Versión impresa

Edgar Allan Poe y sus poemas más importantes

Edgar Allan Poe y sus poemas más importantes

  • Lista creada por Marco.Dn.
  • Publicada el 25.01.2013 a las 23:30h.
  • Clasificada en la categoría Cultura.
  • La lista SI admite nuevos comentarios.
  • La lista SI admite que sus elementos sean votados.
  • La lista NO admite que otros usuarios añadan nuevos elementos.

Avatar de Marco.Dn

Último acceso 14.04.2013

Perfil de Marco.Dn

  • Las estadísticas del usuario se mostrarán en los próximos días.

Ver el perfil de Marco.Dn

Acciones de la lista

Nacido el 19 de enero de 1809, en Boston, era hijo de Elizabeth Arlold Poe y David Poe, actores ambulantes de teatro, quienes lo dejaron huérfano a los dos años.

Edgar Allan fue forjando su carácter a través de varios factores importantes que influyeron en su desarrollo intelectual.

Por un lado, la herencia de sus padres tuberculosos significó, tal vez, la salud debilitada y la poca resistencia al alcohol que padeció durante su vida. No debe olvidarse como debe haberlo marcado el hecho de que desde muy pequeño se quedo huérfano y el saber que vivía de la caridad de sus parientes.

Por otro, se debe tener en cuenta la época que los Estados Unidos vivían y los cambios sociales que le tocaron vivir: la creciente hostilidad entre el Sur y el Norte de su país, la esclavitud, y las leyendas de horror y misterio que los negros contaban.


El niño fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico de Richmond (Virginia), del que tomó su apellido. John Allan se dedicaba al comercio de tabaco en Virginia.

Edgar Allan Poe recibió su educación en Inglaterra y en Norteamérica.

Poe siempre tuvo problemas con John Allan y estos no hicieron más que agravarse a lo largo de la relación entre ambos.


Durante su adolescencia empezó a escribir poemas con los que enamoró a una larga lista de mujeres. Su mayor influencia fue Lord Byron, aunque leía todo lo que estaba a su alcance.

Su vida universitaria fue rebelde y libertina, a pesar de que siempre estuvo en jaque por el poco apoyo económico que recibía por parte de su protector. También en esta época es cuando el poeta empieza a beber. Lo interesante es que unas cuantas copas bastaban para volverlo loco, no soportaba mucho alcohol.

Finalmente, el joven Allan fue expulsado de la Universidad de Virginia por jugador. Entonces, marchó a Boston, luego de romper relaciones con su padre adoptivo.


En Boston publicó, en 1827, su primer volumen de poesías, "Tamerlán". En esa obra se denota una leve inclinación byroniana.

La miseria y el hambre lo acompañaron y no tuvo más remedio que enrolarse en el ejercito, cosa que no duró mucho, por lo que tuvo que volver a recurrir a John Allan en busca de ayuda, la cual no le fue concedida y mucho menos después de que muriera la esposa de éste, hecho que casi marcó el rompimiento del poeta con sus protectores.

En 1830 lo admitieron en la Academia Militar de West Point, de la que pronto fue expulsado y fue entonces cuando se iniciaría su agitada carrera literaria. Publica "Poesías" en 1831 y ya muestra un estilo propio, con un matiz auténtico.

Con la muerte de John Allan, el poeta pierde toda esperanza de que su trabajo literario se realizara en condiciones económicas favorables. Poe vivió en varias ciudades: Nueva York , Filadelfia, Baltimore, en donde trabajó en diversas revistas como crítico, tarea que le costó muchas enemistades, por la clase de crítica que realizaba; pues destrozaba a sus contemporáneos.

En 1836 se casó con Virginia Clemm, una prima de trece años de edad. Dicho matrimonio colaboró, aunque precariamente, con su siempre deteriorado equilibrio mental.

Algunos de los lugares en que trabajó fueron : Southern literary messanger (1835), su primer empleo estable; Burton's Magazine (1838) en Filadelfia; Graham´s Magazine (1840) (en este periodo es cuando su esposa Virginia enferma de tuberculosis); New York Sun (1844) ; Evening Mirror ( 1845) ; Broadway Journal (1845)(es a partir de este periodo cuando alcanzó la fama que traspasaría la frontera ) y finalmente enGodey's lady's Book (1846) donde criticó y despedazó a los literatos de New York con los que convivía.

Por entonces vivía al día, como periodista con un sueldo mediocre, pero estas actividades lo llevaron a conseguir muchos trabajos en calidad de colaborador y posteriormente, llegar a la dirección de numerosos periódicos, entre ellos el "Southern Literary Messenger", el cual se convirtió bajo su dirección en el más importante periódico del sur.

La característica principal de todos estos empleos radica en que recibía un sueldo mísero, pero a cambio le daban la oportunidad de publicar sus relatos y alcanzar la fama. Sólo la fama , porque la mayor parte del tiempo vivió el la más absoluta miseria, con algunos lapsos de relativa calma.

En 1847 muere la esposa de Poe, victima de la tuberculosis. Aún hundido en la desolación, el autor terminó, en 1849, el poema "Eureka". Con la muerte de Virginia, la vida de Poe se vino abajo.

Aunque mantuvo relaciones con Sarah Helen Whitman y con Elmira, su novia de juventud, quien alivió en parte su dolor, Poe había llegado a un punto sin retorno.

A punto estuvo de casarse por segunda vez cuando, después de haber celebrado el inminente acontecimiento con algunos amigos, lo encontraron, moribundo, en una calle de Baltimore. Falleció cuatro días después, el 7 de octubre de 1849. Sus últimas palabras fueron "que dios ayude a mi pobre alma".




SU OBRA:

Edgar Allan Poe escribió alrededor de sesenta cuentos, además de una serie de poemas, aunque a este género no le dedicó el tiempo que él hubiera querido, debido a su precaria situación económica.

Algunas de sus obras más importantes son : El gato negro, Eureka, La caída de la casa de Usher, "El Cuervo", El retrato Oval y La máscara de la muerte roja. Después de varios cuentos en prosa como los de "Historias extraordinarias" y algunos artículos críticos obtuvo una considerable reputación literaria que llegó a la cumbre en 1845 con el libro "El cuervo".

Lo cierto es que, ni el éxito alejó a Poe de su fuerte tendencia a la depresión. El alcoholismo lo arrastraba a sus ataques de melancolía de la misma manera que su melancolía lo arrastraba al alcoholismo.


Uno de mis escritores y poetas favoritos, aquí sus poemas más importantes...

Fuente: http://grandespoetasfamosos.blogspot.com/2009/01/edgara-poe.html

Lista dedicada a: Favorito, Fitodenapoles y Jorgebasd

Estos son los elementos de la lista. ¡Vota a tus favoritos!

El Cuervo:

1. El Cuervo:

Cierta noche aciaga cuando, con la mente cansada, Meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral Y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido, Como si alguien muy suavemente llamara a mi portal. "Es un visitante -me dije- que está llamando al portal. Sólo eso y nada más... Ver mas
Cierta noche aciaga cuando, con la mente cansada,
Meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
Y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
Como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije- que está llamando al portal.
Sólo eso y nada más."

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
En mis libros, ni consuelo a la pérdida abismal
De aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
Y aquí en el mundo ya nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
Me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
Que para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
Un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije- o señora, me tendréis que disculpar
Pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
Y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
Que dudé de haberlo oído". ¡Y abrí de golpe el portal!
Sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
Y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
Pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
Sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar
Sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
Pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez, quien sea que llama, ha llamado a mi ventana;
Veré pues de qué se trata, qué misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!"

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
Agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
Con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
En un pálido busto de Palas que hay encima del umbral.
Fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
En sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije- no te impide ser
Osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿Cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Que un ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
Sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
Pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
Ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
Que se llamara "Nunca más".

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
Como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
Hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
Por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Y dijo entonces :"Nunca más".

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda -dije- repite lo que ha podido acopiar
Del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
Que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
Nunca, nunca más".

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
Planté una silla mullida frente al ave y el portal,
Y hundido en el terciopelo me afané con recelo
En descubrir qué quería la funesta ave ancestral
Al repetir: "Nunca más".

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
Al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
Eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
Sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
Y ya no usará nunca más!

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
Mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
Hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité- ser malvado, profeta eres, ¡diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
Trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
A esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
Dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité- ser malvado, profeta eres, ¡diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
Dile a este desventurado si en el Edén lejano
A Leonor, ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!"

"¡Diablo alado, no hables más!" -dije- dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
Quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
En el pálido busto de Palas que hay encima del portal,
Y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
Cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
Y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
No se alzará ¡nunca más!

Ha recibido 2354 puntos

Vótalo:

¿Deseas que te amen?:

2. ¿Deseas que te amen?:

¿Deseas que te amen? No pierdas, pues,
El rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser
Y aquello que no eres, no.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
Tu gracia, tu bellísimo ser,
Serán objeto de elogio sin fin
Y el amor... un sencillo deber.

Ha recibido 1779 puntos

Vótalo:

Annabel Lee:

3. Annabel Lee:

Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar, Habitaba una doncella cuyo nombre os voy a dar, Y el nombre que daros puedo es el de Annabel Lee, Quien vivía para amarme y ser amada por mí. Yo era un niño y era ella una niña, junto al mar, En el reino prodigioso que os acabo de... Ver mas
Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os voy a dar,
Y el nombre que daros puedo es el de Annabel Lee,
Quien vivía para amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y era ella una niña, junto al mar,
En el reino prodigioso que os acabo de nombrar.
Mas nuestro amor fue tan grande como jamás yo presentí,
Mucho más que amor compartimos, yo y mi bella Annabel Lee,
Y los nobles en su estirpe de abolengo señorial,
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.

Aquel fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo ya!
Por el cual, de los confines del océano y más allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella Annabel Lee.

La arrancaron de mi lado en solemne funeral,
A encerrarla la llevaron por la orilla del mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al mar,
Los arcángeles que no eran tan felices como nosotros dos,
Con envidia nos miraban desde ese Reino que es de Dios.

Ese fue el solo motivo, bien lo podéis preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.

Nuestro amor era tan grande y aún más firme en su candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en el amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar,
Ni los demonios que habitan negros abismos bajo el mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en mí,
Espíritu luminoso de mi bella Annabel Lee.

Pues los astros no se elevan sin traerme la mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi amada.
Y la luna vaporosa jamás brilla ya en vano,
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel Lee.

Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien amada,
Mientras retumba en la playa la nocturna marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del inmenso océano.

Ha recibido 1380 puntos

Vótalo:

Solo:

4. Solo:

Desde mi hora más tierna no he sido Como otros fueron, no he percibido Como otros vieron, no pude extraer Del mismo arroyo mi placer, Ni de la misma fuente ha brotado Mi desconsuelo; no he logrado Hacer vibrar mi corazón del mismo modo Y, si algo he amado, lo he amado solo. Entonces... Ver mas
Desde mi hora más tierna no he sido
Como otros fueron, no he percibido
Como otros vieron, no pude extraer
Del mismo arroyo mi placer,
Ni de la misma fuente ha brotado
Mi desconsuelo; no he logrado
Hacer vibrar mi corazón del mismo modo
Y, si algo he amado, lo he amado solo.

Entonces, en mi infancia, en el albor
De una vida tormentosa, del crisol
Del bien y el mal, de su raíz misma
Surgió el misterio que aún me abruma:
Desde el venero o el vado,
Desde el rojo acantilado,
Desde el sol que me envolvía
En otoño con su pátina bruñida,
Desde el rayo electrizante
Que me rozó, seco y rasante,
Desde el trueno y la tormenta,
Y la nube suave y clara
Que, en el cielo transparente,
Formó un demonio en mi mente.

Ha recibido 1183 puntos

Vótalo:

Un sueño dentro de un sueño:

5. Un sueño dentro de un sueño:

¡Recibe en la frente este beso! Y, por librarme de un peso Antes de partir, confieso Que acertaste si creías Que han sido un sueño mis días; ¿Pero es acaso menos grave Que la esperanza se acabe De noche o a pleno sol, Con o sin una visión? Hasta nuestro último empeño Es sólo un sueño... Ver mas
¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
Antes de partir, confieso
Que acertaste si creías
Que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
Que la esperanza se acabe
De noche o a pleno sol,
Con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
Es sólo un sueño en un sueño.

Me encuentro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arena, oro en granos.
¡Qué pocos son! Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré -¡oh Dios!- su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o de pequeño?
¿Es sólo un sueño dentro de un sueño?

Ha recibido 1180 puntos

Vótalo:

Amigos que por siempre nos dejaron:

6. Amigos que por siempre nos dejaron:

Amigos que por siempre
Nos dejaron,

Caros amigos para siempre idos,
¡Fuera del Tiempo
Y fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares,
Para el transido corazón, acaso.

Ha recibido 623 puntos

Vótalo:

A Elena:

7. A Elena:

Te vi a punto. Era una noche de julio, Noche tibia y perfumada, Noche diáfana... De la luna plena límpida, Límpida como tu alma, Descendían Sobre el parque adormecido Gráciles velos de plata. Ni una ráfaga El infinito silencio Y la quietud perturbaban En el parque... Ver mas
Te vi a punto.
Era una noche de julio,
Noche tibia y perfumada,
Noche diáfana...

De la luna plena límpida,
Límpida como tu alma,
Descendían
Sobre el parque adormecido
Gráciles velos de plata.

Ni una ráfaga
El infinito silencio
Y la quietud perturbaban
En el parque...

Evaporaban las rosas
Los perfumes de sus almas
Para que los recogieras
En aquella noche mágica;
Para que tú los gozases
Su último aliento exhalaban
Como en una muerte dulce,
Como en una muerte lánguida,
Y era una selva encantada,
Y era una noche divina
Llena de místicos sueños
Y claridades fantásticas.

Toda de blanco vestida,
Toda blanca,
Sobre un ramo de violetas
Reclinada
Te veía
Y a las rosas moribundas
Y a ti, una luz tenue y diáfana
Muy suavemente
Alumbraba,
Luz de perla diluida
En un éter de suspiros
Y de evaporadas lágrimas.

¿Qué hado extraño
(¿Fue ventura? ¿Fue desgracia?)
Me condujo aquella noche
Hasta el parque de las rosas
Que exhalaban
Los suspiros perfumados
De sus almas?

Ni una hoja
Susurraba;
No se oía
Una pisada;
Todo mudo,
Todo en sueños,
Menos tú y yo
-¡Cuál me agito
Al unir las dos palabras! -
Menos tú y yo... De repente
Todo cambia.
¡Oh, el parque de los misterios!
¡Oh, la región encantada!

Todo, todo,
Todo cambia.
De la luna la luz límpida
La luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
Muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
Todo muere,
Todo pasa...
Todo se apaga y extingue
Menos tus hondas miradas.

¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
Aquellos ojos brillantes,
¡Oh mi amada! Todo, todo,
Todo cambia.

De la luna la luz límpida
La luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
Muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
Todo muere,
Todo pasa...

Todo se apaga y extingue
Menos tus hondas miradas.
¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
Aquellos ojos brillantes,
¡Oh mi amada!

¿Qué tristezas irreales,
Qué tristezas extrahumanas!
La luz tibia de esos ojos
Leyendas de amor relata.
¡Qué misteriosos dolores,
Qué sublimes esperanzas,
Qué mudas renunciaciones
Expresan aquellos ojos
que en la sombra
Fijan en mí su mirada!

Noche oscura. Ya Diana
Entre turbios nubarrones,
Lentamente,
Hundió la faz plateada,
Y tú sola
En medio de la avenida,
Te deslizas
Irreal, mística y blanca,
Te deslizas y te alejas incorpórea
Cual fantasma.
Sólo flotan tus miradas.
¡Sólo tus ojos perennes,
Tus ojos de honda mirada
Fijos quedan en mi alma!

A través de los espacios y los tiempos,
Marcan,
Marcan mi sendero
Y no me dejan
Cual me dejó la esperanza.
Van siguiéndome, siguiéndome
Como dos estrellas cándidas;
Cual fijas estrellas dobles
En los cielos apareadas
En la noche solitaria.

Ellos solos purifican
Mi alma toda con sus rayos
Y mi corazón abrasan,
Y me prosterno ante ellos
Con adoración extática,
Y en el día
No se ocultan
Cual se ocultó mi esperanza.

De todas partes me siguen
Mirándome fijamente
Con sus místicas miradas.
Misteriosas, divinales
Me persiguen sus miradas
Como dos estrellas fijas,
Como dos estrellas tristes,
¡Como dos estrellas blancas!

Ha recibido 613 puntos

Vótalo:

De todos cuantos anhelan tu presencia:

8. De todos cuantos anhelan tu presencia:

De todos cuantos anhelan tu presencia como una mañana, De todos cuantos padecen tu ausencia como una noche, Como el destierro inapelable del sol sagrado Allende el firmamento; de todos los dolientes que a cada instante Te bendicen por la esperanza, por la vida, ah, y sobre todo, Por... Ver mas
De todos cuantos anhelan tu presencia como una mañana,
De todos cuantos padecen tu ausencia como una noche,
Como el destierro inapelable del sol sagrado
Allende el firmamento; de todos los dolientes que a cada instante
Te bendicen por la esperanza, por la vida, ah, y sobre todo,
Por haberles devuelto la fe extraviada, enterrada
En la verdad, en la virtud, en la raza del hombre.

De todos aquellos que, cuando agonizaban en el lecho impío
De la desesperanza, se han incorporado de pronto
Al oírte susurrar con dulzura: "¡Que haya luz!",
Al oírte susurrar esas palabras acentuadas
Por el sereno brillo de tus ojos.

De todos tus numerosos deudores, cuya gratitud
Raya la veneración, recuerda, oh no olvides nunca
A tu devoto más ferviente, al más incondicional,
Y piensa que estas líneas vacilantes las habrá escrito él,
Ese que ahora, al escribirlas, se emociona pensando
Que su espíritu comulga con el espíritu de un ángel.

Ha recibido 542 puntos

Vótalo:

El día más feliz, la hora más feliz:

9. El día más feliz, la hora más feliz:

El día más feliz, la hora más feliz Mi marchito y estéril corazón conoció; El más noble anhelo de gloria y de virtud Siento que ya desapareció. ¿De virtud, dije? ¡Sí, así es! Pero, ay, se ha desvanecido para siempre. El sueño de mi juventud Mas dejadlo ya esfumarse. Y tú, orgullo, ¿qué... Ver mas
El día más feliz, la hora más feliz
Mi marchito y estéril corazón conoció;
El más noble anhelo de gloria y de virtud
Siento que ya desapareció.
¿De virtud, dije? ¡Sí, así es!
Pero, ay, se ha desvanecido para siempre.
El sueño de mi juventud
Mas dejadlo ya esfumarse.

Y tú, orgullo, ¿qué me importas ahora?
Aunque pudiera heredar otro rostro,
El veneno que has vertido en mí
¡Permanecerá siempre en mi espíritu!
El día más feliz, la hora más feliz
Verán mis ojos -sí, los han visto-;
La más resplandeciente mirada de gloria y de virtud
Siento que ha sido.
Pero existió aquel anhelo de gloria y virtud,
Ahora inmolado con dolor:
Incluso entonces sentí que la hora más dulce
No volvería de nuevo,
Pues sobre sus alas se cernía una densa oscuridad,
Y mientras se agitaba se desplomó un ser
Tan poderoso como para destruir
A un alma que conocía tan bien.

Ha recibido 474 puntos

Vótalo:

Te vi una vez, una sola:

10. Te vi una vez, una sola:

Te vi una vez, una sola, años atrás; No diré cuántos, aunque no fueron muchos. Fue en julio, a medianoche, la luna llena, Elevándose como si fuera tu alma, se abría, Rauda, camino cielo arriba. De su halo, Una sedosa llovizna de luz plateada Caía tibia, soñolienta y suavemente Sobre los... Ver mas
Te vi una vez, una sola, años atrás;
No diré cuántos, aunque no fueron muchos.
Fue en julio, a medianoche, la luna llena,
Elevándose como si fuera tu alma, se abría,
Rauda, camino cielo arriba. De su halo,
Una sedosa llovizna de luz plateada
Caía tibia, soñolienta y suavemente
Sobre los rostros vueltos de las mil rosas
De un jardín encantado que la brisa
Sólo osaba visitar de puntillas;
Caía sobre los rostros vueltos de esas rosas
Que, a cambio de la amorosa luz, se desprendían,
En un éxtasis final, de sus almas llenas de aroma;
Caía sobre los rostros vueltos de las rosas
Que, embelesadas por ti y por la poesía
De tu presencia, morían con una sonrisa.

Toda vestida de blanco, te vi reclinada a medias
Sobre un lecho de violetas; la luna, entretanto,
Bañaba los rostros vueltos de las rosas y el tuyo,
Vuelto también, aunque con aflicción, hacia ella.
¿Acaso fue el destino -ese destino que a menudo
Solemos llamar aflicción- quien, esa medianoche de julio,
Me retuvo junto al portal del jardín para que oliera
El incienso que desprendían las rosas? No había eco
De pisada alguna: el mundo odiado dormía; todos
Salvo tú y yo. -¡Oh cielos! ¡Oh Dios! Cómo sublevan,
Al juntarse, esas dos palabras mi corazón-. Todos
Salvo tú y yo. Me detuve, eché una mirada
Y de pronto todas las cosas se esfumaron
-Aquel era un jardín encantado, ¿recuerdas?-.
El resplandor perlado de la luna se disipó;
Los bancos mohosos y los sinuosos senderos,
Las flores alegres y los árboles vencidos
Cesaron de existir; incluso el aroma de las rosas
Sucumbió en brazos del aire adorable. Todo,
Todo expiró menos tú, todo salvo tú:
Salvo la luz divina de tus ojos,
Salvo el alma de tus ojos elevados.
Sólo a ellos vi, para mí fueron el mundo.
Sólo a ellos vi, sólo a ellos durante horas.
Sólo a ellos mientras brilló la luna.
¡Qué historias lastimosas parecían encerrar
Esas celestiales y cristalinas esferas!
¡Qué oscura congoja! ¡Qué sublime esperanza!
¡Qué mar de orgullo silencioso y sereno!
¡Qué osada ambición! ¡Y qué profunda,
Qué insondable capacidad para amar!

Pero al fin la noble Diana se retiró
Hacia su lecho occidental lleno de negras nubes;
Y tú, un fantasma, te escabulliste también
Por la arboleda sepulcral. Sólo tus ojos permanecieron;
No deseaban irse: aún no se han ido. Aquella noche
Iluminaron mi solitario regreso a casa y, desde entonces,
Al contrario que mis esperanzas, no me abandonan.
Siempre me siguen, me han guiado a través del tiempo;
Son mis ministros, yo soy su esclavo. Su cometido
Es iluminar y dar tibieza; mi deber
Es ser salvado por su brillante luz,
Purificado por su ardor electrizante,
Santificado por su fuego puro.
Tus ojos llenan de belleza y esperanza mi alma
Y titilan, lejanos, en el firmamento. Son las estrellas
Ante las que me postro en las vigilias solitarias;
Mas en la diáfana claridad del día también los veo:
¡Son dos dulces luceros del alba que centellean
Sin que el sol pueda extinguirlos!

Ha recibido 445 puntos

Vótalo:

Lucero vespertino:

11. Lucero vespertino:

Ocurrió una medianoche A mediados de verano; Lucían pálidas las estrellas Tras el potente halo De una luna clara y fría Que iluminaba las olas Rodeada de planetas, Esclavas de su señora. Detuve mi mirada En su sonrisa helada Demasiado helada para mí; Una nube le puso un velo De... Ver mas
Ocurrió una medianoche
A mediados de verano;
Lucían pálidas las estrellas
Tras el potente halo
De una luna clara y fría
Que iluminaba las olas
Rodeada de planetas,
Esclavas de su señora.

Detuve mi mirada
En su sonrisa helada
Demasiado helada para mí;
Una nube le puso un velo
De suave terciopelo
Y entonces me fijé en ti.

Lucero orgulloso,
Remoto, glorioso,
Yo, que siempre tu brillo preferí;
Pues mi alma jalea
La orgullosa tarea
Que cumples de la noche a la mañana
Y admiro más, así es,
Tu lejanísimo fuego
Que esa otra luz, más fría, más cercana.

Ha recibido 443 puntos

Vótalo:

Alegre río, tu cristalino fulgor:

12. Alegre río, tu cristalino fulgor:

Alegre río, tu cristalino fulgor, Tu curso límpido, tu agua errante, Son un emblema invocador De la belleza: el corazón abierto, El risueño serpenteo del arte En la hija del viejo Alberto. Mas cuando ella en ti se mira y, de repente, Tus aguas se iluminan y estremecen, Entonces, el más... Ver mas
Alegre río, tu cristalino fulgor,
Tu curso límpido, tu agua errante,
Son un emblema invocador
De la belleza: el corazón abierto,
El risueño serpenteo del arte
En la hija del viejo Alberto.
Mas cuando ella en ti se mira y, de repente,
Tus aguas se iluminan y estremecen,
Entonces, el más bello torrente
Y su humilde devoto se parecen,
Pues ambos llevan su imagen anclada,
Uno en el cauce, otro en el corazón
En ese corazón que su mirada
Intensa, honda, enciende de emoción.

Ha recibido 440 puntos

Vótalo:

Leonora:

13. Leonora:

¡El vaso se hizo trizas! Desapareció su esencia ¡Se fue, se fue! ¡Se fue, se fue! Doblad, doblad campanas, con ecos plañideros, Que un alma inmaculada de Estigia en los linderos Flotar se ve. Y tú, Guy de Vere, ¿qué hiciste de tus lágrimas? ¡Ah, déjalas correr! Mira, el angosto féretro... Ver mas
¡El vaso se hizo trizas! Desapareció su esencia
¡Se fue, se fue! ¡Se fue, se fue!
Doblad, doblad campanas, con ecos plañideros,
Que un alma inmaculada de Estigia en los linderos
Flotar se ve.

Y tú, Guy de Vere, ¿qué hiciste de tus lágrimas?
¡Ah, déjalas correr!
Mira, el angosto féretro encierra a tu Leonora;
Escucha los cantos fúnebres que entona el fraile;
Ahora ven a su lado, ven.
Antífonas salmodien a la que un noble cetro
Fue digna de regir;
Un ronco "De Profundis" a la que yace inerte,
Que con morir,
Indignos, los que amabais en ella solamente
Las formas de mujer
Pues su altivez nativa os imponía tanto,
Dejasteis que muriera, cuando el fatal quebranto
Se posó sobre su sien.

¿Quién abre los rituales? ¿Quién va a cantar el réquiem?
Quiero saberlo, ¿quien?
¿Vosotros, miserables de lengua ponzoñosa
Y ojos de basilisco? ¡Matasteis a la hermosa,
Que tan hermosa fue!

¿Peccavimus cantasteis? Cantasteis en mala hora,
El Sabbath entonad;
Que su solemne acento suba al excelso trono
Como un sollozo amargo que no suscite encono
En la que duerme en paz.

Ella, la hermosa, la gentil Leonora,
Emprendió el vuelo en su primera aurora;
Ella, tu novia, en soledad profunda
¡Huérfano te dejó!

Ella, la gracia misma ahora reposa
En rígida quietud; en sus cabellos
Hay vida aún; mas en sus ojos bellos
¡No hay vida, no, no, no!

¡Atrás! Mi corazón late deprisa
Y en alegre compás. ¡Atrás!, no quiero
Cantar el "De Profundis" absurdo,
Porque es inútil ya.

Tenderé el vuelo y al celeste espacio
Me lanzaré en su noble compañía.
¡Voy contigo, alma mía, sí, alma mía!
Y un peán te cantaré!

¡Silencio las campanas! Sus ecos plañideros
Acaso le hagan mal.
No turben con sus voces la pureza de un alma
Que vaga sobre el mundo con misteriosa calma
Y en plena libertad.

Respeto para el alma que los terrenos lazos
Triunfante desató;
Que ahora luminosa flotando en el abismo
Ve a amigos y contrarios; que del infierno mismo
Al cielo se lanzó.

Si el vaso se hace trizas, su eterna esencia libre
¡Se va, se va!
¡Callad, callad campanas de acentos plañideros,
Que su alma inmaculada en el cielo
Tocando está!

Ha recibido 437 puntos

Vótalo:

El valle de la inquietud:

14. El valle de la inquietud:

Antes, un silencioso valle sonreía Cuando la gente en él no moraba, Pues habían partido hacia la guerra Confiando su cuidado a las plácidas estrellas Que vigilaban desde sus azules torres. Velaban por aquellas flores, Entre las cuales durante el día Ponía el sol perezosamente su luz... Ver mas
Antes, un silencioso valle sonreía
Cuando la gente en él no moraba,
Pues habían partido hacia la guerra
Confiando su cuidado a las plácidas estrellas
Que vigilaban desde sus azules torres.
Velaban por aquellas flores,
Entre las cuales durante el día
Ponía el sol perezosamente su luz.

Ahora, cada visitante confesará
La triste intranquilidad del valle.
Todo existe allí sin movimiento,
Todo salvo los aires que cobija
La mágica soledad. ¡Ah, ningún viento
Aquellos árboles seculares agita!,
Estremecidos como los helados mares
En torno de las hébridas brumas!
¡Ah!, ningún viento anima aquellas nubes
Que cruzan el inquieto firmamento
Veloces, eternamente rumorosas,
Sobre las violetas que allí aparecen
A la mirada, en miríadas de tipos,
Sobre los lirios que se mecen
Y lloran sobre la tumba innominada.
Mecen, desde fuera de sí, fragante cáliz,
Eternos rocíos derramándose en gotas.
Lloran, de sus dulces dedos,
Lágrimas perennes que descienden en forma de gemas.

Ha recibido 436 puntos

Vótalo:

Bienvenido

Con las Listas de 20minutos.es puedes crear tu propio top y leer y votar los del resto de usuarios. Ver más

Crear una nueva lista

Encuentra una lista al azar

Busca una lista

Conectados recientemente

Comentarios
Haz tu comentario aquí

© 2013-2016 - Listas de 20minutos.es | Ir a la versión móvil