mas
Desaparecida por demolición

La Ciudadela de Barcelona fue proyectada por el ingeniero flamenco al servicio de la Corona española Jorge Próspero de Verboom. La componían cinco baluartes - de la Reina, del Rey, del Príncipe, de Don Felipe y de Don Fernando -, unidos por cortinas o muros rectilíneos que recibían la protección de los diferentes rebellines; este conjunto fue rodeado por un foso con la vertiente externa formando una entrada encubierta y, más hacia fuera, por la explanada, espacio sin obstáculos y en ligero desnivel que aislaba tanto de la ciudad como del campo abierto. Otros elementos que podrían encontrarse son el fuerte de Don Carlos, por el lado del mar, y el fuerte Pienc, por el lado norte.

Por causa de la explanada se tuvieron que demoler centenares de casas del barrio de la Ribera, muchas de ellas dañadas durante el asedio de 1713-1714.

La fortaleza que fue alabada por especialistas desde su construcción, empezó a ser objeto de críticas, desde el punto de vista estratégico, a final del siglo XVIII. Por esta razón, el 29 de diciembre del mismo año los diputados del Ayuntamiento de Barcelona pidieron al ministro Godoy, la neutralización de los bastiones interiores de la Ciudadela.

La aparición de críticas de orden técnico salen a flote a partir del estallido de la Revolución francesa y de la participación catalana en el arranque de una guerra que el gobierno español había decidido llevar a las fronteras del Rosselló. Quince años más tarde, en el momento de la ocupación napoleónica, la Ciudadela adquirió el carácter de prisión y lugar de martirio de los patriotas. Con las ejecuciones de 1809, el significado de la Ciudadela como lugar de represión quedaba reforzado.

La idea de derribar las cortinas interiores de la Ciudadela, en 1794, cimentada en razones estratégicas y lanzada otra vez por los constitucionalistas de 1821 con el añadido de una posible expansión de la masa edificada en los terrenos de la Explanada, fue reprimida con más radicalismo, por la Junta de vigilancia creada en 1840 a partir del acceso de Espartero a la regencia. Enlazada ahora con el pensamiento de indemnizar a los perjudicados por las persecuciones antiliberales y por la demolición de la Ribera con los terrenos ganados, fue presentada a las Cortes como proyecto de ley; pero ante la morosidad del trámite en Madrid, la misma Junta, unida al Ayuntamiento, la Diputación y los comandantes de la Milicia, acordó el inicio del derribo el día 26 de octubre de 1841, con la cobertura del pronunciamiento antiesparterista de O'Donnell en Pamplona. El fracaso de este golpe compromete la iniciativa de las instituciones barcelonesas, que hicieron parar las obras y proceder a la reconstrucción de los bastiones. Las obras se retrasaron hasta el año 1850.

La liquidación del proceso revolucionario aseguró la supervivencia de la fortaleza a lo largo de la etapa de gobiernos moderados que llega hasta el año 1854. El bienio progresista, se permite finalmente el derribo de las fortificaciones barcelonesas, pero la Ciudadela queda al margen.

El retraso de la supresión de la Ciudadela, la hizo convivir con las manifestaciones propias de la etapa álgida de la revolución industrial en Barcelona.

Si durante el primer cuarto de siglo XIX, la Ciudadela apareció como el telón de fondo un poco incongruente del paisaje eminentemente civil creado en aquellos años en el Pla de Palau, la consolidación de la zona industrial de Sant Martí de Provençals y la implantación del ferrocarril con sus estaciones, conformó, durante los decenios siguientes, un contexto igualmente extraño. Entre ambas áreas, la última imagen de la Ciudadela, en 1868, es la de una fortaleza literalmente acosada por los elementos de la nueva ciudad: casas, jardines, fábricas y vías de ferrocarril.

Derruidas las murallas en 1856, el planeamiento del Eixample da lugar a una serie de proyectos que compiten en un concurso municipal de ideas celebrado el año 1859 y que otorga el primer premio al arquitecto municipal Antoni Rovira i Trias. Al margen del concurso, el proyecto del ingeniero Ildefons Cerdá, aprobado por el Gobierno, acabará por imponerse en medio de un ambiente muy polémico. A pesar de que la Ciudadela continua en pie, todos los planes contemplan su espacio como disponible para la urbanización y proponen dos tipos de soluciones: o bien conservar una parte de la singularidad del lugar en el nuevo tejido urbano o bien tratarlo de una manera totalmente diferente.

La liberación del solar de la Ciudadela y la decisión de su nuevo destino se difirió más de diez años respeto al derribo de las murallas, no sólo por la aprobación del plan general del Ensanche sino también por la frustración en la acción de quitar de las manos de la propiedad privada los espacios necesarios para llevar a cabo el programa de equipamientos públicos de la nueva ciudad.

El día 29 de septiembre de 1868 se produjo un levantamiento contra Isabel II que acaba con la monarquía de los Borbones. En Barcelona, el día 3 de octubre siguiente, las nuevas autoridades revolucionarias decretaban el derribo de la Ciudadela en un gesto que aspiraba a cerrar de manera definitiva el ciclo histórico iniciado en 1714. En aquel momento accedió al poder el partido progresista.

Un año después, el 12 de diciembre de 1869, una ley impulsada por los prohombres catalanes en Madrid, especialmente el general catalán Joan Prim decretó la donación de Ciudadela a la ciudad de Barcelona con la condición expresa de crear un jardín público: El Ayuntamiento quedaba obligado a pagar los gastos de demolición, a indemnizar las personas que pudiesen alegar derechos de propiedad como herederos de los desposeídos por Felipe V y a construir cuarteles alternativos. Se permitía asimismo, dedicar 53.000 m² del espacio cedido a la construcción de edificios particulares con la finalidad de regularizar el trazado urbanístico.

En el momento de derribarla se puso una lápida donde podía leerse: " La tiranía de Felipe V, primer Borbón, levantó la Ciudadela. La libertad, el arrojar de España al último Borbón, la derriba. La ley de 18 de diciembre de 1869 la cede, con todos sus terrenos, a la ciudad de Barcelona. El Ayuntamiento toma posesión el 21 del mismo mes. ¡Viva la soberanía nacional!".

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Plaza de toros Monumental de San Bernardo (Sevilla)

40. Plaza de toros Monumental de San Bernardo (Sevilla)

Desaparecida por problemas estructurales y demolición La Monumental de Sevilla o Plaza de toros Monumental de Sevilla, fue una Plaza de Toros, que fue inaugurada en Sevilla el 6 de junio de 1918 a mitad de lo que hoy en día, sería la avenida de Eduardo Dato en su confluencia con la avenida de... Ver mas
Desaparecida por problemas estructurales y demolición

La Monumental de Sevilla o Plaza de toros Monumental de Sevilla, fue una Plaza de Toros, que fue inaugurada en Sevilla el 6 de junio de 1918 a mitad de lo que hoy en día, sería la avenida de Eduardo Dato en su confluencia con la avenida de la Buhaira, que entonces recibía el nombre de Monte Rey, frente a la Huerta del Rey cerca del barrio de San Bernardo. Fue cerrada al público en 1921 por problemas estructurales, y derribada en 1930.

El mentor de la nueva plaza fue José Gómez Ortega Gallito. Durante su construcción surgieron problemas con las pruebas de seguridad, en las cuales se sobrecargó la estructura con 500 kg/m², lo que provocó grietas en el hormigón que retrasaron la inauguración varios meses, e incluso el derrumbe de parte de las gradas.1
Estas pruebas provocaron fuertes polémicas por considerar los seguidores de Joselito que se habían extremado las pruebas de seguridad más allá de lo razonable, por influencias maestrantes.
Estaba construida en estilo neoclásico por los arquitectos José Espiau y Muñoz y Francisco Urcola Lazcanotegui, entre 1915 y 1918, tenía una capacidad de 23 055 espectadores, superando en 10 000 localidades al coso de la Real Maestranza. Tenía 4 corrales, una corraleta de apartado y 12 chiqueros y el ruedo medía 60 metros de diámetros.

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Casa de los Cubos (Vitoria)

41. Casa de los Cubos (Vitoria)

Hasta comienzos de siglo, existió en la calle Cuchillería, un singular edificio llamado de los cubos, por los cortafuegos a modo de torreones que lo flanqueaban. Sita a la izquierda de la Casa del Cordón, estaba construida en sillar con dos puertas de entrada: una adintelada y otra, más pequeña... Ver mas
Hasta comienzos de siglo, existió en la calle Cuchillería, un singular edificio llamado de los cubos, por los cortafuegos a modo de torreones que lo flanqueaban. Sita a la izquierda de la Casa del Cordón, estaba construida en sillar con dos puertas de entrada: una adintelada y otra, más pequeña, en arco de medio punto.

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Los portales (Vitoria)

42. Los portales (Vitoria)

El acceso a los barrios gremiales estaba protegido por sendos portales de acceso, cada uno con la defensa de su correpondiente casa fuerte. Se distinguían el Portal de la Correría (casa fuerte de los Nanclares); el Portal de la Zapatería (casa fuerte de los Soto) y el Portal de la Herrería... Ver mas
El acceso a los barrios gremiales estaba protegido por sendos portales de acceso, cada uno con la defensa de su correpondiente casa fuerte.

Se distinguían el Portal de la Correría (casa fuerte de los Nanclares); el Portal de la Zapatería (casa fuerte de los Soto) y el Portal de la Herrería (casa fuerte de los Abendaño).

Una epidemia de cólera fue el pretexto para derribar estos portales entre 1854 y 1856, aunque lo más seguro es que se buscara un mejor acceso y control de las vecindades interiores. Con ellos, se perdió uno de los elementos más característicos de la ciudad medieval, pues las casas fuertes adosadas fueron transformadas en modernas casas con miradores.

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Casa de los Abendaño (Vitoria)

43. Casa de los Abendaño (Vitoria)

Destruído por demolición Entre las casas fuertes, la de los Abendaño tuvo un relevante papel en las luchas de los Ayala y los Calleja por la posesión de las torres colindantes a la muralla. Tras la capitulación de 1476, fue comprada, a fines del siglo XV, por Diego Martinez de Alava. Y antes... Ver mas
Destruído por demolición

Entre las casas fuertes, la de los Abendaño tuvo un relevante papel en las luchas de los Ayala y los Calleja por la posesión de las torres colindantes a la muralla. Tras la capitulación de 1476, fue comprada, a fines del siglo XV, por Diego Martinez de Alava. Y antes de ser demolida, perteneció al mayorazgo de Manuel Angel de Vidarte Solchaga, vecino de Pamplona.

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La Alhóndiga (Vitoria)

44. La Alhóndiga (Vitoria)

La Alhóndiga era el local público para la venta, compra y depósito de granos y otros comestibles. De este edificio, resta lo que se conoce como Los Arquillos, nombre dado a las edificaciones hechas con objeto de salvar el desnivel de la colina por su parte sur. El autor fue Justo Antonio de... Ver mas
La Alhóndiga era el local público para la venta, compra y depósito de granos y otros comestibles. De este edificio, resta lo que se conoce como Los Arquillos, nombre dado a las edificaciones hechas con objeto de salvar el desnivel de la colina por su parte sur. El autor fue Justo Antonio de Olaguibel, que debió inspirarse en el edificio de la antigua Alhóndiga.

Los Arquillos constan de dos tramos. Uno, llamado Arquillos del Juicio se debe a la iniciativa de José de Segurola de hacer casas de vecindad entre 1787 y 1792. El segundo tramo, o Arquillos del Ala, aunque contó con una propuesta de Olaguibel basada en una estola griega, fue realizada por Diez de Güemes de forma similar al primero.

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