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EL APOCALIPSIS O LOS MITOS DEL FIN DE LOS TIEMPOS...

EL APOCALIPSIS O LOS MITOS DEL FIN DE LOS TIEMPOS...

  • Lista creada por Bcn Cdad.
  • Publicada el 11.09.2012 a las 17:17h.
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DE LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO AL APOCALIPSIS DE SAN JUAN

1. DE LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO AL APOCALIPSIS DE SAN JUAN

El Apocalipsis es una revelación, un descubrimiento personal que se puede hacer leyendo e interpretando el texto mítico, simbólico y poético. Por más extraordinario que parezca, el fin del mundo es un mito relativamente moderno y, por consiguiente, reciente en la historia de la humanidad... Ver mas
El Apocalipsis es una revelación, un descubrimiento personal que se puede hacer leyendo e interpretando el texto mítico, simbólico y poético.


Por más extraordinario que parezca, el fin del mundo es un mito relativamente moderno y, por consiguiente, reciente en la historia de la humanidad.

De tal modo, los hombres de la Antigüedad temían la voluntad de los dioses, a menudo caprichosa o imprevisible, y nuestros antepasados directos (para muchos europeos, los celtas, o, al menos, esos pueblos y tribus que los historiadores contemporáneos tienden a reunir bajo este nombre), creían que el cielo se les podía caer sobre de la cabeza; por tanto no podremos decir, pues, que el Apocalipsis tal como lo entendemos hoy en día, con el sentido original de la palabra totalmente deformado por el uso, fuera una obsesión para la Antigüedad. Y sin embargo, en el pasado no han faltado catástrofes, naturales o causadas por la mano del hombre, de las que existen claras huellas (seísmos, erupciones volcánicas, maremotos, epidemias, saqueos y pillajes de ciudades, etc.) y otras más livianas, sujetas a todo tipo de leyendas y especulaciones (la historia del diluvio de la Biblia, la desaparación del continente de Mu o de la civilización de la Atlántida, por ejemplo).

LA ANGUSTIA DEL FIN DEL MUNDO
Intentaré, pues, explicar cómo y por qué, para la mente de nuestros antepasados, cualesquiera que fueran su cultura y sus creencias, la noción del fin de los tiempos nació para convertirse en una verdadera obsesión, incluso una fatalidad.

Así, la llegada de pequeños hombres verde o monstruos procedentes del espacio, y la inevitable perspectiva de un cataclismo terrestre o cósmico, que reduciría a la humanidad al estado de gusanos errantes por la superficie del planeta, o que aniquilaría a toda la especie humana entera, más que mitos son fantasmas, nacidos de la mente de hombres y mujeres modernos que han cortado cualquier tipo de relación con la naturaleza, lo divino y lo sagrado, que han perdido totalmente la capacidad de maravillarse, sin ninguna posiblidad de creer en su destino, incapaces de hallar cualquier razón de vivir fuera de sus propósitos egoístas o preocupaciones individualistas. Apenas exagero al decir que el hombre y la mujer modern@, que a veces sienten crisis de escrúpulos humanitarios, se preocupan muy poco por las dificultades y sufrimientos de los demás, mientras éstas no les impliquen o les afecten directamente.

Sin embargo, dichas actitudes proteccionistas o indiferentes sólo pueden engendrar nuevos miedos, puesto que la humanidad, a pesar suyo, ha heredado una memoria, que no es solamente genética. Así que, cuanto más medios logran las comunidades humanas para protegerse contra los elementos exteriores, tanto más se alimenta una angustia irracional del fin del mundo.

DE LOS PROFETAS DE LA BIBLIA AL TEXTO DEL APOCALIPSIS DE SAN JUAN
Ahora bien, disponemos de un texto que, desde hace casi 2.000 años, es el origen de todos los fantasmas del fin de los tiempos, y en torno al cual, periódicamente, algunos iluminados, oportunistas y falsos profetas de todo tipo (de cualquier época, ya que todos se parecen), extraen sus argumentos.

Sin embargo, me parece indispensable subrayar que si las advertencias dramáticas y las profecías negras de estos predicadores de una catástrofe final y última son acogidas por la conciencia colectiva, y sucitan tanto interés y reacciones, es porque tocan un punto sensible. De lo contrario, predicarían en el desierto y haría tiempo que no se oiría hablar de ellos. Si continúan estando presentes, es porque les hacemos caso y sigue atormentándonos que nos llegue la última hora.

El texto que menciono proviene de una larga tradición profética, que nos han transmitido los redactores de la Biblia. En efecto, en las historias bíblicas del Antiguo Testamento hay muchos profetas y visionarios, considerados hoy en día como hombres geniales, guías, jefes religiosos y políticos iluminados (pero la Biblia del Antiguo Testamento cada vez más se considera una visión de la historia del Medio y el Próximo Oriente, entendida desde determinado punto de vista por historiógrafos, escritores o simple redactores judíos), o bien como puros poetas y hombres de espíritu.

Entre ellos, cito a Abraham, Moisés, Elías, Amós, Oseas, Jeremías, Isaías, Ezequiel.

Hubo bastantes otros, muchos de los cuales permanecieron en el anonimato. Pero cada vez que aparecía un texto apocalíptico en el Antiguo Testamento, como el de Isaías, por ejemplo (Isaías 24,27), resulta bastante fácil hacer coincidir la profecía de una ''devastación de la Tierra'' con un acontecimiento histórico con el que se mezclaba el pueblo hebreo.

El texto del Apocalipsis, atribuido a San Juan (hijo de Zebedeo y cuyo nombre hebreo era Yoh'anan (lo que literalmente significa ''Dios perdona'') fue escrito indudablemente durante los últimos cinco años del siglo I de nuestra era, en un determinado contexto histórico, y con un propósito particular relacionado con las preocupaciones contemporáneas, y su presunto autor, Juan de Patmos (Patmos era una isla griega situada en el mar Egeo), que seguramente vivía bajo la estela de San Juan, no podía ni siquiera sopechar sus consecuencias seculares e incluso mileanrias. Todo hace suponer que este texto se compuso integrando símbolos y mitos más antiguos, de inspiración griega, egipcia y mesopotámica, entre otras, que por error o por razones políticas, a menudo se han interpretado, y todavía se leen así, sin tener en cuenta sus significados simbólicos y míticos tradicionales. Así pues, esta célebre historia del fin del mundo del Nuevo Testamento sólo es un texto simbólico y poético que cuenta una experiencia mística individual, que puede ser actualizada o vivida en todo momento, escrita en términos escogidos y en un estilo, propios de la época.

Se dirige a todos aquellos que quieren descubrirla, es decir, comprender su carga y significado simbólico. En efecto, el nombre de Apocalipsis, elegido para designar este texto, proviene del griego y deriva de apokalyptein, que significa ''descubrir'', ''revelar''.



''EL SEGUNDO ÁNGEL TOCÓ LA TROMPETA...
ENTONCES UNA ENORME MASA EN LLAMAS
CAYÓ EN EL MAR... Y FUE DESTRUIDA LA TERCERA
PARTE DE LAS CRIATURAS''.

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DE LA EDAD MEDIA AL SIGLO XXI

2. DE LA EDAD MEDIA AL SIGLO XXI

Se suele decir que el mundo cambia. Pero las creencias, los miedos y los mitos, aunque adopten formas nuevas o inéditas, en el fondo no cambian. En el siglo XII, Hildegarda de Bingen exclamó ''Mundus senescit!'': ''¡El mundo es viejo!'' ¿Qué edad tenía pues, el mundo en plena Edad Media... Ver mas
Se suele decir que el mundo cambia. Pero las creencias, los miedos y los mitos, aunque adopten formas nuevas o inéditas, en el fondo no cambian.


En el siglo XII, Hildegarda de Bingen exclamó ''Mundus senescit!'': ''¡El mundo es viejo!'' ¿Qué edad tenía pues, el mundo en plena Edad Media, para que ya le pareciera viejo a un espíritu tan iluminado como el de esta santa, que también fue una visionaria y una profetisa, y cuyas recetas de vida, de salud y, simplemente, de cocina, estamos volviendo a descubrir hoy?

PODER TERRESTRE CONTRA PODER DIVINO
Para comprenderlo, deberemos adentrarnos en los detalles de la vida práctica y material, cotidiana, como decimos en la actualidad, del pasado de nuestros antepasados más próximos, más que tocar por encima, fecha tras fecha, sus costumbres y su mentalidad, refiriéndome exclusivamente a lo que considero etapas importantes de la historia. En efecto, la historia cambia en función del color del cristal con que se mire, observe o estudie. Y cuando se quiere ser consciente a toda costa de que vivimos un momento histórico y estamos convencidos de estar haciendo historia, es que hemos perdido toda perspectiva de imaginar o inventar el futuro a partir de actos que producimos aquí y ahora, a la vez que estamos perfectamente vivos e integrados en el presente. Ahora bien, nos damos cuenta de que cada vez que los hombres y las mujeres han perdido esta fe en sí mism@s y esta ansía de vivir, y se han encerrado en creencias y convicciones que no tenían nada que envidiar al ''pensamiento único'' y a la perspectiva de un mundo unipolar, que caracterizan el fin del siglo XX y del II milenio, es decir, cada vez que se han cerrado las puertas del futuro, aparecen con fuerza y flagrantes los miedos y temores colectivos irracionales del fin del mundo y de los tiempos como consecuencia lógica, como una solución fatal y final, como la única salida posible para una humanidad desesperada.

Este plazo les parece entonces su única tabla de salvación. Y cuanto más la temen, tanto más la necesitan para darse motivos para vivir y justificar sus actos. Sin embargo, a lo largo de los mil años que cubren la Edad Media, cada vez que los visionarios y los profetas aparecen anunciando el fin de los tiempos, profetizado por los textos sagrados, lo hacen para oponerse al poder terrestre de quienes, religiosos incluidos, abusan de sus prerrogativas, su posición, sus fuerzas y de la influencia moral, política o religiosa que ejercen sobre los demás. Dicho de otra forma, las ''Visiones'' y ''Revelaciones'' que surgen concretamente a partir del siglo XII, normalmente realizadas por mujeres, es decir profetisas, según una gran tradición bíblica del Antiguo Testamento, parecen manifestaciones de rebeldía y salvaguardia típicamente femeninas, frente a las exigencias de hombres ávidos de poder, pero víctimas de una especie de histeria contagiosa (complejo en el que caen a menudo los hombres, sobre todo cuando se reúnen para defender una causa común), que se propaga por todas partes a su alrededor: ¡la guerra!

Al poder terrestre, temporal, bárbaro y anárquico que los hombres de guerra quieren imponer, se opone, pues, el poder celeste y divino de las profetisas que, en lo sucesivo, al dejar los hombres de ser capaces de hacerlo, parecen ser las únicas que pueden relacionarse con Dios.

ESPÍRITU RACIONAL CONTRA CREENCIAS IRRACIONALES
Todavía actualmente, los dramas y catástrofes que se producen casi todos los días en todos los rincones del planeta y de los que hacen eco los medios de comunicación con una complacencia a veces morbosa, a menudo aparecen como un contrapeso natural a los abusos que cometemos, a las debilidades de las que nos sentimos culpables, al egoísmo repleto de crisis de escrúpulos que a veces demostramos.

Es un fenómeno y una reacción idénticos a los que se produjeron en la mentalidad de hombre y mujeres del Renacimiento que, víctimas de los desastres de las guerras de religión, las sucesivas epidemias de peste y la miseria que reinaba en toda Europa, las visiones, las apariciones y las profecías apocalípticas se volvieron populares, al mismo tiempo, sin embargo, que ya estaban puestas las bases de lo que sería la ciencia moderna.

Y cuando tomaron los hombres la opción finalmente de dar al mundo una interpretación racional, construida de forma coherente y previsible, tanto más se dieron los medios para dar forma a la naturaleza a su imagen y tanto más sus temores de cometer un sacrilegio crecieron en ellos proporcionalmente en relación con su dominio del saber o de lo que considerarán como tal.

Así que, en el siglo XVII, se estableció una verdadera divergencia entre el espíritu racional y científico, por una parte, que, sostenido por las leyes de la economía y el crecimiento (que reforzó el acontecimiento de las colonias y el descubrimiento de nuevos campos de exploración y comercio), se impuso con fuerza como reacción a todos los abusos y excesos que se cometieron en el pasado a través del poder religioso, y, por otra parte, las creencias irracionales, que nunca mueren en el imaginario de los pueblos de Europa.

Sin embargo, debemos de comprender que la mayoría de esos pueblos, de donde procede tanta gente (y que durante casi tres milenios estuvieron bajo el yugo y la influencia política, ideológica y religiosa de los romanos, primero, y de la Iglesia, después), han ido perdiendo poco a poco a sus propias culturas. Cuando un individuo pierde su identidad, o se le prohíbe expresarse libremente, a veces se rebela, porque tiene fuerza y valor, o bien normalmente se resigna, porque la naturaleza humana es mucho más pasiva e influenciable de lo que queremos admitir. Pero entonces, por compensación, alimenta fantasmas y temores de dramas y catástrofes de las que nadie se salvará, pero que constituyen para él la única esperanza de volver a encontrar la libertad. Lo mismo sucede con las comunidades que han perdido su identidad, su cultura y su alma.

De tal manera, en la mentalidad de los hombres y las mujeres del mundo moderno, todavía existen los mitos del fin del mundo. El holocuasto nuclear, la invasión extraterrestre hostil o la aparición de un virus devastador son tres ejemplos de ellos.

Y para muchos, parece que dicho cataclismo no es sólo posible, sino que es probable. Al darnos los medios materiales para hacerlo real, tal vez queremos demostrarnos a nosotros mismos que somos iguales a los dioses de nuestros antepasados.

O tal vez tengamos la necesidad de tener miedo para conjurar a la suerte y a la muerte. Pero, ¿sabremos ver hasta dónde hay que llegar?

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EN LA TRADICIÓN ARÁBIGO-ISLÁMICA Y EL CRISTIANISMO PRIMITIVO

3. EN LA TRADICIÓN ARÁBIGO-ISLÁMICA Y EL CRISTIANISMO PRIMITIVO

Cualquiera que sea el nombre que se le dé y los hombres que crean en Él, Dios es el mismo en todas partes y siempre sostiene el mismo discurso. ¿Pero le escuchan realmente los seres humanos? El Apocalipsis, es en su sentido original, etimológico y por consiguiente verdadero, es una... Ver mas
Cualquiera que sea el nombre que se le dé y los hombres que crean en Él, Dios es el mismo en todas partes y siempre sostiene el mismo discurso. ¿Pero le escuchan realmente los seres humanos?


El Apocalipsis, es en su sentido original, etimológico y por consiguiente verdadero, es una revelación. Entonces comprenderemos, que antaño, los hombres y las mujeres, ávidos de conocimiento último, de beatitud y plenitud, siempre empujados por esta obsesión inherente al espíritu humano (¡y con razón!) que es la obsesión por la muerte, y por la propia en particular, hayan querido conocer a cualquier precio esta revelación. Pero también, seguramente, se produjo un malentendido de la historia y de la evolución del pensamiento humano.

DE LA REVELACIÓN AL FIN DEL MUNDO
Lo que tradicional y simbólicamente debía considerarse una revelación individual o una toma de conciencia personal, empleando una expresión más moderna, dejó de convertirse en una aspiración, una búsqueda, una salida a la eternidad o una victoria sobre la muerte, para convertirse en una fatalidad colectiva, una destrucción general y completa, incluso... ¡una aniquilación de toda la especie humana!

En otras palabras, lo que podía parecer una esperanza suprema para las personas, es decir, la victoria sobre la muerte, se transformó en desesperación absoluta, una especie de negación categórica, una vía sin salida y un sueño utópico e inaccesible.

Lo que en un principio era una revelación, el apocalipsis, se ha convertido hoy en el fin del mundo. Hemos pasado del sueño a la pesadilla. Ahora bien, mirando la historia, podemos observar que, cuanto más pretendemos influir en la naturaleza y más garantizamos nuestra subsistencia, nuestra supervivencia, nuestro confort y nuestra protección (lo que conlleva fatalmente una especie de inmovilismo del pensamiento y una regresión de las costumbres y las mentalidades), tanto más nos planteamos lo peor desde un punto de vista colectivo.

Es la gran paradoja de las democracias modernas: al privilegiar las libertades individuales, al garantizar la seguridad vital del individuo, dándole incluso la perspectiva de tener una duración de vida más larga, se le aísla y se le angustia cuando se esperaba que éstas le hicieran feliz, generoso y optimista.

LAS TRADICIONES PROFÉTICAS CRISTIANAS Y MUSULMANAS CONTIENEN UNA MISMA ADVERTENCIA
En la Antigüedad, donde las construcciones fabulosas eran seguidas de destrucciones producidas normalmente por ejércitos hostiles más que por catástrofes naturales, a las que sucedían nuevas construcciones, un mundo sustituía al otro, pero no por ello era el fin del mundo. En cambio, cuanto más nos acercamos al año 1.000 de nuestra era, la noción del fin del mundo parece convertirse en una verdadera obsesión en la conciencia de los hombres y mujeres de Occidente, pero también en Oriente y Próximo oriente. De tal manera, existe una larga tradición de textos religiosos de procedencia islámica y musulmana, cuyas palabras e historias presentan muchas reminiscencias, por un lado, con los textos apócrifos cristianos, pero también con los de los Evangelios y el Apocalipsis del Nuevo Testamento. Todo hace suponer que los textos islámicos y cristianos provienen de la misma fuente y tradición, pero que, a la larga, su interpretación ha derivado o degenerado, partiendo de una experiencia mística individual, basada en grandes renuncias o sacrificios personales, en una visión dramática, exterior y de un fin del mundo no ya probable, sino certero, fatal e inexorable, como si cada uno poco a poco se hubiera convencido de que los hombres y las mujeres no merecieran seguir existiendo en esta Tierra. Me veo obligada a constatar que este derrotismo sigue vigente.

Dos textos apócrifos, uno musulmán y el otro cristiano, que compararé para intentar comprender cómo la esperanza de una revelación (apocalipsis), que abre la puerta de la eternidad al ser humano, ha cambiado hacia un fin fel mundo (apocalipsis) inevitable.

Veamos primero, sacado de uno de los muchos textos que aportan las palabras del profeta,según el islam, un relato corto que habla de los tiempos que vendrán:


''El Profeta, sea con Él la gracia y la paz, salió de su casa y exclamó:
- ¡Oh, vosotras, esposas! El fuego se está atizando y se avecinan trasornos más oscuros que la penumbra de una noche negra. ¡Si supierais lo que yo sé, reiríais poco y lloraríais mucho!''


(Texto extraído de Signos del fin de los tiempos en la tradición islámica, 1992).

Citaré ahora otro texto, cuya redacción fue sin duda anterior al precedente, pero es obvio que se inspira en las mismas fuentes, porque tienen muchos puntos en común en su forma y en su fondo, y de tradición cristiana, aunqie no se considere un texto canónico, sino apócrifo. En efecto, se trata de uno de los versículos del Evangelio de Tomás, cuyos manuscritos encontro Nag Hamadi, en Egipto, a finales de la Segunda Guerra mundial, y que fueron traducidos del copto antiguo y no quedaron a disposición del público hasta 1959.

Ahora bien, muy probablemente, estos textos se redactaron hacia mediados del siglo II de nuestra era, mientras los hadiths, o textos tradicionales musulmanes, son evidentemente posteriores. Sin embargo, al haberse ''perdido'' el Evangelio de Tomás, casualmente o no, durante muchos siglos, y al ser las relaciones entre cristianos y musulmanes las que ya conocemos durante toda la Edad Media, es muy probable que estos últimos tuvieran mucho que ver en la visión apocalíptica de los occidentales del año 1.000, aportando así un nuevo esclarecimiento al mito del Anticristo del Apocalipsis de San Juan.

Veamos los versículos:


''Una mujer en la multitud dice: ¡Bienaventurado el vientre que te ha traído y los senos que te han alimentado! Él le dice: ¡Bienaventurados los que han comprendido la palabra del Padre y le han sido fieles! Puesto que llegará el día en que os digáis: ¡Bienaventurado el vientre que no ha concebido y los senos que no han criado!''

(Versículo 79, extracto del Evangelio de Tomás, en Escritos apócrifos cristianos, 1977).

En el texto cristiano que acabo de citar, como en el musulmán, que le precede, en boca de Jesús y del Profeta, vemos una misma advertencia. ¿Es simbólica o real? Esto es lo que otras experiencias y testimonios nos revelarán.

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