11. ESPÍRITU DE SUFRIMIENTO Y DUREZA.
«No se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño, hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros. Estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden».
Vivo magma incandescente en cuyo fuego se abrasa por un vientre de renuncias tu sacrificio...
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«No se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño, hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros. Estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden».
Vivo magma incandescente en cuyo fuego se abrasa por un vientre de renuncias tu sacrificio sin pautas. Espíritu el más sufrido, suplicio de cuerpo y alma con que se ciñe la Legión, su carne martirizada. El no quejarse jamás y el soportar con templanza,
sed, fatiga y hambre, es decir, toda la gama milagrosa de tu credo, son el fiel de la balanza, donde presente y futuro sobre el pasado descansan.
Herencia que nos legaron con sangre, sudor y lágrimas los que yacen para siempre bajo una cruz solitaria, y a los que rinde el recuerdo, un sollozo de plegarias por los verdes meridianos del dolor y la nostalgia. Por los campos de Castilla, Asturias y Vascongadas, el Levante y Aragón, Galicia, Murcia y Navarra, Cataluña, Andalucía y Extremadura la brava, y en la espiral infinita de otras naciones y razas.
Bajo los cielos azules, con medias lunas de nácar, configurando relieves de glorias, honor y Patria, tus cornetas y tambores, roncos lamentos de magia, fueron el mortal premio de tus hazañas templarias. Arcabuz, pica y ballesta, tríptico de donde arrancan todas las rectas virtudes con la Legión entroncadas. Suena el toque de oración y acariciando nostalgias, guiones y banderines, doblan sus rodillas de astas.
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