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Cartas de amor en la Historia (Segunda parte)

Cartas de amor en la Historia (Segunda parte)

  • Lista creada por Giugi.
  • Publicada el 05.08.2011 a las 10:32h.
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Segunda lista de Cartas de amor en la Historia.

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Carta de Yoko Ono a John Lennon

1. Carta de Yoko Ono a John Lennon

Te extraño John. 27 años han pasado, y todavía deseo poder regresar el tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo -compartiendo nuestro café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día, y ver tu mano tomando la mía- que me aseguraba que no debía preocuparme de nada porque... Ver mas
Te extraño John. 27 años han pasado, y todavía deseo poder regresar el tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo -compartiendo nuestro café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día, y ver tu mano tomando la mía- que me aseguraba que no debía preocuparme de nada porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso dolor de perder un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir "Te Amo" por ultima vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente esta conmigo cada momento de cada día. Cuando toque el lado de John en nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años -y seguirá conmigo por siempre.

Esta carta se la escribió a Lennon 27 años después de su muerte.

Ha recibido 2092 puntos

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Carta de Frida Kahlo a Diego

2. Carta de Frida Kahlo a Diego

Diego: Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu... Ver mas
Diego:

Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por días y días.
Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la tierra.
El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos.
Mi Diego:
Espejo de la noche.
Tus ojos espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos.
Todo tú en el espacio lleno de sonidos - En la sombra y en la luz. Tú te llamarás Auxocromo el que capta el color. Yo Cromoforo - La que da el color.
Tú eres todas las combinaciones de números. La vida.
Mi deseo es entender la línea la forma el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.

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Carta de Víctor Hugo a Juliette

3. Carta de Víctor Hugo a Juliette

Te amo, mi pobre angelito, bien lo sabes, y sin embargo quieres que te lo escriba. Tienes razón. Hay que amarse y luego hay que decírselo, y luego hay que escribírselo, y luego hay que besarse en los labios, en los ojos, en todas partes. Tú eres mi adorada Juliette. Cuando estoy triste pienso... Ver mas
Te amo, mi pobre angelito, bien lo sabes, y sin embargo quieres que te lo escriba. Tienes razón. Hay que amarse y luego hay que decírselo, y luego hay que escribírselo, y luego hay que besarse en los labios, en los ojos, en todas partes. Tú eres mi adorada Juliette.
Cuando estoy triste pienso en ti, como en invierno se piensa en el sol, y cuando estoy alegre pienso en ti, como a pleno sol se piensa en la sombra. Bien puedes ver, Juliette, que te quiero con toda mi alma.
Tenéis el aire juvenil de un niño, y el aire sabio de una madre, y así yo os envuelvo con todos estos amores a un tiempo.

Besadme, bella Juju!

7 de marzo de 1833

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De Sigmund Freud a Martha Bernays (Fragmentos de cartas)

4. De Sigmund Freud a Martha Bernays (Fragmentos de cartas)

Allí había yo sido muy tímido y, por tanto, había besado a mi Marty pocas veces, pues no comprendía aún del todo lo que se ha convertido ahora en la primera y más natural condición de mi vida: que he ganado para mi, de pronto, a una muchacha única e incomparable. Por mucho que te quieran, no... Ver mas
Allí había yo sido muy tímido y, por tanto, había besado a mi Marty pocas veces, pues no comprendía aún del todo lo que se ha convertido ahora en la primera y más natural condición de mi vida: que he ganado para mi, de pronto, a una muchacha única e incomparable.
Por mucho que te quieran, no renunciaré a ti por nadie, ni nadie te merece. No hay amor hacia ti que pueda compararse con el mío.
…estamos tan íntimamente unidos, me siento tan inefablemente feliz por el hecho de tenerte, y estoy tan seguro de tu interés hacia todo lo mío, que las cosas sólo son importantes para mi cuando tú las compartes.
Perdóname, amor mío, si a menudo no te escribo en el tono y con las palabras que tú te mereces, especialmente en respuesta a tus cariñosas cartas; pero pienso en ti con tan sosegada felicidad, que me es más fácil hablarte de cosas ajenas a nosotros que respecto a nosotros mismos. (...) Estoy dispuesto a dejarme dominar completamente por mi princesa. Uno deja siempre con gusto que le subyugue la persona que ama; si hubiéramos llegado a eso, Marty…
Cuando recibo carta tuya, todo el ensueño se disipa y la vida real se introduce en mis células. Los problemas extraños quedan borrados en mi cerebro; se desvanecen las misteriosas concreciones pictóricas de las diversas enfermedades y desaparecen las teorías vacías. Hasta ahora habías compartido mi tristeza. Comparte hoy conmigo mi alegría, amada mía, y no creas que existe otra cosa sino tú en la médula de mis pensamientos.

Ha recibido 1462 puntos

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Carta de Pablo Neruda a Albertina Rosa

5. Carta de Pablo Neruda a Albertina Rosa

Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico, y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio tú. En diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes, pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti... Ver mas
Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico, y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio tú. En diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes, pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti. Salgo a las cinco, a vagar por las calles solas, por los campos vecinos. Sólo un amigo me acompaña, a veces.
He peleado con las numerosas novias que antes tenía, así es que estoy solo como nunca, y estaría como nunca feliz, si tu estuvieras conmigo. El 8 planté en el patio de mi casa un árbol, un aromo. Además traje de las quintas, pensando en ti, un narciso blanco, magnífico. Aquí, en las noches, se desata un viento terrible. Vivo solo, en los altos, y a veces me levanto, a cerrar la ventana, a hacer callar a los perros. A esa hora estarás dormida (como en el tren) y abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí, sin despertarte, como yo te traía.
Además elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores, y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, un largo mensaje, una de estas noches, a la hora en que la Cruz del sur pasa por mi ventana (...) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.

Largos besos de tu Pablo.

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Carta de Sigmund Freud a Martha Bernays

6. Carta de Sigmund Freud a Martha Bernays

Novia mía: Escribes unas cartas tan inefablemente dulces, tan conmovedoramente tiernas, que sólo podría contestarlas como se merecen, con un beso prolongado y abrazándote amorosamente. (...) Martha, no apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos porque me doy cuenta de la insignificancia de... Ver mas
Novia mía:

Escribes unas cartas tan inefablemente dulces, tan conmovedoramente tiernas, que sólo podría contestarlas como se merecen, con un beso prolongado y abrazándote amorosamente. (...) Martha, no apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos porque me doy cuenta de la insignificancia de otros deseos comparados con el hecho de que seas mía. Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme con escribirte en vez de besar tus dulces labios.

Devotamente tuyo,

Sigmund

1893

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Carta de Juliette a Víctor Hugo

7. Carta de Juliette a Víctor Hugo

Mi querido, amado, he aquí esta carta, muy corta por la forma y muy larga de fondo, pues contiene todos mis sentimientos, todo mi corazón. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y eso es todo. No es muy cansado para el espíritu y es muy dulce para el corazón – te quiero. Mi adorado, me has... Ver mas
Mi querido, amado, he aquí esta carta, muy corta por la forma y muy larga de fondo, pues contiene todos mis sentimientos, todo mi corazón. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y eso es todo. No es muy cansado para el espíritu y es muy dulce para el corazón – te quiero.
Mi adorado, me has hecho muy feliz, a veces doblemente feliz, pues compartías mi felicidad. No obstante, tengo un sentimiento de tristeza y de inquietud que no me deja casi nunca, que quisiera ocultártelo siempre, pero esta noche desborda mi pecho, es necesario que te lo muestre. Tengo miedo de ser para siempre una pobre chica. Tengo miedo de que esta inacción en la que vivo desde hace un año, acabe en mi ruina ya iniciada por el fracaso de Marie Tudor. Tengo miedo de que tu aparente tranquilidad en lo que concierne a mi carrera dramática no sea considerada como la más formal confesión que no puedo aspirar a un futuro en mi oficio.
Tu posición y la mía vuelven estos temores en verdaderos tormentos que me obsesiona noche y día, que cambian la naturaleza de mi carácter, que destruyen mi coraje y me quitan toda confianza en la duración de nuestra felicidad. Quisiera estar segura que mis temores son solamente meros temores, y entonces retomaría mi alegría y mi resignación con las dos manos. Pero... ¿quién va decirme la verdad sobre el tema? ¿Tu te atreverás? Te ruego de rodillas. Dime la verdad, nada más que la verdad cualquiera que sea, que sepa al menos dónde estoy en lo que toca mi futuro, que sepa de manera segura lo que piensas de mí. Te pido tu opinión en toda consciencia, te la pido con las manos juntas. Prefiero la certidumbre de mi ruina que la duda. Así pues, no te andes con contemplaciones.
He aquí una carta muy corta por la forma, decía al empezar, porque mi intención era terminarla en te quiero. Pero fui arrastrada por la necesidad de abrirte mi corazón, por dejar escaparse mi aflicción y el desaliento que me devoran desde hace tiempo. Perdona mi flaqueza. Hubiera debido esperar a que ya no estés tan ocupado, pero no lo pude. Perdóname por el amor que tengo por tí.

El temor es también parte del amor más apasionado y más delicado. Es cierto.

Juliette.

Noviembre de 1834

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Carta de Albert Einstein a Mileva Maric

8. Carta de Albert Einstein a Mileva Maric

Amada muñequita: Han transcurrido ya las 3/4 partes del tiempo tonto y pronto volveré a estar con mi tesoro y lo besaré, acariciaré, haré cafetito, reñiré, trabajaré, reiré, pasearé, charlaré...+ infinit! ¡Será un año muy divertido! ¿verdad? Ya he dicho durante las Navidades que me quedo... Ver mas
Amada muñequita:

Han transcurrido ya las 3/4 partes del tiempo tonto y pronto volveré a estar con mi tesoro y lo besaré, acariciaré, haré cafetito, reñiré, trabajaré, reiré, pasearé, charlaré...+ infinit!
¡Será un año muy divertido! ¿verdad?
Ya he dicho durante las Navidades que me quedo contigo. No puedo esperar más a tenerte conmigo, mi todo, mi personilla, mi chiquilla, mi mocosilla.
Cuando ahora pienso en ti creo que no quiero volver a enojarte ni a tomarte el pelo nunca más, ¡sino que quiero ser siempre un ángel! ¡Qué hermosa ilusión!
Pero tú también me querrás ¿verdad?, aunque vuelva a ser el viejo bribón lleno de caprichos, diabluras y tan veleidoso como siempre.
No sé si te he escrito con tanta regularidad como antes. No pongas mala cara por eso.
(...) En todo el mundo podría encontrar otra mejor que tú, ahora es cuando lo veo claro, cuando conozco a otra gente. Pero también te aprecio y amo como te mereces. Hasta mi trabajo me parece inútil e innecesario si no pienso que también tú te alegras de lo que soy y de lo que hago.

Ha recibido 840 puntos

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Carta de Voltaire a Olimpia Dunover

9. Carta de Voltaire a Olimpia Dunover

Estoy preso aquí en el nombre del rey; pueden tomar mi vida, pero no el amor que siento por ti. Sí, mi amante adorable, te veré esta noche, así tenga que poner mi cabeza en un atascadero para hacerlo. Por todos los cielos, no me escribas en los términos desastrosos que lo hiciste; debes de vivir... Ver mas
Estoy preso aquí en el nombre del rey; pueden tomar mi vida, pero no el amor que siento por ti. Sí, mi amante adorable, te veré esta noche, así tenga que poner mi cabeza en un atascadero para hacerlo. Por todos los cielos, no me escribas en los términos desastrosos que lo hiciste; debes de vivir y ser cautelosa; guárdate de tu madre como de tu peor enemigo. ¿Qué digo? Guárdate de todos, no confíes en nadie, mantente lista, tan pronto como la luna sea visible, saldré del hotel de incógnito, tomaré un carruaje o una silla, y conduciremos como el viento a Sheveningen. Llevaré el papel y la tinta conmigo; escribiremos nuestras cartas. Si me amas, tranquilízate, y llama toda tu fortaleza y presencia de la mente en tu ayuda, no dejes que tu madre note nada, intenta tener tus cuadros, y estés segura de que la amenaza de las torturas más grandes no me impedirá cumplir. No, nada tiene la energía de apartarme de ti, nuestro amor se basa en la virtud, y durará mientras nuestras vidas lo hagan. Adieu, no hay nada que no afronte por tu bien, mereces mucho más que eso, ¡Adieu, mi corazón querido!

(1713)

Ha recibido 728 puntos

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Carta de Winston Churchill a su esposa

10. Carta de Winston Churchill a su esposa

Mi querida Clemmie: En tu carta desde Madras me escribiste algunas palabras muy queridas por mí, sobre cuánto enriquecía tu vida. No puedo expresarte qué placer me dio esto, porque me siento siempre de forma aplastante tu deudor, si puede haber cuentas en el amor.... Lo que ha sido para mí... Ver mas
Mi querida Clemmie:

En tu carta desde Madras me escribiste algunas palabras muy queridas por mí, sobre cuánto enriquecía tu vida. No puedo expresarte qué placer me dio esto, porque me siento siempre de forma aplastante tu deudor, si puede haber cuentas en el amor.... Lo que ha sido para mí vivir todos estos años en tu corazón y compañerismo ninguna frase puede transmitirlo. El tiempo pasa velozmente pero, ¿no da felicidad ver cuán grande y creciente es el tesoro que hemos recolectado juntos, en medio de las tormentas y de las tensiones de tan agitados y en cantidad trágicos y terribles años?

Tu amante esposo.

Enero 23, 1935

Ha recibido 452 puntos

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Carta de Claude Debussy a su esposa Emma

11. Carta de Claude Debussy a su esposa Emma

Al fin! Tengo tu primer telegrama, esta mañana a las nueve y media...¡No reemplaza una carta, y además ha pasado por tantas manos (telegrama a ocho manos) que ya nada tuyo contiene, salvo unos rápidos «cariños» a través del espacio! Perdóname la carta desconsolada que recibirás al mismo tiempo... Ver mas
Al fin! Tengo tu primer telegrama, esta mañana a las nueve y media...¡No reemplaza una carta, y además ha pasado por tantas manos (telegrama a ocho manos) que ya nada tuyo contiene, salvo unos rápidos «cariños» a través del espacio!
Perdóname la carta desconsolada que recibirás al mismo tiempo que esta. ¡Fui demasiado infeliz! Y esta noche, incapaz de dormir, con la doble inquietud de no tener noticias tuyas y saberte envuelta en preocupaciones...
Durante esta noche, en que tuve la sincera impresión de que me iba a morir, pensé que sería imposible aceptar en el futuro invitaciones para dirigir conciertos a través de Europa. Solo con pena me atrevo a escribirlo, pero tengo que confesar mi espantoso miedo de perder tu amor. Cada viaje me quita un poco de él; al final terminaré por ser para ti nada más que un extranjero que pasa y al cual no se necesita atarse ya... En mí, produce el efecto contrario: tus más mínimos gestos, los malos como los tiernos, adquieren un valor que duplica mi angustia. No hay que esperar cambiar los actos del destino; sobre todo, no hay que invitarlo a hacer trampa...

Tú pobre Claude tan solo, que necesita de ti, pequeña mía.

Roma, Sábado 21 de febrero de 1914

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